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Voz a voz

Es duro vivir con la carga de este árbol
que no deja de crecer frutos sucios,
frutos dados por nutrición de amargos.
Es casi imposible servir el efluvio
de pertenecer a lo sano,
resquicio del humano último.
Cada sueño, una esperanza, un ánimo,
un hálito de seguir siendo Uno
y generar una sonrisa con llanto cálido.
Rememoro el viejo columpio
creador de enseñanzas de antaño,
ahora yazco en poemas para junio,
la llegada del verano,
faz de mi rostro mustio,
huracana en carne de venado
para leones de valor impuro.
El dejo de un sabor a tiempo en vano
entallado en labios rubios
donde el sol,, ya no es tan mágico;
y oscurece el mundo
con ojos de fuego blanco,
muerto y mudo.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Te extraño

No sé dónde estás,
no tengo noticias tuyas,
¿qué harás?
A veces pienso que me has abandonado,
que me has olvidado ya,
pero sé que es mentira,
todo eso no es verdad
porque siento tu omnipotente amor por mí,
mi mujer tan llena de nuestra felicidad.
Estoy angustiado,
es una atrocidad
el no saber de ti,
no saber de tu voz tan pasional...
Te necesito
y sin ti no puedo vivir en esta ebriedad,
una romántica y excesiva
que solo a ti te debo dar.
¿Me extrañas tanto como yo a ti?
Necesito oler tu eternidad...

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Amiga Luna, te cuento un secreto

La luna, ese manto blanco
que cubre el cielo de estrellas
y luego sonríe
con una creciente boca abierta.
Me gusta olerte,
oler el perfume de tus uñas
cuando te rascas las esencias
y disfrutas de nuestra felicidad
con el aroma de la vida,
la Vida Eterna.
Besar tus bostezos,
abrazar tus ronquidos,
saborear tus legañas,
son detalles que no dejo a la ligera
porque son míos,
son nuestros tesoros
como yo te santifico a ti
preñándote en un trono para tus pies,
y un palacio para tu melena mañanera,
esa que suavemente acaricias
cuando nos transformamos en engreídos románticos,
esa que con mi furioso amor, siempre despeinas.
Mi romanticismo,
cuando te mantienes petrificada
como si fueras Medusa, quieta,
lo moldeas con sonrisas furtivas
hasta convertirlo en lujuria perfecta,
te me haces de rogar,
y luego yo peco de sicalípticos poemas.
Amor que tanto no sé amarte,
me encantaría rugirlo ante tu presencia,
que la Tierra nos envidie
cuando lo chille como el primer colono que gritó:
“¡Dios bendiga América!”.
Mis poemas, hundidos en tus cuar-tetas,
no podrán procurar historias
con sus bocas nutridas de ti
ilusionados como Romeo y Julieta,
embellecidos al igual que las esculturas de los Antiguos,
esas de Grecia,
o también tan entregados como Cervantes a su Quijote,
una obra maestra,
o el hombre a la mujer,
Adán y Eva.
A veces la elegancia no es siempre quedar bien,
sino soltar toda la despensa,
sin arcanos, tapujos, rodeos
ni tampoco frases hechas,
y así se conquista más
aunque no se crea,
sutil y deseoso,
delicado y apasionado,
todo en un equilibrio,
en ese que tanto me enseñas.
Así es la vida:
yo soy tu arma,
y tú, mi mejor defensa.
Con esto te digo
que eres pura envidia,
envidia de todas esas
que hierven de pasión descontrolada
al escribir todo esto, atrevido,
que tú y solo tú, eres mi dueña.
Contengo tu mirada,
veo en ella mi orgullo,
lo poco que tengo de poeta,
de humilde soberbio
y de impaciente amado que siempre te desespera.
Pero he ahí el verdadero amor,
el de almas gemelas,
que mientras mi nariz huela a tu imperio,
mi lengua conserve tu sabor
y mis ojos, tus ojos,
yo habré alcanzado lo que siente Dios
cuando sé que me amas día a día,
con todas las letras.
Así que, amiga luna,
me guardas este secreto,
desea a mi amada felices fiestas
y, aunque estés a vista desnuda de todos,
quiero que mi todo, se lo des, por favor, a ella.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Maestros picarescos

Besarnos es como aplaudir inmortal
a Mozart en la boca,
que suene el Magnificat de Bach
mientras abrazamos el éxito de nuestros cuerpos.
Las caricias las filosofa Kant,
tus senos, Picasso los llama fauna y flora
pintando a Dora Maar au Chat,
y en tus pies, yo me hago secreto.
Observa las dotes del mandala vital
supurando por tu piel barroca
mientras caen dogmas de las galaxias al mar
como si fuera Dios arrodillado ante tu deseo.
Nos inspiran las sonatas al hablar
de Para Elisa en pianola,
y Beethoven llora cuando nos va a casar
cuando termina su belleza del Fidelio.
Los arrumacos, éxtasis que nos va a rezar
poderes sobrenaturales de las monjas,
las que adoran a Juana, no La Loca de atar,
sino la poetisa recitándote todos sus textos.
Tu sabor es como escuchar
a Julio Cortázar poetizando nuestra vida en prosa,
enervando a los poemas de Sebastián Salazar
de los que gocen de nuestro amor tan perfecto.
Y de Gabriela Mistral,
que salpica nuestra fe con jugos de mandioca,
seduce con más
hasta hacernos el amor eterno.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Una mesa

En mi mesa hay deseos,
sueños y letra fina.
En mi mesa poseo de todo,
hasta una calavera prohibida.
No, no es de verdad,
es de mentira.
En mi mesa escribo mi amor
con palabras santas y benditas
para que ella me lea,
para que ella un "te quiero" me diga.
Tengo libros, cuadernos, notas
y su rostro en mi vida,
en esta mesa donde estoy,
sentado frente a sus ojos que me destinan.
Mi mesa no es sagrada,
para eso está mi soberana magnífica,
por la que muero en su ausencia,
por la que me desposo todos los días.
En mi mesa escribo su nombre
envuelto en poemas de filosofía,
cuentos para niños
y alguna historia terrorífica,
y cuando ella los llora,
me vuelvo la felicidad que tanto la eterniza.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Virus

Malditas enfermedades
que huyen de las medicinas
para refugiarse en los cuerpos
de gente miserable.
Acudan las toses, estornudos
de almas en busca de otros humanos
para destriparles;
acudan las gripes, fiebres
y cabezas bailarinas
como martillazos de titanes.
Noches en vela
pensando en la cura,
¡y es ella, mi mujer tan poetizante!
Mi musa es ella,
con la que desahogo mi tristeza,
su ausencia y mis calamidades.
Y con esta veredicta gripe
de mareos y rayos en la garganta,
ella es lo único con lo que quiero curarme.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Abeto

Abeto blanco de los copos sencillos,
qué quieres de la naturaleza
o de mí, mi esencia,
anhelas ser abeto níveo.
Abeto que eres mío
destruye esas ardillas de la maleza
que roen tus caderas,
las que lloran aguas del Nilo.
Abetos del mundo, mirad su berilo,
ciega las axilas del invierno que reza
con osos dentro de su tristeza;
abeto, revela tu escondrijo.
Adiós al frío
y sus danzares de gesta
que en los bosques retumba la fiesta
de que mi abeto, es mi destino.

© 2018 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Siempre estaré enfermo de ti

No lluevas por mi amor.
Doctor, me duele,
me duele mucho el corazón.
Si me pudiera operar,
operarme los secretos de esta canción
hecha poema para ella,
para la dueña de mi interior.
Tengo migraña,
azotes de irritación
cuando mis neuronas trabajan
en hacerla feliz, por todo el universo exterior.
No hacen falta palabras complejas
para definir lo que es la pasión,
si me estoy muriendo ahora mismo
por causa de este romántico dolor.
Extírpeme los órganos,
se lo ruego, doctor,
pues sin ellos seré una vasija sagrada
para contener a mi soberana, por favor.
Seré su templo, un palacio de oro,
un mundo nuevo y un panteón
para su refugio, para su perfume,
ese dulce olor
que siempre desprende
cuando su placer eterno me ruge el nombre de Dios.
Doctor, necesito no ser curado,
pues la única enfermedad tan venenosa y sin redención
que no necesita las dotes de santos falsos,
es el amor.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Ojos de la Eternidad

Ahí te veo, por mi vida,
en los confines de las estelas
del universo que nos rodea,
nos da alegría.
El océano se retracta con rima
de sus masajes a la arena,
el fuego ya no baila candela
y el rayo divide cielo y desidia.
Tus ojos viven en otro mundo, desvestida,
desnuda de tus penas,
conquistando los labios de Dios en la Última Cena,
y huyes del tiempo, perdida.
En órbita ya no están tus ojos que se olvidan
en otra paz, doncella morena,
otro rumbo escogen para verte como Helena,
la de Troya, viviendo en mis Elíseos, renacida.
Ciega de amor, ahí está mi amada nutrida,
nutrida de mi elegancia paterna,
de mi verdadero poema,
ese que dice: "ven a mi vida".
Y tu alma repugna tu piel nativa,
tu espíritu reza en una tumba con mi vena,
la de una sangre santa, la nuestra,
la que nos acuna en una felicidad fuera de esta tierra altiva.
Al fin, te matizas en reliquia secreta,
en mi mujer sagrada, la de todas las maestras,
en mi hogar y cofre del tesoro, en joya perfecta;
te haces mi eternidad: la tan ansiada espera.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El mundo perdido

Me doy cuenta a temprana edad
que soy un ser ilógico,
entrado en otra realidad,
turbado con misticismo alcohólico,
lleno de soledad.
Los viajes por las calles, yo, tan filosófico,
y no veo nada más que humanos en triste felicidad,
andando con sus ojos electrónicos,
perdidos en este mundo, solo para mí, qué mal verdad.
Zombis, los llaman, a esos afónicos,
afónicos de vida, no saben pensar,
han olvidado su mente, atónitos,
cuando en sus manos y consumismo sin cesar
tienen el todo en la nada: vacío arqueológico.
Esos yacimientos son los que yo busco sin parar,
donde los retazos de los hombres lógicos
quedan aún en esta actual humanidad,
abandonada, por culpa de su origen tecnológico.
Y uno se pregunta por esta simiente floral
extremadamente fuera del universo biológico:
¿adónde ha ido la humanidad?
Lluevo destinos criptológicos.
Mi querida Tierra ha perdido a sus hijos, descansen en paz,
y solo sabe gemir sollozos agónicos
por verlos de nuevo en su seno y bienestar;
tu dolor lo padezco yo, mi Tierra, mundo atestado de negocios.
Nunca me había sentido tan solo, ¡mirad!,
pero al pensar en ella, mi mujer que me vuelve loco,
todo desaparece, y más...
Y siento necesitarte en mi árbol genealógico,
en mi corazón de poeta aún con letras sin bordar,
y ya no me siento solo,
pues estoy donde más me veo sin sangrar,
me siento ente cósmico,
y soy ella, mujer mía, en su magia, en toda su imperiosidad.
Me siento yo: su amor todopoderoso.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El tiempo y yo

A veces soy el agua que viaja
por el espacio y el tiempo,
a veces soy el cometa que diviniza esas tinajas
de las que bebe Dios: mis rezos.
Me veo pintado en un cuadro sin alma,
que luego le grita a Munch: “ya soy viejo”.
Horrorizado en el universo que ya me cansa,
despierto a los brazos de ella, mi amada de fuego,
que me cuenta su amor en forma de arca,
en forma de “hola” y besos…
Continúo mi esperanza
latente en su corazón eterno,
en ella y toda su magia;
su felicidad es mi amor perfecto.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Un poco de mí

Hola, me llamo Pale.
Ya, ya sé que es de risa
pero no será para tanto aunque extrañe.
Érase un vez...
Menudo rollo eso de los cuentos y sus cantes
que no saben cómo empezar
y siempre así lo hacen.
Bueno, yo comenzaré por mis gustos,
y espero que no os amarguen.
Me gusta mucho el dulce,
lo que es la nata y el chocolate,
sobre todo cuando se baña en ella...
En ella: la mujer que tanto me ame.
Sin ir más allá,
soy un ser al que no le gustan los mandamases,
porque me ponen de los nervios,
¡y nadie me toca los jornales!
Perdón por esa furia,
es que me se sale de los pares,
y la impaciencia me puede
cuando mi alma dice entre santas paces:
"¡jovencito, permanezca en calma
o le haré picadillo con una muerte como una obra de arte!".
Pero en fin, hablaba de mi mujer y de mí,
cuando se viste de aguacate,
¡carámbanos!,
mis sueños enseguida se convierten en imponentes verdades.
Mis cuadernos están llenos de ella,
de su codicia de mis gestos y alardes,
a veces de mis orgullos
que tanto me se huyen de mis dentales
cuando con afilados colmillos,
hinco dientes a algunos envidiosos y cobardes.
Hablando de sus manos,
¡ah, Santa María de los aquelarres!,
blasfemo juro por un beso
de sus labios tan especiales.
De ellos me enamoré un día
cuando me hechicé de su imagen;
fue un segundo mágico
con ojos de paz enamorándome.
Los Maestros que luego le escribían
(mis manos, ellas son esos Grandes)
la envolvían en una danza perfecta,
en un huracán de agua con remaches
de fuego y algo de hielo,
algo de hielo por mi parte,
que por tontos de mis muchos cerebros
no me aventuraba a sus tantas consonantes,
guerras de pasión
y goces de asonantes.
¡Si hasta nos rimábamos en todo!
Qué belleza de femeninas ciudades,
que en ellas me apalanqué,
me desnudé con toda gracia y andares,
me fijé en sus misceláneas y atlántidas,
en esas que de sus ojos salen.
Me hundía en sus vísceras románticas,
en las que me cantaba con sus voces de sirenáicos mares,
que por invención de palabras
para que rimen estas vocales,
uno ha de ser creativo para su doncella,
sino, ¡castañazo en la cabeza con un tomate!
Eso me tirará mi dueña
si algún día no logro enamorarle
los sentidos con los que me encadena
hasta en sus veinte dedos con los que me case.
Dios me dijo una vez:
"Pecador inocente, ten cuidado con lo que haces,
porque si la amas,
ella será la mujer con la que siempre soñaste".
¡Y tanta razón poseía, oh, Gran Amigo!,
que todos los días, amor mío, tengo ganas de eternizarte,
y en cada uno de tus dedos y besos,
contigo siempre, siempre, me despose para amarte.
Y a todo esto, si lees este poema,
lance de amor, herencia sísmicamente hecha trance
o las profecías de un joven místico,
que sepas tú, dama de mi propia sangre,
que algún día te diré a los labios:
"Hola. Soy la felicidad que siempre buscaste".
Y por fa, si creías que el poema terminaba así,
¿eso pensaste?,
lo quiero continuar solo unos versos más
para secar esos tus diluvios universales.
Ala, ya estás lista y tranquila, ahora sí,
para decirte de mi corazón tan potizante:
"Amor mío, no tengas miedo de nada.
Yo soy la luz por la que siempre rezaste".

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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He nacido

Con el vientre hecho magia,
con su mano en el mártir
de una madre consumada,
con esos dedos de la verdad,
del misterio en uñas ensalzadas
masajeando el Origen,
la Vida en su causa,
y luego el milagro:
una patada.
"¡Ahí viene!",
gritó una desesperada
cuando atisbó una divinidad
bajar del cielo de las santas
para caer a la Tierra:
este planeta será su mayor nana.
¿Y la cuna?
Los brazos de su amada.
Con un chillido desgarrador
dio a luz la fuerza encantada,
el parto como campo vasto
con miles de animales en su vía láctea.
El sol, energía pura,
era toda mi España
vigilante a esta espera
de que Dios cante: "¡ya nazca!".
Cuando ella ya lo tenía a su merced,
él ya lloraba,
cegado por lo desconocido
y silenciado por la sonrisa de su madre exhausta.
"¡Hijo mío!".
Ese exclamo de ella, mi cuidadora hecha savia,
la madre de mis poemas,
la hija de mi saga,
ese exclamo de ella
dio naturaleza a mis palabras
y a este poema
para mi alma gemela: mi Eva poetizada.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Cobarde como una gallina

Bendita sea mi granja.
Patos, vacas, toros y cochinos,
éstos últimos, ¡qué guarros!,
cerdos como los vecinos.
Amor de granja.
Qué bonito
es vivir con estos salvajes,
con estos chicos,
obedientes y cebados hasta explotar,
¡mis animales queridos!
Eh, ¿y mi gallina?
¡Jovencita, a ti te grito!,
¿has visto a la de los huevos de oro?
¡Allí está la señora de los pollitos!
Ven aquí, ven que te quiero...
¡Te quiero y te quiero, repito!
No me hagas correr
que no estoy para estos ritmos.
Ando entrado en edad
con mocos de anciano tullido,
y como te lance mi bastón,
¡tus huevos por fin serán míos!
¡Aparta, puerco!
Éste, que se metió en medio de mi camino,
tuve que darle un buen puntapié...
¡Uno bueno en su trasero de porcino!
Esa gallina me está volviendo loco
a mis amigos, que sean bienvenidos,
a ésos del horizonte:
¡los conejos se comen mi cosecha, malditos!
Por culpa de esa gallinácea
¡las canas son mi veredicto!
¡Atrás, vaca,
que esa gallina irá derecha al pucherito!
Te voy a atrapar...
¡Ay, mi pandero adora el suelo donde dormito!
Qué dolor y qué odio a ese pollo,
me las pagará cuando levante mi puño al Gran Erudito.
¡Ven aquí, gallinácea,
que cuando no hay olla con cebollinos
ni pavo para esta Navidad,
te aseguro que habrá gallina en el festín descrito!
Uno con olor a ti,
uno con sabor a amor bendito.
¡Gallina, vuelve aquí
o probarás mi ira de cascarrabias enfurecido!
Y a todo esto,
mi señora me ha oído.
"¡Deja de chillar, loco patán,
que no dejas dormir a los niños!".
Freno en seco mis pasos
y se me escapa un alarido.
¡Ay de mí!
Por perseguir a una gallina despavorido,
por culpa de ella,
de miedo me quedé en mi sitio.
"Sí, señora mía.
Lo que usted mande, será mi delito".
Cual borracho deseando a esa gallina,
al final entré en casa, regañado y con un buen castigo.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Estridente amor

A veces el amor no se grita,
sino que calla en secreto
todo eso que le inspira
para no lastimar.
Y se queda en la noche
en susurro apagado,
gritando en silencio
lo que quiere estallar.
Regurgita tus miedos,
atrévete a soñar,
y que arda en tus deseos;
bésame, y ya está.
Adivino tu amor,
lo dicta tu mirada;
tus sonrojos, rubores
y esos dedos nerviosos
me lo quieren contar.
La pasión no se oculta
a pesar del dolor,
y se muestra sin más.
¡Erúctame el amor!

© 2017 Elías Enriquue Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Quién eres tú

Quién te crees tú,
mujer de mis sueños,
para criticar con tanto amor
todos mis poemas.
Quién te crees tú
levantándote de la silla
de un salto esquizofrénico
para amarme con lujuria y mil guerras.
Quién se puede saber
que tú ibas a ser
el origen de mi infancia
y la noche de mis estrellas,
o la madre oculta
que se dedicaba a destinar mi nombre
en secreto para su tinta
escribiéndome legendarios poemas.
Quién, si puedo sentir,
te puedes creer tú
que el placer de mi vida
lo iba a hallar en tus delicadas manos de la Edad Media.
A veces de quienes hablamos
no entendemos ciertos significados,
pero yo solo entiendo
de amor, de tu sonrisa y besos tiernos en tus lunares y pecas.
Quién me iba a decir
que tarde o temprano llegarías a mi vida
con sangre en puro celo y lloros de enamorada
de mi corazón de atormentado poeta.
Quién te has creído tú,
sirvienta de mi mundo,
para grabarme con tus ojos de negro granate
y poner celosa hasta a la Tierra.
Quién, ¡oh, Dios!,
escribiendo esto a estas horas
porque ha nacido de pájaro y plumazo
para mi sonrojada damisela;
estas líneas que me aparecen,
y no dibujadas en recta línea,
sino en letras de hombre
eternamente bailando en tus caderas.
Quién te has creído tú
desayunando mis poesías
cada mañana que te levantas
y me dices que soy tu historia perfecta.
Quién me ha dicho una vez
que de los problemas se logra
una enjoyada felicidad
enhebrada en campos celestes de yedras.
Quién me insulta de lejos
para oír sus hechizos de verano,
esquelas de invierno
y tus caricias labiales cuando lees mis letras.
Quién te has creído tú
para hacerte pasar por diosa
y toda humanidad conocida,
para amarme con la misma fuerza de mis poemas.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Señora mía

Señora, señora que riega las flores,
¿qué hace tan laboriosa esta mañana?

"Don Juan, hilando vidas,
lavando mis sábanas".

Señora, señora que se alimenta de mis dones,
¿qué hace tan trajina por estas cuadras?

"Don Juan mío, acabando mis días,
enamorando mis piernas cansadas".

Señora, señora de mil amores,
¿qué hace con una moneda en sus manos blancas?

"Mi Don Juan, alabando sus poemas
que yo quiero pagar con mi alma".

Señora, señora por favor y de mis canciones,
¿por qué está tan llorosamente feliz y enamorada?

"Don Juan, ¡porque yo lo amo
con todas mis fuerzas y ganas!".

Señora, señora mía y de millones de sabores,
¿qué quiere de mí y de mis historias mágicas?

"Ay, Don Juan. Yo quiero de usted
todo su origen puesto en esta mi vida, tan desgraciada".

Oh, señora mía,
no tema por mi lance de boca harta.

"Oh, Don Juan. Béseme
hasta que Dios diga 'basta'".

© 2017 Elías enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Secretos poéticos

Me gusta ordeñar letras,
me gusta cantar palabras,
de esas que salen de mis poemas,
de esas que son para tu casa.
¡Me gusta verte!
Me gusta verte enamorada,
para cuando ya sepas
que soy yo, tu alma entregada.
Me maquillo de muerte
para que no veas mi boca apenada,
esa que tanto te quiere,
y ahora se queda por tus besos, adormilada.
Tu cuerpo, ¡sangría metamórfica!,
esencia en celo de yegua afrutada
sobre Sodoma y Gomorra,
ellos entenderán esta lujuria tan poetizada.
Mírome, Dios, y veo un espíritu
que reseco de sedes en nada
por santas vidas y cariño infausto,
ahora soy un hombre para mi dama.
Lágrimas en diamante,
poeta que sangra saga,
la que cuenta evangelios
para una nueva biblia sagrada.
Ésa se llamará
Doliente es mi alma,
que por algunos miserables,
ahora ando con nueva lengua literata.
Puedo ser guarro cuando quiera,
romántico también, para mi mujer hechizada,
y para su cándido vergel,
seré Longino portando su valiosa lanza.
Será mejor que acabe este poema
o mi historia se hará larga,
tal vez leyenda para el futuro
o eternidad a Dios, “galleta” blanca.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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El ansia por la paz

De entre guerras y numen negro,
entre las calles de una benignidad fosca,
aquellas humanidades que odian
hasta de borrachera se toman un tiempo.
Por mucho que digas que eres santo,
o que tu naturaleza sea evadir moscas insultantes,
es el mismo miedo quien te hace resultante
de las desgracias ajenas: de esos malditos humanos.
Incautan daño para propagar más daño,
odian por odio, envidian por envidia,
disgregan la tranquilidad en pedazos de perfidia
para terminar luego con todos tus encantos.
Y así te dejan con el corazón de un genocida
o un kamikaze que no sabe qué hacer,
tal vez suicidar su santidad por el bien,
o masacrarla para ser como ellos: vidas vengativas.
Aqueste mundo de fieras bestiales,
son cada una un misterio
que por manos que tiendan al bueno,
caerán con sus trampas a los demonios abismales.
Que tu viaje sea agradecido
por esos que te aman,
que te quieren cuando te hablan,
y te miman cuando ya te han bendecido.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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Letras de seda

Bienaventurada sea la tarde
que es reinada por el sol
al llover entre mis poemas,
todo lo que hay en ellos: mi amor.

A veces un beso de tus uñas
al centellear mis dedos con tus caricias,
o una frase romántica,
cuando ya me tocas con Eva: tú desnuda.

Dicen de hacer el amor,
pero para nosotros es mejor hacer nuestro amor,
el que esta tinta queda en mi libro:
en un matrimonio con dos nombres, y un autor.

Igual el sol ya no quiere amar,
entonces llora en luna
mojando mis labios con el Diluvio Universal,
con voz de poeta, y corazón virginal.

Y a ti llegan las lluvias
del lance de mis libros,
la mejor historia de amor
grabada con beso, y nombre a gemidos...

El puño y letra vienen luego
cuando al acabar esta leyenda
tatúo mi secreto en tu alma tan ecuménica:
la que te hace caminar, hacia mi amor completo.

© 2017 Elías Enrique Viqueira Lasprilla (Eterno).
España.
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