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EL DESPERTAR ( el expositor de teorías)

Hubo civilizaciones anteriores,
fueron seres humildes y con habilidades,
no nos creamos los mejores,
pues estamos a años luz de sus invenciones.

Creo que en realidad hubo dioses,
que protegían el mundo de los hombres,
no se con certeza si hubo una guerra,
que dio inicio a nuestra nueva era.

Mi más respeto para los sumerios,
quizá no fueron guerreros,
pero si mucho más sabios,
y nunca seremos como ellos.

Mención especial a Atlántida,
esa ciudad que ahora está sumergida,
llegó el diluvio universal,
y acabó con su prosperidad.

Está escrito en las tablillas de arcilla,
que los egipcios inventaron la bombilla,
quiero creer que existieron los alquimistas,
los constructores de las pirámides de Gizah.

La biblia hace saber los diez mandamientos,
pero fueron extraídos del libro egipcio de los muertos,
algunos me llaman ateo, cuando yo si creo,
la diferencia es que lo hago en la verdad y no en cuentos.

No sé si son mitos o leyendas,
siempre habrá una pizca de verdad,
por eso me deshice de las vendas,
y comenzó mi gran despertar.

Un libro prohibido, los arcanos de Thoth,
El ser uno, mucho más fiable que el tarot,
seguiré dejando huella y despertando conciencias,
ya que la ciencia no tiene aún todas las respuestas.

Soy un embajador en la escuela de misterios,
sabemos que el mundo moderno no tiene remedio,
tal vez todo haya sido planeado,
solo de pensarlo me quedo paralizado.

Por los motores y el rugido de las llamas,
dicen que conocimos el infierno por los mayas,
eran hábiles en sus predicciones,
y temidos por la humanidad por sus actuaciones.

Dice la leyenda que existió Enki,
protector de la tierra y del débil,
pero dejó su legado y nos dijo adiós,
y eso le convirtió en mi dios.

No estoy cuerdo pero tampoco loco,
como yo algunos se sentirán solos,
el despertar es lo que tiene,
que siga durmiendo aquel que no me entiende.

Hay teorías inexplicables,
que dicen que venimos de las estrellas,
es bonito e inimaginable,
que vengamos de un hogar de tanta belleza.

En resumen, hay que buscar una interpretación,
en las antiguas religiones se halla la respuesta,
tu sigue los pasos de la razón,
y comprenderás los misterios que te presta el planeta.

Algunos lo llamarán mitología,
otros historia a este escrito de poesía,
pero no soy ni excéntrico ni esotérico,
hacerte pensar en todo es mi propósito.
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El panteón Sumerio

Aunque el dios te creas tu,
déjame que te presente a Anu,
el señor supremo de los cielos,
venerado tanto por los sumerios.

No fue el único, dio paso a Enlil,
hijo suyo y de ki,
aire, vientos y tormentas,
sinónimo de dios de la naturaleza.

Mi preferido es Enki,
aunque hace mucho que no esta aquí,
gracias a él la humanidad existió,
pues aviso a Ziusudra del diluvio.

Le pongo un poco de corazón,
cuando os presente a la diosa del amor,
Innana conocida como Ishtar,
era la reina de la sexualidad.

En general hubo más dioses,
yo me quedo con los mencionado antes,
se cuenta que hubo miles,
y que volverán para ver sus creaciones.
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Eros

Ya llegó, es tiempo de aceptar el silencio
Mírate en espejos: escapar en sólo un flash
Me lanzo al mar, abismo
El vacío nos engendró

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Sentimos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original
(Y yo soy tu esclavo)

Puedo ver oscuridad
Conozco rincones que ocultas
Y no me voy. Me quedo aquí
Para sufrir toda tu maldad

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Sentimos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original
(Y yo soy tu esclavo)

Ya no conozco las certezas, moral individual.
Los objetos se hacen pesados
Soy un hijo de la luna para ti,
Quiero estar a tu lado en las buenas y malas

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Sentimos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original

Vivimos por amor al arte
La potencia de crear
Somos dolor, es tan divino
Eres mi chispa original
(Y yo soy tu esclavo)
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De oficio, Eros

Todos los sueños que Mika pudo recordar se convirtieron en realidad cuando conoció a Nicole. Era hermosa y sabia a la par. Misteriosa y elegante; grácil en sus movimientos y portentosa en sus decisiones. Era todo lo que él, un simple chico de una diminuta ciudad podía desear. Ahora, solo faltaba que el amor hiciera bien su trabajo.
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Némesis

Némesis, tienes que despertar
En este nuevo mundo nadie puede ser real
Ahogan lamentos con voces de todas las minorías protestando
En espejos de cristal pierdes sentidos, pierdes la señal
La cacería apenas empieza, apuntan a los que aman pensar

Y si el mundo está al revés no hables de anti
Tienen que censurar las ganas de salir
Ideas y palabras ahora son doble filo
Vamos a progresar encerrados en la prisión

Hey némesis regresa
Destruye sus promesas
Arruina sus cosechas, sacude cada cimiento
Que tiemblen en sus tronos
Que pierdan el oro
Y cuando estén perdidos recuerden juramentos

Hey, némesis tienes que venir
Con disfraces muy extraños venden libertino
Los jóvenes se ofrecen animal
Como un producto que en sus mentes es destino

Y ruegan por celebridad
El holograma es materia que los encierra
En una rueda que no parará
Si se detiene no girará

Y si el mundo está al revés no hables de anti
Tienen que censurar las ganas de salir
Ideas y palabras ahora son doble filo
Vamos a progresar encerrados en la prisión

Hey némesis regresa
Destruye sus promesas
Arruina sus cosechas, sacude cada cimiento
Que tiemblen en sus tronos
Que pierdan el oro
Y cuando estén perdidos recuerden juramentos

Nos quieren eliminar
Como una plaga que molesta
Estamos en el aire
Alma que no pueden ver
Y no aniquilas, atentas contra ti
Recuerda a tu némesis

Hey némesis regresa
Destruye sus promesas
Arruina sus cosechas, sacude cada cimiento
Que tiemblen en sus tronos
Que pierdan el oro
Y cuando estén perdidos recuerden juramentos
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Reos del amor

No se dijeron nada y se lo dijeron todo mientras unían sus cuerpos y se acariciaban el alma. Tanto ella como él, acabaron por declararse culpables ante el juez alado. Eros, los declaró culpables por haberse robado mutuamente el corazón, condenándolos a amarse para toda la eternidad.
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¡Qué arda Troya!

Tan solo dame un sorbo
de tu elixir de Amazona,
déjame beber de tu cáliz
oh diosa Valkiria

¡y que arda Troya,
mi Helena adorada!

llévame a recorrer
las curvas
y los rincones recónditos
de tu galaxia más preciada

apaga una supernova
de mil soles
en mis labios anhelantes

déjame caer
en el misterio oscuro
de tu acantilado profundo
─allí liberaremos juntos al Kraken─
que cual agujero negro
cósmico,
conecte lo inverosímil y mágico
de tu mundo,
con lo ordinario y efímero,
del mío.




@AljndroPoetry / xii-17
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Leyendas

Podríamos pensar que el cielo es el límite y jugar con las estrellas. Preguntarnos porque el cielo las sostiene y no las deja caer, al igual que hace con la Luna.
Podríamos negar que el tiempo es efímero, que se marchita en sus inviernos, y esperar lo inesperado.
Podríamos materializar lo infinito, decir que lo eterno tiene un fin que aún no hemos descubierto.
Podríamos evitar que nuestras arterias ardiesen tan gloriosamente como nuestras venas se consumen en la agonía o en el placer de sentir, como si de un cigarro se tratase.
Podríamos ser dioses, sostener la esperanza en nuestras manos y alzarla por los aires para ver como se precipita poco después, tal y como una pluma haría.
Podríamos ser leyendas.
Pero las leyendas no existen.
Somos víctimas de un tiempo que no desfallece, somos entes que vagan por un rumbo sin meta.
Somos impulsivos y erróneos, impotentes ante la idea de que hay más oscuridad que luz allí donde no alcanza la vista.
Somos desesperados y ansiosos, deseados y deseosos, inquietos y asustadizos. Criaturas que solo buscan el por qué y el cómo; la razón donde solo existe incoherencia.
Somos la locura y el mal, la enfermedad y la cura. Una pobre imitación de la imperfección.
Así que no me digas que soy tu leyenda, porque las leyendas no existen y yo no creo en ellas.
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Hidra de Lerna

Me preparo para enfrentarte
en esta dura epifanía.
¿Qué cabeza debo cortarte?
Oh hermosa Hidra de mil cabezas..
¿Acaso no sería un pecado
matarte hermosa criatura?

Me envenenas con tus caras
y me pintas con tus ojos
dejándome completamente verde.
¿Será que alguna de tus cabezas
me ama como yo te amo a ti
bella criatura?

¿Qué cabeza debo quemarte?
¿Qué cuello debo cortarte?
Solo aparecen más caras de ti.
¿Será que cada vez que sacó
una de tus caretas...
mato parte de mi alma también?

Ya me he visto perder esta lucha,
dime ¿qué debo hacer para que
no me arranques el corazón?
Oh maravillosa criatura...
¿Por qué has matado de amor?
ya me he visto sufrir en sus letras.

¿Dime me dejaras caer como a ellos?
solo quiero saber, a que ojos debo mirarte.
Los pies se me humedecen
por la sangre que sale de ti,
o quizás esa sangre sea una ilusión.

Criatura mitológica, respóndeme
por favor... No quiero cometer este pecado.
¿Será que amándote con locura
calmaras tú furia y disminuiras tu tamaño?
Déjame decirte que lo que me enamora de ti...
Son todas tus caras.
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La venganza del muerto errante

El latir de su corazón, resonaba por cada una de las oberturas del acantilado, acompañado del rítmico jadear de su respiración. Estaba aferrado a una hendida roca que sobresalía de la pared, colgado a más de ochenta metros del suelo. Por encima de su cabeza se escuchaban unas voces. Dos hombres hablaban entre sí. Segundos después, se escuchaban dos caballos galopar en dirección contraria al escarpado acantilado. El hombre, que permanecía colgado de la roca, a punto de caer, y tras realizar un enorme esfuerzo, consigue alcanzar la cima de la pared y ponerse a salvo. Recupera el aliento lentamente, mientras contempla la inmensidad del horizonte desde las alturas. No dejaba de sonreír. En un acto de reflejo, el magullado desconocido se toca con cuidado el bolsillo derecho, e introduce la mano para buscar alguna cosa. Vuelve a sonreír mientras saca el misterioso objeto. Una pequeña caja negra, parecida a un antiguo cofre del tesoro, aparece en las manos de ese hombre. La abre, y de ella saca una antigua y desgastada llave. Después de observarla detenidamente y comprobar que no ha sufrido ningún daño, la vuelve a guardar. Todo ha salido bien al final, y el riesgo ha valido la pena. El maltrecho hombre casi pierde la vida, pero ahora tiene en su poder la llave que esconde un oscuro y valioso secreto; y lo mejor de todo, es que sus perseguidores lo dan por muerto. Pero hay veces, que hasta los muertos regresan para vengarse.
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Fe

- Arrodillaos ante mí y seré piadoso. Si lo hacéis, os prometo una muerte rápida y digna, pues no existe fuerza en este mundo ni en ningún otro que os pueda salvar de vuestro destino - ordenó el general victorioso a su prisionero, Ergalian Fritz, líder de los rebeldes.

- ¡Solo me arrodillaré ante Dios!- contestó Ergalian Fritz con la cabeza alta y con un brillo desafiante en sus mirada.

- ¿Dios? No veo por aquí a ese al que tanto amáis - le replicó el general, furioso por el desafió de un hombre que apenas podía mantenerse en pie.

- El puede verlo todo, y estoy seguro que me protegerá pase lo que pase. Podéis acabar con mi cuerpo, pero no con mi espíritu.

- En ese caso, no me queda más opción.

Tras hacer llamar a dos guardias, Lord Egmont, general de la caballería Real, se retiró a sus aposentos, desconsolado y cabizbajo. No podía quitarse de la cabeza la mirada de su antiguo compañero de armas, desafiante hasta el final, aún a sabiendas de la horrible muerte que le esperaba. ¿Sería tan fuerte el poder de ese nuevo Dios? Se preguntaba una y otra vez mientras observaba la estatuilla votiva con la imagen de Odín, padre de los dioses.
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Selit: La bruja blanca

La anciana Selit, vivía a las afueras de la Villa recibiendo a hombres y mujeres que requerían sus servicios. Había muchos rumores sobre ella; Bruja para unos, maga, hechicera o curandera para otros, pero para la mayoría de sus vecinos era únicamente la solución a sus problemas. Entre sus clientes se encontraban los aquejados del mal de amores, los que buscaban un remedio para su fatiga, los que deseaban conocer su suerte, mujeres jóvenes embarazadas que deseaban abortar, madres solteras que buscaban ayuda para sus hijos…, y en general, los más pobres del lugar, que buscaban una solución a sus problemas o enfermedades. Todos salían contentos tras ser atendidos por la anciana, ya que procuraba remedio real y consuelo para todos.
Un aciago día de Octubre, se denunciaría injustamente a Selit bajo el delito de brujería. El Tribunal de la Santa Inquisición sería el organismo que ejecutaría la pena. El fallo: Culpable de brujería. Todos los aldeanos se opusieron a la pena, pero no podían hacer nada frente al poder de la Iglesia. La Villa estaba triste. Selit fue apresada y llevada al calabozo del puesto de guardia para ser interrogada, aunque su destino ya estaba fijado. Al amanecer, sería condenada a arder en la hoguera. Esa misma noche, su casa y todos sus recuerdos fueron consumidos por las llamas. De madrugada, una melodía resonó por toda la Villa: era la voz de Selit, que pese a los golpes del interrogador de la Inquisición, sonaba dulce y serena. Era la misma canción que cantaba a sus clientes mientras atendía sus males. De esa forma quería hacerles llegar que no se preocuparan.
El amanecer llegó, y en la plaza de la Villa ya estaba preparada la pira donde sería quemada la anciana. Algunos gritaban:” ¡Bruja! ¡Bruja! ¡Arderás en el infierno!”, otros pedían clemencia, y la mayoría simplemente callaban y rezaban en silencio por la suerte de su vecina y amiga. El Inquisidor, emitió la sentencia en voz alta, e hizo la señal a un guardia para que prendiera fuego a la hoguera. Algunos aldeanos lloraban, ella reía. Selit, atada al poste central comenzó a cantar. En unos segundos el fuego había envuelto el cuerpo de la condenada, y las llamas más altas parecían llegar al cielo. Selit no mostró ningún síntoma de dolor ni quejido alguno. Antes de ser consumida por las llamas su rostro era sereno y sonriente.
Muchos testigos dicen, que mientras la pira se convertía en una gran bola de fuego, un rayo de luz se proyectó en el cielo; otros, que han visto a la anciana rondar por el bosque tiempo después. Pero la gran mayoría afirma que las noches de luna llena, una figura luminosa canta la canción de Selit, inundando la Villa de los dulces recuerdos que dejó en vida esta “Bruja blanca”.
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Despertar

El áureo abrazo de Helios, acariciaba la suave brisa que Eolo insuflaba para dar la bienvenida a la Aurora de rosados dedos. Rebosante de vitalidad, el mar saludaba a los cortados riscos de los acantilados, regándolos con su blanca y virginal efervescencia. Las montañas, coronadas de níveo manto, eran testigo de todo lo que acontecía en los profundos y verdes valles de la región, donde los hombres y mujeres que allí habitaban, daban las gracias a los dioses por un nuevo día.
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Guardiana de nuestros sueños

Las luces de los faroles despertaban al mismo ritmo en que la noche cubría el cielo con su sombrío manto, y en tribuna de blanco marfil, Selene se engalanaba con vestido de plata para saludar a los mortales. Todo estaba en el más absoluto silencio; únicamente, el chirriar de los grillos, resonaba en el ambiente en su particular orquesta sinfónica de cortejo.
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2 a.m

Tantas palabras a mi espalda
susurradas en noches de verano,
tu voz en la madrugada,
que ahora sólo sueño,
sueños malditos que me embriagan.
No quiero despertar.
Porque ya las madrugadas no son dignas de deseo,
porque las garras de Morfeo
son menos crueles que tú.
Y de tus ojos, un suspiro,
y una sombra que se apaga;
de tu sonrisa, un sollozo herido,
mi sangre derramada.
Creímos controlar el destino,
prendimos fuego y ardimos,
y ahora que se ha consumido la llama
las madrugadas son demasiado oscuras,
los sueños no son suficiente,
y ya no susurramos,
gritamos,
la sangre se derrama,
muertas en vida esperando la muerte.
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Palingenesia

PALINGENESIA
- Por D. A. Vasquez Rivero.


PARTE PRIMERA

"Sobre el castigo infligido a unos amantes peculiares."

Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales
y atrae mil esencias naturales
su hocico (catavientos infalible).
Va en busca del motín apetecible,
de aquella que abrevando en una alberca
presiente esa ansiedad del alma terca
e izando su mirada hacia la oscura
maleza ve en seguida la osatura
del perro que acechando se le acerca.

Ostenta él estigmas en la testa
(terribles cicatrices como ganchos)
y ella, de cortarse con garranchos,
dos marcas en la pata delantera.
Él viste pelo verde, ella entera
es parda con manchones nacarados
y mientras él aguarda camuflado
se cuida ella de mostrarse atenta.
¿No entiende él, ignora a quién se enfrenta?
¿Desdeña o desconoce su pasado?

La presa no es cualquiera, no, mi amado
lector de legendarias moralejas.
Se trata de Teumesia, cuya oreja
distingue la presencia amenazante
del hábil predador milenios antes
que logre darle pábulo a su antojo.
No bien escucha el quiebre de un abrojo
o el mínimo gemir de alguna rama...
¡Se escapa chamuscando tierra y grama
tan lejos que no alcanza a ver el ojo!

Cautivos de emoción persecutoria
comienzan a latir dos corazones.
Pasión y adrenalina a borbotones
exudan al correr los animales,
abriéndose camino por trigales,
subiendo al frío inhóspito de heleros,
cruzando lodazales y veneros
y en vano fatigando los desiertos
que mueren como páramos inciertos,
ocultos a la luz del mundo entero.

Testigo de este juego interminable
el mismo dios del trueno se impacienta.
Apoltronado en cómodas tormentas
que alumbran hasta el lecho de los mares
cavila (realizando malabares
con nueve o diez gaviotas) la manera
de darle fin a tan horrenda espera
y tras considerarlo, por su boca,
dispara un maleficio y vuelve rocas
a aquellos dos amantes en carrera.

No obstante, cierta pena traicionera
rubrica duramente su semblante
(sutil remordimiento penetrante
golpea y debilita su cordura).
¿Acaso una recóndita amargura
nacida de anteriores conversiones
provoca que su vista se emocione
y llegue a esmerilarse con el manto
sagrado, melancólico del llanto
que cae devorando a las naciones?

Pues quedan bajo el agua del diluvio:
el corro de una tribu milenaria,
la sangre de su guerra innecesaria,
el puño sin piedad del gobernante,
la errónea predicción del quiromante,
el premio de la pútrida avaricia,
la falsa lealtad y su caricia,
lo fútil del honor y el apellido
y todos los pecados conocidos
ahogados en acuática justicia.



PARTE SEGUNDA
"Sobre cómo un hombre se vuelve símbolo de esperanza ante semejante tragedia."


Al tiempo que remiten las mareas,
saciadas con humanos por tributo;
teñido el velamén de negro luto
navega a toda marcha una galera.
De Prometeo el hijo la lidera
virando gobernalle al noroeste.
(Bien sabe que en la bóveda celeste
logró quedar en pie esa noble tierra
famosa por su oráculo que encierra
lo ignoto de las dádivas y pestes).

Despuntan las calendas de noviembre
y no sin privaciones acuciantes
fondea Deucalión a su gigante
navío sobre mustia costanera.
Tritones que descansan a la vera
del mar en vigilancia permanente
le ruegan: ¡Continúa hasta la fuente
rodeada por olivos y laureles.
Consigue que la pitia te revele
la forma y resucita nuestra gente!

Deseando concretar tamaña empresa,
surtido con lo justo y necesario,
prosigue el héroe rumbo al legendario
Parnaso (que descolla en horizonte).
Y así, como un audaz Belerofonte,
cabalga sobre vértigos crecientes,
pasando de prehistóricas pendientes
a escarpas, a mortales precipicios
y de éstos a un camino más propicio
del monte para entrar a sus vertientes.

Más tarde, sin embargo, se detiene
delante de una cueva arboriforme
a cuya fauce cuidan trece enormes
antorchas que iluminan sus entrañas.
Adentro, la figura más extraña
procura aproximarse presurosa
(en parte criatura, parte diosa)
preséntase Pitón, brutal serpiente,
jactándose del don clarividente
y al punto revelándole estas cosas:



PARTE TERCERA
"Sobre una decisión.”


- Escucha, fiel heraldo de tu raza.
¡Yo soy la verdadera Pitonisa!
Mi ofensa perdonaron Artemisa
y Apolo (desdeñando su venganza).
Ahora, con motivo de alabanza
y eterna gratitud, he decidido
sumirme en esta gruta del olvido
dejando que confluyan a mi mente
olímpicos mensajes que la gente
reclama tras haberme conocido.

Por eso te pregunto: ¿Qué secreto
anhelas al pasar por mi guarida?
Acércate, busquemos en seguida
propósito a mi historia y a la tuya.
- Quisiera que un encanto restituya
el cuerpo y el espíritu presente
en todas las personas inocentes
llevadas sin aviso al inframundo
- responde Deucalión con un profundo
fervor y le replican lo siguiente:

- ¿Qué vientre maternal te dio la vida?
¿Qué célico soplido, el intelecto?
¿Será que los humanos, por tu afecto,
merecen elevarse desde el Hades?
Después del muladar de iniquidades
merced al cual se vieron condenados,
difícil es que sean perdonados
sin antes arrancar de sus gargantas
el mismo sufrimiento que hoy espanta
mis ojos con un mundo despoblado.

- No creas, Pitonisa, que pretendo
salvar de los ignívomos abismos
a aquellos cuyo fiero despotismo
sembró lujuria, vicio, sed y muerte.
¡No corran ni los buitres con la suerte
de disputar su fétida carroña!
Sugiero ver la cura en la ponzoña
y darle nuevo aliento a quienes fueron
amantes hasta el fin y no vivieron,
(probando así que el bien siempre retoña).

- Tu sabia sugerencia me conmueve,
tu juicio me parece muy sensato…
¡Hagamos el milagro de inmediato!
Comienza por tomar aquella piedra.
- ¿Cuál? ¿Ésta? – Esa, quítale la hiedra,
preciso es que su forma limpia quede.
- ¿Así está bien? – ¡Perfecto! Ve si puedes
cegarte con el paño del turbante
que llevas pues, de ahora en adelante,
tan solo escucharás lo que sucede.




PARTE CUARTA
“Sobre los caprichos alquímicos de la naturaleza.”

Entonces Deucalión accede a hacerlo,
se cubre el rostro mientras la serpiente
reptando se desplaza lentamente
al fondo del palacio de calcitas.
Y allí do banderolas y helictitas
decoran un recinto preparado,
Apolo finalmente es invocado
mediante luz votiva y oblaciones,
dictando por Pitón revelaciones
que escucha nuestro héroe engatusado.

- ¡El polvo es la materia primigenia
del hombre, de la bestia, del cultivo;
por tanto, ¿puede haber algún motivo
que impida al mismo SER cuanto le plazca?!
Si dices: "Piedra, de tu polvo nazca
robusto corazón, labio discreto,
cerebro dócil, venas, esqueleto,
vital aliento o rítmico latido."
¿No hará a tu voluntad lo requerido
mutándose en orgánico sujeto?

Parece inverosímil, mas no tuerzo
mi lengua en artificios ni teorías,
si sigues mis palabras este día
naciones brotarán de los escombros.
- ¿Qué debo hacer? – Arroja sobre el hombro
tu limpio pedernal, hueso de Gea,
y tras de ti hallarás lo que deseas:
varón, mujer o grácil criatura,
dejando su asfixiante sepultura
en pos del aire gris que nos rodea.

“¡Así lo haré!”- Retumba, trona un grito
y su eco resquebraja las paredes
del dombo natural donde sucede
aquel prodigio previo pregonado:
El duro pedernal es arrojado,
cayendo y rebotando varias veces;
se encoge, se alabea, se estremece,
se para, salta, cae, se fragmenta
y sorpresivamente experimenta
una transformación que lo enternece.

¡Un hombre! ¡Ya respira! ¡Ya se mueve!
Un ser antropomórfico dispuesto
a irse de la cueva, lleva abiertos
los párpados plagados de lagañas.
Y sobre sus larguísimas pestañas,
encima de las cejas, claramente,
enseña siete estigmas en la frente
idénticos a aquellos que llevara
el perro cuya caza se frustrara
por no medir la astucia en su oponente…



PARTE FINAL
“Sobre el inesperado modo en que concluye esta historia.”


¡Es Lélape! No busca la salida,
sino al lapídeo amor, la que antes fuera
su más preciada presa en las praderas,
los montes, los heleros y desiertos.
- ¿En dónde está? - pregunta el “antes-muerto”
a la serpiente y ésta le contesta:
- Si buscas a Teumesia solo presta
tu olfato al acre olor de mi caverna,
pues aunque afuera es piedra adentro es tierna
y emana aroma su alma, a VIDA apesta.

El perro vuelto un hombre se prosterna,
arrima rostro a tierra con recelo,
acerca su nariz a ras del suelo
y olisca musgo, barro, sal, incienso;
percibe el rastro débil, luego intenso
del delicioso cuero transpirado
bañado por esencias, perfumado
con jara, nerolí, carbón y albahaca.
¡No hay dudas que entre todas se destaca
la piedra de manchones nacarados!

- Es ésta - ¿Convencido? – Por supuesto.
- Tu turno, Deucalión, obra el milagro…
- ¡Despierta noble zorra, yo consagro
el cascarón a Gea, quedas libre!
¡Desúncete del yugo y haz que vibre
tu espíritu animal en sangre humana!
La piedra se cuartea, se desgrana,
se quiebra cual crisálida al instante
y surge de su seno la infartante
mujer, envuelto el sexo en finas lianas.

Ya presa y predador se reconocen,
contemplan asombrados sus figuras:
¿Cabello? ¿Piel lampiña? ¿La soltura
de un bípedo al andar y comportarse?
¡Añoran estar juntos! ¡Corretearse!
Y puesto que sus ganas son bestiales
se escapan a los valles ancestrales,
su idilio repitiendo por centurias:
“Zaeta envenenada con lujuria,
va Lélape tronchando matorrales…”
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Sin ganas

No tengo, de escribir ganas apenas.
Mis musas se deslizan prepotentes,
entre el cristal borroso de mis lentes
sin detenerse en ayudarme, ajenas.

Comedido, desdeño el altercado
que engendre en mi, meritoria ceguera,
trocando en Tamiris sin que yo quiera,
por el desdén del verso inacabado.

Calíope me niega la elocuencia,
Erato los poemas seductores,
Talía la sonrisa complaciente.

Melpóneme me niega su presencia
solo Euterpe me presta sus favores
y tócome la flauta... inapetente.


©Giliblogheces
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Besos de frutos rojos

De frutos rojos, que emergen de la crisálida boreal en la primavera del tiempo; eran sus labios.

Carnosos puertos para un navegante aventurero; que cruza la inmensidad de los siete orogénicos mares, por vez primera.

Puertas color sangre, de una tierra virgen, de frutos de luna miel; escondida de la especie humana, desde el big bang de los tiempos.

Oasis del árido desierto florido de la juventud; que dura la eternidad efímera, del parpadeo de un dios griego.
Deidad que recibe en copa de oro bruñido (en las entrañas de los universos primogénitos), el elixir que mana de frutos rojos; cosechados en el Edén original. No el Edén del hombre; el de los dioses niños, que jugaron a moldear un universo de paradojas de espacio tiempo, en donde sembrar la criatura máxima; el hombre alado, que perdió sus alas al roce abrasador, de la entrada a la atmósfera, del Edén segundo.

De frutos rojos era sus besos; los de la mujer primera, de la joven primavera, de la joven oasis del desierto, de la joven Edén.

De la joven, que es la niña de los ojos, del dios griego. Que la piensa y la crea; al imaginarla en las entrañas, de una madre preñada, del fruto de un primer amor; el de sus primaveras otoñales. Deidad imaginaria que la concibe, mientras bebe un sorbo más, del elixir de frutos rojos del Edén original.

Y la niña de los ojos del dios griego, en un Apolo de carne y hueso posa sus ojos, posa sus sueños y posa sus besos; sus besos de frutos rojos.
En el Apolo que es más hueso que carne; el que perdió sus alas en el infierno abrasador, en su caída de un cielo imaginario, hacia la atmósfera del Edén segundo.

Y la joven es feliz con su Apolo; y él es feliz con la joven y con sus besos de frutos rojos.

@SolitarioAmnte
iii-17
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Romance de Eros y Psique

Era la admirable Psique
la menor de las tres hijas
que tuvieron unos reyes
según la mitología.
Decían que era tan bella,
la encarnación de Afrodita,
que la diosa recelosa,
dictaminó su desdicha.
Con una flecha oxidada,
Eros, el hijo debía,
hacer que se enamorara
de la horrenda y deslucida,
de la más fea criatura.
Mas no todo era armonía,
y a pesar de su belleza,
infeliz era en la vida.
Ningún hombre se acercaba,
ninguno la seducía,
por parecerse a una diosa,
por eso no se atrevían.
Al Oráculo de Apolo
consultaron su familia,
casarse en una montaña,
ese destino tendría,
con el hombre más monstruoso,
esa fue la profecía.
Céfiro la rescató
de la montaña sombría,
y en un valle la posó
entre rosas florecidas.
Despierta a Psique el rumor,
la corriente cristalina
que la transporta a un palacio
de una belleza divina.
Allí todos la adoraban,
allí todos la servían,
la colmaban de riquezas,
de joyas y de comida.
Y en su alcoba por la noche,
va a recibir la visita
de adonis que la desposa,
y que se oculta a su vista.
Plena de felicidad,
pero cuando llega el día
el esposo la abandona,
triste queda en su partida.
En las noches amorosas,
cuando rebosa en su dicha,
le pide que sus hermanas
le puedan rendir visita.
Su amante no está conforme,
sabe de la hipocresía,
de sus malas intenciones,
de los celos y su envidia.
Y las hermanas a Psique,
el veneno y la mentira
le meten en la cabeza:
-Tu esposo es como una víbora,
una espantosa serpiente,
se oculta por terrorífica
.
Y decide en una noche,
que ni la luna lucía,
una lámpara encender,
por más de estar advertida
que si quiebra la confianza,
su amor se terminaría.
A la luz de la lucerna,
con la llama bien prendida,
descubre a un Eros perfecto,
de una belleza infinita.
Pero una gota de aceite,
que hasta el hombro se desliza,
despabila a Eros del sueño
y despierta a la vez su ira.
Vacía y desesperada,
hasta el templo de Afrodita
tras Eros vaga la psique.
La diosa ahora la humilla
con imposibles tareas
que nadie superaría.
Con la ayuda de los dioses,
sale bien de la porfía,
aunque le queda el castigo,
la condena de una arpía,
de bajar a los infiernos
por agua de Juvencía.
-Nunca el cofre destapes-,
Perséfone, allí le avisa.
Y al regresar a la luz,
por curiosidad movida,
abre, sin deber, el cofre
de la belleza divina,
y en el sueño más profundo
su mente se ve sumida.
Eros acude al rescate,
ruega a Zeus y le conmina
para que la haga inmortal.
Tras convencer a Afrodita,
el gran dios decreta boda,
y se celebra en Olimpia,
este feliz matrimonio
del que nacerá una hija,
Hedoné, del placer fruto,
y de esta historia maldita.
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Kallisti

"KALLISTI"
por D. A. Vasquez Rivero.

¿Podría ser que en otrora
tu nombre haya sido Helena?
¿Mujer que entre las almenas
de la antiquísima Esparta,
en gozo y cumplidos harta,
la preservaban del cielo;
corriéndole sólo el velo
para adorar sus facciones
de Menelao, las pasiones
y de su amor, el recelo?

Quizás yo no me equivoque,
quizás algún día fuiste
la reina, mas renaciste
con solo algunos retoques.
Permíteme que ahora invoque
el pulso de estas neuronas.
(A mi cerebro, coronas,
laureles de la memoria).
¿Segura? ¿No fue tu historia?
¿No son la misma persona?

Cuando Quirón, el centauro,
en bodas del Himeneo
su cueva cedió a Peleo
para que a Tetis despose,
llamando a olímpicos dioses
y a las nereidas marinas.
¿No fue tu belleza albina
motivo de una disputa,
allí en la venganza astuta
donde Eris regó su inquina?

Sí, sí. Recuerdo la fruta
para discordia arrojada,
al centro de las miradas
mostrando un mensaje en ella:
Kallisti (“Para la bella”)
motivo fue de aquel yugo,
en el que un príncipe tuvo
A Atena, Afrodita y Hera
de su elección a la espera,
como si él fuera un verdugo.

Vayamos un poco antes
del juicio al que me refiero.
A Hermes, el mensajero,
tan pronto cayó la fruta,
lo enviaron desde la gruta
a un campo bien alejado;
donde París, su cayado
movía al pacer de ovejas.
A él dijo: “Deja eso, deja,
que Zeus por ti ha llamado.”

Entonces volvieron ambos,
con palmas los recibieron.
De cráteras les sirvieron
en cálices, vino aguado.
Y allí, ante París sentado,
mostráronse las tres diosas.
Desnudas, sin más que rosas,
tapándole las virtudes
en poses y en actitudes
de una mortal vanidosa.

Buscando tentar al joven,
el trío supo ofrecer
de cada una el poder
que más la representaba:
La diosa Atenea daba
por dote “Ser invencible”
y Hera el apetecible
“Reinado del vasto imperio”
(con esto venía un misterio
de potestad increíble).

Pero faltaba una de ellas
en la elección tripartita.
Tomó su turno Afrodita
que presentándose dijo:
“La tierra no da el cobijo
que da el pecho femenino
y nunca el coraje vino
de nadie, sino una esposa.
A Helena, la más hermosa,
te doy en favor divino.”

Mirándola en una esfera,
Paris quedó enmudecido.
- ¿Es cierto... - dijo, aturdido-
...que no tiene igual su forma?
- Tan cierto que se transforma
en fanático quien la mira.
Si hasta le tañen la lira,
cantando su amor profundo.
Repito, no hay en el mundo
varón que a su ser no admira.

Me apena tu karma-amnesia...
¡Seguro tú fuiste Helena!
La dermis blanca de arena,
tu cabellera trenzada
(gavilla de llamaradas,
follaje de los ciruelos).
Los iris de caramelo,
la cara tan redondeada.
Con un quitón ataviada
serían cual dos gemelos.

¿Que quién ganó? - Afrodita.
Es el concurso más viejo
del narcisista complejo,
frecuente en la raza humana.
Salió victoriosa, ufana
con su manzana de oro
pidiendo que cante el coro:
“¡Cuán bella es nuestra Afrodita,
su aparición nos excita
hasta el más ínfimo poro!”

Pues, ¿cómo no enamorarse
de Helena, preciosa joya?
Mas esto hundiría a Troya
en guerra sin precedente.
Ya que el audaz pretendiente
Paris, bajo influjo de Eros
con un cortejo hechicero
logró raptar a su amada.
Pero una venganza armada
haría temblar los suelos.

El resto es historia horrenda
prefiero no relatarla.
Si, en fin, comencé esta charla
para entender las pisadas
que diste en vidas pasadas
y doy mi fe que conoces.
Si no eres Helena, entonces
habré de hurgar más tu mente.
Contesta, ahora: ¿No sientes
en tu interior otros dioses?
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