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Letras de libertad

Quiero ser libre
de la esclavitud de mis ideas
Que mis letras
se atrevan a girar a la vida.

Quiero que fluyan
mis versos ágiles
más que los intentos de tocar
con mis sueños a la luna misma.

Quiero escribir
sin tener que buscar cada palabra
y pensar en cada estrofa
que imagina tenerte.

Quiero fluir a caudales
cada vez que tus ojos
se deleiten con las letras que viven
en mis más sentidos manuscritos.

Quiero dejar de cuidarme
de las mentiras escritas
de esas señales del odio
que solo intrigan.

Quiero ser un oasis que evoque
el trémulo sentir de tus sentimientos
Y volver a ser una lágrima
o sonrisa en tu corazón.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
21/06/2017.
13
8comentarios 411 lecturas versolibre karma: 80

La vida se fue

La vida se fue.
Y sin decirme totalmente adiós
consumió aquellos instantes que difícilmente podré alguna vez recordar de nuevo.

La vida se fue.
Se llevó parte de un futuro que es incierto.
Ese momento que yo quería construir sin el presente que tanto a veces me agobia.

La vida se fue.
Solo quedan los vestigios de un aroma viejo como las señales de ese ayer robado.
De ese pasado distante que nunca se olvida porque se atesora su legado.

La vida se fue.
Ni remotamente lo que vivimos hoy se asemeja a lo que cantaron los abuelos en su propio pasado.

La vida se fue.
Es muy cierto que son otros tiempos.
Días caóticos.
Días cortos que disimulan la catástrofe que habita a nuestros días por no poder ser.


La vida se fue.
Ahora soy solo algunos recuerdos.
Algunas cicatrices que no saben qué hacer con los días que solo me quedan.
Que no saben disimular que el reloj del tiempo se acaba.

La vida se fue.
Ya no encuentro tu gran amor cerca de mi cuerpo.
Te fuiste levantando amarras
Segura de navegar a un nuevo puerto en donde solo te puedo soñar.

La vida se fue.
Y simplemente me quede inerte.
Como esas tantas veces que no sabía qué hacer con tu rostro regresando en mis memorias.

La vida se fue.
Nunca más podré volver a latir con el calor de tu amor que contagiaba con cariño a mis versos.

La vida se fue.
Me quedé solo de nuevo.


Poesía
Miguel Adame Vázquez.
20/06/2017
10
8comentarios 354 lecturas versolibre karma: 94

Existió el amor en un pasado que poco recuerdo

Existió el amor
en un pasado que poco recuerdo.
Era un amor joven,
Inexperto.
Testarudo en su esencia magra.

Era un beso apasionado,
sin límites.
Un abrazo cálido y apretado.
Un placer que no se medía
con la fuerza del escándalo.

No existía el peligro,
todo era andarse temerario.
Sin miedo a la esterilidad de los sentimientos.
Esos que poco a poco
te van amargando.

Existió el amor
en un pasado que poco recuerdo.
Era una mirada tierna.
Quizá la inexperiencia
me hacía pensar que solo amaba.

La duda nunca invadió a mi vergüenza,
mi osadía se comportaba descarada.
Siempre queriendo enseñar
que había aprendido bien las artes del amor.

Pero solo era un inexperto
con corazón envalentonado.
Un valiente de ojos chicos y mirada fija
que soñaba siempre con volar.

Olvidando que el mundo es un poco cruel.
Que siempre ha tenido la horma perfecta
para mí sufrimiento.

Existió el amor
en un pasado que poco recuerdo.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
22/06/2017.
14
7comentarios 264 lecturas versolibre karma: 98

No quiero...

No quiero pasear solo por los fríos pasillos del d'Orsay
mientras en La Cama de Lautrec se mira una pareja.
Me niego.
No quiero beber esa pócima pestilente que promete el espanto de la inmortalidad.
He conocido a Oscar Wilde y antes a Gustave Flaubert,
a tantos otros que no puedo acordarme sin hacerme daño.
He conocido otros otoños primaverales en los que un tren se presentaba
en su estación cubierto en vapor y los hombres besaban a sus mujeres empañados en lágrimas.
Entiéndelo, amor: no quiero caminar solo por el mundo mientras vagas por calles desconocidas.
Eso acabaría conmigo, aunque no moriría del todo.

¿Puedes imaginarlo?
Por eso quiero anunciar que desde hoy
no quiero pasear solo por el venenoso mundo sin ti.
Jamás.

Canet
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9comentarios 130 lecturas versolibre karma: 96

Y Si Acaso

Y si acaso...
ya cansada de caminar ,
de respirar me olvido,
recuérdame con tu abrazo
recuérdame con tu amor.

Y si mi cansancio
ya no me permite
dar un paso más,
porque estoy triste
porque estoy quebrada
porque estoy herida
recuéstame un rato
dame tu cobijo
entre tu regazo
dame unos minutos
déjame descansar
y por favor
no sueltes mi mano.

Dime a mi oído las palabras
que necesito para levantarme
recuérdame que traigo plegadas
mis alas de fe, de bravura.

No dejes que me hunda
entre la tristeza
el dolor o la amargura
has que despliegue mis alas
aunque la noche este oscura.

¡Y no sueltes mi mano
por favor no la sueltes!
Sólo despiértame
con tu tierna voz
sólo despiértame
con todo tu amor
si por el cansancio
si por tristeza o dolor
me he quedado dormida
dime muy suave a mi oído.

¡Tu puedes Amor!
Ponte de pie
que nada te venza ,
que yo estoy contigo
extiende tu alas.
¡Tu puedes continuar tu camino!

MMM
Malu Mora
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10comentarios 100 lecturas versolibre karma: 86

Y mi corazón aprendió a recorrer distancias

Nunca tus manos me sujetaron
como para que me quedara.
Supe que ya no te pertenecía, cuando mi corazón roto escuchó tus silencios
y tus labios nunca me pidieron que regresara.
Y me cosí los miedos,
remendé mis heridas y escape
de ti y de mí.
Y fue entonces cuando tu voz
y tus manos me quisieron
retener pero tu nombre ya me quemaba en la garganta.
Y fue entonces que tus ojos
me pidieron que me quedara
pero ya mi corazón había aprendido a recorrer distancias.
Y fue entonces volví sin ti
pero conmigo.
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9comentarios 84 lecturas versolibre karma: 92

Ya no escribo de ti

Ya no escribo de ti,
ni de mi,
ni de nada.

Es que así debe ser
cuando a uno
se le vacía el alma,
y se mueren las ganas,
y se marchita la fuente
de agua bendita
que tus rezos y conjuros
hacían fluir
en nuestras noches sin luna.

Fuimos dos fotones
cuanticamente entrelazados,
─aparte de enamorados─
sí, entrelazados.
De esos que se entienden
a distancias luz,
de esos que sienten
lo que el otro siente,
sufren
lo que el otro sufre,
en el mismo instante poético.

Fuiste siempre
mi rima asonante,
sin importar mis tildes,
ni mis agudezas.

Fuiste siempre
la rígida métrica
de metáforas alucinantes
que mantenía
mis aguas en cause;
evitando siempre
que mis universos
se desbordaran
por mis tristes,
melancólicos
y profundos
agujeros negros.

Fuiste
todas las dimensiones
que me hacían falta,
más allá del fugaz
y efímero
espacio tiempo
de esta ridícula
existencia temporal
a la que fui confinado
por los dioses
de todos los universos.

Fuiste
big bang de colores
por un tiempo,
el origen de una vida
que no conocía,
─o que no me atrevía a conocer─.
Pero también fuiste
la extinción de dinasourios
y del oso hormiguero;
y también...
el apocalipsis apoteósico
de todas mis realidades.

Y por eso es que
ya no escribo de ti,
ni de mí,
ni de nada.


@SolitarioAmnte / vi-2017
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14comentarios 82 lecturas versolibre karma: 85

El bien triunfará sobre el mal

El miedo vence con el odio
es rabioso su dolor
degusta asesinando como una fiera

Siendo dueño del día sobre la noche
aplasta con su dura sombra de soledad

El mal tiene un olor a muerto
Se revela contra lo que desconoce
sin dejar duda de su verdad

Estoy seguro que alguna vez
el bien se impondrá sobre el mal
es absurda su lucha
porque perderá

Nunca serán breves sus pinceladas
para poder tenerme
eso lo tengo muy seguro ya

pero no podrá derrotarme
porque el bien acaricia a la misma dicha
y es una bendición poderlo lograr

El bien satisface mi vida plenamente
nunca a mí nada me quita
el bien triunfará sobre el mal.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
23/06/2017
9
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Nunca dejes de intentarlo de nuevo

Se vale abandonar las naves
en un solo olvido
Se puede enloquecer,
pero no quebrarse

Se vale ser feliz con el dolor,
pero nunca abandonar la belleza
que nace con la vida

Se vale vivir en una soledad perfecta,
en un mal recuerdo de domingo

Pero nunca se vale
dejar de intentarlo de nuevo.

Siempre valdrá la pena
persistir nuevamente
en ese bendito anhelo.


Poesía
Miguel Adame Vázquez.
22/06/2017
.
poesiasmigueladame.blogspot.com/2017/06/nunca-dejar-de-intentarlo-de-n
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8comentarios 73 lecturas versolibre karma: 82

La tía Dominique (chef-d'œuvre)

Cada sábado la tía Dominique me recogía de la estación de atocha para invitarme a pasar el día con ella.
La tía Dominique escribía poesía y hablaba español perfectamente. Había vivido mucho tiempo en San Sebastián y también en Menorca; sus modales, su modo de vestir, sus relaciones, todo lo que la envolvía era auténtico, terrenal. Su padre fue un juez muy apreciado en París; su madre, la tía Helene, amante de la literatura, elegante y extremadamente delicada, era hermana de mi abuelo.
La tía Dominique estuvo casada con un alemán a quien nadie llegó a conocer y vivió junto a él en Hamburgo durante el tiempo en el que duro el matrimonio.

La tía Dominique solía novelar sus recuerdos, era una cuentista nata. Hablaba de Berlín, del París bohemio, de pintores y de libros. Yo esperaba con nerviosismo aquellos sábados porque la tía Dominique tenía un gran vínculo con el mundo del arte en general: conocía a Cela personalmente y llegó a conocer a Duras y a Céline y sus poemas y cuentos llegaban a publicarse en revistas culturales.

La tía Dominique no tuvo hijos y no entendía nada de formación infantil, así que encontraba el tono adecuado para los niños de forma automática, hablaba conmigo de arte y de la vida como con cualquier adulto. Aquellas citas de los sábados me abrieron las puertas a un mundo desconocido. Tal vez nuestras citas aburrieran a la tía Dominique, que llevaba una vida llena de atractivos, que conocía en persona a pintores y poetas famosos y que tenía siempre preparado en su mente algún poema o nuevo relato que tan solo había que poner en papel, que pertenecía a un universo distinto, al universo de los afortunados de espíritu.
Iba siempre a la última, se ponía unos sombreros maravillosos y unos vestidos que le quedaban como un guante, iba como si fuese a asistir a una ópera del XIX o a un gran baile: de ese modo íbamos al centro de Madrid, en taxi siempre hasta su apartamento en la calle Fuencarral, que estaba repleto de viejos recuerdos.
Guardaba viejas pinturas, millones de libros perfectamente encuadernados, fotografías, cajas con montones de cartas, objetos antiguos...

A mí me trataba como si fuese un señor instruido. La tía Dominique era la cuidadora de los muchos misterios y secretos familiares, la protagonista de todos sus cuentos, era un miembro más de la familia, pero al mismo tiempo era una extraña…
Vivía en un casa minúscula de dos cuartos, en el cuarto piso de un edificio viejo, en condiciones más bien modestas; y, sin embargo, todo parecía señorial y elegante porque todo lo que allí había era muy personal, sus pinturas, sus estanterías, sus vestidos, sus muebles, y su extravagancia para mezclar, con fines pedagógicos, frases en español con palabras alemanas y francesas en sus charlas…
Siempre estaba de viaje, siempre planeando propósitos para el futuro, escribiendo mil versos y cuentos, participando en reuniones literarias, viajando a Berlín, Londres, Roma. Para mí era un prodigio de lo más brillante. Poseía algo indestructible, algo fundamental y resplandeciente, algo que ni siquiera el paso de los años, las carencias, los desengaños o la soledad lograrían alterar. La tía Dominique era una mujer autentica, una verdadera obra maestra.

Jamás encontré entre mis contemporáneas una representante de aquel tipo de mujeres. Cuando me pongo a pensar en la tía Dominique, tengo que admitir que aquellas mujeres de finales del XX eran distintas y que yo tan solo he conocido algunas señoritas, niñas atractivas, con ingenio o necias, superficiales o penetrantes, malas o buenas. Ya fuesen estudiantes de filosofía, niñas trabajadoras, madres ocupadas en el orden del hogar o señoras que flirteaban o que amaban con vehemencia, tal vez vivían una vida más cabal que las mujeres de mediados de siglo, pero en su esencia no eran más que señoritas, carecían de los enigmáticos atributos de las mujeres auténticas, como la tía Dominique, que yo solía definir como chef-d'œuvre al no encontrar un mejor termino. Como poeta era maravillosa y muy honrada, escribía en el lenguaje antiguo, sus versos estaban repletos de exclamaciones, palabras refinadas y abundantes descripciones, narraban sucesos sencillos robados a la vida.

Ella me enseñó a amar a los escritores decimonónicos, sobre todos a los franceses y a los rusos y empecé a advertir que existía una cultura más dialéctica, más elemental y más objetiva que la española, entre cuyas complejas redes yo me forjaba.
La tía Dominique traducía todo tipo de trabajos con los que ganaba algo de dinero. Con el tiempo, su nombre fue desapareciendo de aquellos círculos literarios paulatinamente.- Me hago vieja-, decía resignándose. Pero nunca dejó de escribir sus maravillosos relatos y sus elegantes poemas.
Hacia verdaderos milagros con el poco dinero que poseía: el destino no la trato del todo bien, pasó varios años como viuda sin quejarse jamás; era risueña y muy generosa, nunca llegaba de visita con las manos vacías: siempre traía pequeños tesoros que tenía en casa (un viejo marco, un libro de poemas, un jarrón de porcelana o un sombrero de lana tejido por ella), siempre regalaba algo a todos, lo sacaba de la misma nada, de las reservas ocultas de su dorado corazón.

Cumplió los setenta y cinco y continuaba sin tener canas, llegaba a las reuniones familiares con su andar seguro y la espalda recta, alegre y entusiasmada, siempre a la última moda, leía los últimos libros publicados y siempre hacia planes para un libro de poemas.
A la edad de setenta y nueve años se enfadó conmigo porque tuve la osadía de preguntarle quién era más mayor, si el tío de Burdeos, el escultor, o ella. -¡los más mayores siempre son los hombres!- , me respondió; de sus ojos verdes emergieron rayos y se enfadó enormemente conmigo. A esa edad mantenía el mismo ritmo social que cincuenta años atrás, se peleaba con el frutero, discutía con las niñas sobre asuntos estéticos y no le importaba tomar un autobús y hacer un trayecto de una hora para conseguir un nuevo libro…

Así era la tía Dominique. A los ochenta años tuvo la idea de volver a París, pero después se asustó: le aterro pensar en un París moderno y desconocido y de perder sus viejos recuerdos, así que finalmente se quedó en su humilde apartamento de Madrid.- De todos modos, casi todos mis amigos de París están enterrados…- dijo.
Y luego añadió-: Creo que me he hecho mayor-


Canet
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Yo no invento finales

Si dejas de quererme lo sabrá este poema
y todo lo que cuenta se va a volver mentira.

Benjamín Prado - San Salvador


Yo no invento finales,
solo itinerarios que buscan
la manera de encontrarte
todo el tiempo.
¿Te das cuenta?

Quiero hallarte en tus cenizas.
Saber que ya no eres
lo que dice tu recuerdo.
Desconocerte.
Leer a Cernuda una tarde
sin derramar una lágrima.
Pasear por la ciudad,
no evitando tu calle.
Vivir en primavera
todo el año.

Ya sé,
cuesta entenderlo.

Yo veía en mis macetas
el verdor húmedo usado
para pintar las montañas
del norte,
y confié que serviría
de aspersor para mi vientre,
acallándome las tripas,
aunque, claro...
¿Desde cuándo
el agua alivia el hambre?

Diez dragones me mordieron,
destrozándome las ganas,
arrancándome las alas
que llevaba en la garganta,
incendiándome las huellas
de las yemas de los dedos,
despegándome las letras
que usaría para mis versos
de poeta poco cuerda
y...
sigo escribiendo
con las fuerzas que me quedan
eligiendo nuevos verbos.

Yo no invento finales, no.
Solo son principios
en los que tú ya no estás.
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¿Loca, yo?

Junto gotas de rocío al alba
como perlas de vida brillantes,
para hacer un perfume
que huela a viento
y me lleve en volandas
hasta posarme en tu ropa.

¿Cómo dices?
No te entiendo...
¿Loca, yo?

Ya está aquí el amanecer.
Su boca dorada comienza a cantar
rompiendo el silencio del cielo,
y el aliento de mi brisa
impregnado en tu camisa
te inundará de suspiros el pecho.

¿Cómo dices?
No te entiendo...
¿Loca, yo?

¿Y qué me cuentas de ese aroma,
de la cálida caricia
que te sacude con ternura el torso,
esa quimera que envuelve
entre algodones tus sueños
cuando te despiertas solo?

(Tic-tac,
tic-tac,
tic-tac...)

[¡Se acabó el tiempo!]

Ahora, dime...
¿Sigues pensando,
que la loca soy yo?
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16comentarios 51 lecturas versolibre karma: 76

A Veces Quiero ser Verso

A veces quiero ser ese verso
que habita tu corazón.
Otras, simplemente brisa
que roce tu alma.


MMM
Malu Mora
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5comentarios 45 lecturas versolibre karma: 75

Locura nipona... a ratos

Tres versos tienen la culpa,
no salen y no hay disculpa.

Poesía japonesa...
Una ensalada en la mesa.

Que si el kigo no es directo
y el Kireji no es correcto.

Que ahora rima y no toca.
Ya me estoy volviendo loca

No hay metáforas que valgan
que en el Haiku sobresalgan

En el Hokku si que puedes;
me subo por las paredes.

Contando olvido la rima
y de nuevo hago la prima.

¡Esdrújulas tienen trampa!
Amante...¡Cagüen mi estampa!

¿Y si vamos a Japón
a mejorar lo nipón?

Vale, se me ha ido la pinza.
Ya sólo rimo con... binza.
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12comentarios 45 lecturas versoclasico karma: 80

Virtualidad

Amanece un nuevo día, y como cosa extraña, no siento dolor en ningún hueso, a mi edad, es raro. Ni siquiera me duele la espalda. La mañana es tan perfecta como puede ser una de otoño. Mientras viajo en el tren al trabajo tengo que escribir un tuit sobre eso. A ver: "Ya no me siento tan solo, me abriga la compañía de la ocre soledad de estos árboles que me quieren abrazar con sus ramas y acariciar con sus hojas que están más muertas que mi alma". ¡Caray! Tengo cuarenta caracteres de más. ¿Qué le quito? Ya deberían extender esto. Ciento cuarenta caracteres no alcanzan para contar la vida. A ver, borro aquí, cambio allá: "No me siento solo, me abriga la compañía de la ocre soledad de estos árboles que me acarician con sus hojas, más muertas que mi alma". ¡Bien! Ocho caracteres me sobraron. ¡Publicado! Tiene el justo dramatismo que el melancólico otoño merece. Seguro me dan varios "likes" y #RT. Ahora a ver las noticias en línea, como siempre, algunos muertos por aquí, manifestaciones en algún país asiático que está harto de ser comunista. Otras en un país sudamericano que está harto del irrespeto a sus derechos constitucionales. Otra gran potencia se va a la banca rota. Otra que sigue ganando fuerza. Las colonias en Marte siguen su expansión, ¡doce mil habitantes ya! La tasa de natalidad de los terra-marcianos es controlada y sostenida. ¡Lo mismo de siempre!

No sé a que hora he llegado a la oficina. No lo he notado. Será mejor que me ponga a trabajar. Definitivo, esto de trabajar a través de internet me sienta de maravilla. A ver, que quejas de clientes hay. ¡Caray! Otra vez tienen problemas en sus entregas en Chicago. Un par de audio llamadas de Skype y lo soluciono. Se han ido tres horas ya, ni tiempo de desayunar. Es raro no sentir hambre; pero, todas las quejas han sido atendidas. Tomaré un receso de quince minutos. A leer unos cuantos poemas en Poémame.com, dejar comentarios a los que me gustan. Estos chicos y chicas cada día escriben mejor. !Qué poesía espléndida! Volteo a ver el monitor de mi ordenador y sorpresa, se ha llenado la bandeja de quejas nuevamente. !Uf! Tengo trabajo para otras dos o tres horas. Manos a la obra. La mañana se fue en un abrir y cerrar de ojos. No tengo apetito y ya es tarde. Usaré mi hora de almuerzo para ir el parque que está a unas cuadras del edificio. En esta época es relajante caminar entre los árboles de colores azafranados. Ese crujir de hojas que piso, no sé, me relaja. El viento que no es frío ni cálido. Unos pájaros trinan, no parecen alegres, noto nostalgia, seguro extrañan la primavera; pero trinan, eso es bueno. Es maravillosa la naturaleza, y sin embargo, no puedo evitar usar mi móvil para escribir un tuit inspirador sobre mi caminata. Aprovecho para enviar un par de WhatsApp a esos dos grupos de amigos, principalmente al grupo de lectura. Tengo que decirles como me va leyendo "La lentitud" de Kundera. Doy un vistazo al instagram de unas amigas, de vacaciones en Europa. !Qué envidia! Se acabó la hora de almuerzo en un parpadeo.

La tarde perfila no muy diferente de la mañana. Más quejas, llamadas a proveedores, persecución a compañías de entrega. Un respiro de cuando en cuando, breves minutos cada hora y media. Un vistazo a Poémame. Una ojeada a mi e-book de Kundera, comerme a grandes bocados unas pocas páginas de lectura. Música de fondo todo el día, en mis audífonos. Principalmente mis listas maravillosas de Spotify, y algunos videos en Youtube. Antes de fijarme, estoy en el tren de vuelta a mi apartamento. Por un instante pienso en la cena, la fuerza de la costumbre, pero no sé, no hay apetito. Me voy a la cama, voy a leer un par de capítulos de mi e-book y a dormir. ¿Dormir? Parece que ni sueño tengo, pero hay algo por dentro, que me dice, que debo dormir. Es lo normal, lo usual. A ver, unos diez minutos para publicar un poema corto en Poémame no serán problema. Ese poemita que me ha rondado la cabeza todo el día. Ya está. !Quedó bonito! Con suerte tendré unos likes y comentarios para mañana. Me duermo.

La mañana arranca otra vez, y no sé por qué, pero me siento como programa de ordenador en un bucle diario. Todo parece lo mismo otra vez. El tuit de buenos días. El tren hacia el trabajo. Noticias mundiales y marcianas. Quejas de los clientes. Sigo sin dolores de cuerpo. Es lo que más me extraña. Sin apetito. También raro. Debo ir al doctor. Algo no anda bien. Me siento mejor que nunca, y sin comer. Voy a usar ese nuevo servicio de doctor en línea que nos informaron este año. Aquí está la aplicación en mi ordenador. Un click y listo. El doctor me hace un sinfín de preguntas. Usa la cámara de mi ordenador ─y su capacidad de rayos X─ para hacer un chequeo general. Pongo mi índice en el sensor de huella digital que mide mi temperatura y hasta procesa microscópicos fluidos que hay en él. El chequeo es tan completo como puede ser para un pre-diagnóstico. ─Todo está bien con usted ─me dice el doctor en línea ─que por cierto es una entidad de inteligencia artificial IA─. No veo necesidad de hacerle una cita física con un doctor humano. ─Duerma al menos siete horas diarias, haga algo de ejercicio ─continúa el doctor─ Coma algo saludable tres veces al día, aunque sea por protocolo, y le vuelvo a ver a fin de mes ─concluye.

Llega el fin de semana y me siento aventurero. Como el lunes es feriado, me compro un boleto a Roatán. Convenzo a Paul y a Lois que me acompañen. Allá vamos los tres amigos. Qué fin de semana. Atardeceres de ensueño, el sol se hunde profundamente en el lejano borde del mar. Charlas interminables sentados bajo una palmera o acostados en la blanca arena. Bailamos en la playa a ritmo de bossa nova y de soul. Lois se pone un poco atrevida y me obsequia algunos besos inesperados, la beso de vuelta, siempre me ha gustado, es tan bella, pero es más una buena amiga que otra cosa. Y para mi sorpresa, a Paul también le obsequia sendos besos. Bueno, las cosas no pasan de allí, Lois tiene buen freno de mano, ni hablar. Mejor así, sino el lunes, de vuelta a la realidad, la incomodidad será abismal.

Es martes, estoy de vuelta en la oficina. Ese viaje a Roatán ya parece más un sueño muy vívido que otra cosa. La rutina inexorable sigue su curso. Inmerso en la virtualidad de mi existencia. Twitter, WhatsApp. Aligerando mi alma en Poémame. Facebook, Instagram. El portal de quejas. Video-conferencias y Skype. Música en línea. Noches de zambullirme en el e-book de Kundera y el de "Vivir para contarla" del Gabo. La falta de apetito. La falta de cansancio. Dormir por protocolo.

Mi cita con el doctor (el de IA) es este viernes. A ver, hoy es miércoles. Me siento igual. Preocupa no sentirme tan humano. Este letargo de mi vida. Esta tarde de miércoles pasa algo inusual. Hay mucho movimiento en la inmensa sala de servidores de la nube. Donde ocurre todo el Cloud computing de mi empresa ─es de sus principales servicios─ . Entran y salen técnicos de mantenimiento. Cables por aquí, cables por allá. Paneles de redes van y vienen. Cajas de servidores se mueven de aquí para allá. Me asomo a dar un vistazo. Moriré por la curiosidad del gato. Desconectan un grueso grupo de cables de un larguísimo rack de servidores y no sé por qué, me da un mareo intenso como cuando se cae en un abismo sin previo aviso. Apagan varios interruptores en el panel de control de ese rack y siento una punzada intensa en el pecho, como cuando te clavan un puñal afiladísimo con una saña psicótica. ─Pero si el doctor me dijo que todo estaba normal ─pienso─ He hecho ejercicio, he comido suficiente, he dormido hasta ocho horas diarias─continúo cavilando. Antes de darme cuenta estoy tirando en el suelo. Tal vez me ha dado un ataque cardiaco y ni tiempo de notarlo he tenido. Los técnicos de computación pasan cerca de mí y ni siquiera voltean a verme. Siguen en su proceso de desactivar esos servidores de la nube, y coincidentemente, conforme avanzan en desconectarlo por completo, yo me siento más grave. Estoy muriendo y nadie me auxilia. Como si fuera invisible, como si no existiera.

Es lunes otra vez. Por la ventana veo una mañana primaveral. ¿Cuándo se terminó el otoño? Y ni me acuerdo que pasó en este invierno. Qué intenso dolor de cabeza. Estaba teniendo una pesadilla. A ver: ¿qué era? Me estaba muriendo. Me estaban desconectando. ¿Cómo me van a desconectar? De qué carajos estoy hablando. ¿Qué es este video que me ha llegado a mi WhatsApp?

Buenos días Fernando. Bienvenido a su vida virtual número noventa y siete. Por petición suya, le enviamos este video informativo al inicio de cada una de estas vidas. Hemos realizado con éxito el upgrade de su vida virtual. Encontrará que esta versión es más realista. Especialmente, la comida sabe mucho mejor, casi como la recuerda en su vida orgánica hace mil setecientos años. La nube a la que lo hemos instalado usa tecnología de punta, the state of the art del siglo cuarenta. El siglo virtual en el que usted ha elegido vivir esta vida es el siglo veintitres. Su edad virtual será de treinta y cinco años. Esperamos se sienta con mucho más energía que en su vida anterior,en la que había elegido tener cincuenta y tres años y vivirla a finales del siglo veintiuno. Estamos seguros que esta experiencia será totalmente placentera. Disfrútela y nos vemos de nuevo en su siguiente vida. Por cierto, este video se autoeliminará de su móvil al concluir y toda esta información será eliminada de su memoria ─no la memoría del móvil, la de su cerebro─; continuará con su vida como si esto nunca hubiera ocurrido... ¿Qué iba a ver en el móvil? Se me olvidó. Debe ser este dolor de cabeza. Aunque ya casi no me duele. De hecho no me duele para nada ya. ¡Cielos! Me siento tan lleno de energía y vitalidad. Qué mañana tan hermosa. ¡Qué alegría estar vivo en un día como hoy! ¡Ojalá esta vida fuera eterna!


@SolitarioAmnte / vi-2017
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Pizarnik: Máscara, lila, sombra

Sombra,
Lila,
Máscara.

Tres palabras reiterativas
En la poesía de Pizarnik
¿Qué pretendías?
Surgen las hipótesis:
¿Declaración arcana,
Simple casualidad,
Obsesión semántica?

Máscara,
Sombra,
Lila.

¿Qué me quieres decir, Alejandra?
Tu poesía lacónica y jeremíaca,
Asidua al Esplín,
Repite obstinada
Esas tres palabras,
Como un mensaje silente
Suplicando "¡Descubreme, imbécil!"

Lila,
Máscara,
Sombra.

Un inescrutable criptograma,
Un pandemónium,
Un dédalo infinito,
Una obsesión cáustica
Para mi sempiterna manía
De querer llorarlo todo,
De querer saberlo todo,
Con una pulsión freudiana.

Las escribo en mi libreta,
Desnortado,
Colérico,
Lila.
Buscando conexiones poéticas,
Gramaticales,
Matemáticas
¡POR DIOS!
Lo que sea.

Esto acabará conmigo.
Terminaré con una soga al cuello,
Ajustada como una
máscara,
Y la asfixia me pintará de
lila
Mientras mi
sombra
se despega de mis talones,
Para huir,
Si.
De la muerte,
De mi.

Máscara,
Lila,
Sombra.
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Cara de muerta

El postigo abierto a medias,
Celosía de mi ansiedad
colorín que antes cantaban,
cuando triste estaba…
Los cerezos se han secado.
¡Alma cántaro!
no ves, que las nubes
se las lleva, el viento
Y que el viento,
no te quiere tocar.
Y sí, te digo que,
Tienes, cara de muerta
y sí, te digo que no,
Que manía es la agonía.
Que ahora lo entiendo;
Es una solea.
No es, un sí, o un no, ¿un ojalá?
¡Alma de cántaro!
si viajas al pasado no hay ná
Que ahora ¿quieres estar?
¡Me rio! No hagas trampas,
Después lloras. Cara de muerta, alma cántaro.
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Obras de arte

He visto el mar
en cuadros de Cannaletto,
en tus ojos
y en poemas
que hablaban del invierno.

Me he estremecido
con cuadros de Wright of Derby
y con el roce
de tu cuerpo
que me tentaba a entrar al infierno.

He viajado en trenes
de cuadros de Monet,
para ir a tu encuentro,
para de nuevo vernos;
para sentir tus besos.

He vivido a la luz de la ciudad
en noches de Pissarro,
buscando entre los neones
uno que dijera tu nombre.

He visto tu reflejo
en la nieve de Goenenttre
y la he derretido contigo,
después de emborracharnos
con Monet,
y de haber sobrevivido a sus disparos.

He sentido el frío
de las calles de Baldersbronde
y volví a refugiarme en ti,
como los pájaros vuelven
a la primavera.

He visto los girasoles
de la habitación de Van Gogh,
y robé uno para ti.
Pero lo perdí.
Y no me he atrevido aún
a volver junto a ti,
sin él.
Sin mí.


Miento. No lo perdí.
Lo escondí.
¿Qué por qué?
¡Porque no quería volver!
Tenía miedo.
Todo el mundo lo tiene.
¿Miedo de qué?
¡De ti!
De que me preguntaras
qué sentí allí,
envuelto en arte,
y de responderte
que lo mismo
que cuando estoy junto a ti.
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Gato rojo

Tengo un gato rojo,
manso junco a mis piés,
hermano de mi sombra,
un silencio al revés.

Maúlla un verso rojo,
adormecído en mi falda,
regala un rojo latido,
para mi solitaria casa.
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Romancillo a una gitanilla

Parece engreída
Desde la distancia;
Viviendo el pasado
Con bloqueo y ansia.
En todo primero
Se le maldecía:
Débil mentecata
Que no calla y chilla.
Infantil e inculta;
No divina y diva;
Adivinar cree
Con su mala escucha.
Pasaron los meses,
La niña se acerca.
Conversa con todos
Y hay arte en sus venas.
Cultura a raudales
Recorre su alma;
Pasión y sudor
La hacen más humana.
Y es que es tan cercana,
Tiene esa potencia,
Ese gran poder
Y algo de inocencia.
Poca estupidez
En su cerebro.
Lorca ocupa toda
Su mente y su cuerpo.
Y su escucha pésima
Se transforma en aire.
El viento transporta
Estados del arte.
Eso es ella: viento.
Fuego de ilusión
Al son del Teatro.
Genio y más de un don.
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