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Sueltos

Suelto cometas en los senderos
el viento le presta su vientre
quizás besen tus mares
que silentes los hacen versos.

Busco en el reflejo repetido
el rostro pálido de los heridos
cegando cicatrices con palabras
dejo huellas en la arena de tus ríos.

Exiliados mis hijos de tinta
cargando sentires y dagas
fantasmas entre las tormentas
que el devenir les depara.
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Corazón negro

Corazón de carbón
tu abismo me estremece
la noche duerme en tu regazo
y un mirlo canta bajo tu sombra.
Quietas multitudes incoloras
como cenizas por las venas
sepultan la luz obscura
con un manto de negra arena
herida de amorosa daga
sangra el alma de piedra
un volcán que no se apaga
quema dolores y penas.
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El miedo

¿Sabes lo que es el miedo? No, solo crees saberlo, pero yo si lo sé, lo sufro cada vez que cierro los ojos.
Lo sabrás cuando sumergida en la oscuridad del sueño, el frio este a tu lado, envolviéndote entre sus invisibles y helados brazos, produciéndote escalofríos y haciéndote sentir un vacío en tu interior. Te obliga a correr para alejarte y adentrándote cada vez más profundamente en la oscuridad, la cual te atrapa entre sus tentáculos cegando tus ojos de todo rastro de luz.
Huyes de ellos, pero de nada te servirá, sus lazos son infinitos y te perseguirán allá donde vayas, atrapan a todo el que quieren, no existen barreras que los detenga, y si las hay las atraviesan como si nada. No corras, no huyas, te agarrará para no volverte a dejar libre, estrujándote hasta que no quede rastro de la persona que fuiste, convirtiéndote en un ser oscuro, en su marioneta. No tendrás alma y el brillo que tienen tus ojos verdosos desaparecerá, volviéndose como el césped en otoño, sin vida, vasallo de la Muerte y la Oscuridad, tendrás que obedecer su autoridad.
Puedes elegir, lucha para conservar tu esencia, tu alma intacta y tu propia luz que hace que brilles como si de una estrella fueras, o dejar que te absorba, dejando solo un cuerpo que camina entre la vida y la muerta, no estando en ningún estado, un espectro casi fantasmal. Te animaría a luchar, pero pienso que sería inútil, no eres lo suficientemente fuerte para vencer, no sabes luchar por ti misma, ¿cómo puedes si quiera pensar que ganarás esta batalla? ¿Puedes salvarte a ti misma pensando que así tus seres queridos no sufrirán?
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Es que era tan sencillo amar...

Es que era tan sencillo amar,
que no lo vimos hasta que fue muy tarde,
hasta que el sol se ocultó
y acabó el día,
hasta que la noche nos abrazó
y nos sumergió en sus negruras,
hasta que los labios sedientos
se quedaron resecos
y hasta que el alma se dio cuenta
de que vivía en un desierto
con un rótulo que ponía:
"amor".

Y es que entonces,
cuando habíamos dejado atrás
esos momentos,
cuando nosotros marchábamos
en direcciones diferentes,
pudimos ver aquello, que de cerca,
no pudimos llevar a las pupilas,
y así los ojos lloraron ante la lluvia
que caía,
ante el sol que daba vida y color
a las personas, a las plantas,
a los campos, a los mares,
a ese inacabable etcétera de cosas
que merecen verse y contemplarse
porque las mismas hacen tilín en el alma
y hasta son capaces de arrancarnos un suspiro
y de hacernos llorar de emoción.

¡Y qué decir del amor por los niños,
por los mayores, por los que nos rodean,
por la familia, por los amigos...!

Es cierto que una vez fuimos niños
y buscamos el amor inútilmente,
porque el amor iba con nosotros
y no lo sabíamos.

Es cierto que lo perseguimos de jóvenes
en el sentimiento a la persona amada,
y también a la vida,
a la que nos íbamos acercando y descubriendo,
y quizás creímos tenerlo
y poseerlo, en algún momento,
pero puede que fuera la ilusión y la utopía,
lo que cegó nuestros ojos
hasta que un día nos encontramos solos,
navegando en un barco a la deriva, por la vida,
sin fijarnos en que unas gaviotas nos seguían
y que la luna lloraba en el cielo
y las estrellas se estremecían,
y las olas se mostraban impacientes
y las resacas aumentaban su sonido
de protesta en bajamar...

Y es que era tan sencillo amar
que tuvo que llegar el otoño
y, casi, cuando estábamos ya en el invierno,
nuestros labios murmuraron esa palabra: "amor",
y todo lo que nos rodeaba cobró vida,
pero una vida que se escapaba,
que se marchaba de entre los dedos,
que estaba ahí, precisamente,
en la cara que devolvía la imagen
en el espejo,
y en las otras caras de esas imágenes
guardadas celosamente
con la etiqueta de recuerdos
y nostalgias...

¡Amar, amor...!, Qué fácil hubiera sido todo,
si ayer, como hoy,
nos hubiéramos dado cuenta de tu existencia,
de que estabas a nuestro lado
en lo que teníamos,
en lo que nos rodeaba,
en las personas que amábamos,
en las que odiábamos,
en el cielo y en la tierra
y hasta en los benditos sueños,
de aquel entonces,
que llamábamos inocencia.

Rafael Sánchez Ortega ©
27/07/18
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La vida...

Me diste vida,
con luces y colores,
en primavera.

Luego en verano
seguiste renovando
tanta alegría.

Llegó el otoño
con magia, colorido
y gran nostalgia.

El padre invierno
también llegó y dejó
sus barbas blancas.

Así es la vida,
relevo de estaciones
que no regresan.

En el andén
las vemos como pasan
y nos superan.

Pero la vida
es mucho más que un verso,
es cada instante.

Por eso digo:
"vivamos del presente
cada segundo"

Y si no basta,
soñemos como niños,
sin tener miedo.

Rafael Sánchez Ortega ©
28/07/18
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Soy consciente...

Soy consciente
de que el pasado no vuelve
y que el corazón se queda sin latidos,
y va perdiendo su ritmo,
en este tranvía que es la vida.

Estamos en otoño
y hay un cuerpo viejo
que camina, titubeante,
entre la telaraña de recuerdos
que conducen al invierno.

Si miro atrás, a ese pasado,
me doy cuenta de que era bonito
despertar cada mañana,
con la llamada del alba,
y acudir a la taza de café,
que esperaba calentarse en el microondas,
para calentar unos labios
que esperan saludar al nuevo día.

En aquel largo verano
caminé por muchos caminos
y senderos,
incluso tendí la mano
a la primavera de la infancia,
rescatando, de la misma, muchos sueños
retenidos en los puentes.

Fueron largos días de suspiros,
de susurros encantados
que dejaron una huella
muy profunda en ese tiempo
que no vuelve.

Era hermoso contemplar a las estrellas
y hasta hablar, en su lenguaje,
por las noches.
Era hermoso el escuchar
las canciones y rumores que dejaban
las sirenas en la playa.
Era hermoso ver pasar
a las traineras por la barra,
que salían a pescar
con su silueta inconfundible.
Era hermoso emocionarse
al pensar que las rosas que veías
las pudieras entregar
a unos labios tan queridos
con un beso.
Era hermoso hasta rezar
a ese dios que es de los niños
y a ese niño que llevabas
tan adentro y le gritabas
de que nunca te dejara.

...Ahora sé que aquel desierto,
inhabitable y silencioso,
me esperaba y me abrazaba
sin remedio
y que la soledad del otoño
y del invierno estaban cerca,
y no en el parque figurado,
porque la tristeza iba conmigo,
con nosotros, con la gente
y con el mundo que nos rodea,
en un abrazo y un abrigo inconfundible
y no tendría una luna, con su manto,
que viniera a cantarme una nana
en esa noche.

Al final, soy consciente
de que me hice mayor
y no me di cuenta.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/07/18
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Ha muerto el amor

¡El amor ha muerto!
¿que hacer con el tiempo que nos queda?
ríos de palabras se irán por las alcantarillas
la flama se apaga y ya no hay quien la encienda
la luna vana ilumina la noble senda,
un reflejo inútil a ocultarse se niega,
¿de que escribirán los poetas?
ciegas las manos enterradas en la arena
el llanto no es lluvia, el tiempo cesa,
procesión de luciernagas bajo el sol
y la miel ya no brota en dulces letras,
¡el amor ha muerto¡ ¡que vivan los poetas!
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Mi sustento

Escucho tu voz, firme, experimentada, versando un discurso sobre todo tema, sobre toda argucia de la cruenta vida. Me suena, nos suena tan cerca, a mí, al deseo, compañero de todas las noches, buscándote de la mano de la impaciencia en medio de ellas.

Puedo oírte, complaciente como un río, fuerte como un torbellino, y dices tanto que intento capturar tu timbre pausado en el trayecto de mi vasta imaginación, asaltando una idea viajera que vuela tras tus letras cariñosas y las recrea a partir de ti.

Te percibo así, como eres, inquieto ante las malas circunstancias... ese quebranto oculto en las líneas obligadas por el reflejo de la injusticia.
Y es ella, tu misma voz, que cuenta historias lejanas para ver desde mi ventana... para caminar tus recorridos; la culpable de mi paz y mi cautividad, vestida algunas horas de las ansias que te implantan en mis sueños, límpidos, opulentos de esperanzas veleidosas con mi voluntad de hierro intentando capturarlos y aguardando el amanecer, encallada dulcemente en tu rostro.

Cantas tu canción y me cobijo en su calor, mientras mi tinta sigue tejiendo esa alfombra en la biografía de mi sendero, argumento receloso de algunos, a causa de ser formada contigo, de la que penden mis más ardientes anhelos.

La noche se apaga lenta, sí, pero tu luz la hace pasar inadvertida.
No permitiremos a la duda colarse bajo las puertas, no ahora, no hoy, no en ti, no en mí...

Sigue cantándome las notas de aquel amor que me enseñaste, mi ostia y mi sangre, mi aire y mi vino... por quien vivo y respiro...
Yo seguiré haciendo de tu voz, a diario, mi alimento, y en mi vida menesterosa, haciendo de ti, lo que tanto pedí al cielo:

ya no sólo, mi medio pan...
el todo, mi sustento y mi libro.



Yamel Murillo



Confesionario I©
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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10comentarios 127 lecturas prosapoetica karma: 91

Dios de los misericordiosos

Esa casa donde lloré en los bolsillos del invierno
caída la hojarasca de las horas
un martillo en las sienes refusila
recuerdos en los corceles de las sombras.
Bordando el hambre entre los dientes
mamaba el amanecer que tiritaba
en la falda de la sangre siempre ausente
regalando un rayo entre ventanas.
Allí crecía la felicidad mortecina
entre los huesos sufridos de los días
arrastrados en el barro doloroso
bajo el Dios de los misericordiosos.
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Roto

Han resucitado los espejos
en oprobiosas imágenes de olvido
rotas las hojas blanquecinas
cuyos rostros dormidos asesinan,
el rayo de sol empecinado
piedra oculta en la marea
rueda la ruda cabellera
azabache mirada sin frontera,
en los riscos callados y fríos
lujuriosos los pájaros ondean,
¿cuanta sangre derrama una bandera?
con cuchillos en sus venas
derrotan al gigante de Aramea
alaridos al cielo gris que nos congrega.
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13comentarios 129 lecturas prosapoetica karma: 98

Líbrame de la soledad

Y si te digo simplemente, si quiero,

quiero vivir en esa paz,

quiero me des tu amor,

sentir tus emociones en mi,

saborear el néctar de tu bondad,

a cambio de eso, sólo te pido que

des luz todo mi espacio, y

me libres de ésta soledad infinita.
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2comentarios 41 lecturas prosapoetica karma: 55

Hay días...

Hay días en que veo en el espejo
una cara que no es la mía,
una imagen, que es extraña,
y sin embargo me saluda,
como si me conociera de siempre,
unos ojos que interrogan el cristal
intentando darle forma y contenido,
y unos labios que se estiran y se encogen
deseando balbucear unas palabras.

Pero yo, plantado ante el espejo,
no sé qué responder ni que decirle,
así que me enjuago la boca,
tomo el cepillo de dientes,
abro la pasta
y doy comienzo a ese proceso
de limpieza.
Luego vuelvo a buscar el espejo
y, poco a poco, parece que la cara
toma forma,
y en ese rostro que ya me es un poco familiar,
puedo adivinar una peca
que se esconde en su mejilla,
aunque si miro fijamente
seguro que no la veo.
Pero es igual.
Puede ser la miopía de mis ojos
que, sin gafas,
se desplazan, vagabundos,
por el mundo de los sueños, todavía.

Es inútil intentar que la razón
me devuelva al nuevo día,
que salude al personaje imaginario
que se esconde en el espejo
y que salga del sopor
y las legañas de la noche.

Como un ciego, sin bastón,
voy andando hasta la ropa,
que me pongo,
para andar en la mañana,
y lo hago de una forma controlada
e instintiva.

Tras calzar mis zapatillas deportivas
salgo afuera de la casa
y recibo la caricia de la vida,
con los cantos de las aves
y la brisa que acaricia mis mejillas.

Hay un "hola" que se escapa
de mis labios,
respondiendo a tanto halago,
y esa misma sensación acelera
los latidos de mi pecho.

Doy mil gracias a la vida
y también a cada instante
que me deja,
y es entonces que recuerdo
a la persona del espejo,
a ese rostro, en apariencia,
tan extraño,
y sonrío al recordarlo.

Es la sombra de ese ángel de la guarda
que camina a nuestro lado
y no lo vemos,
que despierta con nosotros,
que se mira en el espejo,
que bosteza y que sonríe
y hasta da "los buenos días",
en un gesto sin palabras...

Rafael Sánchez Ortega ©
13/07/18
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4comentarios 81 lecturas prosapoetica karma: 99

He avanzado en edad...

He avanzado en edad y, sin embargo,
los miedos permanecen.

Es el miedo a vivir y a soñar,
a despertar un día y comprobar
que nada te rodea
y solo permanecen las tinieblas
en este mundo indeciso de personas
y de cosas,
que no sabes definir
y parece te persiguen.

Recuerdo esa otra edad,
la de la infancia,
y veo que, en la misma,
el miedo estaba allí,
en los rincones juveniles
de esos años,
en el respeto y seriedad
de los mayores,
en la influencia de los hombres,
y las gentes,
en una sociedad muy inmadura
que trataba de salir de sus complejos,
en la abundancia de unos pocos
frente a la pobreza y las carreras
por crecer, de una inmensa mayoría
en que yo estaba.

Quizás, por eso, aquellos miedos
fueron distintos,
y era el miedo de los cuerpos
y el destino,
de sufrir enfermedades,
suspender en los estudios,
no tener ese trabajo
que ofreciera algún dinero,
y por fin no conseguir que te mirara
y respondiera,
la persona que llamaba tu atención.
Y es que el amor, en aquel tiempo,
conseguía aglutinar todo el esfuerzo
de luchar y superarte contra el miedo,
de soñar con imposibles,
de mirar y susurrar a las estrellas,
de escribir algún poema en el cuaderno,
de formar una familia en tus deseos,
de vivir, intensamente, cada día,
de enfrentarte al propio miedo,
combatiendo en su terreno...

Y es que ahora, con la edad,
el otoño de los sueños se agudiza
y se ven tantos proyectos marchitados,
tantas rosas y violetas por el suelo,
tantos labios olvidados con sus besos,
y hasta ahogan los latidos su frecuencia
y se pierde, en bajamar, aquel rumor,
con el suspiro que dejaban las resacas
y las olas.

No es momento de hacer cuentas,
ni tampoco de vencer o ser vencido,
es, si acaso, el propio instante de la vida
en que el miedo se agudiza, y es normal,
ya que todo nos asusta y nos aterra,
empezando por la simple soledad
y hasta el silencio,
y hasta sobran y empalagan muchas voces
que se acercan,
todo ello por el miedo y por los miedos,
y sin darnos cuenta que las dudas
y el suspense desembocan en el miedo,
y que éste es muy normal en cada vida
y debemos aceptarle,
no tratando de vencerle
y sí tomarle con respeto,
como eterno compañero de este viaje
en que ahora estamos,
con su dosis de prudencia
y sin angustias.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/07/16
14
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A V...

A V...

En realidad podría escribir estas líneas
para Valentín, Valerio, Ventura, Velasco,
Vicente, Víctor, Victoriano, Virgilio
y también a Valentina, Valeria, Vanesa,
Vera, Verónica, Victoria, Vilma, Violeta,
Virginia, y Viviana
así como también a la "v"ida,
a la "v"erdad, al "v"iento
o a cualquier palabra y nombre propio
que empiece con V.

Pero no lo haré
y dejaré que la imaginación de cada uno,
que se acerque a estas letras,
piense lo que quiera.
Seguro que habrá algún nombre
que llame la atención,
incluso otros que no aparecen en este escrito,
y puede que hasta alguna palabra, escondida y remota,
aparte de las tres, anteriormente señaladas.
Como muchas veces he dicho,
"lo que un autor escribe solo él sabe cómo nace,
para quién y si el mensaje tiene un destino".
A partir de ahí todo son especulaciones
por parte del lector.

Pero vayamos por partes.

El día amaneció soleado y caluroso
en estos días típicos del verano.
El viento sur acaricia la tierra y la "reseca"
de las lluvias pasadas.
El bochorno se acrecienta a lo largo del día
y puede que, en la tarde, aparezcan las tormentas.

Si miro adentro, al cuaderno inacabado,
veo a las letras saltarinas en su danza diaria.
Parece como si quisieran ser protagonistas,
tomar este papel y salir a los versos
y a la prosa dándole vida.
Pero la sangre no circula, con fuerza,
por las venas con la intensidad de otros días.
La cabeza está en otra parte,
quizás pensando más en el "yo"
que en lo que ese yo debe de dar a la vida.

Afuera ladran los perros
y se escuchan los ladridos en ese idioma
que no conozco y que me gustaría adivinar
para poder comunicarme con ellos.
Sería bonito, ¿no crees? (Quizás escriba un poema)...

...Me he detenido un momento
y parece que se escucha el sonido de la tormenta
que, como estos días pasados, amenaza la tarde.

Continuaría escribiendo, pero creo que no es conveniente.
Te prometo que seguire enviándote mis letras,
aunque tú nunca lo sepas V.

Rafael Sánchez Ortega ©
02/07/18
12
12comentarios 99 lecturas prosapoetica karma: 94

Me deslumbraron...

Me deslumbraron
el brillo de tus ojos
y tus pupilas.

Fue en una noche.
Veníamos del baile.
De una verbena.

Sin darnos cuenta
estábamos unidos
en un abrazo.

Pero tus ojos
siguieron en mi alma
eternamente.

Esas pupilas,
tan llenas de palabras
y de respuestas.

Ellas hablaban,
rompían el silencio,
con tanta vida.

¡Cómo no amarte
y estar siempre a tu lado,
y entre tus versos...!

¡Benditos ojos,
que luces en tu cara,
preciosa niña!

Quiero tus ojos,
tan lindos e inocentes,
en un poema.

Rafael Sánchez Ortega ©
30/06/18
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6comentarios 107 lecturas prosapoetica karma: 110

Iré a buscarte...

Iré a buscarte, madre,
a ese jardín inmenso de los cielos.

Te vestirás de fiesta,
con las mejores prendas,
para salir conmigo de paseo.

Te llevaré a la barra
para que veas la entrada de los barcos
y recordar que, en ella,
vivimos momentos de emoción
y de ternura.

A ti te tocó primero esperando a mi padre,
a que llegara de la mar su embarcación,
tras la galerna.
Yo, años más tarde,
embobado en la emoción de aquella historia
y mirando el ancho mar y su horizonte.

Para los dos la barra es un reclamo
y por eso iremos a ella.
Dejaremos que el nordeste nos abrace
y acaricie sin descanso,
llenaremos los pulmones del yodo y el salitre
mientras contemplamos a las olas,
deslizarse juguetonas en la orilla de la playa,
y hasta gastaremos bromas
retornando a esos años, ya lejanos,
en que recogíamos las migajas
que dejaban las mareas.

Sí, madre, iré a buscarte.
Te sacaré del lecho donde duermes
y vendrás conmigo en el paseo.
Te contaré mis sueños, mis deseos.
Te hablaré de los días del colegio,
de cuando iba al comedor,
de cuando volvía de clase y te escuchaba quejarte,
(aunque nunca te lo dije),
y le suplicaba a Dios que tu dolor se hiciera mío.

Y te hablaré de mi padre.
De que apenas le conocí hasta casi su partida.
De lo mucho que noté su falta
y de cuánto he deseado estar con él,
hablando, paseando, oyendo su voz...
Porque le vi tan lejano y ausente, al principio,
que no supe darme cuenta de la realidad,
y por eso, cuando partió, sufrí,
y no entendí muchas cosas,
ni tampoco te las pregunté nunca.
Por eso quisiera que me hablaras de él,
que me dijeras qué pensaba de la vida,
qué sentía de las gentes y qué soñaba
y si su sonrisa, la que yo conocí,
estaba siempre en su corazón,
como la recuerdo.

Pero no te cansaré, madre, no es mi propósito.
Quiero que sonrías conmigo.
Que tu risa se funda con la mía
recordando todo esto.
Que vivamos la poesía que mi padre
nos dejó con su recuerdo
y que veamos, en lo que nos rodea,
la magia infinita que tienen este lugar
y estas gentes.

Y por último, quiero que gocemos de este paseo,
que nos emborrachemos de él,
para volver, con la ropa arrugada
y la cara despierta,
a descansar
en los brazos de la luna y las estrellas.

Rafael Sánchez Ortega ©
29/06/18
10
4comentarios 94 lecturas prosapoetica karma: 100

Transparencia

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Es mi alma transparencia que se quiebra cuando ocurren injusticias.

Es aura que brilla cuando el día es gris y prende la sonrisa para que el otro que me mira, se despierte y no se quede entre el lodazal que a veces es la vida.

Es color cuando abraza al que llora, al que sufre o está ya desahuciado.

Es fortaleza cuando necesita que su sangre sea vida y reviva los sentidos, mostrándole la vida como fluye y no se para mientras él se amarga por qué sufre y no entiende lo que pasa.

Es vida cuando cae y se levanta, cuando se resquebraja y desvencijada recoge sus cachitos, esculpiéndose a golpe de cincel, sin ser arquitecta de constructos vitales.

Y se que no lo entiendes,

Y se que no lo ves.

Es mi silencio el alma pura, como el agua que discurre ladera abajo, cuando fluye de la tierra.

Y tu,

no se por qué

no quieres verlo.

Marijose.-
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Si me atreviera...

Si me atreviera a decirte
tantas cosas;
a contarte, por ejemplo, dónde estuve
en la mañana,
lo que hice y lo que hablé
con los amigos en el parque,
la visión, en su paseo, de los cisnes
por el agua,
las ardillas juguetonas
que trepaban a los robles,
los vestidos sugerentes de las hayas
avisando del otoño,
el semáforo daltónico despertando
en la mañana,
el vehículo que cruza, indolente,
en mi presencia,
el forzado peatón que exhalando un juramento
hace un quite en una acera,
y hasta el hombre, que en sus sueños,
perseguía a los cometas...

Pero también te contaría otras cosas,
por ejemplo:
Del teléfono, sin nombre,
con que espero que me llames,
de los versos y latidos
que florecen en el alma,
de la sangre, que se altera,
cuando noto tu presencia,
de los labios, que sonríen,
cuando veo tu sonrisa,
de la rosa inmaculada
que me inspira y que te ofrezco,
del tatuaje con tu nombre
en aquel árbol que bien sabes,
de la luz enamorada de tus ojos
que te robo y hago mía,
de ese beso irreverente de tus labios
que deseo,
de mis labios dedicándote un poema,
de mi cuerpo, que se pierde, estremecido,
cuando nota tu presencia,
de la fuerza y la pasión que se desata
por mis venas cuando escucho
tus palabras...

...Y al final te contaría
que te amo,
que te quiero,
que deseo estar contigo, simplemente,
y si acaso tú no quieres todo esto,
pediría que me dejes observarte
en el silencio de la noche
y mientras duermes,
con respeto y sin palabras,
como el niño que contempla, desde el sueño,
a las estrellas,
y que espera, el imposible,
de esa luna que le hable y que le atienda,
aunque todo sea un sueño irrealizable...

Rafael Sánchez Ortega ©
26/06/18
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El silencio de los locos

Quiero bailar con el silencio, ese que nadie mira, ese que nadie quiere sentir y ese que sólo algunos locos sentimos.
abrázame bello silencio que cada noche, siente frío mi corazón.
abrázame fuerte, que cada mañana siento un vacío inexplicable, un vacío que quiere seguir allí, hasta que la muerte decida venir por mí.
Nada a veces me hace feliz, es un ir y venir sin sentido...
Sólo cuando vayamos a dormir, los sueños se encargan de ponernos en nuestro lugar...
No quiero soñar más con lugares a donde no quiero ir, pero es cierto que los sueños reflejan la milésima parte de la realidad que queremos....
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Fuego Fatuo

Asida va de la gracia, la desgracia; la ruleta que impulsa los dedos del destino desmentido en la ilusión de su carnaval...
Una máscara dispuesta en la faz ajena. La canción repetida de las malditas faenas.

Un beso que hace un lustro, abrazaba, y hoy, sólo besa a mis espaldas. Un abrazo comprometido con el sueño del nunca despertar; del silencio que llora mientras su alarido se ríe en la gota desdibujada del desencanto ancestral.

No predice siquiera la noche, pues imposible es tejer presente y girar rueca en reversa, ni desnuda al día su profecía cuando no desea el discurrir de las cortinas... La pólvora aún tibia, impregna de injusticia a la convocación de un joven relicario. Húmeda le va la causa a causa de sus tristezas; tristezas antiguas bajo esa nueva cera... que no menguan; que derriten la verdad breve al calor de la lupa convexa...

Es el daño, el ignorado. Su recriminar es la posesión de lo despreciado. Es la lluvia que no era nube y la melodía ayuna de nota. Es arrancar a golpe puro, el afiche numerado del almanaque y suscribir con tinta, las piezas sueltas a los hechos de la compartición viril con aquellas Dulcineas de sus horas solas...

Es añorar, el tornarse en coraje para acallar sus ojos entrecortados de nostalgia. Invocar en la melancolía todos y cada uno de los nombres; de los rostros del alguna vez, su delirio cercano. Apagar la prohibición y prender incienso en lo profundo del lecho obscuro... concentrar su combustible y consumirse en la única almohada rota a mordidas de promesas; de recuerdos. Recuerdos de desencuentros leales y encuentros fallidos. Recuerdos que arañan, rogando a cada ser sublime de su tiempo, ser por no ser ni haber sido... Implorar perdón por no llamar al pan pan y al vino vino... a lo todo comido; a lo todo bebido; a la mascarada que habita dentro de su propio Dèja Vú y desde sus adentros hacia el todo, su todo vivido.

La vigía se estrena. Pretender desapercibirlos arrepiente íntegra la devoción.

Latires...


Alma a pecho tierra
ardiendo en leña verde...
todas las estaciones,
en llamas de su propio
fuego fatuo.





Yamel Murillo



Incisiones.
La mirada sorda©

El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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