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Valquirias

“Otro maldito suicida” pensaba, mientras tenía en su mira a una camioneta que avanzaba a toda velocidad hacia su posición. Optó por disparar primero a la rueda delantera izquierda, luego a la cabina del conductor. Los disparos fueron ejecutados con precisión.
La camioneta descontrolada impacta a 30 metros de su objetivo. La explosión pudo escucharse a kilómetros y las esquirlas se desparramaron a cien metros cuadrados. Una de ellas le rozó la frente provocando un hilo de sangre. Pronto cayó la noche y recibió a su relevo con alivio. Así terminaba otro día en Kobane para el alemán Niklas Schaeffer.
Su abuelo fue condecorado con la Cruz de Hierro en la última gran guerra, y la posibilidad de pelear en el bando de los buenos, fue suficiente aliciente para viajar a Siria. La imagen de las mujeres kurdas defendiendo la ciudad y su dignidad fue como un imán irresistible. Ellas le recordaban a las mitológicas valquirias convocando al campo del honor a los hombres de coraje.
A la mañana siguiente retoma la rutina, sus mandos consideraron que su posición
en esas instancias del conflicto era estratégica, por lo que su flancos serían cubiertos por una mayor cantidad de refuerzos. El sol caía pesadamente sobre la tarde y parecía que todo transcurriría sin sobresaltos. De pronto una ráfaga de fusil AK47 perfora un muro de silencio y se desata un infierno. Con apoyo de morteros, se desplegaban olas de atacantes. En una de estas, un yihadista se las ingenia para superar las líneas de defensa y queda inesperadamente frente a frente con Niklas: se miran y se encañonan unos inexplicables y misteriosos segundos. Un estruendo y un hoyo en el pecho del atacante terminan con el encuentro. Niklas mira hacia atrás y recibe el saludo de una compañera aún con el fusil humeante. Luego de tres horas y unas cuantas bajas de ambos lados, llega apoyo aéreo para los defensores. Certeras bombas logran que los fundamentalistas finalmente inicien la retirada.
Cuando el silencio nuevamente impuso su señorío Niklas se acerca a observar el cadáver de quien, casi lo asesina y descubre un rostro de rasgos germanos escondidos en una incipiente barba. La última vez que lo vio fue hace tres años, en una reunión social, su amigo Otto Dost le había rechazado una jarra de cerveza fresca, pues se había convertido recientemente al islamismo.

etiquetas: valquirias
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2comentarios 65 lecturas relato karma: 105
#1   Maravilloso relato corto!
La crueldad de la guerra a pinceladas maestras, vista desde los ojos de Niklas.
El toque mitológico me cautiva.
La vil ironía, dos amigos matándose el uno al otro (aunque la compañera valquiria fué quien realmente mató a Otto).
Me has metido en la escena de la batalla, he sentido los disparos, los bombazos y la incertidumbre de tener la vida pendiendo de un hilo.

Una instantánea del mundo de hoy, salpicado de culturas, nacionalidades y credos varios, en una cáscara de nuez de violencia!

Muchos muchos aplausos!

Genial relato!
votos: 1    karma: 37
 *   AljndroPoetry AljndroPoetry
#2   #1 Muchas gracias!
Eres muy amable
La guerra es cruel y cualquier idealización de la misma, siempre chocará
con su realidad sangrienta
Un abrazo
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