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Sábana de lija

La que me abrasa la piel
cuando quiero navergar sola.
La que me arranca jirones
cuando sueño despierta.

La que me abriga el alma
cuando ésta da voces.
Cuando encuentra cien pasos
marcados en la arena.
La que borra entre pliegues
tus huellas.

Quisiera arrancarte de una vez.
Lanzarte a la órbita de Júpiter.
Así, levantando planetas en vilo,
me sacudes la inconsciencia.

Y no pienso. No quiero pensar.
Porque si doy
rienda suelta a los caballos,
me darán tantas coces
que ni yo me reconocería.

Así que vete.
Agarra tu maleta
de quebrantos
y camina raudo.

Me quedan las olas.
Me queda la piel
dorada por el sol.
Las manos
llenitas de cariño,
apenas sin estrenar.
El que no desenvolviste
siquiera.
Aquel al que puse
el mejor de mis lazos.

Ya no te revolotearé
como una mariposa.
No te daré mis risas,
me muero poquito a poco
cuando me las cortan.
No te dedicaré
la tinta de mis venas.
No te abriré mi alma
como si fuese
el nenúfar tranquilo
más remoto del mundo.
No te abrigaré más
tu pecho.
Mis palmas
quedarán huérfanas,
pero no desaparecerán
del todo.

Volaré lejos
como una
pequeña
mota
de
luz.

Violeta. Azul.
Verde. Naranja.
Se me antojan mil colores.

Y en su vuelo y su trayecto,
igual le cuente a las flores
que aún te quiero.

etiquetas: el, adiós, cala, los, huesos
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