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Renacer

Renazco creyéndome el mismísimo ave fénix,

y muero como la más común paloma.

Renazco creyendo que nada será como antes,

y el pasado se apodera de mi presente recordándome que nada cambiará.

Renazco para recordarle a lo que me derribó que por mucho daño que me haya hecho,

yo volveré a volar alto a pesar de las veces que haya caído.
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2comentarios 42 lecturas versolibre karma: 21

Podré

Si puede el tiempo
desenterrar aquello
que tragó el olvido
y alterar la idea maciza
del orbe sellado

si puede el viento
quebrar el silencio
de la noche suave

si puede romper el mar
aquél límite
que el cielo traza

si puede una abeja
con gala infinita
convertir en manjar
los colores del mundo

si puede una nimia célula
convertirse en dos

si puede el pensamiento
construir torres
y también bajarlas

entonces
podré despertar
y soñarme de nuevo.
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4comentarios 121 lecturas versolibre karma: 80

Renacer

Días y noches,
lo mismo de siempre...
Sombras y luces,
sisean serpientes.

¡Fuera!


La serenidad me miró
a los ojos;
vi cierta nostalgia
marcada en su rostro.

¡Vuelve a mí!


Respiré aire puro,
aire fresco;
liberé a mi ejército
endemoniado.

¡No volváis!

Ascendí a la superficie,
naufragué en la isla
donde, en su día,
pude tenerte.

¡No fue así!

Elegí mi camino
conscientemente;
te alejaste de mí, mas
nunca de mi mente.

¡Vuelve!


Ojalá que vuelvas y
contigo tu querer...
Sólo así, habrá valido
la pena renacer.

Evan Huygens
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sin comentarios 31 lecturas versolibre karma: 31

Soy una gota de agua en un vierteaguas

Soy una gota de agua, pero no resido en la inmensidad del océano. Vivo en un vierteaguas. Me aferro a la porosidad de mi sustento aunque sé que no es eterno. Ese es mi suelo: tribulación y desconsuelo.
Voy en busca de un asidero que me corone como un Ser imperecedero. No quiero vivir en un atolladero que me hostiga todos los días con mirar arriba.
Demudó el cielo raso y claro, ¡ahora está encapotado! Mi mundo bucólico quedó expirado, en breve mi vida será tornado.
No puedo parar la avanzadilla de la tediosa camarilla. Los truenos me advierten la llegada de la emboscada. Debo formar barricadas, me niego a caer en la nada…Me espera una vida aciaga.
No quiero abandonar el vierteaguas, allí quise fundar mi propio reino; un pequeño lago que sólo en sueños logré atisbarlo. Es un bello recuerdo idealizado en un anclaje amado. Vacuos deseos malogrados, vetados en rictus de agrado.
El descenso será inmediato, el cielo relampaguea imperioso por desatar su marea. Esa fuerza condensada cercenará mi dulce morada. ¿Y dónde vagará mi alma varada?
Quisiera que hubiera una balaustrada que me eximiera de una vida frustrada. ¡Sí, eso! ¡Una mágica balaustrada; perlada de polvos de hadas!
Pero yo no puedo fabricarla, sólo soy una gota de agua en un vierteaguas y nadie acude a mis plegarias.
Y en un vano intento de arraigo ¡CAIGO!… Es un sustento insurrecto al sosiego. Me aterra más el vacío que llegar al suelo frío.
Ahora mi vida transmuta. Me hallo inmersa en una siniestra gruta; sin sol ni luna. Avanzo sin cordura, sólo con la hambruna de vivir mi próxima aventura.
Y no me detengo, se apodera de mí un sentimiento contrafóbico con bravura.
¡A lo lejos hay luz! Y detrás de una duna otra gota de agua me saluda.
¡Tanto miedo que tenía de caer al suelo y estoy viviendo en mi idealizado reino!


Marisa Béjar.
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7comentarios 109 lecturas prosapoetica karma: 77

Efímera libertad

Efímera libertad al caer la tarde,
cuando muere la que fuiste hoy.
Se queman en el fuego del ocaso
gritos innecesarios,
lágrimas caníbales
que muerden la piel sin permiso.
Pesan las horas malditas
y llenan el vaso medio vacío.

Entre tus manos
sostienes pedazos de entereza.
Te miras por última vez
y sonríes a la vida,
aún sabiendo, que mañana
seguirás en la misma grieta.
Paciente esperas
que los últimos vestigios de luz,
se lleve de ti lo que queda.

Renacer en la agonía,
reconstruir el silencio,
recomponer el alma,
la mirada y los abrazos.
Porque ya eres libre,
ya la noche cubre tu sueño.
Mañana serás...
Serás tú de nuevo.
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Flor entre maleza

Acrecienta el resuello infatigable
tu presencia, florecida belleza
destacando por entre la espesura.
Flor pura, rodeada de maleza.
Razón, justicia ciega incontestable,
brisa cuerda entre viento de locura.
Fatiga que me apura,
desasosiego inerte,
de mirar y no verte,
tu radiante y poderoso contorno
incólume, virginal, sin adorno
que alivie mis codiciosos deseos.
Enfría el rusiente horno
de mi estancia en tu mundo de trofeos.

©Giliblogheces
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8comentarios 91 lecturas versoclasico karma: 48

Caer

Caer.
Y al final del abismo encontrarte a ti misma,
mordiéndote los labios
hasta sangrar el miedo
acosando las constantes vitales,
sellando con saliva el vano intento.
Oscilan los minutos
en la palma de tu mano, y amenazan,
y se escapan de tus días y tus ganas.
Cuando abres los ojos,
la oscuridad casi parece clara...
Ah sí, caer.
Caer y encontrar
paredes resbaladizas que te hacen subir
agarrándote con los dientes a las últimas palabras
escritas en tu propia piel.
Y no decaigas, gritan rostros sucios
que miran sonrientes desde arriba
como vuelves a caer.
Los oyes? Sí, los oyes,
y no puedes evitar reirte de esa fe;
te ríes con todas tus armas
porque hace tiempo
que los ritos de autoayuda no te ayudan:
que la partida ya la diste por perdida
al amanecer.
Sientes como la ira se aposenta
en la punta de tu lengua,
y el grito es unánime en tu boca
cuando te das cuenta de que eres tú sola
desnuda frente al mundo, alma de gladiadora,
la que grita a tus silencios con palabras de papel.

Un solo salto te lleva hasta el infierno
de tu propio renacer.
Y al final del abismo,
caer. Caer.
Caer.
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A un paso de ser rescatado

Miré hasta que mi alma escondida
Participó en el baile
Que generaba gracias a su arte,
- Dichoso con sus maravillas en la casa -

Me calmó con su iluminada madrugada
Llena de sueños colmados de expansión
Y así pude seguir soñando despierto,
Sin pensar, pude olvidar mi otoño,
Gracias a unas hojas que vi nacer,
Y estas a la vez,
Limpiaron mi cara.

En estos sucesos,
En mi actual silencio,
Retiro los enseres rotos
De la psique humana,
Casi observando el exilio
De mi propia marcha.

Desde aquí me veo,
A un paso de ser rescatado,
La sensación de amor me rodea,
Entra por la garganta
Y se queda en el corazón,
Dejando una película que fortalece
El alma.
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El deshielo

Me divide en dos
el desgarrador paso del invierno.
Por sus blancas y frías manos,
por la lengua gélida de su boca.
En el desolador aullido del frío
se quedan inertes mis brazos.
Pero mi sangre, sigue su curso.
En el centro, indomable.
Abriendo mi pecho, en caudales
de cobre y misterio.

Si alguna vez me preguntan
por la cálida corriente
que insiste en desnudarme,
en acortar la distancia
de la vida a mi boca,
solamente para besarme,
les diré que olvidé rescatar
de mis costillas el calor
y una mirada verde y poderosa.

Es tiempo de prodigios,
de luminosa calma, suspendida
en las eternas esperas
del silencio en cada remanso.
Y paciente asisto al momento
del deshielo de mi sangre,
a la tenue diferencia del tacto
entre tus manos y la primavera.
Quizá así, pueda olvidarme
de éste implacable frío.
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La nevada

Dejad…
Dejad que caiga la nieve blanca
Y borre toda frontera.
Que cure cualquier herida.

Dejad que tape las cosas feas
Y calme todos los golpes.
¡Dejad que caiga y cubra la tierra!

Que con sus nimbos de copos blancos
La vuelva virgen, inmaculada.
Que se vea solo su alma blanca
Y ese silencio con que la tapa.

¿No veis ahora con que caricias
Mata los viejo en cada armonía?
¿No veis ahora que hermosa y blanca
Se vuelve nueva como una niña?

Como una reina de traje blanco
Ya no recuerda ninguna pena.
Con fríos hielos forma silencios.
Con fríos fuegos la primavera.

Aún recuerda la tierra alegre
Como la vida bullía sobre su falda,
Donde ahora con frío hielo
Quema lo viejo como guadañas

Su nostalgia sonríe sin penas.
Tras los frutos vienen las canas.
Pero abrirá mil flores alegres
Donde ahora brilla la nieve blanca.
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