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El Otro  vídeo

Eres mi antónimo por antonomasia.

Todos los colores de la paleta que no pudieron complementarse.






Eres mis líneas rojas.

Mi tiempo perdido, todos los lugares en los que sentí vergüenza.

Eres lo incomprensible de un razonamiento abstracto que nace en otro.

Mis ganas no reconocidas de hacerte el amor.

Eres un golpe en el hipotálamo.

Un río de tinta púrpura.

Un balazo a tiempo,

Un perdón a destiempo,

Un amanecer frío de Agosto,

Eso, eres.



Pero no eres EL OTRO.

No eres el enemigo.



Mi némesis soy yo.

Somos lo mismo.



Los dos tenemos hierro en la sangre.

Compartimos la materia.

Nuestras sístoles laten en sintonía.

El componente “A” hace funcionar el componente “B”

Formamos parte del mismo engranaje,

Somos dos caras compartiendo moneda.

Pertenecemos a universos paralelos,

Siempre viajando cerca pero orbitando en distintos mundos.



Eres lo que me falta,

Mis ganas de ser invencible.


Me retas. Me sumas.

Me das lo que no tengo.

Eres justo lo contrario

y por eso,



Creo que podemos ser uno.

Aún siendo imposibles,

Aún siendo distintos,



Complementarios.

Y únicos.
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Tú y yo rimábamos

Tú y yo rimábamos.

Éramos dos caras iguales compartiendo moneda.

Teníamos una sintonía absolutamente mágica, que nos hacía hermosos, fuertes e invencibles.
Pero la armonía tiene un precio y la perfección solo dura lo que dura un aleteo, si no… No sabríamos percibirla.


Tuvimos que devorarnos y después de eso, ya nada fue suficiente.

Disparamos y el fogueo nunca fue para nosotros. Nosotros íbamos a matar.

Y nos matamos. A silencios, a vacíos y a distancias.
Nos matamos bien muertos. Nos rematamos. Y ninguno creyó nunca en la resurrección.

Y es que a joder no había quien pudiera ganarnos. En esto también, éramos únicos.

Nos matamos con pistola, con hacha y con veneno. Asfixiándonos, rompiéndonos, ahogándonos.


Sin piedad, sin paciencia, como si nunca nos hubiéramos lamido.
Te odiaba con tanta rabia… Con esa que uno tiene solo después de querer mucho. Porque no podía comprenderte… Y las dudas están diagnosticadas también como enfermedad letal.
Te odiaba porque para mí nada estaba por encima.
Porque pudiendo ser con otros, yo solo era contigo.

Y dime tú si eso, no es razón suficiente …


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Ahora

Ahora que tú ya no eres tú y yo no sé dónde ponerte.

Ahora que te parece más importante tener, que ser.




Ahora que por fin entiendo que lo nuestro fue el cuento de nunca empezar

y que el primer beso puede ser también una manera de acabar.






Ahora que sé que hay trenes que no llevan a ninguna parte.

Que soy como el mosquito que se deja guiar por la luz que le mata.

De indiferencia o de rabia.

Ahora que la tormenta no trae la calma.





Como una piel acostumbrada a una herida, que sangra.

Que no cierra ni te mata.



Ahora que las grietas suenan anunciando el estallido.

Que lo roto se recompone como si por allí nunca hubiera pasado el huracán.



Como si pesar de nosotros, todo hubiera sido lo mismo.

Como si nunca hubiera sido tuya, como si diera igual.




Ahora que nos empeñamos en borrar lo extraordinario.

En matar el regalo que fue ser nosotros por un rato.





Ahora que toda la orquesta se ha ido del barco

y sólo que da una pareja de animales abandonados.





Ahora que el diluvio pasa y tú recuerdas,



Que un día nosotros también fuimos tormenta.
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Lo que no fuimos

A veces te preguntas cómo has acabado aquí… tan lejos de todo lo que querías que fuera.

Piensas en por qué la distancia lo fue ocupando todo…



Te preguntas:

¿Por qué aquella noche no le devolviste la llamada?

¿Por qué ella nunca supo que seguías al otro lado?

¿Por qué “todo” no fue suficiente?

¿Por qué no se pueden atravesar los puntos de no retorno?

Esos que indican que es el final del camino, que sólo puedes volver sobre tus pasos porque al otro lado sólo hay un precipicio… el de su olvido.





Aprender a ver esos puntos … tocarlos y bebértelos, eso te hubiera bastado.

Pero no, tú eres más de gastar todas las balas, incluso las que no tienes.






Entonces nos convertimos en barcos varados.



Fuimos isobaras del mapa de la memoria. Constelaciones apagadas, planetas muertos, flotando en la inmensidad del universo.

Galaxias que se desbordan y se desintegraban, ases sin baraja, notas sueltas, lunes de invierno, silencios llenos de nada…

Luces que no proyectaban sombra, grietas, borrones. Dos coordenadas que no indican ya ningún lugar.





Porque ya no latimos.



Porque todos nuestros vértices se han desalineado.



Y ahora, YA – NO – SOMOS.
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A veces

A veces pasa.

A veces, alguien te sujeta de la mano fuerte y te evita un precipicio.

O se convierte en uno pero esta vez, te apetece asomarte.



A veces, dos días son más que dos siglos y las miradas se te meten por dentro.

Por entre las rendijas.

Las intenciones te atraviesan y tú solo quieres no pararlas.

No hay respuestas, sólo balas … ‘para siempres’ en los que por primera vez crees. Y quieres.



A veces surge, a veces te pasa todo lo que no te pasó antes.

De golpe.

Duro.

Sin preliminares.



Su voz se acomoda en los pliegues de tu cerebro, se hace contigo

y eres capaz de oírla en medio del silencio.

Escupes flores.

Sus manos tiemblan y tus pestañas se colocan para recibir miradas.

Si me hubieran disparado en ese momento no me hubiera dado cuenta.

Me sobraba adrenalina y me faltaban ‘peros’

y ese estado es tan peligrosamente mágico que a los días le hacen falta horas.



Que los límites de lo conveniente se desdibujan

y en su lugar nos colocamos nosotros.

¿Cómo lo haces?

Cómo te instalas en mis inseguridades para destruir toda esa parte que me sobra y de la que me cuesta deshacerme.




Sólo sé, que me despierto pensando en hoy y no en ‘ayeres’.

Sólo sé que devoras las ganas de tener ganas,

solo sé que contigo soy tan yo que no debería tartamudear ….

Ni aunque me mires tan profundo.



Y te advierto que si vas a desarmarme

estaré preparada para no hacer nada.

Que si puedes leerme las ganas

sabrás que hacer conmigo cuando te lo pida.



Que si me retas,

voy a estar allí con todas las respuestas.

Que si me ganas

no te hará falta volver a ningún otro puerto que no sea yo.

Que si soy lo que deseas

sabré desearte como necesites.

Sin que me pidas.



Que si me encuentras

yo siempre sabré entenderte.



Que la lealtad es mejor

que cualquier otra boca.



Que lo aprendí contigo.
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La canción

Eres esa canción por la que rebobino toda la cinta, para escucharla una y otra vez.
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Los martes

Necesito 257 martes más. Todos como este.

Necesito hacer el cálculo de los abrazos que me dieron a lo largo de mi vida y pensar en por qué ninguno me sirvió para deshelarme por dentro,

Por qué la suma de todos no fue suficiente para superar uno sólo de los tuyos.

Por qué tú siempre ganabas por goleada en este juego de rol en el que sólo podíamos perder o morir.



En el que abandonabas el campo de batalla sangrando pero habiendo disparado primero,

Para volver con bandera blanca….Como sí nada… Cuando todo.

Y es que tú siempre volvías, para comprobar que aún estaba haciendo como que esperaba la señal para marcharme.



Y firmamos la paz tras el armisticio de tus mentiras.

Y apostamos a creernos, a reconstruirnos las tristezas para comenzar de cero, una vez más, sabiendo que sería la última.



Y desde entonces, calculo en tus pómulos todas las noches que nos hacen falta para olvidar que hubo un día en que decidimos olvidarnos, sin saber, que al olvidarnos del otro, nos olvidábamos también de nosotros mismos.

Y entonces tuvimos que volver,

Volver a buscarnos para encontrarnos…

Para permanecer.

Para seguir vivos, para mordernos por dentro y desatarnos las costuras.

Para conservar esa parte de nosotros mismos que aún nos decía quién éramos.

Que mantenía la esencia de lo que significa tener un lugar en el mundo… Tú eras mi lugar en el mundo.



Tus manos eran mi credo y la línea que separaba tus labios fue durante años mi horizonte.

Tu clavícula fue mi almohada y el borde de todos mis precipicios, a esos que me asomaba sólo para ver qué había debajo.

Tu piel, el campo de minas y lunares que repasaba mentalmente antes de posarme.

Tus ojos mis principios. Tus palabras mis finales. Y tu boca los puntos suspensivos que unían tus idas y mis vueltas.



Siempre fuiste huracán y a mí me perdían las catástrofes.

La galaxia de tus ojos, en la que me gustaba mirarme cuando estaban a punto de desbordarse era mi mejor espejo,

el único que me decía quien era realmente,

por qué luchaba, cuál era mi causa

y por que no podía desertar de sus guerras

aunque nunca hubiera ganado ninguna.



Porque éramos isobaras situadas en el mapa de la memoria,

perdidas en cada curva, en cada estímulo, en cada movimiento de tus manos buscando por inercia mi boca.

Para dibujar con las yemas, mis palabras no dichas.
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Serás

Yo sé que los amaneceres también se rompen.

Que todo lo que no fue, será un lastre que cargaremos a la espalda.

Y podría esperarte en los confines del mundo pero no lo haré, ya no.

Sabor a olvido.

Sabor a Nada.

Sabor a premio de consolación cuando oigo “no puede ser”, esto no es para nosotros.


Tengo las mismas ganas de abrazarte que de disparar y la misma fuerza para llevarlo a cabo.

El desorden premeditado que te dice que todo está en su sitio, dónde debe estar. La escena del crimen con su cuerpo y su móvil esperando a que alguien pueda descifrar el misterio.

¿Y si vuelvo a por ti? ¿Y si no estamos acabados? ¿Y si tu aliento en mi nuca me devuelve a la vida?

No sé si hay tiempo, no sé si la derrota y la herida pueden aguantar esto, un día, un minuto, un pensamiento más siquiera.

En el fondo sé que la felicidad no era para nosotros. Nosotros juntos.

Y pronto tendrás lo que querías. Pronto habrá cenizas que esparciremos en los rincones del cuerpo.

Serás algo difuso rondando por mis esquinas. Un latido débil que no sonó al compás. Un imposible de esos que me gustan y me arruinan la vida. Una forma sin definir, una nota que sonó a destiempo. La distancia que sobra. El tiempo que falta. Humo, sangre, fuego en la garganta.

Serás el punto que cierra un ciclo y te llevarás contigo todo lo que yo no quise ser. De lo que nunca formé parte.

Yo sé que esto también se romperá, pero el polvo sucio que cubre tus sentidos también es parte de lo nuestro y de nosotros mismos. De nuestras miserias y causas perdidas.

De nuestra sustancia.

De nuestro sudor.

De nuestra locura. TODA NUESTRA LOCURA. Sucia, envenenada, rota.


Y seguramente puedo vivir con ello, pero no quiero.
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