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Me cuesta tan poco...

Me cuesta tan poco amarte
que ni me doy cuenta y ya lo he hecho,
aún sabiendo que me equivoco
siento el ardor en mi pecho.
Es curioso enamorarte,
me cuesta tan poco.....

Amarte es mi sino de propio derecho,
derecho inconsciente, un acto reflejo,
sensato es no hacerlo y en cambio me dejo,
me cuesta tan poco....

Amarte es la nota tocada en el arpa,
que suena muy flojo y se queda clavada,
me cuesta tan poco soñar tu mirada
que cierro los ojos...

Te veo dormida o recién levantada,
amarte es pensarte, no me cuesta nada...
Es como rodar en la arena mojada,
reboza con gusto y me desenfada.

Adoro el regusto que deja en mi almohada
amarte de noche y por la mañana,
te amo en el coche, te amo en la playa,
aunque tú no estés, mi mente se explaya...

Me resigno a apostar por los futuribles,
tu vida y mi amor aún no son compatibles,
opto por amarte, que eso sí es factible,
me cuesta muy poco y no es imposible.
Me siento tan solo....
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Cuentos y leyendas V (a @Letizia)

Necesario es que sepas
que hablando contigo
me siento como si estuviera
al pie del Monte Olimpo

Escuchando los "Diálogos"
de Platón mismo;
u oyendo a Sócrates
contarnos sus mitos;

Riéndonos juntos
-de algún cretino-,
es como estar con
Parecelso y oírle alabar
a Alida y las Nereidas,
y también, ¿por qué no?
describiendo a sus silfos.

Contemplar tu sonrisa
me recuerda a Artemisa;
besar tus dulces labios
es como degustar con Baco
-para los griegos Dioniso-
el mejor de sus vinos.

Oír tus palabras
es como si narrara
el propio Esopo,
sus fábulas y moralejas

Y al unísono oír a
Herodoto en su trino
contarnos de Grecia
toda su historia,
sin un desatino.

Contemplar tus ojos
o sentir cómo tu boca
exhala un suspiro
para mi es como estar
en la propia gloria,
sin temor al destino...
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8comentarios 53 lecturas versolibre karma: 106

La hormiga filósofa

Con la vista desenfocada pude ver
un rastro de hormigas excitadas por el sol.

Parecía que estaban tejiendo el césped
sobre el que me hallaba tumbada.

Su movimiento era caótico,
o al menos tuve esa impresión.

Hasta que una logró subir
al libro que estaba leyendo.

Era la hormiga filósofa de Platón.
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1comentarios 119 lecturas versolibre karma: 49

Contando estrellas

Infinitas, siempre se me escapa alguna
a pesar de su tintineante quietud.
Eclipsando hasta la amplitud
de la mismísima luna.

Perennes en el universo,
lunares del cielo,
como las estrellas de tu eterno cuello,
idolatradas en forma de verso.
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6comentarios 64 lecturas versoclasico karma: 67

La tarde

Decae la tarde aquí,
y los rayos rojizos me traspasan,
te amo, me digo a solas,
y tú, me contesto, no me amas.

No quiero romper silencio,
ni forzar mi lengua vana,
no busco librar mi alma
de todo este tormento.

Te amo,
y no me amas,
pero prefiero ser estatua
a delatarte mi duelo.

Porque antes que arriesgarme
a perderte por mis desvelos,
prefiero amarte así,
como si estuviera a lo lejos.

Lejos como está el sol
que se pone tras el brezo,
que calienta en mi frío,
y enrojece mis ojos secos.
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sin comentarios 104 lecturas versoclasico karma: 80

Amor platónico

Pasas delante de mí, me oculto
y no te conozco,
pero deseo estar a tu lado,
¿no resulta irónico?

Me miras, sonríes y saludas,
se enciende mi rostro
del tímido color vergonzoso,
de un pálido rojo.

Y sigues, sin parar, tu camino,
jovial y con gozo,
y yo quedo dolido y lloroso,
hundido en el lodo.

Contrastes del amor imposible,
quizás misterioso,
de ese joven soñador romántico,
por siempre platónico.

No ser correspondido difiere
con querer a fondo,
y un corazón que late fogoso,
con corazón roto.

Como el viento que arranca las notas
en un dulce soplo,
y torna en un quejoso lamento
con su silbo ronco.

Como esas lágrimas transparentes
que vierten los ojos,
y semejan al tibio rocío
llorar tembloroso.

Como lánguidas hojas que caen
en un nuevo otoño,
al manto dorado
que parece de oro.

El contumaz y retumbante eco
que me deja sordo,
pensamientos que angustian la mente
gritándome a coro.

Así fue mi amor idealizado,
sutil, sigiloso,
dañino, cruel, oculto en la sombra,
pero...tan hermoso.
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Julio en azul e índigo

Te espero
madrugando sobre brisa de tierra,
escuchando desde el balcón
cómo pronuncias mi nombre
con tu voz de aguas y de cuarzos,
mientras observo
cuánto te pareces al vapor,
siempre diáfana,
elevándote cual bruma,
despertando
sobre el lienzo estrecho de las calles,
empedrándote en pasado.

Mientras el cielo pronuncia
su penúltimo bostezo
nos volvemos risa
con la partida matutina de las jaulas,
de los nidos
y de los nudos mustios,
envueltos en uno más
de nuestros desayunos discretos,
con la digestión
de unos minutos diminutos
ante la mesa azul
de cualquier cantina navegante,
donde las manos
tratarán de contar lo inconfesado.

Alegre
se derrite entre carreras entusiastas
este julio agonizante,
saboreado en la oblea salpicada
por un relato helado de vainilla,
con aroma de presente
en la armonía de los barcos.

Y con el aire en su caparazón
va trazándonos la tarde
decorándola con sal,
una más
de estas tardes de longitud dorada
hacia donde se dirigen nebulosas,
donde la niñez
abre los mares y sus mapas
con fiebre descalza en los pies,
en la entereza desnuda
de unas carcajadas libres.

No te culpas,
ni me culpo,
si nos sentimos cómplices
en el envoltorio inocente
de alguna conversación banal,
o si tras la sombra de nuestras gafas
se ocultan perlas parlanchinas
confiándose secretos
que los labios no deben definir,
no te culpo
cuando compartimos la saliva
en el rescoldo de un cigarro
o nuestros dientes se adhieren,
posesivos,
a la frescura del gajo de un melón
cortado a tientas,
no nos culpamos
de las sonrisas en silencio,
de que se acaricien nuestros hálitos
al acercarnos al oído
confidencias.

La arena nos sincroniza
de nuevo ardientes,
otra vez en la orgía intemporal
del sueño de las olas,
proyectando el pensamiento
hacia la memoria incandescente
contigua al horizonte,
allí donde las huellas de las algas
nos descubren las rompientes
de nuestras voluntades curvilíneas
prestas a escribir versos de fuego,
otra vez
en orgasmo sutil con las palabras,
dictado y prolegómenos
para este amor no consumado.

Si al terminar nuestro julio
nos queda incompleto el abecé
de la alegría cálida,
dejemos,
flotando en la calma de este mar
de plata e índigo
las letras que nos queden pendientes,
flotantes sin ser rima,
prestas a ser recuperadas,
limpias y húmedas,
con redes nuevas
tras once meses de escayola mental,
de la enfermedad del humo
y de la sordera de los zombies
que con su calzado muerto
atraviesan el asfalto.

Nos encontraremos
cuando otro Sol de julio
vuelva a desparramar sobre nosotros
las risas y los desayunos a escondidas,
haciendo versos
con el espacio oculto
entre los restos de este año.
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Recuerdos de Gran Canaria

Y el rumor callado de las olas
anuncian un tranquilo despertar:
nubes que ribetean el lugar
inventan el día calladas, solas.

Esperando que tú te levantes
regalándoles una sonrisa
fundida con la brisa,
enredada en cabellos radiantes.

Los elementos te han despertado,
intentan susurrarte un mensaje
atrapado tras un largo viaje...
no pueden decirlo, está cerrado...

Nubes y olas se alejan llorosas,
acariciando almas y rosas.
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Yo, Kaspar Hauser

Apareciste de una cueva oscura
con tu fiel caballo de madera.
Espejo ante una sociedad que te odió por existir.

Quiero ser jinete como lo fue mi padre.

Delicada arpa de Schiller,
desafinada por subordinadas y burguesas manos metálicas.
Nada de extraordinario dejaron en ti.

Quiero ser jinete como lo fue mi padre.

Mientras les escupías inocente libertad,
te civilizaron y asesinaron.
Descansaron en paz.

Quiero ser jinete como lo fue mi padre.


Cuestionaste a Dios con inocencia
mientras Dante bajaba al infierno
con Virgilio de la mano.

Quiero ser jinete como lo fue mi padre.

Allí estabas tú
tras salir de la caverna de Platón.
¿Sombra salvadora o letal?

Quiero ser jinete como lo fue mi padre.

Caballito fénix
de madera pulida
por caricias de un tiempo atemporal.

Quiero ser jinete como lo fue mi padre.

Sobreviviste al tiempo y a la ignorancia
como una llama en la oscuridad
cabalgando como tu padre.


* Kaspar Hauser apareció el 26 de mayo de 1828 en las calles de Nuremberg y murió asesinado el 14 de diciembre de 1833. El 13 de marzo de 1982 tras las obras de rehabilitación de una casa en Schloss Pilsach, a 30km de Nuremberg, se encontró un caballito de madera en el interior de una cueva oculta por un tabique.
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