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Como luz bajo el agua

Despierto cien veces
sin saber donde estoy. Dormido
con los sentidos a la deriva
en un sueño que es cristal,
marca de agua, dolor
en los labios, los dedos
andando las sombras del jardín.
Un hombre derramado
en la arena del tiempo,
la garganta arañada del sol,
el corazón reseco. Sed.
Deseo de lluvia,
acaricia,
juego,
de jugarse.

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7comentarios 88 lecturas versolibre karma: 101

Naufragio

Un pedazo de cera
quemándose,
los labios, finos
espectros de plata,
perciben la caricia
de tu piel escrita
a mordiscos. Nos masticamos
las manos, somos
los surcos de un naufragio
ronco. Flotamos

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9comentarios 76 lecturas versolibre karma: 103

Soñé con agua fresca

Soñé con agua fresca
con un lenguaje de ternura
que llenaba mi boca
en una noche anciana
arrugada, llena
de caracoles con huesos.

Mi voz a la deriva,
era sed de palabras bajo la lluvia,
algunas cosas son más
que su nombre,
hay palabras
que se manejan en silencio,
así mudas, mejor, porque
a veces,
una palabra puede matarte.


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12comentarios 95 lecturas versolibre karma: 100

El verano desplegándose

El verano
desplegado dentro de los ojos,
despertando la lavanda
y un cuerpo de deseo
que hizo la noche fogatas.

El sol verde se hará cobre,
el mar cristal,
las estrellas gallos roncos,
las bocas aceite de oliva y limón.
Es el verano desplegándose.

Irán las estaciones
cubriendo la distancia que separa
quien soy de quien quisiera.

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12comentarios 130 lecturas versolibre karma: 104

Ese día

Ese día,
¡Ah, ese día!
Se abrieron las venas de la vida
para liberar la desesperanza.
Una libélula salió volando
de entre el cortejo de los vivos
hilvanando sus sombras con el hilo
desprendido de tu pecho.

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20comentarios 122 lecturas versolibre karma: 106

Unos metros de alquiler

Vengo en fuga,
huyendo del resto de mi vida.

Lo miro y no hay nadie,
nadie en el espejo que responda,
sólo una luz sucia.
El morro de un perro me huele,
como a una presa descompuesta
al margen del sendero;
un cuerpo arrojado,
un cuerpo arruinado por las caricias,
uno que habla de la belleza
sin capacidad para sostenerla.

Vengo en fuga,
huyendo del resto de mi vida.

Aquí, en estos metros de alquiler,
sin flores y sin ventanas,
un espacio-museo desamueblado,
agotado el dolor descanso.
Me sostiene la humilde carencia del lugar.
Quise hacer de éste su hogar,
pero no tiene casa el adiós,
aunque me esfuerce,
cómo abrirle una puerta al amor
que sigue allí de donde nunca quiso irse.

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15comentarios 89 lecturas versolibre karma: 105

El sueño de un zapatero

Aquella mañana tu abuelo despertó quejándose de la mala noche pasada. Tu madre, sentada en la cocina, relata la visión de las aves negras que tuvo tu abuelo aquella noche acunado por el peso de los párpados. Tres cuervos, recuerda bien el número que mencionó a tu abuela, le habían atosigado. Caminaba cuesta abajo por la calle adoquinada de su casa en Croacia, dirección al mar, con el trio de córvidos a sus espaldas. Sombras indefinidas que revoloteaban arriba y abajo, sin alejarse, cerca de sus hombros, al ritmo de sus lentos y cautelosos pasos por la pendiente. El mar estaba allí, ante sus ojos, aguardándole, azul, intenso, bajo la luz del sol mediterráneo, con la brisa salitre acariciándole las mejillas, pero no lo alcanzaba. La calle se dilataba estirándose bajo sus pies exhaustos. Los pájaros, sus sombras, le gritaban a la altura de la oreja. Primero a un lado, luego al otro. Cuando abrió los párpados estaba agotado y los oídos le pitaban, albergaba un enjambre de insectos en sus cavidades más internas.

Ella no prestó mucha atención a sus quejas, no era la primera, ni la segunda, eran muchos años de quejas, muchas las veces en las que los sueños perturbaban su descanso, pero aquella sería la última vez que lo escucharía. Aquella tarde, tras el almuerzo se tumbaría a descansar y no volvería a levantarse. Cuando la abuela lo descubrió, no supo que hacer. Fuera, en la calle, nadie se fiaba de nadie. Los croatas católicos buscaban a los serbios ortodoxos para, en el mejor de los casos, expulsarlos de la ciudad. Los bosnios allí eran una entidad difusa, ni amigos ni enemigos de nadie, una minoría despreciada e ignorada. Ella estaba sola, con el abuelo en la habitación, y allí lo dejó todo el día, hasta que llegó la noche y se deslizo en la cama junto a él. Allí todos vivían alucinados, descarnados, como embadurnados en cal, hablando y pensando sin carácter alguno, actuando como un sólo ente, un sólo hombre, con una voz inmunda. La voz de una muerte viva que caminaba por los Balcanes de la costa a las montañas.

A la mañana siguiente la abuela descubrió que el cuerpo de él seguía allí. Que no era una ilusión. Que era una realidad. Que de noche los cuervos se habían llevado lo que lo constituía, dejando allí sólo la vasija del cuerpo. Unas manos pesadas llenas de callos de zurcir zapatos viejos junto al paseo de la playa.
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9comentarios 91 lecturas relato karma: 98

Mar de pájaros

Yo sé de otoños
Sé de hojas tristes
que anhelan su árbol cálido.

Como las golondrinas
al partir a destino extranjero
llora mi alma tu éxodo.

Se viste mi alma de plumas,
de hojas de colores.
Es un ganso volando
a tierras menos frías.

Se eleva en círculos altos,
llegado a este punto,
la vida parece diminuta
y vasta al mismo tiempo.

La vida se vuelve horizonte
curvo, arco tensado,
donde chillan los gansos.

Vuelan en fuga,
huyendo del resto de su vida,
de esos trozos de invierno
de hierba oxidada
y piedras del último fuego.

Los miro,
atraviesan los párpados,
miro al pájaro que vuela solo
desde la ventana
¿me ve?
¿Llegó alguien?
Silencio
Nubes
El camino
Presiento en mis tobillos que será largo.

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15comentarios 76 lecturas versolibre karma: 93

Haremos del desierto un lienzo

Mis manos vuelan corto,
pintan trayectos medrosos,
los de unos ojos con la fatiga de la plata
Una vez olvidada en un cajón,
porque, amigos,
el mundo sí está hecho,
el tiempo se estrecha
en Medinas sombreadas,
sigue su órbita, inmutable,
en un espacio infinito,
ajeno a nuestra suerte,
por eso ahí voy yo,
empujado por una brisa amansada,
guiado por un rumor hospitalario,
mirando de desgobernar el tiempo
que gira incesante.
Vuelan mis manos hacia las tuyas
naufragando con el sol,
haremos del desierto nuestro lienzo,
ahí nos pintaremos.


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11comentarios 74 lecturas versolibre karma: 103

Pensábamos que éramos pobres

Pensábamos que éramos pobres,
hasta que lo fuimos perdiendo todo.
El trabajo huyó primero,
de mi, luego de ti,
con el tiempo las ayudas
se descolgaron lentamente
cayendo como anguilas.
Entonces el buzón se llenó de cartas,
las manos de salamandras,
bandadas de notificaciones,
pájaros de papel
hasta en el fondo de la olla.
Cayó la casa,
no fue nada, apenas un crac,
como pisar un pequeño caracol.
Los conocidos nos hicieron difuntos,
así que morimos,
tú, yo, nos perdimos.
¡Y pensábamos que éramos pobres!


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21comentarios 156 lecturas versolibre karma: 116

Sinfonía de desiertos

Esperar lo que guarda el silencio.
Mirar el paisaje,
el mundo está hecho para otros
y aún así sentimos
que hay algo nuestro ahí fuera.
Cerrar los ojos,
correr la persiana.
El músculo late dentro,
somos frágiles vasijas,
pura sed,
el paisaje
una sinfonía de desiertos.


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18comentarios 123 lecturas versolibre karma: 102

Cuando nos despertemos

Un gamo blanco en el bosque
un rostro pálido entre troncos
alfileres al cielo
un mar abriendo sus hojas
ahogando sus hijos
bajo el rostro de la madre.

Escribir cicatrices en la corteza
tinta de savia sobre la cama.
Florece bajo la sangre la letra,
el padre llora frente al espejo
se le descuelgan palabras de la frente
chapoteada en la ciénaga
el encantamiento de un coro azul de ranas.

Hay un cuerpo desgarrado en la pared
alzada por lenguas
ahogadas en saliva de piel vulgar,
harina que captura huellas.

Y la noche que pasa
sobre el colchón sin aliento.

La vida parece un filo
a punto de agotarse
en un instante de absurdo excesivo.

El gamo tira de la cortina
rechinando el hierro en sus dientes,
en sus ojos el bosque,
yéndose.
Nos tumbaremos bajo la cortina,
cerraremos los ojos, escucharemos el canto
de nuestros pulmones oxidados,
nos empañaremos con nuestra respiración,
no habrá luz en la casa,
ni farolas en el mundo entero
cuando nos despertemos.


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18comentarios 117 lecturas versolibre karma: 92

Qué rápido será ese instante

Vienes.

En tus manos
traes una verbena,
latidos entre los dedos
tamborileando vida,
que no pide
ni aspira a nada,
sólo amar
con todos los elementos.

Ya estaba agotado del silencio.
Bellísimas caricias
de un cielo en carne viva.

Benditas las lluvias
que anunciarán nuestros besos,
el viento que saqueará nuestras hojas,
las nubes que se tragarán el sol.
Adiós, diremos al verano somnoliento
y con su mirada lo recordaremos todo.

Qué rápido será ese instante
en que agarres tu maleta.



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23comentarios 122 lecturas versolibre karma: 104

Tiempo de mudanzas

Dentro de mi hay mudanzas,
no sé cual será el destino de lo que me puebla,
tampoco mi destino,
sólo sé,
que es tiempo de abandono,
de deshacer nudos.

Tengo miedo,
miedo a que se rompa mi historia,
a caminar siendo una soga suelta.

Tu amor cambió mi geografía,
el mar recordará nuestro navío
de brújula enloquecida,
que desató el rostro de la lluvia.

Hoy, de vuelta a la orilla,
tengo que explorar nuevas montañas
andar sus pliegues,
emigrar del barco encallado
por el que suspiran las olas.
Me perderé.
Caminaré guiado por tu presencia,
me levantaré a medianoche,
acompañado,
mi dolor y yo,
lo tomaré en brazos,
como el niño que no tuvimos
y balbucearé tu nombre.
¿Me oirás?



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22comentarios 159 lecturas versolibre karma: 109

Otra vez la tentación

Otra vez la tentación
de abrirme con un cuchillo,
verme estirado sobre la mesa,
sin respirar apenas, un silbido sutil,
con la mano corriendo cortinas,
sacando velos,
palpando órganos,
buscando el hueso,
semilla de vida.

¿Qué encontraría?

Sé que me quemaría,
sería como mirar al sol.

No entendería nada,
no sería una ecuación bella,
no habría claridad,
ni revelación alguna
sobre el deseo o la esperanza.

De abrirme el corazón,
descubriría mentiras,
miles, millones,
todas ellas dichas,
en nombre del hueso de la vida.

No sé sino donde guardar lo que me duele,
allí, en el corazón,
envuelto, como pescado,
en papel de mentiras,
aunque implique caer,
otra vez, en sus trampas,
tirarme piedras a la cabeza,
volverme a dañar,
porque si no amo,
¿cómo vivo?
¿cómo?



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23comentarios 134 lecturas versolibre karma: 120

Silencio en el ocaso

La noche, con sotana negra,
se extiende sobre la calle,
se encienden luces,
se corren cortinas,
una sombra se desprende de la pared.

Por un instante el mundo es otro.
Un misterio maravilloso,
lejos del alboroto de los colores del día.
Es el ocaso,
nadamos silenciosos el ocaso.

Sobre el tejado una bandada de estorninos
celebra misa a una estrella
en algún parte del cielo muerta.
El viento es cálido y húmedo,
el aire es llanto
acariciando nuestros hombros desnudos.
Ciegos de noche nos obsesionamos con el arcoíris.
Sordos nos abrazamos con la ternura del violonchelo,
apreciamos la alegría del silencio vivo,
los trozos de hierba oxidada en la calle,
el rugido en la lejanía de una nebulosa,
las arcaicas plegarias de los estorninos.

La noche sueña,
su sotana extingue incendios,
reviven los calcinados,
se sonríen,
nos sonreímos,
suspiramos este pequeño milagro.


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14comentarios 125 lecturas versolibre karma: 101

Hoy soy el rostro del tiempo

Grito desde el derrumbe,
escribo con manos de cal
entre ruinas de puerta cerrada.

Hoy soy encierro
oscuridad polar,
le confío mis poemas
a la pálida oscuridad.

Entra un pájaro por mi ventana,
aletea, vuela, choca, cae,
se agita sobre mis páginas blancas.
Su corazón es de piedra,
demasiado denso para volar.

Este hogar para humanos asusta,
el frío ahoga mis pulmones.

No hay lugar para las flores.

Fingiré ser un invierno silencioso,
ser espejo,
todo reflejos,
sin guardar recuerdos ni tiempo.
A un paso de la muerte
he metido mi vida en una carta,
en un sobre,
sólo pequeñas palabras.
Está todo escrito,
sólo me falta el destinatario.

Hoy soy el rostro del tiempo


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19comentarios 152 lecturas versolibre karma: 102

Habrá un tiempo para el adiós

Habrá un tiempo para el adiós
todo se va
caminamos
y el camino hecho se desvanece
cambian las flores junto al camino
no vale que te sujetes como un árbol a la tierra
tenso en sus raíces
porque al final, todo se va.

Por eso,
deja
que me recree en tu cabello
en las lagunas de tu rostro
que te nombre con todas las voces
antes de que la palabra sea tierra.

Mi padre siempre se levantó temprano
para pescar lubinas o doradas
de eso se le quedaron los ojos de un azul claro
de contemplar el mar y el cielo
yo,
que soy de levantarme tarde
y al que nunca le gustó pescar
a mí,
me gustaba mirar el fondo del mar
en sus ojos.

Se desvaneció
me quedé dormido,
un cable y unas pinzas de ropa huérfanas
aullando por mi patio interior

Por eso,
deja
que me demore en tus lagunas
por tu mascara ritual
por ese,
por tu estado salvaje
por el mapa de tu piel
por esa,
por la cicatriz que te contiene
no quiero que te rindas
no quiero que te hundas
habrá un tiempo para el adiós
pero no hoy.


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21comentarios 169 lecturas versolibre karma: 102

Vivimos alejándonos

Padre te vas y la mañana
cae espesa y ruidosa,
invade la cocina y el pasillo,
me deja suspendido
en el espacio del deseo,
te veo en tu rincón
en la butaca vacía.

Y yo,
ya no recuerdo si debo llorar
en cada hora decapitada
por aquellas manos
que me ensañaron juegos
por aquellos ojos de luz
de mar y cielo
que me descubrieron lugares mágicos,
cómo mirar.

Todos vivimos alejándonos
de la vida,
aprendiendo a matar.

Vivir
es un verbo suicida,
pero hoy,
cosiendo el mar de tus ojos,
vivo
recordando tu mano
sujetando la mía,
y tus miradas
sin palabras,
y descubro
el amor.


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19comentarios 208 lecturas versolibre karma: 96

Las ausencias se cosen

El día,
el día que cerraste la puerta
te llevaste la civilización contigo,
sobre tus hombros.

Llueven vestidos sobre tu cuerpo
Trotan dentro de tu alma
Rayan el esmalte de tus uñas
Pintan labios,
labios a punto de decirme
buenos días todos los días.
¿Cuándo anoté yo todas estas cosas?
Cada día es querer llegar al corazón
de un alcachofa,
hoja a hoja. Desgranando flores,
muchas flores
sobre el espinazo de una quimera
mirando fijamente
a mis ojos deslucidos.

Soy un aprendiz de hombre

Mirando por la ventana,
esperando,
tras la luz seca de la distancia
en un rincón sin trinos,
serpenteando con la ausencia
aguardo empañado
que me alcance el océano
una barca para moverme.

Ese día,
¡Ah, ese día! Se abrieron las venas
de la vida
para liberar la desesperanza.
Una libélula salió volando
de entre el cortejo de los vivos
hilvanando sus sombras con el hilo rojo
sangre desprendido de tu pecho.

Desde mi posición de vivo
miro,
asomado a la muerte del momento
que rasgaste tu brazo.
Sé que no estaré solo desde ese día.
¡Ah, ese día! Ese día se oxidaron las venas
a las que llevo flores.
Hay un escarabajo entre ellas,
una mota brillante,
iridiscente e indiferente
volando entre las agujas
de viudos y viudas jóvenes
cerrando los ojos de sus amados.
Estoy fatigado,
sin sombra,
la sombra, que me hacía humano.

Soy un aprendiz de hombre


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18comentarios 133 lecturas versolibre karma: 105