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A un ser sin nombre

Tengo un par de sentavos en la mochila, y unos recuerdos bajo el brazo, un tatuaje a mi diestra y nací destruyendo lazos.

¡Condenada!
Bajo sombras, soy la que no quiso ser y me quebré en mis propios brazos, soy la protección contra los lobos pero ellos son míos.

La niña de las poesía, incrédula, amante de lengua caliente.

Mi amada bastarda, sincera exiliada, la habitación se llenó de pequeños rayados.

Ver rojo y blanco, o ver los símbolos en la palma de la mano.

Caer
caer en las letras decadentes.

Caer
caer cayendo, amando, odiando.

Caer
caer sin piedad.
sin arrepentimiento.

Caer,
sólo caer...
... en el marco de tu mirada.
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4comentarios 70 lecturas versolibre karma: 89

Indignación

Siempre fue el truco perfecto,
ser la pequeña inercia
delante de ebrios moralistas.

Soy hija,
pero el transcurrir
de mi planta muerta
me hace mujer.

Ser la niña de papá,
ser la niña que llora por papá.

¿Cuáles son los días
en las que mis noches
no caen en lo más profundo
de una sana decadencia?

Si se le puede decir sano
a algo que nos desvanece.
Si se le puede decir normal
a la esclavitud por opción,
cuando no tenés opción.

Cuando estoy en sentada
en los primeros escalones
de un cielo,
de un circo corrompible.

Soy el títere,
pero perdí mis hilitos.

Malditos cerdos,
versos de serpientes,
mis animales de la tierra.

Me creí parte del mar
en la odisea de espectador
en la boca del cordero
entre los brazos del lobo
y en el afán de su vanguardia.
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9comentarios 144 lecturas versolibre karma: 83

Phone

Le dije que me fusile y que acorde a su libido, guíe mis manos por mi vulva, que esto es un juego de a dos en donde los niños se corrompen y se mueren adictos. Y así lo hizo, mediante susurros entrecortados, mi cuerpo tembló y se pronunció entre las llamas. La diestra baja lentamente, pellizcando mi piel fría, calentando las sábanas entre movimientos poco precisos, y el desconocido gimió, tratando de ocultarse en cuatro paredes donde nadie pueda juzgar la vulgaridad del libertinaje.

La noche es joven, dije, con la garganta quebrada, porque sí, grité tu nombre en silencio e hice sangrar mi boca para contener la declaración de intenciones que me cortaba el orgasmo por la mitad, pero quería que siguieras y que de tu boca salga mi nombre, como si fuera una plegaria o un llamado a la cordura. Y nada paso, yo la era moneda de cambio y eso me bastaba, me conformaba con tu peor versión, la del sexo sin amor, la del salvajismo pactado.

Grité, con la poca esperanza de que algo se asemeje al querer, y yo te quería, entre mis piernas y mi boca.
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Silencio

Sentir la soledad entre las trémulas caricias de una insensible noche, que busca reconocer los pecados de una mirada rutilante ¿Seguirás presenciándote?

Emanar las verdades, cortando mi lengua imberbe y entender, que todavía tengo impregnadas las palabras en mi tráquea.

¿Cuántas mentiras, cuesta tu verdad?

Aferrarte a mí, a mis manos frías como un muerto debajo de la cama, impacientar a los retazos insolentes que nos cubren y arder con el hierro oxidado que me niega aullar.

Dedicarte mi muerte como un acto de fe, y negarte hasta el purgatorio.

Desdicha puritana, alabarte con mis cuerdas quemadas y quedarme eternamente en el silencio.
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Rechazada

En ocasiones me sentí fuera de lugar, como si el objetivo de esta vida fuera arder a través de palabras, yo sé hacer poesía nefasta para creer que esto es sanar la herida fundamental, nuestra desgarradura, y no. Soy un pequeño cachorro enjaulado, con los colmillos partidos y la sangre en la lengua ¿Quién más que yo, para esta descripción?

Caminé en la cuerda floja, resurgí de las cenizas para volver a caer en este insatisfecho círculo en donde escucho tu voz, diciéndome que no me imagine lo inimaginable.

Bendito sea Dios, porque te educó bien, a imagen y semejanza del estereotipo del ciervo obediente.

Perdóname, porque fui el libertinaje en cuatro orgasmos que te di al suplicarte más.

Perdóname, porque no fui lo suficiente y no quise serlo, no quise maquillarme y esconderme en la imperfección que arraigaba tu pensamiento. Yo no sé llorar, y no derramé ni una gota de desesperanza porque no podría volver a fallarme, pero la decepción erradica en mi tórax, apretando, acechando con el presentimiento de que algún día voy a contarle de vos al mundo y a decirle “Ya pasó, fue uno más de los indecentes que cruzó en mi camino, y me uso como monedita de cambio” y no me avergüenza, espero que algún día te saques los prejuicios y te arriesgues a vivir, a sentir la vida de la manera más insana posible, espero que el libertinaje no te consuma, y si lo hace, no me busques (aunque ahora deseo que lo hagas).

¿Y esto se llama amor propio? Duele como si otra pequeña fracción de mí se hubiera quedado en tu auto, adentro de esa botella de vino asquerosa que espero que hayas roto en cuanto no supiste volver atrás.

Ojala nadie te descontrole el pensamiento a causa de indirectas poco claras, porque estás herido y nunca sanaste del todo…

Y sí, todos me dijeron que sería la última vez que volvería a saber de vos, del pequeño egocéntrico que se llevó un pedazo de mis letras impregnadas en su retina.

Te extraño.
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Trece de la suerte

I

Ingratos rincones cuestionados, no se deja sentir en la suavidad de las espinas.
Tinta del tintero del viejo andaluz, el silencio es perdón del papel transparente.
Porque ellos comen y se van, o mueren en la ambrosía, dulce juventud caída.
Porque mis ojos son promesa,
Porque mis manos son promesa de la nada.

II

Contra ellos, y los finales incórdiales, si, contra sus esposas prostituta
¡Que soy de piel antigua!
Contra sus ex, que son asaeteadas de incógnitas, y contra mí, que no se describir el movimiento del libertinaje en puertas del algodón.
Contra las garras de la poetisa, y se corrompe, en su místico poder.

III

Porque sabíamos que era morir en bocas quebrantadas, cuando mi lengua pasaba por tus recuerdos alevosos y desprendías vocablos incoherentes.
Cuando cada letra mataba tu nombre en mi sexo, y tu orgasmo era libertad.

IV

Parte de mí la huida de su inercia,
parte de mí la huida de su extravagancia.
Parte del silencio del entierro, del entierro del silencio.
Parte de botellas en aceras, en aceras hechas de recuerdos.

V

Porque son simplemente palabras, no encajan en tus pulmones podridos.

VI

Se rompe la trágica idiosincrasia del cuervo predilecto,
del ser que fue en su cuerpo intrascendente.
De la suavidad de la agrietada adversidad que reside en cuentas bancarias.
Se fuga en campanarios, en leyendas infantiles que marcan los ojos dentellados.

VII

Aun a riesgo de que su calor se acople a la sugestión de un despido placentero, fumé el pacto con mi alma.
¿Dónde estás?

VIII

Búscame, en infinidades de dialectos injustificables para nuestra edad, que el ser superior desfallece en los elixires de nuestras vigas artificiales.

IX

Diosa mía, si los finales no fueran herméticos, si tu piel no fuera ajena a mis dientes…
¡Que pecado!
Fornicar no es tan malo como se dice en el libro de la vida, la monogamia se perdió entre las piedras calientes.

X

Cállate, que la puerta se golpea
se suicida en tonos verdes.
Cállate, que los querubines lloran
porque te han encontrado culpable.
Cállate, porque la tentación
muere en mi aura.

XI

¿Qué era el querer? En esta casita de amapolas subliminales.

XII

¿Podes amarme tres veces por semana?
El erotismo se escapa de mis falanges.

XIII

Nos perdimos en el turismo emocional, en la vida de la vida que pasó o que alguna vez soñaste entre las cortinas enojadas.
El ciego que no cruza tus aguas sosegadas, soy o sos algo que envenena mi tierra caliente.

XIV

Crónica inservible en laringes rotas, dulces santos crucificados en notas macabras.

XV

Pobre criatura ¿Quién es? O era en sus diabólicas noches de sucia pureza, inherente canto de loba en celo.

XVI

Consumismo insatisfecho, que mi sangre rueda sobre tu alabanza a santas llenas de aire. Era yo, lo juro, y era la desdicha que colmo tus dedos de mala ortografía.
En términos vulgares, te di el don del poeta borracho, me diste inspiración y un orgasmo por la mitad.
Mano derecha, bebe de mi…
De mi talento oculto en dientes de cianuro.
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El desdichado de la segunda estrofa

A veces olvido las palabras, y no es algo trágico el querer forzar todo de una manera cutre, simplemente pasa.
Robe la esencia de seres lunares y te escribí estupideces sin sentido, lo admito, porque ni yo entendía que mensaje transmitía en ese momento, sólo escribía.
¿Cómo sentir sin entender? Nunca me lo pregunte, quiero vivir tranquila.
Cuando apago las luces y me dejo hacer, imagino versos que podría plasmar, nada especial, recibí hombres que solamente se enredaban en mi sabanas por menos de diez minutos. Hombres que gritaban el nombre del amor de su vida entre sollozos, y no, esa no era yo, pero no voy a juzgarlos, era la condición que imponía antes de estar encima de ellos y así estaba bien para mí.
Tenés el derecho de decime lo que quieras, sé que lo sabes, no me duelen las palabras de los pobres andróginos, pero vos, sí que sabes agrietarme en todo sentido ¿Debería fluir?
Lo hice, y es tu voz la que repite que es un sacrilegio ¡Que ironía más estúpida!
Con el alma filosa en un camino de alfiler, sos el desdichado de la segunda estrofa.
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Noche y olvido

¿Cuando la luna se olvida de mi,
los lobos sucumben ante mis gemidos?

El niño vuela,
y se acongoja
¡La puta madre!
Soy
una pequeña melodía.

¿Cuando me olvido de la luna,
los lobos sucumben al aguacero?
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3comentarios 108 lecturas versolibre karma: 49

Bajo el recuerdo

Parte de mí la huida de su inercia,
parte de mí la huida de su extravagancia.
Parte del silencio del entierro, del entierro del silencio.
Parte de botellas en aceras, en aceras hechas de recuerdos.
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sin comentarios 47 lecturas versolibre karma: 7