encontrados: 70, tiempo total: 0.012 segundos rss2

La guerra

La noche ha comenzado,
Ha lanzado como artillería pesada a un cielo forrado de estrellas.
Yo, muy por el contrario, he lanzado los versos que te escribí ayer.
Batalla dura.
Ilegal
leer más   
12
2comentarios 31 lecturas versolibre karma: 69

Máscaras...

Al salir del concierto la noche se encontraba sumida en su existir más profundo, la calle poco a poco se vaciaba de los asistentes y todo aquel bullicio que hubieran generado las pláticas retóricas y los pasos sin rumbo, se fueron apagando como se extingue la luz de una vela con el paso del reloj.

Me gustaba disfrutar mi soledad en compañía, sentía cierto deleite en observar a las parejas discutir por trivialidades, ver cómo eran condescendientes entre sí afirmando conocer tal o cual obra, libro, persona, mundo, galaxia, constelación... para simplemente tornar los ojos admitiendo para sí mismos su poco conocimiento, sobre todo, hasta de su persona. Yo no tenía ese problema, sólo hablaba conmigo y para hacerlo ni siquiera tenía que articular palabra alguna, era un monólogo interno, donde no podía ocultarme nada y me daba explicaciones que me debatía con fundamentos lógicos, que sonaría ilógicos al mundo. No necesitaba demostrar mi valía ya fuera con ropas finas o con regalos lujosos; yo era quien era en ese momento sin más que ocultar.

Por fin me encontraba sólo bajo la luz que provenía del recinto hasta que éste cerró sus grandes y pesadas puertas tras un fuerte sonido al colocar los cerrojos, era como enclaustrar un alma noble entre cuatro paredes para mostrarse sólo en los momentos más sonrientes, mientras que los demás días son las lágrimas ocultas las que no paran de recorrer sus mejillas formando un río, un lago, un mar... Decidí comenzar mi regreso a casa con las melodías aún sonando en mi memoria, tarareando algún pasaje, disfrutando de aquel concierto de nuevo en mi mente.

El frío se sentía como un soplo suave de lijas sobre el rostro así que metí mis manos en los bolsillos y al hacerlo sin querer tiré las llaves de mi hogar al suelo, me detuve para levantarlas y fue entonces que noté que alguien me seguía sólo algunos pasos detrás. Giré el rostro apenas para alcanzar a observarla de reojo, sólo pude notar su silueta definida entre la obscuridad de la calle y la tenue luz amarillenta que daba la tímida iluminación de un poste a lo lejos; podía notar su figura de mujer, su cuello largo y fino, sus brazos delgados y su cadera ondear al caminar despacio. Permaneció inmóvil mientras yo me reincorporaba lentamente. Como si nada continué mi camino, sin embargo, sentía sus pasos tras de mí como si quisiese acercarse, pero algo se lo impidiera.

Después de avanzar una cuadra decidí dar media vuelta y pararme frente a ella, se encontraba aún lejos para poder reconocerla, o tal vez llevaba alguna especie de velo negro que no me permitía ver su rostro con claridad. Comencé a caminar hacia ella con un paso tranquilo, "Buenas noches señorita, disculpe, ¿la conozco?, ¿puedo ayudarle en algo?" le dije con una voz firme pero gentil, mientras me aproximaba, ella negó con la cabeza y comenzó a cercase al mismo paso que yo. Poco a poco la distancia se reducía y entonces pude notar como su rostro se veía claro, los ojos un tanto rasgados y grandes, la boca delgada, el rostro pálido un poco ovalado, el cabello ondulado de un café obscuro y la nariz recta... era ella. Hacía tanto que no la veía; por un momento la impresión y el gusto se notaron en mi sonrisa y justo cuando iba a pronunciar su nombre pude ver cómo se quitaba aquel rostro como si hubiera sido una máscara que tiraba al piso. No podía entender que era lo que sucedía, se acercó otro poco y pude notar que su rostro era diferente; ahora tenía los ojos ovalados y más pequeños, su rostro afilado de un moreno claro, el cabello negro rizado, los pómulos redondos y prominentes mostrando esa boca pequeña y rosada. De nuevo era ella, la que hacía tanto tiempo había querido. En ese momento no podía comprender que era lo que sucedía y para mi horror, volvió a quitarse esa máscara con un desdén que heló mis huesos. Ahora sus ojos redondos color avellana me miraban fijamente, de nuevo el cabello rizado pero esta vez más corto y rojizo, su rostro claro y la boca un poco gruesa bien definida. Me detuve como un acto reflejo, de nuevo un amor de hace tiempo. ¿Qué sucedía?, ¿era acaso un espejismo o una ilusión?, tal vez era un sueño o mejor dicho una pesadilla. También detuvo su paso y colocó sus manos tras su cabeza quitándose esa personalidad de un sólo golpe para mostrar la siguiente máscara. Apareció un rostro redondo de ojos grandes, negros, el cabello un poco ondulado de color castaño obscuro que llegaba hasta sus hombros, las mejillas algo abultadas y rojizas, con una sonrisa amplia. Sentí cómo su mirada recorría cada parte de mi expresión incrédula, claro que la recordaba, cómo no hacerlo si fue motivo de mil desvelos, de sentimientos encontrados, de un antes y un después en mi vida. Esa mirada fue rápida pues tomando el cabello se despojó de aquel rostro para dar paso al siguiente, un rostro delgado de cabello negro lacio y largo, los ojos pequeños un tanto rasgados y de un negro profundo, la boca muy fina de color rojo, la seriedad inundaba su expresión junto con la mía, me observo con su mirada fuerte y severa por un tiempo, bajó la mirada súbitamente; al levantarla, una nueva persona se asomaba en ella, su piel morena y los ojos grandes, redondos, negros y expresivos, la nariz pequeña a juego con una boca gruesa de labios carnosos absolutamente seductores pintados de un rojo intenso, tan intenso como ella, el cabello largo, absolutamente negro, obscuro como la noche, me contempló con un aire desafiante y yo sostuve la mirada de forma retadora, era ella, la de una lucha eterna, la que había desgastado mis manos de tanto escribirle, la que había tomado todo de mí y nunca más apareció de nuevo llevándose mi última esperanza de creer en el amor visceral y bohemio. Se acercó lentamente hacía mí, mientras yo permanecía estático; en éste punto poco importaba ya lo que fuera a sucederme. Se colocó justo en mi espalda y susurraba en una mezcla de voces, como si el tono, el color, el sentimiento fuera variando, unas veces tierna y afligida, otras en forma de reproche y hasta con odio, otras tantas indiferente y fría. Caminó y al estar frente a mí pude ver su nuevo aspecto; ahora su tez blanca, con el rostro muy delgado, los ojos claros casi verdes o miel, su sonrisa inocente se presentaba mientras su mirada seductora se clavaba dentro de mi ser, sentí como el calor recorría mi cuerpo y me abandonaba a lo que ésta presencia fuera, tal vez un demonio o un ángel. No podía más, empleaba las últimas fuerzas de mi cordura para permanecer en pie. Colocó sus manos sobre mis ojos, enfundadas en unos guantes negros de terciopelo, y al retirarlas pude observar mi rostro de frente, los mismos gestos, la misma incredulidad; la expresión tanto de asombro como de terror, y lentamente, como si fuera el vapor que emana del agua caliente, se fue desvaneciendo hasta quedar en un vacío absoluto, una obscuridad más profunda que la noche, que el hoyo más recóndito sumergido en los mares, que mi propia conciencia desvalida.

Sentí mi cuerpo helado, rígido, ella se dio la vuelta y siguió por el camino que antes había recorrido hasta doblar en una esquina donde desapareció por completo. Yo permanecía absorto, sin comprender qué era lo que había sucedido, coloqué mis manos frías sobre mi rostro, lo sujeté con fuerza y tiré de él; pude sentir cómo se desprendía de mí esa máscara que tiraba al piso, la vi rodar a mi lado, con su expresión vacía. Por un momento no supe que hacer, cómo reaccionar. Volví a colocar mis manos dentro del abrigo recuperando la calma, tomé de nuevo mi camino y pensé... "Ahora soy yo, el recuerdo de alguien más".
7
5comentarios 46 lecturas relato karma: 63

Un Hombre Llora

A Manuel





—Me siento solo.

Esa fue la última frase que pronunció, profunda y contundente, antes de inclinar la cabeza y echarse a llorar.

Yo que siempre he estado sola –aún en la compañía de otros– y de esa forma me he sentido mucho mejor, esta vez me sentí inmensamente triste de verlo allí así, compungido, al borde del desespero ante una idea tan feliz como la soledad, al menos para mí.

Mientras él se estremecía entre lágrimas al otro lado de la mesa, hipando, con el rostro hundido en las manos, sus palabras seguían retumbando en mi mente: “Me siento solo…” ¿Sentirse solo? ¿estar solo? ¿cuál es la diferencia? me pregunté para mis adentros. Por momentos sentía el impulso de decirle «Pero si estar solo es el destino de todo ser humano. ¡Ya deberías ir acostumbrándote!» Mas me contuve sabiendo que aquella máxima era demasiado para un alma tan débil como la suya. Terminaría de destrozarlo por completo. Demasiado apegado a la gente está como para comprender el significado de estar consigo mismo. Entonces me limité a inclinarme y, colocando mi mano en su hombro, le dije:

—Dices que te sientes solo ¿no? Pues, aprovecha el tiempo que permanezcas solo para pensar en ti nada más.

Cesó el gimoteo, alzó la vista y me miró como si jamás se le hubiera ocurrido. Quizá había comprendido.
8
1comentarios 40 lecturas relato karma: 67

rincón

Instintivamente supe que venias
entre una bandada de mirlos blancos
leer más   
6
sin comentarios 31 lecturas versolibre karma: 75

Infinitum

Verdad.
Presentí que me gustas
Y nada más. Ya está.
De otro modo,
También tú lo ibas a saber
¡Cuánto va a dolerme el haber salido así¡
leer más   
3
sin comentarios 12 lecturas versolibre karma: 40

Soledad

He vivido muchas vidas en soledad.

He bajado la escalinata hacía el oscuro abismo de la desolación, mis pies han sangrado. Allá abajo todo es oscuro y helado.

He sudado noches batiéndome a duelo con insomnios Samurai. Mis espadas de papel.

He bebido galones de tristeza, sin azúcar y sin leche.

He llorado ríos de amargura que manan de la roca de un corazón sangrante. Sus peces muertos.

A veces, hemos sido dos soledades haciéndonos compañía. En una pradera de almendros verdes, flores lila, viento fresco y aroma lavanda. ¿O ha sido un sueño?

He jugado ajedrez con la muerte. Sus torres, demasiado altas, nido de dragones. Sus caballos son de dos cabezas con ojos de diamante, aguerridos. Su reina, viste toda de cuero, botas negras muy altas; tiene pechos prominentes y una piel muy blanca; tiene látigos de fuego en la lengua; invencible.

He caminado desiertos, áridos, humeantes; con escorpiones gigantes que juegan a las cartas mientras fuman puros de vapor dorado. Las lagartijas bronceadas toman el sol todo el día. El oasis siempre está lejos.

He vagado por la playa, su arena quema mis pies, corro para llegar al mar azul, que se aleja, le salen alas y vuela al horizonte.

He recorrido kilómetros de huertos con plantas que brotan dinero, todas sus hojas son billetes de alta denominación; pero no hay frutos ni vegetales que comprar.

He caido por un acantilado y he tardado décadas en tocar su fondo.

He viajado por páginas y páginas de letras escritas para mitigar este sentimiento, este dolor.

Te he buscado en millones de rostros sin vida. He abrazado tantos cuerpos fríos. He bebido el agua de tantos manantiales secos. Nunca te encuentro. A ti, el fin de mi soledad.

@SolitarioAmnte
iv-2017
leer más   
18
17comentarios 49 lecturas prosapoetica karma: 66

Desencajada

Empujé la botella vacía
y cayó rodando hasta hacerse añicos.
Me devoraba una noche
que se retorcía en sí misma.
Y cada vez que intentaba abrir los labios,
caían las palabras ahogadas
que no hallaban salida.
El temblor no era de miedo.
Ni de dolor.
Era temblor de querer sobrevivir a algo
que desconocía;
el querer ir a más velocidad
con un veneno dándome la vida
y desterrando de mi memoria
los puñales de todos los días.

Cuando abrí los ojos,
vi una cara desencajada pegada en el cristal.
Y era mi propio rostro.
leer más   
9
12comentarios 63 lecturas versolibre karma: 68

¿En dónde estarás hoy?...

Aquí estoy
sentado a tu lado
con las ganas de abrazarte
y con las manos temblando.

Aquí estoy buscando tu aroma
con los ojos vendados
con los pies descalzos
con el alma rota.

Aquí estoy sin tregua,
de luz apagada a sombra clara,
de día obscuro
a noche iluminada.

Aquí estoy pensándote
recordándote
soñándote
comiéndote
viviéndote sin vivirme.

Aquí estoy fingiendo
que la sonrisa me desboca
que la locura me provoca
y que la cordura
me revienta.

Aquí estoy saltando al precipicio
con las alas de Pegaso,
con el cuerpo de quimera,
con la furia de un titán,
con el temor del hombre.

Aquí estoy cultivando tulipanes
plantados al lado de recuerdos
cosechando tus memorias con ellos
y probando que son transmutables.

Aquí estoy de verdad lo estoy
con todo lo anterior sin proponerlo,
dibujando cada paso con ello
y sólo pensando...
¿en dónde estarás hoy?
8
7comentarios 35 lecturas versolibre karma: 57

Soledad

Soledad purpúrea, corpórea, trashumante
¿Por qué me abandonas en el deliquio inconstante?
¿Por qué te padezco y te busco? En la lejanía
De una promesa escrita en la más leve brisa
En una caricia en el tiempo soñada
Que ha venido siendo y que nunca fue nada
Solo te he hallado con estos ojos cegados
Que la luz no han visto y sí, lo que ha pasado
Que día tras día espero un mañana
Un momento incierto frente a mí ventana
Cuando vengas a mí y en un trémulo abrazo
Te cuente por qué sigo hecho pedazos
Y sienta que al fin ha valido la pena
Aunque te hayas ido, purgar mí condena
leer más   
10
1comentarios 65 lecturas versolibre karma: 61

Los días como estos

Los días como estos

En días como estos el verano también era amor
Las sonrisas también pintaban a los pájaros sobre las ramas
Los verdes prados también eran refugios de amor
Los reflejos también mostraban algo de nosotros
Mi mano era la tuya.

Las historias que aún no se han escrito también tienen su pasado
La saliva me resulta insoportable como un dolor por una ausencia repentina
Me dolía que me extrañes – miento - .Aún me dueles
Deseaba todo y a la vez nada. Te deseaba
Dependía de ti y dependía de mi dependencia hacia ti
leer más   
4
sin comentarios 18 lecturas versolibre karma: 57

Hoy llega el tren

La eternidad pronto llega desde el último tren.
Hoy, mañana, al siguiente día.
La espera siempre puede abrirse paso a través de la madrugada.
Agua y leña en tus labios.
Matices grises en tus pupilas.

Temblores en el rostro y en la plaza por abrir y por hablar, por las máquinas que construyen instantes cargados de pasajeros nocturnos, llenos de puntos y comas, sin espacios en blanco, solo una hilera de acusaciones en negro.
leer más   
3
sin comentarios 14 lecturas versolibre karma: 27

No tengo ojeras

No tengo ojeras,
tengo noches a las espaldas
y demasiadas cervezas tomadas.

No tengo ojeras,
tengo experiencias indeseables
y secretos que me invaden.

No tengo ojeras,
tengo mil batallas perdidas
y relaciones hundidas.

No tengo ojeras,
tengo cicatrices en mi interior
y una inexplicable fobia a ser yo.

No tengo ojeras,
tengo complejos creados por gilipollas
y gritos que todavía me descolocan.

No tengo ojeras,
tengo muchas horas de soledad
y calles que no podría volver a pisar.

Bueno, quizá sí tenga ojeras.

Nací de un trasnoche
y sobreviví cuando aún
no había aprendido a gatear,
cuando aún
no tenía armas para luchar.
15
6comentarios 80 lecturas versolibre karma: 49

Hombres Solos

Son malos tiempos para el compromiso,
para las palabras hechas de raíces…
Son tiempos ahora de la prisa,
el atropello,
 el empujón…

Tiempos del muérete tú en la esquina,
en tu mugre,
 ahógate en tu charco…

Tiempos de hombres solos,
de tropelías, afrentas,
   vejaciones…

Malos tiempos para la concordia,
para el pan compartido,
  para la hoguera en la nieve…

Tiempos del muérete tú de asco,
   asfíxiate en tu ruina.

Ya no hay tiempo para las palabras
    hechas de esperanza…

Son tiempos de hombres solos…
9
6comentarios 51 lecturas versolibre karma: 55

Amaneció

Desapareció la luz en el día.

Nos encontramos juntos, de dos.

Bajé la mirada.
Lloré.
Abrazaste mis manos, cerraste los ojos.

Amaneció.
leer más   
4
sin comentarios 12 lecturas versolibre karma: 54

Soledad silente

Eterno descanso se adivina
al vuelo de una quimera
bajo el reflejo de una luna calcinada.

En la noche silente
acosados por el tiempo
nos envuelve la soledad,
nos recorre un eco de aleluyas
amparándonos de las penas.

De espaldas a la existencia,
escuchamos los latidos del abandono,
repetimos con resonancia agonizante
una oración sin fin.

Nosotros, andamos por el mundo
pisando senderos deshojados por el viento.
Vivimos deprisa hasta palpar la paz;
después caemos dormidos en el secreto.
leer más   
8
3comentarios 21 lecturas versolibre karma: 49

Soy yo

Se había oído una llamada en la puerta. A nadie aguardaba a esas horas. Tras unos segundos de espera volvieron a repicar los tres toques en la aldaba. El gato negro ni siquiera se sobresaltó y continuó dormido sobre la alfombra. El sofá todavía conservaba el calor del anciano cuerpo arropado. Con mucho esfuerzo se levantó y, a pasos cortos, recorrió el pasillo hasta llegar a la entrada de la casa. Retiró la chapa metálica de la mirilla y un rostro, desconocido pero esperado, permaneció inmóvil, clavado en ojo cristalino de la vivienda.
 -¡No puede ser! ¿Por qué llega en este momento? –Gritaba su mente descompuesta. Ya se había dado cuenta de la identidad del visitante, pero no obstante hacía un esfuerzo por confirmar que no se había equivocado con el personaje.
 -¿Quién es?
 -Soy yo.
 -Y, ¿quién eres tú?
 -Lo sabes perfectamente. –Es verdad. Tenía la certeza de que tarde o temprano llamaría a su puerta. Estaba ahí. No había dudas.
-¿Puedes volver más tarde? –La pregunta carecía de sentido y el sonido se diluyó en el aire ahogando el deseo más fuerte que cualquier ser vivo alberga en su interior. A pesar de la evidencia ineludible intentó descorrer un enorme cerrojo para impedir la entrada del extraño, pero la madera se pulverizó por arte de magia e hizo un pequeño montón de serrín junto a sus zapatillas. De repente, quedó paralizado frente a su nuevo y último visitante.
-¡No me toques, por favor! –La súplica resonó como un eco de los tiempos mientras se esparcían sus propias cenizas en una cuneta de la historia. Silencio.
leer más   
13
2comentarios 147 lecturas relato karma: 53

Esa tarde fuimos

Me gustas¡ lo dije. Dolor inevitable. Esa misma tarde iría a casa, su casa. Oh las nubes espontáneas al borde del camino.
Me gustas por eso, por tus manos en vaivén hacia mí, como un antiguo vicio. Llegué a las dos de aquella tarde, la formación de un aguacero amenazaba mi sonrisa. Me limité a observar el movimiento de su cuerpo. No atine a decir nada, tenía la mente en blanco. Por los pasillos, la sala y el comedor, tu abdomen. La espuma de las cervezas se movía fuera de nuestros órganos. Los instantes se recortaron en nuestra piel, dentro, muy dentro.

Las palabras calladas y yo mirando (te) sin mirar.
Créeme no es casualidad. Hay maneras distintas de ser y de estar.

Tú, por ejemplo entras volcándolo y revolviéndolo todo.
“Y en principio trato de resistir la tentación de hacerlo.”

Mi secreto lo sabes.
Que astuto ese devenir nuestro, siempre replicando de vez en cuando un encuentro. Estas palabras suaves no alcanzarán al nuevo día.
Te extraño precisamente ahora, a tres horas de tu partida.
Mis antiguos vicios han vuelto.
Mi cigarrillo y tu cuerpo. Tu boca y un vino. Tu estancia y mi descanso.

El tiempo del reloj pasaba de las cinco. Las nubes de norte a sur nos invitaban a salir. Sentí el temor innato de los días grises. Salimos. Mi alegría se ha desbordado, lo sabes. Yo sé que lo sabes.
¡Esa tarde fuimos!.
leer más   
2
sin comentarios 39 lecturas versolibre karma: 20

Peregrino

Esta baldía soledad poblada
que aletarga el batir de mi aleteo,
este vagar sin ir, este paseo
por la orilla de un alma atormentada,

me dicen que, de todo, apenas nada
paró en dogma de aquello en lo que creo,
en tesoro de aquello que poseo
o en sueño placentero en mi almohada.

Y es que viví cual ciego peregrino
poniendo en mi viajar todo el empeño
por afrontar el rol de mi “destino”,

y me dejé olvidado tanto sueño,
tanta canción de amor por el camino,
que hoy apenas de nada soy ya dueño.
12
8comentarios 43 lecturas versoclasico karma: 55

Estoy aquí.

Estoy aquí.
Detenido por el tiempo que nunca da razones para seguir adelante.
Con la rabia acumulada a flor de piel.
Con el fastidio que calumnia el nombre que nació con la verdad en un corazón que no le enseñaron a mentir.

Estoy aquí.
Sin un manojo de nervios sin sentido.
Harto hasta el astió de sus pensamientos que en su delirio afirman que soy solo un peligro.
No ven su propia falsedad.

La sangre me hierve y con la fuerza de mi puño emprendo la guerra.
En lo más alto de la gloria detengo mi escudo.
Mi voz fuerte es una coraza que amuralla porque nunca sabe caer.

Nunca me verán partir en aquella noche que estalla bajo la insensata metralla.
Nunca me verán caer por los dardos que no cesan con su traición y el sufrimiento de otros.

No podrán derrotar tanto amor sin precio.
Más allá de los instintos y de una furia que resiste a las brazas del propio fuego está el amor que apacigua el furor que hay dentro de mí.

Es por eso que me sujeto tiernamente a la fuerza de lo que siento, porque es un valor verdadero, son abrazos llenos de ternura que crece dentro de mí.

Solo así venceré a la angustia que se alimenta de la mentira por un odio que persigue a su propia necesidad de dominación.
Estoy aquí.
Detenido por el tiempo.
Venciendo las razones que se tienen para poder seguir.
Ganando y perdiendo.
Forjando el fuego de su entera soledad.


Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
10/09/2016.
14
8comentarios 287 lecturas versolibre karma: 74
« anterior1234