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Como si aún no nos quisiéramos

Cómo explicas el hecho de que te he llamado
y has contestado,
si antes odiabas las llamadas
pero esta vez me has hablado.
Así,
como si nunca nos herimos,
como si esperaras que te invitara a mi casa
la tarde de un domingo,
como si quisieras que dijera
que aún sueño contigo.

Jamás admitiría que a veces
(cada noche) te escribo,
que camino y espero encontrarte de frente
con el vaso vacío
para así tener la excusa más tonta;
Invitarte a beber agua
o café
o unas diez cervezas hasta emborracharnos
y terminar enamoradas
compartiendo mis almohadas,
de nuevo.
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Siempre Juntas Caminan

La alegría está triste
la ha nublado un recuerdo
aunque caminan juntas
siempre tomadas de la mano,
hoy una a la otra ,
sin querer ha lastimado.

MMM
Malu Mora.
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Tristeza

Golpes sordos
en los lagrimales.
Tachones en el alma
y corazón en una jaula.

Por el camino voy dejando
charquitos de pena y hambre.

Sola, solita en mi negrura
me cubro de frío y sueño.
En el puño. En el puño
de la mano guardo una sonrisa.
Quizá mañana me la ponga.

Pañuelos. Pañuelos de seda
para secar un mar de nubes.
Sacúdelos al viento,
que se lleve la humedad,
el tedio y el miedo.
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La Función 2.0

Me hace gracia, la mueca
de aquel payaso!
Me trasmite sentimiento
de profunda inquietud
Me gusta la indolencia
de los resultados mostrados
Me hace gracia, la mueca
de aquel payaso!
Me perdona sin conocernos
de simple hecho
Me divierte su inocencia
de años emergentes
Me quedo con su cara
de blanco maquillaje
Me hace gracia, la mueca
de aquel payaso!
Me llama con un gesto
de sonido malvado
Me presenta el momento
de un cuento macabro
Me siento enjaulado
de un simple reflejo
Me hace gracia, la mueca
de aquel payaso!
Me procura la verdad
de cristal manchando
Me olvidarás pronto
de promesas escuchadas
Me manipulas sonrisa
de ojos grandes
Me hace gracia, la mueca
de aquel payaso!!!!!!!!

DÓNDE ESTÁS POEMA. FransisDeAquí
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4comentarios 63 lecturas versolibre karma: 96

Que nos queramos

Hay tanto, amor. Tanto.
Una infinidad de motivos para no querer soltarte la mano,
que no me importa si nos miran mal
lo que importa es que miren la manera en que nos miramos;
como dos niñas embobadas.
Yo por ti, tú por quién sabe qué.
Porque no he pedido que me quieras,
ni que encuentres en mí lo que buscabas en otras,
ni que me escribas poemas y canciones,
ni me cantes bajo la luna.
No te pido que me quieras ni te quedes,
ni me beses cuando no queramos hablar o estés triste
o simplemente no te den ganas de besarme.
Pero quiero que me quieras,
que encuentres en mí cosas que nunca buscaste,
que me abraces bajo la lluvia y todos poemas se escriban
y las canciones suenen bajito para poder escuchar tu respiración en mi oído,
sentir cómo bajas a mi cuello.
Te pido que me des millones de oportunidades
para hacer que me quieras millones de veces más,
que no quieras ir a otro lado
y todo lo que necesites sea besarme cuando no queramos hablar
o estés triste
o simplemente porque te ha dado la jodida gana besarme.

No quiero que esperemos que todo sea perfecto,
quiero que todo sea un desastre y aún así lo veamos bonito.
Que nos queramos aunque nos odiemos; a mitad de una pelea,
de un polvo interrumpido,
de una noche nostálgica.
Que estemos una al lado de la otra
aunque no quieras dirigirme la palabra ni mirarme
porque si nos miramos perdemos.
Yo pierdo.
Pierdo porque te miro y recuerdo
que eres infinitos motivos para no querer soltarte la mano
al menos que sea para que las pongas en mi cara
y yo te rodee la cintura,
así, de pie frente a una multitud.

Sólo hace falta que me quieras.
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Noche mustia y solitaria

Cuando la blanca luna más calienta,
por mi morada vaga siempre un hombre
vestido con mi traje y con mi nombre.
Se dirige al balcón, donde se sienta
a la espera de un tren de doce pisos,
y contempla el silencio que lo envuelve
en la extraña estación resbaladiza.
Se fuma la ciudad, triste y ceniza,
y nunca coge el tren que nunca vuelve.
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Buenos días tristeza

Buenos días tristeza,
como dijo el poeta
eres la muerte lenta
de las simples cosas.

Dama inexpresiva en su emoción,
fagocitando todo sentimiento,
convirtiendo la felicidad en vacío,
la risa en frío invierno.

Me has dado la mano,
me acompañas, me abrazas,
impregnas mi existencia
con tu fragancia a destierro.

Buenos días tristeza,
al rayar el alba
levanto la pesada losa
de mis párpados,
mastico tu turbio sabor,
inerte ante tu puñal
que desgarra mi pecho.

Fiel compañía indeseable,
arena movediza bajo mis pies,
dicotomía de mi ingenuidad
entre lo cierto y la esperanza.

Buenos días tristeza,
me abandono a tu presencia,
convirtiéndote en endecha
con efluvios de melancolía.

Utopía el tratar de huir,
como si quisiera atrapar
el viento con una red,
retener el agua en un pañuelo.

A pesar de tu anónimo nombre,
de haber congelado
toda perspectiva de alegría,
me eres tan familiar,
que en mi rendición,
solo me queda por decirte
buenos días tristeza.

Amén
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Haiku (Ébano)

Negra esquirla
de ébano
enraizada en mi
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3comentarios 86 lecturas versolibre karma: 89

Déjà Vu

Subrayan sentimientos
aficiones sin palabras
recuerdos olvidados
Dicen,cuentan
Silbidos de oídos sordos
Amores perros de mojados olores
Que nunca despertaron?
Un momento de sensación
cuentan las promesas
que fueron malos recuerdos
simplemente un segundo de lucidez
Maldiciones de hombres
Patriarca de cuentos reprimidos
Siempre son los mismos!
Un pobre derrotismo
lejos del centro del machismo...

P O E M A S A P Ó C R I F O S. FransisDeAquí ✒
Cuadro de :José Jiménez Aranda (Una esclava en venta)
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Me enseñaste a morir contigo

Me enseñaste a morir contigo, ahora como hago para vivir sin ti.

El cielo se cae a pedazos,
la luna ya no quiere salir,
los pájaros me hacen desaire,
y con ellos quiero huir.

Ahora qué hay ausencia,
ahora que grita mi esencia,
ahora que tus ojos no me miran,
ahora mi tristeza me domina.

Caigo de la nube que viajaba,
las estrellas la desinflaron,
mi paracaídas es un adiós,
y mi caída mi desilusión.

Inmovil cuál marioneta,
esperando que mis hilos muevas
me dejaste cuál pañoleta,
que perdiste en las gavetas.

Duele morir contigo,
de tu amor me hice adicta,
ahora dime cómo le hago,
para vivir sin ti, aún siendo drogadicta.

Ya no me importa qué día es,
ni mucho menos quién viene y va,
lo que importa es que no me ves,
y de tu amor quede cautiva.

A morir contigo aprendí,
y ahora no puedo vivir sin ti,
fuiste la luz de mi brillar,
y ahora sola me tendré que alumbrar.

Las letras de mi alma.
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2comentarios 63 lecturas versolibre karma: 110

Mi pobre desventura

Extasiada y cansada
regresa maltratada
otro día más avergonzada
de su trabajo de puta mal remunerada

Con señas en su cuerpo
cicatrices en el alma
se mira al espejo
limpiando con mucha calma
El maquillaje que cubre
su rostro avejentado

Dejar caer el vestido
mismo que le acompañó
la noche de locura
que su corazón empañó
con tanta desventura

Entra a bañarse
tratando de quitarse
del cuerpo las caricias
que dejaron las manos
de quienes pagaron sus servicios

Con jabón trata de lavarse
los besos pagados
por hombres solitarios
que la poseyeron en cuerpo
pero jamás en su alma

Un día más para dormir
para despertar de noche
y empezar a sufrir
por tanto reproche

Podrá ser deseada
creyendo que es feliz,
mas nunca será amada
por una vida marcada
con tanta cicatriz

Las letras de mi alma
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• efímero treinta •

Es inevitable que en esta época del año no nos recuerde muriendo, reviviendo y muriendo otra vez. Inevitable recordarnos tan helados como el invierno, las manos congeladas al tocarnos, el alma llena de escarcha por echarnos en falta.
Inevitable no acordarme del único beso que me han robado, aunque no fue robado en absoluto porque mis labios ya te pertenecían.
Nos perdimos y nos encontramos incontables veces, no sé en qué momento dejamos de hacerlo y todo se acabó.
La última vez que nos perdimos no volvimos a encontrarnos. Y así estamos.
Un constante laberinto, un pueblo donde fuimos los trágico-amantes más conocidos y más odiados, hasta que no acabaron con nosotros no pararon de lanzar piedras. No nos dio ninguna pero tampoco nos dimos ni una oportunidad para enmendar nada.
Seguía saliendo con tu familia y nuestros antiguos amigos por la razón que bien define esa canción, solo para saber cómo te iba, porque no podía preguntarte sin sentirme cuchillo en tu tan sensible corazón. ¿Por qué te escondías tanto de precisamente la única persona que nunca te habría hecho daño? Ah, pero lo hice.
Y huíste, te fuiste lejos y no me dejaste alcanzarte desde entonces. Lo intenté. Sabes bien que lo intenté. Sabes que corrí detrás de ti, te perseguí durante meses... y esa noche no solo cumplí años, cumplí mi promesa de no dañarte nunca más. Por eso, te dejé ir.
Te sentaste en la escalera de mi castillo oscuro y me tocaste el rostro como si no fuera la helada bruja que había hechizado al león con fines egoístas... ¿o no es eso lo que crees que hice? Me rozaste las mejillas y despertaste mi alma helada, pero era septiembre y todos sabemos que soy la que detiene el tiempo para hacer que acabe el verano y empiece el frío... y lo siento.
Te busqué cuando debía estar buscándome a mí misma, ese año no pedí nada frente a la tarta porque te tenía a mi lado y desde ese entonces cada vez que apago una vela necesito que, sea como sea, no lo haga con mi aliento, porque siento la distancia clavarse y no quiero que seas bala en mi tan indefenso corazón desde que me obligué a dejarte ir y no supiste ver que lo hacía porque creía que estarías mejor sin mí, aunque yo moriría.
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De Dolores también se vive

Te despiertas cerrado como un puño,
y ya miras a la noche en tu cerebro,
te revuelcas en la cama como un cerdo,
y ardes como veinte leños contra uno.

Observas el mundo desde el sueño,
repetido incesante como los días
que pasan entre sí cortando vidas,
y ofrendas a la cuchilla tu cuello.

Pero te gusta cortarte con tu lengua
farfullando a esa noche y a ese sueño,
mientras la luna en la ventana mengua,

Y mientras el mundo viaja tan libre
tú en tu cama te cargas de cadenas,
sabes que de Dolores también se vive.
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9comentarios 74 lecturas versoclasico karma: 91

Dolor profundo

Como agujas atravesando piel
Hoy estoy gritando de dolor
Saber que no estarás cerca
Genera en mi tristezas sinsabor

Es tan deprimente no luchar
Una inmensa soledad me nubla
Empiezo a percibir vidas insípidas
Y silencios ensordecedores

Esta noche me pesan los ojos
No quiero mirar sin esperanza
Una angustia inexplicable me nace
Y brota un llanto lastimero

Mi respiración se agita de nuevo
La soledad intenta ser mi amiga
La noche se hace eterna
Y yo sólo quiero mitigar este dolor

El miedo me acorrala una vez más
Pierdo la voluntad de vivir sin ti
Las culpas del pasado me atormentan
Y las dudas nublan mi razón

Quiero salir de este círculo sin sentido
Hoy quiero encontrarme a mí mismo
Para reflejarme en el espejo de la vida
Ya que decidí volver a vivir sin tu aliento

Riberpa/
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Mi tristeza

Hoy la tristeza
ha invadido mi roca,
haciéndome más fuerte,
más solitario,
más solidario con mi silencio.

Hoy la tristeza
se ha levantado de mi mano,
prometiendo no abandonarme,
proclamando
que está celosa de tu recuerdo.

Hoy la tristeza soy yo,
mi sentido y mi sentir,
mi andar y mi caminar,
mi soñar y mi olvidar,
mi nombre y la falta del tuyo.

En mi jardín de los deseos,
el que me arranca una sonrisa,
es que un ángel con cuerpo de mujer
me salve de mi tristeza.

Arrancándome
ésta daga de amargura,
porque la estupidez es ciega
y la sabiduría tardía.

Pues no es casual,
que la Libertad,
sea una figura de mujer,
con su pecho expuesto
a las inclemencias de la vida,
a las inclemencias de la mía.

Amén
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Camel y Libertango

Hoy me prendí un cigarrillo.
Era de un atado de Camel
como los que fumabas vos.
Y mientras intentaba tragar el humo
(sola, a las cuatro de la mañana en la peatonal)
sentí el dolor de cabeza,
ese mismo dolor que sentías vos
(justo a la mitad del pucho)
cuando apagabas el cigarrillo y te ponías a tocar "Libertango",
y tu guitarra se llenaba de olor a Camel
del olor que venía de la punta de tus dedos,
y mi aliento se llenaba de olor a Camel
del olor que venía del contorno de tus labios.

Yo no apagué el pucho,
seguí fumando,
a pesar del dolor y el mareo.
Cambié el cigarrillo de mano,
cerré los ojos y acaricié mi cara,
y por un instante
(sola, a las cuatro de la mañana en la peatonal)
te sentí a mi lado,
y mi aliento a Camel fue por un beso tuyo
y mis dedos con olor a Camel fueron los tuyos
y en mi mente empecé a escuchar "Libertango"
y todo se sintió normal.

Ahora abrí los ojos.
No me fumo ese Camel porque te extraño
(te extraño, pero el Camel no tiene nada que ver)
me fumo ese Camel para recordar que soy yo
(sola, a las cuatro de la mañana en la peatonal)
la que tiene que salir adelante.
Y cuando flaquee y te quiera llamar,
voy a oler la punta de mis dedos,
voy a pasar la lengua por mis labios
y voy a escuchar "Libertango".
Entonces vas a estar ahí
y voy a apagar ese Camel
y me voy a ir de la peatonal,
a las cuatro de la mañana,
sola.
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Mujer ceniza

Fui el silencio de tus labios
la sombra de un amor inacabado
un alma en fuga que se llevó el viento
la tristeza de un adiós inesperado
la contrariedad en tu vida
el palpitar de tu corazón enamorado
la del sueño imposible
la que rozabas con el corazón
llevándola como flor entre tus manos.
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6comentarios 174 lecturas versolibre karma: 78

Bloumi

Hay un olor a tristeza en el aire.

Perdoname, es que tengo atorado un suspiro en las muñecas desde hace tanto tiempo
que ya no sé sin son las ganas que tengo de masturbar el vacío que tienes en el pecho o las marcas que me quedaron después de lanzarme a ese abismo que había en una espalda que no era la tuya.
Como sea, las estrellas sabían igual de dulces y rojas
recuerdo que sólo le bastó cubrir mis ojos con sus manos para hacerme creer que eras tú
era tan grande la mentira
que no me cabía en las manos
y la tuve que soltar
desde entonces mi tiempo se detuvo.

Disculpa que me fuera de tu vida sin avisarte
pero la pura idea de pensar en el monzón de emociones que suponía una despedida me ahogó de sólo pensarlo
pues no quería que termináramos mojados
o descalzos en un cuarto frío, donde ya nuestras luciérnagas no brillaban.
Las manillas del reloj aún se movían pero no era suficiente
como siempre
el peso de lo que teníamos alrededor pudo más,
nos aplastó
y no hicimos nada más que dejarnos
pues fue más fácil renunciar a vivir de cabeza que a todo lo demás.

El tiempo aún sigue detenido.

Las luciérnagas han muerto.

El olor a tristeza no se disipa.
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Tengo derecho a estar triste

Hoy día, cuando los programas de televisión se afanan en divertirnos, en molestar poco al entendimiento y machacar las preocupaciones a base de gritos, de timos y golpes emocionales, quiero reivindicar mi derecho a estar triste. No sé quién, pero ha o han conseguido que la sociedad puntúe alto a todo aquel que parezca alegre. Digo parezca y digo bien, porque yo no sé si ese que sonríe en las fotos rodeado de gente es feliz o se lo hace. Por no hablar de los amigos de Facebook, de los contactos de Snapchat, de los seguidores de Instagram...

¿Y qué si quiero estar triste? Porque esto se convierte ya en eso, en un deseo, como defensa frente a la censura que te impide estarlo. Nada, que está de moda la felicidad y hay que llevarla puesta para no parecer desfasado. O lo que es peor, para no sentirte culpable. Pero, realmente, ¿qué culpa tengo yo de que otros no sepan manejar la tristeza, mi tristeza, su tristeza? ¿Acaso poner buena cara arregla el problema? ¿No sería mejor dejar que fluya la pena, que se exprese, que patalee, que libere y se deshaga de todo lo que le pesa? Pues no, las lágrimas solo si son de alegría. Las otras, que no sobrepasen el borde de los párpados, que no te pasa nada, que solo se te ha metido algo en el ojo, que hay quien está peor que tú, que lo tuyo ya lo han sufrido otros y no es para tanto. Cojonudo.

Tengo derecho a estar triste. Por ello, no soy ni mejor ni peor que tú. Tampoco soy mejor o peor que el que simula estar feliz. Si me apuras, ni siquiera soy mejor o peor que el que simula estar triste, que también los hay. Tengo derecho a codearme con mis monstruos, invitarlos a una copa, dejar que se acerquen a mí. De esa manera, puedo conocerlos, analizarlos, desmenuzarlos. ¿Para qué? Para fraguar un plan que acabe con ellos. Si no los enfrento desde aquí, desde la tristeza, permanecerán cerca, acechándome mientras sonrío, ji, ji, ja, ja, falsamente. Esperarán su momento y me embestirán con fuerza. Entonces, sí que estaré perdida.
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Sueños rotos

Colgó la llamada y apretó con fuerza el móvil contra su pecho. Con las dos manos. E intentó por todos los medios que la lágrima que se asomaba a sus ojos no se precipitase al abismo de su mejilla. Vano intento el suyo. Una tras otra fueron cayendo como un torrente sin fin por el surco dibujado por la primera, con la única compañía de unos sollozos ahogados y el vacío que ella sentía en su pecho. Se había jurado que jamás volvería a mentirle a nadie. Y sin embargo lo había vuelto a hacer. Sí mamá, estoy muy feliz y todo me está saliendo tal y como yo había soñado, le acababa de decir. Pero aquello no era cierto.

En aquella pequeña habitación que había conseguido que le dejasen en los suburbios de la ciudad, apenas iluminada por la mortecina luz que entraba de la calle por los huecos de la ventana que dejaban al descubierto unos viejos y dispares trozos de tela a modo de cortinas, era consciente de que el mundo se derrumbaba a sus pies. Todo por lo que había luchado y había logrado levantar de la nada, se había ido a pique por confiar ciegamente en la persona equivocada. Estaba sola, sin un lugar donde vivir, sin trabajo y sin dinero. Y lo que era peor, sin sueños ni fuerza para volver a tenerlos. Pero no podía contarle aquella verdad a su madre.


Se dejó caer en la cama. No sabía si todas aquellas pastillas que había ingerido harían su efecto. Quizá también aquello le saliera mal. Si era así, mañana lo vería. Mientras tanto se dejó abrazar por el sueño que, sin hacer ruido, ya había venido a buscarla.
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