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Había una vez… “ 8 ” Cuentitos de error, Ironía, humor y doble sentido sin pudor…

Había una vez… “ 8 ” Cuentitos de error, Ironía, humor y doble sentido sin pudor… de una pareja muy despareja que se aman, pero siempre se quejan, y es porque…

Él vive de fantasías donde vuela y vuela,y ella le pincha el globo para que baje a la tierra, entonces llega la cigüeña con el globo pinchado en la mano, un niño con la cara del padre llorando, y ni un pan bajo el brazo…

Y le encantan las golosinas y cuando comen nunca convidan, porque si no se muere sin chocolate, y si no respiran…

Hay días que quieren mudarse a una isla, pero no se deciden por cual, y acaban ahogándose en discusiones boca a boca hasta la última gota de… saliva, es porque viven muy lejos del mar…

Ella vive de antojos y cuando quiere quiere, aunque sea fiesta y no haya súper abierto cercano, y si quiere huevos fritos en pleno verano, lo manda a tomar sol hasta que estén para salarlos…

Se amaban y deseaban tanto, que a veces hasta babeaban de pensarse como si fueran dulces, y comían todo el día paletas o chupetines, por no olvidarse lo dulce que era amarse hasta acabarse, sin darse cuenta, con la boca empalagada y pegoteada, pero sin vergüenza…


Él le miente, le miente siempre y ella lo sabe, como sabe que no hay forma de cambiarle, entonces le cree y también le miente, y él se lo cree…

Cualquier parecido con su irrealidad, no alcanzaba la ficción, y no tenía suspenso porque iba sin ropa interior, y no era degenerado, vivía solo y hacía calor, y algunas vecinas salían seguido y disimulando a mirar por el balcón…


A él le gustan los perros y a ella los gastos, y ya no hay dinero que alcance, en su cumpleaños él regala un gato y ella grita y maúlla, y ahora está sin dinero y peleando entre y como, perros y gatos…

Pero también hay noches de brindis y festejos, cuando duermen los niños que no tienen, y se saludan desde lejos, copa en mano balcones a 20 metros, y besos por chat en excesos…

Y así fueron los cuentos, cortos y malos, aburridos y mal educados, como ellos y sus malos hábitos…

soundcloud.com/lola-bracco/habia-una-vez-cuentitos-8-1 (Lola)
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Cualquier noche los gatos

Como el gato blanco de la calle
se cree que es doméstico
y que la ciudad
es su casa y su alimento,
yo antes cerraba
todos los bares.

Como todo animal perdido
buscaba un lugar limpio y tranquilo.

Cuando ahora suena
la canción de cierre
es porque me invitan,
amablemente,
a volver mañana
a la biblioteca.

(Abel Santos,
de LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER
CAEN A PISCINAS DORADAS,
Chamán Ediciones, 2016,
2da edición 2017)
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Martes y trece

Frenética explosión de pupilas alargadas, maullidos a la luna sobre sendas vallas, una verde y otra azul.

Ronroneos convertidos en arañazos al aire, les merma la vida que muerden, no importa perderla si es a base de lamer heridas.

Es la suya. De las seis restantes sobran colchones de paja y nidos vacíos. Sobran sombras. Sobran frenos. Sobran veloces caídas.

Dos gatos que se miran. Ocho patas almohadilladas, las que antes tocaban el lomo y hoy, sólo ruinas.

Suavidad de oscura turba en la medianoche. En el filo del muro serpentean los cimientos el uno del otro. Jardines colgantes de Babilonia, terrazas de betún y agua.

Ingrávidos, saltan a la noche. Al espejo cobalto, al martes y trece, a las escaleras de mano, a la sal en la mesa, a sus pechos negros.

No importan las malas lenguas y las supersticiones. Les basta con rondarse, les basta con dilatar pupilas, rozar la piel y erizar el pelo. Les basta con guardar entre maullidos algún "te quiero".
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La chica de los ojos transparentes

Recuerdo que era un viernes alrededor de las tres de la tarde, salía a zancadas de la oficina para atrapar el preciado vagón de metro mágico que me llevaría a mi guarida. Fue un día terrorífico, en la oficina surgieron problemas de distinto orden durante toda la jornada laboral: los teléfonos estaban a punto de estallar, y los jefes no cesaban de bramar inmersos en un iracundo discurso demoledor tiranizando al personal subordinado. En tres ocasiones recurrí a los analgésicos para mitigar la tensión.
Acoplé mis posaderas en el asiento y al oír rugir el motor sentí la liberación de alejarme de aquel atolladero. Palpé en el interior de mi bolso en busca del móvil y empecé a leer un artículo referente al cierre definitivo de un refugio de perros y gatos ubicado en Castellón. Me aguijonearon el corazón las intensas miradas lacrimosas de los perros implorando misericordia a través de las rejas… Pese a los múltiples y hercúleos esfuerzos ejecutados por la dirección del centro y los cuidadores, no existía alternativa. El presupuesto era insuficiente y las instalaciones precarias. El cierre era definitivo e inminente. El Ayuntamiento se exoneraba de prestar cualquier tipo de ayuda.
Por suerte en las últimas semanas aumentaron las adopciones, asimismo otros refugios y protectoras se ofrecieron para acoger setenta y dos animales, pero aún había que hallar una solución para el resto…
El llamamiento era desgarrador, urgía encontrar hogar para sesenta perros y quince gatos. Aquellos animales conocieron la calidez de un hogar y ansiaban volver a reconquistar su antiguo estatus.
Bajé del andén sulfurada, inmersa en una vorágine desesperanzadora exhalaba suspiros al recordar aquellas cándidas caras abatidas por el dolor.
De repente el sonido de una guitarra eléctrica paralizó mi marcha acelerada en el andén. Miré en derredor y vislumbré la espigada silueta de una chica joven: su cabello largo, lacio y rosa violáceo cubría parte de aquella guitarra eléctrica azul claro, un azul casi transparente: como sus ojos. <<Curioso paralelismo>>, pensé. Iba ataviada con una chaqueta negra de curo con tachuelas, y lucía anudados al cuello varios pañuelos de colores con largos flecos.
Pese a la distancia que mediaba entre ambas advertí que su mirada irradiaba una exquisita mescolanza de fragilidad y fortaleza infinita.
Avancé presurosa entre la multitud hasta colocarme a un metro de distancia. No podía apartarme de allí, las hipnotizantes notas de aquella guitarra poseían la virtualidad de danzar en el aire y atravesar mi alma. Sus largos y estilizados dedos acariciaban el mástil con una sutileza embriagadora, desgranando compases soberbios que flotaban irisados en el tétrico ambiente de voces apremiantes.
Nadie se detenía, todos tenían prisa por ir a algún lugar.
Creí necesitar una excusa para permanecer más tiempo, como si la corta distancia me intimidara. De modo que me apoye en la pared simulando que buscaba algo en el interior, fruncí el ceño en señal de frustración. <<¿Dónde estará la maldita hoja?>>, balbuceé. Y en aquella falacia teatral permanecí unos minutos. ¿Por qué tuve que inventar un absurdo para justificar el motivo de mi abrupta detención en el andén?, ¿Por qué no me planté delante a deleitarme de su enigmática presencia y melodía? Realmente era lo que quería… Después de unos sublimes minutos reanudé mi camino, pero sin dejar de oír la guitarra.
Nunca sabes dónde te lleva la vida: puedes cantar en el subsuelo urbano o el más preciado escenario. A ella nadie la mimaba ni siquiera con una ligera sonrisa. A muchos les cuesta reconocer la autenticidad de un talento cuando socialmente no ha gozado de dicho reconocimiento previo.
Las cualidades de las personas están ahí para que cualquiera las pueda aprehender con sus sentidos, pero hay quienes delegan esta función depositándola en el poder de los demás. De modo que nadie era capaz de oír aquel sonido divino que arrancaba de las cuerdas de su guitarra azulada.
Así que inevitablemente pensé que a la chica de los ojos transparente también la habían abandonado, como los perros y gatos que había estado viendo minutos antes.
Han pasado dos años desde que la vi y aún sigo con la férrea esperanza de encontrarla en algún lugar tocando su guitarra. Me recrimino aquella pueril y enervante conducta que determinó excusarme en buscar <<una hoja>>: ocultarme y no mostrar mis sentimientos. Fui capaz de lanzar unas monedas al vuelo, pero no de felicitarla, y me arrepiento porque ella lo necesitaba, y yo también. Pero no pude hacerlo... A veces la vida sólo te da una oportunidad de realizar una acción.

Marisa Béjar.
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Cats (@MiguelAdame y @Verín)

Sus pequeños ojos
no pierden detalle
del movimiento del viento
que sacude con ternura
a una pluma en el aire.
Son seres celestiales
que protegen a mis sueños
de los malos ratos.

Es ruin
escuchar su tenue maullido
y no correr
a tomarlos en los brazos.
Su ronroneo alivia mi alma
del dolor de un cuerpo
que no se quiere escapar
de lo más maravilloso de éste mundo.


Y sólo tú bajo una mirada penetrante,
me obligas
a intentar soñar de nuevo.

A veces,
me escondo de la tristeza
en mi rincón de silencio,
cuando las lágrimas
empiezan a gritarme.
Es cierto...
Ése dolor del cuerpo,
también maulla.

Es entonces, cuando
se acerca a mí sigiloso
como un rumor
que se entrelaza
dulcemente entre mis piernas.
No necesita palabras
para decir que me entiende
pues es con su calor,
con su suave murmullo
como me calma
y alivia el escozor
de mis heridas.

¡Qué mayestático milagro
esconde anudado a su instinto!
Pequeño felino radiante...
No te alejes de mi destino
Proteje a mis sueños que te esperan felices
en un mundo felino de amor.


Un poema de Verín y miguel Adame
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El gato negro

Le tenía pavor al gato negro de mi vecina, su caminar y su mirada daban escalofríos, la indiferencia de éste ante el ojo humano me ponía a temblar.

Una tormentosa lluvia se desataba aquel día.


Tratando de ignorar ese panorama tan tétrico, me senté en la hamaca y encendí un cigarrillo, estuve sentada tarareando letras de canciones mientras las colillas del cigarro formaron una enorme montaña.
Me aburría y el sueño de la tarde atacaba sigilosamente, me dispuse a acostarme en la hamaca me balanceé unos segundos y caí como muerta...

Un ruido bastante inquietante molestaba mi siesta. Mi mente no paraba de pensar por lo que estaba sucediendo, más grande era mi sueño que mis ganas por levantarme a averiguar. Un espantoso golpe sentí a la altura del pecho, sentí como si el espíritu escapaba de mi cuerpo, me levante gritando y al abrir los ojos una mirada fija y amarillenta me estaba observado, era el infeliz felino que se encontraba trepado encima de mí.

Peleando con otros gatos cayó justamente allí.
Hasta el sol de hoy el susto aún sigue impregnado en cada parte de mi cuerpo mientras los nervios me carcomen la tranquilidad.
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