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Hokku (languidece)

Hoja marchita
languidece entre rejas.
Se fue el ayer.




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@AljndroPoetry
2018-jul-11
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5comentarios 66 lecturas japonesa karma: 95

Vienen los del miedo

Miedo.
Se acercan las sombras y los herejes del destino
con sus cuchillos y mordazas,
dispuestos a callar mi alma.
Por entre las avenidas al cielo matan,
y el mismo sol con su congoja llora,
escondiéndose entre las nubes grises
del otoño del lamento eterno.

Ya están llegando,
te miro a la distancia y suspiras un vaho gélido
que me inunda el alma y me recuerda
que todavía no puedo salvarte.
La cápsula de cristal es firme,
y sigues preso del futuro marchito
que aún en el presente verdadero
parece un pasado sin esperanza.

Ya vienen,
no podré seguir finjiendo mucho más;
tu pulso se acelera, y el corazón casi te estalla
en millones de pedazos de seda.
Te miro y me miras, y me miras, y me miras.
Y ya ni siquiera localizo tus ojos
entre el resto de la multitud
de gabardinas negras y guante blanco.

Ya están aquí.
Los miedos por quererte, las ganas
se atenúan, y siento frío,
y me hielan por dentro los pedazos de seda.
Los de guante blanco desaparecen,
y la luna brilla bajo la mirada del sol
pero tú ya no estás conmigo.
Te he perdido, para siempre.
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9comentarios 105 lecturas versolibre karma: 106

Ya no escribo de ti

Ya no escribo de ti,
ni de mi,
ni de nada.

Es que así debe ser
cuando a uno
se le vacía el alma,
y se mueren las ganas,
y se marchita la fuente
de agua bendita
que tus rezos y conjuros
hacían fluir
en nuestras noches sin luna.

Fuimos dos fotones
cuanticamente entrelazados,
─aparte de enamorados─
sí, entrelazados.
De esos que se entienden
a distancias luz,
de esos que sienten
lo que el otro siente,
sufren
lo que el otro sufre,
en el mismo instante poético.

Fuiste siempre
mi rima asonante,
sin importar mis tildes,
ni mis agudezas.

Fuiste siempre
la rígida métrica
de metáforas alucinantes
que mantenía
mis aguas en cause;
evitando siempre
que mis universos
se desbordaran
por mis tristes,
melancólicos
y profundos
agujeros negros.

Fuiste
todas las dimensiones
que me hacían falta,
más allá del fugaz
y efímero
espacio tiempo
de esta ridícula
existencia temporal
a la que fui confinado
por los dioses
de todos los universos.

Fuiste
big bang de colores
por un tiempo,
el origen de una vida
que no conocía,
─o que no me atrevía a conocer─.
Pero también fuiste
la extinción de dinasourios
y del oso hormiguero;
y también...
el apocalipsis apoteósico
de todas mis realidades.

Y por eso es que
ya no escribo de ti,
ni de mí,
ni de nada.


@SolitarioAmnte / vi-2017
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El año que cambió nuestras vidas tiene un aroma marchito

El año que cambió nuestras vidas tiene un aroma marchito.
Sus olores se fugan de las memorias inéditas bajo la sombra de su propia desgracia que desfila de noche todo el tiempo.

Sobre sus ecos se palpan las palabras que mueren despacio.
Ya nada las cubre de los rayos de la desesperanza que se vence in mesurada a la primera idea de un movimiento.

Sobre un montón de momentos que tiemblan por sus propios momentos.
Vas recordándote los buenos tiempos, aquellos segundos por los cuales ya no te estas mintiendo.

El año que cambio nuestras vidas tiene un aroma marchito.
Respira profundo y serénate.
Ya no absorbas todo lo que te entrega el destino.
Este baila contento sin importarle un comino tus tristes pensamientos que solo a ti te agobian.

Desafía con desenfado y desdén los caprichos trazados al vuelo.
No te menosprecies más e imagina que lo estas haciendo de nuevo.

Poesía
Miguel Adame Vazquez
18/06/2015.
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Con las palabras marchitas

Fue como un poema
al que le habían robado las estrofas.
El invierno llegó,
y no solo te llevaste a la aurora
y su luz cálida, mi letargo;
te llevaste mis recuerdos
y los hiciste trizas bajo la sombra de un ciprés.

Y los álamos ríen, claro que ríen,
por el vano sencillo que promulgan sus ramas.
Te llevaste febrero, y me dejaste
la lluvia de abril impregnada en mi mirada.

Te llevaste la poesía,
te llevaste mi aliento y mi fuerza,
te llevaste mis palabras;
que ahora, quedan marchitas.
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