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Dos abracadabra para Vanesa. (Cartas para ti)

Vives donde la estela del colibrí,
allá por mayo,
ya me susurraron los espejos mágicos.

Vuelas por mi sórdido destino
cada segundo desangrado
si puedo dormir una sola noche
en el vacío con cielo de velas.

¿Quizá fue Errol Flynn?*

¡Abracadabra!

¿Recuerdas?

Ya no espero nada
porque tiré al barro envenenado
la pata de conejo.

Dice el diario
que llueve en Filadelfia,
pero que importancia puede tener
si aquella canción nos atormenta aún.

Hasta donde podré seguirte
por la pasarela de los sonidos blancos
en botellas de plástico
perdiendome bajo una lluvia de tinta verde
y no sale mi sangre helada
cuando me pincho con la espina
de la rosa.

¿Me oyes?

Solo me dejas abrocharme el abrigo
y chapotear los charcos
al arpegio de Hackett*
al cruzar un puente en San Francisco,
en la húmeda y fría noche
de los letargos.

Del tiempo de las misas negras
y los aquelarres.

¿Aún sigues tras la niebla?
O posiblemente en la otra cara del papel.
Puede que también pienses en mi
cuando suena la campana.

"Una pizca de vino y un vaso de cerveza (fría) cariño.
¿Que hora es?" *

Yo si recuerdo...

Fueron. Así fueron
de felices los tiempos que sobrevivían
inundados de caricias
en la flor del amargo.

Otoños de pelo largo
y tienda de campaña,
ocultaban dos limbos revoltosos
y musarañas erguidas.

Eran los días a trescientas horas
de revolcarnos por la hierba húmeda
y fueron los crepúsculos de mordernos el alma
y estrujarnos como naranjas
con furia inmisericorde.

Tus dedos mojados de rocío
pintaban dibujitos en mi frente.
Tu pecho se apretaba en mi pecho
y Batman y Tarzán nos contaban
como es Venecia en primavera,
a las nueve y cinco.*

Como me haces recordar
a la anciana madre gansa*
mientras aspiro el humo-cáncer
del cigarro, que dibuja calaveras y tormentos
en el aire sin oxigeno de este cuarto pálido
enterrado en hielo.

Y ya van por 23* pregonaba sin consuelo
nuestro Phil.

Me enseñas que el cine es para comernos...

y la cinta de casette está gastada
y el viejo piano destila
mil pentagramas de notas tibias
por la ventana abierta

y volamos hasta el nido de la cigüeña
y jugamos al despiste con las luces y las sombras...

y nos besamos hasta morirnos.

Nos alegrábamos si
Helena de Troya hallaba por fin un nuevo rostro.*

y no nos importaba morirnos besándonos.

Pero si! Ay de mi!

Estoy pisando la tumba de aquel tiempo
y sigo escuchando el arpegio de Hackett*,
y sueño un poco mas, dejando que las lágrimas
ahoguen las torpes letras que te escribo.

Ya no son cintas de casette...

Ya no se oye tan mal...

Son otros tiempos, princesa.


Me araña la madrugada en mi cama fría,
y el alba con dolor de alma
vuelve a preguntarme
con sangre en las palabras
porqué nos perdimos esta vida si no tenemos otra.

No consigo encontrar una respuesta a tiempo
antes del suicidio de las tardes locas
en el alfeizar de aquella ventana
donde la yedra y la enredadera
tambien murieron de angustia.

Aunque tus ojos vean naufragos
tu no estás mojada*

¿No te quedarias* princesa?

¡Abracadabra!

¿Lo recuerdas?

Yo si recuerdo...

Solo me permites seguir viendo
día tras día,
en mis sueños congelados
en témpanos de desvelo,
unos ojos de mañana azul
y unas pecas traviesas.

Y noche tras noche...

con luna o sin luna
con lluvia o sin lluvia...

seguir sentado
en el frio filo de la guadaña...

¿Lo inició Errol Flynn?*

y sentirte cerca...

...y llorar mi pena.


*Pasajes del tema "Blood on the Rooftops" de Génesis.


J. Robles



Helena de Troya
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Demoniorum. (Letras para una música. Genesis ~ 'Duke's Sabbatical')

En mi presente...

Lucifer merienda solo
mientras observa el mundo
por la ventana semiabierta,
y azuza el fuego en que arderé.

Monstruosidades encerradas en gritos aterradores
rompen cadenas y escapan a la luz
del sol abrasador de lujuriosos desiertos
perpetuos, en semillas de trigo que no nacerán,
y títeres discordias.

Oleajes de honestidades perdidas
asaltan los muros
de rincones furibundos
y hacen que resuenen atormentantes
los chirridos de la orquesta,
abriéndose los techos de los liceos.

Los coleccionistas de granjas de seres muertos
conectan sin piedad a los vivos
a tenebrosas máquinas de extraer vida.

Se adentran las legiones
en las maternidades
y secuestran sin compasión
las incubadoras.

La gran pupila dilatada, incrustada
en el ojo gigante, escudriña
todos los secretos de alcoba,
en la génesis del bien y del mal.

Los falsos ciegos berrean y piden veneno.

Se me enfrenta, en toda su desverguenza
Baal, señor de las moscas,
tomando helado.

Belladonas y rododendros se ensalzan
en culebreante ponzoña...

Y adoro a Asmodeo,
con cantos sádicos y fláutas shakuhachi.



Perforan mis oidos los allegros sinfónicos
de los dias dorados,
entrelazados en girones de locura,
cuando las distancias se corrompen entre tu piel
y mi esperanza.

Las mariposillas revoloteavan incautas
en las frescas y verdes acequias,
mientras la mujer con pañuelo
en la cabeza aventaba la palva.

Yo era mas feliz por ese tiempo
si podía alargar mi mano
y tocarte.

Aún me hurgan los días
en que las gotas de lluvia eran libres
y nos mojaban la cara.

Y aún...
me pellizca el tiempo en que el bosque
cantaba para nosotros,
y el sol nos hacía un guiño al atardecer,
antes de irse a dormir.


Ahora...

En las cuartas tres horas
Dios me deja jugar con Leviatán.

Azazel me enjuga el sudor del rostro.

Y Balaam reparte las cartas.


No necesito pedirles favores...

Solo te necesito a tí,
desde siempre.


Pero son ellos los que me acompañan.


J. Robles


El jardin de las delicias. El Bosco.
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A posteriori

Se ahogan en su propia sangre
todas las leyendas que trataron de esconderte.

De podridas las uvas de la vida
y de tu amor muerto
envenenados, fulminados
los pájaros verdes que caen.

Se cierra el día.
Crónica se hace la oscuridad,
y la noche se desparrama
en destellos rojos de la luna apuñalada,
que se clavan en indefensas almas prisioneras.

Sigues viajando igual que antes
por mi tiempo perdido
y por los laberintos de mi imaginación enferma
desde los cielos posibles de Aldebarán.

Sigo buscando el cruce de caminos
que pueda llevarme a tu estrella.

Sigues amordazando mi yo cansado.

Sigo intentando engañar al desengaño
y sigo durmiendo con esperanzas desveladas,
guardadas en el oscuro cajón de la mesita.

Sigo guardando las trágicas apariencias.


No soy valiente, no soy fuerte
no soy un héroe.

Pero hubiera conquistado Troya,
si tu me lo hubieses pedido.


J. Robles
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¿Y si...? (Cartas para ti)

¿Y si siempre
nos hicieron creer
que el mundo era gris?

¿Y si los desiertos solo existieran
en las mentes de otros?

¿Y si se fueron
los vientos desolados?

¿Y si siguieras vistiendo
mi alma de primavera?

¿Y si siempre estuvo abierta
a tus ojos mi ventana?

¿Y si aún viviera
nuestro campo de amapolas?

¿Y si no pintaron de gris
tu casa?

¿Y si no cortaron el viejo árbol?

¿Y si las nubes de otoño
no lloraran?

¿Y si no se borró el tiempo?

¿Y si nunca se rompieron
los corazones?

¿Y si no envejecimos?

¿Y si nos quedara un reguero
de buenos recuerdos?

¿Y si no pudimos olvidarnos?

¿Y si todo hubiese sido
un mal sueño?

¿Y si pudiéramos aprovechar
el tiempo que nos queda?

¿Y si nos cruzáramos de nuevo
en la vereda del río?

¿Y si volviéramos a fundirnos
en una mirada?

¿Y si...

¿Y si...nos volviésemos a amar?


Poema para sonidos del paraíso: "Kalimba". Inti Illimani.


J. Robles
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Mi mejor amiga, madame Calabaza y sus cosas

1.
Nadie oye los terribles lamentos
del submundo invisible.

Solo Madame Calabaza
los escucha.

Madame Calabaza corretea
insana y anerviosada
de un lado para otro
tapándose sus oídos de calabaza
para no escuchar
los ecos rasgados
de estertores patéticos.

Los llantos secretos
que estrangulan a veces
el corazón
y el sentido común.

Los que nadie osa oír.


La reja que rodea el espíritu
es fuerte de narices
y Madame Calabaza
no puede arrancarla.

La reja que rodea mi mundo...

La reja que me rodea...


Hechizos en la noche del lobo.

Bailotea alcohólica la luna
mas llena o menos vacía
en húmedas soledades,
en su larga estela marina.

Embrujo en los ojos de la sirena.

Siniestros saltimbanquis sin rostro
me amenazan
cada vez que te pienso.



Me gustaría poder llorar...

De como se perdieron tus huellas
en la seca tierra de aquel campo verde,
tapadas sin pudor ni esmero
por el polvo viejo de eriales nuevos.

Y de como te sueño en luz,
por mas que intento
recordarte en blanco,
o en azul
o en rojo
o en arco iris.

Arco iris de todos los caminos
que nos llevaron al río.
Arco iris de todas las miradas
del deseo.

Arcos sin iris de rastros perdidos
que hoy llevan a ninguna parte.

"Bonito" lugar: Ninguna parte.


A estas alturas no quiero conocerme.
No me merezco. No me siento.
Ni tan siquiera quisiera descubrirme.
Y estoy convencido de que me traicioné
al atreverme a nacer.

Simplemente, así son las cosas.


2.
¿Mas tranquila, Madame Calabaza?

Todo pasa...

(Se pierde tu rastro
en la seca tierra de aquel campo verde...)

¿Que piensa, Madame Calabaza?

"A pesar de tanto tiempo
puedo ver unos ojos profundos
a través de los tuyos".

¿Solo eso, Madame Calabaza?

"Lo sé, es imposible olvidar,
y el recuerdo se hace fango,
y el fango se vuelve dolor."

Si, pero...

dígame la verdad, Madame Calabaza.

"¿La verdad? cual de ellas"

Bueno...a ser posible, la única verdad
Madame Calabaza.

"¡Cuantas únicas verdades!"

"Un consejo quizá...
No despiertes nunca.

No pierdas el tren de los sueños.

No te queda mucho más.

Sigue
como niño descubriendo tu propia sombra".

Si, tiene razón Madame Calabaza,
puede que sea lo mejor.

No podría dejar de recordar,
de soñar...

de intentar desnudar el tiempo.

Solo...mi querida Madame Calabaza

que creo que es la sombra...

la que intenta descubrir al niño.




J. Robles
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Licantropía

("Hay niñas azules de todos los tamaños.
Algunas son sabias y otras no tanto.
Ellas tienen pequeños ojos azules.
En una hora un hombre puede cambiar.
En una hora su cara puede parecer extraña..."


Ripples. Génesis)

Se cierran las puertas,
y abiertos los grandes ojos
del centro de lo negro.

Me observan.


La ciudad muerta
en la tenue luz del neón,
y la noche intenta alisar mis arrugas.

Caen furiosas, lluvias de marzo
que empapan de rojo fuerte
los yo, las tristezas
y los pálidos semblantes perpetuos
de todos mis fantasmas.


El gato cómplice se me acerca
con el rabo levantado
y se acaricia en mi pierna
sin pedir autorización.

Simplemente dice "miau".

No alcanzo a entenderle,
pero está claro
que la soledad no es mi monopolio.


Al cruzar la calle,
las sombras me miran fijamente
con cara de pocos amigos,
y las papeleras no me responden
cuando amablemente las saludo.

"Farmacia 24 horas"
"Gasóleo a 1.23 Euros"
"Supermarket"
"Pizzería italiana"

El borrachito apoyado en una esquina
me dice que no lo entiende
y continua vomitando.

¡Je!
¿Acaso yo si?

Últimamente entiendo demasiadas pocas cosas.

No estoy seguro de que los licántropos vivan de noche.

No encontré ninguno.

Decepcionado, me vuelvo a casa,
voy a cenar.

Me está esperando un delicioso diccionario
de francés a la plancha.
("Dictionnaire grillé" que dirían en Pavillon Ledoyen,

...supongo).

Después escribiré,
si es que llega a inspirarme
la telaraña de la esquina de la habitación.
O dejaré que algo que ya escribí
me haga daño.

¡Je!
Diría que me estoy volviendo
masoquista.

Que remedio...

Quedan tan lejos las estrellas...


Por cierto,
me he llevado al gatito a casa.

Nada mas llegar, ha bebido agua,
y después se ha sentado tranquilamente
en mi sillón.
Está escribiendo algo...

creo que son sus memorias.

Me quedo un rato mirándole,
y tengo la sensación
de que las estrellas están un poco mas cerca.


Esta noche soñaré con niñas azules...
o con el gato...
o con la pizzería italiana...
o con el borrachito...
o con los licántropos...

o con todos mis fantasmas.

Igual ni siquiera sueño...

que para eso hoy es domingo.

Quiero recordar que hoy tengo que plantar un globo.

No creo que eso me haga mas feliz.

Pero al menos me olvidaré por un tiempo
de que en este mundo,
las papeleras nunca saludan,
y que los licántropos viven de día,
aunque quieran convencerme de lo contrario.

Soy yo el que vive en una noche infinita
viendo caer impertérrito las furiosas lluvias rojas de marzo.

A pesar de todo...

sigue sin gustarme
como me miran las sombras.

Me duermo pensando...

¿Habrá sombras en las estrellas?


J. Robles
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La pregunta

1.
Crecen
las ruinas de los adioses
desde inacabables sueños alquilados,
y desde las profundas cavernas
de los besos de los Judas.
Atraviesan mundos oblicuos
y penetran en heridas gigantes
que como ríos, sangran en los amaneceres.

Quiero recordar que me hice la pregunta
hace mucho tiempo
pero nunca encontré la respuesta...

No puedo descubrir los significados
de todos los vestigios
porque los libros sabios duermen
en su sagrado camposanto.

Aunque muerto, sigo vivo.
A expensas de la venganza de la memoria.
Apestosa inquisidora,
nubladora de días y de vidas.

Sigo encerrado en el eterno caleidoscopio amorfo
donde reina el eunuco que asesinó al rey
de las mentes cuerdas, que yacen abandonadas
en finos hilos de luz oscura e infinita.

El homúnculo que vende misterios por el ventanuco
no llega. Es demasiado pequeño.
Pero se niegan a darle un taburete
por pura venganza. Creo que tiene alguna deuda pendiente.
Y yo tengo que hacer un exagerado esfuerzo mental
para explicarme a mi mismo que es lo que quiero.

Para intentar recordar la pregunta,
y hacérsela entender.

En un susurro me confiesa al oído
que él es el rey asesinado,
pero me pide que le guarde el secreto.

La verdad, no me sorprende.
Cosas peores se han visto.

Quiero lanzarme a cortar la garganta de mi enemigo
y caigo en la cuenta de que ya no tengo ninguno.
A no ser yo mismo.
Hace mucho tiempo que los encerré a todos
en mi minúscula cajita de música
y los torturo a diario obligándoles a escuchar
en todo momento Para Elisa.

Por ahora...
El miedo al miedo, se alimenta de todas las causas perdidas.

La hojarasca esconde escombreras de vidas vacías.

El tiempo pesa.

2.
Pasos silenciosos y ancianos
doblan indecisos la esquina de una estrecha acera
y en la cutre taberna
su canoso dueño mira sin ver
la transparencia nítida del licor dulce.

Sienes plateadas,
arrugas arrugadas,
lágrima furtiva.

Cuánto tiempo...

Cuántas palabras sin escuchar.

Cuántas quedaron sin decir.

Cuántas respuestas posibles...

para una sola pregunta.

El canoso dueño de los pasos silenciosos
revuelve cajones de mohosas historias sin terminar,
recuerdos incoloros de pasados muertos en el abandono,
viejos fotogramas arañados de una película
que nadie rodó.
Y revive una a una todas las respuestas...

pero ya no recuerda cual era la pregunta.

("Y las cabezas están rodando
porque el conquistador está de camino
y el día de la justicia está llegando
pues el conquistador está de camino."

The conqueror. Génesis)


Resuena en el éter Para Elisa, de la cajita de música...

Está bueno el licor dulce,
mientras el cuerpo aguante.

Páramo perdido inunda la pupila.

...Ya no recuerda cual era la pregunta.

Y yo tampoco.


J. Robles
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Quien como tu pudiera... (Dedicado al bonito poema de Carmen "Solo aspiro a...")

Quien como tu pudiera...

de intranquila pluma, compañera,
tirar por la borda lejanos recuerdos
que a algunos, atar nos atan
a profundos infiernos.

Quien como tu pudiera
compañera de versos alados
vivir en el vivir.

Aspirar sencillamente
a "estar".

Sentir sin exceso,
dormir en colchón de nube,
limpia el alma,
sin volver la vista atrás.

Sin morir a mordiscos
de pasados ni de ayeres,
persiguiendo los apegos,
sintiéndose vivo,
sin desear por jamás

volar.


Quien como tu pudiera
querida compañera
sentir la delicada y fría brisa
de satinadas noches.

Quien como tu pudiera
sentir que no hay
hierro en las entrañas...

que ha desaparecido
del espíritu la maraña...

mirar a la luna...

y saber que no te engaña.


Quien como tu pudiera
poeta de aires nuevos,
apartar objetos inservibles.

Todos esos, que herrumbrosos
y harapientos,
absurdos y obsoletos...

nunca enseñaron a amar.


Quien pudiera compañera,
pintora de versos sabios
olvidar el recuerdo amargo

mirar a la luna blanca

y saber que no me engaña.

Saber que hoy por fin,
pasados los pasados...

para bien o para mal...

soy el único dueño...

de mi libertad.


J. Robles
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Hierbas negras. Memoria. (Poema para un tema musical. "Himno coya". Lito Vitale)

Tristes y secas las olas de mares bravíos,
desoladas,
perdidas por los Campos de Marte.

Solitarios y grises los jilgueros
de la apoplejía.

tiempos estériles, vanos,
encerrados en cajita azul
de zapatos de niño.

Estereotipos indecisos
que juguetean impávidos
con rachas de buenaventuranza.

Vacías las huecas cloacas
de los cien sentidos donde resuenan
valerosos silencios apocalípticos
y fugaces.
Acabando con los días presentes.

Arden en fuego abrasador
las verdes hierbas
que serán por siempre negras.

Se defiende la mediocridad
a medio camino
entre mezcalina y salamandra.

A propósito de cuando
éramos nobles
y aprendimos de la ruindad...


(Y tu)

Viajas a lomos del Grifo
y recorres los rayos de luz negra.

Penetras mi vida y mi cuerpo
sin consciencia de lo que pueda sentir.

Te abrazo en todas las vidas
y rasgas mis camisas.

Te cuelas en mis edades
y te sueñas en mi almohada.

Naces cada segundo
de la barriga del Himno coya.

No puedes acabarte nunca.

No puedes terminarte.

No puedes dejar de nacer.

No lo permitiré.

En ello empeño
el corazón y la humildad.

En ello sufro y me revuelvo.

Te sigo buscando,

Memoria.

Vereda. Río.
Campo de amapolas.
Viejo árbol.
Calle con charcos.
Pelo rojo.

Beso...

Sonrisa...


Te seguiré pintando.

Te seguiré escribiendo.

Memoria.

Te seguiré mirando.


Aún sin ojos.



J. Robles
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Sin billete de vuelta

En secos latidos revivo
la vigilia de nuestra adolescencia
colgada en ganchos de sucios museos de ayeres.

Donde se hospeda el pertinaz
lenguaje de lo escrito
con la fusta de ruines vidas desechadas.
Clavadas en estacas con ojos rotos
a merced de los vientos negros
del alma quebrantada.

Desaparecieron todos los tiempos
en el tirante de tu blusa blanca.

Naufragó un universo completo
de todas las promesas
que dejamos escritas en un papelito
escondido entre las piedras.

Hace ya tanto...

Creo que fue en los entonces...


Del hoy al ayer
viajo, dejándome llevar
a los muchos espacios
en los que aún me brillas.

Neptuno se siente perdido
en la aspereza del océano
que quedó vacío
desde la última vez que nos besamos.

Rabian enfurecidos los huracanes
en la raíz podrida de la mala simiente.

Y en el fruto del presente sin aliento
se conjuran todas las mezquindades
en retazos de olvido
y en retales de recuerdo.


Sin ti...

Abro por penúltima vez
la caja de los porqués sin respuesta
donde guardé tu sonrisa
y escondí mi vida.


¿Que fue de nosotros...?

buena pregunta...

Neptuno...

se sienta a mi lado a veces
Y me anima a que siga encontrándote.

Me aconseja que siga viajando
por mis soledades.

Rondando por tus cielos.

¿Tu?

Te balanceas eternamente
en el árbol grande
donde se perdió la inocencia.
Te bañas por siempre, desnuda, en la fuente
en la que nos hicimos pasado,
y revoloteas por la lánguida melodía
del viejo piano
que nunca dejó de sonar en mí.

¿Yo?

Simplemente garabateo.

Cuando viajo sin billete de vuelta
por tu mirada y por tus noches.


Déjame viajar sin billete de vuelta
por tus sueños.

Deja que sean un poco míos...

Déjame vivir en ellos...

Deja...
que pueda seguir existiendo.


J. Robles
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Telones de sube y baja. (El paso de la paloma). (Dedicado al precioso poema "El telón sigue levantado" de Encrucijada)

Paloma oscura
a contraluz del cielo.
Claro de luna
negra cara.
No pude comprar mis sueños.
Y te siento miedo.

En bellas tumbas dormido
escribo poemas locos
a leyendas sin memoria.
Imaginar pudiera, rojos cielos
mirando estrellas blancas,
como vestido de novia.

Óleo en verso quisiera ávido,
el aprendiz de poeta pintar.
Al perdido rayo de luz.
De aquella mañana gris
en que se pudrieron las rosas.
Que no volverá jamás.

Silenciado corazón,
¡mudo que no dormido!
en un nublado día de invierno
malpagados desamores
te dejaron sin voz,
mas no sin latido.

Oscura paloma,
dibujada en azul perdido.
Con la cabeza gacha

deja

que me acurruque en tu nido.

Canto mis penas
como si de pecados
tratara.
Pero no me mires mal
palomita mía.
Quiero cruzarte
limpia la mirada.

Ayúdame paloma.
¡Desvístete de sombras agrias!
Ofrece un alegre hola
a la luz de los soles,
y empújame a gritar

a mi triste huida...

¡basta!

Dulce palomita blanca,
permite que adiós te diga,
y despedir me dejes
tu paso teatral
con sonoro colofón:

¡Maestro!
¡Suenen los timbales!

¡Tramoyistas!
¡enciendan luces
y que baje el telón!

¡Distinguido publico.

Sonrían o lloren!

Grácias por su atención!

Buenas noches tengan.

Hoy por hoy,

acabó la función.
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Canción

A sabiendas de que tenías que existir.
No sé cuántos caminos recorrí
ni cuantas veredas caminé
cuántos ríos crucé
cuántas playas pisé.
Ni cuántas montañas subí.

¡Como loco te busqué!

Y como el soldado destrozado en la batalla
volví.

Sin vida, sin aliento, sin esperanza.

Y ya dado por vencido...
¡sin buscarte, te encontré!

¡En el único lugar que no había mirado!

Allí estabas tú.
Con tus ojos claros
la luz de tu sonrisa
y la droga de tu mirada.

Allí estabas tú.
Enredada en las notas tristes
entre las cuerdas...

de mi vieja guitarra.

J. Robles
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Delirium

Tallado tu nombre en sombras.

Se fueron a pasear los pececillos de colores
por la estruendosa fuga de vida
en pináculos de llamas blancas.

Recorren los alcázares; abencerrajes
los hijos del talabartero.

Siento los domingos de lluvia caerse
y solo acierto a acariciar
libélulas de plata.
Si llegamos a un viernes sin puñales,
sobre tejados ensangrentados
ladrarán los gatopardos.

Y tu, y yo...

seguiremos buscando mundos
donde el Yermo habita.

Y puedes encontrarlos, amontonados
en mi lóbulo frontal,
repleto de jaulas nómadas
y fontines de ácido áureo.

Las voces de las gorgonas me dicen:
"Vuelve la espalda al mañana
y mira al cielo con las lentes-prisma
que bien supimos venderte".

Y bajando majestuoso la escalera lisa
de las infamias
desde un firmamento a cuadros
de carne maloliente,
puedo ver al hombre cojo del bombin.

Desde la puerta de la ciudad de miga de pan
vuelvo a escuchar el eco en ruinas
de la insoportable propaganda antitodo.

Tergiversando escritos viejos con furia.

Y no acierto a contar mi propia historia
de mazmorras y monasterios tenebrosos
del filo de otro mundo.

Las golondrinas duermen desnudas.

Creo que siento el roce de tus labios
de muñeca.
Pero no me hago ilusiones.

Temblores en pegatinas de besos
y mis ojos cerrados
no oyen el silencio oscuro.

Pasean por Lindaraja, altaneros, los abencerrajes,
hijos del talabartero.

Avanzan hacia nosotros
las estrellas en caída libre,
vienen raudos los tiempos de tiranía.

Pecados del Hombre.

Y el Olvido ataca sin compasión.

Sin pausa, pero sin prisa.

Bienaventurados los limpios de hechos
y limpios de mente los imbéciles.

Quiero volver al limbo.
Quiero volver al paraíso terrenal
del azúcar blanco
y buñuelos de calabaza.

Al reino de los helados de crema y nuez.


Mi hombre cojo del bombin
cree que me persigue por mi lucidez,
pero es técnicamente imposible
porque yo nunca me atreví a soñarlo...

¡jeje!
¡Que bueno!
Estoy convencido de que le engaño...
¡Pero es él, el que me deja engañarme!
jeje...

y semiagrio...saboreo
las delicias de un vicioso circulo
de regaliz y menta.

De horrores y difuntas visiones.

Tallado tu nombre en sombras.

Mientras Mr. Bombin, el cojo,
decide encender las velas
sabedor de la existencia de vidrieras
de despojos,
los escorbutos desorientados
recortan cárceles en oasis de crisantemos...

Siguen por Arrayanes los hijos del talabartero.
Abencerrajes de gloria mora...


Comienza a apagarme el sinsentido...

Empiezo a ser el otro...
No me pagan para esto...
¡jejeje!

Suave caricia tus labios...
roce en mi cara pálida.

¡Los huesos escapados de las tumbas
quieren impedir que me beses
y yo les ruego que te dejen...!
pero no me escuchan...

Y las pupilas del tiempo se dilatan...

Y el sudor a chorros, cae por la frente fría...

Y el temblor invade...

La visión se pierde en multitudes eróticas...

...de arco iris de líneas rectas...

Esculpido en luz tu nombre...

...suave roce de tus labios...el hombre cojo del bombin...esculpido en luz...los hijos del talabartero...

Tus labios...tus labios...

Cortejo de lágrimas sin salvoconducto.

Procesiones de risas sardónicas.

¡Quiero volver al sagrado vientre de mi madre!

...Discúlpame...estoy cansado...tus labios...cansado...y tengo mucho sueño.
...el hombre cojo...bombin...

¡Me atacan con cuchillos las bombillas de la lámpara!

¡¿Es que no lo ves hijo de puta?!

...¡bombin!...

...¡el bombin!...

...dios mio...

...dios mio...



Anda, toma la pastilla y descansa un poco, amigo,

descansa.

Y mañana será otro día.

Es la hora del Risperidone*.




*Medicamento para la esquizofrenia.

A mi amigo Alfredo, en quien está inspirado
este poema, que ya empieza a ver la luz.


J. Robles
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Viejo piano

Tanto tiempo que llevaba dormido
y esta tarde ha decidido despertar.

Quizá fue nuestro silencio
que lo desveló.

Sin espera ni dilación
nacen raudos los acordes
desde el fondo del viejo piano.
Impetuosos y decididos.
Con la vehemencia
de las cosas que están ahí desde siempre
y para siempre.

Dominándonos al instante.
Invadiéndonos.
¡Removiéndonos el alma!
Nublándonos los sentidos.
¡Poseyéndonos...sin tregua ni compromiso.

Triste, como es su costumbre,
un poco traicionero,
como queriendo atraparnos por sorpresa
y enrejarnos eternamente tras sus teclas.

De sus cuerdas brota a chorros aquel viejo tema
que tantas veces tú tocaste para mí.

Nos lo quiere regalar hoy...este piano agradecido.

Momento sin tiempo
apenas un instante.
Olvido del mundo... de la fanfarria...del clamor.

¡Notas que parlotean en mi cabeza como diablos!
¡¡Sonidos que me golpean como martillos!!
melodía...que nos hace temblar por dentro
¡¡Ritmo furioso como la ira del tirano!!
y a la vez suave...como del cisne, su plumaje.

Porque tu estas conmigo
y él lo sabe.

Lo sabe bien
porque nos ve y nos oye.
Nos lee por dentro
mira si nos miramos
siente lo que sentimos
¡ríe si reímos!
¡¡y llora con nosotros si lloramos!!

Este piano agradecido
que quiere acariciarnos,
y nos brinda lo que guarda con tanto celo
bien escondido
entre las fibras de sus viejas tablas.

¡Los compases mas profundos!
!los mas bonitos¡
!!los mas tortuosos los mas extraños¡¡

los mas tristes
los mas bucólicos

...los que apenas son un lamento...

los compases mas dulces
que jamás podremos escuchar.

Abrázame niña pecosa
¡baila conmigo ahora!
debemos agradecérselo.
No perdamos este momento loco.

¡Abrázame mi niña pecosa!
¡Agárrate fuerte a mi!
¡Tan fuerte que me hagas daño!
pega tu cara a mi pecho
¡que yo te sienta!

Bailemos como nunca
nuestra canción.

Y dejemos que el viejo piano
triste y agradecido...
nos arroje sus notas eternas...
y nos dé su consuelo...

y nos arrulle.


a la pecosilla mas dulce
que se cruzó en mi camino

J. Robles
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Idolatrías. (los labios pintados del absurdo)

Decirte lo que no quiero
o contar lo que tu deseas,
que yo diga para por ti
y no por mí, entumecidas
palabras en un cristal roto
y poder satisfacer
a tanto afán
de tantos huesos vanos
indiscriminados y lerdos.

Amantes sin escrúpulos
de mariposas amarillas
de un tal
Mauricio Babilonia*.

Comentarte los entresijos de
brillos en espejismos.
Intríngulis manifiestos
de millones de espejos
hermanos, o primos,
cuando menos.
La mayoría de ellos rotos
y vueltos a pegar
con místicos relatos de amor
o con superglú del todo cien
de la acera de enfrente.

Contarte que conté los platos
del platero de la cocina
de un dios pagano, bien vestido,
habitante asiduo del tubo 6
de Ammonia Avenue.
Y que al octavo día de la semana
siempre vuela por el Barbershop
de Penny Lane Street...

Enredado en sus batallas perdidas.
(Recontando, alegre y saltarín
sus montones de risueños muertecitos)

...y faltaba uno, que no volví
a encontrar en ninguna parte.
Quizá fue ferozmente tirado a la basura
o irremediablemente escapó,
(huyendo de si mismo)
o de los atroces mordiscos del gato-perro,
por debajo de la puerta,
y fue a tomar café, escondiéndose
de mi presencia.

Hablarte por fin, de algo con sentido
(como si me fuera posible)
y explicarme en vago idioma.
No te fijes en la letra escrita.

Viváceos batiburrillos con máscara
diabólica de algún carnaval veneciano.

Recomendarte, querid@ compañer@
de viaje, que fijes tu atención
en el blanco del papel.

Lo estudies, lo pienses o no, un rato,
y saques mis propias conclusiones.

Laberinto amorfo de cuentos sin hadas
para perderse en el rabillo de la Q.
Y encontrar la paz
(aunque no esté permitido)
En el . final.

Pido perdón
al dios pagano de la letra.
Algún día de interminables
horas curvas
le rezaré un soneto esdrújulo,
en una preciosa tarde
de candelabro y requiem.

Ni pagándome con oro
me confieso.

Porque no sé.



* Cien años de soledad.

Imagen: Portada del disco Ammonia Avenue de The Alan Parsons Project.
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Entre el frío y el estío

Blanco de la mañana
hechizo de luz sin tregua.
Carnavales de florecillas
tapizando alegres mi tierra.

Rojo de amaneceres vivo
paleta de óleos, mis vegas.
Terciopelo en los trigales,
de tu viento soy la vela.

Añil de ocasos limpios
bálsamo de mi alma serena.
Sinfonía de trinos del gorrión
Entra. Te dejo mi ventana abierta.

Rosa te viste la tarde
olor me traes a canela.
Corretean los niños en los parques
y cascurrean contentas las abuelas.

Verde de mi esperanza
sortilegio de luna nueva.
Veleta de mis sentidos
mil elogios, de mil poetas.

Malva en azafranes
de arrullo de amores plena.
En poemas de enamoradas princesas,
escucho alabar tus dones
que hasta mi pluma llegan.

Negro claro, de clara noche
noche abierta a la luna llena.
Aromas a flor de naranjo
a jazmines y a galanes.

Recital de flores. Madrugada eterna.


Tantas coplas te cantaron
que temo que no me oigas.
Tantos versos te ensalzaron
que sufro porque no me leas.

De todos modos,
como me dicta el zurdo* te hablo.

Como te siento, te he escrito.

Y a los cuatro vientos grito:

¡Hola Primavera!



*(Zurdo: corazón)

J. Robles
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Tiempo, olvido y un servidor

Ah...el tiempo, el tiempo
¡poderoso enemigo!
el señor don tiempo...
Siempre elástico y sin conciencia
absorbiendo historias
trocando pasados por presentes.

Contestando a veces
algunas preguntas
y preguntando machacón
por respuestas que no existen.

Rajando interiores
como navaja afilada.
Desfaciendo entuertos
y entuertando líos.

Tratando siempre
con malas artes
de promover
a su triste socio.
Señor olvido.

Incluso a veces
levantando muertos.
Y minuto a minuto
enterrando vivos.

Desvaneciendo leyendas.
Olvidando amores.
Olvidando momentos.
Recordando olvidos.

Inmenso océano
tragicómico.
El puto tiempo
y su querido amigo.

Esta noche de borrachera
no le haré preguntas
ni respuesta le daré.

Esta noche oscura
como buenos compañeros,
o como si lo fuéramos,
beberemos hasta caernos redondos
en una absurda esquina.

Beberemos juntos, los tres.
Tiempo, Olvido y yo.

Eso sí.
Antes pagaré la cuenta.



Refranillo popular: "Si bebes para olvidar
paga antes de empezar."

J. Robles
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MI DOLOR. (Carta para ti).

Duele.

Duele
lo que me rodea.
Duele
el exterior.
Duelen
los gritos ininteligibles de horrendos seres
desperdigados por voluminosas burbujas...,
ancladas en esquinas
donde sufridas meretrices se ganan el sustento.
...llenas de cualquier cosa
que no pueda definirse como vida.

Duele.
El interior.
Dentro de mi propio inframundo
abarrotado de torrenciales tormentas de infundios.
Demoníacas heladas de sinsabores.
Viciosos huracanes de torturadas virtudes.
Interminables desiertos de despecho.

Descomunales incendios de añoranza.

Todos y cada uno, reacios a dejar salir
o a compartir lo poco que me queda de:
espiritualidad,
sensibilidad,
amistad.
De comprensión.
De algo que pueda parecerse
a eso que llaman amor.

Duele.
El cuerpo. La carne.
Duele físico.
Pero aún duele mas lo imperceptible,
la no sustancia ni forma.
Duele.
El entramado de espacio - tiempo
en el que parece ser
me columpio.
Duelen los espacios entre átomos.
Duele la razón. O la sinrazón.
Duelen fuerte los intangibles pasados.

Los pasados.
Algunos mas que otros.

Duelen.
Y tengo que seguir subiendo a duras penas
a los everest diarios e inconcretos.
Sin traje para el frío.
Sin botella de oxígeno.
Y bajar todas las noches
al menos en mi imaginación,
a la apacible ribera de florecillas de colorines
y verde musgo
de mi (nuestro) querido y secreto río.
A desinfectar un poco los interiores.
A revivir los buenos momentos.
A llorar y a reir,
donde nadie pueda verme.

Duele la memoria.
Duele el recuerdo.

Me dueles.

Y tengo que abrir de vez en cuando un paréntesis
de arpegios limpios y satinados,
de sostenidos profundos y misteriosos.
Y hacerme el muerto en ellos,
de vez en cuando.
Para olvidar el dolor por unos momentos.
Hasta que la alimaña que me persigue
se aleje por un cierto tiempo.
Para poder seguir rindiendo pleitesía
a esta vulgar existencia.

("Necesito a alguien en quien creer, alguien en quien confiar.
Necesito a alguien en quien creer, alguien en quien confiar."

The Chamber of 32 Doors. Génesis)

Y solo te tengo a tí.
A quien poder rendirme.
A quien confesar mis pecados.
A quien poder abrazar en mis sueños.

Y solo me quedas tu.
Quien me haga sentir un abrazo.
Quien me dé un poco de consuelo.
Quien me ayude a subir mis everets.
Quien me proteja de las alimañas.
Quien me anime a dejar de ver las
amenazantes burbujas de las esquinas.

En quien poder creer y poder confiar.

Duele.
Despues de todo este tiempo
me sigues doliendo tanto...

Solo te tengo a tí.
En mi memoria.

Siempre seguirá doliendo.

Me seguirás doliendo.
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De que hablamos

Según los expertos
en el juego del amor
existen tantos amores...

amores amorosos
amores verdaderos
amores leves, sin amor
los de solo un rato
amores de coplilla
de pacotilla
los exclusivos de sexo
falsos amores
los de mentira, los de juguete
los pasionales
amores de quita y pon.

Amores a través del tiempo
y lejanos, en la lejanía
los que cruzan mares
y fronteras
amores en estado puro
y algunos de puro saldo.
Los menos,
enredados en una canción.

Amores a la italiana
otros demasiado clásicos
amores que dicen
que matan
amores hasta la muerte
Incluso
post mortem
amores del otro barrio.

Luego está el que yo siento.

Según los expertos
sin clasificación.

PD.
Si quieres saber más
pecosilla mía
ven conmigo
y lo discutimos.

Tranquilamente.
Sin prisas.

Tú ya sabes como.

Estoy dispuesto
a pasarme la vida entera
dándote
una explicación.
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Seis lunas

Caliente caliente
como agua de la fuente.

Poemas, estrofas, letras.

Versos contracorriente.

Tres de Pi
cinco de cuatro.

Ojos de fuego.
Beso amargo.

Seis lunas
miran al gato.

Se cubre la mañana
de vida de rana.

Abiertas las noches
en los galanes

dormida mi rima
en tu almohada.

Ocaso y alba.
Rejas al campo.

Rosa tronchada.
Mudo el piano.

Tres de Pi
cinco de cuatro.

Seis niñas
mira el gato.

Ojos mojados.
Y mi mar vacío.

Se quebró la mirada.
Cansado el hastío.

Manantial de sueños soñados.

Coplilla para un funeral.

Frío frío,

como agua del río.
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