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Que la noche

Que la noche
nunca llegue.

Que la noche
no se vaya nunca.

Que la noche
nos susurre deseos
envenenados con bajas pasiones.

Que la noche
abrace nuestro azul
con luces de media luna
y llena de estrellas.

Que la noche
dibuje en su aire
nuestros sueños
y ni el rocío los empañe.

Que la noche
se cruce
colmada de un mañana
que bese
el para siempre más sincero.

Que la noche
nos señale la puerta correcta
y el sendero más despejado.

Que la noche
no duerma
y nos mantenga
con los ojos cerrados.

Que la noche
de rondas
con niños alados
saltando y cantando.

Que la noche
nos explique
el miedo más profundo
y nuestro reflejo en él.

Que la noche...
Que la noche...
Todo lo pedimos a la noche
y la noche cumple
sin preguntar siquiera,
sin sospechar
que nosotros,
somos todo lo que oculta
y hace a su oscuridad.
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8comentarios 162 lecturas versolibre karma: 83

Rubaiyat

Es serena la noche y sus estrellas
la luciérnaga es tiernamente bella
es divina la noche y sus temores
es pristina la luna que destella.

La serena alegría en la alborada
y los pájaros cantan su tonada,
y ese viento soplándome la frente,
y ese sol, fantasía ya soñada.

Al llegar mediodía, la tristeza
ya se esfuma, brillando sin torpeza
el ardiente y flamante rey astral,
hasta el cénit espléndido. ¡Altiveza!


@SolitarioAmnte - x/17
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4comentarios 66 lecturas versoclasico karma: 83

Espíritu escanciado

Morada de estampa hipnótica
en paraíso clónica.

Te perdí,
pero mi alma sigue allí.

¡Espartana batalla
por regentar tu aura!

Amor hermético al olvido,
amor jamás derruido.

Pareidolia en realidad,
tengo que soñar.

Mi espíritu navega escanciado
fiel a su pétreo pasado.



El espacio está frío,
el sendero abstraído
pero voy sin extravío.

Enaguas de batista sobre mis piernas
de olor a madreselva.
Luciérnagas
en mis pies…

De noche
mi ser deambula en el jardín,
descreído del destino vil.

Cede la verja argentada,
braman las ramas,
el mirlo en regocijo grazna
pero ellos no acusan mi llegada.

Marisa Béjar.
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3comentarios 68 lecturas versolibre karma: 79

Besos furtivos

Se enciende la noche
de lunas y estrellas,
y brillan sus ojos
como bellas perlas.

Miradas sutiles,
quizás indiscretas,
que turban su cara,
azoran e inquietan.

Se ignoran discretos,
venciendo sospechas,
porque por sus mentes
ya fluye una idea.

Y al salir del bar,
siguiendo sus huellas,
tras volver la esquina
percibe su estela.

Persigue un impulso,
la pasión secreta,
que abrasa su espíritu
al tenerla cerca.

Encuentro furtivo
que enciende la hoguera,
del feroz deseo
de bocas sedientas.

El tacto de labios,
la lucha de lenguas,
que húmedas se incendian
con suma cadencia.

Por los callejones,
entre finas nieblas,
se ocultan las sombras
de un par de siluetas.

Y en el tiempo oscuro,
en la noche negra,
dos cuerpos unidos
juntos se calientan.

El instante mágico,
letra de un poema,
cuando dos amantes
se besan y besan.
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Lecho de recuerdos

Mis dudas se convierten en desastre,
jugando con mi corazón cobarde,
no sé de que hago alarde,
si me deshago cada tarde
en tus recuerdos.

Y cada noche es un incendio
en este catre,
donde escribo en silencio
cada frase del sepelio
de la vida que nos parte.

Y ya no puedo más...
solo espero que no leas estos versos,
que no lleguen las notas de los lamentos
de los pasos tan lejanos en el tiempo,
de los besos que dejaron tantos huecos.

Y me arropo entre las sábanas
con cicatrices en mi pecho,
rodeada de todas mis máscaras,
abrazándome este corazón maltrecho,
vadeando los escombros de la catástrofe.
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Inventario

Un día decidí
Concederle una entrevista a mí me memoria
Para hablar de todas aquellas cosas
Que me recuerdan a ti

Los abrigos verdes
Los ojos rojos
Poner la tele
Y quedarme solo

Escuchar a Bob Dylan de fondo
Y pensar en pistas de baile
En las que no baila nadie
Si llueve, prácticamente todo

Encontrar cepillos de dientes
Sentados al lado del mío
Contestar postales sin remitente
Con solo tres puntos suspensivos

Tomar como ciertas contradicciones
Dar las buenas noches
Tragando pastillas de cafeína
Y dar por perdida
Cualquier llamada a partir de las doce


Finalmente, esperar a que se apague la luz
Maldecir el pronombre personal tú
Y Soñar despierto al acostarme
Con almohadas sin el olor de tu pelo
Con silencios sin mensaje
Para ver si así finalmente
La noche se calla
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3comentarios 60 lecturas versolibre karma: 87

A Luna

Hoy no gastaré palabras
al mirar por la ventana.
Todo lo que murió anoche
podrá revivir mañana.

Hoy solo puedo callarme
mirando al cielo estrellado.
Si tú no lo ves conmigo,
si tú no estás a mi lado.
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Dos pájaros al vuelo

Calma respira en tu cuello
al tiempo que ruje tu corazón.
Se funde mi cuerpo en el calor
que sale desprendido de tu pecho.

Se corta mi aliento.
Oscurece mi respiración.
Suena fuerte un tambor
allá por mis adentros.

Acelera como el fuego,
como una llama en primavera.
Una caricia del viento
acecha por nuestras venas.

Dos pájaros al vuelo.
El viento y la hierba.
Se esconde en tu pelo
el valor de una estrella.

Reflejan mis ojos
la luz escondida.
El tiempo se muere,
se escapa la noche.
Se para la vida.
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2comentarios 47 lecturas versolibre karma: 87

Más allá de la verdad

Más allá de la verdad
se encuentra la mentira cotidiana
que disimula con una sonrisa
el vacío de su desdicha.

Ahí es donde la noche es cobarde
y no puede mirarnos a los ojos,
es taciturna en su desvelo anunciado
solo sobrevive por los ladridos de los perros
que en su alerta pregonan la rebeldía
de aquellas estrellas que saben esconderse
entre las nubes oscuras de un pensamiento lejano.

Solo tu mirada eterna atrae a mis recuerdos
esos que me reclaman por lo mal que en la vida
he querido a todos,
solo en esa pausa inmediata y fría
he sido capaz de contemplar a mi cuerpo
y mirar las consecuencias de un rechazo lastimero.

No necesitan decirme que el odio envenena
a las palabras, lo sé porque a cada una de ellas
el rechazo es más poderoso que una vista
que disimula ser ciega.

Quisiera poder leer solo alegrías,
pero nada puedo hacer por ti en este día,
tendrás que sobrevivir como yo a esa mañana fría
que nunca se apura por amanecer radiante.

Quisiera poder alejarme de las penumbras
de la cruel pesadilla
pero nada puedo hacer si tu dolor no se olvida.

Más allá de la verdad
se encuentra la mentira cotidiana,
ahí es donde la noche es cobarde
porque no puede mirarnos a los ojos
y robarnos lo que nos queda de alegría.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
12/09/2017.
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6comentarios 136 lecturas versolibre karma: 84

Noches blancas

Se asoma la noche con su blanquísimo abrigo sorprendiendo al farol en su amena charla con los árboles de su barrio. Conversan sobre caprichosos copos de nieve, y de niños juguetones que construyen sus blancos muñecos, con escobas, sombreros, y pipas viejas. Hablan de parejas de enamorados que se sientan en las bancas del parque a jurarse sus amores eternos. De lejos se asoma el viento, silbando cánticos de invierno y danzan los árboles tomados de las manos de sus níveas ramas. El farol prende su antorcha y los pajarillos acurrucados en sus nidos cantan nanas a sus hijos hasta verlos dormidos. Una manta de bruma lo envuelve todo, envuelve al viento, su silbido, a los pajarillos y a sus hijos dormidos. Tan gélida es la noche que ni la blanca luna asoma su redonda cara, se queda en cama, recostada sobre almohadas de esponjosas nubes en cubiertas de nieve.

Duerme la nieve
sobre los fríos árboles.
Vela el farol.


@SolitarioAmnte - viii/17
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10comentarios 128 lecturas prosapoetica karma: 92

Noche

Se cruzan los vértices más oscuros
En donde la luna sale de día
Donde las manos recorren todo el cuerpo dormido
Y beben en festejos heterogéneos y efímeros

De champagne barato y drogas de diseño

Se regodean de éxitos y promesas hechas en vano
Ahora beben de un whisky un poco triste
que se hizo agua de tanto esperar

Se duerme en una entraña de mar
Un mar color violeta
Que le tapaba los ojos
con dos manos de diamantes

Que puede ver en el ahora
Lo que no encuentra en un quizás
Que puede redondear las sombras
De cualquier persona que juegue a ser alguien más

Que lleva un sombrero prístino e impecable
De cuero rojo traído de Europa
Que mira con desden a aquellos que cantan y bailan
Pero que tiene las manos suaves como un campo primaveral

Repiquetean los tambores
Cuando ella pasa por los albores
Y maquillada para la batalla
Entiende que su mundo es muy canalla

Que los príncipes quedaron en los cuentos
Que nadie la va a salvar
Que su noche se hace eco de otras noches
Que siempre la miran al pasar

Lleva la calle a flor de piel
No entiende de mañanas ni de tal vez,
Su vida es siempre hoy
Su vida así lo sabrá

Pasa la noche sin poder pensar
Y cuando sale el sol se alivia un poco
Entre caricias y manos en la espalda
Resuena como una esmeralda

Pintando el cielo de algún color
Entiende que sin temor
En su vida hay que vivir
Que no puede dejarse morir
Que no está aquí para dormir.

Prefiere ir siempre de frente
Sin mucho que mirar atrás
Prefiere tener la gloria
Preferiría un nunca más.

Camina haciendo sonar sus tacos
Y no hay ninguna sombra que la siga
Ni que se le pueda igualar

Si usted me entiende y me disculpa
Me gustaría recordarle,
Que en estos versos cuento la historia
De una mujer y muchos cobardes.

Y la trato de usted y con distancia
Porque no encuentro un motivo
Que pueda acercarme a usted

Que en este verso tan maldito
Está mi deseo más real.

En el mundo hay un cinismo
Que no deja de asustarme
Me levanto y me hago carne
Pero no lo dejo convivir

Entiendo que el mundo es vil
Y también un poco canalla
Entiendo que si me callan
No me van a hacer morir

Y si el poeta necesita versos
Que los encuentre de manera aleatoria
Le recuerdo y le repito
En este verso está su historia.
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Noche de playa

Descansa en calma la barquita en su cama de dorada arena de playa. Contempla el círculo de fuego que al fondo del horizonte parece que se despide, apagando su lámpara, mientras de reojo observa los ojos de estrellas que se abren en el índigo cielo. Las nubes bostezan y van buscando un lugar oscuro en donde reposar sus cabezas de algodón. Y a lo lejos viene cabalgando la luna, regia emperatriz de la noche, sobre el centauro de Sagitario. El agua toca una melodía cálidamente húmeda, tintineando notas al oído de la barquita, que la van meciendo y acunando hasta que ésta se encuentre dormida. Y la barca sueña con gaviotas que llegan de visita, toman el té con ella y luego se alejan en sus alas de papel hasta romper la barrera invisible que hay al final del ancho horizonte.

El estival
crepúsculo sosiega
al mar y al sol.


@SolitarioAmnte / viii-17
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9comentarios 83 lecturas prosapoetica karma: 98

Esperas

Si la mar llora,
se detiene la noche
en mil esperas.
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6comentarios 142 lecturas versoclasico karma: 85

Entre las sombras de la noche

Entre las sombras de la noche,
llamo al lobo que fui
antes de la creación del universo.

Luna llena, espejo del agua
devuélveme mi yo,
aúlla mi nombre.

¿Por qué aplazar lo inevitable?
Un instante, un destino.
Sé quien soy.

Una amenaza perdida
en un laberinto de sueños
que no deja que dos cosas pasen al mismo tiempo.

Una ráfaga de aire me silba
dejando al descubierto mi anonimato
de perro gregario con una caricia.

Hey, babe! Take a walk on the wild side!
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Ángel negro

Noche de desventuras,
cabalgando entre la espesura,
crines negras y piel oscura,
del jinete y su montura.

A través del claro de luna,
a la vista de la luz más pura,
se avecina con premura,
quien lo llevó a la locura.

Doncella de sombras y negrura,
hechicera de besos,
sembradora de dudas,
de ojos aviesos.

Oculta dentro de su figura,
tras la máscara de albura,
se oculta un corazón perverso
que lleva a quien oye sus versos,
a cortar las ataduras,
a dejar sus armaduras,
a saltar de las alturas,
a acabar por siempre presos,
olvidada su cordura,
al besar al ángel negro.
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Bajo la Luna

Observa
al alud de la luna
cómo llueve
sobre tus sueños.
Nubes
que se difuminan
y tu mente va
hacia una supernova.

Te bronceas
con la luz de la luna
y conservas
nívea tu piel.
Ecos
que se atenúan
y mi alma busca
un viaje astral.

No creo
que encontremos
al viejo conejo.
Más su rostro palidece
ante tu juventud.

Cerezas
sobre tus mejillas,
corre el río
del nerviosismo.
Certezas
para la premonición.
Con la sonrisa
en otra dimensión.

Estrellas
que nacieron sin pensar
y detesto
el amanecer.
Almas
que anhelan un lugar
y mi corazón
busca el anochecer.

No creo
que encontremos
al viejo conejo.
Más su rostro palidece
ante tu juventud.
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De noche

Saliste al encuentro de la felicidad
detrás de la luna y los sueños
corrías en busca de estrellas fugaces
sin temor a caerte por el borde del universo
hasta que encontrase el cometa
que asoma por tu ventana
en noche de soledades
cuando todo parecía perdido
cuando el tiempo se acaba.
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Madrugada

La noche es fría, reina el silencio. Las escaleras transportan a la planta baja: más frío.
Alrededor unos muebles con libros de todos tamaños, colores y edades, fieles testigos del conocimiento compartido. Resalta la gran ventana de cristal, que se deja atravesar por la luz proveniente de la calle, provocando un vaivén de sombras en las paredes desnudas; simulando así una especie de cine antiguo, en blanco y negro.
Una silueta en especial se dibuja sonriente, montando guardia y haciendo juego con la magia de dicho recinto.

En frente la puerta de acero cumple su objetivo: una vez afuera, el aire melancólico de la madrugada te eriza la piel. El zaguán luce solitario, sólo inquietan las voces lejanas de cierta gente que parece disfrutar “la hora de la bruja”, empujándote de un salto de nuevo hacia el interior.

A la derecha la cocina parece más lúgubre, sin embargo, las artesanías mexicanas, la despensa en la alacena, los trastes en el fregadero, y el comedor al centro con su mantel blanco y bordado la convierten en un lugar habitable y acogedor. Llama la atención un brillo intenso que se observa desde la única ventana. Desde ahí puedes ver dos bicicletas que han sido abandonadas después del paseo y varios otros juguetes repartidos sin orden alguno.

Y de nuevo el fulgor… al contemplar detenidamente se cuentan varias veladoras colocadas con respeto al pie de tres fotografías cuyas flamas iluminan los rostros de los que son en esta fecha recordados. Las flores de cempasúchil adornan solemnemente con su amarillo radiante el arco que complementa el altar. El papel picado colorea de alegría los espacios a los que fueron destinados y los dulces típicos forman pequeños cúmulos de sabores; el pan de muerto y la fruta fresca perfuman el ambiente dejando en el olvido la baja temperatura, respirando nostalgia, mirando fijamente el ígneo halo que se forma inexplicable, pero tan real como el mismo viento que susurra y mece las plantas, haciéndolas danzar con los espíritus visitantes.

-Aria Nahual
/Nov17/ 2015
Fotografía: Aria Nahual
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Quietud

En la quietud de la noche
te espero al amanecer,
para entregarte mi alma
que se vestirá de gala
con flores de porcelana
pintadas en tu querer,
con el color del deseo
que besa mi boca grana
y arde en todo mi ser,
mientras siento las caricias
que regalan tus abrazos
que me turban y perturban
tatuados sobre mi piel,
cada vez que nos amamos
como dos enamorados,
en la quietud de la noche
te espero al amanecer.
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Una noche como otra cualquiera

Enciendo una barra de incienso —el tabaco de imitación usado por los que no fumamos— para recrear las nubes en nuestra habitación. Deben ser las tres y media, por lo menos. No voy a comprobarlo. He puesto el despertador de espaldas, contra la pared, lo he castigado. Eso le pasa por correr. Le he dicho mil veces que no vaya tan rápido, que me mareo siguiendo los giros de las manecillas, pero él, a lo suyo.

El flexo encorvado mirando hacia el folio, parece una réplica de mi propio cuerpo cansado. Debería acostarme. Seguro que encuentro en la cama algún sueño que aún no he soñado. La infusión se ha enfriado en el vaso. A falta de ron, un té verde haciendo las veces de pócima encantadora. Quería brindar esta noche, beber de un trago, de un golpe, de un daño que arañe la lengua y reviente el estómago. Quizá, en ese idioma, el de la embriaguez, pueda aborrecerla por un rato, escupiendo sus protestas, sus promesas, sus propuestas que dejaban la puerta abierta al ensayo sin importar el desastre que vendría a ahogarnos. Aún recuerdo sus discursos de palabra enérgica, siempre posada sobre la oportunidad, con la razón indiscutible por bandera. Verdaderos soliloquios disfrazados de altruismo y sinceridad, con zapatos de respeto y chaqueta de bondad. Ojo, que no la odio, el odio se lo debo —todavía—. El rencor nunca ha tenido sitio en el sofá de mis enfados. En su caso, me gustaba respetar los pretextos que me daba, mientras maullaba su nombre subida al tejado, gastando esas vidas que ya luego, ya nunca, he recuperado. A lo mejor —no es seguro—, me duele recordar su asombro hecho pregunta. Que por qué no pude seguir esperando... Me acabo de beber el té de un trago y me ha sabido a tequila de primera. Ahora, ahora me gustaría gritarle al oído la respuesta a su incógnita: ¡Me cansé de aguardar en el banquillo a la espera de oír el cambio! Se me enfriaron los músculos, se entumeció mi ilusión. Jugó el partido sin mí.

Embriagada con el agua sucia que acabo de beberme, a estas alturas de la madrugada donde solo la luna parece despierta, soy capaz de entender los regates que me hizo, sus entradas, sus goles, sus ansias, sus marcas. Supongo que el tiempo transcurrido tiene algo que ver, también. Las dudas, los miedos, incluso, la culpa... en frío, se llevan mejor.

Me he asomado a la ventana, ni una estrella. Corre brisa. Me recuerda al aire que ella rompía a su paso. Lo digo otra vez para ver si me oigo: debería acostarme. Si quiere que la olvide, no quiero. La poesía está de mi parte.
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