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Si ella

Si ella sabe que la amas se tomará el tiempo para conocerte.
Si ella sabe que existes te buscará y te dirá su nombre.
Si ella no desea estar a tu lado aléjate es una manera sana de dejar escapar a lo que amas.
Si ella por alguna razón necesita un consejo de ti, pero no tu amor, dale ese consejo, estarás al menos tranquilo contigo mismo.
Si ella necesita llorar en tu hombro acógela y no juzgues.
Pero si humilla a tu corazón simplemente olvídate de esa relación que sólo va a atraerte tormento y dolor a tu vida.
© Margarita MedGut
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Yo también...

Yo también pienso en los sueños
y en dónde quedaron los mismos
ya que ahora no los veo,
no los siento,
y se me escapan, tantas veces,
que hasta dudo que existieran.

Aunque sé que soñar es de niños
y de locos,
que los hombres no sueñan
porque no tienen tiempo para ello.
Se dice que la vida es actividad y movimiento
y en ella no hay tiempo para los sueños
y sí para vivir, solamente, el presente.

Pero es entonces,
cuando pienso en ese momento mágico,
cuando me elevé con las golondrinas
en la primavera,
cuando me posé con la cigüeña
en el campanario de la iglesia,
cuando volé, como las gaviotas,
sorteando las olas
y me quedé balanceando en el aire
mirando a las resacas llegar,
para dormir en las playas
y estirarse por la arena.

Es también, en ese instante,
cuando bajo hasta el río,
cuando cruzo los montes,
cuando subo a las cumbres vacías,
cuando atravieso los valles,
cuando paseo por los pueblos olvidados,
cuando encuentro la libertad de la naturaleza
en los marjales
y hasta veo a los rebecos nadando entre los juncos.

Porque es ahí donde los sueños se desnudan,
donde se bañan a la luz del día que comienza,
donde se purifican de todos sus pecados,
donde muestran su inocencia,
porque solo tienen una cara,
donde sacan las palabras que no pueden decir,
y que se ahogan en su alma,
donde le preguntan a la luna
lo que otras personas no han podido decirles,
donde hablan con dios y hasta juegan con Él,
en ese duermevela de locura e inocencia...

...Me paro aquí y noto el sudor del "sueño".
El sudor que destila el alma,
el que se desprende de unas pupilas
que gotean un agua cristalina,
es el sudor de unos labios temblorosos
que musitan un nombre en el silencio,
y es la agitación de un pecho que quisiera gritar
lo que se guarda,
lo que oculta y no se atreve,
porque todo está en el sueño,
en esos sueños que se buscan,
que se escapan,
que he vivido y que he tenido
al alcance de la mano
y que, ahora, ya no sé dónde se han ido.

Al final, cuando despierto,
me digo que quizás el sueño ha terminado
hace tiempo, y que yo mismo,
sea solo ese rescoldo
de un sueño inacabado,
sin principio ni final.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/04/18
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Secretos de poetas

Los poetas conocen
el efímero secreto
de la eternidad,
transpirando nocturnos
e inhabitados destellos
de sus inquietas entrañas,
despedazando insomnes
palabras que no moriran,
bajo el sol de una vela
derramándose en la hoja,
la mano temblorosa,
temerosa y frágil
sueña un verso trás otro,
los ornamenta,
los cincela y pule
para que nadie se atreva
a enterrarlos en un anaquel,
bajo una tumba de polvo
sin miradas hambrientas
sin la caricia de unas manos
enamoradas del silencio.
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10comentarios 209 lecturas prosapoetica karma: 91

Se hace duro y largo el tiempo...

Se hace duro y largo el tiempo
sin nadie a quien poder decirle
lo que sientes.

Se hace muy eterno el silencio
intentando escuchar una voz
que te diga que te quiere...

...Hace tiempo te llegaban las palabras,
y te dejabas arrastrar con ellas,
como si fueran olas en la playa.

Era hermoso y bonito aquella música,
aquel rumor de las resacas impacientes
que llegaban a tu lado.

Era tierna aquella imagen, en que hablabas
y creías, en la magia que envolvían
las espumas de las olas.

Hasta el tiempo se paraba, y detenía
el segundero en los relojes,
y los días del verano parecían casi eternos.

Pero luego, en el otoño, se mostraron
presurosas las esferas
y avivaron esa marcha de las horas.

Caminaste por la alfombra de las hojas muy doradas
arrancando los suspiros
de momentos ya pasados y vividos.

Avanzaste entre la bruma de la tarde
acercándote a la noche de tu alma
y lo hiciste sin parar, ni darte cuenta.

Y ahora estás en el invierno, solitario,
con la nieve que te cubre y ese frío
que se mete por los huesos hasta el alma.

Ahora buscas las palabras que has perdido,
esa voz que te decía que "te quiero",
y ese pecho que esperaba que le amaras.

Ahora sufres el silencio de tus versos
y las rosas que recoges se te escapan
de los dedos sin saber ni su destino.

Hay un hielo que te nace en las entrañas,
una amarga sensación de la derrota
y una sed que no se cura con palabras.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/04/18
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Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo en que, de noche,
perseguía por el cielo a las estrellas,
intentando me contaran sus secretos...

Pero aquellas se cansaron de mi acoso
y cansadas, le pidieron a las nubes
que cubriera sus figuras con un manto,
y eso hicieron...

Hubo un tiempo en que soñaba con sirenas
que buscaba y encontraba por las playas,
con su cuerpo sugerente y atractivo
y esa luz de sus pupilas
que me hablaban sin palabras...

Pero un día se acabaron las resacas
de la infancia
y volvieron las galernas de una cruda realidad
y juventud cual torbellino...

Hubo un tiempo en que viví una bella fantasía
con princesas de leyendas
y hasta estuve enamorado de una linda Dulcinea
rescatada del olvido...

Pero pronto los molinos acudieron a mi encuentro
enseñándome al Quijote que llevaba
en su montura un rocín, malencarado,
y con ganas de dormir a pierna suelta...

Hubo un tiempo en que quería ser poeta
y hasta estuve, con mis versos,
ensayando con la luna, unos pasos para un baile
que dejamos aplazado
esperando a las estrellas...

Pero estas se asomaron a los cielos
y dejaron en los mismos unas lágrimas preciosas
que llegaron al cuaderno
y rompieron los acordes de aquel baile
y los versos tan preciosos que asomaban
en sus letras....

Hubo un tiempo en que te amé profundamente
y creí que tú me amabas,
y pensé que ya podía proclamar a todo el mundo
un secreto que guardaba a pesar de la evidencia...

Pero tú me despertaste de ese sueño
y dijiste que seríamos amigos,
que el amor que yo sentía era hermoso y era tierno,
pero a ti no te llegaba
y querías apurar muy bien el tiempo
de la "eterna juventud" en que vivías...

"...Hubo un tiempo, sí, y bien que lo recuerdo...

Pero ya es pasado, simplemente..."

Rafael Sánchez Ortega ©
03/05/18
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2comentarios 59 lecturas versolibre karma: 108

A la deriva

Tantas barcas
a la deriva
trashumantes
de un puerto
sin salida,
tristes
sus estandartes
sin un futuro
en tierra
sin amor
por sextante,
cementerio de
cemento herrante,
donde anclan
los corazones
sin hogares.
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2comentarios 73 lecturas prosapoetica karma: 97

Sacrificio

Con las alas herídas
voy surcando
las arenas del tiempo,
convirtiendo golpes
en silencios,
derrocando cielos
sin pájaros,
levedad de los sueños
sin dueños.
Puedo surcir
el miedo
mas no alejar
el péndulo
que sigzaguea
afilado y cruel
entre la mansedumbre
de tu cuerpo
y el deseo
infinito
de entregar
mi corazón
aunque me odies.
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7comentarios 123 lecturas prosapoetica karma: 99

Las cuerdas del tiempo

Ningún círculo se detiene
bajo el celeste infinito
de tus ojos,
llamas que encienden
multitudes
apagan el sabor
insípido del tiempo,
un cuerpo se estremece
ante el relámpago de
un beso,
un perro lame la cordura
desesperada
en las manos tristes
del recuerdo,
sin lágrimas bajo
el sombrero,
recorro el solado
acolchado
de mi lecho,
nunca dijeron
mi nombre,
solo fui arrojado
a la leonera
de los insanos,
donde espero
que regrese el tiempo,
que te traiga
a mi locura
donde el amor
es el más puro
de los remedios.
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10comentarios 183 lecturas prosapoetica karma: 110

Se va la tarde...

Se va la tarde y te pido perdón.

Lo sé,
me da verguenza decirlo
pero quisiera poder parar el tiempo
para poder rectificar y olvidar el pasado.
Sí, olvidar el pasado y dejar esa página
limpia en mi conciencia
que pueda recibir la brisa del nordeste
y cubrir la alfombra dorada
de tus pasos en una nueva primavera.

Te pido perdón con sinceridad
y con tristeza, por la alegría perdida,
y lo hago sabiendo lo mucho que recibí
de ti,
sin pedir nada.
Hoy veo aquello que me diste
y entiendo que no fue una limosna,
ni unas migajas para apagar
el hambre y la sed de un alma sedienta,
ya que la verdad venía con tu entrega,
con aquellos detalles que tenías
hacia mi persona,
con las palabras, las caricias,
los sueños y el amor.

Pero en aquel entonces,
yo quería la verdad,
necesitaba la verdad,
buscaba mi verdad,
y creí que, la verdad, no estaba ahí,
en ti y en tu persona;
confundí tu entrega con esa limosna
que se da al necesitado
y sentí lástima de mí mismo,
ya que tus palabras no me llegaban
de la manera que yo quería
y sí las imágenes distorsionadas
en un caleidoscopio irreal
que salía de mi fantasía.

¡Qué pequeño puede ser el hombre
cuando le ponemos al lado de una montaña,
y qué grande si le comparamos
con una hormiga!
y así mismo puede ser grande
el amor egoísta, cuando no cabe
en el alma,
cuando la desborda,
y es pequeño cuando está contenido
en un suspiro
y un poema.

Pero creo que me dejo atrás
algo importante,
algo de lo que te pido perdón
nuevamente,
y quisiera leer en tus ojos que sí,
que me perdonas,
ya que aquellos días,
en que creí estar enamorado,
pensé en mí, quizás en demasía,
y soñé como nunca he soñado
metiéndote a ti, en mi vida,
en las fantasías juveniles
de aquellos años,
y aunque luego te lo contaba,
te estaba forzando, sin darme cuenta,
a que fueras partícipe,
a que compartieras aquellos sueños,
a que los hicieras tuyos
y eso es algo que, hoy creo,
no fue justo.

Entonces vivía al día,
casi diría que lo hacía segundo
a segundo,
y en mi egoísmo, quería que tú
estuvieras conmigo,
en mis latidos,
en mis suspiros,
en mis sueños...

¿Y tú?,
me digo hoy,
¿acaso pensabas igual?
...No te lo pregunté
y nunca te di la oportunidad
de que me dieras tu respuesta,
dando por sentado que era así,
que aceptabas mis sueños
y compartías mis ilusiones
y fantasías.

Por eso ahora te pido perdón,
cuando se va la tarde,
cuando el día se acaba,
cuando el tren ha pasado
y el último vagón se pierde
en la distancia
y entre las sombras;
y me digo,
que no fue justo querer imponerte
un sentimiento que nunca debió llegarte
de esa manera
y que si existía,
como yo pensaba y creía,
tú debías analizar y valorar
en sus justos términos
y nunca bajo la presión emocional
de un soñador.

Espero que me entiendas y perdones,
en esta tarde que acaba,
cuando las estrellas tiritan en el cielo,
como mi alma lo hace ahora,
y unas lágrimas afloran,
sin querer, en las pupilas.

Rafael Sánchez Ortega ©
21/04/18
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ᑭEᖇᖴEᑕTO

Tienes el nombre perfecto. Eres perfecto. Tus manos poseen fuerza, fuerza que invita al deseo de ser tocada por ellas. Firmes, tensas a puños cerrados entre brazos cruzados; arduas, vitales; dominantes de la debilidad de los míos...

Mis rodillas flaquean ante tu postura lejana y maldigo mi subordinada cobardía. Te escribo líneas blancas entre muslos, sin dedicatorias expresas; con tu nombre cerrado al calce, sobrio e inquietante pero abiertos al temor de descubrirte por entero a mi merced dentro de mis besos.
Al llegar el turno de tomar el trono, lanzas a mí tu pan como a espectadora de la Roma de tu circo. Apenas esconde la túnica de mi hambre el pezón erguido despierto en mi suspiro.

En el comedimento,
a la zafiedad
le apetece la extrañeza
de dos pieles que se inhalan,
con premura y sin olvido...




Yamel Murillo


Confesionario II
Caleidoscopio©
D.R. 2015
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Mi país

Me gustan
los campos de su cuerpo,
crearé tribus
con mis sentidos
acampando en sus laderas,
beberé el horizonte
sorbo a sorbo
las lunas y lunares
dormire en su gramilla
besaré sus grietas
desmayando mi lengua
sobre sus aguas,
ese será mi país
territorio de deseos
esperando despertarse.
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4comentarios 98 lecturas prosapoetica karma: 85

Voy a imaginarte

Voy a imaginarte, igual que se siente la brisa en las noches de verano. Cerraré los ojos conteniendo en las pestañas el aliento de tus labios, el sabor que te pongo cuando sonríes y dejas al silencio ensimismado o estas ganas locas de amarte que se aferran a mis muslos.

Cerrar los ojos... y verte. Y no poder pensar en otra cosa que salir corriendo y buscarte y respirarte despacio y llenarme de brisa, y… amarte. Amarte siempre.
Debo hacerlo, amor. Debo, de alguna manera, hacerte visible en mi boca; llamarte a viva voz matando el ensueño y volverte real entre mis manos para no soltarte nunca.

Todas las noches huelen a junio salpicado de estrellas, a tus dedos deslizando hacia abajo el tirante de mi vestido. Huelen a besos, a tu ombligo junto al mío. A veces, saben a julio vestido de serpentinas, a miradas en la terraza mientras se pone el sol o al calor que aparece de pronto y me recuerda a ti. ¿Sería una locura pensar que, cada noche, agosto me abraza entre maizales y espigas? ¿Que me toca el vientre con estelas de espuma acariciándome igual que tu lengua? Seguro que sí...
Entonces, la realidad llega de la mano de septiembre para ponerme en mi sitio y decirme que todo es un sueño y que estamos en abril.

Voy a seguir imaginando que ya no te imagino; que de tanto pensarte, ya estás aquí. Que el mundo se para, que eres real... que estás conmigo.
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Gorriones

Gorriones, gorriones,
en tu cielo raso,
hasta el ocaso
visten de espuma,
la obscura bruma
que en tu cintura
ancla mis sienes,
y tus gorriones
que van y vienen
como las olas
que nada temen,
hicieron nidos
en mi cabeza.
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8comentarios 79 lecturas prosapoetica karma: 109

ҽԹIԵɑƒíօ

Era el humo de una balada nocturna
y el tedio de su soledad azul.

Era la boca del laurear tímido y los nudillos hechos polvo, queriendo derrumbar los muros del silencio asesino.

Era la herida del labio. El dominio de su virgen de sueños infames y pasados de coitos rotos.

Era el bouquet a madera y a llanto;
a bríos y orgullo traspapelado.

Era la tez pura... la fotografía de mis constelaciones revelada en el cuarto oscuro de mi cielo personal.

Era él, compás quedo en sus cabizbajos ojos; cuerda gutural detonante de una perla líquida al insinuar de un amor desesperado.

Era el estoque al corazón que defendía.

Cierta noche, apretó los dientes, los puños y una sutil injusticia...

Su par, dentro de ellos, sintió un despedazarse
lento, como su llegada
y el precipitarse al vacío,
del último sueño.




Yamel Murillo




Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2018
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Mis manos y mi mente

A veces cuando yo escribo mis manos se mueven solas,
pienso en una palabra y en el papel pongo otra.

De cierto que yo no sé lo que con mis manos pasa
a veces escriben cosas, palabras y más palabras.

¿Será que mis manos y la mente se entienden a mis espaldas
hablando algún idioma que mi razón no alcanza?

Mi mente me dice observa ¿vez la rana en la ventana?
está cuidando esa rosa que nació por la mañana,
de ella está enamorada y la mira hipnotizada,
y aquel sinsonte que canta posado en aquella rama
pasa sus días tristes suspirando por la rana.

Me cuenta que mi gallina del perro está enamorada
que la vaca del vecino es muy vaga y descarada
que mi laurel tan hermoso se ha vuelto muy vanidoso
que mis claveles y jazmines conversan con querubines
que mi gata blanca sueña convertirse en una nube
para atrapar las estrellas y traerlas para ella…
que el tiempo se siente el amo de todos nuestros espacios,
que el hombre es como un gigante atrapado en un instante.

Mi mente me dice cosas que la verdad yo no entiendo
pero mis manos van solas y las siguen escribiendo.
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12comentarios 162 lecturas prosapoetica karma: 99

Se dieron la mano...

Se dieron la mano y, sin pensarlo,
caminaron sobre las vías tortuosas
y difíciles de la vida,
haciendo mil equilibrios,
y sorteando obstáculos que parecían insalvables,
pero siempre apoyándose
y manteniendo sus manos unidas.

En aquel recorrido unieron sus latidos,
sus esfuerzos y su energía
y compartieron la sonrisa de la vida
cuando amanecía cada día
y también la tristeza de las sombras y la lluvia.
Pero fue bonito caminar así,
luchar y sacrificarse por algo tan hermoso
que no tenía nombre
y era imposible de calificar.

Al final consiguieron llegar a la estación
y así iniciaron una nueva primavera.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/03/18
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Exiliadas

Cuando amanece la luna
y entre mis sábanas está la nada,
me hundo en el frío mundo
nostálgico de tu mirada.

Tras la anciana puerta quejosa
sobre la luz mortecina
camina mi sombra vaga,
ansiando una sombra amiga.

Solas hojas en la mesa
pálidas, tristes compañeras,
acariciadas por las letras
que se exilian de mi cabeza.
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Poema incierto

En las más certeras
de las incertidumbres,
corro el velo de la noche
bebiendo versos insomnes,
esculpidos en la memoria
manantial de todas las historias,
desde que el hombre fue hombre.
Desde ese vacío en el pecho
siembro signos en tus ojos,
de un poeta los despojos
enriquecidos por la vida,
se hace aguja la partida
en el tic tac de la estación,
llegará el tren en un cajón
y nada he escríto todavía.
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