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Bruxismo

Cuando te encontré, no hacía ni frío ni tenías la ansiedad de las mujeres de tu edad.

Las olas rompían el asfalto y el gélido café que nos tomamos cerca del camposanto,
me sabía a sabia, a sangre,
a famélico orgasmo.
Cuando sumergí mis pupilas en las tuyas, vi hiedras y áloes,
acacias y pequeños remolinos contorsionándose,
lenta y pausadamente, como los deseos de una célibe alborada.

Las estrellas infectas bajan del cielo como enjambres,
y ese jardín de cicatrices que florecían en tu cuerpo, era el refugio de escarabajos abyectos.

Todo se sucede, todo se consume como una libidinosa llama que todo lo trastorna, pero tú,
siempre tú, todo lo aminoras, todo lo perdonas.

Oigo como rechinan las coronas,
tu paladar en cacofonía, porque de la mar no creció la espuma que alboroza,
ni tu néctar espinal que anteayer mis acordes enmudecían.
Limerencia de tus días, vivo encadenando subrepticios, a tus acantilados y tus voces.

Cuando te encontré, no era invierno ni tenías la edad que tienen las mujeres de tu edad.
Y todavía no sé…
no sé ni tu nombre.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Crisoprasa entre malvas o sobre el valor de un sueño impertérrito

Aluzar tu interior,
en busca de respuestas,
harbar como un sueño,
congelante.

Aquesto es una esgrima ,
un invierno reptante,
esfolaré la furia,
y tu astucia,
itinerante.

Aguaitaré como los cuervos,
dorudones diletantes,
y entre cencíos tu melodía,
de estertores anegantes.
Baltras de hadas,
imágenes retro,
desperadas.

Aluzar tu interior,
Y tu espíritu aberrunta,
maguer no me quisiera,
yo le querría taciturna.

Agora entrambos las dudas,
y los llantos,
de la lluvia,
asaz tempestuosa,
lamiendo sus resayos,
citarodia y gentil trapisonda.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Greyrose

Eterno el silencio,

florece en tu piel como abismos,

como siglos,

de angustia y penumbra.

Yo a ti te quise tanto,

como invernal signo,

de agua de lluvia.

Grises amor magenta,

reverdecen las nueces,

y en tus brazos los peces,

del cielo la alberca.

Yo a ti te quise tanto,

como sigilo de estrella,

susurro de noche,

ardiente centella.

Eterno silencio,

me llamas muerte,

tu hora más bella,

tu cuerpo es mi mente,

laberinto y endecha.

Grises amor magenta,

entre tus piernas,

he venido para llevarte,

de este mundo,

hacia mis cuevas.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Sailor Marionette

Sailor Marionette
(Fragmento)

Dios mandó a sus ángeles eléctricos,
Y ellos se unieron a la humanidad,
de ellos nacieron las hadas,
y una misteriosa progenie conocida como Marionette.

Tras la primera glaciación, sus miradas,
albicelestes,
recorrieron el espacio sidéreo.
dudas, de gardenias confusas,
runas de estaciones obtusas,
y el éter a clavel,
de sus almas de luna.

En aquellos tiempos,
donde gravitaban los atlantes,
y los océanos galácticos,
refulgían en Orión,
las hadas sembraron de estrellas errantes,
el sistema solar,
y el todo era un huerto viviente de razas estelares.

Mucho antes,
que los Anunakis cruzaran de asteroides el cinturón,
las Marionette robaron el ADN original,
lo sintetizaron en Plutón,
y descendieron a la era de los grandes simios,
Como dioses estelares,

Con párpados de ozono y lenguas diamantinas.
la simiente original,
dio lugar a dos pueblos ancestrales:
los Golemitas y los Ummitas.

Mi misión es encontrar,
a los médiums que permitan abrir,
el espacio temporal,
y restaurar la secuencia inicial de los Cananitas,
(el verdadero pueblo original)
De la herencia divina.

Mi nombre es Lucybel,
y mi nave espacial se llama Faetón,
no soy humana,
ni hada,
ni Cananita,
soy una mente universal,
un astronauta,
en un cuerpo humanoide.

una muñeca de metal,
un fantasma dentro de una máquina,
creada para salvar,
a tus ancestros,
y navegar por la eternidad,
surcando milenios,
océanos de tiempo,
eones.

Me alimento de la inspiración,
de los poetas muertos…


ROGERVAN RUBATTINO ©
www.rogervanrubattino.com
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Steamer

Hálito de lluvia en la gualda y noctámbula prez del cierzo.

Marionetas de vapor,
fantasmas, éter,
un aguijón.
Un hechizo me hace recordarte,
una fuerza del más allá,
dedicarme,
a escrutar tus cartas.
Danzas de cenizas,
danzas rotas,
cuartos de horas,
vuelan y se ahogan,
en un lecho de vodka.

Eras la sombra y la tiniebla,
la opacidad que me consuela,
y esa tácita estrella viajera,
latiendo entre las espuelas.

Una maldición me hace recordarte,
una premonición,
y a tientas entierro el sol,
y empieza a hervir la sangre,
las marionetas de vapor,
tus ojos extinguiéndose,
al estrangularte
(con aquel tálamo de luces difuntas)
Con el vaho de la rivera
Donde las cornejas siembran lunas
Y tinieblas.


Marionetas de vapor
como centellas entre el centeno,
Ojos derramados
de broncíneos y adustos manglares,
Donde azota la esfíngica molicie del sueño.
Un embrujo me hace volver a tu cuerpo
Al hierático Edén de tus entuertos,
Que gotean de tu néctar ahuesado.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Ala Aleve

(Soneto a los aleccionadores crueles de la poesía de los noveles poetas)

Esos cardos* infieles de oropel
leen versos de otros con recelo
leen odas de otros con el velo
muerto, yerto de ánimo y capel.

Esos falsos maestros de papel
leen hartos tus obras con el duelo
te hacen críticas ávidas de suelo
necios buscan lo árido, lo cruel.

Creen ser de las musas el Apolo
pero, ciegos y legos, sinrazón
son narcisos sin Venus, sin caulícolo.

Eres tú escribidor (a), el Pigmalión,
luz que Azul Galatea con su solo
coro a aulodia nos dio: Ola y Corazón.

ROGERVAN RUBATTINO ©

________________________
* Cardos por bardos
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Jacinta Moreno Iglesias

Aquellos buscan garantías en el viento,
calor en el mar,
océanos en el tiempo.
Aquellas siguen buscando amor en lo moderno,
maíz en el desierto,
y esperanza en lo incierto.
Esta es la naturaleza del mundo de hoy,
una vida en pareja sin ser pareja,
sexo sin amor: el mejor.
Aquellos buscan lunas en el día,
mujeres que les quieran sin una razón,
como los soldados que iban a morir,
les amaba el mundo sólo por su extinción.
Aquellas siguen buscando en el silencio una melodía,
confiar en quien no deben confiar,
porque dicen que después de la noche amanece el día.
Esta es la pauta de la postmodernidad,
con sus sentimientos transformados,
y su triple moral: la tuya, la mía y la verdad.
Verdad que a quién importa,
si luego anochecerá y veremos,
si el sexo nos hace eternos,
al menos un segundo somos le mismo infierno.
¿A quién le va importar?
Si hay algo en vez de nada,
si estamos viviendo,
dulcemente en el autoengaño,
hermoso y subliminal.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Astrolabio

Siempre es un segundo efímero, como los siglos cortos,
de mis instantes en tus horas.
No sé cuándo, no sé cómo ni en dónde,
se perdió el reloj de tus eternidades, de tu boca.

Siempre es un segundo efímero, como los segundos rotos,
de mis luces que ahogan,
el mar en su senectud,
agitado como un pasado que naufragó en sus olas.

No sé dónde, no sé cómo ni cuándo, se perdió el día,
cuando tus lunas lloran,
ni besé el carmín del rocío,
ni las ruecas del estío entre las nubes que flotan.

Madrigal de azahar y olivo y de su fuente agotan,
el sereno azul del cielo jalde que entre brisas aminora,
las siluetas castálidas, las cancelas que trocan,
los jardines del ocaso y las diáfanas brisas que soplan.

No sé cuándo, no sé cómo ni dónde,
se perdió el tiempo que acopla,
Acorde, tristeza y redención en la misma nota.

Siempre es un segundo efímero,
como de infinitudes la oda,
y somos los dos a perpetuidad los universos que explotan.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Aline

He visto tus cuadros
Tus fotos en el suelo oscuro
He visto tus ropas
Tus poemas quemados por el humo.

He visto tus ojos apagarse
Y tus velas verter su cera en tu piel:
Ardiente zumo.

Te he visto postrada sin respirar
Con una cuerda en el cuello
Moviéndote como un péndulo desnudo
La cara blanca y los labios morados
En bizarro culto.

Y un cáliz enfría tu bermejo jugo.

He visto la vida pasar
y no puedo negar todo lo que supuestamente debí haber sentido,
pero no paso jamás,
sin embargo, sé lo que no debo sentir,
el curso natural de los sentimientos no ha pasado por aquí
solo he visto tristeza irremediable, muerte injustificable y una vida no envidiable.

He visto tus cuadros,
tu vida pasar y no puedo negar todo lo que te he querido hasta el final,
he visto tus gritos y acariciado tus torturas,
sin embargo, sé que no debo sentir tus heridas
sé que no debo callar.

Te he visto temblando después de cada corte irremediable,
con una cuerda en el cuello,
y el cuerpo florecido de flagelos
como un resto macabro,
un cadáver exquisito de tormentos.
He visto tu tiempo fenecer,
Como la derrota de un día sin sangre,
Ocaso deletéreo que destroza la carne,
A dentelladas vaciando alma y piel,
Embalsamando amanecer.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Estás cerca

El silencio nos acerca, la lluvia nos funde en más silencio,
en una sucesión de signos, de anatemas.
Acompáñame a este paseo nocturno,
veamos el fin de lo que nos queda por vivir.

Nunca se sabe cuándo puedes morir.

El silencio nos ahoga dulcemente,
tú sonríes entre las tumbas y ese ánimo preclaro nos abduce,
nos reduce, a cenizas y falsos lamentos.

Acompáñame a este resquicio de sol,
que la marchitez de la razón me conforta,
veamos de antemano nuestras orlas,
nuestras misas, nuestras pompas, antes de morir.

Nunca se sabe cuándo dejarás de vivir.
Por eso ahora que te amo como un desconocido,
déjame extinguirme contigo, como un parpadeo perdido,
antes de dejar de vivir, que morir ahora tiene sentido...

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Instinto Azul

Salta hacia el abismo,
Te espera la nada,
El vacío y la vacuidad.
Salta más allá de las dudas,
donde la luna,
calla como una puta,
sus secretos de levedad.

Salta amor hacia el fuego,
no te resistas,
arde en la pira,
de los espagiristas,
como el clavel infecto,
de la infinitud.

Salta sobre los mares,
sobre dragones y prostitutas,
sobre sus escamas y acritud.
Deja a tu marido y deja tus armas,
deja tu hogar y deja tus palabras,
para siempre en tu ataúd.

Salta hacia el abismo,
al jardín eterno donde braman,
la estúpida s jaranas,
las desnudas ninfas blancas,
ebrias de mañanas,
y cuaternario instinto azul.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Parzival, tras las lágrimas de Morgause

Llovieron las espadas como espinas tras la muerte de Pellinore,
Gawain y Gaheris vieron los placeres de la luna rota,
reflejada en sus blasones,
como los ojos de un titán enardecido,
que ha vencido al viento, al bosque y al destino.

Sir Pinel yace en la vergüenza fallida de su felonía,
y en algún lugar de los diez reinos,
suena el carcaj de las arpías,
dulces y volátiles monstruos bohemios.

Parzival desgarra la hierba con los cascos de centella,
el aire se dispersa como polvo de estrellas,
y atrás está ella,
desfigurando el tiempo en susurros y querellas.

La fortaleza del Titán florece,
en aquel bosque celestial,
donde van los valientes,
tras el grial.

Y a penas muerde la luna la llanura,
en espejos se disloca su armadura,
manantial de gallardía y umbría,
seno último de inocente elegía.

Repasaba a galope gestas y rayos,
de la noche que le asaltaba,
la muerte del Rey Lot y sus lacayos,
sus pensamientos no cesaban.

El héroe, el truhán y la emboscada,
aquella que prendiera a Lamorak,
y que entre sangre vistió su anorak,
al más allá por cruel celada.

Parzival adelanta las nubes y resopla,
al compás del tórrido camino,
que le aleja de Camelot,
y le condena a breve olvido.

Continúa a pesar del sereno,
a pesar de pestañas del tiempo,
cuando fuerzas ancestrales incendiaron Orcadas,
las bases del Reino del Norte,
entre mil escaramuzas sin nombre.

¡Oh paladín de los bosques armado y caballero!
Fénix de la búsqueda en singular destino,
no desfallece tu espíritu,
no renunciaste a tu sino.

Así las almas de los árboles te cantan,
desde Gales con fulgores,
y son tus hazañas y vítores,
los que por ti hablan.

Marcha decidido al Castillo Aventuroso,
patria del Rey Pescador,
terruño de Galahad,
y aunque ya le llora Blancaflor,
no concede tregua a su ánima.

¡Oh ideario de poniente, cáliz sagrado y saeta ardiente,
tu senda riela en la distancia,
como semilla divina, etérea simiente,
dorada arca, patria perenne!

Parzival aprieta un puño,
y se le escapa un sueño,
le convierte en realidad, y a lo lejos un destellos,
de acero y plata,
divisa un poblado,
con sus senderos y ramas.

Aquellas tierras son cuna de un futuro desatino,
y el polvorín y los hierros,
se confunden entre hojarascas y brisas,
atónitas de risas,
pliegos y jumentos.

Le recibe pues el silencio,
cruel e impertérrito,
y las campanadas atroces,
y el olor a almizcle,
de caballerizas y coces.

Allende galopa errante,
buscando cobijo de una lluvia célere,
que le sorprende rampante,
y a lo lejos una silueta de jaqueles,
que brillan entre bramantes.

Parzival se pone en guardia,
y las sombras le rodean,
y el látigo silba su siniestra endecha,
Peredur abandona los quijotes de Parzival,
tiembla la tierra,
el héroe se enfrasca en advenediza refriega,
y caen uno y caen dos pechos en ristre ensangrentado,
bermejo golpe de luz,
los gañanes se repliegan,
la muerte es un talismán amotinado…

ROGERVAN RUBATTINO ©
(Fragmento PARZIVAL, TRAS LAS LÁGRIMAS DE MORGAUSE. Sept 2007.)
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La Maldita Simiente

Aviso a ti imprudente lector,
Cuyas malas horas te han llevado
A leer estas líneas infames,
Que lo que estoy a punto de contar
Os digo pintara de ayes los hados,
Y no olvidará dejar corazón conmovido.
De Albión a la sangre de los olivos.
Es la historia de un protervo ser
Nunca antes conocido
Que desearía la Providencia no ver
Ni con el ósculo de su misericordia infinita,
Ni con el báculo de su devoción impelida.
Llamábase Durganiel, hombre honesto
Y de buenas costumbres, a los ojos de la luz
Y de la ignorancia de sus coetáneos.
Empero, ganada la noche con sus fétidos deseos,
Merodeaba como lobo colérico y silente,
Entre los adoquines de Fuencarral.
En busca de los efluvios de la noctambulez
Y de la locura, su mentora ferviente,
Su hito obligado en el mar de su solaz.
Bajo la candidez de ser un Licenciado respetado,
Casado con la más sublime de las criaturas,
Durganiel hacia brillar sus pupilas
Como un centurión sediento de sangre,
Al mismo tiempo que era capaz de obnubilar
La más aguda sospecha, convirtiéndola en petunia de su arte,
En flor que ocultara su manto vil de oquedades.
Entregado al teatro de las apariencias,
Como lo haría el más emérito ciudadano,
Urdía bajo él un negocio oculto de cartomántico,
Que le llevaban como la nao a los brazos
De sus más fervientes y malferidas esperanzas.
Invadía los recintos de sus inocentes consultantes,
Y bañándoles de sus mesmerismos más acusados,
Les birlaba el alma y las encerraba tristemente,
En cada uno de sus arcanos sexuales.
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El Faro

Ella salía a la lluvia para sentirse tocada, era la única manera de olvidar su soledad, esa lejanía que le hacía caminar hacia el faro, hacia el pasado. El único lugar donde le aguardaba él, el único resquicio inmaculado.

Las decisiones son una red infinita que nos sepulta y nos mece, sus ojos poco a poco se retuercen, y sus pies desnudos y sonámbulos, le conducen al faro, al mismo sitio del pasado, donde revive el trauma, sus cicatrices y su llanto derramado.

Ella salía a la lluvia para disimular su máscara de lágrimas, aquel numero de ocasos, que llevaba tatuados, en el alma, en su tiniebla cándida. Cruzaba el bosque hacia el faro, como un ánima, arrastrando cadenas, hacia el pasado, hacia su celda.

Las decisiones son un ardid de eternas consecuencias, que nos adormecen, y nos enajenan, y sus brazos cual penachos de ira, no se agitaban, y su mirada perdida se encontraba en la tormenta, y su piel azotada por recuerdos, le guiaban al pasado, hacia el faro.

Ella salía a oír las olas para sentirse vibrar, como las arpas de los querubines de alas rotas, era la única manera de sentir, que no había muerto con él, aquella hora. Y mil veces fue allí, para besar sus restos entre las ruinas del faro.

Y al subir las escalinatas ella sonreía, como un cuervo alienado, y su mente repetía, la escena cuando estranguló a la esposa de él, con fruición, frenesí y desenfado, las mismas palabras del pasado:
“Vete con ella, si es amor lo que no me has dado”…

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Bosque de soles

Sobre una ola de tiempo su cuerpo se mece taciturno, es la lluvia de sus brazos sobre mis ojos, es el bosque de soles que brilla, en la risa de los tontos.

Sobre una espiga de espacio se mueve, una cresta marina silente, un minuto de eternidad cegando las nubes, y ahí están sus brazos desnudos, sobre mis ojos, precipitando la tormenta, acelerando el pulso, como un salvaje cometa.

Ven aquí cubierta de niebla como un instinto invisible, ven a este lugar donde los árboles hacen la siesta en el rocío que viste, de cristales, esquirlas y ósculos, la marea de levante antes de irte.
Y sobre una piedra una flor, marchitándose ante el cielo, y una brisa viajera salta de pétalo en suelo, mientras el silencio corona tus pupilas, como un fantasma azul.

Ven aquí sedienta de tiniebla, en lo blanco de la mañana, ven a este lugar donde fenecen las hadas.
Aquí ya no hay campos de dudas, aquí sólo se guarecen las lunas, del invierno sideral, susurrando al cosmos sus tumbas, cual destino abisal.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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En el bajo astral

Olmos de bronce, céfiros, bruñidos como tizones.
Ese fuego fatuo esa aureola, esos hervores.
Asentiste y luego dijiste tu nombre.

Y te tomé frágil, elegía de los bosques,
con una ternura bañada de estoques,
con una delicadeza y unos redobles,
propios de estación o birlibirloque.

Y dijiste: “Hay hombres azules,
hay hombres innobles,
sedientos de roce,
pero tú eres estigma,
eres el primero, que mi corazón conoce”.

Y te enseñé las luces del puerto,
y la blancura de la noche,
aprendiste a invocarme,
aunque estaba muerto,
hace muchos años, dentro de mil soles.

Soy un fantasma, soy un difunto,
una aparición,
tú me mantienes contigo,
tú me mantienes vivo,
tú me mantienes vivo...

ROGERVAN RUBATTINO ©
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La Noche de los Poetas Asesinados

Sobre Crimea vuelan las águilas rompiendo el cielo, la noche desata un augurio de muerte, una masacre de sueños clavados a sus alas.
¿Quiénes son aquellos que cedieron su existencia en las entrañas de Lubyanka?

- ¿Acaso importa ya? –

¿Quiénes apagaron sus arpas y sus aulodias entre penachos de rocío y agitación?

Solo los poetas pueden ahogarse en la sangre de otros y no morir, solo los versos resucitan a los mortales para de nuevo volverlos a su fin.

Porque la noche azabache donde aquellos se elevaron quedó en las memorias de cada estrella y luna que cual testigo sufrió en sus carnes…los golpes brutales de una armadura oxidada de ideales.

Ahora el Mar es más Negro, y la opacidad de la historia nos deja centellas de un color misterioso y atroz.
Llantos soterrados en el silencio, crudeza de una justicia que nunca llegó.

Aquella noche las almas se amotinaron con desconsuelo, buscando un paraíso para escapar del fragor.
Y yo a esta hora recuerdo, confundido en Varsovia, a esta hora pienso en Treblinka y en los párpados aciagos de la historia…


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Cenotafio de una fémina embaucada

Quiebro un reloj sobre la sangre de un miércoles negro,
la brisa que me comprende no te entiende a ti ni a tus sueños.

Por eso desde que despierto busco entre tus restos una red, para atrapar mis vaivenes inciertos.

Quiero convertir tu saliva en agua bendita, en el rigor de los justos batiéndose en incendiario vuelo. Después de todo el vigor de tu adusto asombro sobre mis desdeños es la sinfonía de lo efímero y de lo ignoto.

Por eso desde que anochece hasta la media noche el viento alóctono crispa tus labios como erizos, los enternece lento, sobre mi espalda.

El hielo ardiente y vestido de sol, la vereda en éxtasis, tu clámide teñida del basalto gimiendo lentamente.

Exorable amor (si puede llamarse amor), vegetaciones espirituales que te mimetizan tras los rayos selenitas de la lluvia.

Inmarcesible latido de Oriana sobre tu estirpe, quiero recordarte así: finito cual refectorio de hadas.

Quiebro un reloj sobre tu sangre, sobre tu piel embalsamada.

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En un Catafalco Velado por Ocho Ninfas de Duelo

Un remolino agita la arboleda, un augurio a destino cruel, que la mar no tiene venas ni carne, que el horizonte no se viste como las viudas en un vergel.

Escucho los fragores en la inmensidad, la senectud de las ninfas vistiendo de llanto una aciaga hora, una escaramuza y otra, un nervio vivo en la fronteriza Batalla de Tulcán.

La Gloria es de los injustos, las simples tardes más sangrientas se pagan con segundos, pero la muerte no tiene tiempo de cosechar estertores, ni los mercenarios ríen a costa de los desertores.

En un catafalco floreció la brisa, y cuando se apagaron los homenajes, llegó un silencio adusto, de esos que no se rompen con los témpanos del cielo, y en medio de la confusión, llega la inexorable defunción,

Por cuenta del triunvirato de la muerte, por cuenta del destino amargo y retorcido.

Muere pues el Presidente, el dramaturgo y el orador, muere también el poeta romántico, el militar y el periodista, mueren todos pues y con la injusticia de su fatal sino se van a vivir al Panteón de los Próceres de Popayán.

Así fue pues la cruel tormenta, el necio capricho que todo lo enerva, la victoria se tiñe de bermeja, y como premio la autumnal celda.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Allá están todos tus restos

En nombre de las brumas de los esteros y diamantes,
por destreza, por arte,
lo que antes era pasivo,
ahora toma parte.

Y amarte vana ilusión,
y los ladrones se agazapan en el baile,
añejo vino de prisión,
ojos azules e infames, que escalan las malezas de un reloj,
con clavos en sus alas y en sus tardes.

En nombre de los ósculos pardos de la eternidad,
gáname el tiempo un retablo angosto
y lozano, como los muslos de las nubes
disipadas, alrededor del palosanto.

Aprendimos sueños imposibles
ajenos, como las arterias de las urbes,
que se mezclan entre flores y viajeros,
sin sentidos en sus bucles.

En nombre del fuego que camina, el relámpago gris
que se cuela, entre maizales y cantinas
llenas de fieras, y ferias y heridas de ópalo y jazmín.

Gáname cientos de pulsos y latidos esparcidos,
como naipes de destinos,
sin una sarmentosa voz.

Yo soy la lluvia goteando en tu vestido,
y el aire que se enerva tempestuoso a tu alrededor.


ROGERVAN RUBATTINO ©

Sigue nuestras entregas semanales del programa radial online “Los Poetas Merecen Morir”. Podcasting semanal en directo con audios inéditos de poemas, declamaciones, canciones, críticas literarias, poetas, bardos, poetisas y todo el universo creativo de Rogervan Rubattino y sus colaboradores.

Accede a nuestro programa por www.spreaker.com/show/los-poetas-merecen-morir


18:00 Horas Madrid, España
12:00 Horas Ciudad de Panamá, Panamá
10:00 Horas Albuquerque, Nuevo México, Estados Unidos
14:00 Horas Santiago, Chile.

o a los archivos individuales de nuestras obras en declamaciones sonoras con las participaciones de reconocidos poetas y colaboradores en IVOOX:
www.ivoox.com/podcast-poetas-merecen-morir_sq_f1363558_1.html

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