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He avanzado en edad...

He avanzado en edad y, sin embargo,
los miedos permanecen.

Es el miedo a vivir y a soñar,
a despertar un día y comprobar
que nada te rodea
y solo permanecen las tinieblas
en este mundo indeciso de personas
y de cosas,
que no sabes definir
y parece te persiguen.

Recuerdo esa otra edad,
la de la infancia,
y veo que, en la misma,
el miedo estaba allí,
en los rincones juveniles
de esos años,
en el respeto y seriedad
de los mayores,
en la influencia de los hombres,
y las gentes,
en una sociedad muy inmadura
que trataba de salir de sus complejos,
en la abundancia de unos pocos
frente a la pobreza y las carreras
por crecer, de una inmensa mayoría
en que yo estaba.

Quizás, por eso, aquellos miedos
fueron distintos,
y era el miedo de los cuerpos
y el destino,
de sufrir enfermedades,
suspender en los estudios,
no tener ese trabajo
que ofreciera algún dinero,
y por fin no conseguir que te mirara
y respondiera,
la persona que llamaba tu atención.
Y es que el amor, en aquel tiempo,
conseguía aglutinar todo el esfuerzo
de luchar y superarte contra el miedo,
de soñar con imposibles,
de mirar y susurrar a las estrellas,
de escribir algún poema en el cuaderno,
de formar una familia en tus deseos,
de vivir, intensamente, cada día,
de enfrentarte al propio miedo,
combatiendo en su terreno...

Y es que ahora, con la edad,
el otoño de los sueños se agudiza
y se ven tantos proyectos marchitados,
tantas rosas y violetas por el suelo,
tantos labios olvidados con sus besos,
y hasta ahogan los latidos su frecuencia
y se pierde, en bajamar, aquel rumor,
con el suspiro que dejaban las resacas
y las olas.

No es momento de hacer cuentas,
ni tampoco de vencer o ser vencido,
es, si acaso, el propio instante de la vida
en que el miedo se agudiza, y es normal,
ya que todo nos asusta y nos aterra,
empezando por la simple soledad
y hasta el silencio,
y hasta sobran y empalagan muchas voces
que se acercan,
todo ello por el miedo y por los miedos,
y sin darnos cuenta que las dudas
y el suspense desembocan en el miedo,
y que éste es muy normal en cada vida
y debemos aceptarle,
no tratando de vencerle
y sí tomarle con respeto,
como eterno compañero de este viaje
en que ahora estamos,
con su dosis de prudencia
y sin angustias.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/16
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A V...

A V...

En realidad podría escribir estas líneas
para Valentín, Valerio, Ventura, Velasco,
Vicente, Víctor, Victoriano, Virgilio
y también a Valentina, Valeria, Vanesa,
Vera, Verónica, Victoria, Vilma, Violeta,
Virginia, y Viviana
así como también a la "v"ida,
a la "v"erdad, al "v"iento
o a cualquier palabra y nombre propio
que empiece con V.

Pero no lo haré
y dejaré que la imaginación de cada uno,
que se acerque a estas letras,
piense lo que quiera.
Seguro que habrá algún nombre
que llame la atención,
incluso otros que no aparecen en este escrito,
y puede que hasta alguna palabra, escondida y remota,
aparte de las tres, anteriormente señaladas.
Como muchas veces he dicho,
"lo que un autor escribe solo él sabe cómo nace,
para quién y si el mensaje tiene un destino".
A partir de ahí todo son especulaciones
por parte del lector.

Pero vayamos por partes.

El día amaneció soleado y caluroso
en estos días típicos del verano.
El viento sur acaricia la tierra y la "reseca"
de las lluvias pasadas.
El bochorno se acrecienta a lo largo del día
y puede que, en la tarde, aparezcan las tormentas.

Si miro adentro, al cuaderno inacabado,
veo a las letras saltarinas en su danza diaria.
Parece como si quisieran ser protagonistas,
tomar este papel y salir a los versos
y a la prosa dándole vida.
Pero la sangre no circula, con fuerza,
por las venas con la intensidad de otros días.
La cabeza está en otra parte,
quizás pensando más en el "yo"
que en lo que ese yo debe de dar a la vida.

Afuera ladran los perros
y se escuchan los ladridos en ese idioma
que no conozco y que me gustaría adivinar
para poder comunicarme con ellos.
Sería bonito, ¿no crees? (Quizás escriba un poema)...

...Me he detenido un momento
y parece que se escucha el sonido de la tormenta
que, como estos días pasados, amenaza la tarde.

Continuaría escribiendo, pero creo que no es conveniente.
Te prometo que seguire enviándote mis letras,
aunque tú nunca lo sepas V.

Rafael Sánchez Ortega ©
02/07/18
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Me deslumbraron...

Me deslumbraron
el brillo de tus ojos
y tus pupilas.

Fue en una noche.
Veníamos del baile.
De una verbena.

Sin darnos cuenta
estábamos unidos
en un abrazo.

Pero tus ojos
siguieron en mi alma
eternamente.

Esas pupilas,
tan llenas de palabras
y de respuestas.

Ellas hablaban,
rompían el silencio,
con tanta vida.

¡Cómo no amarte
y estar siempre a tu lado,
y entre tus versos...!

¡Benditos ojos,
que luces en tu cara,
preciosa niña!

Quiero tus ojos,
tan lindos e inocentes,
en un poema.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/06/18
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Iré a buscarte...

Iré a buscarte, madre,
a ese jardín inmenso de los cielos.

Te vestirás de fiesta,
con las mejores prendas,
para salir conmigo de paseo.

Te llevaré a la barra
para que veas la entrada de los barcos
y recordar que, en ella,
vivimos momentos de emoción
y de ternura.

A ti te tocó primero esperando a mi padre,
a que llegara de la mar su embarcación,
tras la galerna.
Yo, años más tarde,
embobado en la emoción de aquella historia
y mirando el ancho mar y su horizonte.

Para los dos la barra es un reclamo
y por eso iremos a ella.
Dejaremos que el nordeste nos abrace
y acaricie sin descanso,
llenaremos los pulmones del yodo y el salitre
mientras contemplamos a las olas,
deslizarse juguetonas en la orilla de la playa,
y hasta gastaremos bromas
retornando a esos años, ya lejanos,
en que recogíamos las migajas
que dejaban las mareas.

Sí, madre, iré a buscarte.
Te sacaré del lecho donde duermes
y vendrás conmigo en el paseo.
Te contaré mis sueños, mis deseos.
Te hablaré de los días del colegio,
de cuando iba al comedor,
de cuando volvía de clase y te escuchaba quejarte,
(aunque nunca te lo dije),
y le suplicaba a Dios que tu dolor se hiciera mío.

Y te hablaré de mi padre.
De que apenas le conocí hasta casi su partida.
De lo mucho que noté su falta
y de cuánto he deseado estar con él,
hablando, paseando, oyendo su voz...
Porque le vi tan lejano y ausente, al principio,
que no supe darme cuenta de la realidad,
y por eso, cuando partió, sufrí,
y no entendí muchas cosas,
ni tampoco te las pregunté nunca.
Por eso quisiera que me hablaras de él,
que me dijeras qué pensaba de la vida,
qué sentía de las gentes y qué soñaba
y si su sonrisa, la que yo conocí,
estaba siempre en su corazón,
como la recuerdo.

Pero no te cansaré, madre, no es mi propósito.
Quiero que sonrías conmigo.
Que tu risa se funda con la mía
recordando todo esto.
Que vivamos la poesía que mi padre
nos dejó con su recuerdo
y que veamos, en lo que nos rodea,
la magia infinita que tienen este lugar
y estas gentes.

Y por último, quiero que gocemos de este paseo,
que nos emborrachemos de él,
para volver, con la ropa arrugada
y la cara despierta,
a descansar
en los brazos de la luna y las estrellas.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/18
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Sin ti...

Sin ti...

Este café
me sabe a
NADA...

Las noches
son grises
y algo amargas.

Las estrellas
se apagan, en
esta noche
apaciguada.

Sin ti...

No es noche,
no sé qué es...

Esta luna no
se ve igual, si tú
aquí conmigo
no estás...

© Derechos de autor
Isa García
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Transparencia

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Es mi alma transparencia que se quiebra cuando ocurren injusticias.

Es aura que brilla cuando el día es gris y prende la sonrisa para que el otro que me mira, se despierte y no se quede entre el lodazal que a veces es la vida.

Es color cuando abraza al que llora, al que sufre o está ya desahuciado.

Es fortaleza cuando necesita que su sangre sea vida y reviva los sentidos, mostrándole la vida como fluye y no se para mientras él se amarga por qué sufre y no entiende lo que pasa.

Es vida cuando cae y se levanta, cuando se resquebraja y desvencijada recoge sus cachitos, esculpiéndose a golpe de cincel, sin ser arquitecta de constructos vitales.

Y se que no lo entiendes,

Y se que no lo ves.

Es mi silencio el alma pura, como el agua que discurre ladera abajo, cuando fluye de la tierra.

Y tu,

no se por qué

no quieres verlo.

Marijose.-
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Si me atreviera...

Si me atreviera a decirte
tantas cosas;
a contarte, por ejemplo, dónde estuve
en la mañana,
lo que hice y lo que hablé
con los amigos en el parque,
la visión, en su paseo, de los cisnes
por el agua,
las ardillas juguetonas
que trepaban a los robles,
los vestidos sugerentes de las hayas
avisando del otoño,
el semáforo daltónico despertando
en la mañana,
el vehículo que cruza, indolente,
en mi presencia,
el forzado peatón que exhalando un juramento
hace un quite en una acera,
y hasta el hombre, que en sus sueños,
perseguía a los cometas...

Pero también te contaría otras cosas,
por ejemplo:
Del teléfono, sin nombre,
con que espero que me llames,
de los versos y latidos
que florecen en el alma,
de la sangre, que se altera,
cuando noto tu presencia,
de los labios, que sonríen,
cuando veo tu sonrisa,
de la rosa inmaculada
que me inspira y que te ofrezco,
del tatuaje con tu nombre
en aquel árbol que bien sabes,
de la luz enamorada de tus ojos
que te robo y hago mía,
de ese beso irreverente de tus labios
que deseo,
de mis labios dedicándote un poema,
de mi cuerpo, que se pierde, estremecido,
cuando nota tu presencia,
de la fuerza y la pasión que se desata
por mis venas cuando escucho
tus palabras...

...Y al final te contaría
que te amo,
que te quiero,
que deseo estar contigo, simplemente,
y si acaso tú no quieres todo esto,
pediría que me dejes observarte
en el silencio de la noche
y mientras duermes,
con respeto y sin palabras,
como el niño que contempla, desde el sueño,
a las estrellas,
y que espera, el imposible,
de esa luna que le hable y que le atienda,
aunque todo sea un sueño irrealizable...

Rafael Sánchez Ortega ©
26/06/18
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El silencio de los locos

Quiero bailar con el silencio, ese que nadie mira, ese que nadie quiere sentir y ese que sólo algunos locos sentimos.
abrázame bello silencio que cada noche, siente frío mi corazón.
abrázame fuerte, que cada mañana siento un vacío inexplicable, un vacío que quiere seguir allí, hasta que la muerte decida venir por mí.
Nada a veces me hace feliz, es un ir y venir sin sentido...
Sólo cuando vayamos a dormir, los sueños se encargan de ponernos en nuestro lugar...
No quiero soñar más con lugares a donde no quiero ir, pero es cierto que los sueños reflejan la milésima parte de la realidad que queremos....
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Fuego Fatuo

Asida va de la gracia, la desgracia; la ruleta que impulsa los dedos del destino desmentido en la ilusión de su carnaval...
Una máscara dispuesta en la faz ajena. La canción repetida de las malditas faenas.

Un beso que hace un lustro, abrazaba, y hoy, sólo besa a mis espaldas. Un abrazo comprometido con el sueño del nunca despertar; del silencio que llora mientras su alarido se ríe en la gota desdibujada del desencanto ancestral.

No predice siquiera la noche, pues imposible es tejer presente y girar rueca en reversa, ni desnuda al día su profecía cuando no desea el discurrir de las cortinas... La pólvora aún tibia, impregna de injusticia a la convocación de un joven relicario. Húmeda le va la causa a causa de sus tristezas; tristezas antiguas bajo esa nueva cera... que no menguan; que derriten la verdad breve al calor de la lupa convexa...

Es el daño, el ignorado. Su recriminar es la posesión de lo despreciado. Es la lluvia que no era nube y la melodía ayuna de nota. Es arrancar a golpe puro, el afiche numerado del almanaque y suscribir con tinta, las piezas sueltas a los hechos de la compartición viril con aquellas Dulcineas de sus horas solas...

Es añorar, el tornarse en coraje para acallar sus ojos entrecortados de nostalgia. Invocar en la melancolía todos y cada uno de los nombres; de los rostros del alguna vez, su delirio cercano. Apagar la prohibición y prender incienso en lo profundo del lecho obscuro... concentrar su combustible y consumirse en la única almohada rota a mordidas de promesas; de recuerdos. Recuerdos de desencuentros leales y encuentros fallidos. Recuerdos que arañan, rogando a cada ser sublime de su tiempo, ser por no ser ni haber sido... Implorar perdón por no llamar al pan pan y al vino vino... a lo todo comido; a lo todo bebido; a la mascarada que habita dentro de su propio Dèja Vú y desde sus adentros hacia el todo, su todo vivido.

La vigía se estrena. Pretender desapercibirlos arrepiente íntegra la devoción.

Latires...


Alma a pecho tierra
ardiendo en leña verde...
todas las estaciones,
en llamas de su propio
fuego fatuo.





Yamel Murillo



Incisiones.
La mirada sorda©

El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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No mío, no tuya

Tú, tan brillante y ocurrente
Te apareces de vez en cuando en mis pensamientos, sacudiéndolos con tu presencia y cuestionando sobre mis sentimientos hacia ti
Eres tan único que me asusta, eres tan bello que me deprimes
El sarcasmo predomina en tus palabras, haciéndolas más interesantes que otras
Me sacude el corazón tener que descifrarte, me sacude el corazón que tengas que descifrarme
Porque somos iguales, como dos gotas de agua salidas de la misma llave, y eso es lo mejor que nos pudo haber pasado, nos hace interesantes y adictivos como tú
Interpreto tus acciones como algo, y me engrandece saber que no me equivoco porque eres yo, y yo soy tú
Este constante juego de palabras me atrae tanto, que me es imposible dejarte ir
Porque tu mente es tan atrayente que cualquiera se perdería en ella.
Aparentas un vacío enorme, pero me has enseñado a no juzgar lo primero que percibo
Tal vez no me pertenezcas, ni yo a ti
Pero estoy segura de que podemos pertenecernos, el uno al otro, por un largo tiempo
Porque tu sonrisa, tu voz, tu acento tan peculiar y tu manera de mirarme me tienen enganchada, que ya no sé como librarme
No es el momento, ni el lugar
Pero en un futuro podemos ser algo, algo admirable y algo indispensable
Eso no lo sé, pero pronto o lejos, lo sabré.
Conduces y tus grandes manos se adhieren al volante, resaltando cada parte de ti que me gusta tanto
Tus hombros anchos e infinitos, que me llevan a lugares por recorrer
Diriges tu mirada hacia mi, tus largas pestañas y tu forma de verme me gusta tanto, que solo puedo pensar en que posees los ojos más bonitos que haya visto
Te acercas pidiéndome permiso, pero me quedo muda ante el miedo de lo que pueda ocurrir
Parecemos pensar mejor las cosas y establecemos un punto y aparte entre nosotros, aunque mente y corazón siguen tan unidos que son uno mismo.
Pasamos a través de calles, mientras más avanzamos nuestros sentimientos crecen, la atracción es tan palpable que se vuelve notoria
Pero no decimos nada, porque somos iguales, porque no soy tuya ni tú eres mio, aunque nuestras mentes se pertenezcan.
Te lanzo miradas que solo tú sabes interpretar, porque mis acciones están hechas para que solo tú las descifres y hagas con ellas lo que yo no haría.
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El proveedor

Frotando allí
insistente está la yema
tratando de exprimir de mi fruta el zumo
ácidos calores que desde adentro vienen
gotas de negra magia
que sirven para volver a los hombres locos.

A veces siento
que para ti soy sólo un tinajero
me acudes cuando necesitas de mis llagas
mueles sin piedad la pulpa primitiva
encendiendo el sol de ese guisante.

A veces me siento como un preso
dentro de esta, mi mujer cautiva
hay sitios de mi que desconocía franco;
pero llegas tú con tu machete de rabia
y disipas toda esa maleza.

¡Ah!... ¡El dolor de los terrenos nuevos!
hasta que del ardor brote el cayo
y sea entonces
un pan comido entre los dos de acostumbrados.

A veces me siento como un exprimidor de jugos
me usas como tu objeto cotidiano
un crisol; un matraz de Erlenmeyer
donde puedes jugar con tus artes fatuas.

A veces me siento lleno de vacío
cuando me columpias con tus manos
hacía ese abismo...
Tú, sólo miras
mientras tuerces esa sonrisa de media cara
arrojándome a las llamas del pasmo.

Sólo tengo tiempo para dibujar muecas
me retuerzo en las sábanas como lo haría el gusano
llevo en los ojos el palpitar de un loro
apreto los dientes cual perro con rabia
brota la baba
y asperso la saliva.
Escupo el grito de un mono arisco
ardo aferrado a los dos filos de la cama.

Tú... Impávida
sólo observas y esperas
a que el tulipán bermejo
vomite sus galaxias
sus semillas liquidas
sus colores de niebla espesa
sus jugos...
escasos y codiciados
de como tú, nigromante, bruja lunar.

Me sueltas
arrojándome como un muñeco-colilla
mientras aún me calcino en lo de tu silla eléctrica
últimos estertores
luego, vacío total.

Dime: ¿Qué soy para ti?
¿Sólo una avellana enterrada...
en lo profundo de un tejido de hojarasca?
¿Una ánfora diminuta...
capaz de derramar la miel sus leches?
¿Sólo soy tu proveedor de mascarillas...
para cuando intentas renovar una juventud antigua y gastada? ¿Ah?
¿Qué soy?



@ChaneGarcia
...
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No encuentro nada...

No encuentro nada
que asocie, en mi retina,
con tu recuerdo.

Fue en Salamanca,
comienzo de un verano,
donde nos vimos.

Fin de semana
vivido intensamente,
tan añorado.

Fuimos felices
deteniendo las horas,
parando el tiempo.

Y nos amamos,
así lo proclamaban
los corazones.

En la partida
brotaron unas lágrimas,
quizás de miedo.

Y con el tiempo
negaste y cuestionaste
el sentimiento.

Lloré en silencio,
no pude comprender
por qué mentías.

Dudé de ti,
e incluso, en tus palabras,
dudé de mí.

Pero tu voz,
diciendo que me amabas
era la prueba.

Y la guardé,
oculta con mis lágrimas.
Nada te dije.

Sigo pensando
que amar es algo fácil
si se es sincero.

Rafael Sánchez Ortega ©
16/06/18
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Tormenta

Deseo que en este día
recibas una gran lluvia
de los "te amo" que te envío
empapándote con mi amor
por la tarde la tormenta
de mis caricias líquidas
hasta apaciguar tus ganas
en el calor de mi cama
con la noche como testigo
de mi felicidad contigo.
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Eternidad

Había una vez una mariposa aleteando en el pensamiento de una niña del Amazonas.
Mi mariposa le dijo a la suya que no quiere existir más.
La suya le dijo a la mía que en las hojas verdes se alcanza la eternidad.

Une Ceci
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Sin título...

Todos la
decían...

¡Ya volverá!.

Pero ella,
no estaba
tan convencida
de que él,
volviese...

Y, es verdad.

Nunca jamás,
supo de él,
ni tampoco
regresó...


© Derechos de autor
Isa García
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La vida es un inciso

Vengo de afuera,
voy hacia adentro,
soy de la noche,
breve es mi día,
aquí sólo estoy
de paso.

Fuera de este paréntesis
hay la unidad de dos noches:
La boca del mismo útero
que nos vomitó al nacer;
esa misma boca con dientes
que nos espera ahí adelante.

¡Ah!... ¿Lo sientes?
Ese es el horror
de tener que volver
a esa casa oscura.-


@ChaneGarcia.
...
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Retales de poesías...

Retales que quedan
de las poesías.
Qué al alba te
escribía...

Eran suaves
caricias, que
en toda tu alma
te envolvían...

(Y en un suspiro de
anhelo, te sentía)

Retales que quedan
de las poesías.
Con el fin, a no abrir
de nuevo viejas
heridas...

¿Dónde ellas
quedaran? ¿Al
igual qué las flores,
marchitarán?...

Retales que quedan
de las poesías.
Aunque parte
de ellas, en tu
piel, por siempre
quedaran...

Con esas...
Ya no hay nada
qué hacer...


© Derechos de autor
Isa García
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Quién sabe, igual yo también soy un fantasma

Te despiertas a gritos por las noches. Fantasmas. Encerrados en la casa mientras les tengas miedo. Y, por si acaso, te encomiendas a ellos, nombrándoles. Porque si no les nombras, se asustan, creen que ya no existen. Y te susurran sus nombres para que les recuerdes, para que el olvido no les convierta en polvo. Eso son las palabras: fantasmas con miedo.

Luego perdieron el miedo, sí seguían existiendo, y al final se fueron. A ese lugar, ya sabes cuál. Al que nombramos para que nos dé menos miedo. Eso son las palabras: fantasmas sin miedo y vivos aterrorizados. Y me paso el día, así: nombrando y desnombrando, Vivos y muertos. Hasta que en la habitación volvemos a estar solos tú y yo, cerrando los ojitos: buenas noches, niño. Y ya no hay fantasmas que me hagan despertar a gritos por las noches. Hasta que ya no hay muertos asustados que quieren seguir vivos suplicando que alguien diga su nombre antes de irse a dormir: buenas noches, niña.

Y ahora ya no hay fantasmas ni muertos que me asusten de noche. Ahora solo quedan los vivos. Los que nos asustan de día. De día y de noche. Despiertos y dormidos. Esos vivos, ya sabes cuáles, que no nos dejan vivir, ni soñar, ni dormir, ni despertar. Eso son las palabras: vivos con pesadillas.

Quién sabe, igual yo también soy un fantasma. Tu fantasma. Ese que te acecha por las noches, que no sabe aún que ya no está, que ya no existe. Ese fantasma que quiere seguir vivo que te pide una y mil veces que, antes de dormir, pronuncies su nombre. Que susurres mi nombre: buenas noches, niña. Para que el olvido no llene mis ojos. Para que la ceniza no llene los tuyos. Buenas noches, niño. Hasta mañana.

Buenas noches, fantasma.
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Torso

La brisa fría me ondea atravesándome fantasma
¿O soy yo el que la atraviesa a ella...
cual flecha inmóvil?
Torso desnudo que se enchina por la lengua del viento en la borrasca
pareciera que estoy en Galicia
plantado en sus costas de frío
con su humedad de musgo y manto de niebla;
pero no...
Sólo es mi terraza
íngrima de sueño que se despereza
calistenia de gato
un domingo en la mañana
muy de mañanita
antes de que apriete la erizada cabellera del Sol.-


@ChaneGarcia
...
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Agua viva

Pretendo inútilmente desafiar a la muerte. No resisto más la Tierra.
En el espacio del Espacio, el «it» es la luz que irradia mi estrella interior. En mi cápsula atemporal, en la que los instantes importan y ya no importan, me siento junto a Clarice, mientras escribe su poesía matérica y musical.

Son las 2:43. Pienso en mi imperfección silábica;
son las 2:44 y la luna panza abajo llora sus cráteres vacíos.
Son las 2:45 y faltan quince minutos para las tres.
¿Por qué tanto deseo de abrazarte?

Necesito que sean las 3:00.

Flotando en mi cápsula en el espacio, faltan diez minutos para las 3.
El frío y el silencio de la madrugada es azul y es aurora boreal que ilumina mis torpes aciertos.
Soy un espejo roto en cinco pedazos; un pedazo por cada minuto. En este primer minuto pienso en la calidez de la respiración, tan corta como tu caricia pasajera. Ya estoy en el minuto dos. Ahora el minuto tres. ¿Qué estoy haciendo?
En este minuto par se dividen las células de mi soledad. Queda un minuto. Ya son las 3. No cambió nada. Sigo viendo a la luna, pero un poco más arriba. Tuve la sensación de no haberme movido, pero yo no estoy manejando, mi cápsula sabe a dónde ir.

Maga, no te voy a mentir ni a dar excusas torpes. Como puedes ver, necesito este libro conmigo en el Espacio, porque quizás sea en lo único que piense durante mi último respiro, cuando mi «it» sea comandado por la cápsula hecha de pétalos de páginas de libro.
Cualquier dispositivo electrónico que pueda utilizar como sustituto, me puede abandonar en medio de la eternidad; las baterías duran menos que el pensamiento de una mariposa recién salida del capullo.

Une Ceci
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