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No ha parado de nevar sobre el mirlo blanco

A la memoria de David


TE marchitaste, amigo.
No me acuerdo con precisión de tus rasgos,
solo sé que la infancia
transfiguraba nuestros rostros
haciéndolos más puros, y que en nuestros ojos brillaban
los fuegos artificiales de antaño.

La muerte cuajó tu vuelo, cercándote de sombras
las estelas de las mejillas,
dejando en tu casa un plato de lágrimas, vacío, sobre la mesa,
dejando ecos de ausencia en los juguetes inmóviles.

Nunca he comprendido tu muerte.
Recuerdo que alguien me la susurró una mañana en la escuela,
trayendo consigo en los labios
la palabra más helada.

Yo únicamente sabía tu nombre y poco más, porque entonces
éramos todos cándidos, éramos como dioses bondadosos
en las paradisíacas arenas del parque,
y no nos importaban las inquietudes egoístas del adulto.

La egolatría era una palabra demasiado compleja
para nuestro vocabulario de tobogán.
Eso bastaba para que la amistad más pura
fuera un simple intercambio de cromos.

No supiste, amigo,
de las risas disparatadas del sortilegio de la cerveza,
no supiste del sudor de la cotidiana nómina,
no supiste de todas las pequeñas cosas
que dicen hacernos grandes...

Yo he pasado la adolescencia,
y veintiún tristezas y tantas dudas no dan sabiduría.

No supiste del desengaño de ser hombre.
No supiste... ahora eres sabio.

Te marchitaste, amigo,
el tren del invierno cuajó tus gestos encaminados hacia la
primavera. Y yo sigo aquí,
en este costado de la vida, siendo carne y nada.


(de ESENCIA, Ediciones Az90, 1998.
Abel Santos)
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No puedo morir

No puedo morir,
hay una mujer aquí que me ama
y que ha sufrido ante la mano frágil de la vida
y a la que no puedo herir como me hiero cuando pienso,
porque perpetuamente estoy pensando en las manos y el tiempo.
El tiempo, que siempre encuentra a las manos,
que siempre construyen su muerte,
que no pueden tomar decisiones.

Si decido morir de noche,
me despierta el susurro vespertino de la brisa,
que es igual a la mano de Dios o a su mano y son lo mismo.
Si decido morir de día,
me adivina la responsabilidad matutina
y tengo que pagar la luz o el agua y se escapa la mañana.
Si digo que quiero morir,
me encuentra el poema y me reclama,
me huyen las palabras del cuerpo que está medio muerto,
porque de las mitades no se puede escribir nada.

He de descubrir siempre: No puedo morir.
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7comentarios 89 lecturas versolibre karma: 88

Usurpación

Tan solo una sombra en un rincón de aquella habitación completamente blanca y de paredes acolchadas. Una camisa inmovilizaba sus brazos atados a la espalda. Con la cabeza apoyada contra la pared y la mirada extraviada, su boca repetía un grito que parecía el alarido de un animal herido, seguido de un susurro ininteligible; una letanía monótona que duraba minutos.
Una dosis más y todo terminaría, pensó observándola tras el cristal. Su nuevo rostro después de la operación, había sido un éxito y sería el golpe perfecto. Con su muerte, ella regresaría supuestamente recuperada y ocuparía su lugar. Por fin, tendría una vida.




Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2018/02/04/escribe-tu-relato-de-febrero-ii-paco_plaz
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Despojo

El calor de un cuerpo que ya se extinguió
se fue sin esperarla
sin aviso
nadie vino a buscarlo
nadie reclamo su cuerpo
no hay gritos ni llantos,
se escucha el silencio penetrante
que amordazo al dolor,
Solo queda la cama vacía,
Rodeada de testigos del pasado
Que se alimentan del alma despojada.

P.E.S.S
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Periódico

En este parte no hay noticias buenas
ni cuál prefieres antes
Hay gloria y muerte, tiempo y deporte
pero la reina de la colmena,
del enjambre es la palabra mayúscula,
la palabra grande,
la foto mal sacada, el frame mal escogido
(o bien).
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La sexualidad del cataclismo

Fantasías

- ¿Por qué te gusta tanto la palabra cataclismo?

Pregunta.
Ronronea y se contornea aleve.
Fauna famélica
Faena ineludible en su flora.

Ella dispuesta C O L E T E A
Con su lencería de neón,
Con sus curvas psicotrópicas.

Here We Go.

Destrucción espontánea,
Abiogénesis inversa.
Catalizo el cataclismo.
Catatónico goteo en su convexidad.

Quiero
Contener el finiquito.
Quiero
Enraizar el coito.

Desenvaina su retórica,
Jadea y palpa el summun.
Me entrego emplatado
Y ella repasa las vocales.

Su néctar afrodisíaco
Me mata de sed.
Servil ser sitibundo,
La bebo y me diseco.

Sin habla, sin cuerpo,
Deliro en otro plano.
Beber de su cáliz
Es puro misticismo.

Fluyo incorpóreo y sublimo.
Confuso me reincorporo.
Oniria me deja caer en mi vulgar cuerpo
Y ella se levanta e insiste:
-Chico, ¿Por qué te gusta tanto la palabra cataclismo?
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9comentarios 114 lecturas versolibre karma: 111

La paradoja del nudo gordiano

Unidos en un crisol universal,
Silencio álgido disiento pálido
Y gimo.
Precipita sobre mi tu quietud.
La distancia,¡Ay la distancia!
Cómo quema.

Deshumanizarme y desmaterializarme.
(¿No ves qué maravilla?)
Y yo aquí sentado en el gris menester
De quién quiere en vano.

Solo. Remoto. Abrumado.
Aunque cualquier universo
Que habites será mi patria.

Ubicua, sé ubicua.
Cierne tus raíces en mi diadema
Que me siento descalzo,
Con la paz descompuesta
En un desorden azul.

"Aquel, y sólo aquel que corte este nudo,
Este nudo gordiano,
Conquistará ningún lugar"

El adalid de revoluciones marchitas.
Escribirte para sentirte:
Consuelo de alzar y tirar.
Para que tú seas yo dejo de ser.

Llévame en tu pecho lejos de aquí.
¿Por qué, si tus latidos
Responden a los míos,
Por qué deliro sin hálito?
¡Maldito desvarío que habito!

Sentimiento nimio, sentimiento mío.
Amar a la musa, la musa me ignora.
Calamidad critica, vivacidad incolora.
Vaciedad inexpugnable me apodera.

Buscarte en mi alma,
Reclamar la calma.
Inviable, imposible.
Ven y cubre mi cama
(Qué tirito)
Tintinea aurora mullida
Con tu gracia metálica,
Con tu sombra concreta,
Que este asceta ama la penumbra,
Que está bruma engulle al poeta
Y sigue incorpórea la musa.

La musa no me quiere,
¿La musa existe?

Sedoso su vaho en mi nuca.
Fácil llorar para este adusto
Con metástasis de costras.
(La angustia encharca mi cuerpo)

Besos, besos del santiamén.
Analgésico básico.
Los labios se atrofian
Sino se devoran.

La parca alza la viola.
Sinfonía aguda resquebraja
Los tímpanos.

-Cerciorate de cerrar la ventana, amor,
Que esta noche tengo frío.

Tú ufana te afanas otra vez:
-¿Por qué nunca sonríes?
Y se caen mis piezas...
As always.

El melodramático de la lágrima fácil.
Si sonrío se descomponen mis mejillas como un plátano enmohecido.
El dolor sería y yo dejaría de ser.
(Eres dolor y mármol)

En vano esquivo el llanto.
La vida, una llaga intratable.
Mi paz, una utopía irrisoria.

No escatimo en THC,
Es que si me abstengo no vivo.
Evadirme en una nebulosa gris,
El opiáceo me da un Break,
Se acaba el plazo y retorna
La ciénaga... mi abrigo.

Me mataría, te lo juro
Pero del dicho al hecho
Y del hecho al nicho
Escucho la endecha
Y me engancho al lecho.

Quiero abrazarte procurando mi asfixia.
Morir purpúreo y yerto a tu vera.
(Beatus ille)
Te amo y me destruyo.

Pervivir es abstraerse en la insapiencia.
Las preguntas dan coces en mis sienes.
¿Por qué estoy aquí
Y no nutriendo a un manojo de gusanos?
En tus brazos soy menos necros.

Vida enquistada.
Hartazgo innato.
Hastío de tanto frío viscoso.
El esplín, mi cálido hogar.

La paradoja del nudo gordiano,
Ella está inherente y dispersa.
She was born to be loved.
I was born to be Blue.
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El fin

Algún día moriré
Y eso no lo refuto
La forma en que me iré
Es lo que me tiene irresoluto.

Porque no hacerlo de una vez
Si algún día pasará
Tal vez comience otra vez
O esto aquí terminará

Con un arma en mi sien
O con una soga en la garganta
Debo pensarlo bien
Pues ya mi alma triste no aguanta.

La vida es algo banal
Morir hoy es utopia
Decir esto es ya tan casual
Pero te perdí y sentí que moría.
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Cuando Duermo

A veces, al cerrar los ojos
o al quedarme dormida
te encuentro entre mis sueños
sin querer ni poder evitarlo
mis sueños tienen vida.

En otras ocasiones
te encuentro en la música
danzamos entre el mar y cielo,
allí en el horizonte donde no hay fin
donde el azul es eterno,
me dices con el corazón
lo que nunca me dijeron.

Y me siento tan amada
por aquello que no tengo,
lo que tanto he deseado
y sólo conozco en sueños.

Por eso te digo
hay formas de estar contigo
en el mar, en la música,
en el viento, te siento.

Pero más me gusta verte
en mis sueños,donde tus caricias
y susurros se vuelven deseos

Y es por eso que cuando duermo
cuando mi cuerpo parece estar muerto,
es cuando está más vivo es cuando
más vida siento por dentro.

MMM
Malu Mora
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Soneto Canta el Cisne Llamando a la Muerte

Canta un cisne su dolor y tragedia
hermoso canto llamando a la muerte
maldiciendo llora triste a su suerte
el sufrimiento con saña lo asedia

Su pobre corazón se encuentra a medias,
desolado nada en el lago inerte
en este mundo nada lo hace fuerte
sólo muriendo su dolor remedia

Alma tan pura transparente hermosa
nunca mi corazón ha conocido
amor y fidelidad se desposa

Agita alas y corre sobre el fluido
vuela quiere reunirse con su esposa
cantando a la vida se ha despedido.

MMM
Malu Mora
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Gotas de soledad (@Galilea, @AljndroPoetry & @sarrd8r)

Diáfano, vacío, huérfano de historias,
languidecía en su rincón.


Se evaropaba su esencia,
una partícula de su alma a la vez.


Cosmo de bendito olvido,
de inseparables ausencias.


A veces…
le alcanzaba la fría tenaza del tiempo,
oprimía el pecho de tal forma,
que hasta exhalar su propio aliento,
se convertía en trabajoso suplicio;
dolía, corroía por dentro sus entrañas,
sin concebir otra manera de paliarlo.

Gota a gota…
los segundos caían ralentizados
─cada uno con el peso de una eternidad─
sobre su conciencia adormecida,
el aire, el oxígeno en su cuerpo,
se hacía un plasma denso,
que con dificultad reptaba
por sus bronquios.

Soledad….
óxido de angustia, de esperanza indefensa,
brizna de arena compañera de silencios,
de gemido mudo, ateo, huérfano de aire,
de sigilo opaco, en días vanos, desterrados,
piel de la soledad hambruna, seca de recuerdos.

Sintiéndose un intruso dentro de su propia vida,
la dejó pasar sin apenas tocarla,
su muerte no sería un suceso destacable,
ni un titular siquiera,
pasar sin dejar un vacío,
ni siquiera una huella,
pasar sin dejar un recuerdo detrás,
un luto, un llanto, una ausencia.

Soledad…
esa que mata sin acero...


Una gota más
en el océano de realidades,
castillo de arena
que se lleva la última ola,
parpadeo imperceptible
en la interminable perpetuidad;
árbol cuyo fruto nunca nació.

Soledad...
sarcófago, duna de olvido...


Subirse a la barca de Caronte,
con las monedas de la ceguera,
del ahogo, en los ojos del dechado,
del miedo a no encontrar huida,
estigma en la mano hueca,
sello que lacra el féretro de la promesa,
amamantando la sed de mi soledad .

Soledad....
retiro de gotas de soledad...


Amén
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Giasuddin Mandal

No tengo que decirte que verte así me causa una gran tristeza
deseo desde lo más profundo de mi corazón
que tu recuperación avance tomará su tiempo
pero te ruego que pongas de tu parte
para continuar y levantarte.
Habrá ocasiones que por las noches
te despiertes con lágrimas en tus ojos
por el miedo a la muerte
porqué muerte parece
sinónimo de la enfermedad.

De pronto de la nada llorarás
porque duele, lastima
ese es el momento de abrazarte a Alá
a tu amor, a tu familia y a la amistad.
Cierra tus ojos llámame con tu alma
y grita mi nombre con tu corazón
que yo te acompañaré a llorar,
luego elevaremos juntos una plegaria.

¿Acaso el océano que nos separa alguna vez problema ha sido?
Nunca, querido amigo, tú y yo lo tenemos bien sabido
unidos cada quién desde su orilla, cada uno en su mar.

(Beyond the Sea)

Siempre que me necesitas en un segundo estoy contigo,
sólo piensa en mi, presta estaré
como la brisa al mar
como el agua al río
llámame amigo,no te fallaré.

Recuerda que cada paso
lleva a vencer, si la fatiga te dobla descansa,
después a continuar tómalo como deber.
Se como el árbol que aunque el viento
o la gran tempestad le dobla
lo sacuden arrancan sus hojas,
doblan sus delgadas ramas
y en tronco desnudo sin hojas lo dejará
pero sus raíces se aferran a la tierra
se crece ante la adversidad.

Luego se endereza se mantiene erguido,
dándose un tiempo para sanar,
retoña y enverdece.
Sabes amigo tú también puedes
tú lo puedes lograr.

No te quedes quieto Giasuddin Mandal
aún en el tormento sigue tu camino
que aún estás a tiempo de seguir y luchar
tienes mucho amor al prójimo por dar
no te detengas avanza amigo, vencerás.
Y no olvides que aquí están mis brazos
muy bien extendidos
para levantarte por si has caído,
cuando necesites que te den abrigo
con cariño sobre tu espalda los cruzaré.

Aquí estoy contigo
mente alma y corazón
por favor, apóyate conmigo
háblame cuando me necesites.
¿La hora? esa no importa Giasuddin Mandal
si hablar conmigo quieres si me necesitas,
por ti cruzaré el ancho mar,
si ríete ya sabes que con el corazón y la mente
en un segundo llegaré,
pero sólo no estarás.

¿Para que crees entonces
que estamos los mejores amigos?

Si es verdad, este monstruo inesperado,
es una traidor que obliga a la vida
a hacernos pasarla mal.
Pero tienes idea mientras tanto
de cuanto amor te estás llenando
para reserva de tu vida
y cuando Alá diga, hasta la eternidad.

Te quiero amigo tú eres lo mejor de lo mejor.
No pienses en la muerte, pido a Alá por tu seguridad.

Escribe amigo, escribe, te deseo mucha vida seguro te llegará.

MMM
Malu Mora

A la memoria de Giasuddin Mandal

( Contestó con optimismo este texto.)
Abandono este mundo el 14 de Octubre 2016 filósofo Hindú y amigo entrañable, no pudo dar más pasos por ésta tierra y partió encontrarse con el creador con una maleta repleta del amor de su familia y amigos )
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Réquiem

Si no existes
yo te haré a semejanza de mi anhelo,
a imagen de mis ansias.
-Rosario Castellanos, "Muro de Lamentaciones"


Dios,
si fuiste nuestra más sublime creación:
¿Qué fuerzas del destino
te condujeron a la muerte?
¿De qué méritos carecimos
para así perderte?
¿Fueron los mares de sangre
que vertimos en tu nombre?
¿El lascivo poder
que conferiste al sacerdote?
¿Tus omnipresentes leyes
que pesaron sobre nuestras espaldas?
¿Tu palabra que se quedó
como estancada en épocas pasadas?
¿La humanidad tan anhelada
que no supiste otorgarnos?
¿El consuelo a nuestros males
que no pudiste plenamente darnos?
¿Las respuestas siempre inconclusas
a nuestras preguntas inacabables?
¿El haz de luz infinito
que no nos permitió ver tu sombra?
¿El aire opresivo
que empañó tu imagen?

Hiede, lo que queda de tu cuerpo,
a carne putrefacta,
y como un espectro,
en las noches de la humanidad,
vaga a veces tu alma.

Pero donde persiste el alma
siempre está la salvación.
Mas roguemos a toda nuestra estirpe,
que si reencarnas,
la próxima vez al menos lo hagas
escindido en múltiples formas.
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El Miedo y Yo

Lo que más miedo me da,
es temblar de miedo
y del mismo temor saco fuerza
para poder ahuyentarlo
mientras el miedo
como fiera tras su presa
se toma su tiempo,
para paralizarme de pánico
regresar y volver a atacarme,
y así nos pasamos la vida.

Él como fiera atacando
busca atraparme a muerte
yo como presa huyendo
luego me canso, paro
me tomo mi tiempo,
valiente aunque tiemble
respiro profundo
luego le hago frente
golpeándole con las armas
que me da la vida,
que me da el sentimiento
que me da el miedo
porque el mismo miedo
es el que me hace fuerte.


MMM
Malu Mora
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Un ataúd para dos

Calista murió un martes por la mañana, murió virgen y joven.
Su lozanía no conoció nunca el sol que daba fuera del pueblo, y su huraño comportamiento de autoconfinamiento le hacía tener una piel pálida perenne, que le vestía con una suerte de lividez rígida y decadente.
Sus padres -decían sus vecinos- iban siempre de viaje largas temporadas por dedicarse al negocio de las mercaderías, y por sufrir ella de un extraño mal que le cubría el cuerpo de llagas si estaba expuesta a la intemperie y el sol como lo pudiera hacer una persona normal.
Era de poco dormir, o al menos eso parecía, puesto que ostentaba unas ojeras de grandes proporciones que le hacían ver sus opacos ojos como hundidos en dos cuencos de un gris enfermo que asustaba.
Las Hermanas de la Caridad que le cuidaban por días en ausencia de sus padres, no eran capaces de hacer comer a la chiquilla, cuyo esquelético cuerpo iba arrastrando por la casa donde era incapaz de salir.
Calista llevaba unas uñas de un largo antinatural que daban un sincero y valiente asco. Pero tampoco había dios capaz de hacérselas cortar.
Es cierto que entonces se corría el rumor que sus padres habían amasado una enorme fortuna en sus negocios, y por ya alcanzar una avanzada edad y tener a Calista como la única heredera, cualquiera que se hiciera con sus favores tendría la vida resuelta.
Sin embargo, el errático y estrambótico comportamiento de la muchacha, que casi rozaba la idiocia, echaba para atrás las pretensiones de los más inescrupulosos y ambiciosos pretendientes que al conocerla ponían pie en polvorosa.
Siempre fue así hasta que Eladio Fuensanta, octogenario y perverso, se dio a la imposible tarea de cortejar a la chiquilla.
Aquel había ido de viudez en viudez viviendo de sus consortes muertas, pero ya hace más de un año que se encontraba en unas condiciones económicas nefastas, y a pesar de no vivir en el mismo pueblo de Calista, había emprendido un largo viaje con la descabellada idea de conocerla.
Tenía por supuesto pensado presentarse como uno de los socios comerciantes de sus padres, quienes hubieren querido (en especial encomienda) que él mismo en persona se hiciese cargo de ella y sus necesidades. Las domésticas y las propias de la ausencia.
Fue así pues, que con esta burda estratagema Eladio, el octogenario advenedizo, fue a parar a la casa de Calista, quien no le recibió, sino que fue Sor Aradia, la que más trataba con la muchacha, quien cayó en el ardid, un poco por alegría de que a alguien más le importara la suerte de Calista, y mucho más por sustraerse de las labores que se desprendían de cuidar a aquella atípica joven.
Sor Aradia no tendría más que limpiar las defecaciones ni meados que la muchacha iba plantando por doquier o hacer fuerza para soportar de improviso su terrible semblante lívido y huesudo. Sus frustrados intentos por socializar con aquella, o hacerle hablar o comer de modo de convencerse de que era humana.
Esa mezcla de lástima, repugnancia y zozobra que Calista le producía iba a terminar de una vez por todas. Así que, aunque todo le pareció sobrevenido, ninguna de las mentiras que le vendió Eladio para quedarse le parecieron poco razonables.
Los santos del cielo habían escuchado por fin sus ruegos, dejaría por fin de ver las horrendas cicatrices de los pellejudos brazos de Calista, las mismas que ella se autoinfligía en las oscuridades de aquella casa pútrida de sombras y olores nauseabundos de ausencia.
Habían pasado tres días y pudo más la avaricia del viejo decrépito y deforme que la lobreguez de aquella morada exornada en tinieblas. Había sido advertido del carácter huraño de la chica, pero no estaba dispuesto a rendirse hasta conocerle. No podía ser tan terrible todo lo que se decía de ella, y él (tan avieso e insurrecto) no se iba a conmover por una joven fea o desaliñada.
Después de todo él, su halitosis y sus problemas de granos en su anciana piel (que eran de cuidado) no le hacían tampoco un Adonis, ni mucho menos aquella, que tan poco agraciada se supone que era, iba a poder rechazarle por nimiedades estéticas.
Eladio disimulaba malamente su labio leporino de nacimiento, su meteorismo y su onicosis. Y hasta poco cuidadoso era con las desmesuradas legañas que no se limpiaba jamás.
Así que al cuarto día, ya cansado de esperar, decidió adentrarse en los aposentos de aquella casa, que más bien emanaba efluvios de panteón o fosa común. Eladio continuó decidido descendiendo por una escalinata llena de carcoma, notó la presencia de alimañas que reptaban por los peldaños al ir bajando y notó como el aire empezaba a tornarse más enrarecido y espeso.
Una mezcla de umbrías, polvos y telarañas anidaban por todas partes y la luz se hacía más débil, cuando de pronto el viejo da un terrible resbalón, producto de haber pisado sin cuidado una materia fétida y oscura.

Eladio fue a parar casi muerto a un hueco donde sus huesos rotos reposaron sobre lo que parecía un lecho de fémures, costillas, tibias y cráneos. El golpe de la caída le hizo perder la conciencia por poco tiempo, la pestilencia de aquel lugar era tal que la misma le hizo recobrar el sentido entre espasmos y arcadas violentas.
Imposibilitado de poder moverse y escorado como una falange más de aquel protervo agujero, Eladio escuchó que alguien se acercaba bajando, como arrastrando un saco de guijarros o fragmentos de algo desconocido, que producía una cacofonía escalofriante.
Por más que intentó menearse no fue capaz siquiera de apoyarse en un costado, aquello estaba tan oscuro que apenas fue capaz de ver la violenta dislocación de sus rodillas, y una clavícula que le asomaba abyecta producto de la caída.
Gimió y gritó con desgarro:
¡Calista! ¡Calista!
Mientras intuía más cerca la presencia de una sombra (no era posible con certeza saber si era un animal o una persona).
Indefenso y preso del pánico más absoluto Eladio de cagó encima.
Vio por encima de sí como unas uñas verdes y extremadamente largas y asquerosas le cogían del cuello, de algo parecido a una cabellera, que alcanzó a ver antes de desvanecerse cayeron unas larvas adultas y no pocos gusanos.
Pasaron los días, y al no saber nadie nada del cuidador de Calista ni de ella misma, una comitiva consternada por la situación o por las garras de la incertidumbre, decidió entrar en la casa de la interfecta para aclarar qué ocurría.

Fue así que, Sor Aradia, Mateo el cura del pueblo cercano, y otros cuatro, acudieron al desolado sitio.
Asaltados por el estupor nauseabundo y vomitivo que emanaba de la casa y sus linderos, y tan pronto abrieron la puerta principal, dos de los hombres que iban con los religiosos cayeron desvanecidos por arte de aquel poderoso hedor.
Poco después se descubrió por fin, en la parte baja, una espeluznante estancia que bien podía ser un cementerio interior o una morgue de vastas proporciones, donde osarios y restos fecales se confundían con las sombras en macabro cuadro.
Aquella fosa común o lo que fuere, guardaba en su centro un ataúd de mayúsculas proporciones. En aquel escenario enrarecido y tóxico Sor Aradia y Mateo fueron los únicos, que, sobreponiéndose a la conmoción de las circunstancias, se acercaron a aquel inaudito hallazgo.
Al asomarse constataron como un amasijo pestilente de huesos, pellejos y vísceras se revolvía dando sus últimos estertores de vida. Sor Aradia cayó fulminada al reconocer entre tanta mortandad el atuendo de Eladio pútrido y desgarrado, y Mateo atónito vio con horror como entre los restos Calista iba engullendo con fruición los restos mortales de su necio y octogenario pretendiente.
Esta vez nadie en el pueblo preguntó, ni se atrevió a ir a buscar a nadie. La superstición o el miedo atroz que estos hechos y desapariciones provocaron pudieron más que cualquier vocación de auxilio de familiares o personas relacionadas con estos nuevos desaparecidos.


Los padres de Calista nunca regresaron, nadie lloró, nadie habló y las Hermanas de la Caridad o la Diócesis del pueblo al que pertenecía Mateo tomó parte en investigación alguna.
Lo único que se decía (si alguien ajeno al pueblo preguntaba por la casa) es que era una propiedad de un matrimonio rico que se dedicaba a las mercaderías, y cuya única hija soltera, núbil y excepcionalmente hermosa y erudita, les esperaba siempre estudiosa en la biblioteca de la casa, a la que se podía acceder por unas escalinatas que llevaban a un nivel inferior.
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Amar y vivir es la misma cosa

¡¡¡Dios!!! Acabo de leer un poema oscuro; pero hermoso sobre ella.

La hermosa oscuridad de la Muerte —vista de lejos, obvio— con su languidez espárrago virginal, no tocada nunca por labios de soles terrenos.

Fría... indiferente... implacable... inesperada... insólita e intrusa además.

Arrebatando las ganas de amar a destiempo. ¡Si!, cuando nos descubrimos ya tarde que podemos amar, que sabemos hacerlo, torpes; pero lo hacemos como dando pininos de quien comienza un juego que quiere y no sabe... tras haber perdido el tiempo de la vida así como el miedo a nosotros mismos y arrojar al viento toda nuestra suerte en un "No tienes nada que perder. La cosa es aquí y ahora".

Es ese riesgo de exponer el cogollo, ¿sabes? La cebolla hecha de pétalos núbiles buscando el afán en el sabor de otra boca tierna; amalgamándonos (como el mercurio) en el metal de otro cuerpo cautivo en ese mismo miedo que nos tirita a todos.

Y entonces... llega ella y nos corta el hilo dorado desde la raíz del ombligo, y ¡¡¡Zas!!!, un sólo corte en seco, apagando de un soplo esa vela vital como quien espanta una pelusa que viene a estorbar al rostro, o sea, sin miramiento alguno.

El verdadero miedo que yace en el fondo de la vasija no es a la Muerte misma sino al miedo a no amar... a no poder vivir porque que amar y a vivir, a fin de cuentas, es la misma cosa. La Muerte lo sabe y ella —en su carencia íntima— viene y nos lo arrebata.-


@ChaneGarcia
...
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Palabras podridas

Poema que se me ocurrió en inglés, lo pongo traducido y debajo el original.

Palabras podridas

Todas estas palabras
colgando como cuervos
peleándose con las notas
escondiendo metáforas.

Todo este podrido frío
sentándose en el trono
mirando a mis fantasmas
pintados en la pared.

Cubierta por un ataúd
rodeada de rosas
espinas clavando mis ojos abiertos
sintiéndonos como cadáveres.

Andando por las calles,
pensando en nuestros sueños
yaciendo en las hojas
rasgadas en el arroyo.

____________________________

Rotten words

All these words
hanging up like crows
messing with the chords
hidding metaphors.

All this rotten cold
sitting on the throne
looking at my ghosts
painted on the wall

Covered by a coffin
sorrounded by roses
thorns nail my eyes open
feeling like we are corpses.

Walking through the streets
thinking of our dreams
lying on sheets
teared off in the stream.
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Luna de sangre

Es la moneda de cobre,
en la negrura acuñada,
esa que vestía al cielo
del color plata.

Colgando de las estrellas,
como una bella medalla,
entre las húmedas brumas
de tul labradas.

Desde la tierra se observan,
lastimando su piel blanca,
los cráteres que semejan
huellas de estacas.

La imagen supersticiosa,
en esta noche hechizada,
como eclipsa al sol brillante...
luna encarnada.

Del rojo de las pasiones
que los amores desatan,
donde en la noche se mata
con las navajas.

Escondida está en la sombra,
la muerte con su guadaña,
para dejar a la luna...
ensangrentada.
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Ciorán (Poema Filósofo II)

Un niño aburrido que está en su esquina
mira medio muerto entre las tinieblas
que le borran las facciones de la vida.

Es la cera de su vela
que se va derritiendo,
es un reloj de arena
entre manta de hielos,

"Papá, morirse es aburrido"
dice el niño,
"Papá, me aburro y me muero",
musita quedo,
y en esas pocas palabras
el peso de todos los Universos,
toda las Historias,
todos los muertos.

Y la voz del niño que se apaga
entre las tinieblas del pensamiento,
"Papá, la Muerte llega a mi cama",
"Papá, ya me estoy yendo"

Un cuchillo bajo mi cama tengo
por si vienen las Sombras a besarme,
que son cuchillos del pensamiento
que me punzan el cerebro,

"Papá, morirse es aburrido"
"Papá, me aburro y me muero".
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La dulce agonía

De querer o de soñar, que la ambigüedad será y soy, ejecutada en mis huesos amarillos. Amargo talento oculto, en líricas abominables, en los andares de los caídos, si se deja ver en los días impuros, yo seré feliz.
O me harás desdicha en la manada de lobos incórdiales, y seré y veremos, que yo lidero en sus almas inoportunas, porque soy predilecta antes los ojos de mi parca adorada.
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