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Heladerías de la calle El Conde

Entre tu sonrisa, tus ojos y detalles de tus comentarios
que me fascinan,
quiero compartir un helado contigo esta tarde;

fíjate, hace mil años,
sentados de la mano, cerca de la Catedral,
supe los helados del Conde,
sábado y domingo por la tarde,
saben a felicidad;
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Enamorado y celoso...

Esta tarde, me visto de enamorado y celoso;

¿Por qué, nunca,
nuestros corazones toman el café a la misma hora?

Esta tarde, de repente,
recuerdo tiempos felices:
«Yo te voy a preguntar
¿Qué haces debajo de su ventana?» (Diosa)
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Escribir, en voz alta...

Te voy a escribir;
pues, con tu teléfono siempre apagado
y el mío descargado,
en voz alta te escribiré:

«Tu foto es todo un poema. Pareces recién graduada, sentada en la escalera de la universidad; o estudiante tras lograr tu primer contrato; o...recién casada en luna de miel; pero...primero, tiene mucha electricidad poética la foto. ¡Me encanta!»;

y luego,
caminando de tu mano,
tomaremos un café,
en la misma taza,
en voz baja;
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En voz baja, entre Los Jardines de Caracas y la Puerta Del Conde

[…]
Sonia;
entre dos clics;
ni recuerdo qué buscaba sobre Venezuela;
escribí a Sonia:
«En tu jardín en Caracas, si alguna vez oyes ecos de sandalias,
no te preocupes;
soy yo;
El Venezolano errante».
Errante,
lo soy como trinitario; villaclareño y alguna parte
de América Central…
Desde aquel mes de mayo,
hablamos de todo
y sobretodo de mi amor en voz baja,
por una zuliana que vive en Texas…
Sonia sería madrina de boda;
desde entonces,
hablamos, hablamos,
y como sucede entre viejos camaradas,
que estuvieron en la misma trinchera,
hice de la gran Sonia Chocrón,
«un general de 5 estrellas»;
tan fascinante esta escritora nuestra;
por ella, como en El Reloj de Arena de Borges ,
aprendí a existir una mitad del corazón en Maracaibo
y pocos latidos donde estoy;
Jacquelyn la zuliana piensa en mi los viernes por la tarde,
diciéndome con cariño «Shabat Shalom».
Ella sabe que en otra vida,
ancestros míos iban a una pequeña sinagoga,
del Puerto Príncipe de otrora;
«Shabat Shalom», Bellísimas.

Julio 2014

Notas: «Le dicen Toledana por cariño, a conciencia de su primer poemario publicado en 1992 bajo el mismo título, Sonia Chocrón no busca las historias, las historias la buscan a ella; poeta, guionista, novelista, eterna escritora […]» ROMHY CUBAS
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Gracias por existir, Adorada Vecina...

Como un niño fascinado por 50 años de travesuras,
te digo ahora mismo,
a veces robo frases ajenas para hablar contigo;
otras veces, prefiero callarme;

es tan lindo
saber que tú existes;

con los labios temblando,
a mediodía o más tarde,
en voz baja,
desde la otra parte de la Isla,
te diré,
«Buenos Días»;
tan lindo es saber,
que ahora te puedo decir,
Gracias por existir, Adorada Vecina.

Desde que apareciste,
la vida me sorprendre;
con risas y preguntas;
desde la otra parte de la Isla,
te digo,
«Buenos Días»;
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Saramago y nuestros latidos

Me asustaste, Distinguida Vecina;
tantos amores desaparecieron en el mar por no saber amar.

La primera vez que me regaló este poema,
le hablé de los encantos del Ozama,
del fervor por mi ventana, El Conde y sus alrededores;
de Mi Escritora Preferida;
y cuántos paseos por la geografía poética de mi Zona Colonial...

Me asustaste, Distinguida Vecina Adorada;
ya estás al tanto de tantos secretos...
Dicen que no hay edad para enamorarse;
como un niño fascinado por 50 años de travesuras,
te digo ahora mismo, « Millones de Gracias» en voz baja
y un Abrazo cuyos latidos den la vuelta al mundo;
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El piso de enfrente

Desde la pequeña terracita de su piso de alquiler Martín aprovecha las soleadas mañanas de Abril para ver como Marta se prepara para ir a trabajar. A las nueve en punto Martín imagina como las sábanas se deslizan por el cuerpo semi-desnudo de Marta hasta dejarla casi destapada, notando así la brisa fresca de la mañana entrando por su entreabierta ventana. A las nueve y cinco puede percibir como los jazmines del balcón de Marta comienzan a exhalar su suave fragancia, invadiendo poco a poco el dormitorio para después conquistar la casa. A las nueve y diez oye el crepitar del agua sobre la cabeza y los hombros de Marta, y puede ver como las gotas dibujan su perfecta silueta cuando caen,sinuosas, por el translúcido cristal de la mampara. A las nueve y veinte Martín da su primer sorbo al café, justo en el mismo momento en el que Marta bendice con sus labios el jugo de fresas frescas que, ahora ya, recorren su garganta. Son las nueve y media y Martín ya sabe la ropa que se va a poner Marta: vestido corto de flores, chaqueta fina amarilla y unas bonitas bailarinas. A las nueve y treinta y cinco Martín la ve de espaldas abriendo la puerta de casa. " Hasta mañana no te veré", piensa Martín, y la pena su café vuelve más negro y su mañana deja más gris." Algún día la invitaré a salir y ella me dirá que sí ".

Son las ocho y media de la mañana y Marta está despierta. No se mueve de la cama todavía, en parte porque la alarma suena a las nueve y en parte porque así percibe mejor el sutil olor a pan recién tostado y a mermelada de frambuesas que viene del piso de Martín. Así, con los ojos cerrados, Marta imagina a Martín en un campo de frambuesas tan grande como su terraza, untando el pan directamente del suelo mientras campanas de tintineante hielo anuncian la llegada de un café caliente que pronto se hará refresco.
A las nueve Marta se destapa un poquito, lo suficiente como para que el aire fresco de la mañana termine de despertarla. Sabe que Martín está sentado en la terraza cual vigilante del alba. A las nueve y cinco Marta percibe el olor de los jazmines entrando por la casa. " Es hora de ducharse", piensa, mientras retoza un poco más en la cama. A las nueve y diez Marta se está duchando. El agua tibia se desliza por su espalda y piensa en Martín a su lado, y que las gotas son caricias que él le brinda con sus labios. Son las nueve y veinte y Marta se toma su jugo natural de fresas mientras se pregunta si, tal vez, él querría tomarse una cerveza con ella. "Mañana se lo insinúo", piensa, mientras se pone su corto vestido de flores, las bailarinas de siempre y su fina chaqueta amarilla. Son las nueve y treinta y cinco y Marta abre la puerta. "Otro día entero sin verte, vecino guapo de enfrente". Una media sonrisa se dibuja en su cara al darse la vuelta para cerrar la puerta. Mira de reojo a Martín y piensa: "algún día me invitará a salir y yo le diré que sí".
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«Ausencia»...

Cada rato huele y sabe a castigo;
callado, en silencio, te espero,
Adorada Vecina;

son ya tres días,
callado me quedo,
esperándote en silencio;

encantado por esta perfumada tarde,
de domingo de verano;
te lo digo, Adorada Vecina,
sentirás el eco de mis ruidosos latidos,
esperándote...
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Cerca de ti, lejos de todo...

Siempre, damos tantas vueltas,
que no nos damos cuenta,
de las tantas que cada día,
nos da la vida;

eres, Adorada Vecina,
un florilegio de poemas únicos;

con los labios temblando,
me atrevo,
sin rodeo,
a decírtelo, Adorada Vecina;
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Dime, Adorada Vecina...

De vez en cuando, te lo juro,
me pregunto riendo;
ya en aquel tiempo de la «ventana»
si no estabas tú,
detrás de alguna cortina;
a unos pasos de mis latidos de ayer...

¡Cuántas andanzas y travesuras, las mías!
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¡Hola Adorada!

¿Qué comiste?
¿A qué hora?
¿Me guardaste algo?

¿Dime, vecina?
¿Me estoy volviendo... loco?
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Por encima de las ocurrencias...

La historia empezó en un portal. Hace..., no sé cuánto tiempo. Lo único que me atrevo a confiarles, por encima de las ocurrencias, hay latidos que tienen más calor que los rayos del sol.


BUENOS DIAS, ADORADA VECINA

A veces, un poeta no sabe cómo decir Buenos Días, a una Adorada Vecina;
con quien le gusta compartir café; desayuno; lágrimas y pesadillas; carcajadas y mil millones de latidos;
A veces, un poeta, encantado, olvida
que Buenos Días se dice,
diciéndolo;
sencillamente: Buenos días, Adorada Vecina;


¡HOLA, PRECIOSA VECINA!
me desperté feliz;
vuelvo a sonreír, encantado de la vida;
encantado por tu mirada perfumada;
encantado porque sé que dentro de poco,
aparecerás, para decirme : «¡Hola vecino!»;
temblando me desperté nervioso y feliz,
ante la concreta realidad de tu fascinante presencia;


VECINA DE MI VIDA

Desde que te saludo,
a tí solamente;
temprano por la mañana;
a mediodía exacto
y cuando ríe la luna;
todo ha cambiado;
¡Vaya vida, Vecina de mi vida!
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Que tengas un lindo dia, Adorada Vecina

Temprano esta mañana,
me robé tu foto del teléfono;

y así me atreví a tomar,
el café de tu mirada,
el café con tu mirada;
tu mirada de café, entre sorbos y suspiros;

Anoche me dijiste,
«te dormiste sentado, pobrecito»;

¡Ay vecina!
Desde anoche, sueño con saludarte, susurrando
«¡Hola! Vecina Mi Amor»;

ya no es necesario hablar o escribir;
el silencio se vuelve poético;
tus ausencias inspiran;
tu presencia me enloquece;

que tengas un lindo día, Adorada Vecina;
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El perfume de tus cortinas...

Anoche me desperté en silencio,
para pasearme por la acera de nuestras ilusiones;
temblando acaricié la puerta de tu casa
y luego crucé la calle;

tan lejos te veía, Adorada Vecina;
tú que siempre estás en la ventana de mis latidos;

anoche me desperté en silencio,
tu sonrisa en la pantalla de mi teléfono;

anoche soñé con el perfume de tu cabello;
me dormí con la fragancia de tus plantas;
¡Qué maravilla, tomar el café,
juntos!

Mayo se va volando,
con sabor a enero y regalo de Reyes;
mayo se va,
y en silencio;
¡Qué maravilla, tomar el café,
juntos!



imagen por E. Howe, flickr
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¡Por fin, estás en Poémame!

Ya me cansé del teléfono y de los mensajes;

a veces,
te lo juro,
los poetas se complican la vida;

si te pregunto «¿qué comiste?»,
me gustaría tanto ponerme el gorro cocinero
y delantal de chef,
unicamente para cuidar tu dieta;
si tantas veces Buenas Noches aparece,
con mil corazones;
me gustaría ser también tu almohada;
tanto, Adorada Vecina, me gustaría,
sentarme a tu lado;

tú eres poesía;
en todo lo que hagas;
y hoy, Adorada Vecina,
¡Por fin, estás en Poémame!
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A una dama del portal

Me sorprendí a mi mismo,
sonriendo solo;

siempre te mando:
« la foto de la lluvia;
el audio grabado de la lluvia;
el perfume casi, de la lluvia»;

¿Por qué, siempre,
sueño contigo,
cuando llueve?

Esta tarde, sonriendo,
ya lo adivinarás todo...
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Morirse de Amor por la Vecina...

¿Te acuerdas ?
El pesado que siempre quiso ir al cine contigo: Casablanca.

Quise casarme, también, contigo;
¿Te acuerdas ?

Todo desaparece
cuando apareces, Adorada Vecina;
recuerdo me trataste como «loco»,
¿Te acuerdas ?

Y... Pensé en la tarde de hoy,
morirse de amor por una Vecina Adorada,
debe ser maravilloso;
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¿Te puedo llamar?

Los platos rotos hacen ruido;
los corazones infartados se paran; punto...

Los poetas tendrán sus secretos, su gramática
y sus misterios;
lo único que sé,
siempre me duermo con tus fotos,
y el mágico perfume de tus palabras;

pues Buenos Días, Buenas Tardes y Buenas Noches, mi Adorada Vecina;

los platos rotos hacen ruido;
no tener noticias tuyas mata en silencio;
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En silencio, Adorada Vecina...

Una confidencia:
después de la lluvia, con sus inevitables relámpagos;
antes de apagar el teléfono;
hay fotos que se vuelve a mirar, a mirar detenidamente;
se admira,en silencio.

Yo te admiro soñando;
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«Montaña Verde», en tus brazos...

Siendo la «realidad imperfectamente perfecta»,
por ti, Adorada Vecina, he votado;
y quiero que lo sepas;

Durante el invierno catalán, de principios del noventa,
nunca pensé que el amor me esperaba cerca del Ozama;
tan cerca...

En aquel entonces,
recuerdo haber preguntado por Cataluña,
¿Dónde consigo «Montaña Verde»?

Ahora mismo,
entre risas y tantos relatos incompletos,
como si estuviera en el patio del Nicolás de Ovando,
cerca del Conde, tan cerca,
sueño contigo preguntando en vez baja:
¿Dónde consigo «Montaña Verde»?


Nota:Cafeteria Montaña Verde se encuentra en la dirección Carr O Jimenez 36 en la ciudad de Jarabacoa, República Dominicana
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