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Muerte "accidental"

Dobla su manta e inicia la fuga. Con las cuatro cuerdas cerradas se echa el peso de su vida a los hombros y corre, desesperado, sobre el cemento de una ciudad que ignora el precio de su pan de cada día. Confía en sus piernas hechas a las huidas. Pero es su corazón quien le traiciona. Y se para.
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La noche que me enseñó a temblar

Rodeado de hienas,
Aunque muchos seamos ciervos,
Juntos Dominaremos la noche,
Risas y carcajadas
Ahogamos en esta jarra
Qué se congeló por los hechos,

Observó desde la ventana,
Y la furia de la frenada
Se marca en tu carretera.
Ya puedo oler en el aire
La pólvora que se quemara,
Por el martillazo de ese Lucero.

Quizás no sea el único, son tres...
Los otros apagados oscuramente,
Las crías correrán por la llegada
De los leones de este circo
Ambicioso, macabro y rodeado del mal,
El león agitó su melena ...

Dos estrellas se reflejaron
En el farol de esta esquina,
El eco de los rugidos enmudeció este paraíso,
Arrancaron el dedo con el que señalas,
Atravesó tu pierna trasera,
Y aquel rebote... mi corazón lo vio de reojo,

En shock queda el instante,
Los ojos se secan,
El líquido rosáceo que Barre el suelo
Se convertirá en abono,
Y yo aquí... Solo puedo observar,
Mis piernas no paran de tiritar,
En esta noche, que me enseñó a temblar.
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La influencia que tiene el olor en nuestra memoria

La influencia que tiene el olor en nuestra memoria es asombrosa. Al entrar a casa de los abuelos he sentido el aroma de las gardenias y un ramalazo de tristeza ha caído sobre mí, los recuerdos de aquel triste verano han aflorado de manera nítida.

Solo contaba diez años, para mí, los veranos en casa de mis abuelos eran días de correr a caballo, nadar en el río con mis primos, jugar y saltar, pero aquellos días de Julio, hace tantos años, jamás los olvidaré, viví de cerca un suceso extraño…

…falleció mi tía, esposa del hermano de mi madre y por ese motivo pasábamos unos días con ellos en la casona familiar, la tía había muerto a causa de problemas del parto y él bebe necesitaba cuidados.

También estaban varios primos, entre ellos una niña de 2 años que era la más pequeña, muy enferma de varicela, común por aquellos días.

El caso es que nos encontrábamos todos en la sala, un fuerte olor a gardenias llenaba todo, familiares y allegados conversaban sobre el terrible suceso y tomaban café, los muchachos, sentados en un rincón, hablábamos bajito.

La abuela nos dijo… ve con tu primo a dar una vuelta a la nena, para ver si sigue dormida

Mi primo, de mi edad, estaba muy afectado, amaba profundamente a su mamá, los dos en silencio, recorrimos el largo pasillo, sus luces tenues nos hacían sentir incomodos, y asustadizos, el cuarto estaba en penumbras, nos asomamos y vimos a nuestra otra tía Rosita, con su largo vestido blanco recostada, pasándole la mano a la nena por la frente.

Regresamos, mi primo fue a tomar agua a la cocina, yo me senté en el rincón, mi abuela preguntó —¿ya vieron a la niña? –abuela, tía Rosita esta con ella, contesté levantando la vista…

…un escalofrío me recorrió, quien estaba sentada hablando con mi abuela, no era otra que tía Rosita y el vestido que llevaba no era blanco, era de color oscuro.

Mi primo muy pálido regresó de la cocina, le dije que no era Rosita quién habíamos visto en el cuarto con la nena, y él respondió con voz ahogada

–¡NO no era tía Rosita! … ¡era mi madre!

Todos se dirigieron al cuarto para ver quién era la otra persona, no había nadie, solo varias mariposas revoloteaban sobre la exigua luz de la lámpara en la mesita de noche.

Aquello me dejó algo perturbada, pues recordé, qua a la tía la habían sepultado con un largo vestido blanco, a ella le encantaban las mariposas, siempre había muchas en su jardín, lleno de gardenias.

Desde entonces ocurren eventos raros alrededor de mi prima, que ya es mayor…por ejemplo, he oído a mi hermana decir, señalando algunas mariposas que entran a la casa…

–por ahí debe estar llegando la prima y en efecto al rato llega ella…
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La pesadilla fue tan vivida, el sudor me empapa...

La pesadilla fue tan vivida, el sudor me empapa, con el frio que hace…

Siento que algo muy malo ha pasado, es una sensación de opresión en el pecho que me dificulta respirar. Desde pequeña aprendí a hacer caso riguroso de estas sensaciones que llegan de un lugar desconocido de mí misma.

Me siento en la cama, froto mis ojos para ver mejor, tengo mucho frio, trato de encontrar la manta para taparme y volver a dormir, pero no la encuentro, me inclino para ver si está caída en el piso, y en efecto allí está, trato de alcanzarla con la mano, no llego hasta ella, me levanto despacio sin deseos, para recogerla…

…estoy temblando de frio, me acerco al closet a coger otra manta, veo mi reflejo en el espejo de la puerta, doy un respingo pues mi pelo está completamente mojado, la ropa se pega a mi cuerpo, está húmeda.

Vuelvo a la cama muy inquieta por lo extraño del asunto, ya más tranquila miro el reloj, son las 3.33 de la madrugada, trato de recordar toda la pesadilla…

Cierro los ojos y me veo llegando al puente que está cubierto de agua muy clara, bajo del auto y camino hasta la orilla, sin pensarlo me sumerjo en ella, esta tibia por el sol, puedo ver todo, entonces diviso el bulto, es como un saco lleno de algo, al intentar alejarme aquella horrible mano huesuda que sale del bulto me agarra y oigo una voz en mi cabeza diciendo –ayúdame.

Sacudo la cabeza para apartar de mi mente los recuerdos del horrible sueño…

Me levanto envuelta en mi manta para tomar una taza de tilo, la sala está en penumbras, pero logro ver a mi gata Luna subida a la mesita mirando la foto familiar, me acerco despacio y ella no se mueve, me agacho, mi cara casi toca la de la gata y trato de ver qué mira con tanta atención…

Luna mira fijamente la parte de la foto donde estamos todos los primos, tengo la impresión que mira a alguien en específico, uno de mis primos y al acercarme es como si su cara en la foto estuviera húmeda, la tomo rápidamente para mirar de cerca, pues no, solo fue una impresión óptica.

Dejo la foto en su lugar y me dirijo a la cocina a preparar el té, un ruido de cristal rompiéndose al caer me hace dar un brinco, volteo a la sala y veo la foto caída y su cristal roto, miro para ver donde está Luna, no está en la sala ¿dónde se metería?...

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Adiós

Se despidieron con el calor de un abrazo,
con el silencio de un último beso.
Sus ojos no querían abrirse,
sus bocas callaron el sonido de vidrios rotos por aquel amor;
sus corazones gritaban intentando frenar ese adiós que los mantendría para siempre en un recuerdo.

-Joel B. Lezama.
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A veces encontramos personas que tienen Ángel

A veces encontramos personas que tienen Ángel, que nos cambian la perspectiva de las cosas, personas para quienes lo más sencillo puede constituir un sueño.

Cierta noche de regreso al hotel donde trabajaba en el área de finanzas, pues debía firmar unos papeles de reembolso a un cliente, yo estaba molesta por el contratiempo de tener que volver al trabajo en la noche, al salir y pasar por el parqueo, el custodio me saluda amablemente por mi nombre, me aproximo para devolver el saludo y veo sobre la silla un libro, es uno de mis favoritos ¨Cien años de soledad¨

…le digo –me encanta ese libro, el señor muy amable me contesta –si ya la he visto sentada en el parque del hotel, leyendo a García Márquez.

Es un señor de aspecto pulcro, muy educado…realmente no me había fijado antes en él y si no es por el libro quizás nunca lo habría notado, solo hubiera saludado y seguido mi camino.

Pero el sí parece conocerme, me quedo un rato conversando con él.

Me cuenta que es ingeniero en construcción civil, ya retirado, que estuvo en la guerra de Angola y que vivió muchos horrores allí, y recuerda uno macabro, en donde les hicieron una emboscada en un puente, allí murieron varios amigos.

Cuenta que, al derrumbarse el puente, él cayó debajo de muchos cadáveres, estaba herido, pero consiente, pasó tres días ahí en ese infierno de sangre y muerte, no había agua, estaba seco el lecho del rio a causa de la escasez de lluvias, a los tres días lo rescataron.

Le comenté que las guerras se roban las almas de las personas.

Me dice que solo pudo conservar la de él leyendo mucho, entre combates y escaramuzas. Y que a falta de libros nuevos releía los que tenía a mano, y siempre encontraba algo nuevo, dice recordando.

Y ahora está realizando su sueño, el sueño de leer todo el rato, ya que el empleo de custodio se lo permite, siente que ahora está realmente viviendo, que realmente eso lo hace feliz…

…ni cuenta me di de lo rápido que pasó el tiempo conversando con Ángel, mi amigo custodio, al irme se me había olvidado el enojo y había conseguido un amigo, hasta hoy conversamos de libros, poesías, de contratiempos, de la vida misma.
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19comentarios 163 lecturas relato karma: 100

R y O: Una Historia de Amor

R Y O: UNA HISTORIA DE AMOR

A O le gusta R pero no lo quiere admitir. A R también le gusta O pero no sabe como llegarle a su corazón. Ella es hermosa como una flor, dueña de una hermosa sonrisa, una mirada capaz de derretir un tempano de hielo. Él es un hombre bastante mayor que ella de ojos cafés y cabello castaño con muchos problemas familiares y personales pero de gran corazón. Ambos se miran penosamente pero no se atreven a dar el siguiente paso bueno R si quiere ser su amigo para conquistar poco a poco su corazón pero la familia de O tiene miedo de R ¿o al menos eso parece indicar? pero R no se da por vencido y buscará a como de lugar primero ganarse la amistad de O, el permiso de su padre y finalmente el corazón de ella para conquistar su amor. Una bella historia de amor entre dos jóvenes uno poeta y soñador la otra cargada de inocencia y belleza total ¿ganara el amor? el tiempo lo dirá.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Mayo 2018
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El hombre- Bala

Subió tan alto y a tanta velocidad que no encontró la forma de volver. La multitud, testigo de la hazaña, esperó y esperó hasta que las autoridades competentes informaron de la imposibilidad de que el héroe celebrara con ellos el record conseguido. No lo verán sus ojos, pero esta hazaña que honra a nuestra ciudad pasará a la historia, dijo el más autoritario de las autoridades presentes. Y añadió: desalojen la calle.
La historia nunca lo ha nombrado, pero sí los cuentos que esconden los tejados y rincones de las calles. Y los bancos de las plazas que guardan los sueños de algunas ancianas que, cuando el sol les acaricia los huesos, hablan del hombre-bala, vecino del barrio, que se quedó a vivir en las nubes.
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Nómadas

Su techo, el reverso del puente. Sus paredes, cajas de cartón. Su cama, el frio asfalto.

No está sólo, tiene a Cristina, inmigrante, vino a España a buscar fortuna, ha conseguido heridas en el corazón, un desahucio y aborto oculto producto de una violación.

Él ha tenido mejor suerte. Está en paro. Le han gritado y pegado en la calle por tener otra orientación sexual.

Vivía con su madre, pero ella falleció, el banco reclamó su herencia, y así llegó a vivir al aire libre, bajo las inclemencias del tiempo y la contaminación de Madrid.

Qué privilegiados. Podría ser peor.

Cristina y él, compañeros de viaje, nómadas de una sociedad moderna que los margina.
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La Sirena Samurái

Ella es inquieta y luchadora. Se mantiene atenta por si necesita de su ayuda. Pero jamás interviene porque sabe que los procesos son personales y únicos. No tolera el dolor, ni físico ni mental, pero eso en vez de ser una debilidad es una de sus mayores fortalezas. Le permite sentir empatía por quienes sufren. De sus ojos sinceros emana toda la fuerza con la que se puede comenzar el día. Son como fuente de Castalia. Si se la consigue, puede arreglarle la jornada. No hay oídos mas amables que los suyos, siempre dispuesta a calmar las aguas que no pueden contenerse dentro. No desperdicia palabras, así que, si decide regalarle algunas, aprécielo. Seguro servirán para traerlo de regreso a tierra. Locuaz y silente, monje y samurái. Ella puede serlo todo a la vez.
Una mañana, despertó con la sensación de ser el Monte Fuji. Le gustó tanto que sus cabellos empezaron a transformarse en un hermoso arcoíris que devino en azul rey. No hubo argumento que le hiciera cambiar su apariencia de sirena citadina. Es tan mágica que a veces parece irreal, pero sus clavículas emergen de su cuerpo para recordar lo humana que es.

Su tozudez es otra de sus fortalezas. Si decide creer en algo, cree. Si decide dejar algo, lo deja. No carga lastre. Deja que cada quien se hunda con su saco de piedras o flote con su cannabis mental. Puede ir por la vida haciendo amigos pero no se enclava en ningún afecto. Respeta las elecciones ajenas y espera que respeten las suyas. Quien la conoce, sabe que es afortunado en tenerla entre sus afectos, ella es como talismán que guinda de los corazones.

Ella va transformándose en su andar. Pero no se equivoque; es una sirena samurái, muy leal a sus ideales. A veces puede caer por las escamas que sobresalen de sus talones, pero cada caída, la hace mas fuerte y ligera. Como sus escamas son hermosas y tornasoles la gente quiere verlas. Cuando las personas se agachan para admirar esas hermosas escamas multicolores, pareciera que la reverenciaran. Por eso muchas veces la confunde con alguien de la realeza ¡Y quizás ella lo sea!

Hemos caminado juntas. Pero a medida que pasa el tiempo siento que ella apura el paso. No se si es porque me he vuelto lenta. Lo cierto es que pronto se me adelantará demasiado y cuando eso suceda, me quedaré con su holograma. Porque no me atrevería, ni siquiera pensarlo, en colocar plomos en sus extremidades. Ella es como esas criaturas que se ven flotando, apacibles y encantadoras, como las medusas en la fosa abisal. Esas que lo hacen a uno suspenderse entre nubes de emociones.

Será interesante ver a la sirena de este relato terminar su transformación camino al océano infinito de oportunidades. Quizás en algunos años usted se la pueda conseguir. Y, en lo que la mire a esos expresivos ojos, sabrá que ya la conocía. Querrá sumergirse en esas fuentes pardas de Castalia para conocer el futuro; pero ella no lo permitirá. Probablemente no lo dejará ser indiferente tampoco. Y cuando usted menos lo espere, caerá postrado ante sus talones lleno de escamas multicolores en una elegante reverencia.
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Otro amor pasajero

LAS CENIZAS DE UN ANÓNIMO.

OTRO AMOR PASAJERO.


Creo que inconscientemente él aceptaba lo que estaba pasando, pero lo negaba.
Ella sabia lo que quería, no era él.
Ella dejo de escribirle, ya no lo llamaba.
Él rogaba, pero se canso.
Dejaron de hablarse. Hoy son dos desconocidos.
Hoy no esperan mensajes ni llamadas, pero comparten mil recuerdos que jamás morirán.

-JOEL B. LEZAMA.
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Impetu I

La Barceloneta y sus luces.
El mar y las olas, tu mano en mi cadera.
El cielo achicando las gotas,
yo sonriente,
por qué soy de las que aman mojarse.
Tus labios y mis corneas,
entornándose, imaginándose.
Una cerveza, dos, tres, cuatro, cinco.
Caminar sin parar, sin destino, sin objetivo, como nosotros.
Hablar, sin fin,
sin un punto en concreto al que llegar.
Pararse a observar, respirar y quejarnos un poco del mundo, y acto seguido creer que lo podemos arreglar.
Ser superfluos, inconstantes e inconscientes.
Más que nada, porque siempre llega un punto en el que el beso es la claridad de la situación.
Estoy segura que si los ángeles existen,
nosotros somos su comedia.
La de dos personas que se acaban de conocer, y no hacen mas que sandeces.
Es bonito, llega el primer beso.
Sabe a estrellas.
Huele a algodón de azúcar.
Sientes lo que siente una persona cuando besa a bocajarro, extasís,
pero sin la droga.
Dicen que al besar utilizamos 34 músculos,
pero es que en realidad, el más importante es el que no se cuenta.

Mis manos dicen que si,
y mi corazón me pregunta que qué coño estoy haciendo.

Bien,
otro día seguiremos con la segunda parte.
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No será la última batalla

Año 206 a.C. Las legiones romanas estaban celebrando la victoria. Habían expulsado definitivamente a las huestes cartaginesas de la Península Ibérica, haciéndose con los territorios conquistados hacía años por esos bárbaros africanos. Roma expandía su poder con puño de hierro, y las legiones, entrenadas y disciplinadas, se convertían en su brazo ejecutor. Marcelo Crispo, uno de esos legionarios, celebraba el triunfo acompañado de sus camaradas, anhelando el fin de la guerra y el regreso a su Cumas natal junto a su mujer y sus dos hijos. Marcelo, recordó los momentos vividos con sus camaradas caídos en la batalla, buenos y leales compañeros, en especial Quinto Vitelio Rutio, el cual le había salvado la vida en más de una ocasión. Esa noche, el veterano legionario Aulo Marcelo Crispo, haría una ofrenda a los dioses sempiternos, pidiendo que las almas inmortales de sus camaradas y amigos caídos en la batalla tuvieran una existencia dichosa y feliz en los Campos Elíseos. “Volveremos a vernos, amigos”, dijo Marcelo mirando el refulgir de las estrellas en la oscura inmensidad de la noche, “pero todavía no.”
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Soy; diría yo, un extraño mundo que intento conocer

LAS CENIZAS DE UN ANÓNIMO.

SOY; DIRÍA YO, UN EXTRAÑO MUNDO QUE INTENTO CONOCER.



Cómo podría hablar de mi?
Si yo mismo me desconozco aún cada día más.
Lo único que puedo llegar a decir con gran certeza es que se mejor que nadie en este mundo que aún no sé quién soy.
Aún no he encontrado un camino que me sirva de guía para descubrir hacia donde voy.
No existe un faro que alumbre mi noche anieblada en medio de este mar de dudas;
estoy seguro que aún puedo chocar contra las rocas filosas de mi ignorancia.
Entonces, cómo responder correctamente cuando me solicitan hablar de mi?
No quiero llegar a dar una respuesta inexacta, quiero poder ofrecer la respuesta más clara que se escurra de mis labios en algún susurro.
Cómo responder correctamente y de forma clara, sin llegar a ser parte de una mentira?
Me desconozco, cada día me esfuerzo por estudiarme y saber más acerca de mí.
Soy un ser humano que a diario cambia.
Un simple niño que crece cada día jugando a la pelota en un jardín.
Soy dudas; también certezas. Soy odio, sin embargo, también una gran parte de amor.
Soy frío y calor, agua y fuego. Soy tormenta y también soy calma.
Entonces si debo responder, quién soy?
Soy; diría yo, un extraño mundo que intento conocer.


-JOEL B. LEZAMA.
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El Cementerio de Jaca

Hola, me llamo Ruth. Os voy a contar una historia que me ocurrió cuando tenía quince años y que jamás olvidaré.
Estaba veraneando con mi familia en Jaca, un precioso pueblo de Huesca. Me costó una semana convencer a mis padres para que me dejaran ir a la discoteca con mis nuevas amigas, Silvia y Miriam. Las conocí el primer día en la piscina de los apartamentos. Me vieron jugando con mi hermano pequeño y enseguida se acercaron para conversar conmigo. Silvia era un par de meses mayor que yo, y Miriam tenía diecisiete años.
Sin medio de transporte, sólo podíamos optar a la discoteca del camping. Pero el acceso estaba controlado. En la entrada del recinto los vigilantes comprobaban la identidad del personal que deseaba franquear la puerta. Nosotras no disponíamos de credenciales, ni de un aliado que desde el interior pudiera ayudarnos.
—Hay una solución —dijo Miriam con solemnidad.
—¿Cuál? —pregunté expectante.
—Nosotras hemos entrado dos veces saltando la valla de atrás —comentó Miriam —. Pero no sé si te dará miedo —hizo una pausa misteriosa y continuó —: Hay que atravesar el cementerio. Si vas corriendo y con los ojos medio cerrados no ves nada.
—¿Sólo tenemos que saltar un muro?, ¿no hay una puerta principal? —interpelé dubitativa
—Hay un portón de hierro, pero siempre está abierto —respondió Miriam guiñándome un ojo.
—Parece fácil —contesté sonriendo mientras recreaba mentalmente la escena.
—Pero no le has dicho nada de la vieja loca que vive por allí —añadió Silvia.
Entonces entre las dos me contaron que al lado del cementerio vivía una anciana que se llamaba Teodora, famosa en el pueblo por sus excentricidades.
La describieron como una vieja desgreñada, con ojos desorbitados y uniformada con un atuendo de hechicera malograda. Me explicaron que la anciana emergía de su caótico habitáculo esgrimiendo un sinfín de maldiciones a quienes atravesaran el cementerio en plena noche. Era su cometido y lo llevaba a cabo sin distinción.
Después de cenar esperaba impaciente que vinieran. Cuando llamaron a la puerta salí emocionada. Íbamos las tres riendo y botando por la calle. Nuestras melenas danzaban coquetas en el aire, el mismo que enamoramos con aquellas risas frenéticas: la hilaridad de la juventud.
Intentamos cruzar la entrada del camping, pero el vigilante nos paró y tuvimos que tomar el camino del cementerio.
Antes de llegar al camposanto atisbé el hogar de Teodora. Era una casa lóbrega; con un jardín repleto de objetos decorativos fantasmagóricos, y abundante vegetación marchita. El estado de la fachada era deplorable, con ostensibles grietas y desconchones.
El mensaje estaba claro: había que correr y saltar la tapia en tiempo récord.
Y lo hicimos. Aun así Teodora advirtió muestra presencia y salió de su morada blandiendo una escoba mientras lanzaba maldiciones a voz alzada. Por suerte estábamos a dos metros de saltar la tapia y no puedo darnos caza. Pero su imagen espasmódica y espectral se quedó impregnada en mi mente.

Al llegar a la discoteca dos chicos fueron directos a por mis amigas, y yo me quedé sola. A los pocos minutos las perdí de vista, lo único que deseaba era volver al apartamento con mi familia. Al llegar a la salida del camping vi al mismo vigilante que nos prohibió la entrada. Seguramente no me hubiera reconocido, pero no me atreví a cruzar el acceso. Creía que tomaría represalias avisando a mis padres o alguna contrariedad parecida. De modo que volví al muro del cementerio.
Mientras franqueaba el camposanto vi caer unos guijarros cerca de una lápida, pensé que detrás me aguardaba la anciana agazapada para asustarme. Paré y me acerqué temerosa, pero no vi nada. Y justo al enderezar mis pasos atisbé el espectro de un chico reclinado sobre el portón enrejado, me miraba y me extendía la mano. Avancé sin miedo hacia él y le ofrecí la mano. Enlacé los dedos corpóreos con los suyos traslúcidos, y sentí la embriagadora calidez de su energía.
Caminamos unidos por el bosque, mirándonos y sonriendo continuamente. Tenía el pelo castaño claro y divinos ojos verdes soñadores. No sé cuándo murió, pero su indumentaria indicaba que éramos coetáneos.
Me llevó junto al arroyo, la luna llena reflectaba en el agua abrigando el lugar con luces irisadas.
No hablaba, sólo transmitía un infinito estado de paz. Sentí cómo me abrazaba y su mano etérea acariciaba con dulzura mis bucles pelirrojos.
En ese momento clavé mi mirada color café sobre sus evanescentes ojos verdosos y me dormí acunada en su aura placentera.
Al cabo de tres horas una susurrante voz me dijo:
—Ruth, despierta.
Me alcé como un resorte. Pero el espíritu ya no estaba. Desande el camino corriendo. Las ramas de los árboles se agitaban con virulencia creando sombras amenazantes, mientras el viento silbante contribuía en el plano acústico acrecentando la tenebrosidad del paraje.
Llegué al cementerio y lo busqué, pero no lo hallé. Pasé sigilosamente por delante de la casa tétrica de Teodora, y al final llegué a mi apartamento.




Me desperté pasado el mediodía y bajé a la piscina. Allí Silvia y Miriam me aguardaban para disculparse de lo ocurrido. Les dije que lo entendía y no estaba enfada con ellas. Un mohín de perplejidad cruzó sus rostros, no comprendían mi firme indulgencia.
Cuando les participé por dónde salí, las dos exhalaron sendos suspiros ahondados del alma.
—¿Por el cementerio tu sola? —interpeló Miriam con estupor abriendo exageradamente las cuencas de los ojos —. Pensábamos que saldrías por la puerta.
—Sí. No tuve ningún problema, llegué rápido a casa —respondí soslayando los hechos.
—Esta noche volveremos. Vendrán con un amigo que casualmente ayer no fue. Le hablamos de ti y te está esperando —argumentó Silvia complaciente.
—¿Si? Perfecto —contesté sin celebrarlo.
—Cuando te lo presente vas a flipar —comentó Silvia risueña —. ¡Está buenísimo!
Aquella noche me arreglé más que nunca. Recuerdo que llevaba una minifalda tejana ribeteada con unas piedrecitas de colores y una blusa de tirantes negra. Le pedí a mi madre que me pintara la raya superior del párpado para que me quedara perfecta.
Mis amigas me rindieron un sinfín de alardes y por la calle varios chicos me lanzaron piropos en exclusividad.
Oteamos al mismo vigilante que la noche anterior. Ni lo intentamos.
Atravesamos el cementerio cautelosas para no alertar a Teodora. Ellas saltaron la tapia y yo no. Mi rostro reflejaba la férrea determinación de permanecer en aquel lugar de modo inequívoco.
—Ruth, ¿por qué no saltas? —preguntó Miriam desde el otro lado.
—Mi cita está en el cementerio —afirmé categórica.

Marisa Béjar, 31/05/2017.
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Entre Sofía y Helena

En cierta fecha que se me escapa y en un lugar que ya a mis 59 años mi memoria plastama de forma bastante amorfa, tal vez un jardin, recuerdo haber conocido a Sofia, una persona alegre bastante hiperactiva aunque bueno teniamos siete y nueve años (en el caso de sofia)

Cuando nos empezamos hablar lo hacíamos manera poco coherente de cosas de adultos y de nuestros hermanos mayores, matematicas,geografia, leyes anticorrupción y deporte; realmente no teníamos ideas de que estábamos hablando pero nos divertiamos usando palabras de las que en ese momento no teníamos la más mínima idea de su significado. La pasabamos muy bien incluso en los peores sustos, como cuando Angel el perro de nuestro vecino nos dio un buen escarmiento cuando nos tomó por sorpresa tratando de tomar unas flores. Pero dejare de divagar creo que abusó de su tiempo.

Prosiguiendo Sofia era muy linda con un cabello negro hasta los hombros y unos ojos verdes, yo me queda absolutamente distraida a veces mirandola. Ella me decia que le gustaba mucho mi cabello rizado, en cambio a mí no me gustaba mucho, normalmente usaba gorro me abstenia de mostrar mi cabello mucho.

- se podria decir que ustedes son siempre fueron amigas, ¿verdad? - pregunto uno de sus alumnos.

- ¡claro!- exclamo Helena desde su escritorio - pero, durante un tiempo nos peleamos en ese entonces siempre que hablaba de ella me referia a ella como mi no amiga -

levantando una mano una alumna la interrogo -¿por que?- Helena tomo un sorbo de cafe antes de continuar.

-Sofia y yo eramos muy excéntricas y pense que siempre seria asi, pero de un tiempo para otro se volvio muy introvertida apenas hablaba conmigo y siempre se iba con Daniel -

¿Daniel? pregunto en seco una de las alumnas que se sintio curiosa por el relato.

-antes de lo que piense, Daniel no era el novio de Sofia, era un chico paralitico que aveces cuidabamos, a mi realmente no me emocianba la idea, le no podia hablar tampoco moverse por si solo - hizo una leve pausa para sonreir ya que una vieja imagen de infancia se pinto claramente en el reflejo de su café.

-¿por que no se movia Daniel? - otro alumno quiso añadirse a la interesante conversacion.

- Daniel al igual que Juan su compañero, tenia problemas motrizes, pero eso ya lo entiendes ustedes, en su tiempo yo no lo entendia. Daniel para mi era unicamente soportable gracias a sus curiosos ojos, pues tenia un de color azul claro y el otro de un verde un poco grisaseo; a Sofia le encantaban por eso se esforzaba en cuidarlo todos los dias, por eso se empezaron a difundir rumores que Daniel era un hermano de Sofia o su novio, era divertido verlos juntos pero al mismo tiempo un poco molesto-

interrumpida por Maria su estudiante más brillante Helana sintio que el pasado se repetia - Daniel necesitaba ayuda, Sofia era buena con él, ¿por qué usted no maestra? -

Desarmada ante esas palabras sintio como una lagrima cai de su rostro - tienes razón debi ser mejor con él, pero nunca fui mala, de hecho le tenia cariño en el fondo, pero yo no lo sabia en ese momento, fue entonces que decide que Daniel no abusaria más del buen corazón de Sofia, asi que como una dura maestra siempre lo tomaba forzandolo a a intentar caminar y hablar -

-¿Sofia la intento detener? - este dia era curioso para Helena hasta Edward su alumnos menos entusiasta estaba participando.

- pues sí por eso incluso discutiamos mucho, pero con él tiempo empezo a tolerarlo, ya que un dia Daniel movio un pie- una sonrisa nuevamente se formo en rostro de la Helena, pero esta era un poco más melancolia - imaginen niños nuestra alegria cuando vimos eso, pero quedabamos locas de felicidad cuando hablo y nos digo gracias, por ultima vez-

El salon cayo en la tristeza pero Helena les devolvio el animo con el final de su historia - lo más bello fue que eso me ayudo a mejorar mi amistad con Sofia y ha entender lo mejor de una amistad es ayudarse y a otros pero eso quedo entre Sofia y Yo.
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Primavera

Primavera ya desgranas cada gramo de amor que hay en mi alma

llenando de ilusiones mis cálidas mañanas,

tu olor tu calma toda, irradian esperanzas

que anidan en cada rosa marcada con tus alas,

te amo primavera, alegras siempre todo,

arropas mi tristeza llenándola de ganas.


Estaba en mi ventana mirando primavera

que vas tiñendo de verde las praderas,

derramas alegrías, esparces la belleza,

mi espíritu se anima mirando tu grandeza,

mi linda primavera, despiertas mis instintos,

descubres mis bravezas,

mi piel se eriza toda si siente que la besas.


Mis días están quietos, no quedan ya las sombras,

no existe más el frio, tu luz lo llena todo anulando aquel hastío,

ya lavas con tus aguas la suciedad que deja aquel invierno amargo,

volviste primavera llenando aquel vacío.


Volviste primavera cargada de promesas,

me sacas los demonios, me calmas, me acaricias,

llenando mis ausencias, tus cálidos abrazos me endulzan la existencia,

tu calor me llena toda, mi linda primavera,

no encuentro las palabras que expresen mi emoción

no entiendes de tristezas, ni de lágrimas amargas,

aquí ya estás de nuevo, sanando el corazón.


Los valles se engalanan vistiéndose de flores, los ríos corren libres,

ya nada te detiene hermosa primavera,

los árboles se mesen bañados con tu llanto, un llanto de alegría,

que borra aquel quebranto que deja la sequía,

sequía brava y triste poblada de miserias, tu mundo ya no existe.


Es muy temprano, aún no amanece y la primavera esbelta,

bailando cual mozuela, recorre cada espacio,

lo llena, lo engalana, lo viste para fiestas que alegran las mañanas,

volviste primavera trayéndome ilusiones, y muchas esperanzas.
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Lugar de siempre

Tengo 18 años, no se muy bien aún como funciona la vida, he vivido situaciones duras, pero no mas allá de los problemas de un adolescente. Desde que era pequeño he tenido una pandilla de amigos, siempre habíamos estado muy unidos, con los años esos lazos se han ido rompiendo y cada uno a seguido su camino. Nos juntábamos todos en el lugar de siempre, aquel parque de la esquina, que tiene más historias nuestra que las que nosotros somos capaces de recordar. Antes ocupábamos dos bancos enteros, ahora sería un milagro coincidir mas de tres personas en ese banco. Hoy en día aún cuando voy a clase y paso por ese parque, nuestro parque, me quedo mirándolo y siempre se me viene un recuerdo a la cabeza capaz de sacarme una sonrisa. Es triste dejar una etapa atrás y más si esa etapa que dejas atrás conlleva dejar a los que una vez fueron tu familia, ojala pudiera volver a vivir un día de esos en los que solo habían risas y hablamos de un poco de todo, pero sobre todo de mucho de nada, en nuestro lugar de siempre. Peter pan tenía razón, aveces hay que quedarse como un niño para seguir disfrutando. Nunca dejes al niño que llevas dentro, es lo único que te puedo aconsejar y saber que no me voy a equivocar.
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Hola, me llamo Wood

Hola, me llamo Wood. Como todos los días me he levantado de sopetón de la cama, me he puesto mi sombrero y he salido a la calle para ir a trabajar. La verdad no me apetece ir a trabajar, pero, hay algo en mi que me obliga a ir. Durante el camino me choque con la misma pared con la que me choco siempre, parece que aun que la vea venir nunca me aparto, todos los días esta hay esa maldita pared. Siempre que me doy contra ella les oigo reírse de mi, no se que les hará tanta gracia la verdad, a mi me duele. En el trabajo son todos los días igual, mi jefe me echa la bronca por algo que he hecho y la verdad no se ni lo que es, cuando esto pasa también les oigo reírse. Una vez de vuelta a casa después de un duro día de trabajo, me persiguió el mismo perro que me persigue todos los días y me toco salir corriendo como siempre. Ya en casa colgué mi sombrero, y me metí en la cama. Mis cuerdas callaron del cielo como todas las noches y por fin era libre para hacer lo que quisiera, pero, sin nadie que manejara mis cuerdas no era capaz de moverme, al menos siempre seré libre de pensamiento. Se cerro el telón y las risas de antes desaparecieron, dejaron unas monedas en la entrada y se fueron. Y si todos en el fondo fuéramos marionetas como lo es Wood, utilizadas por alguién para su propió interes.
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De piel a piel

Y en los sueños se aparecía
Viajando hacia otra dimensión
Donde el silencio de la noche
se convertía en nostalgia y melancolía

Ambos cuerpos se fundían
De amor y fuego pasión
Creando el mejor poema ardiente
escrito de piel a piel

Amándose con fuerte intensidad
Sentimientos y energías se unían
convirtiéndose en flamas divinas
Con suaves caricias que salían

desde el alma... hasta la piel


#DePielAPiel
#DesdeElAlma

Aydil DR
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