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Soledad silente

Eterno descanso se adivina
al vuelo de una quimera
bajo el reflejo de una luna calcinada.

En la noche silente
acosados por el tiempo
nos envuelve la soledad,
nos recorre un eco de aleluyas
amparándonos de las penas.

De espaldas a la existencia,
escuchamos los latidos del abandono,
repetimos con resonancia agonizante
una oración sin fin.

Nosotros, andamos por el mundo
pisando senderos deshojados por el viento.
Vivimos deprisa hasta palpar la paz;
después caemos dormidos en el secreto.
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Soledad

Soledad purpúrea, corpórea, trashumante
¿Por qué me abandonas en el deliquio inconstante?
¿Por qué te padezco y te busco? En la lejanía
De una promesa escrita en la más leve brisa
En una caricia en el tiempo soñada
Que ha venido siendo y que nunca fue nada
Solo te he hallado con estos ojos cegados
Que la luz no han visto y sí, lo que ha pasado
Que día tras día espero un mañana
Un momento incierto frente a mí ventana
Cuando vengas a mí y en un trémulo abrazo
Te cuente por qué sigo hecho pedazos
Y sienta que al fin ha valido la pena
Aunque te hayas ido, purgar mí condena
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Soy yo

Se había oído una llamada en la puerta. A nadie aguardaba a esas horas. Tras unos segundos de espera volvieron a repicar los tres toques en la aldaba. El gato negro ni siquiera se sobresaltó y continuó dormido sobre la alfombra. El sofá todavía conservaba el calor del anciano cuerpo arropado. Con mucho esfuerzo se levantó y, a pasos cortos, recorrió el pasillo hasta llegar a la entrada de la casa. Retiró la chapa metálica de la mirilla y un rostro, desconocido pero esperado, permaneció inmóvil, clavado en ojo cristalino de la vivienda.
 -¡No puede ser! ¿Por qué llega en este momento? –Gritaba su mente descompuesta. Ya se había dado cuenta de la identidad del visitante, pero no obstante hacía un esfuerzo por confirmar que no se había equivocado con el personaje.
 -¿Quién es?
 -Soy yo.
 -Y, ¿quién eres tú?
 -Lo sabes perfectamente. –Es verdad. Tenía la certeza de que tarde o temprano llamaría a su puerta. Estaba ahí. No había dudas.
-¿Puedes volver más tarde? –La pregunta carecía de sentido y el sonido se diluyó en el aire ahogando el deseo más fuerte que cualquier ser vivo alberga en su interior. A pesar de la evidencia ineludible intentó descorrer un enorme cerrojo para impedir la entrada del extraño, pero la madera se pulverizó por arte de magia e hizo un pequeño montón de serrín junto a sus zapatillas. De repente, quedó paralizado frente a su nuevo y último visitante.
-¡No me toques, por favor! –La súplica resonó como un eco de los tiempos mientras se esparcían sus propias cenizas en una cuneta de la historia. Silencio.
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Peregrino

Esta baldía soledad poblada
que aletarga el batir de mi aleteo,
este vagar sin ir, este paseo
por la orilla de un alma atormentada,

me dicen que, de todo, apenas nada
paró en dogma de aquello en lo que creo,
en tesoro de aquello que poseo
o en sueño placentero en mi almohada.

Y es que viví cual ciego peregrino
poniendo en mi viajar todo el empeño
por afrontar el rol de mi “destino”,

y me dejé olvidado tanto sueño,
tanta canción de amor por el camino,
que hoy apenas de nada soy ya dueño.
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Estoy aquí.

Estoy aquí.
Detenido por el tiempo que nunca da razones para seguir adelante.
Con la rabia acumulada a flor de piel.
Con el fastidio que calumnia el nombre que nació con la verdad en un corazón que no le enseñaron a mentir.

Estoy aquí.
Sin un manojo de nervios sin sentido.
Harto hasta el astió de sus pensamientos que en su delirio afirman que soy solo un peligro.
No ven su propia falsedad.

La sangre me hierve y con la fuerza de mi puño emprendo la guerra.
En lo más alto de la gloria detengo mi escudo.
Mi voz fuerte es una coraza que amuralla porque nunca sabe caer.

Nunca me verán partir en aquella noche que estalla bajo la insensata metralla.
Nunca me verán caer por los dardos que no cesan con su traición y el sufrimiento de otros.

No podrán derrotar tanto amor sin precio.
Más allá de los instintos y de una furia que resiste a las brazas del propio fuego está el amor que apacigua el furor que hay dentro de mí.

Es por eso que me sujeto tiernamente a la fuerza de lo que siento, porque es un valor verdadero, son abrazos llenos de ternura que crece dentro de mí.

Solo así venceré a la angustia que se alimenta de la mentira por un odio que persigue a su propia necesidad de dominación.
Estoy aquí.
Detenido por el tiempo.
Venciendo las razones que se tienen para poder seguir.
Ganando y perdiendo.
Forjando el fuego de su entera soledad.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
10/09/2016.
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Aislamiento

Cortarme, tajearme,
que mi piel en tiras,
llena de sangre seca
estire, pique, ¡arda!

Así recuerdo que es mi pellejo
el que me atormenta,

No tú.

Mi sudor hiede,
un vaho narcótico
precede mi pasos.-

Apesto a soledad.

Aislamiento, que busco y temo,
das libertad y angustia,
desolación y éxtasis,
pasión y hastío,

La hermosura de los sueños
y el desamparo brutal.
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La fábrica de silencios

Sin vos
puse una fábrica.
Una fábrica de silencios
en la que hago los mejores silencios de la ciudad,
los más profundos que haya visto la humanidad,
que me acompañan
que me rodean
y me llevan en andas
casi todo el tiempo.

Tanto me acostumbré
a los silencios de mi ciudad
que soy ciego a los sonidos de los demás
que cualquier música dentro mío
es algo que no pasará
que imaginarme escuchando tu canción
no es algo de esta realidad.
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Desierto

Los ojos rojos se encumbran
en las sombras de la tarde.
Una silueta encogida,
la falta de aire
y un reposo interrumpido
a tus pies;
sólo quedan cristales rotos
repartidos a partes iguales
después de cortar nuestros nombres.
Arrugando el estandarte
de un corazón maestro en ese arte
de avisar sin tiempo
que llega el crujido final que ha de romperlo,
avanzo hasta la hora convenida.

-sé que a lo lejos,
en el callejón más oscuro de este cielo,
se encienden tus ojos-

Es mágica la sincronía de papeles rotos
en nuestras respectivas ilusiones.
Me espera un cementerio emocional
escondido debajo de los días
que me obligan a seguir sin mirar.

Me acomodo en el asiento roto de la vida,
me agarro el alma
y doy gas.
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La soledad del verbo amar

Lágrima que de sus pupilas brota
por recuerdos que se quiere olvidar,
olvidos que no logran recordar
unos ojos que sangran gota a gota.

Se apaga la tarde, sabe a derrota,
alma sombría obligada a vagar,
erial errante…¡y rodar y rodar!
y un viejo violín desgarra una nota.

En melancólicos aromas flota
la nostalgia en que acaba el suspirar,
y se parte el alma harto de llorar
huyendo sin rumbo en pos de su Gólgota.

Un amargo viento helado le azota
y le lleva en volandas sin parar
al desierto en que quiso desertar
y donde es mero grano, simple mota.

¡Oh triste necio, estúpido…, un idiota!
¿Qué es tu vivir sino cruel delirar?
Triste consuelo te queda al soñar,
solo feliz al dormir cual marmota.

Sombra amarga, reverente y devota,
que llenas de ausencias tu caminar
por la vil soledad del verbo amar.
¿Qué te queda? Solo una vida rota…
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Follar

Habías planeado tu presencia.
Sería mi merecido castigo.
Me untaste de jengibre el costado,
te abriste de par en par;
entrepierna de aguarrás.
Te rogué: “Prende fuego al colchón antes de marchar. Quémalo mientras duermo, llévate contigo mi vida. Sé que tu ausencia mostrará mi cuerpo desnudo”.
Me contestaste: “Ahora sabrás como se ve la vida colgado en el olvido. Las marcas de tus empeines y tus manos serán las musas de mis poemas”
Entré en tus ojos y no sentí dolor nunca más.

* Imagen extraída de la serie "True Detective".
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Hace años que escribo sin papel

Es preciso aclarar que pasó el otoño pardo
Todo queda por llover en el lago
de este invierno.

Hace años que escribo sin papel.

Lo peor de este método ecológico
es que olvido todos los poemas.

Lo mejor de versar en el aire
es el soplo que ventila
y esparce
las nostalgias.

Ahora los ratos son mucho tiempo
pero me sigue oliendo el pelo
a azahar, a jazmín,
continuo mi lectura de Crimen y Castigo
en la ribera del río
y sigo dejando que el rumbo
me lleve a mí.
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A punta de navaja(Diario de la soledad)

“ Ofelia está bajo la ventana,
Por ella siento tanto miedo,
en su 22 cumpleaños es ya una solterona;
Para ella la muerte es totalmente romántica,
Lleva un chaleco de hierro,
su profesión es la religión,
su pecado es la falta de vida,
y aunque sus ojos están fijos
en el gran arco iris de Noé,
pasa su tiempo mirando furtivamente a la Calle Desolación”

“ Desolation Row”, Bob Dylan.

A PUNTA DE NAVAJA (DIARIO DE LA SOLEDAD).

La soledad. La utilizamos, la llevamos ,casi siempre sin su permiso , a nuestra vida. Unos siempre, otros a veces y algunas raras excepciones casi nunca. (Ellos se la pierden).La utilizamos como culpable de nuestros males, amante ocasional, escapatoria, compañera de correrías...Siempre compañera,maltratada o amada... hasta que desaparece en silencio delante de nuestros ojos sin que nos demos cuenta.
El ser humano, el animal más egoísta y salvaje entre todos los animales, valga la redundancia, nunca se dignó a preguntarse: ¿Quién eres? ¿Cómo estás? ¿Estás sola también?
Yo, me he dedicado a seguirla durante un tiempo sin que ella me viese; o eso creo.
Después de días, semanas, meses e incluso siglos, me atreví llevarla a bailar, pero cuando nos cruzamos ya era tarde.
DIARIO DE LA SOLEDAD.
Andabas dando la sensación de haber hecho frente al insomnio con la luz encendida. Te habías estado mirando a ti misma con los ojos de los otros y acababas de leerte de un tirón todas las frases del pie de página de tu agenda de Mario Benedetti de dos meses hasta hoy.
Tenías esa media sonrisa con el cascabel de tu boca dispuesto a sonar. Y yo me pregunta en que maldito colegio te habían inculcado que era pecado ser feliz.
Pasaron unas cinco horas y tenías esa mirada dirigida a la nada. Como si te preguntaras a ti misma si la soledad te había hecho así o te habías hecho tu misma así huyendo de la gente. Incluso a ti, ¿que se creían esos inútiles?: a ti también te afecta la maldita soledad. Aunque siempre lo has disimulado bien. Lo peor de todo es que no te dabas cuenta pero ya no había marcha atrás, nunca serias la misma de antes, mientras más intentaras volver, mas te estarás alejando.
Rosebud, cariño. Rosebud, Rosebud, Rosebuuuuuuud...
La noche había llegado. Y allí estabas. Ahí estaba tu sonrisa de cascabel desgarrado dejando en nada al murmullo del local. Tan inmensa que conseguías disimular lo sola que estabas entre el humo y la multitud.
El final de la noche no lo vi, aunque era fácil de intuir: Dos cuerpos desnudos, sin hablar, sin sentir, unidos con el único sentido de llenar un espacio vacío. Unidos por palabras tatuadas en la piel que desde el aire no formaban ni una estrofa.
En mi habitación con falsa valentía, me jugaba una pierna que si separaban los dos cuerpos quedaría formado un corazón partido en dos. Luego, con un sentimiento de orgullo adolescente me pregunté: ¿quién cuidará de ti mañana?
Ofuscado como un adolescente, pasaron semanas sin que te volviera a ver,pues evite las calles por las que tú solías pasar, olvidando que el orgullo tras un tiempo se transforma en silencio y este en soledad.
En Abril, al fin, te volví a ver. Deambulando sin control. Sí, esos días en que Noviembre se disfraza de Enero. Deseando que lloviera en tu vida por primera vez en 7 años para ver si el agua te llevaba con ella o si se llevaba todo que siempre estaba igual.
Tu sonrisa de cascabel llevaba tiempo siendo esa canción de la adolescencia que por mucho que la escuches ya no te volverá a emocionar. Era viernes, pero el color de tu voz no dejaba claro si era lunes negro, martes marrón o jueves azul.
Con muchísimo miedo volviste a casa. No sé, ni me interesa, ni a nadie le interesa, de que extraña manera te recuperaste. A los más morbosos les hubiera gustado que lo hubiese escrito, pero se van a quedar con las ganas.
Te tiraste a la calle como un alma perdida que se lleva el diablo. A pedirle cuentas al destino, a pedirle a la noche que te devolviera los sueños que el día te había robado. A recuperar lo que era tuyo.
Y la sonrisa de cascabel volvió a llenarlo todo, desprendías más vida tu sola que todo el resto de la gente a la vez. Exactamente, media hora después,de haber estado hundiéndote en un estaque vacío lleno de sudor, sentimientos y lagrimas de tinta. Nadie, ¡ Nadie! fue capaz de darse cuenta, maldita sea, de que el oropel también brilla.
11:00 a.m. Te esperé en un parque sentado y ahí estabas. Habías vuelto a tomar Berlín antes que Manhattan. ¿Matate y vive? o ¿Duerme y Sálvate? Es igual, mañana espera paciente. Mañana vendrá a por ti.
De que ha servido tanto volar sin ir a ningún lado,tanto mentirte a ti misma,tanto que te han engañado, a los que tu tanto has dado,
tanto mirar a los lados como si alguien te persiguiese, como si hubiera alguien a quien no quisieras encontrar, huir y sin darte cuenta seguir alejándote del camino de regreso.
Años después supe que fuiste feliz., te vi entregando dos dvd´s: “Barton Fink” y un concierto del “Live Aid” de 1985. Media sonrisa picara, fingiendo que no eran tuyos. Tenían más retraso que si los hubiera alquilado Yo. Esos días haces que cualquier tarde parezca verano a las siete de la tarde. Esos días en los que a tu corazón está a punto de apagarsele una pequeña llama, pero a punto de encendersele un incendio incontrolable. Esos días que el invierno no molesta en tu cama.
¿Era esta tu resurrección definitiva? ¿Cuántas veces más serás capaz de resucitar?¿ Cuántas veces seguidas es capaz un ser humano de subirse a una montaña rusa?
Pero ponerle cadenas a un corazón así, sería como ponerle cadenas al mar, al viento, al monte. Sería como matar a un ruiseñor. Sería injusto.
Estuve muchísimo tiempo sin verte. Pero seguí teniendo noticias tuyas. Cada vez que las crónicas de “El País” hablaban de la chica perdida que estaba en todos los conciertos de la gira de Dylan,supe que eras tú. Y te imagine bailando “Precious Angel”, parando el tiempo.
Tres Siglos después, hacía tiempo que por mi barrio no salía el sol. Estaba a punto de marchitarse la única flor de mi jardín de hierbajos, escombros y restos de otras vidas; basuras de casas de otras personas,que cuando le sobraban las arrojaban a mi jardín. Aunque para ser justos, tampoco me digné a limpiarlo.
Ya harto de buscarte en canciones de Tom Waits, de trenes llenos de chicas de Brooklyn. Decidí echarle valor.
Y tu pasado gritó, se presentó de pronto y paró la función. Se levantó el telón. La sociedad tapó los azulejos amarillos con cemento gris y uniforme. La vida te robó tus zapatos rojos. Y te vi con la mirada más perdida y triste que nunca, como si vivieras y soñaras mil vidas mientras la tuya te pasaba por delante. En tu mano derecha, un carro con un bebé. En la izquierda, un anillo.
Me di media vuelta sin que te dieras cuenta. Aunque dudo que me hayas visto alguna vez.
Y me tiré a la calle, como un alma perdida que se lleva el diablo. A buscar mis sueños. A robarlos, si es necesario, a punta de navaja.

“ Algunos alcanzan la gloria. Otros se quedan con ex – prostitutas y un viaje a Arizona”.
Lynn Bracken (kim Basinguer, L.A. Confidential)

*En la imagen, Kurt Cobain.
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Ceguera repetida

Te entregué mi corazón
para que aprendamos a amar.
Pero nuestras locuras se asustaron
y el amor se fue espantado a un lugar
que no es el mar.

Tú, mi promesa rota
Mi ciego empalme a la realidad balbuceada
en tu discordancia.
Mi azúcar inconsciente que se equivoca
y al segundo se olvida.

Te perdone una, dos, tres veces
en un solo segundo.
Pero tu garganta ciega seguía hablando.
Yo tuve que callarte la mirada con mi silencio
Tuve que renunciar a la posibilidad
de lo que ya no quería aceptar en serio.
Yo te iba a tomar entero.
Yo iba a decir que sí.
Iba a arriesgar el 100 por ciento
de mi soledad y mis alas
con tu alma de colores necios
y locura imposible.
Yo iba, yo me fui.

Tú fuiste el ángel que después del samaqueo
de reflexión golpeada
te fuiste a aprender solito.
Agarraste tu tarea sin entender
y cruzaste la calle del retorno
a tu anterior luz cuando no me conocía.
Y aun conociéndome ahora
esa luz no podrá ser la misma.
Mi luz agachó la cabeza y se puso a escribir
para llenar el hueco
que había construido para que te quedarás.
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Si me alcanza la poesía

Si me alcanza la poesía
Haré una bomba atómica de versos
Que se expanda por mi cielo.
Si la poesía me alcanza,
Si la locura no me traiciona
Y Dios y el diablo se ponen de acuerdo,
Podría ver la noche como un instrumento para dormir.

Si me alcanza la poesía.
Si un día muero que se diga de mí
Que morí escribiendo.
Que mi cabeza patinaba sobre lodo,
Humo y cerveza.
Que morí peleando,
Que mis rodillas quedaron ilesas.

Si la poesía me alcanza.
Que pueda un día ver hasta dónde me llevó
Porque un día dormí cobijado de frío
Y al siguiente amanecí con alguna dulce princesa.

Que fui preso de la venganza,
De la lujuria, de la gula,
De la ira, de la soledad y la tristeza,
Si es que pecados son, y quien sepa
Si también la locura lo és:
Ojalá me vieran tan señor en la calle
E ignoraran mi puta cabeza descarriada.

Si me alcanza la poesía.
Que ella hablé en mi nombre
Porque yo no puedo, ya,
Apenas y me sonrojo si escucho mi nombre.
Pienso en quienes me aman
Y me siento miserable.
Pienso en mis contradicciones
Si siempre he hablado de respeto
Y soy el primero en faltarlo.
Si pienso en mis conflictos
Cuando discuten mis cojones,
Mi mente y mi corazón.

Si la poesía me alcanza, y alguien la lee.
Ojalá supieran que mis ojos negros tienen fuego.
Que mi boca besa mordiendo.
Que mis manos saben comer.

Si la poesía me alcanza.
Ella sabe que me las he arreglado para vivir
Aunque viva en quiebra.
Aunque sea un bruto soñador.
Aunque crea que el dinero paleará mi sufrimiento:
Vaya yo a saber si de tenerlo
No me duela la otra conciencia.

Si la poesía me alcanzara para describir mi nombre,
No sería poeta,
Sería un ser humano como cualquiera.
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Soliloquio

Sepas amigo que por años y años
perdido siempre, bajé al abismo,
en recovecos tristes,
solitarios, polvorientos,
de las sombras de mi mismo.

Pero corto el espacio y sucio,
el destino ambiguo,
exhausto, ningún alimento
y con hambre de otros,
fui saliendo de mi mismo.

Y sepas, amigo,
que muchos años más,
he vivido triste destino
de andar con muchedumbres,
abstraídos en si mismos.

Y en mis carnes morando sigo,
Desde hace ya algún tiempo,
desorientado y perdido,
aburrido de tantos cuerpos,
que me hacen sentir sediento.

Y ahora pensando vivo,
entre todas estos seres
que son alimento vano
absortos en si mismos,
qué hago con tantos cuerpos.

Con que potente clarín consigo,
remover y despertar las almas
de su grave ensimismamiento.
Verlas en los ojos brillar,
despertar al conocimiento.

Al fin con otro ser hablar,
hermanar los sentimientos,
sentir alguna afinidad
hacer trizas mi soledad.
Soledad de tanto tiempo.

Porque, amigo mío,
Mientras te estoy escribiendo
Con tristeza he visto
que las señas que estoy poniendo,
son las señas de mi mismo.


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Mensaje en una botella

No era el mar pero se le parecía.
El sudor que desprendían los cuerpos
impregnaba el aire de humedad y sal.
Llegaban en oleadas, puntuales,
como una marea inquieta y oscura que anegaba las vías
hasta que el tren lleno devolvía una estación en calma,
con orillas plagadas de envoltorios,
deseos pisoteados,
papeles arrugados y alguna colilla.
Entre los restos apareció un día una botella solitaria,
transparente y vacía.
Aguantó el empuje hasta perecer hecha añicos
entre los pies que corrían.
“Estoy aquí”, gritó.
Eran sus pedazos al romperse.
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Déjame

Déjame en mis días de rareza,
en esos en los que me vuelvo seria.
Deja que me evada
a cualquier parte
o hacia la nada.
No te limites a observarme.
¡Vete! ¿No me oyes?
Te digo que te marches.
Deja de perder los minutos
en estos tristes días
en los que me empeño,
a pesar de tu insistencia,
en desaparecer por un tiempo.
No pierdas la alegría
por quererte quedar
al lado de una niñita
a la que le cuesta hablar.
De nuevo te pido,
te pido que te vayas
pero recuerda regresar
cuando mi compañía sea grata.
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Querida Alegría II

Querida alegría desquiciada, toma asiento
entre mis rojizas bisagras de calma.

Deja de golpear los cristales...
demasiado frío ahí afuera.

Tres montes me ofrecieron ser feliz,
sus lomos serían ángeles
dibujando vegas con cálida escarcha;
me hablaron de sed, de cuarentena,
de estepas preñadas de envidias,
de barrancos de lentísima caída,
si rompía su círculo previsto.

Así que te envié mil cartas
suplicando una visita improbable
a mi terco retiro.

Acudiste seguramente
para burlarte de tanto yermo tallo.

Pero acabose mi paciencia
y cuando atravesaste el recibidor,
y te reíste de mis sobras afectivas,
soldé cada palmo de la puerta.

Así quedamos encerrados
cada cual a su manera,
a su modo,
a su forma,
a su estilo.

Y ahora que estás aquí, te jodes.

Me conocerás
cuando sangres tu deuda en mi frente.

Me conocerás
cuando hagas falta ultrapuertos.

Me conocerás
cuando yo lo diga.
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La Soledad

La gran tragedia humana es la soledad.
Familia, hijos, amantes, amigos
todo crece, cambia, se va.
Entonces eres tú
de nuevo
contigo mismo.
Siempre lo has sido
el hombre junto a su espíritu
la única verdad.


Heclist Blanco
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Ella

Ella camina siempre sola
por las calles de Madrid,
érase una vez la historia
de una maldición febril.

Ella solo quería ser feliz
cuando su mundo se vació,
y ahora le toca vivir con
una herida en el corazón.

Ella no puede más,
se siente triste, sin ganas,
y etiquetada cual producto
a punto de caducar.

Nunca pudo evitar que
la soledad le atrapara.

No paraba de preguntarse
sobre lo que le llevó a
aquella situación.

Jamás halló respuestas,
todo el mundo marchaba
sin aportar una explicación.

Solo le queda echarse la culpa
aunque eso se aleje de la realidad,
no hay derecho a esta tortura
pero su vida así tendrá que pasar.

Ella no habla de desamor
pues ese es su menor mal,
ella quiere un poema
y alguien en quien confiar.

Nunca le han abrazado de verdad,
se ha convertido en una muñeca rota,
valiente quien la quiera arreglar.

Si algún día quieres encontrarla
busca el olor a sal del mar
y sigue la luz de la luna.

Ya que a pesar de sus ruinas
aún tiene sueños que le ayudan
a aguantar el dolor que le da la vida.

Cariño:

yo no puedo darte tu salvación,
vivimos en un mundo cruel,
pero aquí tienes tu poema,
escrito desde un corazón
que conoce tu enfermedad
y te ha visto crecer.

De mí para mí.
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