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Se emborrona la luna

Y pintaré la luna
con el trazo
de tus lágrimas
Consuelo de
Este llanto
que derramas
en mis manos
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En plena noche

En plena noche
todo parece distinto,
la ciudad duerme ahora
y en un silencio casi litúrgico
el mar huele más,
mientras, el viento no para de hablar.
Los sentidos explotan de emoción
sin poder abarcar tanto raudal.
La luna ,que tan poco duerme,
aporta algo de luz,
y es que la luz se esfumó
para renacer al otro lado.
Casi puedo verte desde aquí,
desde esta odiosa playa.
El insomnio otra vez me la ha jugado
y esa débil sensación de poderío
se desvanece con tu recuerdo.
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2comentarios 52 lecturas versolibre karma: 81

saudade

Paseando por un boulevard de París las hojas bailan con el viento, se escucha un grito a lo lejos. Meto las manos en mis bolsillos y escucho un llanto por dentro.

Entro en un viejo y ruidoso pub y el camarero me sirve un whiskey con hielo. Solo estoy y solo me siento.

Sigo andando sin saber realmente hacia dónde. Sigo andando hasta encontrar un sitio en el que no retumben las voces.

Empieza a llover mientras caes en el olvido. Ya me da igual, sé que yo no he sido.

Desabrocho mi americana y vuelves mi mente. En realidad te detesto, aunque a cabeza siempre vuelves.

¿Tanto mi cuerpo te extraña? ¿Tanto el tuyo te engaña?

Flores en diciembre, en agosto chocolate caliente; eso es lo que eres.

Páginas y páginas, letras y letras, pero solo tú mis pensamientos ahogas.
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Me alejé

Me alejé de ti sin querer
pensando que así lograría
desdibujar tu sonrisa
entre palabras ahogadas
entre tus ojos clavados
en una triste mirada,
esa que sin decir nada
me enredó en un triste adiós
que me dejó abandonada
en un terrible despertar
de una noche inacabada
en un maldito amanecer
que me ayudó a comprender
lo que la verdad gritaba;
que ya nunca más te veré
ni nunca más te hablaré
solo en sueños,
solo al alba,
en una oscura realidad
que se muere por volver
aunque me aparté de ti,
lo sé,
y ahora quién sufre es el alma
que busca sin entender
que ansía desesperada,
el dulce eco de tu voz
que aún late en mi corazón
y se muere por sentir
los silencios de tu amor.
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7comentarios 99 lecturas versolibre karma: 80

Hace mucho que empezaste a volver a vivir

Hay muchos hombres que tiemblan con su voz,
se les cierran los ojos con el stress
que deambula cazando a su pasado.

El silencio se escabulle inquieto
sobre la rendija de un frío húmedo
de una noche que es más que triste.

Una noche que llueve en sus lamentos
porque no sabe consolar con la ignorancia
que arrastra en sus adentros.

El sueño me llama a derramar mis quejas,
llorando en un dolor que nunca cierra,
quisiera poder enseñarle a mi corazón
una lección de amor para que aprenda.

Si vieras la mirada de un rostro
duro y firme no estarías afligido
con esas historias podridas,
tú lo sabes muy bien,
es difícil que una cara fingida
pueda engañar a mí presente,
el aprendió a volar a pesar
de tener las alas rotas.

Siempre quisiste dejarme
una marca imborrable,
que te indicará del poder
que tuviste sobre mis ímpetus al quererme.

No podrás lograrlo una vez más,
he desterrado el dolor
de mis deseos futuros.

Soy la lección más avanzada
del amor que me tengo,
para poderlo regresar al que no lo tiene,
tal como no lo tuve en algún pasado
en el cual el frío se apoderó de mi amor.

El silencio pretende romper
la última esperanza de una noche
que es más que triste.

Lograrás leer estas palabras,
lo sé.
Tal vez te duelan como marcas,
pero no importa.
hace mucho que empezaste a volver a vivir.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
12/07/2017.
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25comentarios 200 lecturas versolibre karma: 91

bajo tierra y agua

me ahogo.

nado entre verdes algas del pensamiento y encuentro el foco del dolor,
tú.

salgo a flote pero sigo notando que algo falta;
no tengo aire, no te tengo.

miro al cielo pero no distingo nada;
ni sol, ni luna, ni estrellas;
porque tú eras mi galaxia y constelación favoritas,
y al irte arrasaste con todo a tu paso.

busco más profundo en mi interior,
encontrando una luz más pura y cegadora que la de el mejor sol que tú pudieras traer.

muerte.
su nombre es muerte
y ama a destrucción.
este es mi nombre
y tú eres mi destrucción.

debilidad y golpes,
marcas de guerra.
olvido inesperado,
y tú bajo tierra.
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Todo sigue igual

Todo sigue igual,
las mismas caras, los mismos sueños
y el mismo recuerdo en mi cabeza,
los mismos llantos, los mismos besos
y el mismo elixir que me envenena;

todo sigue igual,
no cambia nada,
sigo escribiendo las mismas penas,
todo siempre igual, sin esperanzas,
sigo orbitando en la misma esfera;

todo sigue igual,
los mismos días, los mismos años,
el mismo despertar que me atormenta,
los mismos ojos, las mismas manos,
y tu mismo recuerdo en mi cabeza…

De "Versos Perdidos", poemario online gratuito de laciudaddelasnubes.com/
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9 a.m

Si vas a irte hazlo en la mañana a eso de las 9 a.m,
antes de que despierte el dolor.
Vuelve a casa a las 8 p.m,
justo a la hora donde empiezo a llorar,
a recordar,
a torturarme con pensamientos
haciendo de mis noches un tormento.

Antes de entrar deja en la puerta las historias que en el día te hicieron feliz
mientras yo moría un poquito más.
Porque en cada hora muero un poquito más.

Ahórrate contarme quién te sonrió,
quién prometió quererte mejor que yo
y quién quiere viajar por el mundo contigo
cuando sólo sé lo que es viajar cuando te beso;
Y te miro,
me miro a través de tus ojos con una sonrisa infeliz
y tú hablas con tanta emoción pero no te escucho.
Sé que alguien te escucha con atención
mientras me estoy ahogando en el mar de tus ojos
que reflejan los míos.

Abrázame,
acaricia cada parte de mí repitiéndome el por qué regresas
y me quieres,
y te alejas cuando pido tiempo aunque te quiero conmigo.
Pero te quedas, siempre te quedas,
así llore, te grite diciendo que no te necesito.
Sabes que mis ojos no mienten;
no quiero que te vayas. Nunca.
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6comentarios 55 lecturas versolibre karma: 81

Como en una foto antigua

Como en una foto antigua
observo marcados
los recuerdos en tus ojos.
Me niego a entender tu afán
por revivir los días de color sepia,
que tanto dolor me causan
si los respiro y me los callo.

A viva voz me gritas,
desenfocado por el tiempo,
agrietando mi entereza
y mi semblante.
¿No lo ves?
Ruges como el olvido
cuando se trata del amor...

Ha pasado toda una vida,
levantando el polvo de la amnesia,
cegando aquellos instantes
anclados en tu retina
y no hay un manantial cerca
que arrastre y purifique
mi existencia en tu memoria.

Guarda el color de mi tristeza
en las pupilas ciegas
que me miran con la voz
y no paran de gritarme
que me aleje para siempre.


*Foto: Julia Margaret Cameron.
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19comentarios 81 lecturas versolibre karma: 85

Suicidio

¿Para qué despertar del sueño?
Entre brumas y cristales rotos
se siente segura.
Aunque parezca un suicidio.
[Sí, quizá lo sea...]

¿Despertar?
No, no es posible.

Mejor acunar las promesas
que disparan a su vientre
la oscuridad y el letargo.

Para qué despertar...
si todo es en vano.
Para qué hablar con la cordura
ahora, que ya es tarde.

Ya no, ya no, ya no...

Ya no sabe decirle a sus ojos,
que las alas negras de la noche
eran vestigios de su locura.
Ya no caben más destinos,
más ilusiones,
más sueños,
si no es con los ojos cerrados.

Déjala sola,
que ya vendrá la muerte
vestida de domingo
para quitarle la venda
que sostenía el latido
de su corazón cansado.

Vendrá, estoy segura.
Y con un beso frío,
con sus labios eternos
acariciando sus ojos,
despertará sin llanto.

Sí, es un suicidio.
Lo es... pero necesario.
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23comentarios 198 lecturas versolibre karma: 86

Otra historia de amor (parte 4)

Ese viernes Martín pidió permiso para salir dos horas antes de la oficina. Pudieron haber tenido la cita un sábado ─con más calma─, pero para Martín la fecha del viernes tenía un significado especial que le explicaría a Verónica durante la cena. Saliendo de la oficina se fue directo al supermercado gourmet para comprar esos tallarines tan particulares y los frescos mariscos, los tomates, albahaca y demás ingredientes de su receta especial de pasta con frutos de mar. Sin olvidar el exquisito vino que le ofreció a su novia. La tarde era adorable mientras conducía por las calles camino a su casa, luego de comprar las cosas para la comida y la decoración de la casa. La felicidad le irradiaba en todas sus formas, desde la calidez del atardecer con sus colores pastel, el arrullo de los ruidos urbanos; hasta las bocinas de los autos y el ritmo de los semáforos parecía ser parte de una sinfonía. Y por supuesto, la alegría de ésta cita tan especial que tendría. Los recuerdos de la primera cita y las posteriores fluian en su mente con una cadencia casi musical. Él anticipaba que Verónica se quedaría en casa todo el fin de semana luego de esa cena tan romántica y lo que le seguía.

Con una mezcla de nerviosismo, ansiedad y gozo siguió todo el ritual de preparación de la comida. Una pizca de pimienta por aquí, otras pizcas de sal por allá, el fino corte de algunas hierbas, otros cortes de vegetales, la preparación de los mariscos y demás. Mientras la pasta estaba al horno aprovechó para colocar unas velas de fragancias lavanda, vainilla, canela y otros. Era un popurri de aromas, que extrañamente no le quedó mal, ningún aroma era excesivo. Derramó algunos petalos de rosas en la entrada de la casa, otros cuantos por su sala y comedor y muchos más en el dormitorio. El ambiente estaba listo y aunque el arte de decoración romántica no era su fuerte, al parecer el resultado era exquisito a la vista y el olfato. La comida estaba casi lista. Todo a la perfección para su invitada tan especial.

Son ya las seis cuarenta y Verónica no llama desde la estación del tren, tampoco le envía ningún mensaje. Debe estar un poco retrasada, piensa Martín y se despreocupa otros quince minutos. No llega ningún mensaje de ella. Se habrá retrasado tanto. La cita era a las siete de la tarde. A las siete y diez, Martín le llama, el tono de llamada suena tres o cuatro veces y no hay respuesta. ─¿Mi amor, como va todo? ─dice el primer mensaje que le envía por WhatsApp. No hay respuesta en los siguientes cinco minutos. Una segunda llamada sin respuesta concluye con un mensaje de voz que le deja Martín. Le llama tres veces, le deja otro mensaje de voz en la quinta llamada. Le manda un sinfín de mensajes de WhatsApp en las siguientes dos horas, cada vez más alarmado, pensando que algo malo le había ocurrido. Sube a su dormitorio a recoger un sueter, la noche se había puesta fría, o era él que se estaba helando ante la situación que vivía; baja al garage y se sube al automovil, listo para ir a casa de Verónica, ─algo malo tuvo que pasarle ─piensa. Está a punto de encender el auto y el celular suena con la notificación de mensaje entrante, está nervioso, no se acuerda si lleva el celular en la bolsa del pantalón o lo puso en el otro asiento del auto, revisa ambos lados, y curiosamente lo encuentra en la guantera ─¿a que hora puse el celular allí, nunca lo hago? ─piensa. ─Estoy bien, no te preocupes ─dice el mensaje de Verónica. A toda velocidad le escribe un largo mensaje contándole lo preocupado que está y todas las cosas que pasaron por su cabeza mientras la esperaba y antes de presionar el botón de envío entra el segundo mensaje: ─Estoy solamente un poco indispuesta, mañana te llamo y te explíco─. Se queda pensativo, borra todo el mensaje que ha escrito y le escribe uno diferente, diciéndole cuanto se alegra que ella esté a salvo en su casa, que no se preocupe por no haber podido venir, que espera que se reponga pronto, que se acueste temprano y descanse bien, que si gusta puede llegar en automóvil ahora mismo y acompañarla un rato hasta que ella se quede dormida. Envía el mensaje y espera. Pasan diez minutos. Nunca encendió el auto, se quedo allí estático esperando una reacción en la pantalla del celular. Las dos rayitas azules nunca aparecen. Ese mensaje, simplemente, ya no fue leído por Verónica. ─Estará muy indispuesta ─piensa y sale del auto y regresa al sofa de su sala. Por su mente pasan un sinúmero de pensamientos e ideas, algunos con matices de ansiedad, muchos otros negativos y finalmente se queda dormido.

El día siguiente Verónica no responde sus llamadas ni sus mensajes. Él está muy preocupado. Decide que pasará a su apartamento a verla ─debe estar muy mal de salud ─piensa. Antes de salir del trabajo le envía mensaje indicando que llegará a verla y le lleva un poco de sopa de pollo para que le levante el ánimo. Casi de inmediato Verónica le responde que tiene una variedad de influenza excesivamente contagiosa, que el doctor le aconsejó no recibir visitas ni ir al trabajo en los próximos días. Le ruega que por favor no llegue, que no quiere contagiarlo y que incluso él perdería días de trabajo. Martín nota algo raro en toda la descripción que le hace Verónica, algo no anda bien.

Los días siguientes Verónica sigue evadiéndolo y finalmente, al parecer sin fuerzas o valentía para verlo en persona y contarle lo que pasa, le envía un kilométrico mensaje de WhatsApp diciéndole que la perdone, pero que necesita espacio, que ya no puede seguir con esta relación, que no es culpa de él, que es algo que le pasa a ella. Que algún día tal vez le explique. Que incluso saldrá de la ciudad unas semanas. Que no la busque, que no insista y sobretodo que la perdone. Que él merece alguien mejor que ella, alguien que de verdad valore el tipo de hombre que es.

Ese viaje de regreso a su casa, en el tren, le parece a Martín que dura una eternidad. Una tristeza y desesperanza profundas lo embargan. Siente un frío glaciar en medio de la tibia tarde soleada. La tarde para él es nublada, muy gris, nada que ver con los destellos de naranjas y lilas de la acuarela del cielo.

Seis meses después... el sonido de la alarma despertador del celular rompe la pesadilla de madrugada que está teniendo. Esa recurrente que le roba calidad a su sueño. Qué ganas de lanzar el celular contra la ventana. Qué ganas de hundirse en la almohada, de dejarse caer en el abismo de los últimos minutos de sueño, para realmente exhalar su último hálito de vida, allí, en esa soledad de pesadilla; finalmente morir, sin paz.
El brillante sol que atraviesa la ventana de su dormitorio, la verdad, entra en escalas de gris por las ventanas de su alma. En la cocina, una bolsa de pan viejo que empieza a enmohecer. Un queso crema vencido. Un poco de café hecho hace unas cuarenta y ocho horas ─quizás setenta y dos─. No importa, igual, no hay ganas de comer. Le hinca apenas una mordida a una manzana que ni se acuerda como llegó a su cocina. Se demora más de lo usual en la ducha, no porque disfrute el baño caliente, sino porque le escurre tanta tristeza junto con las gotas de la regadera y no quisiera dejar el baño hasta que toda ella le haya abandonado. Pero no es posible. Esta siempre se queda.
Sale de su apartamento en el cuarto nivel de ese viejo edificio. No nota las gradas de cuatro pisos que baja, no nota las cuadras que camina por esas calles algo sucias y olvidadas. Llega temprano otra vez a su estación del tren, por si acaso Verónica decidiera viajar más temprano para no toparse con él.

Así comienza ahora Martín sus mañanas, luego de mudarse a vivir al mismo edificio en que vivía Verónica, para estar más cerca de ella cuando volviera de su viaje de cortas semanas. Y aunque a los treinta días se enteró que Verónica se había ido a vivir con su antiguo novio ─indiscreciones del jefe de mantenimiento del edificio─ ya no tuvo fuerzas para mudarse de vuelta a los suburbios donde vivía.


@SolitariAmnte
vi-2017
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22comentarios 121 lecturas relato karma: 91

Me Pregunto

Me pregunto:
De cuantos te amo
y cuantos de quiero.
De cuantas tristezas
buscando consuelo,
de cuantas estrellas
cargadas de sueños,
de cuantas miradas
estará hecho el cielo?
MMM
Malu Mora
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8comentarios 72 lecturas versolibre karma: 73

Te recordaré

Quiero que se mueran mis tristezas
olvidar el dolor, convertidos en estrellas
sonrisas del destino, fuera ya!! mis penas
nuestra relación está llena de tormentas.

Dicen que el amor es maravilloso
mariposas en el corazón, flores en el alma
pero se puede convertir en tramposo
espinas, clavadas como versos de un poema.

Es mejor que separemos nuestros destinos
para no sufrir, juntos, toda la vida
promesas incumplidas, distintos caminos
es la hora?, te recordaré siempre herida.
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sin comentarios 21 lecturas versoclasico karma: 40

Se me coló la bruma

No se por que costado se me coló la bruma.
En un movimiento falso.
Se introdujo en mis costillas.
Ahí duerme, con toda su penumbra.
Despierta,
a ese llanto constante
de aquella niña fuerte
que, de repente,
ya no fue niña,
ni fuerte.
Ahí anda, buscando la salida.
Mientras tanto,
el viento frío,
penetra.
Humedad sin alivio,
no deja salir al invierno.
Sopla y corre a sus anchas.
Entre nervios
—sin acero—
músculos
y células.
De abajo hacia arriba,
viceversa y vuelta.
Sin tiento.
Arrasa.
Sentimiento.
Para cuando mi corazón quiso darse cuenta,
ya no encontró norte al que asirse.
Triste.
¡Fue de repente!
El gesto se me quedó puesto.
A veces, se disfraza de risa,
o de vino.
Vino.
Sí,
se coló,
arrasó
y ahora no quiere erguirse.

Quizá,
mañana
pruebe a asomarme.
Quizá,
hasta
me de por abrir
una ventana
y dejar
que salga.
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4comentarios 47 lecturas versolibre karma: 93

Lluvia

Lluevo,
Lluevo por dentro
Y por fuera

Quiero llover
Esta nube
Que se aferra

Quiero llover
Y confundirme

Hacerme agua
De la Madre Tierra
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6comentarios 46 lecturas prosapoetica karma: 81

Temores inofensivos que arrincono en un cajón

Como tormenta de arena,
la rendija de los temores
esconde todas mis canciones,
pero sólo una suena;
y difusa tras un antifaz
impenetrable pero sonriente,
ahoga mi partitura doliente
para volverla incapaz.
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6comentarios 65 lecturas versoclasico karma: 74

Todos los futuros

Veo poetas remover cimientos del pasado.

Detener en el viento la flecha del tiempo. Darle vuelta y lanzarla de regreso a pretéritos condecorados, a momentos olvidados, fugaces instantes que se desmenuzan en sus manos.

Para anclarse el alma a puertos que ya han zarpado.

Pegar de vuelta las hojas del calendario, que fueron lloradas por tantos otoños grises, de ocres claroscuro dulce amargo matices.

Hacerse transfusiones de sangres filtradas desde arcanas eras en las entrañas de la Tierra.

Inyectar en sus ojos todas las lágrimas que han derramado.

Yo, por otro lado, quisiera hacer lo contrario; ser revolucionario. Revolver de otra forma el armario.

Poner la flecha del tiempo en el arco de Atenea, lanzarla por encima de la azotea; sujeta al hilo espiral de mis sueños.

Traer al presente los recuerdos de todos los futuros no vividos.

De todos los futuros: anchos, altos, largos, profundos, fuertes, densos, sobrios, ebrios, gordos, flacos, buenos, malos, agríos, amargos, sutiles, pueriles, obscenos, escalenos, sublimes, soberbios, humildes, excelsos, detallistas, fatalistas, cursis, aburridos, divertidos, orgásmicos, cósmicos, naúticos, terrenos.
Todos los futuros que siempre quise contigo.


@SolitarioAmnte
iv-2017
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4comentarios 44 lecturas prosapoetica karma: 72

En este año gris

Que más me queda
sino aprovechar la tristeza
para escribir.
La resignación,
la espera
mucha, mucha letra
repensar la vida
hacer poesía
y procurar vivir
no morir.


Heclist Blanco
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5comentarios 47 lecturas versolibre karma: 63

Escribir, a veces

A veces escribimos desde una silla de circunstancias, con las alas rotas; cayendo por un larguísimo abismo horizontal de dudas.

Otras veces escribimos, desde un sofá de incomodidades, con cojines rellenos de plumas de certezas inciertas.

A veces, lo hacemos desde una bañera llena de las lágrimas que no nos atrevemos a llorar.

Escribimos a veces desde unas entrañas en guerra con ellas mismas. Peleando batallas eternas imposibles de ganar, imposibles de perder. Batallas que sangran heridas, que cicatrizan y sanan; para luego volver a sangrar.

A veces, es escribir con otra piel; con sangre ajena corriéndonos por las venas. Con una ira que no nos pertenece. Con una tristeza prestada. Con la desolación de unos pies que no calzan nuestros zapatos.

Es escribir desde el fondo de abismos en los que no recordamos haber caído. Desde las tinieblas de un túnel sin fin, que parece tener una luz en su final; pero es quimera sin sentido, pueril ilusión.

Escribimos, bajo la caricia impertinente de una lluvia pertinaz, o bajo los rayos ardientes de una esfera de fuego, que es infierno y destrucción; y también es vida y creación.

Escribimos, otras veces, desde un jardín de flores marchitas. Lleno de aves que olvidaron como trinar. Bajo un sol que no recuerda como brillar.

Desde los cristales de un corazón roto. Desde los ataudes de todas nuestras relaciones muertas.

Otras veces, en cambio, escribimos desde un nuevo amanecer, inundando de bellas promesas.

Desde una floresta aroma jazmín.

Desde las alas del ave Fénix en su renacer de esplendor.

O escribimos contemplando el horizonte del cosmos, desde una estrella fugaz. Desde el big bang del universo de un nuevo amor.

A veces, es escribir desde la paleta de un inspirado pintor. Desde el lienzo en blanco de una obra maestra ya concebida en la esencia de su creador.

Escribimos desde la calidez de un café recién hecho. Desde las sábanas revueltas de la aurora que culmina una noche de carne, sangre, sudor y piel en guerra.

Desde los pechos y los muslos amados. Desde el zumo excelso que exprime la caricia de amor. Desde el grito de una sucesión de orgasmos ahogados.

Escribimos a veces, desde el último punto de una historia de amor con final feliz. La que aún no nos atrevemos a escribir.


@SolitarioAmnte
iv-2017
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19comentarios 116 lecturas prosapoetica karma: 60

Soledad

He vivido muchas vidas en soledad.

He bajado la escalinata hacía el oscuro abismo de la desolación, mis pies han sangrado. Allá abajo todo es oscuro y helado.

He sudado noches batiéndome a duelo con insomnios Samurai. Mis espadas de papel.

He bebido galones de tristeza, sin azúcar y sin leche.

He llorado ríos de amargura que manan de la roca de un corazón sangrante. Sus peces muertos.

A veces, hemos sido dos soledades haciéndonos compañía. En una pradera de almendros verdes, flores lila, viento fresco y aroma lavanda. ¿O ha sido un sueño?

He jugado ajedrez con la muerte. Sus torres, demasiado altas, nido de dragones. Sus caballos son de dos cabezas con ojos de diamante, aguerridos. Su reina, viste toda de cuero, botas negras muy altas; tiene pechos prominentes y una piel muy blanca; tiene látigos de fuego en la lengua; invencible.

He caminado desiertos, áridos, humeantes; con escorpiones gigantes que juegan a las cartas mientras fuman puros de vapor dorado. Las lagartijas bronceadas toman el sol todo el día. El oasis siempre está lejos.

He vagado por la playa, su arena quema mis pies, corro para llegar al mar azul, que se aleja, le salen alas y vuela al horizonte.

He recorrido kilómetros de huertos con plantas que brotan dinero, todas sus hojas son billetes de alta denominación; pero no hay frutos ni vegetales que comprar.

He caido por un acantilado y he tardado décadas en tocar su fondo.

He viajado por páginas y páginas de letras escritas para mitigar este sentimiento, este dolor.

Te he buscado en millones de rostros sin vida. He abrazado tantos cuerpos fríos. He bebido el agua de tantos manantiales secos. Nunca te encuentro. A ti, el fin de mi soledad.

@SolitarioAmnte
iv-2017
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18
18comentarios 56 lecturas prosapoetica karma: 66
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