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Infieles astrales

Dejamos dejamos la tv encendida, las cortinas entre abiertas y el todo en los pómulos de la incertidumbre, un beso volcánico en los glúteos de la noche, mientras la razón danzaba en los genitales de la locura. Entre miradas que se diluían en una desnudez precipitada el corazón desde una micro SD de 8 GBS optó por dormirse, y salimos de ese cuarto oscuro donde colgamos la piel en el frío del espacio, para olvidarlo todo incluso nuestra existencia, y cruzamos el cableado, la radio, los posters, las personas que confusas caminaban entre la espesura, nos besamos, nos miramos, la luna no estaba, éramos dos almas, dos avenidas paralelas, un par de velas derretidas, o algo más que un par de lenguas rotas y asfixiadas, nocturnas, insípidas e incoloras como el agua o el viento, tan perdidamente encontrados en cada taza de té que Laura prepara, en las todas de Juan o en los calcetines de Fernando, estuvimos en todos lados en las migajas de Gretel, en los brazos de una Alicia que muere en la país de las maravillas, en la caja de Pandora de Sabina o en los tobillos de Jackson, tal vez nadando como peces tras las abejas irritadas de Bécquer, de tú, de yo, de nadie, explorando el universo en los laberintos de la humanidad nos convertimos en los dioses de nuestras fantasías y de este secreto que nadie imaginaría. Mañana amanecerá y regresaremos a nuestras vidas, yo bajo las mismas sabanas de Laura, ella junto a las almohadas de Fernando, locos porque caiga la noche para desdoblarnos otra vez
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Poema de anoche

Anoche te vi
mis párpados oscuros
soñando inquietudes
de niños desnudos.

Anoche te dije
saborear nostalgias
repleta de besos
y nuevas madrugadas.

Anoche te quise
claro abrazo nuevo
robando la luna
bailando en deseo.

Anoche te fuiste
y no pude despertar.

Fragmento de CLARA ~ Cuentos & Poemas
Susana Illera Martinez
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Poémulo

Unas letras juntas hacen poema,
que diga quien sepa rimar
penas, noches, luz de velas,
y el aire azul del blanco mar.
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Noches

Noches quizá en una especie de lucro
de duelo y de soledad.
Vacías palabras escriben y regresan
solemnente sin tener siquiera prosperidad.
Noches oscuras, escasas, raudas y sin ánimo a brillar
Así son las mentes de muchos los cuales no se atreven a caminar.
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2comentarios 41 lecturas versolibre karma: 89

El lobo y la luna

Aullaba el lobo a su luna
que estaba radiante y de amor llena
la admiraba con locura de noche
la esperaba ansioso de día...

Y en la soledad la amo
dejando una noche muda
con tantos versos secretos
donde erraba sus rimas
deslumbrado por su luz
queriendo recitarle poesía…

Por admirar su nobleza
bajó una noche, curiosa la luna
una en la que fue y se sintió nueva
y a oscuras mientras él dormía
sintió frío de su insomnio
y a su fiel lobo soñando
bajo las estrellas se abrazó.
(Lola)
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11comentarios 150 lecturas prosapoetica karma: 95

La noche con su cara cuadrada

La noche con su cara cuadrada,
dibuja en mis pupilas,
algoritmos y escala de números.

Sus ojos numéricos me miran fijos,
escrutan cada uno de mis movimientos.
La noche hoy se hizo cuadrada,
todo es número en sus espacios...

La noche cuadrada tienes sed
de mis versos,
quiere descansasr de sus operaciones matemáticas,
dejar sus ángulos y rectas
sus parábolas y sus hipotenusas.

Esta noche de verano
tan extravagante
y peculiar;
ella, mi noche, camina a pasos gigantes
para alcanzarme.
Me quiere tocar con sus manos gigantes.

Noche cuadrada, espigada
Llévate en tus tablas de resta mis penas.
Yo apaciguaré el desborde
de tus números y problemas,
en mis serenos versos.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados/copyright
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Divinas luces

Dicen,
que se fugaron rebeldes estrellas
por una esquina remota,
en una noche recién atardecida.

Dicen,
que inclinadas detrás de la luna,
contemplaron pupilas encendidas
de negro fuego y traslúcida pasión.

Dicen,
que tan inmenso era el resplandor,
que voluptuosas soñaron
con ráfagas de aliento moliendo sus puntas.

Dicen,
que ya nunca reposan,
que sólo son brillo de miradas
hermoseadas con legítimo arrebato.

Dicen,
que ya no naufragan por el espacio infinito,
que ya no irisan las noches de una adormilada luna
ni se ocultan de la luz.

Dicen,
que ahora son negras,
horadas por sudor y
que huelen a victoriosa vehemencia en libertad.

Dicen,
que celebran el tiempo
y festejan al ritmo de la sangre.
Que son la claridad de cada muerte chiquita.


Imágen: By Anders Røkkum
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13comentarios 138 lecturas versolibre karma: 106

Gente...

Hay gente allí afuera
gente que camina sin mirarse
que piensa sin hablar, gente...

Gente, caminando junta
y a millones de pensamientos
de distancia…

Gente, como todos
cuando pisamos la acera
y todo olvidamos
para hacernos la carrera
y su rutina…

Gente, que va y vuelve
que no se detienen
que llevan la mente ocupada
y el alma atrapada
muerta de frío
vacía y olvidada…

Por eso cada noche
yo me escapo
para mirar en la oscuridad
donde de día no camino
no veo a nadie
y en silencio
a la acera desolada
yo entonces
esperando que me escuche
le hablo… (Lola)
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9comentarios 122 lecturas versolibre karma: 124

Ámame...

Ámame…
tanto como puedas
tócame esta la puerta entreabierta
bésame que tengo sed de tu lengua
entrame que mi vientre quema...

Ámame
que ésta es la última noche
que se vista de fiesta
mientras otros duermen
vos y yo
amándonos en la hoguera
muriéndonos trasnochados
bebiéndonos embriagados
sabiéndonos boca abierta
terminándonos entrepiernas...

Ámame
y luego, sigue amándome
en tus sueños
en tu mente
en tu cuerpo
en mi leña… (Lola)
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3comentarios 156 lecturas versolibre karma: 91

Noche sin Luna...

Hoy la
Luna,
esta
envidiosa
de ti...

Esta
noche,
no ha
querido
salir.

Por esa
luz, que
tú tanto
desprendes.

Y la
noche...

Triste
y gris
se ha
quedado...


© Derechos de autor
Isa García
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2comentarios 70 lecturas versolibre karma: 84

Malas noches

Subió a las alas
de aquel viento azabache
aquella noche
de oscuro resplandor,
el ser durmiente
que aún duerme en la piedra
su arcano sueño;
sueño negro de luz.
Guijarro blanco
la luna mustia e hirsuta
dormía oculta
bajo sábana oscura.
¡Relincha un astro!
¿Y será el firmamento
un ancho establo?
Un establo inmortal.
Dardos letales
lanzas o pesadillas,
se vive o muere,
sacrificio en la roca,
árido lecho;
y el firmamento todo
es la impasible audiencia.




~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Métrica 5-7,5-7,5-7....5-7-7
Similar a un Chöka
pero con sobredosis
de rimas asonantes ;)

@AljndroPoetry
2018-jul-16
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24comentarios 158 lecturas versoclasico karma: 94

Caen las estrellas

Gimen las crías que sólo esperan,
golpean los mares las rocas del silencio...
caen las estrellas al fondo de la noche
para hacerse un manto lleno de deseos nuevos.
Y todo queda a oscuras,
hasta mi propio empeño en ser alguien que no soy...
y siento, muy despacio, uno tras otro,
los latidos de mi corazón.
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11comentarios 115 lecturas versolibre karma: 102

Luna

Testiga fiel de tristezas y melancolía
guardiana de sonrisas y alegrías
astro inspirador de imaginaciones
a ti escribieron mil canciones.

Y esos tristes versos
de poetas inmersos
en soledad y sufrir
hoy, finalmente, los comprendí.
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No consigo olvidarme de ti

He estado reflexionando, preguntando, buscando en todas partes algo que me haga dejar de sentirte dentro de mí.
No lo he conseguido.
Me he echado la culpa a mí.
¡Por tonta! ¡Por tonta! ¡Por tonta!
He sacado mis sentimientos, los escribí en un papel y los quemé.
Tampoco funcionó.
Entonces le pedí a las estrellas, a la luna y al cielo nocturno que por favor fuera yo por la que quisieras venir.
No pasó.
Harta de sufrir intenté entender qué es lo que me gustaba de ti, y no encontré nada.
Busco y busco pero no hay nada.
Solo sé que hay amor.
¡Si no hay nada no hay amor!
No paran de repetirlo en todos lados.
Si no hay amor, que alguien me diga qué es la pena y qué es el dolor.
Si no hay amor, decidle a esos ojos que no me miren más por favor.
Si no hay amor
¡Ay si no hay amor!
Si no hay amor,
Entonces no hay ni tú,
Ni yo.
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2comentarios 56 lecturas prosapoetica karma: 65

Ella siempre lo está

—¡Oh! ¡Estás aquí! ¡Cuántas ganas tenía de verte! —exclamó Ella.
Él, apenas una silueta en la noche, la miraba desde su posición sentado en la arena. Una vez más, había hecho todo lo posible para no faltar a su cita con Ella. Y una vez más, allí estaban los dos frente a frente.
—Te noto muy cambiado —dijo con seriedad—. Puedo verlo en tus ojos.
Él esbozó una pequeña sonrisa que acabó convirtiéndose en una mueca vacía. Seguía sin apartar la mirada de Ella, pero no dijo nada. Era una noche apacible, como suelen serlo las noches de finales de julio y principios de agosto. No hacía nada de frío. Y sin embargo, su piel estaba erizada y un ligero temblor sacudía todo su cuerpo.
—Lo estoy —dijo finalmente. El agua de las olas que rompían en la orilla iba y venía acariciando sus pies, lo que le proporcionaba una sensación relajante—. Y tú lo sabes muy bien —le reprochó.
—Claro que lo sé. Sabes que yo lo sé todo de ti. Y por eso sé que estos últimos meses han sido difíciles, ¿no es así?
No contestó. El brillo que asomaba en sus ojos y la lágrima que comenzó a caer tímidamente por su mejilla lo hicieron por él. Luchaba con todas sus fuerzas por mantener el tipo, aunque no era la primera vez que Ella lo veía así.
—Adelante —dijo Ella con su voz dulce y reconfortante—, desahógate sin pudor. Ya sabes que a veces es necesario.
Por un momento apartó la mirada de Ella y contempló la inmensidad del cielo. Miles de estrellas dotaban al firmamento de una belleza abrumadora. Y eso le hizo sentirse aún más frágil e insignificante.
—Dime, ¿qué sientes ahora hacia ella? —le preguntó—, ¿rabia? ¿pena? ¿dolor? Es normal sentir alguna de esas cosas. O todas. Es lo que toca en estos casos. Y tú eso lo sabes mejor que nadie...
—Decepción —dijo volviéndose bruscamente hacia Ella. Su voz quebrada desgarró el aire en la noche—. Lo que tengo es un sentimiento de infinita decepción. Solo eso. Nunca podré odiarla —dijo agachando la cabeza, abatido —, pero no puedo evitar sentir que me ha defraudado.
Después volvió a mirar al cielo. Ya no había brillo alguno en sus ojos. Estaban tan secos como su alma.
—Habías puesto mucho en ella, ¿verdad?
—Lo había puesto todo —y al decir esto sintió una punzada de dolor en el pecho, un afilado puñal atravesándole el corazón—. Y si no todo, demasiado.
—Nunca es demasiado.
—Sí que lo es —apretó con fuerza los puños sin apartar la mirada del cielo—. Y te juro que nunca volveré a cometer el mismo error.
—¿Ah no? ¿No lo harás?
—No —el volumen de su voz había descendido considerablemente y su respuesta sonó como un murmullo casi inaudible.
—Ya... —ambos quedaron en silencio por unos segundos—. Eso mismo me dijiste una vez —sentenció Ella.
Hubo otro silencio aún más largo, tan solo interrumpido por el tímido susurro del mar.
—¿Es que ya no te acuerdas acaso de la primera vez que nos vimos aquí? —retomó Ella—. Siete años han pasado, pero yo lo recuerdo como si fuera ayer. Tú estabas ahí sentado, en el mismo sitio que ahora. Unos meses antes te habían partido el corazón por la mitad, y me juraste, igual que acabas de hacer hoy, que nunca volverías a dar tanto por nadie —él, con los ojos cerrados, visualizaba aquel momento enterrado en lo más hondo de sus recuerdos—. Pero mientras me decías todo eso yo la veía a ella y veía la ilusión que había en tus ojos. Esos mismos que ahora están apagados. Porque la semilla de algo nuevo estaba germinando en tu vida. Y aunque querías afrontarlo con todas las cautelas posibles, en el fondo tu corazón, ya recuperado, te pedía a gritos que le dejaras a él tomar las riendas. Y al final fue lo que hiciste. ¿Y no han sido maravillosos los años que han venido después gracias a aquella decisión?
—Sí —murmuró a regañadientes como un niño que le contesta a su madre sabiendo que lleva razón—. Pero...
En ese instante una estrella fugaz cruzó el cielo de lado a lado y ambos quedaron callados durante unos segundos, contemplando cómo su larga estela llameante se perdía en la bóveda celeste.
—¿Ves todas esas estrellas? —dijo Ella al fin— ¿Ves la intensidad con la que brillan? La inmensa mayoría de ellas hace mucho que murieron pero vemos su brillo porque están tan lejos que la luz que emiten tarda miles de años en llegar a nosotros. ¿Te das cuenta? El brillo que desprendían se observa miles de años después de su muerte. Como una huella que permanece inalterable a lo largo del tiempo para que recordemos que una vez estuvieron ahí. Lo mismo ocurre con los grandes momentos que vivimos. Estos también dejan su brillo cuando pasan. Su huella. Y ese brillo permanece en nosotros a lo largo de toda nuestra vida. Es con ese brillo con lo que tenemos que quedarnos. Y con nada más.
Mientras la escuchaba, cogía puñados de arena y la dejaba escapar entre los dedos, como tantas cosas había dejado escapar de su vida. Unas de forma voluntaria, otras, la mayoría, sin apenas haber sido consciente. O habiéndolo sido demasiado tarde como para impedir que sucediera. Se quedó mirando una de esas estrellas pensando en lo que Ella le acababa de contar. Irradiaba un brillo blanco muy intenso, casi cegador. Le entristeció la idea de pensar que ya llevaría miles de años muerta. Pero le reconfortó saber que su brillo aún seguiría ahí para poder ser contemplado durante muchos años más.
—Y entonces dime, ¿sigues pensando igual? —la pregunta lo sacó bruscamente de sus pensamientos—. ¿Sigues pensando que no vas a volver a mostrarte tal como eres ante nadie? ¿Que no vas a volver a darlo todo por alguien? ¿De verdad piensas así?
Dejó caer la arena que quedaba en sus manos y la miró. Pero algo nuevo había en su semblante. Sonreía, pero esta vez lo hacía con los ojos, y éstos volvían a tener luz en su interior. Una luz clara y llena de vida.
—Sabes que no —dijo con decisión—. Sabes que voy a volver a sentir ese cosquilleo en el estómago cuando alguien empiece a gustarme. Y que voy a volver a hacer las típicas tonterías como acompañarla a su casa, o ir a un sitio solo porque sé que va a ir ella también —su voz se iba reforzando con cada palabra—. ¡Pienso besar como aún no he besado a nadie en mi vida! ¡Y sentir cómo se eriza de nuevo mi piel al contacto con otra piel desnuda! ¡Sé que voy a volver a experimentar la emoción de disfrutar de un cuerpo nuevo por vez primera! ¡Y que volveré a abrazar a alguien de esa forma en la que el resto del mundo desaparece! ¡Pienso…
—¡Vivir! —lo interrumpió Ella—. ¡Piensas salir a vivir!
—¡Así es! —exclamó eufórico. Pero entonces un atisbo de duda cruzó por su cara un momento—. Aunque de nuevo estaré corriendo el riesgo de volver a caer...
—Ese es el precio que se paga por vivir la vida al máximo —contestó Ella con voz firme—. ¿Y no crees que merece la pena correr el riesgo?
Él desvió su mirada hacia la oscuridad del horizonte y respiró profundamente.
—Por supuesto que lo merece.
—Bien —dijo Ella complacida—. No sabes lo mucho que me alegra oírte decir eso.
Volvieron a quedar en silencio. De repente las estrellas parecían brillar con una fuerza y nitidez como nunca antes las había visto. Notó una suave brisa acariciando su cara y eso le hizo sentirse más vivo que nunca.
—¿Te volveré a ver el año que viene? —preguntó Ella.
—Sabes que sí.
Y el reflejo de su sonrisa le iluminó la cara.

*

Justo en ese instante alguien llegó por detrás de él y se sentó a su lado rodeando su cuello con el brazo.
—¡Hey tío! ¿Qué haces aquí tú solo?
—No sé —se encogió de hombros—, haciendo balance supongo.
—¡Pues deja ya de hacer balances y vamos a bañarnos! ¿no? ¿Qué sería de esta noche sin nuestro tradicional baño nocturno?
En ese momento varios de sus amigos pasaron corriendo cerca de ellos en dirección al mar. El amigo que se había sentado a su lado lo miró con complicidad y se levantó para ir tras ellos. Las risas inundaban el aire de la cala.
—¡Claro! —dijo al tiempo que se incorporaba—. ¡Vamos a bañarnos!
Cuando estaba entrando en el agua la miró por última vez. Su amigo, que estaba ya dentro, lo vio mirando al cielo y miró también, extrañado.
—¿Qué miras? ¡Ah! ¡Pero si tenemos luna llena! —y todos volvieron sus miradas también hacia Ella.
—¡Qué bonita está! —dijo una chica del grupo.
—Sí que lo está —dijo él suspirando—. Ella siempre lo está.
Y se internó finalmente en el agua, llegando a donde estaban los demás. Pero ya no era él sino una persona completamente nueva.
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4comentarios 58 lecturas relato karma: 64

Leve intoxicación puntual

Estaba oculto en el baño
como colegial que fuma a escondidas
(sin soltarla) batiendo la puerta
para difuminar aquel extraño olor
el rancio tufo a yerba cocida
o el penetrante hedor a tabaco de brujo de Sorte
—y... lo confieso— un pedo que sin querer se me había escapado
follando el descuidado esfínter.
Con todo y eso
a pesar de mis esfuerzos vanos
un delicado tul de llovizna
sostenido en puntillismo
seguía envenenando el aire
alienando mis neuronas
mareando al claro peso de la razón
persuadiéndome así
en ver pequeños enanitos verdes
que sé muy bien que no están ahí
asomándose tétricos
entre los untuosos cabellos de la noche.-


@ChaneGarcia
...
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2comentarios 32 lecturas versolibre karma: 68

Perseidas

Hoy es noche de estrellas fugaces.
Desde que los humanos aprendimos
a pensar en forma de tinta
muchos ojos han mirado al cielo
y han dejado por escrito
que creían que aquellos brillos
eran lágrimas de dioses.
Luego aprendimos y supimos
que eran meteoritos,
pero yo esta noche
solo he podido ver
rocas con alma de lluvia
y hambre de infinito.
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sin comentarios 23 lecturas versolibre karma: 75

... y despierto

Las alas de la noche
aletean en los oídos
del insomnio,
la luna es un saltamontes
brincando
de cordillera en cordillera;
el cuchillo del silencio
rompe el vidrio
de la cicatriz de mi sueño,
guillotina entre dos mundos,
veneno que batalla
en contra o a favor
de lo que sería,
desde lo que es;
el mar
transpira por cada poro
de mi inconsciencia,
se astilla
el péndulo del tiempo,
mientras nado contra marea
hasta la orilla de mí mismo;
el yo despierto
me rescata,
y con sus mil picos imaginarios
me da respiración de boca a boca;
... y despierto.




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@AljndroPoetry
2018-jun-18
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36comentarios 201 lecturas versolibre karma: 97

La pradera que se esconde en la ciudad

Cuando la noche
En la ciudad cae
De otros tiempos
Escucho

Las cautelosas pisadas
De los ciervos

El murmullo
Del arroyo

La respiración
Acechante del jaguar

El alborozo
De los árboles
Que comparten
Su sombra

El viento
Que acaricia
La maleza

El lejano canto
De los aborígenes
Que adoran al sol
Al fuego
Y a la lluvia

Cuando aparecen
Las primeras luces
Del nuevo día
Oigo el ruido
De autos
Camiones
Máquinas mezcladoras
De cemento






Del Poemario Palabras que regresan
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4comentarios 88 lecturas versolibre karma: 95

Sin título...

La luna, todas
las noches es
testigo.

De todos esos
poemas, que yo
a ti te escribo.

Al anochecer...


© Derechos de autor
Isa García
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5comentarios 49 lecturas prosapoetica karma: 93
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