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Última hora! Muere musa desnuda!

Desnuda de poemas...

sin versos que abrigaran su cuerpo,
sin brisa lírica que despeinara sus cabellos,
sin luceros de letras en su firmamento,
sin la luz de su poeta...

La musa, murió.


#Micropoema
@SolitarioAmnte
iv-2017
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12
6comentarios 39 lecturas versolibre karma: 59

Hijo

En la garganta quedó una lágrima
cruzada como una espina;
y es en el pecho,
donde la congoja aprieta
su corazón cansado.

Tus sentidos ofuscados
en ráfagas de su dolor latiente;
y son sus pies los que besas,
mientras lentamente se va muriendo.

Quisieras amarrarle a la vida
y devolverle el color a sus mejillas.
Sentir su calor ya desvanecido,
renaciendo como el sol de cada día.

Pero es la oscuridad
la que emerge y lo llena todo.
La que nubla los tiempos felices
y los aleja despiadadamente.

Mientras, el cielo se desmonta
y una tierra abierta bajo tus pies,
se traga tu mundo y tu esperanza.

Que por ese ángel que te da la vida
y sin importarte,
morirías un millón de veces,
lo sabe Dios.

Te arrastrarías por desiertos áridos
sin agua que beber.
Y arrancarías tu piel a tiras...
¡Qué más da!... si descarnada ya estás;
que es el hijo el que acompaña
en el final y no al revés.

Nada importa,
ningún sufrimiento sería demasiado
por volver a ver en esos ojos
sus ganas de vivir.

Pero ya está escrito... y él, partirá sin ti.
Sólo un beso, beso más...
para el desgarrador adiós.
8
8comentarios 28 lecturas versolibre karma: 84

Cuando me haya ido, recuérdame

Cuando me haya ido, Tierra, recuérdame...

Recuérdame por los días que le di agua al sediento, pan al hambriento, ánimo al afligido.
Aunque fueron más los días, que el doliente me pasó desapercibido.

Por los días en que amé, sobretodo esos en que fui correspondido.
Perdóname por los tantos más que simplemente, mis puertas al amor cerré.

Recuérdame por los amores platónicos que nunca supieron cuanto les anhelé, cuanto les quise, cuanto les lloré.

Si quieres, hasta por todos los orgasmos que no tuve, recuérdame.

Por esos días que fui paciente, tolerante, suficiente.
Y sé que quizás, fueron más los días que fui insufrible, imposible, irascible.

Recuérdame por las letras que escribí, sobretodo por las más sentidas.
Perdona esas letras que a escribir no me atreví y más por las escritas sin haberlas sentido.

Recuérdame hasta por los árboles que no planté.

Incluso recuérdame, por los hijos que no tuve.

Recuérdame por mis tantos días sin gloria.
Aunque por fugaces instantes, me comí al mundo, trocito a trocito.

Cuando me haya ido, Tierra, recuérdame, aunque haya sido efímero, intrascendente, digno del olvido.


@SolitarioAmnte
iv-2017
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13
14comentarios 62 lecturas prosapoetica karma: 66

En defensa propia

Primero,
mataron a “nuestros enemigos”,
en nombre de Dios,
y luego, mataron a Dios.

Después,
mataron a “nuestros enemigos”,
en nombre de la Democracia,
pero, no mataron a la democracia.

Ahora,
en nombre de “nuestros enemigos”,
mataremos a la Democracia,
antes que la Democracia,
nos mate a nosotros.

N.S.
México
8
1comentarios 33 lecturas versolibre karma: 60

Todos los calendarios están equivocados

Todos los calendarios
Están equivocados
porque el tiempo no se mide así
Pasan los días,
Pasan los años,
Y la vida es un frenesí

Me olvido que un día moriré
Y que soy apenas un rey
De este mundo, de esta era,
Sin flor, sin primavera.

Ah...
¡Todo es tan fugaz y tan breve!
Saber que el tiempo se va,
¿Acaso a ti no te hiere?

Pero los calendarios no mandan en mí
¡No!
Lo que manda en mí, es este poema
Que escribo, abrigado a un tema,
Sin saber si vivo, si muero,
Si todo esto es un castigo.

Para mí el tiempo se mide
En palabras y más palabras
Y se siente
Como pensamientos en la mente,

Porque el calendario está equivocado
Y por más que yo haya pecado,
Sé que el tiempo no se mide así…

Damián Botafogo
7
sin comentarios 78 lecturas versolibre karma: 53

Más frágil no me puedo sentir

Más frágil no me puedo sentir
cuando me percato de que me dueles.

Porque la muerte nace en tus senos
y acaba en tu ombligo
y, a partir de él, llega la primavera.

¿Que cómo me gusta el amor?
Crudo.

¿Que cómo haría el amor?
Sin ti.

Sin ti,
porque no me puedes doler más.

Sin ti,
porque me muero por tu hambre
y me desvivo por tu sed.

Y desde que sé que el amor sabe a sangre,
desde que huelo la carne en tus huesos
y me relamo en tus besos,
desde que se acabó el invierno en mi pelo,
más frágil no me puedo sentir.

Júlia Peró
13
9comentarios 47 lecturas prosapoetica karma: 65

¿Y quién cuidará de ti?

Has llorado casi toda una vida sin saber porqué.
Tú tristeza es como cuando empieza a llegar la noche en tu misma mañana.
Días buenos y días malos son solo parte de una historia prohibida.
No encontraste o no quisiste encontrar una salida que te condujera a la paz tan anhelada.

Tu vida siempre fue una historia de medias cuartillas.
En donde tus ojos hinchados por no poder dormir fueron una huella imborrable de la desdicha que vive en tu forma de sobrevivir.
Es triste saber que no todos pueden ver la tristeza que se acumula bajo tus hombros cansados.
Pero es más triste saber que solo la ignoran.

Tu hermosa sonrisa ahora es solo una anécdota llena de dolor y melancolía.
Porque siempre deseaste compartir tus sueños con quien tú corazón amaba.
Ese amor era capaz de detener el tiempo con tan solo un abrazo sincero.
Pero el amor voló sin retorno a otro nido.

Quisiste esperarlo sin el sabor de una angustia que deja al corazón detenido.
Pero siempre fue demasiado tarde, porque eras tú y no él quien estaba atada a otro cariño.
Siempre para ti fue mayor el amor de una hija a su madre.
Tal vez solo fue el designio imborrable de los que decían decirse ser tus hermanos.

Tú fuiste la elegida por el favor de su desgracia para cuidar los años que le quedaron de vida.
Lo aceptaste sin reparos, como quien lo desea de buena gana.
Nadie te dijo que quién te otorgó el privilegio de vivir el don de la vida te acompañaría hasta el ocaso de todos los tiempos.
Ahora tu cuerpo ya no resiste más por retener tanto amor guardado solo para otros.

Y como un maleficio tu carne empezó a morir poco a poco.
Esa fue tu respuesta sin ninguna palabra.
Ahora solo te resta preguntarte si morirás antes que tu amada madre.
Ahora solo me pregunto entonces, quién cuidará de ti.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
16/04/2017.
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10comentarios 553 lecturas versolibre karma: 70

Querido Jorge Eliécer Gaitán Ayala

Señor Jorge Eliécer Gaitán Ayala

Mis abuelos siguen llorando su muerte,todos los 9 de abril;ese día sacan su pañuelo blanco y lo baten hasta donde les alcanza la fuerza.

Usted señor Gaitán, no lo olvida nadie.

Usted señor Gaitán,era la esperanza de todo un país en especial de las masas más oprimidas y olvidadas por el gobierno oligarca.

Señor Gaitán,hoy en pleno siglo XXI anhelamos un líder como usted,ya que ningún político le llega a la oratoria pura y sincera,desgarrada y atrevida de usted señor Gaitán.

Señor Gaitán, debió escribir un libro,para que le enseñará a tantos políticos que es amar a la patria,que es entender al pobre al marginado u oprimido.

y si... 69 años después,usted señor Gaitán sigue siendo el héroe anhelado por las masas menos favorecidas,masas hastiadas de la corrupción...como yo.

Señor Gaitán lo dejo,mi abuelo acaba de morir y quiso que lo enterraran cerca a usted, con la frase.

¡Yo no soy un hombre,soy un pueblo y el pueblo es superior a sus dirigentes!
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He muerto

He muerto,
no me decido si estoy dormido
o estoy despierto,
si tengo carne
o me falta cuerpo.

He muerto,
no me decido si estoy desnudo
o estoy cubierto,
¿es esto un parque
o es el desierto?

He muerto,
no sé si tengo hambre
o estoy sediento.

He muerto,
no me decido si hay espacio y tiempo,
o solo soy un punto imberbe
ausente en el viento.

He muerto,
no lloro, no sufro,
no río, no amo, no odio;
que desconcierto.

He muerto,
ya ni me acuerdo
quien fui,
si fui feliz o sufrí.

¿Fui hombre
o fui mujer?

He muerto,
y de esto me arrepiento:
De no haber amado a quien me amó,
no haber dado agua al sediento,
no lanzarme a los brazos del viento,
no beberme todas las noches de luna,
no subirme al monte más alto,
no sumergirme al océano más profundo,
no haber contemplado más las estrellas.

He muerto,
y también de esto me arrepiento:
De no haber vivido cada segundo,
con ese ímpetu del espíritu que me fue dado,
con cada gramo de voluntad, sin miedos,
sin dudas, sin ansiedad.

He muerto,
y de esto me arrepiento:
De no haberte vivido vida,
cuando tuve la oportunidad.

@SolitarioAmnte
iv-2017
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15comentarios 95 lecturas versolibre karma: 64

¿Qué es volar?

¿Qué es volar para mi?
Sino crear,
Crear palabras
No alas de papel o de acero
Que en eso nada espero.

Sí, ¿qué es volar?
Son las palabras
Y en el cielo infinito, amar
Amar hasta morir
Morir no es cerrar los ojos
Es crear y recrear con letras
La vida,
La muerte y la herida.
Es construir imperios
Y suportar mil improperios

¿Qué es volar para mi?
És nacer, morir y resucitar
Tantas veces en alta mar
Es navegar en lo desconocido
Por mares de palabras sin sentido

Y ¿qué es el sentido?
Sino la fuerza que él da.
Entonces volar se convierte en un suspiro,
Y mi espíritu vuela,
No en el aire
Pero en la palabra que resuena...


Damián Botafogo
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Cantos

Las victimas perecen y los corazones se pudren, los cabellos se caen.
La bandera hondea, el grito y su eco a lo lejos suena ¡Oh Patria eres ceniza!
Balas de rojo y bocas con hambre, manos de maíz y pasos de guerra.
Gendarmes y escudos, cuerpos en el asfalto y seducción en las palabras.
Tronos de oro y casas de madera ¡Patria me dueles!
Fronteras internas, proletariado ciego de nacimiento y colonias de adobe y lamina.
Monarcas que emigran al norte; en el sureste, hojas de palma como cobijas.
Soles nuevos, lunas viejas, días de siempre, ríos de noviembre.
Montañas escondidas a la vista del buitre, metáforas del azteca.
Mayas exiliados, cristianismo florece en los burdeles del epicentro.
Ciudad desprotegida, pueblo resignado, morenos de canela olvidados,
bolas de algodón para curarnos, fuego del imperio para llorar con nuestros cantos.
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2comentarios 19 lecturas prosapoetica karma: 45

Traerán sus mejores galas

No he de mirar al viento
desde mi vieja atalaya
para saber que vendrán todos
en un silencio artificial
de paraguas negros.
Vendrán solemnes algunos
y algo dormidos los otros.
Escucharán vacías palabras
de un sacerdote vacío
desgajado ya hace tiempo
del camino de la vocación.
Habrá lágrimas queridas
y otras, tal vez, no tanto.
Habrá sollozos y abrazos
y suspiros perdidos en el cielo.
Unos serán de pena
y otros serán de alivio.
Vendrán mis hijos con su madre,
mis nietas con sus padres,
mis nueras con mis yernos.
Vendrán ciertos amigos vivos a despedirme
y otros amigos muertos a recibirme.

Y mi padre.
Y mi madre.

Y el hermano que me sobrevivirá
llorará en una esquina solo,
bajo la lluvia,
con calor en las mejillas
y sin frío en las entrañas.
Y yo estaré en todos ellos,
entre los vivos y los muertos,
entre la tierra y el frondoso árbol
que presidirá mi entierro.
Y habrá algunos, sólo algunos,
que notarán mi aliento en su cuello,
y un cuatrillón de partículas
saltarán en su interior
proponiendo mil futuros.
Y yo estaré en todos ellos,
como brizna, como insecto,
como halo en su cabeza
o como humo de incienso.

Allí estaré, lo juro...

Traerán sus mejores galas
y algún elegante discurso
(con lo bonita que es la lluvia
cuando suena sola).
Dentro del negro vestido
mi mujer traerá el alma rota.
El ataúd será de un marrón claro
o de un caoba lustroso.

Traerán sus mejores galas
y con ellas se irán yendo,
como los días postreros
a mi muerte fueron viniendo.
Y todos quedaremos en suspensión,
como cúmulos de estrellas globulares
perdidas en el cosmos.

Traerán sus mejores galas
y mi poema en sus manos.
Y todo acabará en este preciso instante,
con el sonido de la última letra en el aire.
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1comentarios 7 lecturas versolibre karma: 43

Veintiún gramos exiliados

Somos la pequeña gota de un grifo gélido
que cede sus hijos a la tierra.


Mundo, mundo, uno a uno te vas llevando.


Se van envueltos en aire de tergal
y arañan el ayer
sus veintiún gramos exiliados.


Las cosas por hacer son dagas
en la boca de un faquir hambriento.
Camina sobre coronas de flores,
acaricia con manos de sangre
y mira a través de escarabajos inertes
clavados en tu pelo.
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4comentarios 70 lecturas versolibre karma: 59

Diálogos con la Muerte

Aquí me tienes Muerte, ¿por qué no me llevas?
No se acaba tu hora, y todavía no llega.

Ya no me escuchas Muerte, ¿no apareces si te llamo?
Yo solamente escucho la señal de mi amo.

Ahí vas hermosa Muerte ¿no me buscas si te espero?
Seguro a mi llegada suplicas "ya no quiero".

Yo no te temo Muerte, ¿por qué no me acompañas?
Tu no decides eso, decide la guadaña.

¡No entiendes blanca Muerte! ¡No quiero más vivir!
Vida es una de tantas maneras de morir.


Heclist Blanco
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Cuando escucho tu voz

Cuando escucho tu voz
No puedo llegar a comprender por qué no muestras duda ante toda la oscuridad que te acecha.
En cada una de tus palabras solo veo paz y dicha.
Aún sabiendo cuanto es lo que has sufrido por todos estos amargos años.

No puedo contener el corazón que se desborda.
No puedo evitar derramar ese par de lágrimas que anuncian que vive una tormenta de dolor por ti en mis adentros.
Ahora más que nunca estoy convencido que se podría ocultar el sol en nuestro día
Y tú nunca renunciarías a esa esencia que te hizo ser simplemente como debe ser.
Podrá pasar el tren de la vida a toda prisa por la estación de nuestra calma
Y tú seguirías tan firme como la última vez que te vi.

Tú fuerza seguirá siendo un refugio descomunal a todos los miedos que petrifican mis ganas de seguir.
Mis manos temblorosas no podrán seguir ocultando lo desquiciada que es mi memoria al tener que pensar en la impotencia que invade a mi luz desde que tú ya no estás.

Solo atinó a tomarte en mis brazos.
Y sentir el poco calor de vida discurrir por todos mis recuerdos sagrados.
Solo atinó a tener miedo de dormir y despertar sin vtu sonrisa que todo lo soluciona con un tierno beso.

Cuando escucho tu voz
Solo sé que quisiera poder seguir siendo tan feliz como lo he sido hasta ahora.
Nunca olvidaré el momento mágico en el cual te conocí.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
26/04/2017.
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sin comentarios 179 lecturas versolibre karma: 36

En el desorden

Cuando uno mira atrás
medita su vida un poco. Reflexiona.
Advierte un profuso desorden en su vida.
El desorden reina.
Con aires de dictadura. Violento.
En la vida, en el cuarto, la escuela, el trabajo.
Morimos viviendo
rápido, lento; nos destruimos con dulzura.
Lloramos mares de sonrisas, reímos desiertos de lágrimas.
Amamos al azar de los índices.
Odiamos en las botellas, los abrazos, la humildad.
Tememos en la luz que eyectan los faros de la salvación.
El desorden vive para ordenar
nuestros pasos, decisiones, juicios, castigos.
Motivos y letras y personas, llegan con un singular algoritmo.
A veces uno llega para despedirse.
Se inicia al revés, sexo-amor, cama-café, tú-yo.
Todo no sale mal, de repente algo bien sucede en el desorden.
Bebemos copas vacías.
Perdemos para ganar, recibimos para perder.
Las esferas rotas indican la navidad, la soledad es tú presencia.
La sombra es lo primero.
Más tienen los que menos deben tener.
Y el que tiene menos gasta más de lo que puede pagar.
El adiós es bienvenida.
Se ama más cuando menos se debe hacer.
Y siempre se ama menos cuando más se debe amar.
Cama distendida/pesadilla revuelta.
El guisado primero, después el postre, al final la sopa.
Estudiar al final, tarea al final, responsabilidad al final. Vicio primero.
La luna se cierra al abrir el sol.
El día se acaba cuando comienza y la flor se entumece.
Dormimos corriendo. Vivimos soñando. Corriendo soñamos. Vivimos dormidos.
Pero así nos gusta ir
y venir, regresar,
huir, acabar,
comenzar y volver a ir.
En desorden
  la vida siempre
siempre
       es mejor,
en Des
Orden.
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Oscuridad

Oscura está la habitación de mi alma.
Hasta los silencios huyeron despavoridos
antes de cerrar la última ventana.

El arce desfallece y se abraza
con sus atribuladas ramas secas,
esta mañana sacrificó
su última hoja de esperanza.
Se la dió al otoño gris
que me obsequió
su última sonrisa ocre ilusión.

Tengo el paladar marchito,
trago saliva de un pozo seco
al que no le quedan gotas de fe.

El futuro es una bola disforme
de sueños fracturados.

Afiladas dagas caen del techo,
con tino mortífero
se incrustan en cada poro,
en cada herida mortecina,
de la calcinada piel
que cubre mi pusilánime figura.

En esta extensa planicie de oscuridad
ni mi sombra me hace compañía,
se quedó allá afuera,
columpiándose del neumático
de una vida ancestral
en la que quizás, fui feliz.

El reloj de arena
en el centro de mi habitación,
es una silueta difusa
con contornos de mujer ardiente.
Cada grano de arena que cae
me recuerda la cuenta reversa
e irreversible de la vida
que se me escapa a borbotones.

Quiero vivir,
quiero ver el sol,
quiero oler la primavera,
abrir las ventanas de mi alma
tan solo una vez más.

Desnudo me arrastro a cuclillas
por kilometros interminables de oscuridad,
en el aire respiro cristales de muerte,
imposible llegar al lindero de mi alma.

Quiero llorar un río de tristeza,
mas la fuente de mi alma
es un árido desierto
sin agua salina para las lágrimas.

Nada queda, solamente...

Oscuridad.

@SolitarioAmnte
iv-2017
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7
4comentarios 58 lecturas versolibre karma: 50

Mi existencia

A mi vera una vela en declive,
siendo centinela de este caótico escritorio.
Yo soy la mecha, tórrida y encorvada,
cargando la llama en mi espalda,
que es el tiempo, que muere, que se apaga. Queda poca cera que derretir
Y mucha poesía que quemar.
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5comentarios 53 lecturas versolibre karma: 60

Éter

Erguirse ante el alba
Es una batalla contra tus susurros
Que yacen fosilizados
En la memoria de mis oídos.

Vago en esta condición infrahumana
Te veo en el otoño del levante
Te reclamo al rumor de la montaña,
Y te lloro en el auge del poniente.

Eres mi química del carbono
Tus besos limosneros en elipsis
Tu aliento el éter que añoro,
Y tu silla fría, mi apocalipsis.

En ocasiones medito en la cama
Reviviendo un pasado mezquino
Consumo en estoicas dentelladas
Parasiempres perdidos en el camino.
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1comentarios 69 lecturas versolibre karma: 58

Años luz de curiosidad

Yo soy más de los que se suben a una estrella a contemplar el horizonte del universo.

La otra vez, ya siendo bien viejito, encontré en mi desván un costal arrugado y raído; lo desarrugué lo más que pude, lo puse en la orilla de la entrada del agujero negro; el que está en el centro de la Vía Láctea; con calma y cuidado lo coloqué y me senté sobre él. Me persigné (y eso que ni soy católico); y asido fuertemente de sus orillas, me dejé deslizar hacia dentro.

No sé cuanto duró el viaje. Recuerdo que en la trayectoría, vi pasar todas las vidas posibles que pude haber vivido. En una, me casé con mi primera novia, tuvimos tres hijos, fuimos felices, morí de un infarto a los ochenta y nueve años; ah, como dolió el bandido infarto; como mano invisible que te estruja el corazón sin clemencia alguna. En otra, nunca me casé, tuve todas las amantes que quise, no tuve hijos; no estoy seguro, pero parece, que de otra forma, también fui feliz; morí a los sesenta y nueve años, luego de quedarme dormido la última noche, un paro respiratorio dijo el médico; la verdad, ni lo sentí. En unas vidas fui groseramente millonario, infeliz en casi todas ellas; parece que en las que fui feliz, ayudé mucho a los pobres. En otras vidas fui un aventurero, disfruté de las artes y todas las pequeñas cosas de la vida; vi los mejores amaneceres, contemplé a detalle incontables atardeceres; disfruté de las primaveras; todos los otoños fueron espectaculares, en los inviernos ni siquiera sentía tanto frío, tibios rayos de sol me acariciaron tantos veranos; morí muy en paz, casi en todas ellas; también fui feliz.

Cuando el viaje terminó, intensos rayos de luz, enceguecedores, se me clavaban como estalacticas en los párpados de mis ojos; pues, cerré los ojos, obviamente. Creo que me desmayé por su intensidad destellante. Al despertar, estaba en la sala de un hospital; a mi izquierda estaba una bebé, con sus mejillas muy redonditas y rosaditas, bien dormidita; a la derecha un bebé, con sus ojos grandes y rendondos, observándome fijamente, bostezó. En el medio, estaba yo; no tardé mucho en descubrir que no podía hablar; todas las palabras que había sabido, se desdibujaban de mi mente; todos los recuerdos, de todas las vidas vividas, se borraban. Era un bebé, a punto de conocer a mis padres; comenzar todo de nuevo, otra vez.

La otra vez, estaba tomándome un café bien caliente, en el lado oscuro de la luna; que es un lugar muy frío por cierto. De pronto, vi venir un cometa a una velocidad alucinante; de la emoción, lancé la taza hasta el otro hemisferio de la luna, el lado brillante; se rompió en siete pedazos. Como pude, di un salto cuántico y me encaramé en el cometa. Después de algunas docenas de vueltas en su trayectoría elíptica, me empecé a aburrir. Busqué en su superficie, en rincones y hendiduras, algo para entretenerme. Encontré su manual de instrucciones; luego de ojearlo un poco, aquí y allá; descubrí como hacerlo cambiar de trayectoría y velocidad. Emocionado, me fui al panel de control; presioné el botón rojo y el azul, el verde y el morado había que presionarlos al mismo tiempo; moví una que otra palanca, y listo; nos fuimos rumbo a la galaxia vecina de Andrómeda, casi a velocidad luz. Fui a conocer sus soles más brillantes, sus mejores lunas y los planetas más excitantes; y pasé a saludar a uno que otro cometa que deambulaba por esos rumbos.

Después de unos cuantos años luz, empecé a extrañar mi hogar, decidí regresar a casa; enfilé rumbo al desierto del Sahara y me fui a tomar unas piñas coladas a un oasis muy popular.

La otra vez, encaramado en mi estrella favorita, contemplando el horizonte del universo; me asaltaron las dudas, así, a mano armada y todo. ¿Y si hay otro ser, parecido a mí; al otro extremo del universo, encaramado en otra estrella similar; haciéndose preguntas semejantes a las mías? Las preguntas aparecían y aparecían, como palomitas de maiz explotando en la olla de mi cabeza. Y luego de tantas preguntas sin respuesta, descubrí la pregunta primordial, la central; o quizás, la que envuelve a todas las demás. ¿Y si no me estoy haciendo las preguntas correctas?

Tengo una curiosidad de años luz de longitud. Quiero observar y descubrir los secretos que yacen en todos los confines del universo; sin embargo, tengo apenas un telescopio viejo y destartalado; de lentes fabricados con córneas de murciélago miope; opacos, sucios y rotos.

Yo soy más de los que se suben a una estrella a contemplar el horizonte del universo.

@SolitarioAmnte
iii-17
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10
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