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Dalia Negra, Blanco Beso (De la mano de @ARheinn)

Lágrimas
recorrían mi rostro
en un infierno iluminado
por la luz de la Luna;
ardorosas
me condujeron
al caudal
de tu rivera traslúcida...

El beso
de una Dalia Negra;
el amor
de la belleza pura;
las pinceladas
sobre un negro cielo,
en los trazos
de una Luna Oscura.

La conjunción
de dos celestes cuerpos
en su desvarío
intermitente,
descendieron
supremos
al ras de la superficie
de la sabana estrellada.

El beso
de labios de marfil
sobre un frío pecho de mármol;
un infierno helado
que me hizo amar
la pureza del blanco.

Suelo gélido
que te mira impávido
a tu tocar
de su cráter brillante.

Su blanco,
inerte destino;
su misterio
indescifrable,
ahora tuyo es
en su inevitable alunizaje...



@ARheinn & @moonlighting85
(Colaboración)
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9comentarios 64 lecturas colaboracion karma: 101

Hogar

Me he peinado al alba
con rayos de tu fuego...

Bajas sobre mi cuerpo
y derramas tus dulces almendras.
Cercas mis senos
pese a las súplicas,
advirtiendo al sol tu acercamiento.

El espejo breve nos imita.
Amanece la luz naranja y firme
de tu viril belleza
y tu boca yace
a punto de ser mi noche.
Versas de obsidiana
moldeando el cristal
y sus coyunturas...

Beberás de mi cerviz
con el fulgor de tu ingravidez,
cuando me prolongue
hasta ungirme
en tus húmedos óleos
y dibujar en los secretos lienzos...

Rebelde inconexo
del que hago propiedad
por abandonarse...
Mío.
Abductor impaciente
del remolino
de mis placeres:
¡no ignores
el amor
que escribo
sobre tu pañuelo apasionado!

Heme aquí
con toda mi blancura...
que eres mi palabra;
que me perteneces.

Acaríciame la sangre;
enloquece el silencio
para que huya extraviado.
Reconócete
en el murmurar ensordecedor
y el súbito pulso
que me invade
de tu cuerpo,

al mirarte así...
dentro de mi cuerpo.




Yamel Murillo



Confesionario II
Lunas de mayo©
D.R. 2017
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Lápida y Pira

…El mar la mar, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo.
La Tierra.
BLAS DE OTERO.



Tu urna, tus cenizas,
los ápices de tu vida,
y aunque azota el viento,
cuido tus recuerdos, tus esquirlas.

Mira los campos, como no cesan por ti,
como persevera el cielo, en su azul de porvenir.
Y camino al cementerio, las chimeneas y bocanadas,
del frío haciendo climaterio, y un rumor a lápida y flor,
amortajada en algodón.

Tu ofrenda, tus estertores,
llevo en dulce ramillete, esta noble vida de sin sabores,
a tibio son de martinete.

Mira como continúa el llanto,
de tus hijos, de tu hermano,
como reverdece tanto,
del horizonte calcinado.

Y planto tus restos,
Entre salmos y oraciones,
para que crezcan árboles,
orquídeas y canciones.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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8comentarios 64 lecturas versolibre karma: 101

Natura

Se va a acabar el viento
y tú suspiras de alivio.
Si no valoras ni tu tiempo,
¿qué te separa del martirio?

Y de espaldas al abismo
se cae admirando el cielo.
Y ves reflejado lo mismo
que te arrebata el miedo.

Palmeras de soledad rugen
en contra del mar, que lastima.
Porque hiere al que sí sude
ante futuros que depriman.

Cataratas de azul blando
que estrangulan al más oso.
La corriente guía al barco
por la crueldad de su Mar Rojo.

Bondades varias en desiertos,
que carecen de buenos oasis.
La tregua son ojos abiertos
intentando ofrecer casis.

Me desahogo en lagunas,
mentales, para ser exacto.
Prescindo de todas las lunas,
sólo necesito el tacto.

Bosque que encierra cordura,
presa de una nube negra.
No hay más que ver a Natura
y los secretos que encierra.
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Como si aún no nos quisiéramos

Cómo explicas el hecho de que te he llamado
y has contestado,
si antes odiabas las llamadas
pero esta vez me has hablado.
Así,
como si nunca nos herimos,
como si esperaras que te invitara a mi casa
la tarde de un domingo,
como si quisieras que dijera
que aún sueño contigo.

Jamás admitiría que a veces
(cada noche) te escribo,
que camino y espero encontrarte de frente
con el vaso vacío
para así tener la excusa más tonta;
Invitarte a beber agua
o café
o unas diez cervezas hasta emborracharnos
y terminar enamoradas
compartiendo mis almohadas,
de nuevo.
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El Polvorín

A través de los años se cuenta que la tragedia de "El Polvorín" se inició a las 2:55 a.m. en un lugar ubicado en el barrio de San Miguel, en Calidonia, que guardaba material explosivo y municiones, los cuales eran utilizados en aquella época en que la República daba sus primeros pasos.
La Tragedia de El Polvorín, 5 de mayo de 1914.


¡Oh fuego que consumiste las vidas,
de cien héroes en la vía Bolívar!

¡Oh tragedia que empañó de bermejo el día,
y apagó las glorias con sinfonías,
de humaredas y mamposterías!,
tantas almas consumiste sin perdón,
y el cielo teñiste con tu tragedia y tu clamor.

Tantas madres sin sus hijos bajo el sol,
gimiendo de sollozos y de dolor.

Mayo aciago y protervo,
el fuego que pariste fulminó el corazón,
de la furia del aquilón,
en plena conflagración de incendio,
tu ira todo lo cercenó.

La urbe herida te recuerda hoy.
¡Oh patria vestida de sangre y ceniza,
golpeada en su cuerpo por el látigo abrasador,
son miles de memorias y recuerdos,
que laten a siglos por generación!

Vorágine de flamas y felonía,
gritos esparcidos por la madrugada,
pidiendo auxilio en triste algarabía,
refugio, amparo y salvación.

¡Oh Abnegación,
honor y disciplina,
escudos nobles vencisteis la turbación,
de aquella marea de fuego,
que jamás incineró tu noble misión!

¡Oh héroes y paladines de la nación,
que disteis vuestras vidas y vuestros sueños,
por sofocar aquella explosión,
vuestra gesta vivirá por siempre,
más allá del tiempo y la razón!

ROGERVAN RUBATTINO ©
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El bosque de un árbol

Calma el aire,
suave y vespertino,
inteligente, flameante,
tántrico como el silencio.
Nubes te cruzan
al margen del águila,
ardillas juguetonas
bebiendo de tu viento.
Allí están las maravillas,
encauzadas en las hojas
como remares de los barcos,
los del recuerdo.
Visita mi mente,
guarda mis dolores,
sacia mi asombro
con tu copa al cielo.
Enreda mis temores
con las raíces de tu fe,
encuentra mi alma,
reside en tu viejo tiempo.
Dormiré en tus venas,
verdes de Gea,
hijas del mundo,
quiero ser tu universo.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Lo que dejarás

Cuando no estés
quedará el eco de tus palabras
como un eterno invierno
en mis habitaciones vacías,
será tu aroma a despedida
la inquieta brisa que penetre mis caminos
para congelar tus pasos.
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6comentarios 92 lecturas versolibre karma: 114

Aquí estoy

Con la sonrisa a medias,
con las palabras cortadas
con mi alma destrozada
y con la pluma en la mano.

Aquí estoy pidiendo a gritos
estando callada por ratos,
dejando salir a la insegura,
para que saque la amargura.

La reprimida que mencionas,
la triste esencia que se abandona,
la curiosa pura sin maldades,
la que ya no se traga falsedades.

Aquí estoy sonriendo a medias,
liberando lágrimas por tragedias,
buscando arcoíris de sueños,
haciendo sus problemas pequeños.

Aquí voy, caminando sin destino,
conduciendo mis pasiones,
viviendo un colapso repentino,
mitigando el dolor en sensaciones.

Aquí estoy por si me buscas,
por si me quieres conocer,
por si te importa mi proceder,
o por si en mi ausencia te ofuscas.

Las letras de mi alma.
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Difícil es Volver a Sentir

Cuando el amor
es total
cuando se le lastima
tanto al corazón,
cuando a golpes
se mata al amor,
cuando se destruye
la ilusión
cuando desgarran
el alma
en dolorosos jirones.

Difícil después es amar,
difícil es volver a sentir,
ya no se sufre
por ninguna pasión.

MMM
Malu Mora
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10comentarios 84 lecturas versolibre karma: 108

Diluvio Sobre La Pluma

La tinta que cae de golpe
sobre bases de una obra
seca cuando muere el día
vive en arte más que nunca.

Los relojes corren carreras
siempre pierden contra el tiempo
de turno el sutil espectador
garabateando mente al viento.

La paciencia cuentagotas
lleva un vaso medio lleno
traza una nueva inspiración
desarrollo siempre en negro.

Una inagotable misión
buscando en territorios
cada tramo, cada región
versos para el purgatorio.

Lucidez a mano alzada
sobre simple y adornada
el poeta no se detiene
frena con vientos del alba
para poder guarecer
sus sueños sobre pestañas
noches de inspiración
sobran para otro mañana.
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Piel de durazno, huesos de cereza

Me desintegro en el brillo,
de tus ojos.
Recostados en las esponjosas
nubes.
Escuchando el canto de las
flores.
Aupandonos hasta el binaural
amanecer.
Eres piel de durasno con huesos
de cereza.
Eres el brillo del sol, ahogado
en sangre azteca.
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A solas

Esta mañana
en que el sol me coquetea
salgo al umbral
para verte amanecer...

Te llevo
entrelazado por mi cintura
a la melancolía
del rosal
que se abre para perfumar
mi idea de ti,
la que sabe como aullan
mis brazos por los tuyos
cuando mi loba
abandona la matinal ceremonia.

Te amo.

Eres mío
y lo has oído
del rito que nos une;
que duele
mas deleita mi piel
duplicada en ti
al besar
de tu pensamiento.

Ocupamos ese espacio fino
que arde impasivo
cuando tu mirada
tras la mía
gotea su mar,
la prueba silente
de toda tu perfección
y mi sublime afecto;
día y noche;
limón y miel...

Ahí te conviertes
en el mirto
que me extasía
sobre el alféizar
y te veo
muriendo al agua,
embriagado
del cáliz desbordado
con la uva de los labios
que arrebatas,
mientras hambriento
arrastras mi cuerpo
al campo de tu vid
y el platino de tus cabellos
es la rienda
y la enredadera
de todos mis deseos.

Esta mañana
en que el sol me coquetea
y te ve amanecer...
mi horizonte azul,
mi erguida pradera,
no olvides:
la que te ama tanto
te mostró el atajo
por donde vengas pronto.

Aquí te aguardo
tan impaciente como tuya

para quererte...

a solas.




Yamel Murillo



Nocturnal epístola.
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
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Congoja de nidos desiertos

Al hogar que solo hospeda libros sin palabras,
a esa catedral sin vientos ni puertas ni corazón,
a este salmo sin causa que hiere el alma:
tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo.

Temo el diccionario al que han enterrado en mi nicho,
las tempestades galopantes que percuten en mi oquedad,
el tartamudeo de las grietas en el cristal.

Soy copa para los tifones que siembra la noche,
y chillo como un sol sangrante,
pero es despertar y vuelvo a estar dormido
y los relojes se burlan de mi vagar ausente.

Aullidos trazan rubor en el amanecer
y yo, sin voz ni linterna cartografío el averno,
donde se debaten los pronombres contra las fronteras de mi oración.

Leo, en forma de soneto, la verdad del pentágono,
alrededor se cruzan trenes sobre raíles fraguados por el sonido de la noche,
pacen toros sin cuernos Europas inexistentes.

Atisbo una vitrina y detrás…¿algo?
Es una incertidumbre opaca, como el sustrato de los ojos.
¿Realmente veo, o soy ciego en tierra de tuertos?

Ya no sé ni qué es ficción ni geometría ni verdad.
Sólo soy un náufrago remando en un nido de raíces,
creyendo divisar el horizonte en un átomo.
Solo la pesadilla me mira a los ojos, y cuando lo hace pienso:
“¡Ya vuelve a amanecer!”
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Canción de heno y trueno


Cuando escuches el trueno me recordarás
y tal vez pienses que amaba la tormenta...
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
y el corazón, como entonces, estará en el fuego.

ANNA AJMÁTOVA.


Resplandores de carmín encarnado,
rojo bengala,
son las venas del cielo,
desangrándose entre temblores orgiásticos.
Acuna la espada invisible,
y refulge el Mambrino,
voz legendaria del vellocino,
eco tormentoso e irascible.

Rojo cadmio y Congo,
rumor de centella truculento,
son las venas del cielo,
del cielo escarlata y rojo,
rojo amaranto y enhiesto.

Orgía de nubes en movimiento,
zumo de estrellas,
lago en el cielo,
separo el heno del trueno,
y solo hay ciclópeas humaredas.

Fulgores de granate y bermellón,
y de los nimbos un esquilón,
de céfiros trastornados;
el mar es un colorado mosaico,
de dioses castrados,
un diorama terracota,
de huesos desencajados.

Fascinados por la combustión,
de cometas se disfrazaron,
desnudos y en etanol,
entre simas se precipitaron.
Estallidos paralelos a lo lejos,
sangra el cielo acetileno,
y la mortaja de la víspera va ardiendo,
como trueno terráqueo de tungsteno.

Rojo diablo, rojo encendido,
son los labios de tu fruta mojada,
ambrosía de un olvido,
electrificándose en cascadas.

Separo el heno del trueno,
las ciudades de las personas,
la verdad del veneno,
y las caricias peligrosas.

Arcoíris de fuego, nubes lenticulares,
cielomotos y avernos,
alienación, en las escamas del río,
pilares de luz, relámpago del Catatumbo,
aleación.

Estratos mastodónticos y contrastes,
son las venas del cielo,
son las aguas de diamante,
dolinas, Tunupa, y los bosques de Yunnan,
querría liberarte,
querría desafiarte,
en tu lecho noctilucente.

Rojo antiguo, rojo tu sudor,
cuando recojo tempestades de tu interior,
el trueno se enardece,
tu cuerpo se estremece,
inflamando el heno,
lígrimo de tu canción.

Fiammette, torna tu ser,
dispara tu flama eterna,
vacíate ante los espejos,
consúmete en mi piel.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Incauto

Deshabitaré
los vagones
donde resuenan
las nanas
y las lunas viajeras.

Impondrás férreo y volcánico
frialdad a tus cenizas; decretarás incólume
su último estertor.

Aun sea a cuestas
desataré tus mordazas
entre el equívoco acierto
y la ilusoria noche
que dejó de serlo.

Porfías nocturno
el rumor de luto.
Te asumes audaz
e impones
en mi seno
tu lazo negro;
mas
yo a ti,
el revivir en el candor
del carmín tímido
de mi beso...

ya asomo.


Yamel Murillo


Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R.2015
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20
14comentarios 123 lecturas versolibre karma: 118

Finjo ser alguien que no soy

Finjo ser alguien que no soy,
finjo tener algo que no tengo,
finjo escribir en mis versos
con la tinta de mi cuerpo y
con miradas de adiós
que hacen de mí un pañuelo tan ligero
que puede llevárselo el tiempo.
Esconderme tras la máscara que dibujo
con adornos de palabras que me creo.
Confundir la realidad, abrazando la mentira
y sentir que la vida es así
Frágil es la armadura que vestí en su momento,
frágil es el reloj que marca tu tiempo,
frágil es la pluma en mi texto,
frágil es mi voz cuando no intento
ser quien soy.
Palabras tatuadas en mi cuerpo
que escriben de mí una verdad tan frágil,
que me hace seguir fingiendo.
¿Por qué? ¿Por qué hay que fingir en todo momento?
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6comentarios 68 lecturas versolibre karma: 89

Telegrama falso

Se venden
dos chupetes
sin usar,
y uno usado
una vez.
Nada más.
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Gotas de fuego

Al filo del minuto
del advertir su lejos indeleble...
de sangrar las rodillas
extraviando la calma,
sortean su verdad
la intrépida suerte
y su adversa circunstancia;
el deber
sucumbe lánguido
al pardo níveo de sus arroyos
convocándose tres veces.

Lloras una lágrima
y de sus lágrimas
estallan los mil llantos.
Fiera tu paz amansa mi furia
y detiene su paso
a golpe de palabra.
La sola;
la tuya;
la misma.

Todas,
jamás como ninguna.
Todas,
nunca como una.

La doble flecha
sacrifica tu arcana...
Hecha a ti
Artemisa
y esclava pagana.
Abatido caes por mis palmas
al plomizo castigo;
trastocan tibias tu alma...
se justifican
aun ante el cruel infierno
de las voces inalcanzadas.

Puro es
el astrolabio...
la intención dolosa
en la que profundo se vuelca
cuando el de ésta que te ama,
nobleza acusa
llevándote con soltura
hasta la celestial vereda.
En ella,
triangulan los amantes
el ardoroso sextante
para fusionarse:
Sol y Horizonte.

Pasional alba de mar,
brújula de cielo:
¡mira a tus chiquillos
hacer terso
su lecho de tinieblas
y perfumar
su almohada de nubes!

por lo que fundidos
la sola mañana
rompen y rocían
por sus pieles...
infinitas
gotas de fuego.



Yamel Murillo



Amantísimos
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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12comentarios 123 lecturas versolibre karma: 112

Soledad amorosa

Soledad amorosa.

La brisa de la tarde
sobre la hierba mojada
coloreado el horizonte
color de plata.
Allá en la hondonada se ve
un paisaje color naranja
sobre la ladera camina
el hombre enamorado de su amada.
Sol de diamante brilla
en la puerta sin hora.
Llegando al lado uno
su sombra vecina se agarra.
Pájaros silvestres cantan
volando de árbol en árbol
rama de rama
soñando un mañana con su amada.
Brisa mojada
amorosa soledad.
Paisajes color esperanza, amaneceres con aroma a incienso..sombras que se disipan en el claro alba de los días, donde piel y verso se conjugan para crear un instante de perfección absoluta,
Soledad.
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