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Hasta el final

Qué no hubiera dado, mujer,
por haber saciado mi sed en tus senos
como errante andariego de tantos caminos,
de darle refugio a mis dedos hambrientos
en la honda ensenada de tu vientre fecundo
y de beberme toda el agua del mundo
por la dulce cascada que asoma en tu boca...

Qué no hubiera dado por estar para siempre contigo
como dulces aromas corriendo en el viento
o un manojo de versos brotando en mi pensamiento
con tal de que la vida me hubiera permitido
caminar como un caudal por siempre a tu lado
y abrigarme con tu cuerpo en mis noches de frío.

Qué no hubiera dado, mujer, por sentirte en mis venas
como un río de sangre corriendo desbordado y revuelto
alborotando con fuerza las ramas de mis sentimientos...

Qué no hubiera dado, mujer, por ser tuyo por completo
y haberte amado hasta el final de los tiempos.
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El bosque en llamas

El incendio con su furor lo fue arrasando
bajo la insolente luz de un mediodía,
las llamas el bosque fueron borrando
causándole la muerte con su cálida ironía.

El alto roble se dobló en la espesura,
el fuego voraz acabó con su existencia,
con la extinción total de su estatura
ha perdido el vergel toda su esencia.

Vuela el azulejo en busca de su nido
y llora al verlo quemado entre las ramas,
no llegará el araguaney a ser florecido
ni el turpial volverá a alegrar el alma.

Se desvanece, en tan poco tiempo,
lo que a la naturaleza costara tanto;
solo quedan las pavesas en el viento
y mis ojos tristes cubiertos por el llanto.
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4comentarios 64 lecturas versoclasico karma: 106

De frente al sol

Vuelan pájaros de acero
con su carga de dolor...
¿Por qué no levantan vuelo
los pájaros del amor?

Van dejando tras su rastro
los signos de su vileza
y en los ojos de los niños
el llanto de su tristeza.

Hacen retumbar la tierra
llena de sangre y temor,
mientras la gente se llena
de las sombras del horror,

de sentir caer las bombas
y el rugir de los cañones,
mientras al cielo elevan
sus plegarias y oraciones,

suplicando a Dios bendito
socorrerlos en sus penas
y de su patria se vayan
aquellas aves tan negras,

las que con gas envenenan
al humilde pueblo sirio
y las que vienen de fuera
para acentuar su martirio...

¡Ay, que pronto se vayan
esas naves con su furor,
ruega el pueblo de Siria
a las huestes del Señor!

Unamos ya nuestro canto
en un hermoso clamor,
que cese por fin el llanto
y los tiempos del terror...

Alegres jueguen los niños
sin tener ningún temor,
y puedan crecer confiados
mirando de frente al sol.
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3comentarios 60 lecturas versoclasico karma: 123

Continuo y permanente

Tengo en mi pecho
un espacio vacío
en el que guardo
todos mis silencios,
ese espacio sin tiempo
en que inexorablemente
se esfuman los recuerdos
en un mar de melancolías
y de imperturbable serenidad,
donde nada es esporádico,
todo es continuo y permanente...


Una ataraxia acendrada en el alma
como un manto de auroras
a la luz de cada amanecer,
inmarcesible como el mismo alba
que con su incandescencia
parece penetrar
en lo más profundo de mi sentir,
en ese inexorable tiempo que transcurre
como sutil limerencia que no me deja vivir,
mientras el melifluo estridular de las chicharras
se oye etéreo y distante, muy lejos de mí.
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En tu piel

La ternura se sube a tus ojos
y se derrama en cada parpadear
como miel de divinos antojos
que en tu mirada se suele asomar.

El amor habita en las alas
que tu alma extiende hasta mí
y hasta en el aire que exhalas
tan solo dulzura recibo de ti.

En tu ser habitan canciones
que surgen de tu corazón,
cual manso mar de ilusiones
donde navega la paz de mi amor.

En tu piel escriben poemas
añoranzas de viejas quimeras
con susurros que borran las penas
y dibujan cielos cubiertos de estrellas.

En tu alma, la luna viste sus nostalgias
con un velo de profundo sentir
y la voz se ahoga en mi garganta
mientras mis besos se funden en ti.
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Con la tinta de los sueños

Quiero describir esta noche
la ansiedad de mis versos...

Darle salida a esas ganas
de liberar mis anhelos,
para que puedan, ya libres,
cruzar raudos por el cielo.

De mis manos que se mueren
por bailar sobre tu cuerpo
y beberme toda tu piel
como al agua en un desierto.

Ganas de morderte los labios
cual si se tratara de un reto,
de penetrarte profundo
y descubrir todos tus secretos.

De rendirme en tu mirada
y liberarme en tu pelo,
de recrear fantasías
mientras levanto mi vuelo.

Reposar sobre tus labios
la calidez de mis besos
y calcinarme en la llama
de la avidez de tu fuego...

Oír decir que me amas
mientras contigo me enciendo
y seguir escribiendo sobre tu cama
con la tinta azul de mis sueños.
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Cansancio

Ya no te quiero, no...

Eres fruto arrancado de mis sueños,
hojarasca que arrastra el viento
en su viaje hacia el olvido;
botellón repleto de anhelos y quimeras
que viaja rumbo al fondo del mar,
cometa desprendido de la mano
que su vuelo se niega a levantar,
pétalo marchito caído en el desierto,
gorrión que no puede ya volar...

Ya no te quiero, no...

Eres nube viajera que no puede regresar,
abeja de rumbo perdido de retorno a su panal,
harina que ha perdido su textura
y con la que ya no se puede hacer el pan,
páginas de ocre color donde no se pueden estampar
las letras de mis versos que se cansaron de esperar.
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1comentarios 66 lecturas versolibre karma: 30

Tu nombre

Postrado ante tu recuerdo,
pretendo redimir al pecador
que vive en mÍ,
pedir auxilio para mi alma muerta
y cesar en el imperturbable arrogo
que aún parece danzar en mis entrañas
como un extraño y enigmatico sortilegio
que solo tú eres capaz de descifrar.

Misterio que transmuta en mis versos
como crisalidas convertidas en llamas,
que el fuego de tu pasión enciende
en el rubor de las páginas vacías
satisfechas en trazo de estas letras
que como aves fugitivas se alborotan
para volar hasta tus cándidos labios.

Quiero, así,
calmar la sed que tu abandono
ha sabido estampar en mi boca
como duro y amargo cuajo de sangre
atorado en la estrechez de mi voz,
que en medio de la noche solitaria
se desgarra para pronunciar tu nombre.

EUCLIDES R. TORRES
Cantaura - Venezuela.
Derechos reservados.
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