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Telones de sube y baja. (El paso de la paloma). (Dedicado al precioso poema "El telón sigue levantado" de Encrucijada)

Paloma oscura
a contraluz del cielo.
Claro de luna
negra cara.
No pude comprar mis sueños.
Y te siento miedo.

En bellas tumbas dormido
escribo poemas locos
a leyendas sin memoria.
Imaginar pudiera, rojos cielos
mirando estrellas blancas,
como vestido de novia.

Óleo en verso quisiera ávido,
el aprendiz de poeta pintar.
Al perdido rayo de luz.
De aquella mañana gris
en que se pudrieron las rosas.
Que no volverá jamás.

Silenciado corazón,
¡mudo que no dormido!
en un nublado día de invierno
malpagados desamores
te dejaron sin voz,
mas no sin latido.

Oscura paloma,
dibujada en azul perdido.
Con la cabeza gacha

deja

que me acurruque en tu nido.

Canto mis penas
como si de pecados
tratara.
Pero no me mires mal
palomita mía.
Quiero cruzarte
limpia la mirada.

Ayúdame paloma.
¡Desvístete de sombras agrias!
Ofrece un alegre hola
a la luz de los soles,
y empújame a gritar

a mi triste huida...

¡basta!

Dulce palomita blanca,
permite que adiós te diga,
y despedir me dejes
tu paso teatral
con sonoro colofón:

¡Maestro!
¡Suenen los timbales!

¡Tramoyistas!
¡enciendan luces
y que baje el telón!

¡Distinguido publico.

Sonrían o lloren!

Grácias por su atención!

Buenas noches tengan.

Hoy por hoy,

acabó la función.
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Canción

A sabiendas de que tenías que existir.
No sé cuántos caminos recorrí
ni cuantas veredas caminé
cuántos ríos crucé
cuántas playas pisé.
Ni cuántas montañas subí.

¡Como loco te busqué!

Y como el soldado destrozado en la batalla
volví.

Sin vida, sin aliento, sin esperanza.

Y ya dado por vencido...
¡sin buscarte, te encontré!

¡En el único lugar que no había mirado!

Allí estabas tú.
Con tus ojos claros
la luz de tu sonrisa
y la droga de tu mirada.

Allí estabas tú.
Enredada en las notas tristes
entre las cuerdas...

de mi vieja guitarra.

J. Robles
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Delirium

Tallado tu nombre en sombras.

Se fueron a pasear los pececillos de colores
por la estruendosa fuga de vida
en pináculos de llamas blancas.

Recorren los alcázares; abencerrajes
los hijos del talabartero.

Siento los domingos de lluvia caerse
y solo acierto a acariciar
libélulas de plata.
Si llegamos a un viernes sin puñales,
sobre tejados ensangrentados
ladrarán los gatopardos.

Y tu, y yo...

seguiremos buscando mundos
donde el Yermo habita.

Y puedes encontrarlos, amontonados
en mi lóbulo frontal,
repleto de jaulas nómadas
y fontines de ácido áureo.

Las voces de las gorgonas me dicen:
"Vuelve la espalda al mañana
y mira al cielo con las lentes-prisma
que bien supimos venderte".

Y bajando majestuoso la escalera lisa
de las infamias
desde un firmamento a cuadros
de carne maloliente,
puedo ver al hombre cojo del bombin.

Desde la puerta de la ciudad de miga de pan
vuelvo a escuchar el eco en ruinas
de la insoportable propaganda antitodo.

Tergiversando escritos viejos con furia.

Y no acierto a contar mi propia historia
de mazmorras y monasterios tenebrosos
del filo de otro mundo.

Las golondrinas duermen desnudas.

Creo que siento el roce de tus labios
de muñeca.
Pero no me hago ilusiones.

Temblores en pegatinas de besos
y mis ojos cerrados
no oyen el silencio oscuro.

Pasean por Lindaraja, altaneros, los abencerrajes,
hijos del talabartero.

Avanzan hacia nosotros
las estrellas en caída libre,
vienen raudos los tiempos de tiranía.

Pecados del Hombre.

Y el Olvido ataca sin compasión.

Sin pausa, pero sin prisa.

Bienaventurados los limpios de hechos
y limpios de mente los imbéciles.

Quiero volver al limbo.
Quiero volver al paraíso terrenal
del azúcar blanco
y buñuelos de calabaza.

Al reino de los helados de crema y nuez.


Mi hombre cojo del bombin
cree que me persigue por mi lucidez,
pero es técnicamente imposible
porque yo nunca me atreví a soñarlo...

¡jeje!
¡Que bueno!
Estoy convencido de que le engaño...
¡Pero es él, el que me deja engañarme!
jeje...

y semiagrio...saboreo
las delicias de un vicioso circulo
de regaliz y menta.

De horrores y difuntas visiones.

Tallado tu nombre en sombras.

Mientras Mr. Bombin, el cojo,
decide encender las velas
sabedor de la existencia de vidrieras
de despojos,
los escorbutos desorientados
recortan cárceles en oasis de crisantemos...

Siguen por Arrayanes los hijos del talabartero.
Abencerrajes de gloria mora...


Comienza a apagarme el sinsentido...

Empiezo a ser el otro...
No me pagan para esto...
¡jejeje!

Suave caricia tus labios...
roce en mi cara pálida.

¡Los huesos escapados de las tumbas
quieren impedir que me beses
y yo les ruego que te dejen...!
pero no me escuchan...

Y las pupilas del tiempo se dilatan...

Y el sudor a chorros, cae por la frente fría...

Y el temblor invade...

La visión se pierde en multitudes eróticas...

...de arco iris de líneas rectas...

Esculpido en luz tu nombre...

...suave roce de tus labios...el hombre cojo del bombin...esculpido en luz...los hijos del talabartero...

Tus labios...tus labios...

Cortejo de lágrimas sin salvoconducto.

Procesiones de risas sardónicas.

¡Quiero volver al sagrado vientre de mi madre!

...Discúlpame...estoy cansado...tus labios...cansado...y tengo mucho sueño.
...el hombre cojo...bombin...

¡Me atacan con cuchillos las bombillas de la lámpara!

¡¿Es que no lo ves hijo de puta?!

...¡bombin!...

...¡el bombin!...

...dios mio...

...dios mio...



Anda, toma la pastilla y descansa un poco, amigo,

descansa.

Y mañana será otro día.

Es la hora del Risperidone*.




*Medicamento para la esquizofrenia.

A mi amigo Alfredo, en quien está inspirado
este poema, que ya empieza a ver la luz.


J. Robles
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Viejo piano

Tanto tiempo que llevaba dormido
y esta tarde ha decidido despertar.

Quizá fue nuestro silencio
que lo desveló.

Sin espera ni dilación
nacen raudos los acordes
desde el fondo del viejo piano.
Impetuosos y decididos.
Con la vehemencia
de las cosas que están ahí desde siempre
y para siempre.

Dominándonos al instante.
Invadiéndonos.
¡Removiéndonos el alma!
Nublándonos los sentidos.
¡Poseyéndonos...sin tregua ni compromiso.

Triste, como es su costumbre,
un poco traicionero,
como queriendo atraparnos por sorpresa
y enrejarnos eternamente tras sus teclas.

De sus cuerdas brota a chorros aquel viejo tema
que tantas veces tú tocaste para mí.

Nos lo quiere regalar hoy...este piano agradecido.

Momento sin tiempo
apenas un instante.
Olvido del mundo... de la fanfarria...del clamor.

¡Notas que parlotean en mi cabeza como diablos!
¡¡Sonidos que me golpean como martillos!!
melodía...que nos hace temblar por dentro
¡¡Ritmo furioso como la ira del tirano!!
y a la vez suave...como del cisne, su plumaje.

Porque tu estas conmigo
y él lo sabe.

Lo sabe bien
porque nos ve y nos oye.
Nos lee por dentro
mira si nos miramos
siente lo que sentimos
¡ríe si reímos!
¡¡y llora con nosotros si lloramos!!

Este piano agradecido
que quiere acariciarnos,
y nos brinda lo que guarda con tanto celo
bien escondido
entre las fibras de sus viejas tablas.

¡Los compases mas profundos!
!los mas bonitos¡
!!los mas tortuosos los mas extraños¡¡

los mas tristes
los mas bucólicos

...los que apenas son un lamento...

los compases mas dulces
que jamás podremos escuchar.

Abrázame niña pecosa
¡baila conmigo ahora!
debemos agradecérselo.
No perdamos este momento loco.

¡Abrázame mi niña pecosa!
¡Agárrate fuerte a mi!
¡Tan fuerte que me hagas daño!
pega tu cara a mi pecho
¡que yo te sienta!

Bailemos como nunca
nuestra canción.

Y dejemos que el viejo piano
triste y agradecido...
nos arroje sus notas eternas...
y nos dé su consuelo...

y nos arrulle.


a la pecosilla mas dulce
que se cruzó en mi camino

J. Robles
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Idolatrías. (los labios pintados del absurdo)

Decirte lo que no quiero
o contar lo que tu deseas,
que yo diga para por ti
y no por mí, entumecidas
palabras en un cristal roto
y poder satisfacer
a tanto afán
de tantos huesos vanos
indiscriminados y lerdos.

Amantes sin escrúpulos
de mariposas amarillas
de un tal
Mauricio Babilonia*.

Comentarte los entresijos de
brillos en espejismos.
Intríngulis manifiestos
de millones de espejos
hermanos, o primos,
cuando menos.
La mayoría de ellos rotos
y vueltos a pegar
con místicos relatos de amor
o con superglú del todo cien
de la acera de enfrente.

Contarte que conté los platos
del platero de la cocina
de un dios pagano, bien vestido,
habitante asiduo del tubo 6
de Ammonia Avenue.
Y que al octavo día de la semana
siempre vuela por el Barbershop
de Penny Lane Street...

Enredado en sus batallas perdidas.
(Recontando, alegre y saltarín
sus montones de risueños muertecitos)

...y faltaba uno, que no volví
a encontrar en ninguna parte.
Quizá fue ferozmente tirado a la basura
o irremediablemente escapó,
(huyendo de si mismo)
o de los atroces mordiscos del gato-perro,
por debajo de la puerta,
y fue a tomar café, escondiéndose
de mi presencia.

Hablarte por fin, de algo con sentido
(como si me fuera posible)
y explicarme en vago idioma.
No te fijes en la letra escrita.

Viváceos batiburrillos con máscara
diabólica de algún carnaval veneciano.

Recomendarte, querid@ compañer@
de viaje, que fijes tu atención
en el blanco del papel.

Lo estudies, lo pienses o no, un rato,
y saques mis propias conclusiones.

Laberinto amorfo de cuentos sin hadas
para perderse en el rabillo de la Q.
Y encontrar la paz
(aunque no esté permitido)
En el . final.

Pido perdón
al dios pagano de la letra.
Algún día de interminables
horas curvas
le rezaré un soneto esdrújulo,
en una preciosa tarde
de candelabro y requiem.

Ni pagándome con oro
me confieso.

Porque no sé.



* Cien años de soledad.

Imagen: Portada del disco Ammonia Avenue de The Alan Parsons Porject.
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Entre el frío y el estío

Blanco de la mañana
hechizo de luz sin tregua.
Carnavales de florecillas
tapizando alegres mi tierra.

Rojo de amaneceres vivo
paleta de óleos, mis vegas.
Terciopelo en los trigales,
de tu viento soy la vela.

Añil de ocasos limpios
bálsamo de mi alma serena.
Sinfonía de trinos del gorrión
Entra. Te dejo mi ventana abierta.

Rosa te viste la tarde
olor me traes a canela.
Corretean los niños en los parques
y cascurrean contentas las abuelas.

Verde de mi esperanza
sortilegio de luna nueva.
Veleta de mis sentidos
mil elogios, de mil poetas.

Malva en azafranes
de arrullo de amores plena.
En poemas de enamoradas princesas,
escucho alabar tus dones
que hasta mi pluma llegan.

Negro claro, de clara noche
noche abierta a la luna llena.
Aromas a flor de naranjo
a jazmines y a galanes.

Recital de flores. Madrugada eterna.


Tantas coplas te cantaron
que temo que no me oigas.
Tantos versos te ensalzaron
que sufro porque no me leas.

De todos modos,
como me dicta el zurdo* te hablo.

Como te siento, te he escrito.

Y a los cuatro vientos grito:

¡Hola Primavera!



*(Zurdo: corazón)

J. Robles
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Tiempo, olvido y un servidor

Ah...el tiempo, el tiempo
¡poderoso enemigo!
el señor don tiempo...
Siempre elástico y sin conciencia
absorbiendo historias
trocando pasados por presentes.

Contestando a veces
algunas preguntas
y preguntando machacón
por respuestas que no existen.

Rajando interiores
como navaja afilada.
Desfaciendo entuertos
y entuertando líos.

Tratando siempre
con malas artes
de promover
a su triste socio.
Señor olvido.

Incluso a veces
levantando muertos.
Y minuto a minuto
enterrando vivos.

Desvaneciendo leyendas.
Olvidando amores.
Olvidando momentos.
Recordando olvidos.

Inmenso océano
tragicómico.
El puto tiempo
y su querido amigo.

Esta noche de borrachera
no le haré preguntas
ni respuesta le daré.

Esta noche oscura
como buenos compañeros,
o como si lo fuéramos,
beberemos hasta caernos redondos
en una absurda esquina.

Beberemos juntos, los tres.
Tiempo, Olvido y yo.

Eso sí.
Antes pagaré la cuenta.



Refranillo popular: "Si bebes para olvidar
paga antes de empezar."

J. Robles
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MI DOLOR. (Carta para ti).

Duele.

Duele
lo que me rodea.
Duele
el exterior.
Duelen
los gritos ininteligibles de horrendos seres
desperdigados por voluminosas burbujas...,
ancladas en esquinas
donde sufridas meretrices se ganan el sustento.
...llenas de cualquier cosa
que no pueda definirse como vida.

Duele.
El interior.
Dentro de mi propio inframundo
abarrotado de torrenciales tormentas de infundios.
Demoníacas heladas de sinsabores.
Viciosos huracanes de torturadas virtudes.
Interminables desiertos de despecho.

Descomunales incendios de añoranza.

Todos y cada uno, reacios a dejar salir
o a compartir lo poco que me queda de:
espiritualidad,
sensibilidad,
amistad.
De comprensión.
De algo que pueda parecerse
a eso que llaman amor.

Duele.
El cuerpo. La carne.
Duele físico.
Pero aún duele mas lo imperceptible,
la no sustancia ni forma.
Duele.
El entramado de espacio - tiempo
en el que parece ser
me columpio.
Duelen los espacios entre átomos.
Duele la razón. O la sinrazón.
Duelen fuerte los intangibles pasados.

Los pasados.
Algunos mas que otros.

Duelen.
Y tengo que seguir subiendo a duras penas
a los everest diarios e inconcretos.
Sin traje para el frío.
Sin botella de oxígeno.
Y bajar todas las noches
al menos en mi imaginación,
a la apacible ribera de florecillas de colorines
y verde musgo
de mi (nuestro) querido y secreto río.
A desinfectar un poco los interiores.
A revivir los buenos momentos.
A llorar y a reir,
donde nadie pueda verme.

Duele la memoria.
Duele el recuerdo.

Me dueles.

Y tengo que abrir de vez en cuando un paréntesis
de arpegios limpios y satinados,
de sostenidos profundos y misteriosos.
Y hacerme el muerto en ellos,
de vez en cuando.
Para olvidar el dolor por unos momentos.
Hasta que la alimaña que me persigue
se aleje por un cierto tiempo.
Para poder seguir rindiendo pleitesía
a esta vulgar existencia.

("Necesito a alguien en quien creer, alguien en quien confiar.
Necesito a alguien en quien creer, alguien en quien confiar."

The Chamber of 32 Doors. Génesis)

Y solo te tengo a tí.
A quien poder rendirme.
A quien confesar mis pecados.
A quien poder abrazar en mis sueños.

Y solo me quedas tu.
Quien me haga sentir un abrazo.
Quien me dé un poco de consuelo.
Quien me ayude a subir mis everets.
Quien me proteja de las alimañas.
Quien me anime a dejar de ver las
amenazantes burbujas de las esquinas.

En quien poder creer y poder confiar.

Duele.
Despues de todo este tiempo
me sigues doliendo tanto...

Solo te tengo a tí.
En mi memoria.

Siempre seguirá doliendo.

Me seguirás doliendo.
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De que hablamos

Según los expertos
en el juego del amor
existen tantos amores...

amores amorosos
amores verdaderos
amores leves, sin amor
los de solo un rato
amores de coplilla
de pacotilla
los exclusivos de sexo
falsos amores
los de mentira, los de juguete
los pasionales
amores de quita y pon.

Amores a través del tiempo
y lejanos, en la lejanía
los que cruzan mares
y fronteras
amores en estado puro
y algunos de puro saldo.
Los menos,
enredados en una canción.

Amores a la italiana
otros demasiado clásicos
amores que dicen
que matan
amores hasta la muerte
Incluso
post mortem
amores del otro barrio.

Luego está el que yo siento.

Según los expertos
sin clasificación.

PD.
Si quieres saber más
pecosilla mía
ven conmigo
y lo discutimos.

Tranquilamente.
Sin prisas.

Tú ya sabes como.

Estoy dispuesto
a pasarme la vida entera
dándote
una explicación.
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Seis lunas

Caliente caliente
como agua de la fuente.

Poemas, estrofas, letras.

Versos contracorriente.

Tres de Pi
cinco de cuatro.

Ojos de fuego.
Beso amargo.

Seis lunas
miran al gato.

Se cubre la mañana
de vida de rana.

Abiertas las noches
en los galanes

dormida mi rima
en tu almohada.

Ocaso y alba.
Rejas al campo.

Rosa tronchada.
Mudo el piano.

Tres de Pi
cinco de cuatro.

Seis niñas
mira el gato.

Ojos mojados.
Y mi mar vacío.

Se quebró la mirada.
Cansado el hastío.

Manantial de sueños soñados.

Coplilla para un funeral.

Frío frío,

como agua del río.
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SN4 (no es una fórmula)

Poder, pudiendo.
Saltando, saltiendo.
(jeje)
Brincando en el barro.
¡Brinquiendo!
¡Salpicando!
¡Salpiquiendo!
Como tantos ¿locos?
Escupiando.
¡Escupiendo!

Maldiciendo el barro,
el olvido, o el recuerdo.
¡Que sé yo!
Cogiendo el bus
o encogiendo,
y no bajándome nunca.
¡O bajiéndo!

Vueltas. Mas vueltas.
Y vueltas.
A absurda velocidad
como de estar parados.
¡Corriando! ¡corriendo!
Viéndola pasar
¡O viviando! ¡o viviendo!
¡rápido, rápido, rápido, mas rápido!
¡vite, vite, vite!
¡la vida, la vida, la vida!
la vida
las otras vidas
¿Las otras? ¿La mía?
¿La veo?
Apenas veo nada.
Vida ciega, de enceguecida.
Comprometida,
con la pura existencia
inconsistente
pero inconsciente
sin consistencia, sin consciencia
solo maquiavélicamente viviente.
¿De que demonios?
Iré a casa si consigo bajar del bus.
¿hablas?
A pillar un borracherón del copón.
Si, lo juro.
Entraré un ratito en la otra existencia.
La existiente.
La mas noble y pura.
La existencia agradecida.
¡Existiando! ¡Existiendo!
Me nublan los recuerdos desde hace rato,
si es que algo recuerdo.
No consigo recordar lo que quiero.
¿O es que no existe?
Probablemente todo es falso.
¿Porqué no me avisasteis antes?
Y recuerdo solo al pedo.
¿Vosotros que ya pasasteis la prueba?
¡los que aprobasteis con nota!
No lo sé.
¿Aun sigo en el bus?
No lo sé.
Quizá porque no quisisteis conocerme.
O porque os lo prohibieron tajantemente
manifiestos escrúpulos.
Pero ¡va! no pasa nada.
Voy a beber un rato. ¡pero a beber! ¿eh?
¡Bebiando! ¡Bebiendo!
¡Emborrachando! ¡Emborrachendo!
A enamorarme de la mujer china
que caza águilas al vuelo.
¡Ella si que me entiende!
pero no me mira jamás a los ojos.
¿Es que no tendré?
¿O es a ella a quien le faltan?
quizá es porque no me ve
que me dice que me entiande.
O que me entiende.
Hoy no cazó ningún águila.
Ninguna.
Me dice que solo está existiando
o existiendo.

Cazando. Caziendo
viviando. Viviendo
¡joder!
¡Sintiando punto SINTIENDO!
Ella si me entiende.
Por eso la amo tanto. O tiento.
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De como plantar un globo y no llorar en el intento. (Poesía para la mera subsistencia)

Se desangra la letra
en impertinentes laberintos
de estéticas burdas,
o certeras.
En autovías de pensamiento sin quitamiedos.
En expositores de sensibilidad en trágico desborde.
En las mas que absurdas buhardillas
llenas de objetos y palabras viejas,
y en oscuros sótanos con cadáver escondido,
con miles de cajas de cartón cubiertas de polvo,
llenas de inválidas ideas,
que me impregnaron.
Y de las que no consigo desentenderme
ni un solo momento.
Ni tampoco deseo dejar de soñarlas. Boquiabierto.
Se desangra la letra.

Sobre la mesa, las manos rígidas,
como de hormigón,
mientras viajo la noche interminable
en este maldito tren de ilusiones sin ilusión
y fantasías pueriles, como de baratillo,
sin ninguna estación en la que parar
o a la que asirme.
Sin un conductor que lo controle.
Sin servicios de emergencia que puedan ayudarme
cuando inevitablemente
los raíles se crucen y mi tren salte por los aires,
hecho añicos, conmigo dentro.

No debiera darse el caso aún.
Aún,
no escribí un libro
ni monté en globo
ni planté un árbol.

(De veras, estar muerta querría.
Ella me dejaba y entre muchos sollozos
así me decía:
¡Ay, qué penas terribles pasamos,
ay, Safo, qué a mi pesar te abandono!

Safo de Mitilene).

Pero tengo en casa a mi fiel compañera.
Una macetilla pequeña encima de un mueble.
Es preciosa,
y buena gente.
Si yo no me meto con ella, ella me respeta
y me deja vivir tranquilo mi vida.
Lo sabe todo de mí, pero alardea de prudencia.
No le cuenta jamás a nadie
que miles de prostitutas desnudas acuden
cada noche a mi córtex cerebral
y ella las recibe con los brazos abiertos.
Son simpatiquísimas.
A cambio, yo la riego con cariño
todas las mañanas.
Incluso a veces me tutea.
Es una parte importante de mi vida,
y buena consejera.
Hoy, por ejemplo, me ha aconsejado
que no me baje de mi tren, aunque duela,
que me apriete los machos y encierre los putos pasados,
y a ser posible los hediondos presentes,
en el tarro de la sal.
Que escriba un árbol,
que monte en un libro,
y el domingo
que plante un globo.
Sabios consejos para otro amanecer absurdo.
Pienso hacerle caso.
El domingo tampoco tengo nada mejor que hacer.
Plantaré un globo.
Quizá me reconcilie conmigo mismo.
O quizá no.

Quizá llame a gritos a la buena Safo,
para que desde su tiempo,
me lance un salvavidas
o algún bonito y agradable poema,
que me ayude de una puta vez
sin tener que olvidar demasiado,
a sobrevivir, en el mío.
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Reincidencia

Mientras dormito
escucho los sonidos
y no puedo dejar de ver
y oír
tanto cuerpo destrozado
por bombas, balas y metralla
con sus correspondientes gritos
y aullidos.
Y estoy sentado en un hot dogs
cerca del mar
en una playa de un desasosegado
pueblecito pervertido.
Sentido amordazado por tres asesinas
palabras:
No te quiero.

La mujer china
atiende la terraza de al lado
y levanta la vista con la baba caída
para ver pasar miles de águilas imperiales
volando por el centro.

Y tiro el porro que me fumo.
Noto que me está sentando mal.
Me parece.

Cualquier día desconecto
el puto ratón del ordenador
que impunemente se me abalanza
a veces
y me muerde en los ojos.

NECESITO DESCUBRIR quien eres
realmente.
O más exactamente QUE FUISTE.

Misterio escabroso pero sarcástico
del que tu te ríes amenazante
desde el dibujo de marca de cerveza
serigrafiado en la mesa.
Y me voy del lugar.
Sigue siendo inhóspito e inhabitable
para seres muertos como yo.
A las tres en punto del reloj doblado
subo los escalones (16)
que bajan a mi submundo
y me pierdo en centelleantes oleajes
de fuegos fatuos
de no sé que animal muerto
o vivo.

Me visto para el combate de esta noche
armado con granadas y ametralladoras.
Preparado para salir al cuadrilátero.
¿Podrías dedicarme un solo segundo
de recuerdo?
Miraré un rato el desfile de Cancerberos
ante mi ventana, que me saludan cortésmente.

Abro el frigo y tomo un poco de leche fría
hirviente y azulada
y me tumbo en la cama boca arriba
y quedo inmóvil, observando el suelo
translúcido de mi cuarto.

Como todas las acostadas desde mas de mil años
me duermo, o eso creo, con la vista infiltrada
en el inmenso agujero negro, como cabeza de alfiler.
Una galaxia cercana se ha desplazado
un trillón de años luz. Desde ayer.
¿Se habrán fijado los astrónomos en el detalle?

Empiezo a soñar.
Y sueño que quizá, después de todo
hasta puede que sea una persona normal.
Un ser vivo o irracional engendro.
Siento un tremendo escalofrío. Es ya hora
de despertarse antes de que en verdad
me duerma.

Y es el amanecer del mismo día.
¡Venga chico! me grita
¡Sin miedo!
¡ahí, esos valientes!
¡conquistadores de reinos con princesas desvalidas!
Vamos a vivirlo otra vez.
La vivída anterior del mismo día no quedó perfecta.
¡Ánimo, que solo son 24 horas!
Todo, y más aún, me grita la mujer china
de al lado del hot dogs
empeñada en cazar las águilas al vuelo
con sus finos palitos de comer.

Si, ahora, pasado tanto tiempo
necesito descubrir quien fuiste
o que fuiste, si acaso fuiste alguna vez.
O fui yo el que obstinadamente quise que fueras.
O te deje ser, simplemente.
Tal vez fui yo, el que no fui, porque
como tantas veces, no supe, porque poder
creo que si pude.
Tal vez. Y aún tengo la duda.
Para siempre.

Ahora que lo pienso, no sé como demonios
entró en mi apartamento
la mujer china.
Ni una mierda me importa.
Total, tomaremos café juntos.
Quizá me deje contarle mi vida.
O quizá se atreva a contarme ella la suya.
En duelo a muerte de esquizofrenias
compartidas.
Esquizofrenias reincidentes.
Al fin y al cabo, solo son
las mismas 24 horas.
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Un minuto prestado. (Poema para una canción. "Los delirios del mariscal" Lito Vitale)

La vista dormida
en otros sueños.

Fragancia tibia
de cincuenta grados
de mezcal scorpion
sobre el tapete sucio
como entrañas de asesino.

Amargo placer solitario
angustioso y masoquista
de recuerdos corruptos.

El pelo rojo
tus pecas
tu sonrisa
la amiga oscuridad del zaguán

Salomónicas columnitas de humo gris
ascienden y vibran, nerviosas creo
aguantando el ritmo
tortuoso de Lito.
Revueltas con asquerosos vapores
mas bien invisibles nubarrones
de puro alcohol.

las caricias
los besos
las miradas
tus pechos de miel.

Pan pin pon pun
tarareo
con sopor borracho
de tantos años, o quizá
cansancio
de toda una vida.
No vengas tarde esta noche
Estoy esperándote.
En mi velada oscura y triste
solo existe esta melodía.
Que más puede haber.

Como un escalofrío.
Puntual como la muerte
llegas, igual que siempre
todas las madrugadas
de alcohol y humo.
Piano terrible,
bien me acuerdo,
que tanto te gustaba.
Justo al punto
de un mi bemol.

Suave calor que se posa
sobre mis hombros fríos,
como tiro de droga perversa.
Son tus manos.
El ritmo acelera
¡los sonidos se desbocan!
casi incontrolables.
¡Corcheas bailando con sostenidos!
¡otro trago!
y siento un temblor
¡sinfonía loca en allegro molto!
¡Arlequines dando brincos!
criminales payasos que dan vueltas
y vueltas alrededor de mi mesa
sacándome la lengua,
intentando, consiguiendo
que enloquezca.

Un campo de amapolas,
el nuestro.

Llueve en el río.

El viejo árbol grande.

La casa vieja.

La hierba fresca.

Todo aquello,
que destrozó el tiempo.
Todo aquello que fue tu vida
y la mia.
Nuestra vida,
que nos robó el destino.

Manos suaves como crema
que se deslizan por mi espalda,
que me acarician y me arrancan
la vida a trozos
¡sin remordimiento!
¡sin compasión!
Manos suaves en la memoria
que al llanto llaman.

¡como duele el pecho!
¡como duelen los golpes de tecla!
como mazos triturando vidas
torciendo y retorciendo la mía...

Quien puede frenar un corazón
que galopante busca escape.
¡Latidos como campanazos!
¡empujan ríos de sangre
al pensamiento atribulado,
atrapado sin remedio
en otro tiempo,
y en otro lugar.

La ventana.

El cañaveral.

El piano.

Unos ojos grandes,
tus ojos...

Nuestro rincón de pecar.

No lo he olvidado
como olvidar...
¡maldita sea!
¡como mierda olvidar...!

Manos que acarician mi cuello
manos que fueron las tuyas
reales en otro momento
¡ya lejano!
y que me revuelven el pelo
casi con maldad.
Un nudo en la garganta.
Casi con odio.

Borracho...
de alcohol, si...de amargura, si
de malditos recuerdos...
de pura soledad.

Tiemblo, si
como todas las noches.
¡Y duelen si!
¡duelen como mala tortura!
esas etéreas manos...
las tuyas
las que vivas siento
rozarme, la carne y el alma
en esta condena perpetua
a la que yo mismo me condené.

Esta noche no quiero olvidar
si es que puedo recordarte.

Ya está, ya pasó
ya te vas.
Sin vuelta atrás,
se acaba
sin permiso ni remedio
este minuto miserable
que con rencor ácido
me prestas noche tras noche.

Te vas como siempre
llevándote contigo tu calor
el único calor que me permite
seguir viviendo y a la vez morirme.

Te vas como vienes,
en silencio,
sin ruido,
apenas un soplo,
rozando leve el aire
acaso eres un sueño?
como de puntillas

Te vas como todas las madrugadas
de viejas canciones
de enfermas añoranzas
de humo y de alcohol.
Te vas, bailarina
bailando en mí
esta canción pérfida.

Te esperaré también mañana
pecosa.
A la madrugada.
Como todas las madrugadas
de mi funesta existencia.
Te esperaré con Lito
con sus dementes delirios.
Esperaré tus tibias manos,
las que tanto quise.

Borracho de penas.
Borracho de tu ausencia.

Borracho de ti.

Ya amanece.
Está aquí otra vez
este sucio presente.

¡Borracho como una cuba!
¡Iros ya payasos!
¡Dejadme en paz!
otro trago, largo...
¡Joder, que rico está este mezcal!
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El llanto de las mariposas. (Carta para ti)

¿De olvidar?
No puedo.

Resuena con dolor
en el rocío de la hierba fresca.

Me sangra la corteza del árbol,
y yo no puedo permitirme olvidar.

Murió de paso del tiempo
el corazoncito grabado a navaja,
y yo no puedo permitirme olvidar.

Resuena con dolor
en las pisadas de antaño,
en la tierra recién mojada.

Resuena con dolor
en el eco perdido de las piedras,
en el repiqueteo de la lluvia,
en el trino efervescente de los pájaros.
En la suave tranquilidad
que se convirtió en infierno,
y yo no puedo permitirme olvidar.

Resuena con dolor
en el ayer perdido
y en el hoy que necesita ser conquistado.

Instintivamente.
Continuamente.

Tengo que seguir observando.
Y observándome.
Analizando
y analizándome.
Remasterizando
y remasterizándome.
Reprogramando
y reprogramándome.
Equivocándome.
Corrigiendo,
y volviéndome a equivocar.

Recordando.

Resonando.

Superando como puedo
cada trocito de tiempo.

Tengo que seguir irremediablemente
distorsionando la realidad
para poder digerirla a través
de mi propio filtro.

Y si puedo,
vomitarla.

Entonteciéndome o enloqueciendo.
Saltándome las reglas,
o pisoteándolas.

Oyendo el canto del pequeño querubín
a pesar de mi sordera crónica autoimpuesta.
Leyendo la amalgama de la palabra
expuesta por entes opacos,
oníricos y sin alma.
Sin duda mis amigos.
¿Sin duda?
Intrusos sin ningún derecho.
Como yo.

Los que consiguieron meterme por el embudo
del que no puedo huir.

Pero tu sabes que solo son
exigencias del guión.
Del que escribieron otros.

Calavérica peste sin solución,
remedio, ni vuelta atrás.
Ya se extinguió hace tiempo
reventado por el exceso de trabajo
el especialista que con gran pericia
y amablemente
solucionaba todos estos temas.

Murió el figurante de puro abandono.

De abandonarnos.

Callaron para siempre los anhelantes silencios.
Se perdió irremediablemente
el ramillete de margaritas
que yacen secas dentro de algún viejo libro.
Se desvaneció por completo la mirada
con el rabillo del ojo.
No puedo permitirme olvidar.

Resuena con dolor la clave de sol
dibujada en la tapa de un piano.

Todo resuena con dolor.

Como el ruido del cañon
tras la guerra.

Como el sonido del tren que parte
para no volver jamás.

Como el llanto de las mariposas.

Y absolutamente nada impide
que te siga recordando.

Obsesivamente.

Solo queda
bajar de vez en cuando la vista
para no pisar algún excremento de perro.
Es mentira.
No toca nada, ni trae buena suerte.
Solo ensucia el zapato.
Seguramente lo único que me queda limpio.

("Si este desierto es todo lo que podré ser
Entonces dime en qué me he convertido."

Mad Man Moon. Génesis)

No me contestan los reflejos de los escaparates.

¿Puedes decírmelo tu?
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Cabalgata

Torcido mundo
esquinado de males.
De atrancadas puertas, miles
empañados ventanales.
Profundos lloros
y cerrados sentires.

Cabalgata de brighellas
pícaros y absurdos,
paseantes lúgubres
de mi eterna noche.

A volver vuelvo
esquizofrénico quizá,
al son del que siempre
me acompaño.

Tal vez.

Ritmo frenético, wagneriano
pertubador y corrosivo
inhumano, casi mortal.



A dónde fuiste
mi animal salvaje,
de propio brillo
de suave piel.

En que paraiso escondiste
tus malditos ojos.

En que vergel plantaste
tu lírica semblanza.

Pervertida mi vida,
de tus gozos ansiosa.

En qué fontana
se diluyó
tu pecho.

Otra noche hueca,
esperándote.

De desvelo.
Pensando que quizá
a lomos de un sostenido

vuelvas.
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Insalvable cercanía

Que mas me dá quien seas
niña de mirada blanca.
Mil distancias no son nada.

Si puedo sentir sin soñar
como clavo ardiendo
un roce sudoroso.

El vibro agónico
de una cuerda de cello
en tu voz

Un único, solitario
quejido de gozo.

Un beso tuyo
que no gané.
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Los gritos de la mandrágora. (carta para tí)

A veces, cuando no puedo mas...

Busco.
O al menos lo intento.
En los armarios interiores.
Esos, donde según parece,
por defecto suelo guardar (o esconder)
las buenas y las malas vivencias,
los recuerdos y los olvidos.
Los fulminantes ataques de las panteras
y los cariñosos lamidos de mi perro.
O la insignificante historia de mi pasado.

Tanteo.
Frenéticamente, tratando de encontrar una tabla
salvadora a la que agarrarme
y no puedo encontrarla.
No encuentro nada.
Todo ha desaparecido.
Como si se hubiese reseteado el espíritu.
Todo ha sido devorado por un único amasijo
de vestigios que quedaron, mal aparcados,
como perdido equipaje.
Como una mala infección.

Sabes de qué hablo.

Me pierdo.
En una inmensa planicie helada,
extenuantemente fría
sumida en la oscuridad.
Sin una paupérrima bombilla
que me indique,
siquiera por compasión
hacia donde debo dirigirme.

Como la flor que dejamos secar.

Como merecido castigo.

No reconozco al malabarista del semáforo
ni al hombre pájaro que vive en el piso de abajo.
Pero hablo de vez en cuando con el pequeño batracio
que esconde en su interior al apuesto príncipe.
O ya puestos, a la bella princesita,
rubia, de largas trenzas y ojos azules...
la típica de los cuentos.
O de pelo ondulado y rojizo y ojos oscuros,
penetrantes y casi dañinos.

Sabes bien a quien me refiero.

La titular de alguna que otra realidad pasada,
muerta, pero aún sin enterrar.
La única realidad que invadió mi vida.
Y la tuya.

Y el batracio me cuenta algunos secretillos.
Rumores y cotilleos que refieren
que tu también
estás intentando a la desesperada
divisar una bombilla de guía
en tu propia helada planicie.

También te perdiste por tus armarios.
Lo sé bien.
Y no te imaginas como puedo sentirlo.
Como puede llegar a dolerme.

Después de tanto tiempo
no eches la culpa al destino.
Nunca conocimos a ese señor.

A estas alturas ya no valen las excusas
ni las explicaciones sin lógica alguna
ni los llantos sin consuelo
ni las preguntas de respuesta fácil
ni las respuestas sin pregunta
ni las lágrimas ahogadas
ni las respuestas que son pregunta
ni las miradas perdidas
ni las respuestas que no responden.

Es como predicar en el desierto.

No basta con los mortificantes crepúsculos
incoloros, que aviesamente atormentan los espíritus.
(El tuyo y el mío, por supuesto)
Tampoco es suficiente el asalto perenne
de los remordimientos,
de los meas culpas,
de los que pasó,
ni de los lo siento.
De la impotencia,
De las dudas, o de las búsquedas
sin resultados.
Pesa mas la superioridad infinita
de las historias sin solución.

No nos valen los perdones a destiempo.
Nuestros caminos se alejaron infinitamente.
Se perdieron en nuestros propios infiernos.
por desgracia.

Sigo sin estar preparado
para la escucha sistemática
de tantos silencios,
ni para silenciar todos los adulterios
que me nacen.
Toda la imaginería erótica y vengativa
que me aborda.
O amablemente pervertida.
Perversa, sería la descripción exacta.

Que daría por poder darle la vuelta al tiempo
como a un calcetín.
Volver a aquella vereda
donde nos cruzamos
la primera vez.
Pero...
¿Te volvería a encontrar?
¿Sería distinto?
¿Cometeríamos el mismo error?

Sigo sin estar preparado
para desintoxicarme de una vez por todas
de todo el equipaje que dejaste,
mal aparcado dentro de mí,
en las oquedades distorsionadas
y las esquinas puntiagudas
de mi alma.

Como el ajuar de te quieros tirados por el retrete.
Como el vagón cargado de salvajes besos, de caricias
y de dulces promesas
que se quedó para siempre en la vía muerta.
Expuesto al óxido más corrosivo
y al descarnado escarnio de todas las envidias
de este mundo.
Como el cajón lleno de miradas crónicas,
enamoradas e infinitas, que desapareció perdido
en la cuneta del tiempo.
Como el alféizar que quedó plagado de mordiscos
en los labios, desbordantes de deseo
y que la piqueta destructora de los años
se encargó de borrar.
Como los millones de palabras que sonaron en nuestros oídos
como furiosas tormentas de amor
y que terminaron por achicharrarse en un mar de hielo.

Simple y llanamente,
necesito desintoxicarme,
para encontrar mi tabla
o para ver la bombilla.
Y me es imposible.

Hace ya tiempo
que ambos perdimos la inocencia
en el cajón de alguna mesita de noche
que no era la nuestra,
en el desolado semicalor de algún colchón
barato y sucio, de quien sabe quien,
entre los parches de muchas sábanas
rotas y mal cosidas, desconocidas y ásperas.
Al igual que nuestra obsoleta niñez.

Hoy por hoy me seguiré conformando
con mi conformista conformismo.
Con la endiablada inercia
de los días - nada.
Vividos a cómodos y letárgicos plazos
y sin cantidad en depósito.
Me seguiré conformando
con la panacea de los gestos agradables
sin motivo aparente.
Descaradamente falsos.
Tapándome los oídos para no oír
el horroroso grito de la mandrágora,
que quiere matarme
a pesar de que no fui yo
el que decidió quitarle la vida
arrancándola de la tierra.

Seguiré manteniendo mi fidelidad obtusa,
amorfa y robótica
a las torpes convicciones
que nunca me convencieron.
Como mandan los cánones
de la cobardía,
de la inseguridad,
del obligado olvido,
del dejarme llevar,
del ingente y atormentante miedo.
¿A qué?

Se que entiendes lo que digo.
Los dos seguiremos con nuestras absurdas rutinas.
Caminando descalzos por esas larguísimas carreteras
de asfalto hirviente
que no llevan a ninguna parte.

Aún así
seguiré recordando y recordándote
en cada canción que escucho
y en cada poema que leo.
En cada charco que piso.
En cada cristal que veo tu reflejo.
En cada noche que el puto sueño no llega
y en cada día que malvivo.

¡Dios! que cansado me siento.

No se me permite dejar de subir y bajar
esta puta escalera de Penrose
que me atrapó,
y a la que el muy capullo no fue capaz
de dejarle una puñetera salida,
ni siquiera indigna.

¿Cuando subí a ella?
¿O me subiste?
¿O subimos los dos?
¿Como ocurrió?
No puedo recordarlo,
por más que lo intento.

¿Cuál fue la causa?

¿Podrías responderme,
a ser posible, con respuesta
que responda,
a esta pregunta, por favor?

Quizá, si lo hicieras,
podría dormir en paz,
alguna que otra noche.

Podría descansar.
Dejar de buscar en los armarios vacíos.
Dejar de preguntarme.
Dejar de preguntarte.

Dejar de taparme los oídos,
temblando todo el tiempo,
para no escuchar el terrible grito
de la mandrágora,
empeñada en matarme.

Y en matarte.

Es nuestro merecido castigo.
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