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Alzo La Voz

He venido hoy a alzar la voz
Alzar la voz por aquellos que son juzgados,
o esos que son maltratados.
Incluso para aquellos que siguen luchando.
Los que cada día se levantan en contra del odio.
¿Por qué está tan mal ser quiénes somos?

Ellos repiten y repiten que nos iremos al infierno.
¿Pero es su misericordioso Dios capaz de hacernos aquello?
Porque el Dios en el que yo creo,
es un ser incapaz de impedirnos eso.
¿Qué es lo malo que hemos hecho?
La dulce dicha de amar nos hizo ser perseguidos.
Entre maltratos, llantos y sufrimiento.
¿No se acabará esto?

Su odio ha sido tan fuerte que me ha roto por dentro.
Han matado cada parte de mí que amó.
¿Ya están contentos?
La capacidad de amar me la quitaron.
Me quedé tirada en el suelo.
Extrañando a la persona que amo.
Sólo porque ellos no quieren aceptarlo.

Ustedes profesan que son los hijos de Dios.
¿Tienen la moral de decir que son eso?
Luego de todas las piedras que nos han tirado.
Después de matarnos y torturarnos.
Después de que queríamos sentirnos amados.
Dios, calma a tu pueblo ensangrentado.
Son ellos los que se oponen a tu legado.

Tengo que esconder lo que siento, ¿por qué?
Este sufrimiento no lo pueden entender.
La agonía de no poder ver.
La zozobra al no poder tocar.
El odio por no poder amar.
No puedo, no puedo tomarla de la mano.
Porque eso sería un insulto al Dios que han utilizado.
¿Realmente creen que el todopoderoso quisiera que el odio sea propagado?

Mi madre me ha enseñado que Dios es aquel que ama.
Que juzga aunque no lo haga.
Ustedes, los llamados seguidores de Dios,
han sido lo más ateo que he observado.
Usan el nombre del Señor como respaldo
en todas esas cartas de odio que nos han mandado.
Pero nos hemos cansado.

Somos como cualquier otro ser humano.
¿Les gustaría ser de esta forma tratados?
Teniendo que esconderse por el amor como única razón.
No saben lo que se siente ser burlado.
Hemos soportado esto años y años.
Y algunos no podemos seguir en esto.
Nuestro pecho se oprime cada vez que debemos negarlo.
La vaga esperanza de un cambio,
es lo que me ha acompañado estos años.
Pero si estoy estancada no puede haber una transición.
Así que yo, hoy, en nombre de quién amo.
Sin importar todo lo que me han lastimado.
Alzo mi voz en contra de todos los que me han odiado.



Este poema, especialmente, va dedicado a todos aquellos que han tenido que amar en la oscuridad.

—aleluya roto. (freedomofsuffer)
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Oscuridad que quiebra

Apagó la luz
de las luces
de sus ojos.
A oscuras
buscó un instante,
ese que perdió
cuando se arrancó
el corazón roto.
Oscuridad que quiebra.
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Flores

Gracias a ti,
aprendí a amar las flores.
Con cada una de sus espinas,
con su tallo desaliñado.
Con sus pétalos marchitos,
con sus hojas secas.

Aprendí a amar las flores muertas,
esas que hoy te regalo,
por más que me haga daño,
en representación de lo que hemos realizado.
Matamos cada esperanza,
cada pétalo vivo,
cada hoja llena de agua.

Hoy, quisiera que me regalaras flores.
¿No te gustaban también?
Recuerdo que solías decirme,
que las amabas con desdén.

Vida mía, regálame flores muertas,
para intentar acabar con mi tristeza.
Porque por culpa de ella,
soy esta extraña impureza.

Los tulipanes eran tus favoritos,
a veces recuerdo el jaspeado con anhelo.
“Tus ojos son preciosos” es mi mejor recuerdo.
Esta flor está agonizando,
y muere cada día más con tu silencio.
Ese que yo misma he creado,
para acabar con todo tu sufrimiento.

—aleluya roto. (@freedomofsuffer)
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Calles Vacías

CALLES VACÍAS

Muerte, luto y dolor
sangre, fuego, lágrimas
todo se vuelve oscuro
todo se vuelve sombrío.

Gritos desesperados se escuchan
mujeres que buscan a sus hijos
padres medio muertos que caminan
niños que lloran a sus padres.

Son las víctimas inocentes
de las guerras y el dolor
que aquellas bombas han causado
sobre esas calles que ahora están vacías.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Abril 2018
Imagen tomada de Internet
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Poema 2

Escucho un llanto amargo,
pienso que es el mío...
lo niego, no soy yo quien se rompe,
no puede romperse lo que a su vez ya estaba roto.

No puede salvarse lo que desde un principio
estaba condenado a las soledades del alma
a la penitencia de un valiente soldado
que rehuye sin mirar atrás.

En el pecho frío donde se esconden las palabras
se oprime a la esperanza, se destruye la ilusión,
mientras el destino crea una prisión de hierro y miel
se captura al soñador.

Miro a la tristeza presionando sus párpados
miro a la tristeza mancillandole el corazón,
es ahí donde descubro que en realidad
quien llora sí soy yo.

-Diana
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9comentarios 69 lecturas versolibre karma: 108

Tres treinta

En mi latido nace la muerte,
y en el reflejo de los cristales sucios
a las tres treinta de la madrugada,
querida y ansiada,
pues a esas horas el eco
de mi caminar sobre las planas aceras
susurra a mi oído todo aquel que no fui.

Y las farolas acechan,
observando,
aun su luz quiere aspirar
la esencia de los altos edificios,
solo por mera causalidad,
hace tiempo que perdieron ya
la última esperanza de elevarse
para ver, cautivadas, miseria y desdichas
ocultadas en el alma de cada hombre,
escondidas, y cómplices de su llanto,
y del viento otoñal, que asiente.

Las cabinas resoplan amargadas,
fruto de la soledad que llevo al astío,
encajadas, la felicidad les quedó de lado,
desprendiendo un amarillo singular
que, a su vez, contrasta con el azul farola
tiñiendo la noche de color urbano,
en un esfuerzo por mantener la lucha
encarnizada, de la que mi pesar es testigo.

A mi ojos les gustaría describir,
paisaje tan atractivamente desolador,
y por ello, en un intento suicida por expresarse,
suscitan mis versos.

Acelero el paso, pero mi vida
se ralentiza una vez más,
la felicidad nos ha quedado de lado,
y amanece,
y finjo una delgada sonrisa.
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Paraíso de lágrimas

Atar un pañuelo a mi lágrima,
esperando que un recuerdo, un olvido,
la falta de la vereda, del laúd de su voz,
la vierta en agua, rocío salado de océanos.

Buscar entre los alfileres de mi garganta respuestas,
la suma de mis preguntas, de sus silencios.


Me siento en la cornisa del tiempo,
viendo pasar bajo los pies del presente
las dudas encadenadas a la ceguera,
roer el vestido amarillo del arrebato.

Ser pétalo marchito en ostra cerrrada,
rodar entre las cañas de su ermita,
encendiendo cirios para alimentarme
con su cera hecha almas, hecha ebras.

Dime pasión, si eres puñal o martillo,
si tus letras son pergamino o alas,
si tu música es arpa o flecha,
si balanceas vidas entre enredaderas
o tan sólo dibujas desiertos en los portales.

Saltando entre tejados sin salidas,
entre tallos que paren su luna y mis noches,
esperaré la lágrima como paraíso de mis mares.

Amén
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26comentarios 176 lecturas versolibre karma: 108

Como prueba de gratitud

De común acuerdo decidieron abrirle la jaula a la joven torcaza (Juan la había atrapado muy pequeña en el monte cercano) Y al quedar libre emprendió vuelo hacia las ramas de los eucaliptos y desapareció. Los dos sintieron un extraño y enorme alivio porque algo del dolor del encierro se les contagiaba al mirarla todos los días. Desde entonces venía a visitar la casa y pasaba horas en los eucaliptos y las acacias. Hasta el día que los hombres armados vinieron una mañana a decirles que tenían que irse de aquella tierra que ya no les pertenecería más, no llevaron más que la ropa puesta y el deseo de irse lejos. Cuando la casa quedó sola y poco a poco fue quedando en ruinas, aún venía la vieja torcaza en las horas tranquilas a quedarse largo rato sobre el tejado roto y los adobes descascarados como si albergara un deseo secreto en cada visita.
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Micropoema. Entierro

Llevaba un velo funesto al rostro que nunca note, sin saberlo, me habían sepultado en el olvido
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Tu recuerdo me hace daño

Suenan los acordes de una dulce melodía que se encarga de ponerme todavía más triste de lo que ya me encontraba. Sé que el mundo se conspira a contra mía pero me parece injusto. Y entre recuerda y olvida no se borra tu carita de mi mente. Y por consiguiente vuelven versos y apapachos y ese cambio de carácter que me estoy enamorando.

Y entre más te olvido, menos logro. Y entre menos logro, menos ¡largo!
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La maldita ventana

Una carrera de gotas de lluvia,
bajando frente a mi rostro
y la mirada que se prende a ellas
mientras siguen su curso al fondo
agolpadas en charcos al cancel.

Mirar llover, mirar la soledad,
un reflejo de realidad sin matiz.
Y ese gris que se abraza a todo,
¡Cómo quisiera un abrazo así!,
incoloro, pero lleno de afecto.

Veo a través de esa tristeza líquida,
rozando aquel muro cristalino,
pensando que en algún momento,
podría escurrir como todo afuera
pero nada cambia ese olvido
y la añoranza, sobre todo cuando
la maldita ventana sigue ahí.
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4comentarios 98 lecturas prosapoetica karma: 96

¿Melancolía?

Haces de la tristeza tu musa;
del alquitrán formas versos,
del gris oscuro tomas su color,
conviertes lo dulce y fresco
de las gotas de lluvia
en lágrimas amargas en tus ojos.
La grandeza del silencio
lo tomas como tortura.
La oscuridad de la noche
la haces tu compañera.
Traes amores no olvidados
y los riegas en tus versos,
los desentierras de tu pecho,
te recrea el dolor de su recuerdo.
En cada letra, la melancolía deja su huella,
te leo, y no comprendo tu tristeza,
la vida te ha dado tanto.
¿Porqué no tomar el beso
y bienvenida del alba?
¿Porqué no apreciar el canto
del ave temprana y llevárselo hasta el alma?
La belleza existe, hasta en la sublime
caricia del viento,
en pisar descalzo la húmedad del pasto,
en la lluvia, que da vida a tu rostro y cuerpo. Quizá, un día de estos dejes que las mariposas
y el color de la rosa y su aroma visiten tus versos; y permitas, que rayos de luz y el calor
del sol guíen tu pluma.
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8comentarios 109 lecturas prosapoetica karma: 101

Tu sangre fría

AUSENTE padre
que yo imagino
abrazándose más allá del sueño
raíz de mi fantasía y de mi empeño
ausente padre
que yo imagino

por ti
no sé adonde me encamino
el frío
me va cortando leño a
leño
el mismo frío que sentía
de pequeño
por ti
no sé adonde me encamino

estoy perdiendo la fe que domino

se arruga
mi cara
se frunce
mi ceño

y eso es todo
lo que al espejo enseño

ausente padre que yo imagino
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"Sátira vital"

Caudales indulgentes,
como retóricas compasivas,
como consejos al aire,
para un alma perdida.

Quise ser y sentirme,
pero un ala rota estancó mi vuelo,
¿qué sabrá quién se intoxicó con la realidad?,
y la hizo parte fundamental e irreprochable.

Muchos guardianes de la vida presurosa,
con un semblante estoico,
con las miserias tatuadas en sus memorias,
me gritan: ¡Pronto!

Pronto para correr buscando un cebo,
para cortarme con el filo rutinario,
de la semana muerta,
así la queremos...

Indigesta contaminación,
caras insatisfechas,
Sigue el ritmo del reloj,
Haz caso nulo a tu criterio.
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Desdicha

Un hermoso día soleado,
con un cielo claro y despejado,
y las aves cantando con belleza,
contrastado por mi gran tristeza.

¿Que será la desdicha? que envenena corazones,
y hace cuervos los gorriones,
cuentos sin moralejas,
como lobos entre ovejas.

Aunque los ríos sean de plata,
y de oro sea el mar,
si tu corazón olvido amar,
no gozaras nada jamás.
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Oveja Negra (una madre te llora)

Maraña infértil
pensamientos necios, absurdos,
pesadillas que fluyen de la nada.
De esa nada oscura
como abismo, suspendido
y que tiene olor a muerte
helada, húmeda, putrefacta.
Malos sueños
que arden como hidrógeno
al llegar a la luz más tenue.
Déjalos ahí, ardiendo
quemándose en el delgado hilo blanco,
ese mínimo haz iluminado.
Solo flota y vuelve,
vuelve del allá oscuro
quédate aquí
en esta realidad imperfecta
Pequeña flor desvencijada
perdida en otros espacios
ya no pierdas más pétalos.

Jeonsung Taeyang ®
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Guerra amada

En donde estarás mañana, guerra amada.
Tú que conduces al hombre a la locura.
¿Dónde?, donde iras a pedir más vidas.
Se escucha tu retumbar en las mentes.


¿Cuántos morirán esta vez?
¿Serán miles, cientos o solo diez?
Si es cierto, tú la guerra afamada.
Eres infinita en el terror del hombre.

Toda poderosa en el reino de la muerte.
Perdona al hombre, perdona su vida.
Dime, ¿Cuantos jóvenes irán a pelear?
Los adultos murieron, es hora de renovar.

Guerra mía que ves los campos ensangrecer.
planta flores rojas, con cada gota de sangre mas.
Que esos son errores del hombre al engrandecer.
Que luego buscan perdón, buscan la paz.

Ingrato el hombre que te engendro.
Su egoísmo es tan grande como tu castigo.
Porque es tan poderosa tu destrucción.
Que creen dar solución, orientando a la perdición

¿Cuántos niños en sus casas te verán?
Ya en ningún lado seguro estarán.
Vive guerra mía, llévatelo todo.
Y muere con el despertar de la paz.

Guerra, existes solo por el hombre.
Ese hombre ambicioso de todo mal.
Ese que peleara hasta no verse triunfar.
Y mueren tras tu llegada, mi arma letal,

Anda ve llévate la vida del inocente.
Al final, otros ya habrán de llegar.
Como yo que te veo en la tele.
Te veo con mi triste final.
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El viejo cementerio

El viejo cementerio castellano
se muere poco a poco sin remedio,
no tiene quien le llore. Que hoy el tedio
le agarra con tristeza de la mano.

Ya nadie le acompaña, ni el fulano
que hiciera del suicidio un intermedio;
ni el cura le somete ya a su asedio
rezando un buen responso a algún hermano.

Si un día yo me muero, es muy posible,
que cuando vaya a verle ya no exista
o piense es un objeto ya inservible.

No quiero aquí pecar de pesimista
así que alguno insista no es horrible,
prefiero otro lugar como turista.
©donaciano bueno

Comentario: Poco más de trescientos metros son los que separan al viejo cementerio o mejor, al camposanto, de la pequeña población. Anclado en la falda de una colina, cuatro humildes paredes de adobe y cuatro cipreses, uno en cada esquina, a los que se accede por un camino de tierra de unos trescientos metros que en invierno y en los días de lluvia se convierte en un barrizal. Una puerta de hierro de la que pende un simple candado oxidado, da paso al recinto . Pareciera que allí todo duerme el sueño de los justos. A medida que la población ha ido desapareciendo, ley de vida, los yerbajos se han adueñado de las lápidas . Y es que hoy ya los jóvenes no le visitan ni siquiera el día de los Santos. Requiescat in pace (R.I.P.) Descanse en paz.
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Bitácora de un viaje hacia ninguna parte

Lo duro del desamor no es seguir vivo, lo verdaderamente duro es
que lo que te queda de vida en el cuerpo ya no lo quieres volver a usar.
Aquí, como en una triste carta suicida que nunca usé, encontrará resumida la historia de como fue que empecé a morir de usted.

No se trata de soltar, es más complicado que eso
sabes que aquel sentimiento no era solo amor, era hogar,
tu alma había llegado a casa e irse de casa cuesta un poco más.
Empacas lo que te quedó de dignidad
y lo embonas en la maleta junto a las promesas,
miras atrás rogando al cielo que alguien venga corriendo a detenerte,
pero ese alguien salió antes que tu
huyendo por la herida que le abrió a tu pecho y que no habías notado por estar esquivando las balas
que disfrazadas de excusas y razones perforaron toda tu fe
y es que las balas no siempre están hechas de pólvora;
las hay de crueles palabras, otras tantas de silencios
y algunas otras de olvido y esas, – señor mio – son las peores,
matan tan despiadadamente que te dejan vivo.

Y escarbas dentro, entre la ausencia y las heridas,
buscando esa fortaleza que todos dicen debes tener
y no encuentras sino soledad y abandono y abatido te dejas caer,
vencido sientes el frío del desamor calándote hasta los huesos
e inmóvil tu entumecido cuerpo se niega a avanzar
porque sabe que el único sol capaz de calentar esa helada melancolía
late en su pecho -Y qué léjos está-

Y solo quieres dormir,
necesitas dormir y no despertar hasta que el alma deje de doler,
anestesiarte mientras dura el recuerdo,
dormir y esperar al olvido durmiendo,
combatir el insomnio con el arma más letal
la inconsciencia, el coma profundo,
dormir y si el cielo se compadece morir durmiendo
o que por piedad, al volver, te diagnostiquen amnesia,
pero tampoco tienes tanta suerte.

Entonces el tiempo te obliga a levantarte, y no entiendes por qué insisten en que todo lo cura,
si al despertar del aturdimiento que te ha dejado su ausencia,
te siguen doliendo los faltantes,
como quien pierde una parte de su cuerpo y aún la siente,
ese amor mutilado parece palpitar donde habitaba,
tal vez es que el amor sigue ahí, quizá quién ya no esté seas tu.

Un día cualquiera te miras al espejo buscando respuestas e intentas sonreír, sucede que el despiadado tiempo te ha hecho creer que estás bien, que estás a salvo
y empiezas a decorar de poesía tu disfraz de olvido y de soledad
y logras mentirle a todos pero a ti no puedes engañarte, sigues ahí con tu maleta en la mano, parado en la misma ausencia, con rumbo hacia ninguna parte
y te sigue doliendo y cada letra que escribes duele como si te abrieran el pecho
y en vez de sacarte el corazón te clavaran un recuerdo, –y no mueres-
agonizas con la noche, con la lluvia, con la soledad
y te vuelve a sangrar la herida que te abrió para salir,
porque no se fue por completo.
-Todo lo hizo mal, hasta irse-
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A los que no arriesgan

Si de algo me he dado cuenta en todos estos escasos años de vida, ha sido del gran error que he cometido. Siempre he caminado comprobando cada pequeño paso que daba, con miedo a sentir, con miedo a vivir. Un dulce camino de rosas dejaba al andar, cuidadosamente situadas sobre la huella de mi ser. No me di cuenta sin embargo de como las bellas flores, marchitadas quedaban con el paso del tiempo. No solo ellas, yo también me marchitaba por dentro de esta forma. Temía que mi cuerpo se desvaneciera, y fue mi alma la que lo hizo. A gritos pedía escuchar los latidos, saborear la sangre y que susurrase el dolor. Necesitaba sentir, necesitaba vivir.
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