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Hogar, dulce hogar

Rozo con la punta de los dedos las ramas más altas
que besan el cielo
con la misma dulzura que lo acarician
y lo amansan.
Los pájaros le han declarado la guerra a las nubes
por intentar ponerle un límite a su infinita imaginación.
Y cantan burlones
que son libres y rebeldes,
que ni ellas
ni la peor de las tormentas
podrán jamás atrapar sus alas
sino desearlas,
como se desea la imposibilidad de todo aquello
que no se puede tener.
Y que su única patria
es y siempre será el viento
por ser el único capaz de amar su libertad.
Huele a enero y a tierra mojada.
Me he empapado los pantalones de barro hasta las rodillas,
y he rugido hasta doler la garganta.
La brisa es fresca
y me susurra al oído que me suelte el pelo,
que deje libres a todos mis monstruos,
porque hoy
mi instinto animal
se siente más salvaje y puro que nunca
y es capaz de dejarlos en bragas
en las mil y una batallas
que les proponga el viento.
He abrazado a la luna
con el corazón abierto de par en par,
y sin darme cuenta,
ha llenado sus esquinas de flores
y de toda la belleza y vida que tengo a mi alrededor.
Para que cuando sienta que no soy de ningún sitio,
que el único que me acompaña es el viento,
entienda que mi verdadero techo lo tengo dentro.
Que todo esto forma parte de mi
porque yo soy parte de todo esto.
Y que nunca estaré sola
mientras los pájaros sigan siendo libres y rebeldes,
el suelo, de vez en cuando,
siga oliendo a tierra mojada,
y la luna siga llenándome el pecho de flores mientras duermo,
para que nunca olvide quien soy
ni de donde vengo.
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Rumor

El rumor del agua,
el murmullo del aire,
el susurro que esconden
las ramas de los árboles,
esa serena quietud
que nos pixela el paisaje,
nos regala dosis de silencio
y la sensación de saber
que renacemos cada tarde
tras trepar por campos y bosques,
atrapar cada luz
y disfrutar de estos amplios horizontes.

Traspasar el tiempo,
ver en las piedras
ese intento
de acaparar en el recuerdo
el frío de otros inviernos,
las lluvias,
viejas tempestades,
la solera de algunos amaneceres
tras los desvelos de olvidadas noches...

El rumor del agua,
el murmullo del aire.
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Sueños

Sueños grandes y pequeños sueños
que no tienen alma, que no tienen dueño,
que viajan en nubes o gotas de fuego,
que caen desde el cielo,
en gotas pequeñas, en plan aguacero,
o en grandes tormentas de rayos y truenos.

Algunos, sueños buenos, serenos,
en los que tu eres el rey, el dueño,
del mar y del cielo, señor de los vientos.
Del amor y del fuego, de los elementos,
de las sonrisas y cuentos, vives feliz.
Eres de la naturaleza el aliento, señor
de la algarabía, el silencio y los besos.

Algunos, son malos sueños, de penas,
tristezas, de lugares oscuros,
pesadillas de muerte y perdición.
Infiernos infectos, de rabia y dolor.

Y todos caen hacia el mismo mundo
con distintos nombres bajo el mismo sol,
es el hombre quien cambia el prisma,
quien elige abismo o quien elige amor,
somos amigo mío,
tu y yo.
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Haiku

En la dehesa,
con su cuerpo de palo,
baila la encina.
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El bosque en llamas

El incendio con su furor lo fue arrasando
bajo la insolente luz de un mediodía,
las llamas el bosque fueron borrando
causándole la muerte con su cálida ironía.

El alto roble se dobló en la espesura,
el fuego voraz acabó con su existencia,
con la extinción total de su estatura
ha perdido el vergel toda su esencia.

Vuela el azulejo en busca de su nido
y llora al verlo quemado entre las ramas,
no llegará el araguaney a ser florecido
ni el turpial volverá a alegrar el alma.

Se desvanece, en tan poco tiempo,
lo que a la naturaleza costara tanto;
solo quedan las pavesas en el viento
y mis ojos tristes cubiertos por el llanto.
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Pequeña mata de encina

Coqueta y elegante
baila la mata de encina
sobre la alfombra verde.
Primorosa y fuerte,
con delicado halo,
mueve al compás del tiempo
sus caderas de palo.
Imponente y bailarina
lanza sus brazos al sol
cual criatura divina
Y allá en las alturas
despliega su copa majestuosa
que orgullosa se jazta
de sus hechuras.
-Serás centenaria
Y, para entonces,
millones de soles
te habrán abrazado
y custodiado tu estampa
cientos de lunas.
Vientos crueles
te habrán soliviantado.
Más tu leño carnoso y vetusto
erguido y sabio
en pie seguirá categórico
frente al paso de los años.

Alicia Fernández (2 de abril de 2018)
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Primavera

Le printemps : la nuit
des fleurs, la primavera:
La noche des fleurs
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Por los que saludan al Sol

Ella era frágil y prefería ser una víctima antes que una victoria. Andaba de puntillas por el mundo para evitar ser oída y jamás levantaba la voz por miedo a ser rechazada.
Ella no era más que una pequeñas silueta con miedo a ser la luz que da vida. Le gustaba permanecer en las sombras porque así podía sangrar y no ser vista.

Ella vio a un niño reír y se cansó de llorar. Quería ser la inocencia de un recién nacido y no la tristeza de un olmo que ha vivido desgracias a pares.
Ella se alzó y se enfrentó al mundo. Ahora su corazón bailaba al ritmo de los latidos y sus sentidos saboreaban las ciento y una maravillas.
Ella era fuerte y ya no andaba de puntillas, sino que saltaba para ser oída. Volaba para tocar la luz que le representaba e iluminaba aquellas sombras entristecidas.

-Por los que saludan al Sol
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Transparencies

He shatters when he
Falls, she shatters when she falls
Brush for him, mop for
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El viento

El viento ha regresado
llorando a mi ventana
revisa cada grieta,
de cierto me desgana.

El viento entra a la fuerza,
destrozando las lumbreras,
sin saber callar su queja
que parece ser eterna.

El viento me atormenta,
me pone de cabezas
estando así tan bravo
parece que me grita.

Aúlla como un lobo,
me altera me marchita,
me arranca las ideas,
el viento me las quita.

El viento está molesto
y no sé cómo aquietarlo,
está como llorando,
su voz se escucha alto.

Me implora que lo deje
rasgarlo todo un rato,
me habla, me suplica,
no puedo consolarlo.

Su voz es un lamento,
un llanto desolado.
el viento siente ahora
que su tiempo está marcado.

El hombre está borrando
memorias del pasado
destrozando cada historia
que el planeta ha cincelado.

El viento quiere herir,
devastar cada cimiento
levantado por los hombres,
que interfieren en su paso.

El viento se ha aplacado,
no quiere estar ya bravo,
por hoy se ha terminado,
se siente muy cansado.

El viento está sereno,
susurra desahogado,
calmada está su brisa
que duerme en el tejado.
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Todo lo que el mundo quiso tener

Eres universo, tierra y naturaleza.
Lo recuerdo cada vez que mis dedos
recorren tus lunares
formando constelaciones
más brillantes
que las que el cielo posee,
iluminando cada rincón
de esta triste habitación.
El multiverso de tus ojos
me convierte en una
astronauta perdida
en un mar de planetas
los cuales no albergan más vida
que la que nosotras creamos
cuando nuestras pieles se rozan.
Las venas
se marcan en tu cuerpo
como truenos,
estallando y expandiéndose bajo tu piel, creando la tormenta perfecta.
Eres poesía y canciones de inocencia.
Tu sonrisa,
la metáfora más hermosa jamás escrita.
Tu voz,
el sonido más melódico creado sin partituras.
Eres caos y perfección.
Musa y desesperación,
eres todos los antónimos registrados
en el diccionario.
Eres magia y hechizos,
mitos y misterios.
Eres provocación
y humo de cigarros.
Noches en vela buscando
versos en el fondo
de un vaso.
El universo no admite la perfección,
pero contigo hizo una excepción
y yo me dejé cegar por ello.
Decidí esconderme en los rincones
y apagar todas las luces,
fijarme en la belleza
de las constelaciones
de tu cuerpo
y taparme los oídos
para evitar escuchar los gritos
que te perseguían
por las noches.
No quise darme cuenta
del daño que provocabas.
De que en vez de reparar
almas las rompías
y arrancaban corazones
para tirarlos a las vías.
De que cruzas vidas
y cambias destinos,
cómo si de una divinidad
se tratara.
Así que traté de borrar
todos los significados
de tu nombre
de mis ventrículos,
pero recordé que estaban
grabados a fuego.
Quise arrancármelo y
sustituirlo por otro
pero comprendí que si lo hacía
te complacería y te daría
la oportunidad de tirarlo
a las vías.
Intenté tachar
todas las definiciones
y escribir otras capaces
de quemar el recuerdo
de tus huellas en mi sangre.
Y no puedo engañarme,
esto duele pero no mata.
He descubierto que
no necesito tu calor
por las mañanas.
Eres ángel y demonio.
Pero aún así,
eres todo lo que el
mundo quiso tener
y nunca pudo.
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El Límite del Bosque (parte III)

Ambos se enfrentaron. Temblaron los cimientos de la tierra y el cielo y se quebraron todos los pilares, jóvenes y antiguos. Las estrellas temblaron y la noche se deshizo en una sombra temida y terrible. Los arroyos crepitaron y sobre ellos fluyó el fuego. Los animales huyeron y murieron, y todas las hojas de los árboles cayeron pálidas y pardas sobre el suelo hendido y arrasado, convertido en ceniza.

Ella cayó sin conocer la rendición y con su último aliento derramó todas sus lágrimas hasta aquellas más escondidas, aquellas cuya existencia ni ella misma alcanzaba a conocer. Si hubieran quedado estrellas sobre aquel cielo, estas hubiesen gritado de dolor y derramado su trágico llanto sobre el mundo, pero no, no había estrellas, ni luces, ni cielo sobre aquel nuevo y negro firmamento. Ella, última esperanza, había sido derrotada por una fuerza inmensa y oscura, de fango, ceniza y oro. Ella dio su vida en el límite del bosque porque esa fue la causa y el origen de su historia, pero aquel ser capaz de agarrar el mundo con un solo brazo y de apresar la libertad con una sola de sus garras, aquel ser, sin rostro ni cuerpo, aquel ser cruzó el límite del bosque, del último bosque, alcanzando el dominio sobre el mundo.

Cuentan las lenguas de los que habitan en las raíces de los árboles que cuando aquella esperanza yacía en el suelo, ya sin fuerzas y casi sin vida, agarró a aquel monstruo deteniendo su avance durante unos segundos. Con tanta fuerza que aquel ser sintió miedo, por primera vez, se había sentido vulnerable. Sin embargo, ella perdió su último aliento en esta advertencia, en esta última y severa voluntad de justicia, un grito eterno que amenazaría por siempre el reinado de aquel ser. Su hermoso cuerpo se deshizo en un suspiro de gotas, dulces y cristalinas, que reflejaron el poder indómito de los recuerdos de un bosque y los guardaron hasta que llegase un tiempo en el que alguien pudiese encontrarlos y recuperarlos, hasta que llegase un tiempo en el que el grito del bosque despertase en las profundidades de las gargantas de los hombres y mujeres justos.

Él reinó con la dureza del hierro y el hambre sobre los cuatro rincones del mundo. El bosque murió, porque fue olvidado por todas las conciencias y la barbarie desbrozó la tierra fértil y las corrientes de agua, pero aquellos reflejos eternos estaban presentes ya en la luz de las estrellas, allá donde nuestras miradas vuelven cada noche intentando hacernos recordar quienes somos realmente.
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El Límite del Bosque (parte II)

Entonces, frente al bosque y sobre la extensa pradera de hierbas muertas, se levantó. Ella lo miraba con resignación y voluntad inquebrantable, pero no pudo evitar que las lágrimas de todos sus recuerdos le desgarrasen su mirada, sin perderlo de vista, sus ojos eran el muro y la espada, eran la última frontera, cargados de dolor y de rabia, eran la última voluntad del bosque y su última y la más fuerte de sus defensas. ¿Serviría de algo resistirse a aquella amenaza tan antigua y poderosa?

Se levantó sobre las hierbas muertas de más allá del bosque y su piel era de ceniza. Ella no cedía. Levantó su cabeza y sus ojos eran de llamas. Ella dio un paso al frente. Él habló y su lengua era vieja y su voz de acero forjado y muerte. Ella sonrío con fuerza primaveral, mientras que sus dos últimas lágrimas cayeron, humeantes, contra el suelo. Él tenía un aliento de humo que asesinaba el aire, él tenía un cuerpo de fango y ceniza que marchitaba todo cuanto existía: el verde de las hojas y el marrón de la tierra, la agilidad del viento y el azul del cielo, la música de los ríos y las aves y las transparencias y las luces de sus aguas. Él era la muerte y el yugo, las cadenas y el silencio, la desolación y el olvido. Ella solo era el último bastión del último bosque virgen que quedaba en toda la faz del mundo.

Ambos se enfrentaron. Temblaron los cimientos de la tierra y el cielo y se quebraron todos los pilares, jóvenes y antiguos. Las estrellas temblaron y la noche se deshizo en una sombra temida y terrible. Los arroyos crepitaron y sobre ellos fluyó el fuego. Los animales huyeron y murieron, y todas las hojas de los árboles cayeron pálidas y pardas sobre el suelo hendido y arrasado, convertido en ceniza.

Ella era firme, fuerte y no cedería, él tenía un gran poder, el poder de las voluntades robadas y de las tierras usurpadas, ¿conseguiría derrotarla?
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El Límite del Bosque (parte I)

Ella no tenía nombre o no era capaz de recordarlo, tal vez nunca llegó a memorizarlo. Ella solo había visto su claro rostro reflejado en la superficie de las negras aguas de la noche, pero ella sabía quién era, aunque jamás se había visto, aunque jamás había sido llamada. Y, sobre todo, conocía la causa que le daba la vida. Ella le cantaba a los árboles del bosque, ella le susurraba a las hojas del otoño y a las piedras de los arroyos, ella golpeaba a las nubes del cielo y a las raíces de la historia, ella podía perseguir a los árboles del desierto y encontrarlos, verdes y frondosos. Pues, ella era la voz y el grito del bosque y también los puños y las garras de la tierra.

Sin embargo, un día, tras la lluvia y tras el alba, no hubo un amanecer. Las sombras habían alcanzado el suelo del bosque y los árboles habían dejado de cantar. Todo era oscuro y cruel, todo estaba estremecido por el terrible silencio de lo que espera la llegada del final. Y ella vigilaba y guardaba las puertas del bosque, porque sabía que ese último día, en el que se juega el destino, estaba a punto de llegar y que pondría fin a su historia, a nuestra historia.

Entonces, frente al bosque y sobre la extensa pradera de hierbas muertas, se levantó. Ella lo miraba con resignación y voluntad inquebrantable, pero no pudo evitar que las lágrimas de todos sus recuerdos le desgarrasen su mirada, sin perderle de vista, sus ojos eran el muro y la espada, eran la última frontera, cargados de dolor y de rabia, eran la última voluntad del bosque y su última y la más fuerte de sus defensas. ¿Serviría de algo resistirse a aquella amenaza tan antigua y poderosa?
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Hojas y Saturno

Verde, marrón y azul. Hojas, madera y agua. Mis pulmones aún guardan suspiros de selva, de torrentes indómitos, de energía ciclónica.

Giros y quiebros en el vuelo. Caídas en picado, pero sin llegar a posarme en el suelo. Sólo vuelo.

Los amores no acompañan, arrinconado queda el deseo en un baúl. Esperando a que la suavidad lo envuelva.

Me multiplico en millones de gotas. Me filtro. Me disuelvo.

Choco y salto entre las rocas, sueno a fuego hecho líquido. A humo que abraza como carboncillo todos los poros de mi cuerpo.

Seguiré flotando en el espacio, bailando entre Saturno y Neptuno, deslizándome por sus anillos, perdiendo la noción del tiempo.

A gritos silenciosos clamé cariño, verdad. Me quedé en el baúl, esperando a que la suavidad me envuelva.
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El nacimiento de Verdad

Fue un parto múltiple.
Mentira nació primero:
'Estoy sola, dijo'

Verdad, su hermana, no fue evidente.
Nació pequeñita,
lejos de ser un parto natural.

La esclavitud tecnológica
marcaba, con estadísticas, que no era el momento.
Sin señalar el sufrimiento real, mentía.

La lucha y desgaste de la Gran Madre
fue colosal:
triunfó.

*

No se gobierna inocentemente.
La globalización es una ficción,
desigual y famélica.

Una unidad descompuesta:
los gordos aumentan, se extienden.
Indecente condición del mundo.

Mentira es feliz.
La celebración gozosa,
desafiante de la ignorancia.

Babosas interrelacionadas,
globalizadas, ignorantes y marrulleras
por vocación, gusto y descaro.

Vagas élites religiosas, arrogantes,
responsables de la pobreza y la ignorancia
nos despojan de todos los derechos, bajo palio.

Cadena hereditaria de desigualdad y dinero
que no se rompe -recuerda Mentira.
Porque la gente no se atreve -replica Verdad.

*

Mentira dice: 'No hay posibilidad de transformación, es lo que hay'
Verdad lo niega: 'Sí, se puede'

La chulería se confunde con valentía,
la mala educación con campechanía.

Lo irreverente con rebelión,
la disensión con traición.

Cada latido de la putrefacción
en el corazón.

*

Una guerra contra la tierra
para alimentar a holgazanes.

Al final, Verdad solo nos mirará las manos
para ver qué tipo de humanos fuimos.

Salvajes
o temerosos a la llamada de lo salvaje.
La alegría está en ser.
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Antes del Alba

Que me sostenga tu aliento
Que me sostenga la noche
Que me detenga tu sueño
De pinos y bosques

Todavía me acuerdo
de cuando comenzó el mundo
y éramos peces nómadas
buscando alimento

Recuerdo nuestro camino oscuro
los mantos estelares
de las luciérnagas cuando cantaban
pero eso fue hace ya tanto…

Donde estaba el océano
ahora hay concreto
ahí donde se ocultaban
los felinos queda su lamento

Entre los árboles,
donde pernoctaban los
mamíferos gigantes,
sólo hay nubarrones

Son cúmulos tristes
que ya no alimentan a nadie
ni al río, ni al pozo
se han bebido todo
en busca de oro

Y todavía me acuerdo
que ahí donde observas
tu dichosa morada,
había un espino que albergaba
a una serpiente de mil vidas
que se estiraba preciosa
cuando el sol se ocultaba

Yo me acuerdo tierra amada
de cuando sólo éramos
peces, yo me acuerdo…

De antes de mis manos
De antes de mi cuerpo
De antes de la noche
De antes del alba.
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Tránsito

No dejes de mecerme
mar infinito,
que tu vaivén de agua
duerma el transitar loco
de mi destino.

No dejes de arrullarme
campo de flores,
que tu nana de pétalos
calme las negras ansias
de mis temores.

No dejes de besarme
viento del norte,
que tus labios azules
traigan hasta mis labios
su dulce nombre.

No pares de llevarme
río de la vida,
hasta alcanzar contigo
del mar definitivo
la blanca orilla.
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Parque hoy y ayer

El sol calentando otra vez,
los cantos de los pájaros
alegría dejan ver.

Se cuentan dos, quizá tres,
de mayo caládos, quizá diez,
quiere el verano asomar.

La gente pasea, habla,
los perros juegan igual,
los pájaros cantan también.

La banda sonora natural
"Piar de las aves cien"
Los perros se suman al ladrar.

A los perros y pájaros sin más
debemos los murmullos sumar
y así comienza la tarde a hablar.

Así, la bella realidad,
canta, pía y ladra, no más,
Salvo el ruido de algún coche
al pasar.


Cuando pasees por el parque... Atrevete a escuchar...
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Mientras todo pasa y nada queda

Mientras la belleza lentamente se desvanece,
mientras cada hoja, cada planta y cada rama
lloran por una gota de agua.

Mientras cada una de las aves del cielo
guarda silencio para no espantar el recuerdo
de la lluvia que está por venir.

Mientras la sangre es el único arroyo que fluye
y la sombra la única luz que brilla.

Mientras nada tiene sentido, ni la razón ni la cordura.
Mientras las miradas no ven, los corazones no sienten
y las gargantas duermen.

Mientras las encinas mueren invisibles,
los arroyos secos gimen y el bosque pide clemencia.

Mientras los ojos humildes se secan
contemplando el océano de sus propias lágrimas,
a la vez que sus últimas lágrimas se deslizan
por su piel labrada.

Mientras la juventud duerme con corazones viejos
y decrépita cordura, las bocas ancianas hablan,
sin ser oídas, con más juventud en su melancolía
que pasión en nuestros jóvenes cuerpos.

Mientras todo pasa y nada queda,
nuestra tierra conserva empuje y fuerza
para florecer, brotar y dar sus frutos.
Por eso, os llamo flores, musas y poetas
y os invito a resistir frente a la sombra y a la muerte.
Yo os invito a la mayor de las locuras:
a la de enfrentarnos a la nada
en la que el mundo se va convirtiendo.

Mientras todo pasa y nada queda,
prometamos resistir,
incluso, cuando no haya motivos
para la esperanza.
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