Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

Una obra de arte

Apareció y sólo era silencio, pero acabó por convertirse en una obra de arte. Con cuidados matices en la voz que le daban el color justo y apropiado. Su mirada era un emblema, un homenaje a la verdad y a la virtud. Sus manos removían todas las palabras que caían entre sus dedos; les daba la vuelta y las devolvía, con las palmas abiertas, a quien antes las había pronunciado. Le gustaba oler. Cualquier cosa nueva susceptible de ser conocida, tenía que pasar por su nariz antes de serlo. Pero lo mejor de todo era su sonrisa. Y es que no sonreía con los labios; su sonrisa era un conjunto de rasgos que se unían al unísono en su rostro, para crear la sonrisa más amplia y sincera jamás vista.

Pero no siempre fue así… al principio, sólo era silencio. Paseaba por los varios caminos de la vida sólo con sus pasos y sus ecos. Decía que oía voces que le hablaban, alejándolo de la soledad que le rodeaba. En realidad, no estaba solo, jamás estuvo solo, pero siempre lo creyó así. Quizás lo que quería era estarlo de veras. Así como algunos niños crean un amigo imaginario, él creaba su soledad imaginaria. Y esas voces que oía, eran sus sueños, decía, que lo llamaban a gritos para irse con ellos. Pero se tenía por cobarde; por un cobarde sin armas suficientes como para dejar atrás su vida y seguir sus sueños. Hasta que un día se cansó de ser silencio y decidió soñar…

Y ese día todo cambió. Recogió las pocas cosas que le podían caber en un bolsillo y decidió cerrar la puerta para jamás volverla a abrir. Ese día, caminó. Caminó hasta bien entrada la noche. Y al día siguiente siguió caminando. Y al otro día, y al otro…. Las piedras y el polvo del camino le fueron animando a seguir. Las mariposas contribuyeron a que su voz tuviera tantos matices hasta entonces desconocidos. Y poquito a poco, paso a paso, la obra de arte se fue creando. Sus ojos se vaciaron de lágrimas y se envolvieron de vida; una capa profunda de vida se iba formando poco a poco, vibrante y ansiosa, cada vez que abría los ojos. Y aprendió a sonreír sin esconderse. Descubriendo que a menudo, si se entrega una sonrisa, se recibe otra. Y decidió coleccionarlas.

Adquirió una bolsa de cuero de color marrón que antes olió. Cada día iba metiendo en ella todas las sonrisas que le devolvían. Cuando una brizna de tristeza se acercaba a su ánimo, no tenía más que abrir la bolsa y dejarse llevar por todas las sonrisas que guardaba. Y entonces decidió adquirir una caja. Una caja para guardar las palabras que iba encontrando por el camino, pero quiso insistir en que la caja no tuviera cierre; las palabras son libres, decía, no tenemos derecho a encerrarlas. Y así, a medida que iba recorriendo camino, iba recogiendo las palabras que encontraba y las iba guardando en la cajita. Pero un día, acabó el camino y se vio frente al mar. Un mar amplísimo y limpio; azul como su esperanza, inmenso como su alma. El alma de una obra de arte hecha sonrisa, hecha mirada... y saltó.

Hay quien dice que en el lugar más alejado del mundo hay un camino de arena que lleva al mar. En ese camino hay, desde hace muchos años, una bolsita de cuero y una cajita de madera que jamás el tiempo ha logrado cubrir. Y hay quien dice que a veces, si el viento lo permite, se pueden oír palabras y sonrisas entre las olas del mar.




(Aviso: a todos los que hacéis tan magníficas prosas....... Ze os pide mil disculpas. He querido hacer un experimento con esta pequeña historia. Sed benévolos, pues es sabido que Ze y la prosa no son muy amigas....... Mil gracias. Abrazos a todos.)
28
27comentarios 240 lecturas relato karma: 113