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Alguna vez

¿Alguna vez contaste los pétalos
del jazmín
mientras con tus dedos formabas
remolinos de aroma?
Yo lo hago y veo tu boca
y el brillo de tus pupilas
bajo tus cejas un río de esmeraldas.
Róbale a Philos el poder
construiremos una tabla excell
y en una celdilla en blanco
comenzará nuestro viaje.
La avenida ruge en gris,
lees tu última llamada,
tiemblo de pensar que puedes
rozar con el filo de tus dedos
la carga de amor de mi piel
¡que te falta!
Qué tic tac machaca mi sien
de lógicas respuestas verdeazuladas.
Hoy no escucho
el trinar glorioso de gorriones
ni veo caer las hojas
marchitas del limonero,
hoy he vuelto a meterme a buzo
entre mi propio tejido
y ahí sigue visible el papel,
los focos, el escenario
sólo espero que el regidor
te de
paso
te de
paso.
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La sonrisa

Dos canicas vedes, unas heridas en las rodillas,
un pañuelo de holas, lluvia de abril en el cabello,
ese era el equipaje de mis bolsillos,
podría añadir un tiempo que entonces no existía,
o que un malecón de soles sustentaba el preludio de todo
y el después, siempre, era ahora, entonces.
Sucede que hay claros de luna, sombras, manantiales de sed
y que el tiempo nunca juega con nosotros a ser agua
o que pasaste un día que “dios estaba enfermo” grave,
y la Torre de Babel de los sentidos fue un idioma incomprensible
o que nunca existió el mar, ni una sonrisa, ni un beso.
Sucede que miro en mis bolsillos, ese de trapo y alma rota
y hay dos canicas verdes, unas heridas en las rodillas,
un pañuelo de adioses y lluvia de otoño en el cabello
y podría añadir lo que todos ya sabemos de la vida

o el verdadero valor de una sonrisa.
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Poema 92

Cunado golpeo mis nudillos con las palmas,
se hace el fuego;
cuando menos lo espero...
en un sutil suspiro a las nubes,
ya estás ahí.

Luego en el silencio de tu voz,
con lágrimas y risas,
puedes ver las almas
que nos rodean
en abundante calma.

etiquetas: poema, poema social, poesía, poesía social, poema de amor
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Bailemos

Ya lo dice Sergio,
la vida es un baile
y tú eres la pareja perfecta,
yo no sé bailar
y tú eres una experta,
y ¿que mejor combinación
que tu maestría y mi torpeza?

Quiero que me enseñes
a seguir el compás de tus latidos,
mientras tanto confío
en que tú sepas seguir los míos,
aquellos que se han despertado
después de un tiempo que han estado dormidos.

Te pido perdón antes de tiempo,
porque me conozco y sé que voy a fallar,
que te pisaré los pies doscientas veces por lo menos.
Y pocas veces son
teniendo en cuenta
las veces que me pisaste el corazón
y me dejaste tirado en la cuneta.

Pero llegará un día en el que todas las pisadas
serán meros recuerdos,
pero hasta entonces bailemos,
bailemos hasta perder el aliento,
hasta perder el control,
hasta que me aprenda de memoria tu cuerpo en movimiento
o hasta que salga el Sol.

Lo que ocurra antes,
pero te aviso,
la persiana esta bajada
y en la oscuridad te siento mejor.
¿Me concedes este baile por favor?
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Silencios de hierba

Un silencio de luz cuando la sombra era yerba,
descalzos entre el espacio de lo que no sabíamos,
el frescor del alimento del deseo, como una flor radiante,
tal vez una caricia con pétalos meciéndose en el viento,
tal vez las guerras que perdimos por no acudir a ellas,
tal vez no éramos nosotros o éramos antes o después.
La quietud de las piedras al mediodía, cuando perder el norte
era una sonrisa verde y húmeda sobre la ropa,
o cuando las nubes disparaban flechas y un buen refugio
eran las palabras que nunca llegaban a decir los labios.
Así nos nacieron los colores de las estaciones de paso,
el trigo de tu cabello, el agosto moreno en la espalda,
los racimos de uvas entre tu vientre,
los almendros blancos en febrero,
sin querer darnos cuenta que la hierba seguía intacta,
que el tiempo sólo pasaba por nuestra piel,
como un silencio de luz entre los pies descalzos;
tal vez no éramos nosotros o éramos antes o después.
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Odio

Odio,
Es y siempre será
La más segura y tangible herencia
Que tendrán nuestros hijos.
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Me cubrieron con un manto de piedras

Me cubrieron con un manto de piedras,
bajo un letrero monocromático

en una calle azul

Tal vez, si buscas bien
me puedas encontrar.

Búscame, antes de que este

incendio de hielo
se lleve mi nombre

antes de que mis huesos
vuelvan al silencio
que me regalaron estas continuas muertes

Búscame, para imaginar que despierto,
y hallarme en los millones de ojos

que todavía duermen

Búscame, que puedo ser un grito
en este desierto,
donde el miedo es una casa
que se traga los sueños,
donde un relámpago quema la piel
en forma de un cuchillo.

Búscame,
que el que busca corre el riesgo

de encontrarse a sí mismo




--

** Pensando en las víctimas que cargan con un manto de piedras **
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4comentarios 37 lecturas versolibre karma: 77

Quiero tenerte a mi lado

¿Podríamos hacer como que nada pasó?
Las aguas son violentas cada madrugada
Y tus pupilas se dilatan en el aire que cesó
Al final del horizonte donde duerme tu mirada.

Una curva figuraba en la razón de tu silueta,
Brillando veia dos lunas, en el cielo y en un lago
En el cielo el juramento de una pasión secreta
Espejismos como parte de algún truco de magos.

Una despedida quieta y compasiva me golpeaba
A la sombra de poemas que quedaron olvidados,
Ciertamente es tu tristeza una ilusión que anhelaba
Tu silencio es la desdicha, una fuente de enamorados.

Puede ser mañana siempre una decisión alterna
Mitómanos creyendo en un mundo desesperado
Que miente por opción para encontrar la vida eterna
Esperando tu regreso, quiero tenerte a mi lado...
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2comentarios 60 lecturas versoclasico karma: 73

Notas

Sonreías,
hacías la lista de lo que no necesitabas;
no pasar hambre,
no ir al supermercado,
escribiste.

Más tarde noté tu tristeza,
habías puesto una nota en la ventana
deseando una tarde de lluvia
y la luz del sol se filtraba por la desilusión;
pasamos la tarde debajo de la ducha,
a veces nuestros dedos eran las gotas de agua,
éramos la piel debajo del tiempo.

Te note noche,
escribiendo que no querías sueños,
sólo días
y abrí la puerta de la casa;
siempre preferí una soledad libre
que una sonrisa esclava.
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Ojos cerrados

no estás, pero yo te espero
aunque
si
decides
volver

ya no estaré

en el mismo lugar de antes
de cuando éramos
y
no, ahí
ya no

es cierto,
te espero porque nadie me ha dicho
que no lo haga
a pesar de todo
a pesar de todos
mi olvido es el recuerdo

estoy aquí, contigo
pero no donde siempre
no busques en mapas, los rompí
porque sólo
tan sólo
eran poemas sobre cómo
encontrarte

y buscarme a mí
te sigo queriendo, por qué
para qué
sino
negarlo, pero esta vez
tú aprenderás a volver, a quererme
a mí de verdad
he cambiado, o quizá siempre quise
decir esto
pero ahora,
tendrás que abrir el corazón,
tendrás que verme
con los ojos cerrados.
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Vaivén

Ayer hacía olvido,
vaivén de olas,
ayer tenías frío en todas las distancia.

Ayer no hubo noche,
vaivén del tiempo,
robamos los sueños a todos los días.

Ayer no nos amamos,
vaivén de miradas
y nuestra ausencia era una sonrisa.

Ayer hacía recuerdos,
vaivén de amores
y todo rozaba nuestra piel desnuda.
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El otro lado

Vamos a pasar al otro lado de nosotros,
cada uno desde su orilla,
sin calcular la distancia, sin mirar el paisaje, ni la ternura,
sin hacer travesías eternas en este lecho de soles,
sin que cuente la presencia del destino,
vamos a pasar al otro lado de nuestros vacíos
y hay tantos estigmas enfurecidos con la piel
que hace que seamos capaces de meter el mar
en una gota de lluvia, de ponernos las noches en los sueños,
y los zapatos de otros, de no cortar ya flores,
de llevarnos los inviernos bajo techo, de brindar con nieve
antes de ser fuego y sin embargo, ya ves,
cada uno desde su orilla, como traficantes de desencanto,
como esos pasajeros que nunca van a ningún sitio,
cada uno desde su orilla, espectadores agonizantes,
sabiendo que ha llegado ese momento.
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Trazos

El viento era una flor, tal vez un pensamiento,
o puede que la luna roja sobre tu vientre,
era el trazo de unos tiempos confusos,
la violencia de una caricia, la ternura de una guerra,
un silencio apócrifo de piel, un vacío de todo lo que buscamos.
Extendías tus manos como un golpe de suerte
y en ellas se aferraba la armonía de unas llagas,
los sueños cumplidos, el sabor del pasado,
una lluvia con sabor a café y menta en las calles,
el árbol de las nubes daba sus frutos –Dijiste-
como el alma de quien siempre tiene hambre
y el viento era una flor, tal vez un pensamiento
y las manos parían verdades sin paraísos de memoria
sobre un vientre que tenía una luna roja
una vida, dos vidas, tantas vidas, tantas muertes.
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Los sentidos

Aletargados como serpientes silbadoras,
Van tomando pequeñas muestras oscuras y
Alquitranadas, claroscuros e imágenes
Supervivientes de estridencias y humo.
Imaginarte es lo único que los mantiene latentes,
Hasta que vuelvas goteando del baño, como
Recién salida de un volcán bajo una noche diluviana…
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La luna en todo su esplendor

Cuando en las noches
La luna resplandece
Y en sus sueños él aparece
Ella no deseaba despertar
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Las personas

Las personas se dividen
en las que tienen cicatrices en las rodillas
y en las que no han jugado
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Acuérdate

Acuérdate
del hacha del viento sobre el manto de los días
y ve pasar las hojas del otoño,
como aquel libro de piel
en la noche que nunca existió,
como las lunas rojas de tu seno entre las manos
y ese vacío cauteloso del silencio en las palabras,
entre enemigos íntimos leyendo todo lo pasado.

Acuérdate
de la balaustrada de nuestros brazos,
donde se apoyó el olvido, tantos olvidos,
acuérdate del material del hacha,
de la madera y el hierro, de la caricia y la sangre,
acuérdate de amar y de amarte,
en cada herida del tiempo,
en cada sonrisa que no pueda verte,
en cada beso en tus ojos
cuando mis labios ya no sean un roce de lluvia,
de como grita el silencio, acuérdate,
acuérdate de ti, acuérdate sin piedad de ti,
y del hacha del viento sobre el manto de los días.
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Perspectiva transparente

Algunas noches se pintaba la boca de rojo para jugar a encontrarse en el espejo sin luz.

Pero en las mañanas largas y ligeras sentía que era una cosa girando en el centro de otra cosa diferente.

Algo de formas sencillas mirando el lado contrario de la puerta y que, volviendo de sus muchas vueltas,
a veces llegaba a alguna parte que quería para quedarse sin querer.

Hace mucho tiempo, cuando estaba aún a tiempo de escapar, se paraba en la ventana levantando la botella hasta que en el fondo se expandiera la luna;
y brillara como un rayo caído desde la pasada agitación del whisky hasta las sombras… hasta las sombras de los ojos.


Renzo Polo.
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Muerte por un abrazo

Todo lo que he callado es ausencia de ti.

...

de tus
barcos
solitarios
por mis
despedidas
tristes;

de tus
días
soleados
y
mis días
grises.
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Enemiga querida

Enemiga querida, que tratas en vano de darme consuelo,
como trata el viento de secar las lágrimas,
amiga que siempre estás
al lado de mi ventana;

yo ya, no sé si te quiero o te odio,
a veces eres tan amarga,
que sacudes desde el fondo
los adentros de mi alma;

otras veces, sin embargo,
me arropas tras tus miradas,
me haces reír, me aconsejas,
sacias el llanto y das calma;

más tus brazos son cadenas
a este alma desolada,
y agua fría para el fuego
que a mi corazón abrasa;

y te tengo miedo a veces
de que, aunque estés,
no te vayas,
de que de mí te enamores
y no compartas mi cama;

yo, que tanto te necesito,
tanto a veces tú me matas,
que no hay ruido que calle
al silencio que me atrapa;

enemiga querida, que tratas en vano de hacerme libre,
aunque a veces lo consigas,
amiga que siempre estás
al lado de mis palabras,
alzando mi pluma al viento,
cuando, a escondidas, me salvas
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