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Esencia oscura

Cuando la oscuridad salió a la luz,
un árbol de Navidad dejó de brillar,
miles de lágrimas dejó caer,
una familia reunida,
los murmullos cogían fuerza,
la esperanza parecía fluir
al igual que la asimilación de
que cualquier cosa podía pasar,
miles de noticias llegaban,
personas sin aliento de un lado a otro.

La vida estaba cambiando,
estaba cambiando la manera de pensar,
la manera de asimilar las cosas,
ya nada era igual.
Ya no había sonrisas verdaderas
ni lágrimas de felicidad,
tan solo una máscara para que el héroe no se ausentara,
tan inocente flor llena de oscuridad,
sus inmensas ganas de que todo pasara,
su inocente mirada sin saber nada,
con ganas de vivir y volver a su naturaleza.

Si supiera la maldad que recorre su cuerpo,
no querría estar donde está,
pero lo que no sabe es la falta que hace,
es como la medicina que le hace falta al enfermo,
como el agua a las plantas,
como la comida a los humanos o
como un ABUELO a sus hijos y nietos.
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Qué esperas...

Ya sé que dices que soy una intensa
que me rompo casi sin tocarme
y me recompongo saliendo ilesa
de lo que me hace derrumbarme...
pero qué esperas de alguien que le gusta levantarse escuchando a Izal mientras abre la ventana y se despejan todos los miedos de la noche anterior.
Pero qué esperas de alguien que le gusta hacer trayectos largos en el tren consigo misma.
Pero qué esperas de alguien que no comprende que el amor bueno es el que te hace daño.
Pero qué esperas de alguien que quiere querer tan fuerte que no haga falta decirlo en voz alta porque se siente más un susurro que un grito.
Pero qué esperas de alguien que se pinta los labios y luego se lava los dientes .
Pero qué esperas de alguien que es despistada hasta decir basta.
Pero qué esperas de alguien que tira todas las mañanas el vaso de leche porque es demasiado pronto para ponerse las gafas y ver con claridad todas las cosas que a veces están a oscuras.
Pero qué esperas de alguien que lee y escribe poesía cada vez que la vida le da un respiro.
Pero qué esperas de alguien que lee el horóscopo semana si , semana también.
Pero qué esperas de alguien a quien le gusta el chocolate con galletas de chocolate.
Pero qué esperas de alguien que sigue buscándose en la estación donde se perdió una vez y aún no se encuentra ni se encontrará.- Ya no eres la misma, amor.- me digo.
Pero qué esperas de alguien que no quiere sumar besos sino multiplicarlos y elevarlos hasta ese techo que ninguno podemos tocar , cielo.
Pero qué esperas de alguien que piensa que nada tiene que hacer la poesía si no han visto sus labios.
Pero qué esperas de alguien que quiere llenarse de deseos hasta las pestañas.
Pero qué esperas.
Dime qué es lo que esperas.
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Deseo

Primeramente tendría que hablar de esos versos estrellados que algún día se hicieron pasar por besos en un papel , donde ninguno de los dos terminamos de ser protagonistas.Una vida de cine.Un amor de película. El aplauso que precedía a la oscuridad.Apagamos las luces.Corremos hacia la puerta y cerramos de un portazo encerrando en un grito todas las poesías atrapadas entre sábanas o labios cada noche.

Tendría que hablar de todos esos motivos que fueron alguna vez el ritmo de nuestros corazones.silentes.como tu y yo después del cansancio que nos llevaron los reproches y que después fueron perdones.

Te voy a explicar las veces que miré tu camisa favorita, lago Tahoe ponía.Y podía leer de memoria tus ojos cuando algo no iba como esperabas.

Aunque para esperar , la que finalmente esperaba era yo.

Esperaba que provocaras cualquier gesto , mueca , seña , guiño para descifrar lo que querías decir pero nunca dijiste.

Y decido darme la vuelta esperando a que sigas detrás mía ,a que sigas las huellas que un día intenté dejar en tu vida y que borrabas con cada zancada tuya a algún lugar que no me llevaste nunca.

Y desapareciste como una estrella fugaz .

Y entonces pedí un deseo... No volver a esperar a alguien que no me espera nunca.
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Lo que no existe

Hay algo triste
en lo que no existe,
un fugaz recuerdo
de una luz dorada,
un salón de baile
de la Rusia Blanca,
y entre dos amores,
la estepa siberiana.

Hay algo triste
en lo que no existe,
una cohorte dorada
de yelmos bruñidos,
y blancos pendones,
y al galope,
Juana de Orleans,
que marcha a la muerte.

Hay algo triste
en lo que no existe,
humo de Ilión,
polvo de estrellas,
y Venus Afrodita
mirando sorprendida
su mano de la que, como rubí,
fluye el Icor de una herida.

Hay algo triste
en lo que no existe,
¿Qué misterio habrá
en lo insondable
del alma de lo que no es?
¿Puedes decírmelo , corazón,
antes de que se pare tu andar
en la ominosa muerte?
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2comentarios 100 lecturas versolibre karma: 79

Mi azotea

Sentada ando en lozas rojizas,
A mi vista veo toda una pista
de cielo, de naturaleza, de vida.

Sobre mi posas, negra,
viendo en ti el pasar de los años.
Disfrutando de tu mera sonrisa.

Disfrutando de tu mirada con la mía,
de escuchar a los pájaros cantar,
de como el viento roza mis mejillas.

De las nubes gozo
cuando el sol las llenas de colores,
mientras tú, pidiendome caricias
sentada en lozas rojizas.
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2comentarios 21 lecturas versolibre karma: 77

Felicidad

Tu sonrisa,
la mía,
una mirada,
todo brilla.
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Ancestral

Entre tambores y flautas
que se niegan a callar,
en el edén donde brotas,
la tierra de sacrificios.
Sabor amargo y dulzón
con tinte marrón espeso,
avivas siete sentidos,
los colores y trasciendes.
Valor de tan alta estima,
pueblos Olmecas y Mayas
te llamaron energía.
Caliente viento que arrastra
imperceptibles sonidos,
transporta las tenues voces,
y murmuran...
Sortilegios de pasiones y amores.
El nombre... tu nombre,
por los dioses pronunciado,
vibración de los Baktunes,
inundante, Xocolatl.

EPadrón
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4comentarios 71 lecturas versolibre karma: 85

Mi coraza de mar...

Me voy a hacer una coraza
de arena, nácar y olor de mar,
para soportar las noches frías,
las mareas de palabras,
las palabras que marean...

Me voy a hacer una coraza,
para ser fuerte, dura, fría,
para abrigarme por las noches,
luchar en los días,
y que el olor de mar
me dé calma...
a mí... y a mi alma...
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4comentarios 148 lecturas versolibre karma: 54

Visitante

Enclavado en plena selva, escondido en el olvido,
entre silencios y bruma, yace un secreto dormido.
Y las ráfagas de viento, que parece que susurran,
en medio de esa negrura, unas voces, en dialecto.
Las estrellas y la noche, Sol y perfectos solsticios,
que son los testigos mudos, de una verdad ocultada,
subterránea y taciturna, que al paso de las centurias,
se va tornando en leyenda, una ya casi olvidada.
La pirámide se erige, reluce entre la espesura
y en el fondo de su entraña, descansa una pared falsa,
que acorazada en un túnel, parece el mismo inframundo,
señalando con un triángulo una angosta escalinata.
Al final de ese camino, entre jade, oro y rocas,
una humedad invertida, ofrece el magno tesoro,
contiene una hermosa cripta, celosamente guardada,
una lápida de piedra y una gran loza pesada.
La morada en el final de esta vida para un ser,
que fue tratado cual rey, en un palacio real.
En la cámara mortuoria sus restos óseos destacan,
ataviados en esencias, tras riguroso ritual.
El relieve que sostiene, esculpido pulcramente,
en sola pieza tallada.
A simple vista es un hombre con gran penacho y melena,
va montado en una silla con total ingravidez,
luce una cabeza erguida y un peinado flotante,
un cuerpo muy concentrado y una mirada hacia el frente.
Las diestras manos se posan, en sutil actividad,
por demás meticulosa, casi delicadamente.
Los pies viajan relajados, posados sobre su asiento,
que a su vez es protegido por su vasta ingeniería,
en todo su complemento.
Según la vieja leyenda, la tapa muestra su muerte
y la serpiente custodia sus pasos al trascender,
el quetzal es el gran cielo y remata con la ceiba,
el viejo árbol sagrado que resurge de su pecho,
representa su poder.
Pero el secreto resuena desde la gruta del tiempo,
un singular tripulante, que maneja con soltura,
una gran nave espacial, con fuegos de propulsión,
el rey de linaje cósmico, Pakal, el Maya astronauta,
el cosmonauta ancestral.

EPadrón
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Arco iris

Atraganta mi boca palabra acusadora,
por el gesto, su gusto, un color que no debía,
mi lengua viperina se atreve, ¡que atrevida!
Y mancha el imponente silencio, delicioso,
con opinión erudita, ¡que opinión! ¿la mía?
La mía, contagiada quizá por la de tantos,
me recuerdo sí, a necios borregos aburridos,
puesto que ha decidido en la rama ser las flores,
y no el fruto alargado, que debía, ¿debía?
Le asigné por un canon, por costumbre,
el azul y no el rosa, ¿rosa dije?
Si ni rosa ni azul es su camino,
irradia blanca estela su sonrisa,
¡y me atrevo a manchar el arcoíris!
Como aquél que está libre de pecado,
seguro – tan idiota – en su arrogancia,
que arrojando la piedra, la primera,
cree que Dios le aplaude en su galaxia.
Más bien, que si la voz suya se oyera,
gritaría a la Tierra estremecida:
'Mirad el infierno, se ha atiborrado,
de almas sabias y soberbias, derruidas'

© EPadrón
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La Muñeca

-¿Te enamoraste de mí?
-(No podría estar más enamorado…)

-¿De estos rizos desordenados,
o de estos lentes anticuados,
que esconden mis ojos castaños?
No logro entender a la gente,
Los rumores invaden mi mente,
Y las cadenas se aferran tan fuerte...


-Dibujo en tus mejillas,
Con la pluma de mi poesía.
Navega en los ríos de tinta,
Seca tus lágrimas con la brisa.
Ya no veo el miedo en tus pupilas...


-Encerrada en esta caja con cinta
¡No quiero ser ejemplo para las niñas!
Ni de la mujer que esta perdida
Porque quieren cintura de avispa,
o vestir para llenar la vista
¿Que no le encuentran valor a la vida?
¿O no pueden sentir la hipocresía?

-Nunca fuiste una muñeca,
Rompe el paradigma que te encierra.
¡Iza la bandera de una guerrera!


Marcame a rojo fuego,
En mis labios y en mi cuello.
Desliza tu luz en mis tinieblas
Que con ternura y paciencia,
Me atrapaste en tu estela.
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Lo que dejarás

Cuando no estés
quedará el eco de tus palabras
como un eterno invierno
en mis habitaciones vacías,
será tu aroma a despedida
la inquieta brisa que penetre mis caminos
para congelar tus pasos.
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5comentarios 78 lecturas versolibre karma: 114

El Tiempo Muerto

Llenos los espacios entre segundos
de tiempos ausentes y muertos,
llegan de otros espacios más yertos
manos frías, y rotas, y agudas.

Perforando astas de hueso al costado,
por la reja del pecho cuelan su aliento
y en la fuente de la sangre se abrevan
escarbando el estanque con sus uñas.

Aléjate, Alma, que aún estas a tiempo
de huir por las ventanas de la Casa,
y sin mirar atrás al Jardín desecho
reír por la suerte que te ha tocado.

Que las manos que todo pudren
son Envidia que al Corazón apresa
y buscan como la más digna presa
la mente del Hombre, del cuerpo lumbre.
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El sacristán

A veces pienso que lo haces adrede,
¡joven inepto, estúpido patán!,
eres un idiota hereje,
¡a ti te hablo, sacristán!
Por qué nunca me obedeces,
por qué te llevas el pan
del que comen nuestros parientes,
¡bandido, aquí nunca volverás!
Esta tu casa, ya no es de tu huésped,
sí, esa alma que mandas a regocijar
en estos lechos con rameras pudientes
mancillando nuestro hogar.
¡Deja de verme cual cordero de ira verde!,
animal de mí, no me degollarás,
traidor, ¡mísero juguete!,
Yo soy el señor al que te enfrentarás.

Obedeció a su amo inteligente,
y entonces el sacristán
a los pantalones se orinó como un retrete,
y colorín colorado, de esta obra ya no se hablará más.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Canariona

Mi querida Carolina:
A ti bella canariona,
en primer lugar, ¡perdona!
por mi fuga repentina.

Las quedadas clandestinas,
por Ponzano y esa zona,
preparadas encerronas,
en aquel bar de la esquina.

Tú, siempre tan femenina,
la perfecta mujerona,
con el gesto de leona,
y mirada de felina.

Ay, viciosa mesalina,
montando como amazona,
me llevabas a la lona,
tan sagaz y tan ladina.

Por salir de la rutina
y no llegar a la nona,
te cambiaste de patrona,
dejaste las ursulinas.

Sí, mi marcha fue mezquina,
pensé, que esto no funciona,
había otra en mi neurona,
que me daba adrenalina

Era una Julieta endina,
yo un amante de Verona,
la niña que me ilusiona
aunque sería mi ruina.

¿Me podré sacar la espina
no despedirme en persona,
de dejarte tan tristona,
de que llore tu retina?
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Marcha

Siempre me voy; siempre permanezco. Estoy y no. Podría ser. No soy... o soy pero termino yéndome. Vuelvo; me quedo en ti y reconstruyo aun sin ruinas. Todo es a partir de un nuevo cimiento o de ninguno. El ciclo es así... el tuyo, el mío. En él estás y estuve ahí antes. Creí que estaría después; no esta vez. Temo que no podrá ser. No seré, no fui. No me voy a pesar de todo, ni permanezco del todo; no podría ser aunque me vaya o aunque vuelva. No me quedaré ni reconstruiré mis paredes con tus rocas vírgenes. No lograré marcharme a sitio alguno, ni fuera ni dentro. Quizá lo haga cuando no sea posible. No podemos habitar la nada, besar el aire o vivir de sobredosis de oxígeno a la deriva del desamor o de la cama que levita. Me iré... No me encontrarán, ni tú, ni tu memoria, ni la mía, ni las culpas o la excitación pura de los días; ni siquiera el aliento que solías decir que yo te era. Debo dirigirme en línea recta, ocupándome de las heridas que sangraran el trayecto entero. Cuando quede vacía del camino, de no quedarme a pesar de esas pupilas ocre que me persiguen a oscuras y proyectan las sombras que me erizan... Cuando reflejen mis hombros el brillo que me dejarían tus incipientes expectativas y tus dientes, romperé el contenedor... se abrirán las suturas.

Desataré los miedos. La sangre seguirá su cauce en picada.
Para no amarte, me negaré el antídoto.

Me perderé y así, perderé intencionalmente todo rastro de ti...

Me iré de mí.



Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2015
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5comentarios 55 lecturas prosapoetica karma: 82

Una emoción inesperada

Por qué nadie me anunció tu mirada
en mi fría estepa, oculto un tesoro.
Un argento oasis en mi erial de oro,
donde blindaré mi piel agrietada.

Dices: tu voz causa una marejada,
viento que descarna, salvaje toro.
Eco con que tu inocencia perforo
impúdica lengua desmesurada.

Nadie me dijo que a veces soy fuego,
que decir lo que siento a veces basta
para sublimar un cruel desapego.

Para encarar el frío que me aplasta,
creer que la vida no es más que un juego
donde seguir las reglas me desgasta.
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1comentarios 6 lecturas versoclasico karma: 67

Incauto

Deshabitaré
los vagones
donde resuenan
las nanas
y las lunas viajeras.

Impondrás férreo y volcánico
frialdad a tus cenizas; decretarás incólume
su último estertor.

Aun sea a cuestas
desataré tus mordazas
entre el equívoco acierto
y la ilusoria noche
que dejó de serlo.

Porfías nocturno
el rumor de luto.
Te asumes audaz
e impones
en mi seno
tu lazo negro;
mas
yo a ti,
el revivir en el candor
del carmín tímido
de mi beso...

ya asomo.


Yamel Murillo


Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R.2015
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14comentarios 97 lecturas versolibre karma: 118

Gotas de fuego

Al filo del minuto
del advertir su lejos indeleble...
de sangrar las rodillas
extraviando la calma,
sortean su verdad
la intrépida suerte
y su adversa circunstancia;
el deber
sucumbe lánguido
al pardo níveo de sus arroyos
convocándose tres veces.

Lloras una lágrima
y de sus lágrimas
estallan los mil llantos.
Fiera tu paz amansa mi furia
y detiene su paso
a golpe de palabra.
La sola;
la tuya;
la misma.

Todas,
jamás como ninguna.
Todas,
nunca como una.

La doble flecha
sacrifica tu arcana...
Hecha a ti
Artemisa
y esclava pagana.
Abatido caes por mis palmas
al plomizo castigo;
trastocan tibias tu alma...
se justifican
aun ante el cruel infierno
de las voces inalcanzadas.

Puro es
el astrolabio...
la intención dolosa
en la que profundo se vuelca
cuando el de ésta que te ama,
nobleza acusa
llevándote con soltura
hasta la celestial vereda.
En ella,
triangulan los amantes
el ardoroso sextante
para fusionarse:
Sol y Horizonte.

Pasional alba de mar,
brújula de cielo:
¡mira a tus chiquillos
hacer terso
su lecho de tinieblas
y perfumar
su almohada de nubes!

por lo que fundidos
la sola mañana
rompen y rocían
por sus pieles...
infinitas
gotas de fuego.



Yamel Murillo



Amantísimos
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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12comentarios 110 lecturas versolibre karma: 112

Pretensión

Voy a encontrarte en aquel destino donde estoy en todos los ciclos que cuentas y en los que no... en todas las afirmaciones contenidas en ese silencio, sólo tuyo y por tuyo, mío...
y voy caricia y no me ves...
y vienes herida, cortando callada la dirección del viento.
Te dice de mí la presencia e interpretas vacío.

Un clamor mudo vuelve al horizonte fijo de mi alma...

¿Qué estrella errante sobre ola de primavera he de ser
en la espera?




Yamel Murillo




Incisiones.
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
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13
13comentarios 110 lecturas prosapoetica karma: 105

Carnaval, carnaval...

¡Piensa!, busca una idea original,
o ponte una máscara veneciana,
que esta noche nos vamos de jarana,
que esta noche vamos de carnaval.

Siempre triunfa el aspecto fantasmal,
y el típico disfraz de casquivana,
goza alegre de la fiesta pagana,
como doña Cuaresma y Don Carnal.

Llega eco de música pegadiza,
la letra bufa de una chirigota,
y hasta cambiar sardina por ceniza,

no vamos a parar de dar la nota.
Sin vergüenza, sin la cara rojiza,
sin que nadie nos tome por idiota.
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Ella, o la poesía

Ella ya no es como eres tú
Ella es cielo como el azul
Es tan ola como el mar
Y es luz como la oscuridad

Ella ya no es quién imaginas
Ella es senda que camina
Es esa libertad tan añorada
Y cuerda con que se amarra

Es vida que me arranca
Amada que idolatro
Y amante despechada

Es suspiro que no exhalo
Susurro que se me atasca
Y así es como yo la amo
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Siempre estaré enfermo de ti

No lluevas por mi amor.
Doctor, me duele,
me duele mucho el corazón.
Si me pudiera operar,
operarme los secretos de esta canción
hecha poema para ella,
para la dueña de mi interior.
Tengo migraña,
azotes de irritación
cuando mis neuronas trabajan
en hacerla feliz, por todo el universo exterior.
No hacen falta palabras complejas
para definir lo que es la pasión,
si me estoy muriendo ahora mismo
por causa de este romántico dolor.
Extírpeme los órganos,
se lo ruego, doctor,
pues sin ellos seré una vasija sagrada
para contener a mi soberana, por favor.
Seré su templo, un palacio de oro,
un mundo nuevo y un panteón
para su refugio, para su perfume,
ese dulce olor
que siempre desprende
cuando su placer eterno me ruge el nombre de Dios.
Doctor, necesito no ser curado,
pues la única enfermedad tan venenosa y sin redención
que no necesita las dotes de santos falsos,
es el amor.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Utopía

Sentir tu cuerpo a mi cuerpo pegado,
notar muy fija tu ardiente mirada,
ver de cerca tu cara arrebolada,
tu piel desnuda, mi vello erizado.

Emerger, de repente entrecortado,
tu aliento a la caricia inesperada,
coser mi mano en tu pecho bordada,
frotar mi dedo tu sexo mojado.

Rozar tus labios, incenciar mi boca,
poder amarte de noche y de día,
hacer de nuevo que te vuelvas loca.

Que persista sin ti, mi alma vacía,
convertirme en ola, tú en dura roca,
hacer por fin real esta utopía.
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Olvidado mío

'Me necesitas para aprender a bailar, para aprender a reír, para aprender a vivir'...
me versaba el eco del lobo
tocando a la puerta
y en alguna nocturna pasarela
mi olvidado
llamaba 'amor' al azar
mientras yo no jugaba
a las muñecas...

Su niña bonita va al autoservicio
con la lista y la tristeza
apretada en las manos,
la cabeza baja
y una lágrima en la mejilla.

Galletas de soledad
para contar las quimeras.
Gominolas, café, mostaza
y un sueño vestido de pecas
guardado en la cartera...

¿Dónde estás esta noche fría?
Aquí tejo un jersey azul
para cobijarnos
en la ilusión perdida
y la chimenea de una cabaña
que no existe aún
pero huele a su madera
y a la quinta carta
que me jugué pa' que me quisieras.

Y rota la maldición de mayo
marchando
en la fila del supermercado
tu mensaje me guiña
y tarareo en mi cabeza:

'Oh Jah está sobre la mesa,
el destino y la pasión,
ten cuidado lo que deseas
pues puede suceder hoy'.


La niña bonita,
el lindo chico,
hacen una promesa
de su primera noche
un baile sin fin
de su pequeña cajita musical...
Se les oye murmurarse al oído
el colmo de un cariño
y transformando
pocos cientos
de minutos
en toda su eternidad.

Suena su canción
en voz de ella:

Olvidado mío
de la guitarra y las estepas.
Soy aquella oculta
nota improvisada
cierta y tuya.
"Escucho el viento
y te envuelvo
en mi corazón..."


Dejemos de sólo contar verdades
y cantemos las locas mañanas.
Besemos con ternura
el hastío
que nos impone la noria
de la lejanía
y ven a corear
en medio de un karaoke
y mis madrugadas.
Tiremos piedras
al río
para llamarnos en clave
y supliquemos
tres veces quedarnos
aunque se esté haciendo tarde...

Que me amas;
que amarme hago,
como el uno que siempre fuimos.
Que me sabes,
que te sé...

Que el resto de mis días
quiero morir al mundo,

para vivirlos contigo.


Yamel Murillo


Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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El Fénix

Plinio, en su Historia Natural,
menciona al ave sagrada,
que anida en la ciudad del Sol.

Cargado de mirra y ámbar
teje su nido en el Templo de Amon
y allí se inmola en llamaradas.

El Fénix, cansado del flujo inmortal,
ya no se ve más sino en cuentos,
relatos empolvados del pasado.

Un alma es como un Fénix cansado,
que sale y regresa cargada de tesoros
y en su nido, se quema al guardarlos.
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