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Obsesión

Nos obsesionamos con flores tiñas que tiñen el alma de negro.
Con noches frías, inmóviles sin amor.

Nos obsesionamos con caídas libres, con parapentes y péndulos.
Con meras raíces de un frió ardor.

Nos obsesionamos con vidas infinitas, con logros inalcanzables.
Con martirios efímeros, de bellos sol.

Nos obsesionamos con enigmas, con problemas sin resolver.
Con intempestivas caricias de la incertidumbre.

Nos obsesionamos con vaticinar marañas de pesadillas, en propia carne.
Con que la piel se desligue ya alcanza.

Nos obsesionamos con fotografías de retratos de fotos de antaño.
Con las personas en esas fotografías.

Nos obsesionamos con partituras de oro en caricias, que jamas llegan.
Con desesperantes sostenidos, que se esfuman.

Nos obsesionamos con bemoles que nos sorprenden, quitando la vida.
Con sin razones ni sentidos ni palabras.

Nos obsesionamos con dolores y placeres, que ya no sentimos.
Con frialdad ante el suicidio y la muerte ajena.

Nos obsesionamos con monstruos imperfectos, que no llegan a serlo.
Con bellezas perfectas, que jamas fueron.

Nos obsesionamos con lecturas, eternas e imposibles.
Con letras abismadas, con insectos entre ellas.

Nos obsesionamos con la obsesión misma, hasta repetirla otra vez.
Con abandonarnos a la suerte de la discordia, con nosotros mismos.

Nos obsesionamos con la dictadura, y con la libertad sin corazón.
Con la pasión y el fulgor de una estrella fugaz.

Nos obsesionamos con la cultura y el arte, sin hacer ninguna.
Con los pasajes laberínticos, de la difamación.

Nos obsesionamos con la verdad.
Y lo único que logramos es la obsesión.
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Quásar

Un zumbido en la lejanía
impactos lejanos, llamadas ilusivas.
Emisiones de radio fantasma.
Radiación más allá de la esfera.
La criatura anunciada.
Una oscuridad jamás vista.

Una bestia colosal que aplaca a la mismísima luz.
Un girar eterno que se atraganta con el mismo vacío.
Ecos de la materia, resuenan en alta densidad.
Los átomos fundidos en capas infinitas.
Una bestia colosal sin cabeza.

Un rastro de destrucción me guía
Como un incauto persigo su vagabunda mirada.
El rugir del monstruo, una nave destrozada.
Un puerto espacial abandonado.
Un símbolo de gaseosos súper masivos.

Atracción infinita que desgrana los cuerpos.
Frío infinito a su rededor, calor incalculable en su interior.
Su rigidez sin sombra, su proyección no anunciada.
Su rápida aparición.
Su voraz estirpe.

Yo a la deriva.
Helado, asfixiado pronto hacia la nada.
Su fuerza gravitacional arrastra mil planetas.
Estrellas giran en órbitas elípticas de millones de kilómetros.
Y desde su caparazón escupe, incandescencia por años luz

Todo lo evapora, todo lo destruye.
Caos inmenso a través de su paso.
Su brillo desde la lejanía ciega incluso a los soles.
Su silencio abruma hasta convertirse en un llanto.
Tan colosal, tan colosal como el espacio mismo,
tan pesado que rige más allá,
más allá de donde vengo.
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Aldevarán

Impaciente tomé de la fuente lírica e impetuosa de tu brillar incesante.
Una fuente gótica de fríos alfares, de sombras penosas y lianas de raíces colgantes.

Bebí cuanto pude, desesperado por retener la diamantina crisálida de tu nobleza.
Aturdido por llameantes llamaradas de llamadas ruidosas, infinitas contingencias de la riqueza.

Dormí encantado, como envenenado o drogado, paciente entré árboles viejos y podencos.
Soñé dulces sueños de hadas y tauros, que corrían por un bosque retorcido y opulento.

Me alcanzó la noche y en ella la luna gatuna,
que escalaba por las ramas de las lianas,
que maullaba entre terrazas y cercos,
que gateaba esquivando pinzas, en cuerdas de tendederos.

La luna me arrastró la mirada hacia un punto en el cielo,
cuando te vi a ti Aldevarán inmóvil mirándome sin remordimientos.
Entendí que mi beber había sido ilícito y mi dormir fraudulento,
y de un zarpazo de sus garras filosas,
la luna me desgarró el pecho.
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Permanencia

Cuando el corazón deje de palpitar.
Cuando la vejez te alcance.
Cuando tu vida se vuelva taciturna,
y el destino que te lleva, te abrace,
con sus adversidades, aún mi amor permanecerá.

Si su velo oscuro renace en tus ojos,
para cuando la noche nuble tu juicio,
tus manos tiemblen de hastío.
Como cada minuto rosa tu piel, te repito,
aún mi amor permanecerá.

Cuando las locuras zumben en tu lengua,
viciosas ansias de dejar los recuerdos,
y el paisaje ya no te parezca bello.
Cuando ya transites con tú bastón,
el frío camino estrecho, mi amor permanecerá.

Como el fiel árbol en que dormías,
noches de otoño, ¿recuerdas?
Como el mate y tu bella mesa de losa,
que aún permanecen en tu vida.

Debería verte hasta renacer de la muerte,
en mi corazón solemne y silencioso,
que aguarda el momento de demostrarte,
que aunque no moriré contigo por ser mas joven,
mi amor por siempre permanecerá.
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Café y Brandy

Mal augurio de una fría pena,
una carta en papel viejo.

Una mirada entre ligeros bosquejos,
un radio escucha de medianoche ansioso.

Café y brandy, una mala noticia,
perros de tindalos, y ovejas de antaño.

Los ojos saltones, y una mala noticia,
vacua efímera sonrisa la tuya.

Una medianoche y un radio escucha,
buscando señales de amor.
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Diana del ego y la diatriba mundana

Una absolución hubiera sido aún más degenerada que mi juramento,
ante una biblia ofuscada triste, absolutista y repleta de lamentos,
que fríamente ignoro.

¿Si mate a dios?
Pues si le mate.

¿Qué tengo que decir en mi defensa?
Pues, que: poco me importa.

Estaba yo sentado admirando a una paloma comer de mi mano, pan,
un pan que eran migas de un panecillo relleno de dulce mermelada,
cuando entonces comenzó a llover.

Y dije furioso: “Haber dios tú que todo lo controlas, ¿no es así?
¿Por qué carajos me vienes a joder justo ahora cuando estaba yo tan contento,
admirando a mi paloma comer? ¿Por qué?”

Estaba yo teniendo sexo con una prostituta, (muy hermosa y delicada, por cierto)
¡Prostituta que había pagado con el dinero que había ganado con el sudor de mi frente!
Cuando entonces sonó la alarma de incendios.

Y dije furioso: “Haber dios tú que todo lo controlas, ¿no es así?
¿Por qué diablos me vienes a joder justo ahora cuando estaba yo por acabar,
sobre el pecho de esta hermosa y lujuriosa mujer? ¿Por qué?”

Estaba yo leyendo un libro que hacía tiempo quería leer, uno interesante,
sobre filosofía y amor, muy concentrado yo en la estación del tren, en una banca,
cuando justo llega la locomotora y con fuerza me lo arrebata el viento y lo destroza.

Y dije furioso: “Haber dios tú que todo lo controlas, ¿no es así?
¿Por qué coñazo me vienes a joder, justo ahora cuando llegaba a la parte de mi libro,
más interesante, libro que hace tiempo quería leer? ¿Por qué?”

Estaba yo meditando en mi cuarto, tratando de entrar en transe profundo,
para así poder olvidar penas amargas que me aquejaban y molestaban, entre las que cuento,
cuando de pronto el hijo del vecino comienza a tocar su puta guitarra.

Y dije furioso: “Haber dios tú que todo lo controlas, ¿no es así?
¿Por qué vaina me vienes a joder, justo ahora cuando el yoga más me llegaba?
¡Es que eres bien cabrón, no lo puedo entender! ¿Por qué?”

Cierto día estaba yo cruzando la calle para llegar al trabajo, ya iba atrasado,
y muy preocupado de perderlo me apuré, sin poder ver que a mi derecha venía un camión,
un enorme y muy pesado camión que me aplastó y entonces morí, y estoy aquí.

Y dije furioso: “Haber dios tú que todo lo controlas, ¿no es así?
¿Por qué cojones me vienes a joder justo ahora cuando me dirigía a trabajar,
porque tú me lo imponías para poder comer, y crecer como persona, ¡Y ToDA EsA MIERdA!
¡Hijo de puta!”

Fue entonces cuando me ofrecieron tres deseos al entrar a la puerta del infierno,
como mis últimos tres y más lujuriosos anhelos de la vida pasada, antes del sufrimiento eterno,
pedí primero: volver a coger con una linda mujer, una vez más,
segundo: un buen vino tinto añejo: Chäteau Latour 1924
tercero: un arma mágnum que llegara al cielo de un disparo.

Y sin mediar palabra le volé la cabeza al muy desgraciado.
No me arrepiento de nada.
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Abatimimiento elíptico

Raquítica ramificación que comparo a una fuerza que desgrana hacia abajo,
La intensidad que se desprende, a una forma oblicua,
Desde su fuente hacia la sima.
En reversa e inversa
Y decae impaciente.
Es una gota de rocío que en continuo desciende,
A la curvatura invadida de mi frente.
Que ahora esta mojada.
La ramificación me evoca a los vasos sanguíneos de mi cerebro,
En asimetrías biológicas.
En imponderables formas abstractas.
En disimuladas amplitudes icónicas
Un triangulo se mece se abate sobre una elipse
La elipse esta en mi vista y no en mi mente
A ella llegan exacerbadas todas las formas imponentes,
De la conciencia.
Y así un esqueleto aparece, el esqueleto de la gota,
Que cae en una flor que florece, en advenimiento.
Mi silencio me retoma, concentrado e impaciente.
Si! No es dibujo técnico, ni un escotoma centellante.
Si! Florece en advenimiento, de una paz creciente.
Puede perderse toda noción que quiere subsanarse
Para poder entender esas formas imposibles.
Que yo desconozco de momento.
Aquello fue como un impacto estelar.
Una gota de rocío que cayó con la fuerza terramar de la gravedad.
A mi frete desde la madera.
Si mi corazón era de piedra, ahora en el crecen hongos y verduras faustas,
No quiero dibujarlas ni enseñarlas.
¡Bastante vergonzoso me siento yo ya de ellas!
Ya quisiera yo que fuesen un secreto.
Pero al voltear veo, tras de mi y detrás del tronco del árbol, Una vista me reclama.
Una chica de instituto me mira fijamente.
¿Eres un extraterrestre? Me pregunta.
¿O eres un hombre deshecho?
Cuanto ve ella de mi nada puede capturar.
Yo le enseño: nada de la naturaleza es capturable.
Todo es abstraíble.
Nada es capturable.
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La tierra y el mar

Llamad vosotros al corazón del piadoso,
que de su carne he de quitar el mal.
Llamad vosotros a la quema del cuerpo del maldito,
que de su coro nombraré la tierra y el mar.

Vosotros miráis un basto camino sinuoso,
que no mas muera en el río dejareis de transitar.
Mas yo he de ver todo árbol caído,
para poder andar y así nombrar la tierra y el mar.

Vosotros escuchareis el plano que no os pertenece,
mas yo, he de escuchar todo lo que de las rocas eco sea,
y zumbido de la tierra o el cielo decaiga,
o del mar y las estrellas emerja.

Llamad vosotros a su divino espíritu cantante,
que de su canto he de limpiar las venas.
Llamad vosotros al nacimiento de un caído,
la mejor de las némesis de terrenales benditos.

¿Ayudáis a su prójimo? ¿Acaso imponéis vuestra conciencia?
Mas yo he de morir para nombrar la tierra y el mar.
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Fluir

Una voz me llama,
Incorpórea fluye en el viento,
Con frío se eleva,
Y evapora en la distancia.

Una flama huye a mi,
Un relicario de viejas añoranzas,
Amores congelados en la nieve,
Sirvientes a mi obseción.

Pájaros se refugian entre mis dedos,
A través de mi cuerpo ellos ven,
Una fuente de calor,
Un nido de bellas letanías,
Y no me alimentan,
No me alimentan.

Como un espíritu,
En mi mismo es esa oblicuidad,
Una fuente de alegría,
Que no deja de fluir,
No deja de fluir.

Constante a mi forma,
Que se pierde en la noche,
Que testifica sobre mi tedio,
Las partes que oculto,
Los sonidos que sordos, me escuchan llorar.

Será que hoy es el día mas soleado de mi vida?
Donde cada parte de mi se ilumina.
Fluirá para mañana, dejará de ser.
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Morador

Morador, ¿que escribes con tanta lentitud?
¿Acaso una estela etérea, cuya firmeza quebranta tu noble espíritu, te abruma?
Morador, ¿que escribes enseñando en las sombras?
Al perfil de tu astucia han escupido los pueblos costeros.
Tu esposa te ha abandonado, su piel se marcha, sin importancia.

Cuando un velo nocturno arribo a su traspaso tus melladas salas,
cuando una bella voz adorno con sus entonadas,
la melancolía de tu corazón, fue entonces,
¡Ah Morador! cuando supiste que su corazón ya no te pertenecía.

Un lúpulo caía indemne, absorbido a la indiferencia,
cuando en esa morada todo era odio y te arrastrabas Morador, entre tus pesadillas.

Morador, ¿que ves de ti mismo sin su esplendor?
Cuando el vacío ensanche la plata en tus hebillas, y quedes pequeño,
será entonces cuando absorto llames a tu propia puerta.

Morador, ¿qué hace un hombre cuando solo huye al dolor?
No hay misericordia que valga la pena, ni bendición que salve tu alma,
cuando con el filo de una estela etérea, abres caminos rojos,
caminos rojos en el cuerpo de tu amada.

Morador ¿escribías?
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Garabatos

Garabatos en la nieve, muecas del viento.
Todo fuelle infla y se ahoga a si mismo.

Garabatos en flor, chasquidos femeninos.
Todo callar es un vacilante corazón.

Mirada prohibida, vaso medio lleno.
Atrás de toda caída hay redención.

Muérgano que muerde tobillos, veneno rojizo.
Todo el desierto es una extensión de tu dolor.

Garabatos en las nubes, atraídos y flotantes.
Toda belleza es una mujer o no.

Cólera de un animal, sin época de monzón.
Atrás de toda la decepción hay furia.

Regalo de placer, costado ocular.
Toda alago encierra la envidia.

Elevado garabato, repleto de silencioso amor.
Todo amor solo es una pizca de lastima,
y otra de pasión.
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Devorah

Devorah, un paisaje de catacumbas sangrientas era mi hogar.
Sus paredes de carne, sus cortinas de pieles humanas,
y una ligera alfombra de cartílago lo adornaba.

Unas uñas salvajes habían desgarrado mis tejados,
y el animal rampante propietario de tales,
fue el rostro eterno de mis pesadillas.

La pesada carga de mis bigas de huesos me atormentaba.
¡Debía quemar con aceite de rosas sus humildes miradas!
Pues en las noches revoloteaban, con firmes intenciones,
entre las cascadas, los mutantes salmones.

Devorah, la noche en la que te fuiste fue la peor de todas.
Recuerdo que pálida y en coma yacías en tu cama de cadáveres,
y yo poco a poco te daba a beber de mi sangre funesta, para reanimarte.

Tenia miedo de las oscuras e intrincadas afecciones de tu cuerpo,
de tu sensual y rebosante pecho siendo comido por los gusanos,
y que allá en el séptimo de los infiernos, te halles ardiendo y gritando.

Pero aquí estoy soportando el peso de mi ceguera,
aturdido por aquella bestia cuya muerte me daría el poder para sanarte,
devorado por la locura de las noches de los lobos,
y acosado por la negrura de las noches de la luna llena.
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Al destino

¡Oh! Torso hermeneuta, pecho dorado,
fértil pecho materno, descanso en ti.

Y a ti la misia y a ti el regalo,
¡Pero cierro mi mano!
Por pudor conservo mi dicha,
la abundancia plena en tu abrazo.

¡Oh! torso hermeneuta, intérprete del tiempo,
yace en ti la rosa ligera de la plenitud.
Todo nace y muere en miseria,
dentro de todo el fluido de tu interior.

Y a ti la pasión y a ti el futuro,
cuanto mas te alejas mas árida es la tierra
Yo te exhorto: permanece, renace,
permanece pendiente, tus hijos te esperan.

¡Oh! Regalo del horizonte, premiado de lujuria,
toda tu entrega al destino me asombra.
Durmiendo sola a la luz de la penumbra,
dentellando plegarias llenas de queja.

Adornas, plácida la sombra,
lastimas el orgullo, ¡todo! Todo orgullo.
La sombra, mi sombra, lloro por ti,
apasionado por ti, dolorido por ti,
aquejado por ti, destrozado por ti,
espero tu regreso, aguardo en las sombras.
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Heremita

Ausencia insular del desquebrajar,
donde te imboca mi corazon abnegado,
dividida autonomía, fuerza ordinaria,
en cuya oscuridad per se me hallo.

Soledad del menester para mi labor,
es de si donde mi cabalgar es caminar,
una espada sin filo, la roca de mi voluntad,
una mirada sin abismo, mi tenaz fervor.

Cada gota de fluido, que emana abundante
roja y sin reflejos, mi dolorosa frialdad
indiferencia suscitada, implacable
ante el llanto, febril clamor de piedad.

Un credo me persigue, moluscos cristianos
mis crímenes de aislamiento y justicia,
mis hacedores de dioses y redención,
¡Vienen para conmigo hacer guindajos!

Viticino mi propio despertar en sueños,
he estado aletargado por mas tiempo,
por mas tiempo del que recuerdo,
mas alla de la cosecha de almas y cuerpos.

Ellos quieren una parte de mi.
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Pulsar

Pulsar del destello materno y nocturno,
abismo rampante de la rivera naciente,
de los vientos helados del infinito,
de los mares profundos y hundidos del mundo.

Océano estelar de devociones perpetuas,
suspiro preternatural de la naturaleza,
de las fenicias bendiciones de los antepasados,
de las purpúreas afecciones de los obispos.

Parpadeas en el infinito decayendo en un sueño eterno,
bailas en constantes giros, buscando fraternos etéreos,

Pulsar de frío, moribundo y derramado,
luz de oscuridades convergentes,
de las tierras lejanas del pacifico,
de las nubes radioactivas de polvo cósmico.

Abierto y cerrado veo tu ojo de tuerto
a una muerte segura de un poder zumbante,
de la incansable búsqueda de ti en el firmamento,
a ti te dedico Pulsar,
este poema austero.
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Dama de hielo

Atisbo la luz en heladas pestañas,
Una dama de hielo, una mirada congelada,
un abrazo al calor del retorno,
un sin fin de caminos a las tierras añoradas
Un océano de lúgubres lápidas,
ha impactado trismegista e insolente,
una desesperanza ciega, la guerra,
en nuestros vacilantes corazones.
Hoy se elevan sobre sus restos,
estructuras imponentes y reacias,
que remiten en su rectitud al olvido,
que se levantan sobre lo efímero,
de los cuerpos victimas de la idiosincrasia.
Atisbo la luz en heladas pestañas,
Una dama de hielo elevada a la historia.
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Erótica

¿Dónde quedó tu mustia sonrisa plasmada?
Lo efímero de tus ojos vacilantes,
del manantial de tus rosas naturales,
el bosquejo de tu fascinante retrato.
Ya me imaginaba que mis dedos se quebrantarían.
¿Cuál artista ha de poder plasmar tu mustia sonrisa?
Deseo esforzarme hasta la muerte,
para regalarle a este lienzo tu fiel imagen.

Erótica hallo tu mirada, tus ojos,
tu cabello, la forma en que tú vestido,
rosa tu piel, al moldearlo a tu antojo,
la seda se inunda en tu aroma y tu paz.

Tus labios recorren sin sentido mi mente,
unas marismas de sensaciones se arrastran en ella.
Mi corazón lamenta no poder beber de tu sangre,
para alimentar mi seco espíritu con tu estela.

Tu terca sonrisa me recobra el pensamiento,
en una duda eterna: ¿por qué tus labios no adornan,
y tu rostro no acompaña ese gesto,
casi fingido, partido en mil pedazos?

Tus manos repletas de añorados roses,
inexplicables caricias, mundanos deseos.
De desear algo tan puro, casi divino,
debería de ser un dios, quien te amara locamente.

Erótica hallo tu figura disimulada,
que parece la clave de tu existir entero,
o el suave posar de una reina.
Pero, ¿de dónde puede nacer ese silencio?

Mientras fijo cada trazo sigo imaginando,
¿Cómo copiar una obra de arte como tú?
Obra de arte en carne y hueso, ¿Quién pudiera?
¿Quién pudiera imaginar tan bella simetría?

Teniendo noches enteras para lamentarme,
que cada minuto que corre siento más dolor.
Viendo tu silencio, escuchando tu silueta,
tornando todo del color de tu piel.

Erótica, tu certera y escondida tristeza,
que cual artista que soy noto disimulada,
en tu frente amplia al tornarse sombría,
tus cejas finas al mirar hacia arriba, la luz.

¿Seré fiel a tu dolor o desistiré?
Tu mustia sonrisa me enferma,
entre tu cabello color café,
femenina extensión elegante.

Y hoy no puedo decir si estoy enamorado.
Temor me da admitirlo a mi mismo.
Te he conocido desde niña,
a través de cada retrato, y hoy ya eres una mujer.

Siempre he podido retratarte, mas no hoy,
que mi mano tiembla al ver tu victoria,
sobre tus caderas bajar hasta el suelo,
y entre salir una de tus piernas de terciopelo.

Erótica, tu cuello de cisne,
adornado con ese collar de tus quince primaveras,
que duerme acostado sobre tu amado septiembre,
bendito mes en que la luz viste.

Hasta opacas la rosa que adorna,
tu cabellera soñada, calor en el invierno,
dulce néctar de tulipanes,
en la crudeza del frío invierno.

Y como tal meces tu belleza sobre mis ojos.
Mis ansias se ciernen sobre tu cuerpo,
pero cada vez que deslizo mi pincel,
siento no ir a la par con tu cuerpo, que me ofende.

Pero es tu tristeza la que me intriga,
mirándome fijamente, solemnemente.
Sé que mañana te irás a casar con el mejor postor.
Déjame plasmarte por última vez a solas.

Déjame hacer mi último recorrido,
déjame buscar mis últimos suspiros en tu cuerpo.
Deja que este recuerdo no quede solo en la memoria,
Permíteme navegar por última vez tu alma.

Erótica te levantas sobre mí,
inclinas mi formidable talento envidiado,
lo haces trizas sobre ti,
y satisfaces lentamente mi último deseo.

Sabes pues que este día,
me invade una profunda ira,
repleto de recuerdos contigo,
me deberé ahogar en tus retratos.
Y cada día que pase tendré,
tus dulces rostros en la galería de mi corazón,
pasearé y dormiré con ellos la vida entera,
pero esa mirada tuya la guardaré en este lienzo,
como una prueba de tu verdadera ambición,
y tu mustia sonrisa, como la tristeza por tu equivocación.
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Debe nacer

Miasma, ahogue mis pulmones en cenizas.
La diana de una forja brumosa, un patíbulo de inciensos.
Ahogue mis pulmones en aguas turbias
Una mortaja tiña, un horizonte borroso.

Eras tú! El águila de una bravura latente,
Quería un don leal hacer de tu corazón, un refugio.
Mas yo me negué, éramos muy jóvenes!
Y para entonces ya éramos víctimas de naufragio.

La valentía era de una vieja esperanza,
Una doctrina que con tiempo se hizo utopía.
Así tan lejano que quedaba nuestro hogar,
Un risco caía como penitente, por nuestras fisuras.

Juro por todos los males que deseaba el sacrificio.
Ahogue mis pulmones en la miasma.
Un fango frío que atravesaba mi piel,
Un lago turbio en el que quise aspirar tus cenizas.

Nuestro hijo debe nacer, y por eso daré la vida.
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Rosa de los vientos

Viento del sur, arenas elevadas.
Un potro árabe galopa hacia Jerusalén.
Yacen de mi a la espera bien aventurada,
las delicias turcas del consulado de Constantinopla.

Aroma de amapolas, canto de primavera.
Su incesante vehemencia me inflama,
un corazón que parte solo,
en una cruzada hacia la tierra santa.

Aurora de pleamar, gaviotas de corrientes frías.
Pescadores urgabonenses, gitanas en las playas.
Luminosa y radiante le vi en un oasis,
una mujer iraní que bailaba.

Un águila posada en la vaina de una dorada daga,
me veía impaciente, sabiendo reconocerme.
Una palma de dulces cocos que resplandecía,
al sol de las arenas del Sahara.

Dádivas de las corrientes atlánticas.
Meridiano del polo, ecuador brillante.
Las almas no las hay hasta ser inventadas,
ellas respiran aire que desciende, hasta el horizonte.

Y cuando el verano se ensancha en el solsticio,
las serpientes bailan entre flautas y sisarles.

Afortunadas son las islas por donde su ráfaga fue fugaz.
Afortunado he de ser yo de encontrarme mas allá.
Si solo he de hacer el camino a una inmensidad,
que sea bajo el cielo nocturno de la fortuna de Gibraltar.
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Senryu (calendario)

En cada página
del calendario, tú.
Soles y lunas.



@AljndroPoetry
2018-ene-2
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Alli donde el huerto

Allí donde el huerto florece
y la hirsuta piedra
ve pasar
bandadas de estorninos,
se encuentra la humilde
losa
cubierta de crisantemos.
tres cruces, cuatro
-quizás media docena-,
el viajero al cruzar
bajo el pétreo arco oxidado,
mira un instante y prosigue
su lento caminar. La parca
suave ha silbado ¿O ha sido el viento?
Hay rosas y enredaderas
y un mirlo que quiere unirse
al juego de las miradas.
Tanta gente, tan cambiante, tan diversa
y la losa siempre
la misma,
morada verde esponjosa
compañera de la piedra.
¿Quién guardará en su memoria
aquel instante, aquella hora?
La torre
-ventana oval en sus entrañas-
prolonga su débil sombra
hasta el centenario olmo,
urdimbre de raíces entretienen
la incierta marcha del dedal
que busca ingenuo la sonrisa
allí donde no queda
más que un halo de
esperanza
en la última palabra,
que leyó el Padre
en sus latines.
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Tiemblo

Tiemblo al roce de nuestra piel,
al choque de nuestras sonrisas,
a mis manos acariciando tus costillas,
al amanecer naranja en tus mejillas.

Tiemblo y me diluyo en tu ser,
al calor suave en tu vientre,
al helado toque en tus pies,
a las mancha perfectas y resilientes.

Me abrí paso para estar en tus sueños,
mas me diste visa para habitar en tus suelos;
adorando con mis dedos tus montañas,
besando en secreto tus paramos.

Le aposté a quedarme como refugiado,
gané trono y corona a tu lado;
aposté por un ratito de vida sin prolongación,
y me recompensas con inmortalidad.

Y tiemblo por trigésima vez contigo,
porque desde el beso dictas el destino.

Niorv Ogrin
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El Bailarin

Pensamientos flácidos,
la fiesta va decayendo;
¿a quien le importa si mañana llueve,
o si los charcos son dulces?

Las ojeras de azulados resultados,
definen la edad mental del enamorado;
las palabras sobran dentro de este marco,
y la evidencia disipa el ensueño.

Miro hacia atrás, en el columpio,
los motores quebraron ese umbilical,
las luces opacaron una identidad,
que se resume a un ente en el asfalto.

El vino se mezcló con hambruna,
el móvil se perdió entre giros;
el vomito ahogó a las ninfas,
y el acero apunta a la cabeza.

En un ronroneo camuflado y tedioso,
cae ebrio el bailarín piadoso.

Niorv Ogrin
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Quinientas razones para seguir amando

Quinientas veces he querido gritar la verdad
como gotas de rocío se han evaporado las palabras
como promesas sin rencores
y nostalgia pasajera en un viaje sin el último peldaño.

El tiempo es sometido
vamos creyéndonos inmortales en un mundo pasajero,
en el me he despido del engaño
inundando a mi memoria de verdades
sin mentiras que gozan deteniéndose a cada paso.

Quinientas veces he merecido la calma
sin ser solo una apariencia en los sueños
que creen merecer todo sin deber nada,
huellas secretas de un silencio que habla.

Mis letras me sanan con cada orilla de sus versos
no sé si son sinfonía o solo un montón de idioteces
que juegan a contar la arena en la playa
pero me hacen volver con más ímpetu y amor
por lo que simplemente creo.

Quinientas vanidades sin ninguna locura,
nunca me supo la vida a puras mentiras
me fui metiendo poco a poco a un laberinto eterno,
palabras que hablan lo que la vida se calla.

El silencio nunca fue el último remedio
que teníamos para acallar los sentimientos,
siempre quise amar con todo
a cada uno aún en su miserable recuerdo.

La poesía me dice
lo que trae la nostalgia como un zumbido a dentro
me gusta imaginar que soy tu lector predilecto,
montones de ideas que se las lleva el viento
quinientas poesías se queman muy fácil ardiendo.

Nunca serán un montón de cuadernos
que no se escribieron,
me gustar amar con cada letra del alfabeto,
pasaré mi vida en otros quinientos pensamientos
para decirte todo lo que siento adentro.

Quisiera pasarme centenares de días
descifrando cada momento,
porque amo vestirte y desvestirte
de bellos sentimientos,
la poesía me hierve como fuego lento.

Miguel Adame Vázquez.
El mute
16/07/2018.

Hoy les robo un minuto para compartir mi dicha.
Quinientos poemas se dice fácil
Pero vivo en cada palabra que he escrito, agradezco infinitamente el Don que el Creador me ha entregado, me esfuerzo a diario por pulirlo hasta poder algún día lograr que sientan orgullo.
Soy un poeta en formación que sueña con un mundo en donde nunca desaparezcan las razones y los pretextos para seguir amando.
Amo escribir lo que siento y lo que pienso.
Viva la poesía en cada una de todas sus manifestaciones.

Viva la poesía de Octavio Paz, de Jaime Sabines, de Alí Chumacero. Y todos y cada uno de los cientos de poetas que en su lectura me he formado.

Gracias a mis amigos más críticos que odian el comentario sencillo y la adulación, que sería sin ninguno de ellos.

Viva la poesía Clásica y la letra libre.

poesiasmigueladame.blogspot.com/2018/07/quinientas-razones-para-seguir

"Quinientas razones para seguir amando", un poema de MiguelAdame via @poemame_poesia poemame.com/story/quinientas-razones-seguir-amando



Miguel Adame Vázquez.
El mute
16/07/2018.
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Mi poesía insurrecta. Mesa compartida @Aljndropoetry, @rebktd & @MiguelAdame

Me cruje tan dentro el cielo,
Latido de negro vuelo;
Es indagar en mi anhelo...
Y caer tu nombre al suelo...

Y quizá ningún desvelo
me devuelva el terciopelo
de tus besos y tu celo;
ni entibie el pecho de hielo.

Palabras sin detener
navegan al recorrer
cada único renacer
poemas sin malquerer.

Tu amor en un mercader
sorprende sin someter
abrazos sin suponer
tus versos al complacer.

Cada sinalefa expresa
cada letra me embelesa
y mi mirada ya es presa
y es su boca, quien te besa.

Surcando voy tu dehesa
Sintiendo como me apresa
como tu tinta se espesa
Y es en mi piel , que es impresa.

Y me como hasta tus puntos
todos tus silencios juntos
tus poemas mis asuntos
resucitan mis difuntos.

Y mis notas mis adjuntos
los culpables los presuntos
son tus besos contrapuntos
y tus muslos mis conjuntos.

Tú, la ecuación imperfecta
esa incógnita perfecta ;
es tu equis, la predilecta
para hacer curva mi recta.


Eres mi vida insurrecta
mí poesía correcta
versos con pasión selecta
mi rincón que desconecta.


Mesa compartida
@Aljndropoetry, @rebktd,@MiguelAdame


No podía faltar un poema con estos grandes escritores, todos mis respetos para ellos.
Muchas gracias maestro Alejandro por ser Luz en mi camino, Rebeca siempre estas ahí con tusa poemas y tus lindo comentarios a los míos.
Aprovecho la ocasión para agradecer su cariño y amistad a tantos más como Maulita, Hortensía, Oscar. Zee, Sejmet Alfonso, Mary, Galilea, Angeles, lidianny, Camaleón y tantos más que siempr estan ahí.

Muchas gracias.
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