Tan solo una estampa

Estoy aquí frente a la tristeza.
Escuchando los alaridos de las mismas tinieblas.
Recogiendo todos los pedazos de tu propio abandono.
A lo lejos solo observo tu estampa.

Eres como una muñeca abandonada que aprendió a usar el engaño para poder esconder su propia soledad.
De esa tristeza que no sacia su sed de pertenencia con todas las mentiras que a veces alimenta tu presumida ansiedad.

Estoy aquí, tal vez un poco estoico.
Soportando el frío de tu cuerpo abatido y sediento de sangre y violencia, porque no encuentras en tu propio vacío una sonrisa que te devuelva el sentido lógico del habla.

Estoy aquí, tal vez un poco enmudecido por la rabia iracunda y entupida que ciernes.
Esculpiendo los motivos e ideas de sobra para crear un espacio en el abismo de mi propia zozobra.

Estoy aquí, limpiando mi fe de tanta maldad que necesita tu violencia.

Observandote girar al rededor de todas aquellas palabras vacías con las que compras con un par de monedas.

Nunca te ha alcanzado con los mismos logros llenar el vacío del silencio que queda en tu boca.

Estoy aquí, creando la música que debe resonar en mis oídos para no maldecir todas tus horas.

Tal vez ya no es necesario contar tu historia.
La verdad siempre será la mejor compañera en un camino.
En ella quiero seguir siendo solo un caminante que se mantiene en calma.
Sin contaminar mi esencia de un intento de poder ser tan solo una estampa estoica.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
11/05/2015.
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Tu lado de la cama...

Hoy he dormido en tu lado de la cama, ese que lleva vacío tanto tiempo.

Ese que lleva esperándote una eternidad, pero que aún guarda tu calor y tu olor.

No sé aún porque lo he hecho, sí con la intención de sentirte más cerca o de decirte sin palabras, que no, que nada va bien.

Que te echo de menos, que te quiero hasta el infinito y más allá y que necesito sentirte cerca.

Nada va bien, aunque mis palabras te digan lo contrario, intentando engañar a mis ojos a la vez que a tus oídos.

Nada va bien desde que no estás, porque sin ti nada puede ir.

Hoy he dormido en tu lado de la cama, ese que en las noches de besos y pasión compartíamos, susurrando te quieros y se llenaba de besos y caricias.

Hoy he dormido en tu lado de la cama, para gritarte ven y quédate.
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Todo lo entregue, nada me retuve

Todo lo entregue, nada me retuve.
Trabaje mis sueños hasta el mismísimo cansancio.
Camine hasta que las vendas en mis ojos se pudrieron.
Y no fue el hartazgo sin ilusión el que marchito de súbito mis esfuerzos.

Nunca fue que mi cuerpo estuviera fundido por un cúmulo de noches en desvelo.
O que mi ser no encontrara refugio en el claustro de tu sombra que pacifica mis ruegos.
Tampoco fue la falta de amor o rebeldía.
O que un orgullo pecador y enfermizo tramara perverso para descarrilar mi vida en su dolor en un solo momento.

Mi palabra fue y mi honor con elegancia honró hasta lo último la sinceridad de lo que tengo.
Mi terquedad por ayudar a otros nunca ignoro el vacío que queda por la ausencia de un espíritu roto.
Mi confianza nunca alucino en declararse habitante de ideas que se construyen con la fe de un corazón que solo ama.
Nunca renuncié a latir trepidante por los sueños hasta el mismísimo cansancio.

Todo lo entregue, nada me retuve.


Poesía
Miguel Adame Vazquez.
04/06/2015
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Amar de nuevo

No solo es el cansancio el que quita las fuerzas de un renacer glorioso.
También es el miedo a la incertidumbre de vivir en un desierto seco y árido que consume de un sorbo todo lo que estorba.
No solo es la vaga imagen de un futuro que lucha por darse a conocer en la derrota.
También es el huir en el intento por las palabras de aliento que no vieron la luz por la oscuridad.

Hoy aprendí que un corazón se agota cuando el amor deja de fluir en sus adentros.
Y el abrazo solidario y libre deja de ser más que cálido con una mirada.
Hoy aprendí que no basta con los buenos deseos y los espléndidos motivos para querer vencer.
Se necesita una caricia, un beso, un abrazo sincero, un par de palabras de aliento para animar a vencer.


Se necesita la grandeza para disfrutar la vida con las cosas mas sencillas y pequeñas.
Se necesita contagiar a todo mundo con lo que alguna vez aprendiste.
Hoy aprendi que no es el cansancio, ni el miedo, ni la imagen vaga.
Tampoco es el aliento fallido, ni la palabra que derrota.
Tampico es la oscuridad absoluta en una noche con la luna llena quien corregirá mi camino.

Se necesita paz interior, amor por ti.
Amar de nuevo y hacerlo bien.
Y si lo haces, los ríos volverán a fluir llenos de ruidos maravillosos del don de vida.
El sol volverá a calentar a los deseos que derrotan a el rencor.

La sonrisa volverá a ser contagiosa y poderosa.
Y tus enemigos que te odian por amar lo que es bueno se volverán pequeños y diminutos.
No huyas en el intento de palabras que amenazan de nuevo.
Olvida el pasado que solo es un recuerdo oscuro.


Hazlo otra vez.
Porque millones de gargantas alzarán la voz contigo en tus ruegos.
Hasta que su clamor sincero se escuche.
Y el mundo pueda amar de nuevo.


Poesía
Miguel Adame Vazquez.
29/08/2015.
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Marlene

"Prisionera de su filme, en la esquina como Marlene
Será que tienes ojeras, ¿cómo te encuentras en Berlín Este?
Alexander Platz auf wiedershen "

"Alexander Platz", Franco Battiato

Te despiertas y no sabes si te has obligado a sonreir.
Otro lunes más sin resaca,
de camino al trabajo a ritmo de PJHarvey,
soñando con ser Patti Smith.
El segundero galopa
sin tiempo a respirar.
Vuelta a casa,
siesta para desordenar pensamientos;
el teléfono te vuelve a la realidad,
sigues afirmándote que
de tus demonios solo queda el recuerdo.
Unas cervezas,
miradas furtivas que
tal vez buscan amor.
Regresas en el bus;
tras 4 conversaciones
y el efecto del alcohol
despierta algún viejo sueño.
¿ qué habrá tras tu mirada perdida?
Quizá todos buscamos amor.

* En la imagen Patti Smith. Fotografía de Robert Mapplethorpe (1975).
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Zapatos de terciopelo

Estoy cansado de andar
sin mis zapatos de terciopelo,
y ofrezco mi salvación
a las aceras que me adoptan
llenas de hogueras sin arder
donde fijar la mirada.

Y aún así, sigo en pie.
Sin ningún motivo,
pero caminando
como un vendaval triste
por las calles sin viento.
Dondequiera que vaya
voy camino del sosiego,
debajo del mismo camino
que me lleva hasta el silencio.
Caen lágrimas blancas,
penas de encaje blanco
que adormecen las heridas
de mis pies descalzos.

Dónde estarán mis zapatos...
Mis zapatos de terciopelo.
Tirados en los escombros
de un callejón derrotado,
justo al lado de mis sueños.
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Cantó el soldado poeta

A veces, señores míos
la poesía es traviesa
va en búsqueda del poeta
sin que éste se dé cuenta.

Yo no sé de arte o drama
ni de celebres poemas
en la guerra y en la lucha
no hay tiempo para bellezas,
pero entre cañón y bala
una cosa sí era cierta:
mientras yo sobrevivía
en mí había poesía
aunque nunca lo supiera.

Oí llantos, sentí odio
ví la muerte y la miseria
y brotaban de mi pluma
cantos de amarga tristeza.
El hombre matando al hombre
por un pedazo de tierra,
por poder, por ambición
con sangre los campos riega.

¡Tiro el arma, alzo la pluma!
¡Deserto de esta revuelta!
Quiero revivir en versos
a quien cayó en la pelea
para llevarle consuelo
a los vivos que aún quedan
y para que nunca olviden
el terror de la refriega,
pues nada cala más hondo
que los gritos de un poema.

Yo no sé de poesía,
ella supo quien yo era:
un soldado que mataba
pero no quería contienda,
entonces en mi interior
a mi clamor puso letra;
con alma de trovador
permitió que yo viviera
para que inmortalizara
los horrores de la guerra.



Heclist Blanco
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De qué lado de la ventana estás

De qué lado de la ventana,
esa es la pregunta y la respuesta.

Reflexionas, piensas, dices, silencias,
el interior de ti mismo
y el de los demás,
no vale la ropa interior, piensas,
blanca, seda, tacto, pie,l locura, realidad
y profundizas en la reflexión
y amas, acaricias, jadeas, gritas
y reflexionas…

De qué lado de la ventana...

Esa es la pregunta y la respuesta.
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Los Navegantes

Él (El Navegante)

Fue un duro invierno para él,
el frío había sido tan intenso que hasta los recuerdos parecían haber quedado congelados en su memoria. Y ciertamente, que del mismo modo que se protegía de los gélidos vientos con su raído abrigo, aprendió también a proteger su alma mediante el olvido.

Cuando amanecía y los primeros transeúntes lo despertaban de sus sueños cerraba fuertemente los ojos, como queriendo atrapar un poco más de ese tiempo, unos minutos más de esa forma de letargo, ese estado de semiinconsciente que le permitía cierta comodidad alejada de la realidad. Pero poco a poco, los zapatos que pasaban por su lado se hacían cada vez más numerosos, su estómago más chillón y su vejiga parecía no llegar a soportar ya los límites más inhumanos. Entonces era cuando muy a su pesar tenía que comenzar a mover las entumecidas piernas y buscar el valor para iniciar su jornada laboral. Una jornada sin horarios, ni sueldo, sin obligaciones ni compensaciones. Una jornada donde competir por algo de comida y que le permitieran el acceso a unos sanitarios sería la mayor meta.

Caminaba lentamente, tan encorvado que parecía llevar el peso de toda la tierra sobre sus hombros. Solo a veces levantaba la cabeza, cuando veía pasar alguna ardilla, o escuchaba el trinar de algún pájaro, o cuando el sol le regalaba algún preciado rayo para calentar su cara,-siempre disfruto de la naturaleza- Y fue en uno de esos momentos que tanto le reconfortaban cuando “la” vio pasar. Ella caminaba despacio, pero a diferencia de él se notaba que llevaba una dirección, marchaba como un velero, suave, segura, con un rumbo fijo.
Y recordó, recordó entonces un feliz tiempo vivido, sus abrazos, sus besos, su ternura, su suave, frágil y femenina voz y lo feliz que fue con ella. Casi deseó entonces no haber despertado aquella mañana. Como volvió entonces a dolerle su ausencia, su calor, el olor de su piel y el sonido de su risa. Hacia tanto tiempo...

Fue como tantas historias de amor no completas, como tantas historias de amor terminadas antes que uno de los dos, decepcione al otro. Antes de que el tiempo y las obligaciones terminen con la pasión. Pensó: ¡Quizás fue mejor así! , de todas formas se había estropeado al final.
Pero no era fácil apartar tantos sentimientos de un plumazo. ¡Ni siquiera para él que era especialista en ello! Y siguió rememorando, sentado ya sobre un banco de madera del parque, donde el sol invernal le consolaba apiadado, con un poco de calor.
Mientras, el velero se iba alejando suavemente él también se alejaba, pero de forma diferente. Él se fue quedando dormido y ya no necesitó buscar más alimento cada día. Se fue así, cerrando fuertemente los ojos, sobre un velero, sobre sus brazos, sin peso alguno que encorvara su espalda, de nuevo con un norte, con una brújula imaginaria. Y le bastó ese momento para ser feliz.

Ella le dijo una vez...” Espérame esta noche al otro lado de la luna”. Y allí fue…

Algunas noches de verano, si miras fijamente al cielo quizás le puedas ver, cual Peter Pan sobre su barco, brillando con polvo de Hadas, navegando entre estrellas….

Y si esta historia es verdad o no, después de todo….¿A quién le importa una historia de amor, si no está llena de magia?



Ella.(La Navegante)


Otra vez el insistente pitido del despertador irrumpiendo en la paz de sus sueños, de nuevo el frío entrometiéndose al retirar las sábanas, una vez más la horrible visión de su arrugado cuerpo entumecido por el dolor, de la delgada palidez de sus magras carnes al desnudarse, una mañana más en la que enfrentarse a sí misma en el espejo de su decadencia.

Había sido una mujer hermosa, de aquellas en las que encontrarse las envidiosas miradas: su talle esbelto, su andar pausado y elegante, el brillo devuelto por la tersura de su piel, la seguridad en su rumbo…

Alguna vez amó hasta quedarse vacía, amó hasta el punto de verse reflejada en el otro, de cerrar los ojos para no dejar escapar ni un hálito de tanto sentimiento en cualquier mirada frugal… amó tanto hasta encarcelarse en su devoción y una vez llegado ese punto culminante en el que se ama y se desea desmedidamente por igual, desaparecer de nuevo, oculta en la cobardía de no estar dispuesta a resignarse a envejecer y verse envejecida.

Desde hacía un tiempo le observaba de incógnito, a unos metros de distancia. Le había descubierto entre cartones una mañana de invierno en la que destapó su dormida cara y salió corriendo, para no enfrentarse una vez más a la realidad con la que su olvido había despojado, hasta de su propia estima, a aquel mendigo de cariño.

Ahora, intenta llegar cada mañana justo antes de que los pasos del gentío rompan el momentáneo sosiego de su sueño y verle así despertar a lo lejos, para poder compartir con él desde su envejecida cobardía el regalo de aquel primer rayo de sol que antaño encalideció tantos apasionados amaneceres y le abraza fuertemente en su recuerdo, y le repite en su mente “no tengas miedo amor mío, siempre estaré a tu lado”…

Canet

A todos los navegantes que pasan a nuestro lado cada día con sus propias historias no contadas, a menudo no vividas, a todos...
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Esta noche sí

Trae las bebidas
y vamos a brindar por las paredes
que dibujan la sombra del ausente.

Detrás de la ventana,
a estas horas ya no hay nada
que me interese.
Porque esta noche todo está dentro;
en las entrañas,
empujando mi espíritu y mi carne
a una imprudencia consentida.
Sujeta la copa con tu mano derecha,
mira hacia el suelo y murmura
un deseo. El que quieras,
pero dilo bajito, para que me llegue.
Yo cerraré los ojos
y sonreiré con la boca entumecida
de tanto besar la memoria
en nuestro paraíso artificial,
en nuestro callejón sin salida.

Pero estas cosas no se piensan;
así que trae las bebidas.
Te invito a brindar rompiendo las copas
con las pupilas vacías.


(imagen: Corazón Loco)
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Sobrevivir al sistema

Atravesar
lunas violetas
dedales
que han bordado
toda una generación
hacerse
trizas bosque
el beso lánguido.

Llamaradas
oscuridad vértice
tacto planta
el ejército
de hijas solteras
cupones de descuentos
zapatos en fila
asientos vacíos
beben del amor hiena.

Seremos
leopardos de nieve
listos para
devorar
hasta los últimos huesos
de todos aquellos
pájaros con alas torcidas.
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Recita al aire

Escríbeme palabras y forma versos
que acaricien el alma que endulcen el pecho
y cada día recítalas al aire,
que viajen por montañas ,
que atraviesen ciudades,
mares ,ríos y el tiempo.
Canta al viento tus canciones
unas de amor , otras de nostalgia,
que cuando el frío viento
llegue y toda me envuelva,
tus tibias notas abriguen mi alma,
y den calor a mi cuerpo,
y me susurren suavemente al oído
un cálido ...Te quiero!!.
Para llenarme de sueños ,
que me darán fuerza ,
para luchar por la vida
y vencer desafíos.
Y así continuar mi camino
muchas veces sinuoso,
que cuando quiera rendirme,
tu canto y tu verso
me recuerden que cada día
la vida nos regala un nuevo comienzo.
MMM
MaluMora
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Desastres encadenados

No, no tengo sueño
pero me gustaría serlo y volar.
Ser ese algo que no se tiene
y a la vez persigues.

Pero el sueño es libre
contradictoriamente prisionero
de su caparazón gris.

Camina de mi mano.
Como siempre lo ha hecho
o en mi espalda que se ha encorvado
por el peso de arrastrarlo.

Es tan ligero el paso
cuando camina solo dejándome ser
y existir sin más lastre que las horas.

Porque a veces esta soy yo,
desnuda de todo
cayendo en un vaso roto
sin agua, sin ganas, sin sed.

Lamiendo los añicos,
puliendo aristas
de encadenados desastres.
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Mediterránea, Larga Distancia

Al abrir la ventana
un viento helado
cruza esta estancia mediterránea
donde hoy despierto.

Por el suelo
algodón,discos para desmaquillar
y un revuelto de ropa
que se me antoja extraña.

Pongo el pequeño televisor sin volumen
para no despertar a la habitante de la cama.

Utilizo sábana de arrastre
para cubrir mis pasos hasta el minibar,
la verdad es que busco ingerir
dos huevos duros y zumo de tomate,
una vez leí que era el desayuno
de los campeones...proteínas y antioxidantes
para la confusa resaca.

Procedo al entrecruzamiento de brazos
tirándome al suelo
con una pequeñísima y bonita
botella de "Jack" y unos rancios cacahuetes.

Dreno los pensamientos,
quedo con mente limpia
pero no consigo hilar
el como mi cuerpo llegó aquí.

Me estremezco, oigo un frágil cuerpo
como bosteza y murmura un:
¡Buenos días!.

Yo sin material termosensible
para un discurso inexistente,
¡bueno tranquilidad!
se que no hay reguladores del humor a mano,
al igual que he llegado aquí (supongo),
cojo un Larga Distancia y vuelvo a mi lugar.

¡Uff! lo que hace uno, se inyecta vida a mil
para no quedarse sin palabras para escribir.

*En mi mundo tridimensional
nadie sabe cual es su rostro*.

Imagen tomada por Aitor. G.J.
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Imposiciones

Hablemos sobre lo que nos unió,
antes de la derrota, de los besos
que parpadeaban en la boca
y fingían regresarnos a la pasión,
que en otrora, nos hizo vulnerables.

No me atrevería, a hacer un balance
de lo que dejamos sembrado
en la cama, ni los secretos bajo
la ducha, ni de las miradas
que traficaban deseos y exploraban
tentaciones, tal vez nos faltó
racionalidad, pluralidad,
nos dejamos abordar por la costumbre
de amarnos sin dejar espacio, a la distancia.

La rutina de encontrarnos girando
en el mismo caos,
fue realmente devastador, poco congruente
con ser libres y diferentes aun estando
comprometidos con una vida en común.

Creo que nada hubiese podido salvar
del hundimiento, lo que comenzó
por aprisionarnos, asfixiarnos, sin permitir
respirar con la autonomía que concede
el amor sin las imposiciones propias del ego.

Yaneth Hernández
Venezuela.
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Escucho caer la lluvia

Escucho caer la lluvia
me noto saber café, color olvido roto,
me apoyo en tu regazo con la pose del vencido
y me acaricias y pienso que podrías cortarme la cabeza,
escucho las gotas de sangre de la lluvia
que caen desde un regazo de nube
y busco con mis manos tus pechos
los del pan ácimo, los del miel sin luna
y sigue cayendo la lluvia y la sangre del tiempo,
subo un poco más y busco con los dedos tus labios,
la humedad de tu boca, la otra sangre de la sangre
y noto la humedad de tu cara
y me incorporo a besar las nubes de tus ojos.
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Crepúsculo

(El último suspiro soy del día;
se acerca el cazador de mis fulgores.
Me espera una pérfida agonía...
mañana vengaré mis estertores.)

El tibio resplandor de mi partida
atrae los preludios de tu mundo.
Sombrío visitante, eres la noche,
volviendo como siempre al viejo rumbo.

Conoces de memoria mi camino;
a tientas, temblorosa, te rechazo.
En silencio decretas mi destino;
recibo en pleno pecho tu flechazo.

Te adueñas de mi luz y de mis sombras,
invades los espacios de mi cielo.
Enigma de la noche inexorable:
no se si traes calma o traes trueno.

Me llevas a tu extraño laberinto,
atrapas uno a uno mis destellos.
Y, a ciegas, ya no tengo más opción
que confiarme al designio de tus sueños.

Ya siento cómo cae tu rocío,
Devoro sus diamantes con locura.
Mas pronto no podré con su abundancia,
la tierra beberá de su frescura.

Cuando acabes con el brillo de mi luz
y de mí queden solo algunas huellas,
hasta el alba, quiera o no, sé que seré
una más de tus pálidas estrellas.
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Sólo Soledad

Papel mojado son mis versos
la tinta escurre por mi cara
papel mojado, que ya, no dice nada.

Papel que ya no habla,
de sirenas, flores y hadas
de barcos mar y agua.

De sueños felices y mañanas blancas
de noches horrendas, de sangre y violencia,
de muertes, muertos y velas.

Mi vida anudada a la tierra yerma
mi alma con arrugas viejas
mi delirio la tristeza
mi pesar, la soledad,
con que me dejas.

Sed y ansia de mis entrañas
de la guitarra, secas las lágrimas
de la pluma, pútrida tinta,
pequeño olvido del corazón
e infinito dolor el del alma.
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El silencio de tus ojos

“ Esto es lo que soy- le dijo a la muchacha. Soy absoluta y totalmente este momento. No tengo ni casa ni amigos, ni un pasado, nada que recordar, ni dinero, pero sé que seré feliz…”
“ El baile de la Victoria”, Antonio Skarmeta.


Nunca te querré como el quinto día.
Jamás me querrás como después de aquellos momentos.
Siempre gana el miedo a marchar de aquel eslabón.
El equilibrio que da el vértigo cuando se acaba,
el funambulista retroalimenta su cobardía con el recuerdo del alambre.
Hoy no consigo aferrarme a tu espalda,
no puedo cerrar las puertas a mi alma.
No vas a escuchar lo que quiero oír,
vas a escuchar lo que soñé que diría alguna vez:
"En tus ojos siempre pasará lo que debiera."

* Imagen extraída de " Los Puentes de Madison". (1995), Clint Eastwood.
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¿Vivir o Morir?

Se que existo, porque duele.
Se que amo porque también duele.
Se que vivo porque muero.
Para morir hay que vivir,
cuanto más deseo morir
más vivo.
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