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Cuarenta

Me quedan pocos meses para cumplir los cuarenta
y para mí ya todo es tiempo.
Cuarenta.
A esta edad creo se quitó la vida Pavese.
Se lo prometió a su desamor:
-vendrá la muerte y tendrá tus ojos- escribió.
Se tragó una caja de somníferos, metió las manos bajo la almohada
y se quedó dormido para siempre.
En cambio, Virginia Woolf escribió antes de marcharse:
“No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.”.
A los diez años me mudé de casa y todo cambió radicalmente.
A los veinte pretendí celebrarlo con mis amigos, por todo lo alto, pero era martes y no tenía amigos.
El día que cumplí treinta no lo recuerdo, solo sé que me sentí muy solo:
de ser un loco veinteañero pasé a ser un decrépito treintañero;
aquel día volví a ver el séptimo sello de Bergman,
que trata de la muerte y de la existencia.
Pero los cuarenta se me presentan con una sensación de éxito total.

Canet
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Las cosas por su nombre

Elimino la simbología y sus ceremonias
para llamar a las cosas por su nombre;
expulsada la poesía y las quimeras,
hablaré el idioma de los mortales.
Lo que galopa por mis venas no es un torrente:
le llaman sangre.
El pensamiento no es naufragio ni una embarcación.
Carne el corazón, tirita y late.
No existe en el destino la ejecutada
serie de circunstancias del azar:
a esto que me hiere le digo vida.
Algún día le dirán muerte.
Sólo un símbolo aún bendigo:
siempre diré,
que el amor,
es de una singularidad milagrosa.

Canet
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He olvidado todo

He olvidado todo,
menos a ti.
El resto se ha marchado poco a poco:
lágrimas y heridas,
noches breves,
el cáliz de la amistad,
oscuras mañanas,
el pecado de los jueves,
los bares sin Baco y
el optimismo del otoño.

Todo fue una ligera brisa,
la luna asustada,
la vida sin escribir,
los abrazos postizos y las libretas
con poesías funestas y las misivas del abandono.
La incertidumbre ante el halago,
la felicidad,
la ternura a las cinco de la madrugada.

Estuviste ahí, aunque no existieras aún:
la locura atizando la madriguera de los insomnios.
Las avenidas para caminar a tu lado,
el talle,
los nudos de la carne,
el sendero hacia ninguna parte.

Por entonces existía el frío,
el hastío de domingo,
las fantasías exclusivas,
la piel ardiendo,
mi apetito dormido,
el saludo de la desconfianza, los mensajes,
el teléfono zumbando en la oscuridad,
el firmamento bienhechor cuando apareciste.

He olvidado todo.
Nada tengo salvo a ti,
tu persona que será siempre
un lejano recuerdo de un instante inolvidable.

Canet
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7comentarios 94 lecturas versolibre karma: 110

Uno

Todo roce es un tajo limpio
en un par de pieles,
fuimos uno
antes de acariciarnos.

De ahí la canícula.

Lo inexorable
de esta segmentación,
no hay marcha atrás
tu piel abstinencia de la mía,
tu fiebre
región sureña donde migran mis aves.

Siempre estás en mi
Incluso cuando tiritan los pàrpados de la lluvia.

Canet
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En un mundo incomprendido

Observo los utensilios
de este mundo que los hombres levantan,
donde se fatigan,
rezuman, copulan, coexisten.

Sus cuerpos exprimidos por el paso de los días,
sus noches de resuellos y de televisión,
las disyuntivas donde se admiten.

Hay cierta obstinación
y la ignorancia les ilumina
y la inacción, más férrea que las vigas.

Sin honra
se defraudan, engañan,
como alimañas se olfatean,
engullen y luchan por un trozo de carnaza.

Y cuando danzan, cuando se escurren
o cuando
se humillan, ríen a carcajadas,
entrecierran los ojos, contemplan
la oquedad que se abre a sus pies
y se prestan a un delirio plastificado,
cruel.

Yo pertenezco a otra ribera,
de alguna otra parte,
soy de aquellos que no saben ni robar ni regalar,
una persona ajena a vuestra construcción.

No os aproximéis a mí,
hombres que levantáis este mundo,
dejadme tranquilo,
no es necesario que me eliminéis.
Soy de los que mueren en casa,
de los que mueren por pintar algo de color.

Agonizo al observaros y no comprenderos.

Canet
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3comentarios 118 lecturas versolibre karma: 85

Notas de un lector clavado al sol

Los buenos libros, la sublime creación se encuentra por lo general -uno o dos- cada década. Las excelentes interpretaciones literarias no sólo son incomprendidas sino también temidas porque para vaticinar un futuro deseable tiene que enunciar un presente patético, y eso no es noble para quienes gobiernan esta barca. “Lujuria", es la palabra que suelen usar.
La librería de Ricardo (Pº de la Castellana, 45) es demasiado casta, por eso me apunta con su dedo disparatado y grasiento. Lo que indica que he llegado velozmente a ningún lado.

Los "supuestos poetas" nos hemos visto azotados por los autorizados y humanos en general; a Yukio Mishima le escupían y le martirizaban por ser afeminado, fue afortunado de tener una espada. Quiroga tuvo suerte de conseguir cianuro, y yo soy afortunado por poder escribir este montón de insignificancia, de darle al teclado, de poder contároslo.
No requiero misericordia para el que escribe, no solicito riquezas públicas, ni siquiera pretendo que me entiendan; lo único que quiero es que me dejen tranquilo en la alegría y en la atrocidad, en mi secreta labor.
Solo imploro eso, que me dejéis reposar en paz, sin dedos juiciosos. Os he permitido tener a las mujeres más agraciadas, los chalets, los BMW, los viajes, el caviar, los zapatos de 500 euros, las exequias más costosas, los Kandinsky originales, pero dejadme en armonía con mis "lascivas ideas" y señalad con el dedo a la caja tonta, o a las revistas de papel cuché con damas de carnes rosadas, insípidas, envanecidas, carne con rostro absurdo, manifestando una tremenda oquedad para que los menores se masturben y para que los sucios abusadores jugueteen con tocamientos en el parque infantil. Creo que cuando me señalan con el dedo
- .."Ahí va el bohemio pornográfico"-
en realidad hacen incursiones en su propia desconfianza y en su poca conciencia. Rabian y se desorientan en el fondo de su alma.
No pediré que me entiendan, no creo que me obliguen a tener que hacerles entender.
Sólo quiero que me dejen en paz.
Ahora estoy algo ocupado.


Canet 2011
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Vida

Mientras nos entretenemos jugando en la calle,
Ilusionados con la llegada de la primavera,
amarrando tallos al cabello,
salvando hormigas en masa,
contando gusanos y
caracoles en el sendero,
girasoles convalecientes,
eso que vemos que permanece
y que finaliza.
Es vida

Tan insignificante como eso.


Canet
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Cuando era niño

Estás líneas las escribieron a medias
entre las entrañas
y la paz de mis muertos que yacen bajo el musgo.

De donde yo provengo,
de donde yo fui,
de cuando yo era un niño
–poco después que ahora-
había un cementerio y jugábamos al escondite.
Hoy
cerca de aquella infancia hay una iglesia
que rinde obediencia
a una divinidad de plástico.

Siempre
–cuando era niño–
poco después que ahora,
hubo un sendero fecundado de incógnitas
con sus meandros cultivados de silencios
y mi desconocimiento.
Después,
llegaba la primavera
y florecían
los espinos con sus agujas
y dejaba de ser yo.

Canet
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Sin título 90

Grito tantas veces lo que no discurro
que han dejado de interesarme las palabras
que arrojo de modo insistente.
Tan solo me entusiasmo por lo que hablo conmigo
y de esa forma he hallado día a día
el transcurrir de mi mañana hacia el ayer.
He conseguido
no convertirme en sirviente del deterioro
y a no caer en la cínica pose del tolerante.

He dejado de hablaros
aunque intento explicarlo todo.

Canet
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El banco

El banco tenía una placa
que sólo los hombres invisibles podíamos descifrar:
"Se pueden sentar y observar"
rezaba aquella placa
que un hombre cualquiera no hubiera podido descubrir.
A pesar del mensaje
ningún hombre tomo asiento
para observar
desde este banco que agoniza de tristeza,
esquelético y sombrío,
en la acera del paseo.

Canet
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Un hombre común

Con cuarenta
he encontrado el amor, la poesía y las heridas.
La vida es más auténtica,
no he dicho más tranquila, solo más auténtica.
Miro por la ventana y escribo,
pienso en Silvia y en los niños,
también en la sinrazón de cada día
y siento que me duele y me hiere.
Todo esto me fuerza a concebir color y luz,
a quitarme la ropa negra como quien se quita
los calcetines
para a caminar descalzo por la noche,
para llorar en secreto.
Ahora observo a un hombre común,
pienso que la vida se mantiene
y que toda herida tiene audiencia,
aunque sea el amor, la poesía o las lágrimas.

Canet
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Los pétalos rojos

Hace mucho tiempo
yo observaba desde la ventana de una habitación
como la lluvia aplastaba los pétalos rojos contra la tierra
y en ese instante único de la juventud que apenas pude alargar
supe que jamás olvidaría esa escena,
que apenas recordaría nada de aquellos días,
ni mis no amigos,
ni mis aficiones o intereses , ni mis temores,
compañeros, ni escritores, ni bandas de rock
ni películas de amor, ni enemigos empapados en una cultura bukowskiana...
sólo los pétalos rojos y el diluvio,
me acuerdo del día y de la lluvia
me acuerdo de la hora exacta y de los pétalos rojos
y que nunca en los años que continuaron comparé con alguna otra.

Canet
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No hay otro Yo

De momento la existencia
en mi táper de insuficiencia
unas descarnadas lentejas de celeste verde
aquí en mi táper
mírame
mírate
escribe sin desconfianza
destrozar la luz
o crearla
descubrirla
como quien abre los ojos y pinta
un firmamento anaranjado
en el táper exiguo,
Bergman, zanahoria, versos
más Bergman y alguna patata
versos sobre la servilleta
tantas películas
ingobernables maravillas
y la luna
emparedada en mi ventana
y el fruto de la locura
tan carcomido
éste apetito propio
siempre presente
es verdadera victoria
que es el cuerpo
y la tierra
que no envejece.
No hay otro Yo
en este táper empobrecido
tan solo yo
devorándome lentamente.


Canet
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Tú y yo, o nada

Si se te ocurre marchar antes ,
me elimino
del decorado nuestro y único,
mi caminar se olvidará de ese sendero
que conduce a nuestro hogar,
a nuestros muros de claros de luna.

Por si se te ocurre irte,
me diluyo,
me convierto en umbría de tu sombra,
al extremo de las alas de un cuervo,
emigro hacia un lugar desconocido.

Si se te ocurre dejarme cubierto con esa desmedida
conmoción, me enquisto en la madera de los cipreses,
me hago mineral entre las rocas,
me suprimo de mí,
deshago mis líneas,
siempre seremos tú y yo, o nada.

A S.R.L

Canet
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Sueño...

Sueño….
qué maravilloso es poder soñar, dormir serenamente, aflojar todos los músculos del cuerpo y dejar a la fantasía en total libertad, en armonía con todos los impulsos percibidos pero soñando.
Sí, soy un tipo extraño para el resto del mundo porque en mis sueños estoy en completa soledad, no puedo refutarlo, pero tal vez haya una gran muchedumbre dentro de mi subconsciencia, y eso niega el estado autónomo y aislado de mi ser mientras duermo intensamente.
Me ocurrió una noche que, ya en el lecho, reflexionaba yo, justo en lo sucedido momentos antes.
Y eso no era nada misterioso, sencillamente estuve en casa de un antiguo colega; aunque, si bien es cierto que hacía años que no le veía y algunas cosas eran distintas.
Entonces me encuentro a su lado en el camastro, clavados, viendo una película de Bertolucci y le envío un mensaje de texto a través del teléfono, cuando inmediatamente me dice que debe irse.
No tiene sentido porque me encuentro en su casa, a su lado, y yo soy una visita, y me declara que debe marcharse al trabajo.
Pero así ocurren las cosas cuando uno duerme profundamente. Inmediatamente, escapo de la casa hacia unos jardines comunales, y me aproximo pausadamente hacia una señora que, inmóvil y ceñuda, me examina fijamente.
Ella está perpetua en el jardín, como si fuera una efigie, parte de la decoración.
Ahora regresa mi colega, parece que retorna porque olvidó el táper con la comida. Se lo doy yo, no comprendo nada, me siento desorientado.
Me agradece lo del táper y se larga en su moto, voy caminando, todo se distorsiona, las calles permutan.
Entro en el supermercado, hago cola para comprar algo de carne roja pero me voy sin llevarme nada, estoy irritado.
Busco mi hogar, no doy con él y llego a una avenida que resulta ser una librería especializada en bestsellers, perdón, en superventas.
Imaginaos la confusión, todos los libros parecen tener vida propia. Hay Ken Follett´s, Cohelo´s, Dan Brown´s, biografías de un ex presidente y Stephen King´s para colorear.
Quiero irme de aquel sitio por lo que veo y por la angustia que me provoca la empleada.
Gesticula sin parar tocándose su aceitoso cabello y me escabullo de sus grasientas zarpas metiéndome en un ropero el cual me lleva, misteriosamente, a una puerta.
Un niño espera y me silba. No tiene cara. Enfrente de mí hay unos escalones y una nueva entrada. Grito atormentado, llamo a dios, pues seguramente se ubique al otro lado.
La entrada no tiene pomo, sin embargo, el niño sin semblante encaja su dedo corazón en la abertura en la cual iría fijo el picaporte y abre.
Nadie está al otro lado.
Me siento extraviado y no localizo a dios. Lo que descubro es una dependencia de la Guardia Civil y ellos sospecho podrán echarme una mano. Pero no sucede así, le digo al niño sin cara. -Son unos farsantes, no pueden socorrerme.
Dios no tiene uniforme verde ni se encuentra en ningún lugar.

Canet
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1comentarios 109 lecturas relato karma: 91

Dormidos

Un buen día fui con mi abuela a visitar el sepulcro de mi abuelo.
A decir verdad, el abuelo no se encontraba allí.
Visitamos la tumba.
Un operario la fregó con su apagada bayeta dándole algo de decencia.
Arrancó algunos hierbajos que crecían a su alrededor.
Frente a mí, una yedra descendía como una tarde triste.
A uno de los lados, unos frondosos cipreses se nutrían con el alimento de los muertos.
Un cielo sin aves de las ocho de la mañana parecía próximo a encenderse.
Mi abuela rezó y se quejó: -Ay Manuel-, dijo entre lamentos.
Su semblante retornó a la tristeza y vi como su apariencia menguaba.

No sospechaba ella que pocos días después moriría
y que yo tendría que adueñarme de su pena y de sus lamentaciones.
Tuve que meter en mi cuerpo a ambos.
Llorar por el abuelo y por ella.
Hoy los dos descansan en mi corazón
y no pueden despertar.


Canet
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En la planta 47

1.
Me encanta mi trabajo.
Soy distribuidor de almendras.
También tengo golosinas, chocolates y bizcochos.
Todos con aspecto de locución.
Oraciones que dulcifican.
Que pulimentan los endemoniados mecanismos del tiempo.
Que templan el gélido viento que recorre por los espacios solitarios.
Distribuyo caramelos, bombones, pasteles.
Los envuelvo en armonías de palabras sabrosas,
los embadurno con la gustosa vainilla de los sueños.
Creo que no sabría hacer otra cosa.
Me siento en mi silla de cada mañana,
entre la planta 47 y la bóveda celestial,
y aguardo hasta que se eleven las palabras
y la brisa las lleve al lugar donde alguien contempla el firmamento.



2.
Un pájaro siempre se presenta en mis poesías.
Su revoloteo lo gobierna su presente.
También su exactitud, que ignora línea recta.
Se eleva y después desciende para aproximarse a un verso.
Voltea entre las nubes, se acerca al fragmento del margen.
No se desplaza, se deleita.
Uno entiende de inmediato que una civilización de pájaros
nunca hubiera inventado el aeroplano.
Ni siquiera el barco.
Pero obviamente habría inventado la poesía.
Y la ciencia.
Y a los pintores flamencos. Y el cielo.
Bate sus alas consciente de la música que produce.
Absorbe de las palabras más bellas su excelencia.
Un pájaro siempre se presenta en mis poesías.
Le veo, deletreándome.



3.
Que sean los pájaros quienes escriban el punto final a mi poesía,
y aquellas palabras
que siempre han sido mías
regresen al comienzo,
a la primera voz sin sentido
en la que brotaba la inocencia,
al mutismo en su totalidad,
para que logren ser pronunciadas en otros labios.

Que los pájaros
amantes de las musas
cierren mi boca enajenada
y sellen los ojos frente a este cielo
instaurado en la pta 47.

Canet
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No sabes quién soy

Lo ignoras todo de mí,
y aun así continuas señalándome,
me conviertes en el centro de tu furia
y embarras con rabia mi mutismo.

No sabes quién demonios soy:
me trago mi sentencia
con mordiscos de decisión y tristeza.
Me hundo en el dolor cotidiano
y no me dañan las apariencias.

Y aunque me hinquen uñas afiladas
los buitres insaciables
que creen tener legitimidad en el cielo,
mi surcar es noble y autónomo.
Y aunque se me derrame el sentimiento
y no aguante la corriente de mis aguas,
no ocultaré mi espíritu en tupidos tejidos.

Ni sentencio, ni desdeño.
Me emociona la vida en su origen
y me conmueven las lágrimas,
la angustia extraña, lo bello,
y la palpitación secreta
de las minúsculas cosas.

Sé disfrutar de la soledad y del aguacero,
en todo descubro principios de grandeza,
y por igual aprecio
la modestia armonía,
y la joya que resplandece en su fulgor.

No hay codicia en mí.
No hay arrebato de elocuencia fatua,
ni sabiduría, ni sucios artificios
de odios latentes.
Porque mi prosa germina
de fuente serena
y si existe algo a lo que honro...
eso es, sin titubeo alguno,
aunque lo ignoréis,
la misteriosa sinceridad de la poesía.

Canet 2010
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La vida

La vida se encuentra lejos
y a la vez está cerca.
Se encuentra en lo que sucede
y en lo que está por acontecer.
En las charlas y en los silencios.
Se presenta donde todos la buscan
y donde tal vez pueda estar.
Uno cree que la vida es como una línea del metro
cuyas señales sean paradas donde los pasajeros se montan o se apean.
No hay nada más insólito que la vida.
La vida respira por fuera y por dentro,
en cada uno de los bordes, muy allá o demasiado aquí.
Es aquello que palpita en un vocablo,
en un sonido, durante un momento.

Canet
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7comentarios 68 lecturas versolibre karma: 85

Escapando

Recuerdo que mi primer juguete fue un perro de peluche, el perro Juan.
Nuestro primer juego fue escondernos en el armario de mi madre
y también esperar el momento adecuado para escaparnos a la calle.
Juan y yo preparábamos el equipaje y acomodábamos dos almohadas de la cama grande como si fuesen los asientos de un vagón .
Y nos sentábamos, cada uno mirando por la ventana.
Juan no llevaba maleta, ni mochila siquiera, sólo su lanudo jersey rojo.
Yo llevaba un baúl de madera muy pesado. Quizá el mismo que mi madre utilizó en su viaje hacia Madrid.
En su interior había una chaqueta vieja, las ceras para colorear, un par de cuentos, una navaja y mi inseparable linterna.
Fugarme de casa fue uno de mis juegos preferidos.
Se trataba de una llamada para viajar.
Con la gran mudanza a los once años, y la tendencia de mi madre por deshacerse de todo,
perdí de vista a Juan, el pesado baúl y aquel armario.
Pero mantengo intactas las ganas de seguir ocultándome…
de continuar escapando.

Canet
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2comentarios 50 lecturas relato karma: 95