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Qué esperas...

Ya sé que dices que soy una intensa
que me rompo casi sin tocarme
y me recompongo saliendo ilesa
de lo que me hace derrumbarme...
pero qué esperas de alguien que le gusta levantarse escuchando a Izal mientras abre la ventana y se despejan todos los miedos de la noche anterior.
Pero qué esperas de alguien que le gusta hacer trayectos largos en el tren consigo misma.
Pero qué esperas de alguien que no comprende que el amor bueno es el que te hace daño.
Pero qué esperas de alguien que quiere querer tan fuerte que no haga falta decirlo en voz alta porque se siente más un susurro que un grito.
Pero qué esperas de alguien que se pinta los labios y luego se lava los dientes .
Pero qué esperas de alguien que es despistada hasta decir basta.
Pero qué esperas de alguien que tira todas las mañanas el vaso de leche porque es demasiado pronto para ponerse las gafas y ver con claridad todas las cosas que a veces están a oscuras.
Pero qué esperas de alguien que lee y escribe poesía cada vez que la vida le da un respiro.
Pero qué esperas de alguien que lee el horóscopo semana si , semana también.
Pero qué esperas de alguien a quien le gusta el chocolate con galletas de chocolate.
Pero qué esperas de alguien que sigue buscándose en la estación donde se perdió una vez y aún no se encuentra ni se encontrará.- Ya no eres la misma, amor.- me digo.
Pero qué esperas de alguien que no quiere sumar besos sino multiplicarlos y elevarlos hasta ese techo que ninguno podemos tocar , cielo.
Pero qué esperas de alguien que piensa que nada tiene que hacer la poesía si no han visto sus labios.
Pero qué esperas de alguien que quiere llenarse de deseos hasta las pestañas.
Pero qué esperas.
Dime qué es lo que esperas.
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Deseo

Primeramente tendría que hablar de esos versos estrellados que algún día se hicieron pasar por besos en un papel , donde ninguno de los dos terminamos de ser protagonistas.Una vida de cine.Un amor de película. El aplauso que precedía a la oscuridad.Apagamos las luces.Corremos hacia la puerta y cerramos de un portazo encerrando en un grito todas las poesías atrapadas entre sábanas o labios cada noche.

Tendría que hablar de todos esos motivos que fueron alguna vez el ritmo de nuestros corazones.silentes.como tu y yo después del cansancio que nos llevaron los reproches y que después fueron perdones.

Te voy a explicar las veces que miré tu camisa favorita, lago Tahoe ponía.Y podía leer de memoria tus ojos cuando algo no iba como esperabas.

Aunque para esperar , la que finalmente esperaba era yo.

Esperaba que provocaras cualquier gesto , mueca , seña , guiño para descifrar lo que querías decir pero nunca dijiste.

Y decido darme la vuelta esperando a que sigas detrás mía ,a que sigas las huellas que un día intenté dejar en tu vida y que borrabas con cada zancada tuya a algún lugar que no me llevaste nunca.

Y desapareciste como una estrella fugaz .

Y entonces pedí un deseo... No volver a esperar a alguien que no me espera nunca.
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Lo que no existe

Hay algo triste
en lo que no existe,
un fugaz recuerdo
de una luz dorada,
un salón de baile
de la Rusia Blanca,
y entre dos amores,
la estepa siberiana.

Hay algo triste
en lo que no existe,
una cohorte dorada
de yelmos bruñidos,
y blancos pendones,
y al galope,
Juana de Orleans,
que marcha a la muerte.

Hay algo triste
en lo que no existe,
humo de Ilión,
polvo de estrellas,
y Venus Afrodita
mirando sorprendida
su mano de la que, como rubí,
fluye el Icor de una herida.

Hay algo triste
en lo que no existe,
¿Qué misterio habrá
en lo insondable
del alma de lo que no es?
¿Puedes decírmelo , corazón,
antes de que se pare tu andar
en la ominosa muerte?
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Visitante

Enclavado en plena selva, escondido en el olvido,
entre silencios y bruma, yace un secreto dormido.
Y las ráfagas de viento, que parece que susurran,
en medio de esa negrura, unas voces, en dialecto.
Las estrellas y la noche, Sol y perfectos solsticios,
que son los testigos mudos, de una verdad ocultada,
subterránea y taciturna, que al paso de las centurias,
se va tornando en leyenda, una ya casi olvidada.
La pirámide se erige, reluce entre la espesura
y en el fondo de su entraña, descansa una pared falsa,
que acorazada en un túnel, parece el mismo inframundo,
señalando con un triángulo una angosta escalinata.
Al final de ese camino, entre jade, oro y rocas,
una humedad invertida, ofrece el magno tesoro,
contiene una hermosa cripta, celosamente guardada,
una lápida de piedra y una gran loza pesada.
La morada en el final de esta vida para un ser,
que fue tratado cual rey, en un palacio real.
En la cámara mortuoria sus restos óseos destacan,
ataviados en esencias, tras riguroso ritual.
El relieve que sostiene, esculpido pulcramente,
en sola pieza tallada.
A simple vista es un hombre con gran penacho y melena,
va montado en una silla con total ingravidez,
luce una cabeza erguida y un peinado flotante,
un cuerpo muy concentrado y una mirada hacia el frente.
Las diestras manos se posan, en sutil actividad,
por demás meticulosa, casi delicadamente.
Los pies viajan relajados, posados sobre su asiento,
que a su vez es protegido por su vasta ingeniería,
en todo su complemento.
Según la vieja leyenda, la tapa muestra su muerte
y la serpiente custodia sus pasos al trascender,
el quetzal es el gran cielo y remata con la ceiba,
el viejo árbol sagrado que resurge de su pecho,
representa su poder.
Pero el secreto resuena desde la gruta del tiempo,
un singular tripulante, que maneja con soltura,
una gran nave espacial, con fuegos de propulsión,
el rey de linaje cósmico, Pakal, el Maya astronauta,
el cosmonauta ancestral.

EPadrón
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Mi coraza de mar...

Me voy a hacer una coraza
de arena, nácar y olor de mar,
para soportar las noches frías,
las mareas de palabras,
las palabras que marean...

Me voy a hacer una coraza,
para ser fuerte, dura, fría,
para abrigarme por las noches,
luchar en los días,
y que el olor de mar
me dé calma...
a mí... y a mi alma...
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La Muñeca

-¿Te enamoraste de mí?
-(No podría estar más enamorado…)

-¿De estos rizos desordenados,
o de estos lentes anticuados,
que esconden mis ojos castaños?
No logro entender a la gente,
Los rumores invaden mi mente,
Y las cadenas se aferran tan fuerte...


-Dibujo en tus mejillas,
Con la pluma de mi poesía.
Navega en los ríos de tinta,
Seca tus lágrimas con la brisa.
Ya no veo el miedo en tus pupilas...


-Encerrada en esta caja con cinta
¡No quiero ser ejemplo para las niñas!
Ni de la mujer que esta perdida
Porque quieren cintura de avispa,
o vestir para llenar la vista
¿Que no le encuentran valor a la vida?
¿O no pueden sentir la hipocresía?

-Nunca fuiste una muñeca,
Rompe el paradigma que te encierra.
¡Iza la bandera de una guerrera!


Marcame a rojo fuego,
En mis labios y en mi cuello.
Desliza tu luz en mis tinieblas
Que con ternura y paciencia,
Me atrapaste en tu estela.
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Et Ipsa conteret Caput tuum

Mísero pesebre es mi cuerpo,
lisonja del aire que no lo traspasa,
qué más daría para esto mismo
estar hecho de barro de tinajas.

Porque respiro, ya me duelo,
y en este duelo que es la Vida,
hay quien vive con consuelo,
y por consuelo yo me muero.

Estrellas que lejos estáis,
seguid estando lejos,
esta noche cuando duerma
y mañana, cuando esté despierto.

Porque con sólo acercaros un metro,
arderíamos en nuestros cuerpos,
seguid lejos,para no abrasarnos,
seguid lejos, porque sólo así os queremos.
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La Paz

Hay estrellas en el suelo,
Y caminos en el cielo.
En el Alto un agujero,
De alivio, paz y sosiego.

Hay una sombra en el pueblo,
Porque tapa el Sol un cerro,
Es un cerro gigantesco,
De los dioses de otro tiempo.

Hay también muy poco viento,
Hay fatigas y hay jadeos,
Falta el aire, sobra esfuerzo,
Hay bastante desconsuelo.

Hay en sus calles acervo,
También mucho movimiento,
Opinión, levantamiento,
Hay desarrollo, hay progreso.

Hay también mucho arquitecto,
Todo aquí vale de cerco,
Levantando emplazamientos,
Sin mesura y sin acuerdos.

Hay una cebra en el centro,
Hay tres perros callejeros,
En la cuesta un cerdo suelto.
Conducir es un jaleo.

Hay juventud, hay talento,
Hay historia en el museo,
Pero el futuro es incierto
Porque aquí nada es perfecto.
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La niña de los ojos de Luna

En el cielo sólo hay una,
con fulgor,
brilla redonda la Luna
provocando los antojos.
Pues aún más retan tus ojos,
porque además tienes dos.

Media Luna decreciente,
reducción,
se convierten de repente,
cuando ríes alegremente,
sin un motivo aparente,
ni causa, ni explicación.

El cráter la representa.
Cavidad.
Son hoyuelos la ornamenta,
satélites de sonrisa,
acompañantes sin prisa,
muestran su felicidad

Que refleja por la noche,
luz del Sol.
Fundiendo el oro en un broche,
Ilumina el gris del día,
cual faro de Alejandría,
con su puro resplandor.
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Ataraxia

Pasado, presente o futuro, no existen.
Surgimos de un destino eterno, infinito,
el que formó galaxias, eones y distancias,
el mismo que tejió la virtud de este amor.
En esta dulce Tierra, que ahora nos sostiene
y une pululantes, asiendo fuertemente,
destino de los dos.
Que lleva sempiternos, los más bellos deseos,
vestidos en el aire, desnudos en el Éter.
Allí donde no importan, ni pieles ni matices,
donde solo vibramos, un mismo corazón.
Sintiendo y evocando, ecos del Universo,
murmullos de te amos, perennes y melifluos,
donde solo miradas, se gritan sin hablar.
Y se van las palabras, se guardan en la nada,
dando paso a los gritos, en el mondo silencio.
Es esa epifanía, de entrega limerente,
acendrada y abstracta, tan nuestra,
tan amada, que nos renacerá.

EPadrón
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Impuntual

Dictan las teorías de los multiversos
que el tiempo no es tal,
que es tan relativo, se puede doblar,
también el espacio.
Pero no sucede con la genuina esencia de los cuerpos,
el amor, por ejemplo.
Y resulta pues que este sentimiento, el nuestro,
ha sido gestado, desde sus inicios, en otro momento,
otro espacio-tiempo.
Mas en esta Tierra donde nos hallamos
y que nos limita a medir segundos, minutos y horas...
Un bendito día, mi tarde, por cierto,
encontré tus ojos y anhelé tus besos.
Mezclando estaciones, primavera, otoño y tal vez invierno.
Y fue la belleza, la luz y fulgor de un verano nuevo,
un cometa etéreo.
Te miré por dentro, me besaste el alma, te robé el aliento.
Amor en un grito, amor en silencio,
sumamos al mundo un preciado tiempo.
Y fui otra persona, una más feliz, en este Universo.
En medio de todo este torbellino, locura, embeleso,
donde cada día nos sabe muy poco.
En este planeta y en esta vida, hoy solo lamento,
el haber llegado tarde a nuestro encuentro.
Pues te habría guardado mi primer pecado,
mi primer sonrisa, mi primer te quiero
y mi primer beso.
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Letras de seda

Bienaventurada sea la tarde
que es reinada por el sol
al llover entre mis poemas,
todo lo que hay en ellos: mi amor.

A veces un beso de tus uñas
al centellear mis dedos con tus caricias,
o una frase romántica,
cuando ya me tocas con Eva: tú desnuda.

Dicen de hacer el amor,
pero para nosotros es mejor hacer nuestro amor,
el que esta tinta queda en mi libro:
en un matrimonio con dos nombres, y un autor.

Igual el sol ya no quiere amar,
entonces llora en luna
mojando mis labios con el Diluvio Universal,
con voz de poeta, y corazón virginal.

Y a ti llegan las lluvias
del lance de mis libros,
la mejor historia de amor
grabada con beso, y nombre a gemidos...

El puño y letra vienen luego
cuando al acabar esta leyenda
tatúo mi secreto en tu alma tan ecuménica:
la que te hace caminar, hacia mi amor completo.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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La tarde

Decae la tarde aquí,
y los rayos rojizos me traspasan,
te amo, me digo a solas,
y tú, me contesto, no me amas.

No quiero romper silencio,
ni forzar mi lengua vana,
no busco librar mi alma
de todo este tormento.

Te amo,
y no me amas,
pero prefiero ser estatua
a delatarte mi duelo.

Porque antes que arriesgarme
a perderte por mis desvelos,
prefiero amarte así,
como si estuviera a lo lejos.

Lejos como está el sol
que se pone tras el brezo,
que calienta en mi frío,
y enrojece mis ojos secos.
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Un tranvía llamado "deseo"

La próxima parada,
en el andén la espero,
y llega en el tranvía
que llaman del "Deseo".

Paro en las estaciones
del plano de su cuerpo,
en viaje de placer
que al fin llega a su lecho.

Entre sábanas blancas,
que el ardor ha deshecho,
empiezo a recorrer
la piel y sus senderos.

Al tacto de mis manos,
se enreda entre los dedos,
la suave cabellera
que forma el fino pelo.

Mirada angelical,
por la que siempre tiemblo,
envuelta en unos ojos
que brillan como el fuego.

La boca de contrastes,
con ese labio seco,
que esconde ansiosa lengua
y sus jugosos besos.

Es fina y perfilada,
voraz hasta lo obsceno,
cuando al morder los labios
me incita con su juego.

Caricia de la piel
la de su esbelto cuello,
tan delicado y terso,
como en la flor los pétalos.

Y el viaje continúa,
hasta llegar al cielo,
hasta esas firmes cumbres,
testigos de mis vértigos.

Volcanes tan perfectos
do se derrite el hielo,
del corazón ardiente,
debajo de sus senos.

La línea de su espalda,
que acaba en su trasero,
es la preciosa curva
camino del infierno.

Infierno al que va un valle,
talado de su vello,
allí donde reposan
mis más perversos sueños.

Te privas de la braga,
mi rostro queda trémulo,
al descubrir la flor,
la clave del Misterio.

La mecen mis suspiros,
el caluroso viento,
que brota del aliento
en sofocante Céfiro.

Y se ancla entre tus piernas,
en el acuoso sexo,
en trance tan violento,
el lujurioso miembro.

De los gemidos se oye,
atronador el eco,
jadeos y sofocos,
y dulces los lamentos.

Como el pintor esboza
los trazos en el lienzo,
como el poeta escribe
sus más ardientes versos,

como ese que de arcilla
al tacto hace el modelo,
o el que en la partitura
compone un ritmo bello,

así, cuando al compás,
en brusco movimiento,
se imanta nuestra piel,
y me introduzco dentro,

en ese gran momento,
que nubla pensamientos,
do se detiene el tiempo...
viajamos en secreto.
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Señora mía

Señora, señora que riega las flores,
¿qué hace tan laboriosa esta mañana?

"Don Juan, hilando vidas,
lavando mis sábanas".

Señora, señora que se alimenta de mis dones,
¿qué hace tan trajina por estas cuadras?

"Don Juan mío, acabando mis días,
enamorando mis piernas cansadas".

Señora, señora de mil amores,
¿qué hace con una moneda en sus manos blancas?

"Mi Don Juan, alabando sus poemas
que yo quiero pagar con mi alma".

Señora, señora por favor y de mis canciones,
¿por qué está tan llorosamente feliz y enamorada?

"Don Juan, ¡porque yo lo amo
con todas mis fuerzas y ganas!".

Señora, señora mía y de millones de sabores,
¿qué quiere de mí y de mis historias mágicas?

"Ay, Don Juan. Yo quiero de usted
todo su origen puesto en esta mi vida, tan desgraciada".

Oh, señora mía,
no tema por mi lance de boca harta.

"Oh, Don Juan. Béseme
hasta que Dios diga 'basta'".

© 2017 Elías enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Caos

Caminas por la vida desgarbado,
arrastras tus costumbres
monotonías, ideas.
De pronto,
llega alguien que trastoca,
tu mente, tu peinado
rutinas y torpezas.
Y te canta, te baila, te desviste,
te deja boquiabierto de sorpresa.
Entonces ya no sabes si eres otro,
uno nuevo,
mientras te eterniza,
te vibra, te besa.
Te vistes resilente y ríes y lloras,
lo cierto es que no eres ya quien eras.
Las lágrimas son dicha
amor inmarcesible,
caminas sobre nubes.
Te sobran la teoría,
la métrica, los grados,
las sumas y las restas,
el orden,
las palabras,
te sobra la tristeza.

EPadrón
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Tus dedos

Me gustan tus dedos,
enredarme en ellos cual araña romántica,
buscar en cada uno esa pluma que escriba nuestra vida,
profundizar los muchos poros de tu dulce mano,
oler el bálsamo perfecto de tu literatura corporal.

Me gustan tus dedos,
esos que a veces laten mi corazón con las palabras "te quiero",
llegar con ellos a tu vientre y pasear en la playa de tus eternidades,
alcanzar el clímax que relate nuestra saga.

Me gustan tus dedos,
los que me acarician el alma,
los que me entristecen por no poder jugar con tu sonrisa como debería,
pero, oh, el arte de tu detallada nutrición puede envolvernos mejor en la costa de tus pecas.

Me gustan tus dedos cuando los paseo por cada una de ellas,
hago un mapa con el que seguir tu inmortalidad,
me pierdo, lo hago adrede,
así experimento la devota lujuria que me prestas,
así coordino la mejor constelación nuestra; pasión inverosímil.

Me gustan tus dedos, mujer de mis sirenas,
eres la musa de mi maná,
surquemos juntos por cada curva de tu voluptuosidad,
anhelo aromatizar los pecados de tu virtuosismo,
diosa de mi brujería.

Me gustan tus dedos, y con ellos, obtengo lo que más deseo.
A ti.

© 2016 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eteno).
España.
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Desesperación

Esta noche voy a ti, en desmedida ansia...
Así cual sediento, en pleno desierto,
por el bello oasis.
Como mariposa que deja el capullo
y anhela el viento.
Al igual que alcanza
la calle un preso por su libertad.
Y cuando te encuentre saciaré mi sed
como aquel sediento.
Para alimentarme aspiraré en tus labios
la dulce fragancia de tu rosa boca.
Me echaré a tus brazos y te daré un beso,
que me deje libre de este sufrimiento.
Sentirás en sueño este inmenso amor,
entre abrazos nuevos.
Y cuando despiertes hallarás mi pelo
por sobre tu pecho,
y al acariciarlo con tus suaves dedos,
abriré los ojos,
veré tu sonrisa la que me fascina,
y entre el sol y el aire de una tenue brisa,
te diré al oído:
te quiero, te quiero...

EPadrón
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Poetas

Los poetas necesitan del amor,
tanto como del sufrimiento,
según se mire.
Ya sabes, eso de llorar o reír.
Suelen vivir a través de los otros,
esos que los leen,
sobre ellos, dentro de ellos.
Los poetas son ocultos portadores
de luz u oscuridad,
gracias a ello vivimos mil noches,
y mil vidas.
Son dueños de eones y eternidad,
alimentan, calman…
Gritan ese dolor callado, que se encierra en el corazón
o claman su dicha.
Pero cuidado…
No provoques el amor de un poeta.
Que un poeta no te ame.
No seas tú su motivo,
a menos, que desees la eternidad.
Pues, sin más, vivirás en su poema,
en su mente, en su voz y en el de cada ser que le lea.
Te hará para sí, tantas veces, tantas, como le apetezca,
sin excusas, le pertenecerás.

EPadrón
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Postre

Nata montada tu boca,
azúcar blanca glaseada,
cantarina risa loca,
me cocinas la mañana.
Aroma de ojos serenos,
pan horneado romancero,
olor a dulce profundo,
humeante miga, un te quiero.
Mermelada de frambuesa,
sabor a lengua traviesa,
que degusta aquel mordisco,
de intenso color a fresa.
Nata montada tus labios,
chocolate de tu boca,
risueñas mimosas blancas,
un beso que me trastoca.
Colgándome en tu cintura,
manos, rostros de merengue,
piel dulzona de cocoa,
celebrando que me quieres.
Horno caliente, los cuerpos,
de amor rebosantes, llenos,
y las velas que no falten,
ni tu luz en mi sendero.

EPadrón
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Revelación

Perfectamente sabía que al abrir mi mano
solo habría vacío, ese de tu ausencia,
que daña, devora y siempre lacera…
Es el asesino de largo silencio que de mí te aleja.
Me niego a no ser.
Y me obligo entonces, a pensarte mío.
Mío porque me importa,
quien te escuche, quien te toque…
Por jodida suerte ría tus locuras,
sienta dulces roces y huela tu aliento,
o bien pruebe savia, de tus dulces besos…
Maldita distancia, que genera ausencia.
No puedo tocarte, ni siquiera olerte,
ni besarte, ni cogerte…
Pero eres mío porque yo te siento,
y me vuelves agua,
y me vuelves loca y me vuelves viento.
¡Porque me he cansado de tragar mis celos!
Que se entere el mundo, que esa tu sonrisa,
sí que tiene dueña,
¡que lo sepa el cielo!
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Encinas

Encinas de verdes y densas copas,
que en su fresca sombran del sol nos protegían.
Encinas de frondosas ramas
que la lluvia paraban.
Encinas de refugios, de viejas historias,
de dulces bellotas que al campo y a los hambrientos alimentaba.
Con sus duras hojas y flores doradas
cuando el zumbido de las abejas en ellas sonaba
pájaros cantaban entre las nubes de polen al viento.

Encinas olvidadas
desterradas y alejadas de nuestra extraña memoria
encinas muertas quedan,
una tras otra caen, se derrumba de nuestros bosques su cimiento
encinas que nos protegían
ahora esqueletos retorcidos asoman desde la ya yerma tierra,
esqueletos de garras, de muertes ignoradas y olvidadas.
El verde bosque se cierra,
se expande la agonía.

Ya no cantan las aves, ya no sueñan los libres
muere la tierra, llora la vida, sombra oscura crece
que el suelo no se siembre.
Suelo marchito donde antes verdes bosques
tras el negro polvo de las oscuras cenizas
ahora viene el polvo de los desiertos.
A dios encinas, hasta siempre jarales
en mi memoria, tras las arenas del olvido, siempre.
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