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Diario de la Judía (La Perra de Belsen)

Yo estaba apoyada en una esquina de la verja, desde donde veía cómo una fila mujeres se dirigían a lo que llamaban “módulo de recepción” y que estaba situado junto a las vías del tren, separada por una dársena. Descendían de los vagones por cientos y formaban esas largas filas que desde allí podía observar. Iban la mayoría llorando y como yo eran judías. También había gitanas y de otros países, españolas, checas, polacas... Todas tenía algo en común, que eran diferentes, no eran arias, ni rubias, ni esbeltas, ni pertenecían a lo que en esos momentos se consideraba una raza en pleno auge, la raza aria la denominaban.
Todas iban vestidas con ropas normales, pero cuando salían por la puerta de atrás de aquel hangar, ya no se podían distinguir unas de otra, las habían rapado y vestido con aquel pijama de rayas.
Así era todos los días, por lo menos los que yo llevaba aquí y que no sabía cuantos me quedaban por vivir.
Sólo me hacía una pregunta: ¿dónde estaban sus hijos? En ese momento no tenía ni la más mínima idea de la suerte de los mismos.
Mis pensamientos viendo esa escena desde un lugar aparentemente seguro, por el momento, pues allí no había nada cierto, se desviaron de momento. Alguien me agarró del brazo sin que me hubiera percatado de que se acercaba a mí con anterioridad, y me giró el cuerpo. Era Aquel soldado que se había fijado en mí, acompañado por una niña, cosa que me extrañó. Una niña de unos 16 o 17 años, rubia, preciosa, no había visto una niña tan linda como aquella desde hacía mucho tiempo. Aunque su mirada me daba miedo, evidentemente era alemana, seguramente nazi, entre otras cosas porque el soldado me dijo que estaba allí porque quería ser enfermera del régimen. Creo que me dijo que se llamaba Irma, el apellido no lo recuerdo bien, algo así como Grose o Grese. Bueno aquel detalle no tenía importancia. Detrás del soldado y la niña estaban otras cinco residentes del campo como yo, supongo que esperando a que iniciáramos la marcha hacia donde querían que fuésemos.
Nos llevaron a una pequeña cabaña al final de los diferentes hangares que estaban perimetrados por las verjas de pinchos. Por el camino observé que la niña no paraba de mirar a las mujeres que íbamos dejando atrás, según nos acercábamos a la cabaña. No lograba comprender el motivo por el que le llamaban tanto la atención, aunque pensé que como quería ser enfermera, se estaba fijando en las múltiples heridas o síntomas de enfermedad de las mujeres que observaba.
Nos paramos a las puertas de la cabaña, nos dijeron que esperáramos fuera y que nos irían, llamando. A tenor de la información que tenía, suponía que la niña nos quería observar el estado de salud, pero nada más lejos de esa intención. Empezaron a nombrarnos una a una.
Llamaron a la primera y al cabo de unos quince minutos a la segunda, pero la primera aún no había salido de la cabaña. Empecé a inquietarme. Llamaron a la tercera y ninguna de las dos anteriores habían salido. Hasta que me di cuenta que salía por una puerta trasera, desnudas y juraría que llevaban los pechos ensangrentados. Miré hacia atrás y teníamos a cuatro soldados con sus armas reglamentarias, por lo que mi idea de salir para atrás quedó echada por tierra.
Estaba aterrada, aunque sabía que de un momento a otro algo muy malo me podría ocurrir, sólo de pensar que quedábamos dos y como media me quedaba una media hora para entrar en aquella horrorosa cabaña. Pero algo debió ocurrir que, de pronto, salieron el soldado y la niña por la puerta y pararon la supuesta consulta.
Quedé aliviada, por el momento, pues nos dejaron marchar a lo que estábamos haciendo anteriormente. Pero antes de irme de allí, la niña pasó a mi lado y se quedó mirándome fijamente. ¡Nos veremos hermosura!, fue lo que me dijo y marchó rápidamente hacia la dársena.
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Ven que te cuente al oido

¿Qué desgarra mi alma?
siento que la luz se apaga,
quedo en silencio y en calma,
pues es esa que sabes que amaga.

Es esa que tu y yo sabemos
y que no nombramos por miedo,
pero más relajado me quedo
porque ya nos conocemos.

No te tengo miedo,
no te tengo ganas,
tampoco te odio, ni puedo,
ni a tus palabras vanas.

¿Qué desgarra mi alma?,
¿quien llama a mi puerta?
qué extraña esta calma,
qué silencio impera.

Como en las noches de estrellas y abierta,
qué extraño sabor que altera
pues mi carne se siente mureta,
aunque sigue viva mi alma.

"Y EN EL FONDO TE DIGO"
Fdo.: Alfonso J. Paredes
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Que esa es la edad

Ahí fuera se escuchan risas y llantos,
juegos y jolgorios de jóvenes pueriles
al amparo de los aromas de sus sudores,
en busca de tremulas ternuras y amores,
de tempranos temblores y tiernos abriles
con los que se regocijan tantos.

Sueñan con princesas cautivas de sus encantos
que rescatan de las garras prensiles
de dragones que escupen ardores,
se rinden a tus pies presa de los primores,
de las atenciones de los mancebos gentiles.

Corren despavoridos como robots serviles
en busca de los consejos de sus mentores,
no se dan cuenta que les ciegan o nublan tantos
secretos lanzados por indiscretos correveidiles.

Arden en sus llamas avivadas por las promesas
de príncipes altivos, azules y rescatodores,
en atmósferas inundadas de sonidos campaniles.

"Y EN EL FONDO TE DIGO"
Fdo.: Alfonso J. Paredes
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No sea que el tiempo se me acabe

Entró por la ventana, aquel ser que tiene la vida muy corta. En principio, pienso que no sabía a donde ir, primero pasó por delante de mí, luego se fue a la ventana que estaba cerrada. Sonaba algo distinto, como un pitido melancólico y apagado pero, de repente, aumentaba de intensidad hasta el punto de estar encima. Intenté ponerme en su lugar y vi las cosas ocho veces, desde todos los ángulos.

Me vi ridículo a su través, ahí, sentado, escribiendo a máquina y pensando en qué sitio podía molestar más. Pero un olor, que si no fuera ella me hubiera parecido nauseabundo, me atrajo como si fuera un manjar dispuesto para mi. Jamás había volado, en ese momento era un caza en busca de su objetivo, pasando al ras de los objetos cotidianos de mi casa, que se habían convertido en impresionantes paredes y cordilleras en forma de mesas o sillas.

Rodeado de aquellas atalayas sin fin, vi un hueco y seguí el rastro del perfume que me atraía. Bajé vertiginosamente por las escaleras, convertidas en una gigantesca montaña rusa, para que al final girara a mi izquierda haciéndome que la inercia casi me empotrara contra aquel gigantesco muro. Ya no eran tan lisos los muros, podía percibir todas sus imperfecciones como grietas profundas y gigantescas, gotas de pinturas que parecían dunas en el desierto. Pero por fín llegué al origen de alquel atrayente olor, no puedo describirlo, sólo de pensarlo me daban nauseas, pero como estaba en su lugar me seguía atrayendo.

Decidí dar marcha atrás, pues yo mismo estaba en el mismo lugar y haciendo lo mismo. Como ese ser en el que me había convertido por unos momentos prefería la sangre de mi vena para alimentarme, no eran más que proteinas y componentes hematopoyéticos. Sólo debía decidir la más superficial, la vena que más me apetecía aparentemente. Fue cuando de repente acabó mi vida y volví a la realidad, un simple manotazo me había aplastado a mi mismo y vi como caía al suelo desde mi yo real. Lo bueno de todo es que pensé: ¡esta mosca no me molesta más!.

Hice una reflexion y es que la vida es efímera como la de esa mosca que sólo vivió para mi y murió por mi. Pero no por eso soy Dios, sino un eslabón más en la cadena de la vida, al fin y al cabo sólo viven veinticuatro horas. Demasiado deprisa para mi, así que voy a seguir escribiendo no sea que el tiempo se me acabe.

Fdo.: Alfonso j. Paredes.

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Que los atardeceres son más largos

Fueron quedando las sombras tempranas,
las tardes frías del oscuro invierno
contemplando el anochecer eterno,
sale tardío el Sol por las mañanas.

Llegan las tardes de luces profanas
que empujan las oscuras al infierno,
ya se marchó el sombrío eviterno
y destellos entran por las ventanas.

Se acabaron los inviernos amargos
y sus tardes oscuras y tempranas
de juegos aburridos , carilargos,
las luces despiertan de sus letargos.

Por manifestar contento te afanas:
¡que los atardeceres son más largos!

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Fdo.: Alfonso J. Paredes
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Sueños rotos

Como vasos de cristal fino
al caer contra el duro suelo
se rompen en mil pedazos.

Se separan al desplomarse en el camino
los sueños en profundo duelo,
sueños rotos y en los brazos
una silueta a la espera de algo divino.

Caen lágrimas sin consuelo
de sus ojos y sus caras en mis regazos,
cristales rotos, ¿sueño o alucino?

Me ilusiono y me desvelo
al contemplar entre mis brazos,
mil cristales en mi sueño negrestino,
en mis sueños rotos que revelo.

Contados poco a poco y a plazos,
sueños esparcidos por el suelo
hecho añicos y a retazos
como pedazos de río cristalino.

Solo sueños, sueños Rotos.

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Montañas, alma mía

Tus venas te recorren el cuerpo velludo,
por donde tus poros exhalan el aire
que nos llena de vida.
Tu silencio es opaco,
como tus voces son el arcoiris de tu alma.
No siempre fuiste así,
no siempre albergaste la vida,
pues fue poco a poco
que vinieron a morarte, alma mia.
Ahora te defienden tus cabellos rizados
y tus moradas ya no están vacias,
arropas a los que beben de tu sangre
y transfundes tu simiente al aire, alma mía.
Duendes, nomos, hadas y ninfas
campan por los pensamientos
de los que te imaginan.
Quien te quiere te añora,
quien te odia te incinera
y quien te necesita es la vida,
alma mía.


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Saberlo es lo único que pido

Estaba acurrucado en mis harapos y con mis cartones dispuestos, cenando mi trozo de pan duro con una caja de vino, todo preparado para pasar una noche más, cuando pensé: ¡hoy es Navidad!. No me había dado cuenta, era para mí un día más.

No sé por qué extraña razón comencé a reflexionar, con lo tranquilo que estaba, haciendo lo que hacía muchos años estaba acostumbrado. Pero esto fue lo que pensé:

¿Cómo he llegado hasta aquí tan equidistante
entre lo que un día fui y donde ahora estoy?,
ahora no sé a dónde voy,
de dónde vengo y sólo me queda un instante,
para saber, no lo que quiero, sino lo que doy.

¿Qué lugar es este, en este día?
¿qué quieres que te pida, si lo que me das lo desperdicio?
Solo quiero que no me veas, que no me mires,
para que tu conciencia quede tranquila y te gires
para no verme y que mi imagen no te saque de quicio.

Dame un trozo de pan para mañana
y una nueva caja de vino,
así tu conciencia fáctica queda tranquila
y creerás que tu obra navideña has cumplido.

Vigila mejor tu vida y conserva lo que tienes,
no sea que paseando yo algún día,
tenga a bien compartir contigo
aquel trozo de pan y nueva caja de vino

que, para apagar tu conciencia,
me diste en este lugar tan equidistante,
a donde llegué un día, con lo que yo había sido
y me que daré con las ganas de saber.

¿Dónde diablos estoy, cómo he llegado hasta aquí?,
y, sobre todo, ¿cómo estoy contigo?
Saberlo es lo único que pido.


Fdo.: Alfonso J. Paredes
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¡Qué se le va a hacer!

Cambio de estilo por que así lo siento,
llevado por el viento de las ideas que me rondan
me percato de tu mirada extrañada e indecisa,
en una amalgama del pensamiento.

Llega el momento en que las palabras no sujetan
la estructura que esperabas, quizá lo soñaras,
sorprendida de tal atrevimiento, no soy yo,
no eres tú, quien por mi cambio lloras
ni tampoco aquellos que, en algún lugar, comentan.

Ya te dije que lo haría, que conmigo lo hablaras,
así no te cae de sorpresa pues cambio de estilo
pendiente quizá de un hilo, porque así lo siento
y así lo he querido. No soy yo sino el destino,
que con tino, acierta a cambiar el momento
en que una vez fue rígida y rítmica la palabrería.

Ya te lo avisé que algún día, me llevaría el sentimiento
de cambira de estilo, porque así lo siento.

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Mi Querido Viejo

Y pasaron los años convirtiendo el despues en hoy,
la esperanza ya ha llegado y no es como esperaba,
te quedaste sorprendido y defraudado mi querido viejo
vivido en el tiempo pasado de lo que fui y lo que soy.

Miré en el fondo, el tiempo pasó, no había nada y nada quedaba
de aquello que esperaba y me miré en el espejo,
arrugado con canas y entrado en años sin saber a donde voy.
Extrañado, compungido y llorando, una voz me susurraba
¿que has hecho en todo este tiempo, mi querido viejo?
Me duele la tierra mía olvidada sin saber que doy
lágrimas a mis ojos cada vez que la añoraba
mi tierra quedó atrás porque la dejaste mi querido viejo.

Desarraigaste tus entrañas y olvidaste quien soy
y pasaron los años lejos, muy lejos volaba
sin saber quien eres y quien has sido mi querido viejo.

Sangre, sudabas por los campos ganando el pan de hoy,
saliste de la suerte que la vida te brindaba
si no te hubieras ido, pero no me quejo
porque aún viendo lo pasado, sé quien soy
aunque olvidada mi tierra de donde vengo, quedaba
atrapado en el tiempo quieto, sólo y cariparejo.

Pasaron los años convirtiendo el después en hoy
la esperanza ya ha llegado y no es como esperaba,
te quedaste sorprendido y defraudado mi querido viejo
vivido en el tiempo pasado de lo que fui y lo que soy.


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Fdo.: Alfonso J Paredes
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Diario de la Judía

CARTA A SU MADRE



Mamá, hoy me dieron de comer, me siento feliz en este mundo de desgracias, únicamente pan y agua, ¿te imaginas?, pan y agua, ¡qué suerte tengo!, hay gente aquí que muere de sed, sí de sed porque no les da tiempo a tener ni hambre. En otras ocasiones les hacen sufrir y los mantienen con agua para que mueran de hambre.





En realidad, la suerte me viene dada por el soldado que se ha fijado en mí, aunque si lo pienso no sé si es porque quiere violarme, otra vez, o porque siente lástima, incluso podría estar enamorado, ¡iluso!, ya ni los odio, no se merecen mis sentimientos.



No te preocupes, he aprendido a soportarlo y saco provecho de ello. Mucha gente muere a mi alrededor, unos de un disparo en la cabeza, otros porque les inoculan bichos y caen enfermos, otros porque los llevan a esas naves que huelen a butano. Aunque lo peor no es eso, lo peor es que les roban su dignidad, les quitan sus ropas en vida para avergonzarlos, los matan en vida y mueren ya muertos.



Por eso he aprendido a sacar provecho, por eso no debes alarmarte ni preocuparte, en cierto modo tengo suerte porque, como te dije, mueren ya muertos y a mí ya me han matado. ¿Qué puede pasarme ya? Yo ya he muerto, es mi cuerpo el que está vivo y, por lo que intuyo, así les interesa de momento.



No llores por mí, que te conozco, no merezco tus lloros ni ellos tu pena. Sólo pienso en que no hay mañana porque el hombre se ha enemistado consigo mismo, con sus hermanos, padres, hijos y semejantes. Únicamente porque no piensan igual. Qué aburridos son, pretender que todo el mundo piense lo mismo. ¿Pare qué?.



Hoy he visto a un niño matar a su hermano, ¡qué dolor me produjo!, sobre todo porque los conocía. Uno era de ellos y el otro estaba en contra, lo llevaban bien pero hubo una colisión de intereses entre ambos y al final lo denunció. El mayor, que fue el que denunció y que estaba a favor, pensaba que de su hermano se encargarían otros, pero le obligaron a matarlo. Luego no lo he vuelto a ver desde que se alejó hacia las naves esas que huelen a butano. No te digo quienes eran porque tú también los conoces y no te quiero apenar.



Los reunieron a los jóvenes en el patio porque faltaba uno de los suyos que había ido a nadar al río y este se lo tragó. Les prometieron que el que entrara a por él le soltarían y no lo mataría. El río está lleno de pocetas y una de ellas se tragó al soldado. Un chico de unos 17 años se envalentonó, pensando en salvar la vida, y se ofreció voluntario. Le llevaron hasta el río y, sin dudarlo, se zambulló en él. Casi le cuesta la vida, pero consiguió sacar el cuerpo del soldado. Allí mismo le pegaron un tiro en la cabeza y luego metieron a su familia, a la que habían desnudado delante de todo el mundo, en aquellas naves que ya sabes.



Bueno ya no te cuento más que te voy a apenar, aunque lo que te he contado es lo mejor que ha pasado, que hoy me dieron de comer pan con agua.



Fue una historia ficticia, aunque a veces la realidad supera la ficción, pero lo más preocupante de este pequeño relato es que la historia se repite cíclicamente. Sólo porque unos quieren ser únicos o distintos a los demás, sólo por el afán de acaparación del hombre, sólo porque nos creemos con el derecho de apropiarnos de lo que es de todo el mundo, sólo porque no pensamos igual; nos empecinamos en aquello en lo que creemos tener razón, aunque la mayoría diga lo contrario. Solamente me hago una pregunta ¿Cuándo vamos a aprender? Estamos aquí de paso y a ese paso nos ponemos zancadillas todo el rato. Basta ya. Seamos más civilizados, seamos tan civilizados como los animales (parafraseando la canción).

Mi deseo es que nos llevemos bien entre todos, mi opinión es que hablando se entiende la gente, como en los pueblos pequeños que la palabra vale más que los hechos y los hechos van siempre precedidos por palabras. Todo es posible si se quiere y se respetan las reglas que nosotros mismos nos damos.

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El Campo de mi tierra Extremadura

Sí , mira el campo de mi tierra, del color de la jara
y su aroma, al que acuden las abejas al monte o al prado
quedando la recompensa real de la jalea y el líquido dorado
el aroma de mi tierra a flores, sudores, medida y vara.

Sí, mira el campo de mi tierra, del olor de azahar,
de montes nevados de flores blancas de cerezos en flor,
que te abrazan en un jardín de aromas y de humano olor
de sus gentes y costumbres del lugar.

Sus calles empedreadas atravesdas por riachuelos,
sus nobles fachadas engalanadas en sus dinteles,
agua fresca y viandas soportadas en sus anaqueles
de los palacios de nobles y abolengos pañuelos.

Sí, mira el campo de mi tierra con sabor a limón
y hierbabuena en la dehesa regada por el riachuelo,
en cuyas encinas coronan nidos de mochuelo
y de su corteza cercenada para el corcho del tapón.

Mira como serpentean sus ríos y como ondulan sus montañas,
llenos de historias de conquistas, amores y desamores,
mira sus campos trabajados con sudores
de su gente, nobles fuertes y arraigados desde sus entrañas.

Sí, mira el campo de mi tierra, del color de la aceituna,
del sabor salado de las lágrimas que tu rostro bañas,
cansada, agotada de fabricar sus casas de barro y cañas
que dejan pasar por sus huecos la luz de la luna.

Mira los pueblos de mi tierra, llenos de cordura
y engalanados con guirnaldas que coronan sus fiestas,
atraviesan desde la Campiña Sur hasta Las Mestas,
sí, mira el campo de mi tierra, Extremadura.


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Que no habrá un mañana sin un ayer

Quedan horas por volver
a ser un niño ilusionado
o un joven enamorado,
que escancia tus palabras
en la copa de beber.

Y tu corazón me abras
como adulto apasionado,
su pensamiento ha madurado
no habrá un mañana, sin un ayer.

Que mañana ha de nacer,
no puedo asegurar,
una corriente que te lleva
hasta lo mas profundo de tu mar,
para así poder encontrar
una vida nueva
o un mañana, sin un ayer.

Ya no quiero resolver
lo que dejaste atrás estancado,
lo que no llegarás a realizar
y te esperaré sentado
para darte tiempo a pensar,
que no hay un mañana, sin un ayer.

Quedan segundos por saber
que el futuro ya ha llegado
Y el segundo que ha pasado
forma parte del ayer.

Y en el instante antes de suceder
se le puede llamar mañana,
si te asomas a la ventana
verás que no hay un mañana, sin un ayer.

Fd.: Aly Parca,
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Libre Poeta

Ya sabes que soy un libre poeta,
de los que escriben lo que piensa
aunque a veces imposibles me pide
la razón de la misma vida, obsoleta.
Ya conoces mi libre poesía,
¿que quieres que escriba un poema?
yo ya escribí el mejor que pude,
dos hijas de mi propia sangre
las más bellas del reino de la tierra
que me hicieron ser padre.
Sabes que soy libre poeta
pero exclavo de mi vergüenza,
pues no pongo límites ni temas
ni pongo manos, patas o pies a mis poemas,
porque la mejor poesía que escribí.
fueron mis dos princesas.
Si existe un día del padre
tambien es el mismo que el del poeta.

Fdo: Alfonso J Paredes Aly Parca
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Hay quien considera

Hay quien considera
que los poetas son
quienes escriben versos,
y no les falta razón,
pues en su pensamiento inmerso
cree que poeta es cualquiera.

¡Cualquiera escribe a la primavera!
exclama en su alocada conclusión
creyendo que escribir un verso,
es unión de palabras a la ligera.

Esa sucesión de palabras pudiera
que definieran el universo,
de modo que sonara una canción
que jamás oído hubiera.

Hay quien considera
que los poetas son
quienes escriben versos,
y no les falta razón,
aunque en el fondo del corazón,
poeta, ser quisiera.


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Fdo. : Alfonso J. Paredes

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La Borda de mi Barca

Veo a través de tu luz
asomado a la borda de tu barca
y solo veo soledad.
Veo al fondo del horizonte
la venganza de la mar,
bella por dentro y tranquila,
furiosa cuando se la reta,
veo su ira intentando cruzar
la osadía del hombre que la incita,
cuando con su barca sale a navegar.
Me asombra tu noctámbula belleza
cuando tus aguas están tranquilas
y desde la borda de mi barca,
miro a través de tu luz
y sólo veo soledad.


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La oveja que se salvó del tren

Obdulio era un pastor avezado, enjuto largo y espigado. No tenía estudios, aunque aprendió a leer en la escuela primaria. Contaba con un rebaño de cientoveinticinco ovejas, entre corderos, carneros, madres y alguna que otra cabra. Obdulio se pasaba largas temporadas en la transhumancia, pastoreando por los valles, montes, caminos y Cañadas Reales. En su caminar se encontraba con caminos, cruces, carreteras, pedregales, arroyos, ríos y hasta vías de trenes. En su zurrón no faltaban el queso, el pan y las viandas que se iba aprovisionando por las poblaciones por donde pasaba. Como había que conservar las tradiciones, cuando pasaba por alguna ciudad por la que atravesaba alguna Cañada Real, le hacían festejos e incluso cortaban el tráfico para que sus ovejas la cruzaran sin problemas. En alguna ocasión que otra, incluso había salido en el noticiario por televisión.

Conocía a todas y cada una de las ovejas, corderos, carneros y cabras por su nombre: "la machá, la yerbas, la juntá, el bravón,l manoli...", y así una a una; pero había una muy especial, una a la que tenía mucho cariño porque aunque era blanca de lana, la consideraba la oveja negra del rebaño, "la regañá" la llamaba, porque siembre la estaba regañando por su, entre comillas "mala conducta". También le acompañaban dos perros mastines, "Canela y Chiss", cuyos nombre había puesto por el color y por que no dejaba de ladrar y estaba continuamente mandándolo a callar.

Obdulio era un hombre creyente, llevaba una biblia y algunos libros de ficción que leía de vez en cuando, para no aburrirse en medio de la nada con sus ovejas. A veces, incluso hablaba con sus ovejas, en particular con "la regañá" que era la que más trabajo le daba.

La lectura de la Biblia y los libros de ficción que llevaba, le hacía impregnarse de un halo de misterio y de ensoñación. En ocasiones se organizaba conversaciones con supuestos e hipotéticos espíritus y con Dios. Claro que cuando emprendía la marcha, se dejaba de tonterías y se ponía a trabajar. Aunque en ocasiones, a causa de la superstición, evitaba pasar por según qué sitios o incluso pronunciar según qué palabras o números.

Comía con avidez cuando paraba para comer, no sin antes haber bendecido los alimentos, en ocasiones escaso, que "Dios" le había proporcionado por su santa voluntad, desplegando toda su imaginación para componer una plegaria que, según su entender, le satisfacciera a "Dios" y también a los espíritus. Porque tenía cobntabilizado los espíritus: "los del bosque, los de los arroyos, los de las rocas, los santos protectores de la noche, los de los sueños"; en fin, una lista larga de todos ellos, eso sin contar con los "Santos": "San pascual Bailón", patrón de los pastores; "San Cucufato", si no lo encuentro las partes pudendas te ato. Y así otra lista larga de ellos.

Ahora vamos a conocer a Carlos: hombre mayor de unos sesenta años, pelo cano y barba al estilo de Papá Noel, aunque no era tan gordo como éste. Había estudiado magisterio, pero como no había cogido plaza, no por que no estudiara ni porque no fuera inteligente, sino porque se presentaba tanta gente que la proporción de pillar plaza era de uno a seiscientos y, claro, la pillaban quienes aportaban puntos por su experiencia. Era el pez que se mordía la cola, no tenía puntos porque no tenía experiencia y, a su vez, no tenía experiencia porque no tenía puntos para pillar plaza. Así que hizo un curso de Maquinista de tren y, ahí lo teníamos, conduciendo trenes.

Como era inteligente, sabía todo lo que debía saber para conducir uno, incluso, hacía cálculos mentales sobre la velocidad, el tiempo de reacción, la duracióbn del viaje, velocidad constante, velocidad variable, tiempos de frenado y parada total, etc.etc.etc. Así conseguía no aburrirse en sus largos y monótonos trayectos.

A veces soñaba con una clase llena de niños a los que explicaba toda clase de teorías. Soñaba con explicar todos los fenómenos que ocurrían a su alrededor.

Al contrario de nuestro pastor Obdulio, Carlos no creía ni en su sombra. Todo tenía una explicación y, si no era capaz de encontrarla no era porque no la hubieras, sino poque en ese momento no la habían descubierto. Por supuesto que era ateo y lo de los espíritus quedaba relegado para gente con poca personalidad, según su parecer.

Las vidas de Obdulio y de Carlos pareciesen que iban en sentidos completamente opuestos o paralelos, se podría pensar que nunca se iban a cruzar; pero, cosas del destino, sí que se cruzarían en un hecho que ninguno de los dos olvidaría jamás:

En cierta ocasión, cuando Obdulio pastoreaba por uno de los muchos valles que atravesaba con su rebaño. Bueno no era uno de tantos al uso, era uno un poco especial, porque a través de ese hermoso valle discurría la vía del tren que unía dos ciudades importantes. Esa parte del trayecto era aproximadamente la mitad de la distancia que había etre una ciudad y otra, por lo que por ese punto, un tren debía alcanzar su máxima velocidad, máxime cuando en ese tramo no había dificultad ni curva que impidiera al vehículo circular al máximo.

Como siempre "la regañá", la oveja favorita de Obdulio, iba a su aire, separándose del rebaño y pastoreando por donde le venía en gana. El pastor no encontró inconveniente en dejarla pastorear a su aire, pues el valle no presentaba guisos de dificultad, salvo por la vía del tren, que se veía muy tranquila. Tan tranquila se le presentaba la vía del tren, que pensó que quizá no viera ninguno en todo el día.

Ya era la hora de comer y el pastor andaba descuidado preparándose las viandas para el almuerzo. Ni había reparado que "la regañá" se había separado demasiado y estaba merodeando por las vías del tren.

Por otro lado, Carlos iba en su máquina del trén muy contento aquel día, porque era la primera vez que hacía ese recorrido y le habían hablado de la preciosidad del valle por el que iba pasar. Estaba deseando llegar al lugar para contemplar la majestuosidad de aquel valle. Incluso hacía cálculos matemáticos para saber cuando iba a llegar, cuanto tiempo iba a tardar y durante cuanto tiempo, según la velocidad, iba a estar atravesando el valle.

Obdulio, ajeno a todas estas cuentas, ya se encontraba comiendo cuando oyó sonido característico de un tren a su paso por las vías. Fue entonces cuando levantó la cabeza para buscar con la mirada a "la regañá", pues no se fiaba de ella ni un pelo, con razón. El corazón se le escapada del pecho cuando descubrió a lo lejos a su oveja inmóvil encima de las vías del tren. Se había enganchado una pata en las vías. Y al mismo tiempo vio aparecer la máquina del tren por el Oeste, aproximándose a toda velocidad hacia "la regañá". Fue cuando comprendió que no le daba tiempo para llegar hasta ella para salvar la vida de la bóvida, por lo que no dudó en hincarse de rodillas en la hierba e implorar clemencia a "Dios", para su oveja, formulando toda clase de ruegos y oraciones, a la vez que se santiguaba impulsivamente una vez tras otra.

Carlos al entrar en la curva que daba acceso al extenso valle, observó que había una oveja en la vía a unos tresmilquinientos metros, calculó. Echó cuentas mentalmente, más rápido que una calculadora, y llegó a la conclusión de que, según la velocidad constante que llevava, teniendo en cuenta la distancia que le quedaba hasta llegar al obstáculo y aplicando una fuerza determinada, que calculó mentalmente, a los frenos, podría ser capaz de detener el tren antes de que ocurriera una catástrofe. Y así procedió.

El tren se detuvo justo un metro antes de "la regaña", para la autoecuanimidad de Carlos y por obra y milagro de Dios según Obdulio.


MORALEJA: "Lo que para unos es obra y gracia de la benevolencia divina, para otros puede tener una explicación científica. Lo que verdaderamente es importante es que el resultado es el mismo"

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Podría haber sido un sueño. Espinela "Quisiera morirme joven"

Quisiera morirme joven para que mi cuerpo no huela a podrido, quisiera que me recordaran divertido y alegre. Quisiera que nadie llore sino que cante como mi alma canta al olvido, que de viejo me despierto joven, perdido en el monte del olvido. Quisiera haberlo soñado que de viejo, joven he fallecido, aunque nunca se sabe pues del futuro nunca se es dueño. Mirar mi cuerpo y verme frondoso tumbado y en el fondo te digo: "nunca se sabe", podría haber sido un sueño.

ESPINELA "QUISIERA MORIRME JOVEN"

Quisiera morirme joven
atrás que huela a podrido
después, soñar divertido
con mi alma, con ella troven.
Poder despertarme joven
subiendo el monte, me evado
queriendo haberlo pensado,
urdido estaba, en mi sueño,
jamás futuro se es dueño,
frondoso estaba tumbado.

"Y EN EL FONDO TE DIGO"
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"Triste Penar"

TRISTE PENAR

¡Ah, tirste penar que por la amargura me llevas!

Vencido quizá por amor de una bella pastora,

si no fuera porque marcho a la guerra, mi señora,

pues yo la miré y ella me miró y no se quien era.

Prendado he quedado pues ella agradome

apenado quedaba de verla marchar sin ni siquiera

palabra ni gesto ni adios ni beso diome.

Solo quizá en un momento la conociera

porque ella se marchó y me dejó vencido de amor.

Que en aquel preciso instante no quise partir

al destino caballeroso de la noble guerra,

sino que hubiera querido ser su huilde pastor.

Y en la fuente del pilar bebí de su agua

y mi cara con ella quise lavar para quitar mi ardor,

pues no hay mayor dolor que amar,

sin saber que vas a la guerra sin ser pastor.

¡Ah, tirste penar que por la amargura me llevas!

Vencido quizá por amor de una bella pastora,

si no fuera porque marcho a la guerra, mi señora,

pues yo la miré y ella me miró y no se quien era.

PERTENECIENTE A "Y EN EL FONDO TE DIGO"

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Imagen recopilada de la red
"La pastora joven", Autor: Johann Baptist Hofner
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Vuelven las Almas a llorar

Sí, te lo digo de corazón y te lo digo al oido
con el susurro del sentimiento herido.
Se repiten las historias vanales e importantes
que quiero aprender para no olvidarlas, ni olvido,
no ser cazado por la indiferencia de los ignorantes.
Sí, lo miro y lo vuelvo a pensar,
que para poder seguir siendo vivo,
en realidad te digo,
que vuelven las almas a llorar.
Aquellas que algún día fueron escritas
con la sangre de tantos mortales maltrechos,
de aquellos que golpe en pecho, no tenían piedad,
ni a posteriori lo pensaron sus hijos convencidos,
fueron por ello mal nacidos,
cuando hicieron alarde de maldad
contra aquellos que creian sin derechos.
Al recordar la historia con horror gritas:
"En tealidad te digo,
¡que vuelven las almas a llorar!".
De mi próximo trabajo "Y en el fondo te digo" Fdo.: Aly Alfonso J Paredes Aly Parca TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
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