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Besos de sapo

Quisiera volver a nacer sapo,
esperar el ósculo
fertilizante de alas,
de primaveras,
mirar el futuro a los ojos,
certeza de que el vacío
huirá a la ciénaga del pasado.

Beso de sapo sanador de princesas,
que huyen de sonrisas lúcidas,
buscando refugio en la noche trémula,
donde su boca libe el deseo
por el abismo, la necesidad
de saciarse con el légamo del arrebato.

Sanador de triunfadores
escondidos tras el artificio,
madriguera de recelos
por abrir sus entrañas,
descubrir las espumarajos
de obviedades.

Sapo de lo cierto, lo carnal,
tangible de los sentidos
amalgamados con sudor,
muro de esencia sin maquillaje,
fronteras, pasadizos ni atajos,
lo inevitable de escalar
como premio a la constancia.

Ofrendo besos de sapo
suturando la ficción,
abriendo escaparates, vidrieras ,
sin edulcorantes del dolor,
sangrar para sentir vida,
que el viento del albedrío
insufle emancipación
del desasosiego al error,
abriendo calles a los infinitos.

Amén
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Pasos en la noche

Aquella noche era como todas,larga,fría y oscura.Tenía la sensación de no estar solo en aquella habitación,mi aliento recorría la estancia con su color blanquecino, golpeaba mi imaginación un simple reflejo de calor(marcando mi piel como la carne de gallina). Me levante asustado, tembloroso, un simple sonido me haría gritar en la oscuridad,encendí la luz y una sombra recorrió aquel pasillo en un solo segundo -Quien anda ahi? -Pregunte a sabiendas de estar solo,baje los escalones intentando mantener una compostura que en sí ya había perdido,escuche un sonido de unos pasos,la madera del piso superior rechinaba con un sutil suspiro.-Quien anda ahí?- Volví a gritar, pero esta vez mi voz denotaba el miedo que ya estaba dentro de mi ser,nadie respondía, pero aquellos pasos seguían marcando una misma dirección,me arme de valor y volví a subir los mismos escalones que hacía unos minutos bajará.Aquel pasillo volvía a estar delante de mi, el fondo la luz no lograba iluminar todo lo que había, aunque conocía perfectamente lo que el fondo podía esconder me acerque muy despacio y encendí la última luz iluminando todo aquel pasillo.
Nada, lo que había era nada,simple sugestión, un momento! y los pasos que escuchaba, también eran cosa de mi mente? no podía ser,mire cara a la ventana y entonces me entró el pánico,la ventana estaba entre abierta, el viento movía con sigilo las cortinas, me acerque rápido y cerré la ventana como un rayo,volví a sentir que no estaba solo,como un loco empecé a hablar como si estuviera acompañado por alguien, intentaba autocomvencer aquien estuviera allí conmigo de que eramos tres en aquella casa.
Volví a oír los pasos, está vez estaban muy cerca de donde yo estaba,tan cerca que podía sentir hasta su respiración,me acerque despacio, muy despacio, estaba cagado de miedo y entonces la vi,una maldita Lechuza había despertado todos mis miedos aquella maldita noche...
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4comentarios 42 lecturas relato karma: 70

La sombra

Mirando el reloj,
De la sala,
Sentada en su sofá
Doña flor,
Mira las horas pasar
Como si quisiera,
detenerel tiempo,
Tratando de entender el
El mundo,
Porque su mente se alejo de el
Sus infinitas interrogantes,
Sus aterradores miedos,
Sus angustias a la soledad,
Sus llantos repentinos,
Llenan mi alma
De dolor y tristeza
Ya no hay vuelta atrás
Poco a poco sus recuerdos
Se van, se esfuman
Y todo se va tornando
Confuso…
Ya no hay lógica
En su vida…
Ya no hay tiempos,
Ni espacios.
No me dejes sola¡¡¡¡¡
Es el grito
Que destroza mi ser..
Ya no sabe quien es…
Pero yo si sè quien
Le roba sus recuerdos,
sus sueños.
es una sombra que la
Acecha a diario
Hasta dejarla,
Totalmente vacía.
El abrazo, es la medicina
Para su soledad…
El amor, el mejor
Complemento…para su vida

Romántica..
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El Miedo y Yo

Lo que más miedo me da,
es temblar de miedo
y del mismo temor saco fuerza
para poder ahuyentarlo
mientras el miedo
como fiera tras su presa
se toma su tiempo,
para paralizarme de pánico
regresar y volver a atacarme,
y así nos pasamos la vida.

Él como fiera atacando
busca atraparme a muerte
yo como presa huyendo
luego me canso, paro
me tomo mi tiempo,
valiente aunque tiemble
respiro profundo
luego le hago frente
golpeándole con las armas
que me da la vida,
que me da el sentimiento
que me da el miedo
porque el mismo miedo
es el que me hace fuerte.


MMM
Malu Mora
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10comentarios 158 lecturas versolibre karma: 113

El miedo

A veces pienso que la vida es como una especie
de esqueje
en fuel imberbe:
el ácido desconoce su fulminante impacto,
y el tallo su ingrato sulfato…
¿Hubo deshonor, ambición o sublimación?
Puede que todo fuera una agónica patraña
de alianzas adosadas
en sol de madrugada.

Rocas en mi boca,
sal en mi mirada,
tacto relámpago
que en infarto
me acuesta en el verde manto.
Verde que no es esperanza
sino nostalgia;
que acude plomiza en vigilia,
y en noches en las que siento tu brisa
Irisada y catarsis del magma.

El miedo es un
Inconcluso
recluso
clónico en sentimientos convulsos.

Marisa Béjar, 01/12/2017.
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12comentarios 110 lecturas versolibre karma: 111

Amar y vivir es la misma cosa

¡¡¡Dios!!! Acabo de leer un poema oscuro; pero hermoso sobre ella.

La hermosa oscuridad de la Muerte —vista de lejos, obvio— con su languidez espárrago virginal, no tocada nunca por labios de soles terrenos.

Fría... indiferente... implacable... inesperada... insólita e intrusa además.

Arrebatando las ganas de amar a destiempo. ¡Si!, cuando nos descubrimos ya tarde que podemos amar, que sabemos hacerlo, torpes; pero lo hacemos como dando pininos de quien comienza un juego que quiere y no sabe... tras haber perdido el tiempo de la vida así como el miedo a nosotros mismos y arrojar al viento toda nuestra suerte en un "No tienes nada que perder. La cosa es aquí y ahora".

Es ese riesgo de exponer el cogollo, ¿sabes? La cebolla hecha de pétalos núbiles buscando el afán en el sabor de otra boca tierna; amalgamándonos (como el mercurio) en el metal de otro cuerpo cautivo en ese mismo miedo que nos tirita a todos.

Y entonces... llega ella y nos corta el hilo dorado desde la raíz del ombligo, y ¡¡¡Zas!!!, un sólo corte en seco, apagando de un soplo esa vela vital como quien espanta una pelusa que viene a estorbar al rostro, o sea, sin miramiento alguno.

El verdadero miedo que yace en el fondo de la vasija no es a la Muerte misma sino al miedo a no amar... a no poder vivir porque que amar y a vivir, a fin de cuentas, es la misma cosa. La Muerte lo sabe y ella —en su carencia íntima— viene y nos lo arrebata.-


@ChaneGarcia
...
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Miedo a los propios fantasmas

Si tras estas líneas me lees distinta, espero que, al menos, no dejes de leerme de inmediato, que tengas compasión y me des algo de margen para comprender que cambié y que mis miedos se hicieron realidad.

Y es que tras estas líneas quizá cambie, quizá pierda lo que me hace escribir, quizá mi bolígrafo ya no me quiera y hulla de entre mis dedos, como lo hace todo lo que amo.

Y es que tengo miedo a perder mis fantasmas,

miedo a perder lo que me impulsa a escribir,

miedo a no encontrar palabras,

miedo a no ser capaz de ver la tinta,

miedo a que mi bolígrafo ya no escriba.

Tengo miedo a entender que nunca serás mío,

miedo a dejarte ir,

miedo a vivir sin miedo,

miedo a no saber vivir.

Tengo miedo a dejar de sentir como siento,

miedo a dejar de odiarme,

miedo a dejar de amarte,

miedo a no volver a ser yo.

Porque mi miedo es que me saquen de la mente estas ideas absurdas de que la vida es sentimiento puro, bueno y malo.

Porque mi miedo es que me de cuenta de que la felicidad se puede conseguir de verdad y de esta forma deje de vivir como vivo, deje de vivir en mi montaña rusa de emociones, esas que me hacen mirar a mi alrededor y llorar o reír de esta forma tan intensa que trato de mantener aunque ello me conlleve a los más extremos sentimientos.

Porque mi miedo es que me abran los ojos y te vea allí y me vea aquí y no vea un nosotros ahí. Mi miedo es dejar de necesitarte de esta forma tan extraña que tengo de necesitarte.

Porque mi miedo es aprender a vivir sin ti en ningún formato, de ninguna manera, mi miedo es perder esta parte de mí que sólo tú creas, para bien o para mal.

Miedo al miedo de perderme de nuevo y perder lo que he aprendido, lo que he conseguido.

Miedo al miedo de dejar atrás lo que me caracteriza, que quizá no sean estas manos, ni esta tinta, pero que reflejan lo que soy y como siento.

Miedo al miedo de dejar de vivir con el corazón fuera del pecho para sentirlo todo más.

Miedo al miedo de dejar de quemarme y empezar a congelarme.

Miedo al miedo de dejar de odiarme por amarte,

…porque tú escribes mis letras.
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Vienen los del miedo

Miedo.
Se acercan las sombras y los herejes del destino
con sus cuchillos y mordazas,
dispuestos a callar mi alma.
Por entre las avenidas al cielo matan,
y el mismo sol con su congoja llora,
escondiéndose entre las nubes grises
del otoño del lamento eterno.

Ya están llegando,
te miro a la distancia y suspiras un vaho gélido
que me inunda el alma y me recuerda
que todavía no puedo salvarte.
La cápsula de cristal es firme,
y sigues preso del futuro marchito
que aún en el presente verdadero
parece un pasado sin esperanza.

Ya vienen,
no podré seguir finjiendo mucho más;
tu pulso se acelera, y el corazón casi te estalla
en millones de pedazos de seda.
Te miro y me miras, y me miras, y me miras.
Y ya ni siquiera localizo tus ojos
entre el resto de la multitud
de gabardinas negras y guante blanco.

Ya están aquí.
Los miedos por quererte, las ganas
se atenúan, y siento frío,
y me hielan por dentro los pedazos de seda.
Los de guante blanco desaparecen,
y la luna brilla bajo la mirada del sol
pero tú ya no estás conmigo.
Te he perdido, para siempre.
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9comentarios 100 lecturas versolibre karma: 106

Volvernos a enamorar (Parte I)

Miedo a amar pareciera el titulo perfecto a este capítulo amargo que me acosa y me acorrala ante dos muros tan altos que solo mirar arriba hace temblar mis rodillas hoy agotadas.

Miedo a arriesgarse una vez más sabiendo que mi alma y mi pensamiento están contigo, que se alimentan de ti, de tus sonrisas, de tus miradas, de tus desaires y hasta de tus rechazos, de tus pequeños gestos de cariño malentendidos, de tus lagrimas contenidas que apenas se asoman en tus pupilas, de tus momentos en los que inconscientemente deseas estar conmigo, de esas ganas inmensas de abrazarte y tenerte así entre caricias de consuelo y amor, saciadas por un simple rose de rodillas, un apretón de manos, un toque diminuto de nuestras yemas.

Miedo a perderte sabiendo que ya estas lejos, miedo a llorar cuando ya no hay una lagrima más que derramar, miedo a no ser yo quien provoca tu sonrisa, tu alegría, tu cariño, miedo a perder a la musa más grande que ha tenido el diario de mi vida, miedo a intentar amar a otra mujer, sabiendo que mi sonrisa, mi llanto, mi frustración y lo mejor, ¡mi cariño!, aún están contigo.

Sabes, no miento al decir que no me eh equivocado al elegirte, de mi parte te aseguro que eres tú la indicada, indirectamente has cambiado la perspectiva que había tenido, el deseo de estar solo contigo, de pensar solo en ti, de escribir solo para ti, de intentar todo solo por ti, de escuchar melodías solo por ti, de rezar, de pedir, de pelear, de seguir, de razonar, de tocar, de creer, de perdonar, de olvidar, de intentar dejar de adorar, sería interminable la lista al grado de comprender porque eres el Génesis de mí.

Pareciera ironía pero todo se alinea para recordarte, en lo personal le llamaría demencia, paranoia pura, sin embargo no es coincidencia ni intervención divina, es la magia pura aplicada a mi sistema, un recordatorio de que mi ser está contigo, de que eh aprendido a estar sin ti, a amarte sin amarte, a comprenderte sin hacerlo, a demostrarte todos mis escritos sin hacerlo, a estar cerca de ti sin hacerlo, a olvidarte sin tener éxito, reiterándome que eh tratado de olvidarte sin hacerlo, a arrancarte obteniendo el mismo resultado.

Madmoiselle de horizontes soleados, sería hipocresía decir que es usted mi princesa, porque básicamente ahora estoy convencido de que quiero su compañía, justo al lado, en primavera e invierno, en ternura y lujuria, en el sol acogedor y en la tormenta más helada, de la mano corriendo por un campo y en el hedor del sudor que emane de nuestros cuerpos fusionándose, porque ahora entiendo que usted no necesita un príncipe ni yo una princesa, ambos necesitamos simples mortales que se equivoquen, que lloren, que sufran, que se cansen y exploten, exploten en risas, en llanto, en furia, en caricias, en comprensión, en paz, en calor, en amor, una explosión confusa de emociones, eso es justo lo que necesitamos, un ser perfectamente imperfecto para usted y una musa perfectamente imperfecta para mí.

Hoy tengo miedo a olvidarla, tengo miedo a que el destino nos separe y caigamos en la magia falsa de otras almas perfectas para nosotros, tengo miedo de que alguien más descubra o no descubra eso que me alimenta, miedo a borrar esos planes mágicos a su lado, miedo a asesinar el ideal de la musa que es ahora usted en mí, miedo a convencerme que la página número cien, sea una profecía más que no se cumplirá.

Miedo a amar recorre por nuestra mente, pequeñas signas han huido de su boca y las eh acogido empatándolas con el mismo reconocimiento de pánico a adorar de nuevo, miedo a volver a creer en nada, a llorar, sin embargo, aunque reconozco que estoy temblando de pavor, le juro que es usted la musa de mi ser, de mis ojos, de mi alma, de mi último suspiro...
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Canto a las Furias

Si me vais a hundir, consejo os doy,
venid con todo o no me toqueis,
venid con todo o dejadme libre.

Traed bombas, armas y cañones,
traed de Varo sus legiones,
traed centurias, ejércitos, mercenarios,
traed lo que sea aún de mayor escarnio.

Ponedme a luz y sombra sin agua ni fuego,
exigid al Senado algún decreto,
enterradme en un túmulo, arrancadme los sueños,
usad perros de caza, usad puñal y veneno.

Allí donde caiga mi cuerpo,
allí dónde esté mi entierro,
sabrá bucear por la tierra,
sabrá deshacerse su peso.

Echará nutridas y anchas raíces,
nacerá árbol de venenoso tejo,
y sus ramas gritaran pecados,
y sus frutos matarán a los cruentos.

De entre sus raíces nacerá por mi sangre,
un río de ponzoñoso veneno,
amamantará víboras, escorpiones,
que arrancarán vidas con su beso.

Entre sus ramas anidarán por gracia
todo pájaro de mal agüero,
cornejas, cucos, buitres y cuervos,
gritando todas el homicidio hecho.

Los frutos de ese árbol
en tierra darán sustento
al cuerpo de todas las Furias,
al centro de todos los miedos.

Y sus bocas, desencajadas,
devorarán a todos los que un día,
decidieron matar a mi cuerpo,
para dar a mi alma venganza en lo eterno.
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La envergadura duele

Estar en una envergadura duele
el compromiso corre y se acrecienta
la importancia de los hechos atemoriza
a la piel que de por sí tiembla sola.

Miedo a la compañía formal
a desnudar nuestras vergüenzas de pies torcidos
a que nos conozcamos de memoria el almizcle
cuando la noche duerma la hora
junto a nuestros cadáveres tibios
ya de costumbres.

Ahora ese vértigo adelante...
una caída a lo impreciso
en la ceremonia improvisada
y en un: "¡No sé qué estoy haciendo?"
solo para acallar a las lenguas
de las tres hermanas brujas
por el puro placer de demostrar
lo que en realidad no se siente.

¡Ah! ¡Ni nosotros mismos sabíamos
en lo que nos estábamos metiendo!
El gusanillo allí, en la tripa
y las mariposas en el cuenco
Fobos dibujado en la piel
de un rostro de nieve.

Nunca hubo amor... ¡Lo sé!
pero sí una reunión de máscaras
y de poses y de anillos
y un papel firmado validando el error.

No sabemos hoy si aquello fue para bien
a veces dudo; otras, quisiera creerlo
pero como dicen por allí:
"En la vida, todos somos poetas que acertamos equivocándonos".

En todo caso
nunca está demás intentar
la extraña mueca del amor
por ver a qué sabe aquello.-


@ChaneGarcia
...
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A nuestro miedo e inocencia

¿Qué habría pasado si hubiéramos hablado?
Si nuestros temores más profundos
Por una vez, se hubieran ausentado
Si nuestra cordura se hubiera esfumado.

Recuerdo tu hipnotizante mirada
Decirme aquello que tu boca callaba,
El más sincero deseo que sentías hacia mí
El mismo que yo manifestaba a tí.

La juventud es extremadamente bella,
Pero también es muy estúpida
Creíamos que el tiempo nos sobraba,
Cuando realmente se nos acababa.
Nos reprimimos, nos forzamos
A controlar nuestro deleite y gozo,
Viéndonos y queriéndonos el uno al otro.

Dicen de las miradas, que éstas hablan,
En las nuestras dijimos muchas cosas,
Pero no tuvimos la valentía
Para que éstas quedaran claras
Seguramente nos decíamos:
El otro entenderá.
Lamentablemente no comprendimos
nuestra más grande confusión.
¿El otro me amará?
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Decirte adiós es el mayor de todos mis miedos

En tu ausencia

-y yo
no lo sabía-,

si todos mis sentidos hablasen

seguro
que gritarían.
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4comentarios 92 lecturas versolibre karma: 107

¿De qué sirve huir?

La tarde despuntaba como una triste alegoría del alba. En su claridad todavía potente un niño paseaba, explorando el pisar del suelo, el crujir de las ramas y el revoloteo de las aves. Caminó y caminó hasta que el camino se encontró frente a un espejo en el que se hundía y se perdía. La tarde era clara, no parecía que la noche aguardaba, siempre escondida, siempre tan poderosa. El niño jugaba con los brillos y relámpagos de aquel espejo que reflejaba más de lo que realmente había con una sinceridad cegadora. El niño perturbaba los reflejos y nada pasaba, pero llegó para apoderarse de las aguas el brillo de plata de la luna. La noche se acercaba pensó el niño, pero la noche ya estaba allí, huyó por el mismo camino intentando que la noche no se acercase, mientras una garza, el último ave del cielo, volaba, la luna vigilaba.
El niño corría, jadeante exploraba los silencios del bosque y los ruidos de la noche. Lo que dejaba atrás lo perseguía y acechaba, maldito camino de huellas y recuerdos se decía. El niño corría y corría, pero el camino siempre lo seguía, le tocaba la espalda y le susurraba: soy la sombra que acecha y el miedo que persigue. El niño seguía corriendo y tuvo horizontes nuevos, pero siempre el mismo camino le desgarraba la espalda. No tenía ninguna posibilidad de escapar, salvo, tal vez, dejando de huir.
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2comentarios 66 lecturas relato karma: 73

Óbito vital

Desde que perdemos la inocencia de nuestra niñez, comenzamos a angustiarnos por el futuro y la muerte. La obsesión por el fallecimiento nos nubla el espíritu y arraiga en nuestras más profundas entrañas, tornando de un matiz oscuro y lúgubre la esperanza.
A causa de este miedo perdemos oportunidades, ocultamos sentimientos, dejamos de disfrutar de la vida y olvidamos lo más importante, lo que todos merecemos, olvidamos vivir.
Por esto he de decir que debemos aprovechar al máximo cada segundo de cada minuto de cada día, pues, como ya es sabido, este podría ser el último.
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Miedo

Miedo que penetras en mi alma,
adentrándote en mi sangre, que envenenas,
que me dejas en un hilo, que me arañas
y me pintas hoy de gris la primavera,

eres turbio pensamiento de la duda,
despertar maldito de una luna llena,
esperanza prohibida, sutil desengaño,
rescoldo de un verano que me encela,

miedo oscuro, miedo negro,
sombra de una sombra en las callejas,
miedo triste, miedo serio,
espera de risas junto a las aceras,

vete de mi lado, déjame en silencio,
que es malo perderse contigo a la vera,
libérame el alma, no cuentes historias
que siempre se acaban con dulces tragedias;

miedo que penetras en mi alma,
adentrándote en mi sangre, que envenenas,
déjame una vez, una vez sólo,
llenar de colores esta primavera.

De "Cuadernos de Poesía" (laciudaddelasnubes.com/category/cuaderno-de-poesia/)
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Miedo al blanco

Escribir lo ocupa todo.

Me ofrecen una copa, unas líneas de sucia nieve,
pero ya soy otro tipo de loco.

He cerrado con trabajo duro las puertas
de los paraísos artificiales
y ya no se me caen los ángeles.

En cuanto a volver a amar otra vez
no tengo la respuesta;
sólo el miedo que junta mis labios
con la pasajera huella
de una sombra.

"Ella es demasiado buena para mí",
cantaba Chet Baker con dulce oscuridad
poco antes de caer con su música
desde el balcón de un hotel barato.

Pero la poesía lo ocupa todo.

Después del huracán
que se llevó mi vida
sólo ella y yo quedamos en pie.

Contra el miedo, el vacío y la rendición,

escribir,
escribir es mi arma,
escribir es mi arma blanca.

Yo no compro poesía,
yo le vendí mi alma.
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El Vilo del sueño

Despierto creo estar, siento los latidos suaves del corazón, sonido inquietante, altera mi razón.

El cuerpo en la cama se estremece de dolor, en vilo estoy, que maldita sensación tan extraña que me causa estupor.

Observado me siento, desde algún rincón de la oscura habitación percibo un aire cálido, creo es el resuello de alguna aparición.

Tengo el cuerpo anclado a la cama, en el pecho siento frío y un peso enorme, aplastante, que me deja sin respiración.

Quiero escapar de esta situación, esa incertidumbre que cada madrugada irrumpe en mis sueños, provocando miedo y dolor.

El monstruo de los sueños ha vuelto, cubre todo el espacio con su olor, no explica nada, me observa, su mirada perturba mí razón.

Con el cuerpo paralizado estoy, sufriendo una vez más esa horrible sensación, y mis pensamientos activos, intentado huir de esta prisión.
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Un vivac bajo la cama

Tengo miedo de que la rabia
monte un vivac
bajo mi cama.

Tengo miedo
de que las palabras desaparezcan
y se ensanchen los músculos.

Tengo miedo que los objetivos
no se avisten en el horizonte
y se larguen en pantalones nuevos.

Al rozar la meta te relajas
y cuando levantas la cabeza
ves que se ha trasladado
cien kilómetros más allá.

Tengo miedo
que la infancia de mis hijos
se desvanezca.

Tengo miedo
de convertirme en una pieza del ajedrez
de los que de todo tienen
y duermen bien.

Había una vez tres cerditos
que mejor o peor
diseñaron una vida,
con lo que no contaban
es que la manada de lobos
crecía y crecía
y sin hacer nada
su boceto engullían.

Tengo miedo del miedo,
ya el cemento está por las rodillas,
y sí, somos un punto más,
un número más,
protagonistas amordazados
en este film de terror.
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En la iglesia...

Soledad oscura,
clemente silencio,
lo que necesitan,
mi mente y mi cuerpo.

En la fría iglesia,
el solemne templo,
entre sus paredes
resuenan los rezos.

Los rezos de monjas
ocultas tras velos,
que elevan sus voces
clamándole al cielo.

Y por las vidrieras,
que son sus luceros,
los rayos del sol
dibujan senderos.

Senderos que llevan
a mis pensamientos,
por otros caminos
que encuentren los sueños.

Titilan las llamas
de velas con fuego,
trazando en las sombras
murmullos inquietos.

Las sombras que esconden
profundos lamentos,
de los tristes fieles
que ven todo negro.

Y el cirio se apaga,
susurran los vientos,
el humo se eleva,
perfuma el incienso.

Frente a su retablo,
medieval y austero,
el ara imponente,
vestigio del tiempo,

donde se proyecta
simbólico el cielo,
sobre el duro banco,
al Dios del madero,

contrito y medroso,
faltando el aliento,
a ese Dios anónimo
hincado en el suelo,

con la voz gastada,
apretando el pecho,
al Dios en que creo...
le cuento mis miedos.
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2comentarios 61 lecturas versoclasico karma: 74
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