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Sangre, fuego, agua y tierra,
en ellos me fundo como una ola
envuelta en la magia de la guerra,
enredada en las arenas de una caracola.
Estrellas, galaxias, universo que me encierra,
en ellos soy el apocalipsis de una pistola,
viajo en forma de meteoro en sierra,
muero después en lágrimas de escayola.
Fuerza, poder, omnipotencia que yerra
en los mayores confines de un “hola”,
dicho detrás de una puerta que me cierra
el puño de acero que me descontrola.
Furia, infierno y hecatombe gamberra,
como el tiempo mismo, que me viola,
me arruina el corazón con el eco que desencierra,
la rosa escrita en el amor de una pianola.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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La flor de mi eternidad

Relucientes flecos, verde horizonte,
esquirla del campo naranjo, aquel,
ojos del amar, del tuyo vergel,
bailan juntas en tu hogar, viejo monte.

Nuestros deseos, cerca del apronte,
sueño de estar unidos, piel a piel,
aroma radiante como corcel,
rosas y océanos, nuestra simbionte.

Vives para por fin poder contarlas
sobre la faz del tan frondoso ayer,
resplandeciente, hermosa cuando charlas.

Rosa de dedos, roja de poder,
perfume de ellas, sin jamás atarlas,
ven a mi amor: al de todo mi ser.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Destinos preunidos

Despido el tiempo con creces,
amanece un nuevo día,
impertérrito, duradero,
se jacta de la noche mil veces.
Estalla el esplendor de las nubes,
rayos de fuego, once lunas,
la que falta llueve en mi corazón
las gotas del ser al que te pareces.
Cantos de agua, joven secreto,
traspasa los gramos del ingenio,
pesa los millones de besos
que gesta a lo que me perteneces.
Vidas de ritmo, atestadas de ancianos,
abierto el techo del mundo,
planeta andado por lo titilante,
sangre y amor, ten de mí lo que desees.
Mata el sol, el mítico dios de dioses,
acuna la sal que la arena destella
en los rostros del mundo;
la felicidad, lo que te doy: lo que te mereces.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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2comentarios 32 lecturas versolibre karma: 78

Letargo amoroso

Arrullo las cartas que datas a mi caída,
sentencio poemas para toda la sumida
desgracia que pulveriza sangre reprimida,
sed de mentiras, placer de boca consumida.

Madre santa que gozas de la pasión perdida,
obtén el deseo de ser fuente bendecida,
fe de la vuestra sonrisa desaparecida,
cantas el susurro blanco, noche repetida.

Olores de tantos besos que sufran la vida,
generosos de oro, la madurez unida,
dulzor meticuloso, hilo de miel asida,
manjar de mango, pasión de mi rancia herida.

Roza las almas que lloran por ti convertida
en la diosa que paga mirada convencida,
humanos por ella, querubín de la leída,
ella siempre vive, mi perfecta prometida.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
5
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Entre tus letras

Soy la enredadera de tus letras,
la máquina de tu magia,
una inmaculada secta,
el rímel de tus pestañas.

¿Lloras por nuestra felicidad?
"Esto no es nada",
dice mi boca subliminal
con mensajes de tinta sagrada.

Te avergüenzas de ser niña,
mi dulce enamorada,
se te sonrojan las mejillas,
nerviosas después cuando me amas.

Dicen del corazón que con sus latidos
enamora al poeta más recio,
y será entonces el perfecto veredicto,
pues nuestro amor no tiene precio.

El orgullo de ser tuyo,
sagrado hombre para tu destino,
conquistadas letras son estas aguas,
las que fluyen por hoy domingo.

Tengo tanto que darte,
que cada día no es lo mismo,
cada día quiero enamorarte
hasta que Dios diga: "pronto seréis míos".

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El peligro de la huerta

Algarabía que sufre el campo,
huertos fértiles, castillo domador,
luna mágica, cántame algo,
mézclate en las dunas de un escritor.
Amiga en lecho blanco,
juega con el eclipse sanador,
herida que cura al santo,
sagrado ente del esplendor.
Las mañanas, un albo,
un joven se jacta con el tambor
tocando las campanadas del año;
las doce ya son.
¡Por fin!, gritamos cada agrario,
cada quien con su tractor
arando el trigo casto:
dulce de la pasión.
Mendigando por el trabajo,
cosechamos la traición,
uno de ellos era un mago;
fue nuestra perdición.
¡Al ladrón!, todos chillamos,
suerte tuvieron al cazarlo,
con manos de salsa y picón,
al mástil del granero lo ataron.
¡Discúlpate con el señor!,
todos rugieron al unísono canto
las églogas del centurión,
que al granjero hicieron crucificarlo.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El bastón de tu vida

Soy un hombre de reyes,
un siervo para tus masajes,
un don nadie que te sirve en plato
todos los besos que te entregue.
Soy un eunuco en tu custodia,
un conde sin tierras
por habértelas regalado
entre poemas y eróticos placeres.
Me llamas súbdito,
me tomas por tu lacayo,
entre sábanas soy tu señor,
el que siempre te obedece.
Mi propietaria, mi amor,
la dueña de mi eternidad,
soy el dios de tu corazón,
que al mirarte, pierde todos sus poderes.
Trátame bien y mal,
como a cualquier objeto,
como una pelota de fútbol
o el muñeco con el que juegues.
Soy el orgullo de tus diarios,
esos que escondes en tu alma;
seré la letra que te falta
y la historia que tú me ordenes.
Soy un lápiz para tus sueños,
la tinta suave de tus cuadernos,
el dulce tacto de tus carpetas,
o lo que guardas en tus portapapeles.
Soy la línea que no hallas,
el olvido, el material desorganizado
que prestas en tu mesa:
en ella seré tu estudio adolescente.
Busca en mí lo que más deseas,
el cuerpo que te abrace,
la llamada que te desespera,
tu día presente.
Soy el amo de tus pies,
el camino que siempre has querido,
el carruaje que nunca has tenido,
la sagrada joya que vive en tu vientre.
Soy un soldado de guerra,
un cabo para tus instrucciones,
el arma de tu mano,
el disparo mágico de nuestra fiebre.
Soy la empuñadura de tu vida,
el escudo que cubre tus necesidades,
la medalla que te condecora,
la armadura que siempre te protege.
Soy una bandeja de plata
donde encontrarás amor y más amor,
ensaladas, frutas y carnes,
para ti soy esa gran delicatessen.
Soy un perro, una mascota,
un maestro para tus tareas,
un hombre entregado a ti,
un caballo, y tú, mi jinete.
Soy la lanza que porta el universo,
tus manos la moldearán
a eso que ambos llamamos:
amor perfecto e imponente.
Pero lo que más soy
es un bastón mágico,
con él sostengo tu sonrisa:
la felicidad que siempre te mereces.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Un poeta de ella

¿Qué es ser poeta?
Vender tu alma al Diablo,
pertenecer a otro Cielo,
dirigir tu ego al ser humano,
discernir qué es Bien y Mal,
andar sin pies en la tierra,
desafiar a todo el océano,
generar agua nueva,
ordenar que se queme el fuego,
engañar a un ángel
o morir cuando ya se está muerto.
Ser un poeta significa poco,
insuficiente... o más que eso, nada.
Ser un poeta es menos que una sílaba,
un gesto malogrado en el tiempo,
un falso nacimiento,
un ente dentro de ti
que tu espíritu te va comiendo.
Ser poeta es el orgullo de un espectro,
la sombra que te mece
sobre los brazos de lo eterno,
agonizar por amar el amor,
distanciarse del conocimiento,
buscar otra verdad,
permanecer siempre en silencio
y odiar la maldita soledad.
Mientras cruzas los brazos,
enquistas los codos en la mesa,
entrelazas los dedos
y finges ser cualquiera,
al final la lengua te puede,
y nace de ti la mayor obra maestra:
el corazón de un verdadero poeta.
¿Qué es lo que hace?
Lo que hace un poeta
es entregar la vida a donde se dicta,
a donde él quiera,
a lo que más le susurra el viento,
a lo que le alimenta.
Mientras los versos blancos
permanecen en pos del verano,
los medidos y más perfectos
duermen en el invierno, rezagados.
¿Qué es el poeta?
Una esencia, una vida literaria,
una congregación de santas pascuas
esputándose de los labios
hacia el mundo, hacia las gentes,
hacia ellas, las personas de otros universos,
de otros planetas,
donde yo no me encuentro,
aunque pertenezca a la Tierra,
yo no soy de ella,
y cuando una palabra mía se convierte en mito,
advierte de ser profecía,
mejunja de engreída,
se hace leyenda,
y finalmente, envidio a Lorca,
a Neruda, a Márquez,
o también a Juana la Loca.
Pero lo que más soy,
¿qué es un poeta?,
soy la granja de una saga
donde preñado siempre me siento,
dando a luz a la guerra,
cada jornada de mi vida,
por todo el amor que le debo,
a mi mujer:
solamente a ella.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Una sola palabra

No tengo palabras para definirte,
lo más hermoso,
lo más tántrico,
lo más extenso de cada eclipse.
Permanece mi voz atónita,
sin labia mágica
con la que intentar describirte.
Ni una joya tiene tanto valor;
eres trance para los ojos de Dios;
eres la gloria de todo lo que existe.
Letras o números,
eres un código abierto,
la luz que me diste.
"¿Deseas ser mi esposo
por siempre y eternidad?",
eso nos hizo felices.
Petrificado me siento
juzgado por tu esplendor;
contigo quiero ser libre.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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A campo abierto

Cosechas todo mi amor,
plantas en mí tu beso,
me riegas con la pasión,
soy el hombre más feliz del universo.
Siembras en mi boca una razón,
los millones de deseos,
trigo, café y maíz marrón,
soy el numen de tu cuerpo.
Dejas tu huella de rosado color
en la arpillera de mi cabello,
papa, tomate y frijol,
soy siempre tu alimento.
Agricultura de tus manos de carbón,
ojos que observas mi secreto,
cebolla y ajo de rojo bermellón,
soy el picante de tus fantasías y sueños.
Granjero alienígena para tu bello sol,
luna es tu guadaña de queso,
ara mi alma, soy tu grano de arroz,
soy el lácteo de tus senos.
Plato en blanco fulgor,
en salsa manchega me siento,
baño tus labios a mi son,
siempre endulzados con mi “te quiero”.
Árbol de la Vida sobre tu albor,
fruto mágico perfecto,
soy quisquilloso, niño de tu corazón,
vuelve a cosechar mi amor eterno.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Comparemos

Eres como un rezo
nunca antes creado por Dios,
una gota de agua jamás llovida
por la ausencia del amor.
Eres como el cabello del cielo,
ese brillante pelo del sol,
despeinado por la mañana,
con un poema azucarado en tu tazón.
Te pareces a la bruma,
a la niebla del monzón,
a los pilares de la Tierra,
con los que sostienes al hombre del dolor.
Tu faz, semejante a la luz,
un disciplinar resplandor,
lingote de oro macizo
que sabe a jengibre y limón.
Eres igual a los puzles,
un jeroglífico sin razón,
que por mucho que lo intente,
en jaque mate, por ti, mi rey cayó.
Como un bollo de canela,
crema y mermelada de fresón,
envuelta en sábanas mágicas,
eres olor a miradas de pasión.
Me encanta jugarte el beso,
hacerte nervios el corazón,
ruborizar tus lunares,
saciar tu agitada respiración.
Y tu enaltecida sonrisa,
poema en blanco para tu escritor,
es igual a la luna:
la de nuestro amor.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Mi camino del amor

Qué tendrás con lo que andas,
esos que son tus pies,
el camino que dejas atrás,
me dices con ellos que me amas.

Qué tendrán esas plantas,
me enrollo en ellas,
las serpenteo con lengua de dragón,
me abrigan como si fueran mi bufanda.

Ay, esos pies de tierra encantada,
qué tendrán, que no lo sé,
cuando los admiro por las calles
hacen de mi boca agua santa.

Ay, por favor, pies de mi enamorada,
¿por qué los sueño tanto
si son de ella, de mi mujer?
Deseo alabarlos cual Venus casta.

Me pierdo en la nada
por esos dedos de tus pies,
por cada recoveco de sus galanterías,
por ellos, yo doy mi vida en jactancia.

Nunca por ellos serás mancillada,
que dejas tras de ti el paraíso,
flores silvestres, verano inmaculado;
a tus pies van mis rezos y alabanzas.

¿Por qué pisas esta tierra tan deshumanizada
con esas dos eternidades con las que paseas?,
porque yo deseo más que todo
que tus pies caminen por mi alma.

Vuela por mi cuerpo, mente y ansia,
debo limpiar con mis labios
los pies de toda tu existencia,
esos con los que diste tus primeras patadas.

Y después, saboreé en ellos toda tu infancia,
tu adolescencia, tu juventud,
tu madurez y hasta, en el futuro,
poder rogar en ellos la pasión anciana.

¡Dios mío, necesito sus pies, los de mi dama!
Porque soy un mito en ellos,
profecía, leyenda, una historia inmortal
escrita en eso que ella le perfuma a magia.

¡Dios mío, mira que anda por ella España!
Porque no solo toda Europa,
ni los que engendran América,
también nace en sus pies mi Vía Láctea.

¡Dios mío, necesito sus pies, los de mi propietaria!
Porque me hago muerto y vivo,
un orgullo personificado en ellos;
en ellos vivo como las Líneas de Nazca.

¡Dios mío, por qué siento esta pasión desbordada!
Porque mi destino es ser sus pasos,
guiar a mi dulce doncella
con los pies de nuestra saga.

Qué tendrán tus pies, biblia de mi almohada...
Señor, perdona mis blasfemias
porque a veces pierdo la cabeza
por ella: mi mujer sagrada.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Noches de ensueño

El cielo cierra los ojos,
enciende las luces de la habitación
sonrisa de plata,
cántame la nana del valor.
Hoy, noche perfecta,
soñaré con una flor,
bálsamo de cien orquestas,
origen pulcro, sedoso calor.
Bendita y joven pluma
de la esencia del escritor,
que ahora se duerme muda
en boca de tu sabor.
Castigo mi poema
con final redentor,
hechizo mis lágrimas
con la sonrisa de Dios.
Abrázate a mí,
seré tu hombre velador,
quién te arrulla el alma,
quién te diga: “te quiero, mi amor”.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno)
España.
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El beso

Me encanta ese beso de ella,
es tierno, dulce y mágico
como la mano blanca de la niebla
o el origen del Todo,
en voz de este simple poema.
Un beso que todo lo tranquiliza,
de un vacío, todo lo llena,
deja que las sombras en los labios
se conviertan en itinerantes estrellas:
mil soles de besos castos.
Me gusta mucho cuando me besas,
que con tersura me ansías,
me trasladas en forma de caricia lenta,
como si fueras una mágica palabra
pero dicha en silencio, de leyenda.
A veces es extraño ese beso
porque en un instante me haces marea,
me desmayas en un canto selecto,
yazco en tus manos, dedos y yemas,
esos tus dedos que riman con lo eterno.
Tu beso es una obra maestra,
todos los días lo necesito
como sangre al humano de la Tierra;
un beso tuyo cada día,
me calma toda espera.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla.
Eterno.
España.
4
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"Ellos" no te merecen

Aquellos que osan desfigurarte
con las ambiciones de un loco,
las purgas que continúan a insultarte,
el deseo por tus deseos
o las malas lenguas para degradarte.

En esas bocas masculinas de amante,
que gustan de superiores,
pero que gozan de ascos al mirarte
con tan solo un ojo espía
cuando te devoran por la calle.

Mujeres, ¡qué os oigan el baile!
Eso que llamáis: ¡soy libre!
Demostrad que ellos son nadie,
no valen más que insectos,
pútridos hombres, no merecen amarte.

Corazón puro, deben entregarte,
luz divina, amor y respeto,
conciencia, valor y anunciarte
que una caricia vale más que mil bocas
pronto de por vida, ensuciarte.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
3
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Roseta: la dama medieval

Rompí el óvalo vudú,
rojo, como el conde Don,
raro, igual que su juventud,
ristra de odio en pos.

Recé a culpa de su tabú,
rancia y gélida canción
rociando mi poema de luz,
regando su bosque, sin su aceptación.

¡Ramera petulante con tu actitud!,
rajas mi pasión,
ríes a suelta multitud
rimando con tu vil ocasión.

¡Ragnarok en copa, a tu salud!,
"renegado seas tú, mandón",
rubí empeñado de sádica esclavitud,
ruega sin mi adiós.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
3
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Amor virtual

Me gustas mucho, y en virtualizado,
con tu nombre en Messenger
con los tonos en azul y blanco
y en una imagen de perfil
de poco tamaño.

Me gustas mucho, y hablando.
sea en una llamada o vídeo,
enviándote besos en pantallazos,
y sobre todo Wifi caído,
te quiero con voz de robot entrecortado.

Me gustas hasta en jpg, dibujo animado,
en documento Word
cuando me redactas algo,
sea un poema hechizante
o tu vida dejándola en mis teclados.

En Excel calculo la cantidad de lo que te amo,
que tanto te profeso,
pero, oh, el amor no tiene cálculo,
y termino con el Ppt,
firmándote en mis banners publicitarios.

A veces por WhatsApp, audios,
incluso vídeos hermosos
incluyendo algún que otro regalo,
pero lo que más me gusta de ti,
sea como sea, es tenerte en mis brazos.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
4
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Mi poeta

El poeta es un mago verde,
verde de envidia, por favor,
que a ningún verso, ya no obedece,
cuando se lo dicta la pasión.
Los poemas son su leche,
de ellos vive su amor,
para su mujer son un deleite,
son su Dios.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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No quiero ser

Quiero el perfume de tus ancestros,
el bálsamo de la magia,
el aluvión de las flores
embarcando hacia tus lágrimas.
Cuando me besas,
quiero olerte las palabras,
firmas tu sabor
con tu vida tan llena de gracia.
Quiero olerte la respiración
cuando me dices "calla",
desentrañar tu origen,
engullir tu alma.
Fruta del Edén,
entre letras vírgenes me llamas,
voz de vientre, mujer,
con ella me hiciste tu ansia.
Obedezco a tu sueño,
tu ley es mi única sustancia,
ya no me quiero pertenecer,
tú serás mi propietaria.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El bosque de un árbol

Calma el aire,
suave y vespertino,
inteligente, flameante,
tántrico como el silencio.
Nubes te cruzan
al margen del águila,
ardillas juguetonas
bebiendo de tu viento.
Allí están las maravillas,
encauzadas en las hojas
como remares de los barcos,
los del recuerdo.
Visita mi mente,
guarda mis dolores,
sacia mi asombro
con tu copa al cielo.
Enreda mis temores
con las raíces de tu fe,
encuentra mi alma,
reside en tu viejo tiempo.
Dormiré en tus venas,
verdes de Gea,
hijas del mundo,
quiero ser tu universo.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
6
2comentarios 30 lecturas versolibre karma: 69