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Ella era una canción

Era mi vida un ave turbia
llena de profundo miedo,
era gris como las nubes de octubre
y fría como un témpano de hielo.
Era pájaro herido volando en desconsuelo
y una estrella sin vida apagada en el cielo.

Luego vino ella con sus ojos de fuego
y una eterna primavera colgada en sus cabellos,
y vino a ser como una rosa plantada en mi huerto,
como una mariposa azul desatada en su vuelo
esparciendo primaveras, prodigando consuelos,
en jornadas intensas de amor y de sexo,
de lujuria desgarrada en un mar de deseos,
de trasnochadas noches, de tiernos desvelos.

Ella era una canción, una flor, un beso,
que vino a liberarme de donde estuve preso;
pero, una noche de mayo, se apagó su luz,
se cerraron sus corolas, murieron sus anhelos…

Mientras caía la tarde tras un aguacero,
abrió sus agitadas alas para volar de nuevo
y yo volví a estar triste y volví a sentir miedo
porque en cada cielo con sus nubes grises
llega hasta mi alma un triste recuerdo…

Y empieza a llover...

Y siento que muero.
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MÍA

La poesía es dulce amor
entre mi boca y tus labios,
y es mi tierno desagravio
por tocarte el corazón...

Si a ti nada te conmueve
por tu alma endurecida
ya verás cómo te mueve
cada letra que te escriba,

porque mi pecho reboza
en un jolgorio de armonía
no vas a hacer otra cosa
que desear mi poesía

y en cada verso que leas
recrearás tus fantasías
y sentirás que deseas
para siempre hacerte mía.
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Eres mía

Eres mía,
como la noche
que se desprende
de su manto de tristezas
y se desnuda ante mis ojos,
cual caricia que discurre
tibia y suave por tu espalda.

Eres mía,
como la espada en su vaina,
como burbujas de jabón
que por tus senos resbalan.

Eres mía,
como luceros al alba
y como la luna
que quiere quedarse
prisionera en tu mirada.

Eres mía,
como tu boca callada.
Porque mis manos son tuyas
cuando acarician tu cuerpo
de magnolia y de guitarra...

Eres mía,
porque tú eres la esencia
que alimenta y sustenta
las rutas de mi existencia.

Y eres simplemente mía,
porque mi vida se llena
de tristeza y cobardía
ausente de tu presencia.
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1comentarios 62 lecturas versolibre karma: 35

Palabras

Algún día encontraré las palabras
que puedan penetrar tu corazón,
que bajen hasta tu vientre
y lo hagan fecundo nido de amor,
que puedan escalar tus senos
como pájaros que en la noche
aguardan por su cálida prisión.

Algún día hallaré las palabras
que corran sobre tu cuerpo
como gaviotas con rumbo al sol
y bailen en las curvas de tu cintura
como marionetas sin control.

Algún día me toparé con ellas
como nubes en el ancho cielo
o como barcos dejando estelas
sobre el mar de tus cabellos.

Algún día encontraré las palabras
que puedan entrar en tu boca
como el vino que se derrama
cuando es pequeña la copa,
y que puedan jugar con tu saliva
mientras te quitas la ropa.

Algún día hallaré las palabras
que espero te hagan comprender
que tu nombre gira por mi cabeza
como una estrofa sobre el papel,
cuando se escriben los versos
que se llevan bajo la piel.
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Hasta el final

Qué no hubiera dado, mujer,
por haber saciado mi sed en tus senos
como errante andariego de tantos caminos,
de darle refugio a mis dedos hambrientos
en la honda ensenada de tu vientre fecundo
y de beberme toda el agua del mundo
por la dulce cascada que asoma en tu boca...

Qué no hubiera dado por estar para siempre contigo
como dulces aromas corriendo en el viento
o un manojo de versos brotando en mi pensamiento
con tal de que la vida me hubiera permitido
caminar como un caudal por siempre a tu lado
y abrigarme con tu cuerpo en mis noches de frío.

Qué no hubiera dado, mujer, por sentirte en mis venas
como un río de sangre corriendo desbordado y revuelto
alborotando con fuerza las ramas de mis sentimientos...

Qué no hubiera dado, mujer, por ser tuyo por completo
y haberte amado hasta el final de los tiempos.
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El bosque en llamas

El incendio con su furor lo fue arrasando
bajo la insolente luz de un mediodía,
las llamas el bosque fueron borrando
causándole la muerte con su cálida ironía.

El alto roble se dobló en la espesura,
el fuego voraz acabó con su existencia,
con la extinción total de su estatura
ha perdido el vergel toda su esencia.

Vuela el azulejo en busca de su nido
y llora al verlo quemado entre las ramas,
no llegará el araguaney a ser florecido
ni el turpial volverá a alegrar el alma.

Se desvanece, en tan poco tiempo,
lo que a la naturaleza costara tanto;
solo quedan las pavesas en el viento
y mis ojos tristes cubiertos por el llanto.
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De frente al sol

Vuelan pájaros de acero
con su carga de dolor...
¿Por qué no levantan vuelo
los pájaros del amor?

Van dejando tras su rastro
los signos de su vileza
y en los ojos de los niños
el llanto de su tristeza.

Hacen retumbar la tierra
llena de sangre y temor,
mientras la gente se llena
de las sombras del horror,

de sentir caer las bombas
y el rugir de los cañones,
mientras al cielo elevan
sus plegarias y oraciones,

suplicando a Dios bendito
socorrerlos en sus penas
y de su patria se vayan
aquellas aves tan negras,

las que con gas envenenan
al humilde pueblo sirio
y las que vienen de fuera
para acentuar su martirio...

¡Ay, que pronto se vayan
esas naves con su furor,
ruega el pueblo de Siria
a las huestes del Señor!

Unamos ya nuestro canto
en un hermoso clamor,
que cese por fin el llanto
y los tiempos del terror...

Alegres jueguen los niños
sin tener ningún temor,
y puedan crecer confiados
mirando de frente al sol.
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Continuo y permanente

Tengo en mi pecho
un espacio vacío
en el que guardo
todos mis silencios,
ese espacio sin tiempo
en que inexorablemente
se esfuman los recuerdos
en un mar de melancolías
y de imperturbable serenidad,
donde nada es esporádico,
todo es continuo y permanente...


Una ataraxia acendrada en el alma
como un manto de auroras
a la luz de cada amanecer,
inmarcesible como el mismo alba
que con su incandescencia
parece penetrar
en lo más profundo de mi sentir,
en ese inexorable tiempo que transcurre
como sutil limerencia que no me deja vivir,
mientras el melifluo estridular de las chicharras
se oye etéreo y distante, muy lejos de mí.
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En tu piel

La ternura se sube a tus ojos
y se derrama en cada parpadear
como miel de divinos antojos
que en tu mirada se suele asomar.

El amor habita en las alas
que tu alma extiende hasta mí
y hasta en el aire que exhalas
tan solo dulzura recibo de ti.

En tu ser habitan canciones
que surgen de tu corazón,
cual manso mar de ilusiones
donde navega la paz de mi amor.

En tu piel escriben poemas
añoranzas de viejas quimeras
con susurros que borran las penas
y dibujan cielos cubiertos de estrellas.

En tu alma, la luna viste sus nostalgias
con un velo de profundo sentir
y la voz se ahoga en mi garganta
mientras mis besos se funden en ti.
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Con la tinta de los sueños

Quiero describir esta noche
la ansiedad de mis versos...

Darle salida a esas ganas
de liberar mis anhelos,
para que puedan, ya libres,
cruzar raudos por el cielo.

De mis manos que se mueren
por bailar sobre tu cuerpo
y beberme toda tu piel
como al agua en un desierto.

Ganas de morderte los labios
cual si se tratara de un reto,
de penetrarte profundo
y descubrir todos tus secretos.

De rendirme en tu mirada
y liberarme en tu pelo,
de recrear fantasías
mientras levanto mi vuelo.

Reposar sobre tus labios
la calidez de mis besos
y calcinarme en la llama
de la avidez de tu fuego...

Oír decir que me amas
mientras contigo me enciendo
y seguir escribiendo sobre tu cama
con la tinta azul de mis sueños.
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Cansancio

Ya no te quiero, no...

Eres fruto arrancado de mis sueños,
hojarasca que arrastra el viento
en su viaje hacia el olvido;
botellón repleto de anhelos y quimeras
que viaja rumbo al fondo del mar,
cometa desprendido de la mano
que su vuelo se niega a levantar,
pétalo marchito caído en el desierto,
gorrión que no puede ya volar...

Ya no te quiero, no...

Eres nube viajera que no puede regresar,
abeja de rumbo perdido de retorno a su panal,
harina que ha perdido su textura
y con la que ya no se puede hacer el pan,
páginas de ocre color donde no se pueden estampar
las letras de mis versos que se cansaron de esperar.
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Tu nombre

Postrado ante tu recuerdo,
pretendo redimir al pecador
que vive en mÍ,
pedir auxilio para mi alma muerta
y cesar en el imperturbable arrogo
que aún parece danzar en mis entrañas
como un extraño y enigmatico sortilegio
que solo tú eres capaz de descifrar.

Misterio que transmuta en mis versos
como crisalidas convertidas en llamas,
que el fuego de tu pasión enciende
en el rubor de las páginas vacías
satisfechas en trazo de estas letras
que como aves fugitivas se alborotan
para volar hasta tus cándidos labios.

Quiero, así,
calmar la sed que tu abandono
ha sabido estampar en mi boca
como duro y amargo cuajo de sangre
atorado en la estrechez de mi voz,
que en medio de la noche solitaria
se desgarra para pronunciar tu nombre.

EUCLIDES R. TORRES
Cantaura - Venezuela.
Derechos reservados.
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