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Flores en el suelo

Se acabó el tiempo de las palabras
y sólo quedan gestos que no sé descifrar.

Voy volando en círculos sobre mi propia vida
y tú coloreas mis alas con versos
que se convierten en ceniza después de tocarlos.

Hay demasiadas cercas rodeando la distancia,
y la aquiescencia de la luz
que debería marcarnos el camino
nos ciega los ojos.

Ahora entiendo
que Alegría lleva de la mano a Tristeza,
que se acumulan tres de cal y una de arena,
y que las emociones no admiten vuelta atrás.

A medianoche,
recoger las flores del suelo ya se ha convertido en ritual.



(imagen: actsofbeauty.co.uk)
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Soneto. Código de acceso

Si vuelves al umbral de mi avenida,
tendré abierto mi código de acceso
y en el alma aguardaré tu regreso
si te quedas para toda la vida.

En la rémora de amor, sin medida,
hay que poner fin al largo receso
que no entiende cuál será este proceso
mientras no halle una vida compartida.

En la cápsula de filosofía,
el AMOR, si lo es, existe de verdad
y es cultura de la filantropía.

Dos almas que eyaculan compañía
son el orgasmo de pura libertad
que alojan a nuestro amor cada día.
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Sueños (mini poema)

Mientras el viento roza mi cara,
la tarde a la noche encontrará
sueños de amor ella traerá
antes que nazca la aurora.

MMM
MaluMora
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4comentarios 107 lecturas versoclasico karma: 69

A tocar fondo

A esperar que el sol nunca saldrá.

A soñar contigo que mi realidad es fantástica
de tus manos, mis instantes se construyen y fortalecen
hemos tocado fondo, y
el abismo;
hemos vuelto sin habernos ido.

Te escribo con el corazón en medio del lápiz.

Las letras reflejan las arterias y
el color rojo es la sangre en mí;
te sigo escuchando en el viento.

Mis manos siguen enteras por dentro.

“El daño y el remedio
Somos tu y yo”
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Hendidura de Luz

El hocico de la noche abre,
devora el cariz de niña
al unisono de una carcajada infantil.

péndola de reloj, carcome años
detrás de la imagen se hilan secretos,

Levitan sobre las escaleras
y un abuelo fantasma
cada noche,
juega con su niña...



Por: Ninfa Loza
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El final (Soneto)

Pupilas vacías en su mirada
Reflejaban el final conocido
Distancia del silencio permitido
Sentimiento que yace en su morada.

En pena con el alma desolada
Agradeció su tiempo concedido
Doliente olvido del amor nacido
Hiriente daga en el pecho incrustada.

Egoísta abrazo me das en migas
Fría despedida como la nieve
Lúgubre un último beso mendigas

Incómodo momento, llanto leve
Afloran los recuerdos del ayer
Largos caminos, que tu amor se lleve.

HB 28-08-17
@Simplemente Yo En Letras
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Te encontré

Te encontré
en la cáscara, fanal de una poeta,
en su nombre y su mirada
te hallé viva.
Era tarde de otoño, verso turbado,
timidez en el rostro, apatía.
Miles de flores naciendo
en sus manos
y tanto verano llenando sus ojos
como el horizonte sin nubes
pudiera abarcar.

Quemaba el frío de sus letras,
recuerdo,
soneto en ruinas, poema enfermo
y, al fondo, un candil.
No sin turbarme, seguí leyendo,
campo de intriga, misterio, enigma
revuelto por resolver.

Cuánta tristeza en la tristeza...
Quisiera servirle de foco, de pozo,
de fondo, de torno, de globo, de trono,
de bolso, de lomo, de sorbo,
alivio a su falta de inspiración.
¿Cuánto
vale un par de alas?
¿Cuánto
unos brazos capaces
de abarcar el mar?
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Primaverar

Quisiera deshojarme contigo,
otoñar juntos,
agarrándonos desde la raíz de nuestro propio jengibre,
alimentándonos por los ojos,
hablándonos por las manos,
girando en torno al baricentro de masa común que nos une fatales,
rayando las órbitas; descociendo el tejido,
hasta por fin desintegrarnos un día,
bajo el peso de los eones,
deshaciéndonos,
al caer hacía el centro de una espiral de polvo líquido,
esa síntesis que lo concilia todo,
por la anulación de los contrarios.

Para volver a reencontrarnos otra vez intactos a los ojos,
en el cariz de otra circunstancia;
pero sabiéndonos mutuos y de antiguos,
esta vez para "primaverar",
uno al lado del otro,
como dos vástagos de olivo rojo.

¡Anda!, ¿te atreves?


@ChaneGarcia
...
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6comentarios 88 lecturas prosapoetica karma: 77

El espejo

Busco en el espejo las palabras,
algo no dicho entre nosotros,
algún idioma nuevo escondido
en la plata
que sirva para encender
las habitaciones
y volver a construir la ciudad
que sueña bajo los despojos.

Quisiera verme a través de tus ojos,
quisiera incendiarme en tus párpados
y hablar para arrancarte este
silencio de los labios

que es el eco de la ausencia.

Pero somos una puerta clausurada.
Somos el océano que brama
su grandeza en las alas de una mariposa.
Somos una línea que sostiene
nuestros días
con el mismo invierno
tejido en la garganta.

Somos el mismo verso
y la misma ceniza,
somos el reflejo de la misma historia.

Somos la luz, el disparo

y la fotografía...
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8comentarios 81 lecturas versolibre karma: 82

En la casa de al lado están follando

Hay café, recién hecho,
en la casa de la luna con cristales de la noche.
Están follando en el piso de al lado, te comento,
sentado al borde la cama,
dando vueltas a tu taza mientras te ordenas el cabello,
bostezas,
sonreímos porque no se escucha ningún ruido,
miramos el reloj, como pendientes de un viaje.
Pasados unos minutos,
en la casa de al lado,
alguien comentará que estaremos follando,
porque no escucharán ningún gemido,
ni la cama muriendo feliz.
Hay café recién hecho
de esos que luego se quedan invierno.
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3comentarios 80 lecturas versolibre karma: 74

monDo

Existió una época de mi vida en la que llegó alguien
y me cambió de especie,
no era acuático,
no volaba
y gratamente
no era un felino
de
bolso
amarillo.

Tampoco era uno solo,
aunque separados eran mejor
siempre terminaban unidos en una boca
que los volvía locos y morados.

Porque aunque separados cada cual pintaba
de brillante futuro,
de obscuro presente
y pálido pasado
todo,
era esa saliva la que los intensificaba
y les daba nombre a estos seres
que eran ciegos
que vivían de palabras
que terminarían
intoxicándolos
infectándolos
destruyéndolos
volviéndolos grises
pero,
finalmente,
liberándolos.

De a poco se fueron haciendo superfluos por las mañanas
-donde ya nadie estaba-
opacos por las tardes,
intensos por las noches.

Hasta
que
perdieron
el
color -rojo- vital

Y ni la saliva intensificadora
ni los recuerdos sirvieron para pintar
a toda esa especie de nuevo.

Fue una mañana -o noche, ya no lo sé-
en la que esa época fue obligada a quedar atrás
y a ser
mono-eternamente-cromática
- por compasión-
pero ya no servía
-la especie se había extinguido-
y no importaba
ya que aún así
estaba siendo feliz a distintas tonalidades.

Era tan irrelevante que los recuerdos vinieran acompañados de manzanas verdes
y cartas con intensa tinta purpura
porque el final
siempre
por siempre
e infinitamente siempre
terminaba
siendo
asulado.

Y no,
no hay error
–ortográfico-
en eso



Creo.
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3comentarios 79 lecturas prosapoetica karma: 74

Desde que no te conozco

Desde que no te conozco
he escuchado tantas veces
hablar a la luna de ti
cuando la noche
se extiende hasta mis párpados,
que no paro de imaginar
mil maneras posibles
para poder tocarte, sin estar.

Estiro delicadamente los dedos;
alambres torcidos, cansados,
hambrientos de letras,
sedientos de otros dedos
para entrelazar. A veces,
consigo rozar la distancia,
otras, sólo siento levedad.

Llega el alivio, la calma, la lluvia,
el verde del valle, el olivo
y el aroma de azahar
sacudiéndome el pecho...
¿acabas de darme un abrazo?
No te veo, pero siento
que ha sido así.

A lo lejos se escucha
en el cielo de mis ojos,
un canto de gaviotas
como risas cantarinas
que saben versar.
No sé si es travesura,
ternura, osadía o locura...
Pero, qué más da.

Voy caminado hacia la playa
perfilando tu cabello,
tu mirada de horizonte,
tu semblante de duna y de jazmín,
resaltando tus manos
-guardianas de estrellas-
con un lápiz color poesía
para hacerte realidad.

Miro de nuevo a la luna, al faro,
las olas rompiéndose, muriendo...
Y yo aquí, de nuevo viviendo,
volando, escribiendo...
¡Cuánto has tardado en llegar!
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7comentarios 78 lecturas versolibre karma: 86

Viento de mi bosque

A veces quieres que te toque
Esa gracia divina y delicada
De separar palabras de mis versos
Y leerte entre mis líneas enamoradas.
A veces quieres, lo sé
ser viento de mi bosque
Ondear entre mis labios
con tu brisa de poeta
besarme con ternura
Como sol de primavera.
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La carta que te enviaría si no estuviera muerta (para ti)

No es la primera vez que estoy sentada frente a la pantalla con los dedos sobre el teclado haciendo amago de escribir. Tampoco sería la primera vez que me levantaría de la silla sin haber escrito nada, o habiendo escrito y borrado poco después. Dirigirse a ti no es tarea sencilla.

¿Por dónde empiezo? ¿Te saludo y te pregunto cómo estás? ¿Es un comienzo demasiado frío? Qué más da, si estoy hablándole a la persona que me mató para el resto de su vida...

Tal vez, sería más fácil si nos encontráramos, de pronto, en cualquier lugar. Aunque no lo creo. Al menos aquí, ahora, sé que puedo tardar un segundo o un siglo en reaccionar, no importa cuánto dilate estas palabras. Si girara en una esquina y tropezara contigo, me vería obligada a improvisar bajo el asombro y es más que probable que me quedara muda.

Para ti debe ser distinto. Tú solo tienes que descorchar una botella de reproches y servir dos copas: una, para que me la beba; la otra, para lanzármela a la cara. Te basta con retorcer los labios en una mueca ofensiva. Arañarme con las pestañas. Recordarme en un silencio turbio lo mala que fui, que soy, que seré, porque las personas no cambian, ¿verdad? Por eso, por eso mismo, sé cómo reaccionarías tú.

¿Te acuerdas de cuando no estuvimos en París? Al menos, fue divertido imaginar todos los viajes que nunca haríamos, el nombre de los hijos que no tendríamos, los títulos de los libros que jamás compondrían nuestra biblioteca, la colección de poemas que albergaría la no antología de nuestra vida en común, el repertorio de canciones tan nuestras como de otros... y así con todo. No está mal, ¿no? Una relación es eso: besarse hoy y soñar para mañana. Quizá parezca tiempo perdido, en vano, inútil... pero no lo es. Eso que llevamos ganado para la siguiente relación. A lo mejor de esa forma, besamos más y soñamos menos.

Contigo me planteé cuestiones que, en ningún modo, habían estado presentes antes de ti, y eso es maravilloso. La parte negativa de la inquietud, del aprendizaje, era que todo lo que fui aprendiendo estaba tan unido a tu persona que olvidé algo esencial: cómo era eso de vivir sin ti. Todos los caminos los recorría a tu lado o siguiéndote. Estabas en cualquier cosa que tocaba, que pensaba, que decía. Estabas en las canciones, en los versos, en las películas, en los bares, en los libros, en la ropa, en la comida, bajo las sábanas, sobre ellas... Estabas en los sueños y en las pesadillas, en las madrugadas y en los comienzos del día. Todo. Todo impregnado con tu perfume de distancia y de un no puede ser constante. Entonces, me vi obligada a desaprender y, por tanto a desaprenderte, que no es lo mismo que olvidar, porque yo tampoco sé dónde habita el olvido y mira que lo he buscado como si ese fuera el objetivo y no una mala tirita que se cae siempre que la humedeces un poco, por ejemplo, con lágrimas.

Podríamos decir que ya no te conozco, que sería tanto como decir que alguna vez, en algún momento, llegué a conocerte. ¿Demasiado pretencioso? ¡Bah! Qué importa ahora si estoy muerta (para ti). Debo ser demasiado optimista. Sí, eso es lo que soy, aparte de idiota. Tu planeta está muy lejos del mío y no tengo la certeza de que esta carta llegue a tus ojos. No obstante, aquí me ves, lanzando letras a las estrellas, queriendo creer que me verás en alguna de ellas y te acordarás de mí.
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Todos duermen

Todos duermen, algunos lo hacen en el sueño
de los justos que es la muerte,
otros sueñan con el vacío que está lleno de promesas
de esos cuerpos cansados que buscan en la noche
un poco de regocijo que les dé certeza.

Todos queremos volver a ver la luz
sin tener que despedirnos de la vida
esa paranoia que va avanzado inútilmente
hasta cautivar con la prudencia
que alimenta el ego a los cansados.

Siempre amé al riesgo
no recuerdo cuándo fue que me rebelé
a ese traje que como molde nunca me ha quedado,
quizá tal vez fue por ejercitar de más a un corazón
que le fascino sentirse maltratado.

A decir verdad ya no puedo despertar
en la noche para saber si aún respiras,
los años han sido muy generosos conmigo
pero la juventud no es una cosa
que simplemente nos llegue por contagio.

Todos duermen
me quedo con las palabras atoradas en el tiempo,
para atinar a escribir lo que siento
aunque muchas veces solo sean pedazos de historias
que se apelmazan con el tiempo.

Algún día ya no podré llegar a la otra orilla
y tendré que conformarme a olvidarme de la vida
esa que siempre se presume por vivir con sabiduría,
solo me resta enseñarle a mi corazón
a caminar de nuevo este día.

Mi mejor costumbre siempre fue querer volver a ver la luz
esa que se construye como un derrotero seguro
porque siempre le quise ganar la partida
al sueño de los justos,
no quiero que la muerte me alcance todavía.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
19/10/2017.
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El invierno del amor

Te frotabas las manos,
la vida jugaba como mueren los niños en los juegos;
aprendiendo a sostener la sonrisa
en la primera lluvia,
en la primera mancha de barro,
en la primera herida.
Un día caminando te das cuenta
del viento en la piel,
del contar hasta cien sin que se esconda nadie;
ni el miedo,
ni el mañana,
y te encuentras cruzando una calle,
como los que mueren de frío,
con la sonrisa en la boca
en el invierno del amor.
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Un Amigo

UN AMIGO

Es ese que siempre esta contigo
en las buenas y en las malas
en la salud y en la enfermedad
son pocos los verdaderos amigos
es difícil encontrar la amistad verdadera
por eso para ese amigo sincero
ese que siempre esta contigo
en las buenas y en las malas
como un hermano o hermana
gracias por siempre estar aquí
por siempre estar allí cuando te necesito
un abrazo fraternal
y para ti estos versos
que brotan del alma mía
escritos de lo más hondo
de mi corazón.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
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Oración del Poeta

¡Oh musas
venid ahora!

¡Cread el climax!
que la hora
de la cosecha
se avecina.
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Sacrificio

Mediodía. Las doce campanadas resonaron desde la torre del templo cercano. Bajo la alocada huida de los pájaros, por primera vez en siglos, los Puros descubrieron el pecho palpitante de un Maldito.

Rápidamente, la carne fue desgarrada con saña por decenas de dientes afilados. Tibios hilos de sangre oscura se escurrieron con lentitud hacia la tierra.

Concluído el sacrificio, los Puros se dedicaron a ocultar los restos bajo el pedregullo y tras los arbustos.

Trabajaron en silencio. Algunos tenían dudas sobre lo sucedido, pero no se atrevieron a hablar sobre ellas ni a hacer preguntas. Ninguno quería transformarse en Maldito.

Siempre habían existido discusiones sobre si los Malditos, estando vivos, resistían la luz del sol, pues la Primera Carta no hablaba sobre ello. Lo que sí afirmaba el antiguo texto es que, luego del sacrificio, los restos de la víctima se esfumarían al contacto con los rayos solares.

Mas lo cierto era que eso no había sucedido.

Mientras emprendían el retorno, un extraño vértigo los envolvió, pues la inocultable realidad era contraria a lo que siempre habían creído. Evidentemente, vivos o muertos, los Malditos eran inmunes a la luz del sol. Pero no a las dentelladas de los Puros.
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Ser Becario

Estoy en una prisión, con ventanas,
Mi mente ufana atada,
A una silla sin respaldo,
Por un sueldo de saldo,
Lastro en balde mi espalda,
Aquí nadie me habla,
Y me pagan con retraso,
Debería no hacer nada,
Pero trabajo a destajo,
Mi jefa está obsesionada,
Con su base de datos,
Y yo aquí pasando el rato,
Con los dedos entumecidos,
¡Tranquilo! , la montaña ha reducido,
Me dice la compañera,
Mientras ella atiende llamadas,
De clientes que nunca llegan,
Suena el timbre,
¿Cliente? Imposible,
El sonido me miente,
Es el otro compañero,
Llega tarde como siempre,
Me pregunta ¿cómo vas?,
¿Ya has llegado a la dos mil?,
Esboza una sonrisa pueril,
La pasé hace semanas tranquilo,
Hace tiempo que cumplí mi objetivo,
Él se levanta de su sitio,
Va a por otro bocadillo,
Mientras yo… yo sigo con lo mío,
Otro día de horror,
Otro día redentor,
Otro día en mi infierno,
Hasta finales de invierno,
Contaré los días que restan,
Maldigo al calendario,
A ser Becario,
Maldita desdicha,

Bueno dejo de escribir… que me vuelven a meter prisa.
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