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La dulce agonía

De querer o de soñar, que la ambigüedad será y soy, ejecutada en mis huesos amarillos. Amargo talento oculto, en líricas abominables, en los andares de los caídos, si se deja ver en los días impuros, yo seré feliz.
O me harás desdicha en la manada de lobos incórdiales, y seré y veremos, que yo lidero en sus almas inoportunas, porque soy predilecta antes los ojos de mi parca adorada.
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La víspera del infinito

A la amistad llamabas vida,
A la palabra llamabas vida,
la música acudía a tu llamada,
cuando escuchabas: era ella, la añorada,
la vida que brotaba entre inquietudes y penas.
Todo en ti era acción, reacción: hacías, te ofrecías,
todo en todo,
cuando no tenías límites: aire que apresar,
gota de aliento, tierra pura, pisada firme,
hierba alta entre arena fina,
cielo rojo de fulgor constante,
mirada negra, luz de fuego.
Recuerdo cuando me llamabas vida,
no había límites, era un juego.
No querías crecer.
Ella iba y venía en el hueco de tus manos,
manos al viento, palabra clara,
voz de trueno, tormenta fácil.
Y tras el remolino de tus pasos, la lucha interminable:
la vida se movía en el esbozo de tu sonrisa grande.

Tengo miedo de llorar y que tú te vayas tras las lágrimas
al reclamo del agua,
tras la promesa de lo que juega bajo el mar,
de lo que descansa en el fondo: la paz,
en busca del amor comprensivo, la diversión eterna,
el triunfo dichoso, la recompensa justa
el día de mañana, el porvenir que no verás.
Dejas la puerta abierta: la vida quedó sin cerrar.

No temas a una lágrima. No me fui, nunca me iré.
Soy la voz que susurraba cuando la mina le dijo al papel:
conócete a ti mismo.
Como un dibujo a lápiz, escribió Marsé.
Soy la música que rasga la hoja, las notas de aquella canción,
Declama el actor: el desgarro, el pudor, la risa.
Mis vacíos son abismos a estas alturas: grito emoción.
Sobre las tablas, llamo a la vida. Le pido una más.
Colores, otro latido, un gesto, olvido lo amargo,
siempre presente,
no es el azar la vida: es lo que está por pintar.
Soy la aguja que se desliza entre los surcos,
recuerdos maravillosos, promesas: el placer de tocar.
El rumor de las hojas que abrazan el nido.
Soy un dibujo a lápiz: la víspera del infinito.
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Muda Danza Otoñal

A Albert Camus,
y a lo absurdo de quererle dar sentido a la muerte (de una hoja).


La muda danza de hojas amarillas:
del mundanal vivir, tan colorido,
van en mudanza triste y sin sentido
a la esperanza de otras maravillas.

Están desnudas ramas y ramillas,
y el suelo está abrigado por vestido
de hojas muertas: ¿su espíritu perdido
logrará divisar nuevas orillas?

¿Y si su alma foliar no se despierta?
¿y si tal cosa ni siquiera existe?
tal vez tan solo sea una hoja muerta.

Nuestro otoño no tiene que ser triste:
no es un principio, ni una puerta abierta,
es solo un vendaval que nos embiste.
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Et Ipsa conteret Caput tuum

Mísero pesebre es mi cuerpo,
lisonja del aire que no lo traspasa,
qué más daría para esto mismo
estar hecho de barro de tinajas.

Porque respiro, ya me duelo,
y en este duelo que es la Vida,
hay quien vive con consuelo,
y por consuelo yo me muero.

Estrellas que lejos estáis,
seguid estando lejos,
esta noche cuando duerma
y mañana, cuando esté despierto.

Porque con sólo acercaros un metro,
arderíamos en nuestros cuerpos,
seguid lejos,para no abrasarnos,
seguid lejos, porque sólo así os queremos.
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Ciorán (Poema Filósofo II)

Un niño aburrido que está en su esquina
mira medio muerto entre las tinieblas
que le borran las facciones de la vida.

Es la cera de su vela
que se va derritiendo,
es un reloj de arena
entre manta de hielos,

"Papá, morirse es aburrido"
dice el niño,
"Papá, me aburro y me muero",
musita quedo,
y en esas pocas palabras
el peso de todos los Universos,
toda las Historias,
todos los muertos.

Y la voz del niño que se apaga
entre las tinieblas del pensamiento,
"Papá, la Muerte llega a mi cama",
"Papá, ya me estoy yendo"

Un cuchillo bajo mi cama tengo
por si vienen las Sombras a besarme,
que son cuchillos del pensamiento
que me punzan el cerebro,

"Papá, morirse es aburrido"
"Papá, me aburro y me muero".
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Lemniscata

Pero vivir, joder, ¡vivir!,
a pesar de estar vivos o tan muertos
como a veces estamos.

Pedro Andreu


Afuera la noche confusa. Dentro de mí,
una fiesta de estrellas.
Se me han olvidado los versos que duelen.
Tal vez, se parezca a la muerte
que tanto temía, tan lejos que estaba.
Ahora es mediodía de un domingo de mayo
y el sol me calienta.
Así... morirme sí quiero.

Estaba cansada de ser la tirita que siempre resbala
dejando la herida a la vista, sufriendo
la nada que deja de rastro tu ausencia.
¡Qué bien se consume la encina dentro de mi pecho!
Morirme de vida.
De ver cómo bailan estrellas fugaces
al ritmo de hoy entre mis caderas.
Ya, luego, mañana...
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El Pozo

Un niño frente a mi casa
jugaba junto a mi huerto
entre el granero y el pozo.
Su madre dice que ha muerto.

Que no se pasa por casa;
que si yo acaso recuerdo
el porqué está en mi tejado
su balón de piel de cerdo.

Que yo no tengo ni idea;
que yo en el campo trabajo
desde que el sol se levanta
y hasta que se viene abajo.

Y cuando vuelvo a estar solo
y en la botella me pierdo
maldigo entonces mi suerte
y el balón de piel de cerdo.

Hasta que vuelve ese niño
guardando un llanto en el suelo.
Entre el granero y el pozo
no puede encontrar consuelo.

Que porqué soy tan mezquino;
que porqué fui tan cobarde,
si aunque yo no hiciera nada
cuando quise ya era tarde.

Que urgía tapar el hoyo;
que estaba muy bajo el muro,
y yo iba tan borracho que
no pude ver el futuro.

Huele a podrido en el pozo.
El agua brota negruzca.
Nadie sabrá qué ha pasado
cuando mi cráneo reluzca.
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Diálogo con la muerte soneto

Dialogo con la muerte
Soneto.

Pasa la muerte jalando mi vida
oscura alma con negra decadencia,
errores lanza con una bastida,
enfrentando fiero nuestra conciencia.

Culpable grita mirando engreída,
no dando lugar a la vehemencia.
haciéndose la sorda y retraída,
yo imploro llorando por indulgencia

Riendo me mira como me lamento
grito ante esa su mirada sombría
mientras ella disfruta mi tormento.

Sabe bien que pronto me abrazaría
La tristeza que cargo no aparento,
pronto sin excusa me llevaría.

las letras de mi alma
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Campanas esdrújulas

La muerte no podrá salvarme
porque perdí el mapa del duelo;
mi pena transmuta en otros parajes,
en otras figuras.
Tampoco tengo brújula,
por eso mi espíritu
vaga en una cúpula
donde estalla
el tañido de campanas esdrújulas;
intensidad que en vano remite
para volver a la hecatombe de origen.

Marisa Béjar, 06/11/2017
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19comentarios 136 lecturas versoclasico karma: 93

Estás muerta

Suena extraño. No consigue mi oído aprehenderlo. No me llega a los ojos la idea, expresada como a tientas, mientras sigo montada en la cuerda haciendo acrobacias. Parecía tan lejano, tan difícil... tú, formando parte de los retazos de un ayer que no acababa. Siendo ahora solo un escalón más de los que he subido para llegar a inventarme, para dibujar lo que soy por encima de la ropa y, al mismo tiempo, lo que hay debajo, dentro y al fondo del corazón.

Estás muerta, evocación pusilánime, primavera en sepia, cielo, mar, luna, estrella. Toda tú languideces con el pretérito, la voz y el aroma. Los momentos se van esfumando como el humo de una barra de incienso consumida a medias.

Me ha costado, ¿sabes?, pero ya puedo decir que tengo respuesta a la pregunta que traías de vestido cuando te conocí, que yo también puedo contestarla, contestarme. No era tan difícil. De hecho, tú debiste resolver la incógnita hace mucho. Recorriste el camino antes y yo te miraba hacerlo, igual que se observa un mecanismo complejo.

Estás muerta. Y, a través de esa revelación, siento unas flores secas en algún lugar dentro de mí. He intentado cogerlas con mis manos, regarlas a base de besos, devolverles el verde que fueron, pero... no puedo. Si las toco, sus bordes se desmenuzan como una flor de león que acompaña al viento. Al menos, sé que sigues ahí, de otro modo, pero estás. Ya no tengo miedo a tu olvido sin olvido. Es un otoño bello que puedo recorrer en todos sus rincones de humedad y color, recorriéndome yo, sintiéndome viva. Yo creía que, después de ti, los días se perderían en un calendario blanco lleno de vacíos meses. Sin embargo, he descubierto que, después del verano, comienza una segunda primavera.
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Óbito vital

Desde que perdemos la inocencia de nuestra niñez, comenzamos a angustiarnos por el futuro y la muerte. La obsesión por el fallecimiento nos nubla el espíritu y arraiga en nuestras más profundas entrañas, tornando de un matiz oscuro y lúgubre la esperanza.
A causa de este miedo perdemos oportunidades, ocultamos sentimientos, dejamos de disfrutar de la vida y olvidamos lo más importante, lo que todos merecemos, olvidamos vivir.
Por esto he de decir que debemos aprovechar al máximo cada segundo de cada minuto de cada día, pues, como ya es sabido, este podría ser el último.
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La vida. La muerte

La vida después de la muerte. La muerte antes de la vida.

Porque todos tenemos a alguien que se fue, sin permiso. Porque todos tenemos a alguien que no nos llegó a conocer.

La muerte viene, y se va, sin más, dejando a los vivos, dejándonos, sin aliento, sin consuelo. La muerte crea un antes y un después para todos, y es que, todos no estremecemos al recordar a quien ya no está, a quien nos abandonó sin quererlo, y queriendo a veces, por desgracia.

No creo que nadie esté preparado para la muerte, aunque diga que sí, ni el que se va, ni el que se queda. Duele más de lo que se pensaba, para ambos, seguro.

¿Cómo se vive después de la muerte? ¿Cuánto tiempo pasas sobreviviendo en lugar de vivir? ¿Cuánto tiempo dura el luto, el luto verdadero, el de dentro, el del corazón, el del recuerdo?

¿Cómo superas ese pellizco que se crea cuando piensas: “tenía que haberlo/a conocido”, u, “ojalá lo/a hubiera llegado a conocer, o a conocer más”? ¿Eso se puede llamar dolor? Deseo imposible, deseo que nunca se cumplirá, quizás mejor que dolor, aunque pienso que lo sigue siendo, de otra forma, pero dolor.

Sí, hay vida después de la muerte, aunque se haya alejado más aún del paraíso. Sí, hay una vida después de la muerte, que quizás durante un tiempo ni quiera, ni pueda ser vivida. Sí, existe la vida después de la muerte, la nuestra, la tuya, la mía…, la de todos, y a todos nos ha llegado y llegará, más vale tarde, muy tarde, que pronto.

Y sí, también hay muerte antes de la vida, todos y cada uno de nosotros tenemos a alguien que no conocimos, o que no conocimos del todo, y que nos hubiera hecho bien que pasaran por un vagón de nuestro tren, que es la vida.
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El monte de las Ánimas

Alta está la luna, brilla como plata
sobre el monte pelado, rocas blancas
los troncos de los árboles, cenizas carbonizadas
falanges, tibias y calaveras, tocones y ramas
el viento silva una canción desesperada
poco a poco van llegando las almas.

Las hay de ricos señores, de pobres,
mendigos, hortelanos y pastores,
algunas sólo sombras de ladrones y asesinos,
otras de presos y algunas de suicidios,
todas esperan su suerte
para iniciar el santo oficio.

Empieza la procesión
con la muerte a la cabeza
nadie tiene queja, pues es la parca,
el alma mas vieja.
La siguen las almas buenas,
luego los suicidas, violadores y asesinos,
por último los peores
los criminales que repiten por vicio.

Hoy es su noche
hay gran celebración,
al monte del calvario
los esqueletos suben en procesión.

Lobos y alimañas
aúllan dando vueltas al cortejo
ulula un viento frío y siniestro
los demonios van saliendo
los jóvenes y los viejos.

Del infierno gritando
van surgiendo
se llevan casi todas las almas
porque va a salir el sol
y viene la madrugada.

Camaleontoledo*
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3comentarios 46 lecturas versolibre karma: 88

Chöka (fin de la canción)

El sol sacude
su melena de fuego
ante mortales
en un planeta azul,
baila la vida
la sinfonía cósmica;
paciente espera
la oscura muerte trágica
el fin de esa canción.


@SolitarioAmnte / x-17
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10comentarios 95 lecturas versoclasico karma: 74

Sacrificio

Mediodía. Las doce campanadas resonaron desde la torre del templo cercano. Bajo la alocada huida de los pájaros, por primera vez en siglos, los Puros descubrieron el pecho palpitante de un Maldito.

Rápidamente, la carne fue desgarrada con saña por decenas de dientes afilados. Tibios hilos de sangre oscura se escurrieron con lentitud hacia la tierra.

Concluído el sacrificio, los Puros se dedicaron a ocultar los restos bajo el pedregullo y tras los arbustos.

Trabajaron en silencio. Algunos tenían dudas sobre lo sucedido, pero no se atrevieron a hablar sobre ellas ni a hacer preguntas. Ninguno quería transformarse en Maldito.

Siempre habían existido discusiones sobre si los Malditos, estando vivos, resistían la luz del sol, pues la Primera Carta no hablaba sobre ello. Lo que sí afirmaba el antiguo texto es que, luego del sacrificio, los restos de la víctima se esfumarían al contacto con los rayos solares.

Mas lo cierto era que eso no había sucedido.

Mientras emprendían el retorno, un extraño vértigo los envolvió, pues la inocultable realidad era contraria a lo que siempre habían creído. Evidentemente, vivos o muertos, los Malditos eran inmunes a la luz del sol. Pero no a las dentelladas de los Puros.
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1comentarios 76 lecturas relato karma: 70

Una lluvia de porcelana brillante como la luz
derramada entre cascadas de prístino azul,
un cendal ligero tendido en largo tul
impregnado de aromas serenos y melodías mil,
una ensenada de pétalos en plenitud
con primaveras envueltas en viento multicolor.

Un sueño encendido entre llamas muertas,
un catálogo de sinrazones para escoger,
un sendero oscurecido al mediodía,
una verdad como una verdad certera.

Un día exultado más allá del asombro,
como eso, más que eso eres tú,
y aunque no te conozca sé que existes,
oh pérfida muerte, ¡más bella, ni tú!
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Dormidos

Un buen día fui con mi abuela a visitar el sepulcro de mi abuelo.
A decir verdad, el abuelo no se encontraba allí.
Visitamos la tumba.
Un operario la fregó con su apagada bayeta dándole algo de decencia.
Arrancó algunos hierbajos que crecían a su alrededor.
Frente a mí, una yedra descendía como una tarde triste.
A uno de los lados, unos frondosos cipreses se nutrían con el alimento de los muertos.
Un cielo sin aves de las ocho de la mañana parecía próximo a encenderse.
Mi abuela rezó y se quejó: -Ay Manuel-, dijo entre lamentos.
Su semblante retornó a la tristeza y vi como su apariencia menguaba.

No sospechaba ella que pocos días después moriría
y que yo tendría que adueñarme de su pena y de sus lamentaciones.
Tuve que meter en mi cuerpo a ambos.
Llorar por el abuelo y por ella.
Hoy los dos descansan en mi corazón
y no pueden despertar.


Canet
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Dos días

Hazme olvidar que sólo estoy de paso
en este mundo terrenal;
hazme olvidar mi estado perecedero,
no me dejes recordar que esto es temporal.
Déjame perderme nadando
en la atemporalidad de una mirada café;
déjame flotar en un cálido infinito
hecho con sudor, cabello y piel.

No me dejes mirar al cielo,
delator del paso del tiempo
déjame ver atardecer en tu rostro
y sentir al sol ardiendo en tu cuerpo.
Prometo hacerte dudar,
si despertar conmigo es parte de tus sueños
y que el mejor de ellos
será una realidad, reposando en mi pecho.

Permíteme ensordecer a las horas
que pasan sin pedir permiso
escuchando tu música natural,
los salvajes golpes de tus latidos;
el ritmo de Dios orquestando
una melodía que te mantiene con vida
que espero seguir escuchando
sin darme cuenta que se acaba la mía.

Deja a tus manos invasoras
conquistar el cuerpo que me sirve de templo
y marca con besos tu territorio,
haciendo realidad mis anhelos.
Y aunque el terremoto de los años,
destroce lo que ahora es bello
no dejes de amar las ruinas,
quiéreme aunque no sea perfecto.

Si puedes mirar a mi rostro
cuando pierda la batalla contra el tiempo
y sigues encontrando en mis ojos
un resplandor jovial y eterno,
si eres capaz de ver mi alma joven
con los ojos cerrados en cada beso
entonces bailaré contigo
un vals hasta mi último aliento.

Haz que me tome por sorpresa la muerte
cuando venga a robarme el beso que arranque mi vida,
hazme dudar si ha pasado
un año, un segundo o dos días
antes que cierre mis ojos,
esperando a nuestras almas reunidas.
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Muerte

Así se va la vida.
Se apaga la luz de tu origen y te quedas a oscuras.
Unos lloran, otros, valientes, celebran
Y yo estoy confundida.
¿Que puedo decir de la muerte ?
Aún no estrechamos nuestras manos.
Aúnque es parte de todo, tú solo esperas.
Ayer estabas...hoy te vas.
Eres polvo.
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Lluvia Blanca

Certero el disparo
perdida la bala
tiembla una mano
abatida otra alma.

Un lamento se escucha,
una pobre viejita
unas lágrimas negras,
sangre de su sangre
regando la tierra.

Gritos, gritos al viento
gritos a Dios, gritos al cielo,
si mi hijo ya murió,
porqué tanto tormento.
Si mi hijo ya murió,
porqué me quitas al nieto.
No hay respuesta,
profundo silencio
las aves no vuelan
no canta ni el trueno.
De polvo, polvo blanco
cubiertos dos cuerpos.

Los campos de coca
apestan a muerto
pobres campesinos
recogen los cuerpos.

Mis manos manchadas
con sangre y acero,
mi comandante no para:
!sembrad! los campos de balas,
!sembrad! los campos de almas.
Maldita lluvia blanca
maldito sea el dinero,
en la selva para el aguacero,
en la aldea ya están todos muertos.

Camaleontoledo*
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