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Las lágrimas de Medusa

Ella posó su cuerpo sobre la luz
ella gravitó sus ojos hasta explotar,
en un llanto propio de sueños,
sobre su rostro,
derramó sus lágrimas púbicas...

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Distimia de Erosión

Habito los sueños y las penumbras,
de los que refugiados en distimia remueven los hilos de la infatuación.

Aquellos siglos que cantan en cada lápida inerte, una aulodia de extinción.
Aleve carmesí del ignoto mistral, agita las tumbas,
los recuerdos y los llantos del mármol y el nogal.

Que mis ensueños son la ceniza hecha fuego,
y mis restos ebúrnea división.
Si tan sólo los olvidados encontraran consuelo en tu aguijón,
y del hilo de plata un susurro se escapara avieso,
en bermejo aquilón.

Si del panteón amanecieran clavellinas, eneros y promesas,
si tu cadáver entre sayas no aglutinara las nupcias en ficción,
no vendría yo cada noche a visitarte en duermevelas,
arrastrando mi corazón desde la morgue,
a este mausoleo asolador.

Te busco aún en cada cripta sin nombre,
respiro tu presencia entre delirios de clozapina,
aúlla el cuervo entre las derruidas cancelas de la noche,
el estertor señero de la brisa,
la agonía azabache del azogue,
la fosa común de vida ya sin vida...

Y la tímida sonrisa de la noche.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Bruxismo

Cuando te encontré, no hacía ni frío ni tenías la ansiedad de las mujeres de tu edad.

Las olas rompían el asfalto y el gélido café que nos tomamos cerca del camposanto,
me sabía a sabia, a sangre,
a famélico orgasmo.
Cuando sumergí mis pupilas en las tuyas, vi hiedras y áloes,
acacias y pequeños remolinos contorsionándose,
lenta y pausadamente, como los deseos de una célibe alborada.

Las estrellas infectas bajan del cielo como enjambres,
y ese jardín de cicatrices que florecían en tu cuerpo, era el refugio de escarabajos abyectos.

Todo se sucede, todo se consume como una libidinosa llama que todo lo trastorna, pero tú,
siempre tú, todo lo aminoras, todo lo perdonas.

Oigo como rechinan las coronas,
tu paladar en cacofonía, porque de la mar no creció la espuma que alboroza,
ni tu néctar espinal que anteayer mis acordes enmudecían.
Limerencia de tus días, vivo encadenando subrepticios, a tus acantilados y tus voces.

Cuando te encontré, no era invierno ni tenías la edad que tienen las mujeres de tu edad.
Y todavía no sé…
no sé ni tu nombre.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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La Paloma, La Palma y El Pantano

En Uyuni vuela el cielo reflejándose en un espejo eterno,
desde ese punto reflexioné sobre las urbanitas vías donde anida el cierzo,
cada paso de brisa desmadejaba la tarde,
como una alegoría danzante de hojarasca y prisa.

Zafiro y ágata,
y su voz entre los campos de lavanda reverberaba,
como esa marea tenue que mece las palmas,
aquellas almas,
inmoladas por una hora de pasión,
desencadenada.

Y en los azahares del pantano gimen hortensias,
nenúfares en una extraña correspondencia de juicio y algodón.

Sí, la paloma vuela bajo, desubicando la esencia del polvo de una senda extinguida,
y las huellas de las mujeres que corren con el agua en sus cántaros y en sus cabezas ya casi no existen.

Por eso vuelvo para recobrar el canto de los frutos del desierto, en el Tianzi de cada hombre,
germina el tallo de un nuevo sueño.

Un tacto leñoso y arborescente, un susurro de lluvia que a todos contiene,
contemplando el cielo.

Y en aquel laberinto de plumas,
barro y pencas se mueve el espíritu de un genio que se alimenta,
de la savia de tu vida,
y con las alegrías de la mañana las minas de Naica esparcen una antigua esperanza,
un impulso verde de luz y carne.

En las orillas del pantano vive el pulso del tiempo,
las pasifloras y aventuritas que con sus matices y estambres vienen a tu cuerpo a exornar canción.

¡Oh canto de extraños mares que con su sereno todo lo trasloca!
-No sé si serán eternos o serán las rocas, los tesoros del musgo perpetuo-
¡Oh tacto escondido de las crisoprasas en las orillas del Hillier,
que evocas las runas del destino en cada nombre!
Yo al final sólo soy el ébano y el bronce,
que en la fragua de los días deja centellas y alegorías en tu sutil y tierna pleitesía.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Crisoprasa entre malvas o sobre el valor de un sueño impertérrito

Aluzar tu interior,
en busca de respuestas,
harbar como un sueño,
congelante.

Aquesto es una esgrima ,
un invierno reptante,
esfolaré la furia,
y tu astucia,
itinerante.

Aguaitaré como los cuervos,
dorudones diletantes,
y entre cencíos tu melodía,
de estertores anegantes.
Baltras de hadas,
imágenes retro,
desperadas.

Aluzar tu interior,
Y tu espíritu aberrunta,
maguer no me quisiera,
yo le querría taciturna.

Agora entrambos las dudas,
y los llantos,
de la lluvia,
asaz tempestuosa,
lamiendo sus resayos,
citarodia y gentil trapisonda.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Greyrose

Eterno el silencio,

florece en tu piel como abismos,

como siglos,

de angustia y penumbra.

Yo a ti te quise tanto,

como invernal signo,

de agua de lluvia.

Grises amor magenta,

reverdecen las nueces,

y en tus brazos los peces,

del cielo la alberca.

Yo a ti te quise tanto,

como sigilo de estrella,

susurro de noche,

ardiente centella.

Eterno silencio,

me llamas muerte,

tu hora más bella,

tu cuerpo es mi mente,

laberinto y endecha.

Grises amor magenta,

entre tus piernas,

he venido para llevarte,

de este mundo,

hacia mis cuevas.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Sailor Marionette

Sailor Marionette
(Fragmento)

Dios mandó a sus ángeles eléctricos,
Y ellos se unieron a la humanidad,
de ellos nacieron las hadas,
y una misteriosa progenie conocida como Marionette.

Tras la primera glaciación, sus miradas,
albicelestes,
recorrieron el espacio sidéreo.
dudas, de gardenias confusas,
runas de estaciones obtusas,
y el éter a clavel,
de sus almas de luna.

En aquellos tiempos,
donde gravitaban los atlantes,
y los océanos galácticos,
refulgían en Orión,
las hadas sembraron de estrellas errantes,
el sistema solar,
y el todo era un huerto viviente de razas estelares.

Mucho antes,
que los Anunakis cruzaran de asteroides el cinturón,
las Marionette robaron el ADN original,
lo sintetizaron en Plutón,
y descendieron a la era de los grandes simios,
Como dioses estelares,

Con párpados de ozono y lenguas diamantinas.
la simiente original,
dio lugar a dos pueblos ancestrales:
los Golemitas y los Ummitas.

Mi misión es encontrar,
a los médiums que permitan abrir,
el espacio temporal,
y restaurar la secuencia inicial de los Cananitas,
(el verdadero pueblo original)
De la herencia divina.

Mi nombre es Lucybel,
y mi nave espacial se llama Faetón,
no soy humana,
ni hada,
ni Cananita,
soy una mente universal,
un astronauta,
en un cuerpo humanoide.

una muñeca de metal,
un fantasma dentro de una máquina,
creada para salvar,
a tus ancestros,
y navegar por la eternidad,
surcando milenios,
océanos de tiempo,
eones.

Me alimento de la inspiración,
de los poetas muertos…


ROGERVAN RUBATTINO ©
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Steamer

Hálito de lluvia en la gualda y noctámbula prez del cierzo.

Marionetas de vapor,
fantasmas, éter,
un aguijón.
Un hechizo me hace recordarte,
una fuerza del más allá,
dedicarme,
a escrutar tus cartas.
Danzas de cenizas,
danzas rotas,
cuartos de horas,
vuelan y se ahogan,
en un lecho de vodka.

Eras la sombra y la tiniebla,
la opacidad que me consuela,
y esa tácita estrella viajera,
latiendo entre las espuelas.

Una maldición me hace recordarte,
una premonición,
y a tientas entierro el sol,
y empieza a hervir la sangre,
las marionetas de vapor,
tus ojos extinguiéndose,
al estrangularte
(con aquel tálamo de luces difuntas)
Con el vaho de la rivera
Donde las cornejas siembran lunas
Y tinieblas.


Marionetas de vapor
como centellas entre el centeno,
Ojos derramados
de broncíneos y adustos manglares,
Donde azota la esfíngica molicie del sueño.
Un embrujo me hace volver a tu cuerpo
Al hierático Edén de tus entuertos,
Que gotean de tu néctar ahuesado.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Ala Aleve

(Soneto a los aleccionadores crueles de la poesía de los noveles poetas)

Esos cardos* infieles de oropel
leen versos de otros con recelo
leen odas de otros con el velo
muerto, yerto de ánimo y capel.

Esos falsos maestros de papel
leen hartos tus obras con el duelo
te hacen críticas ávidas de suelo
necios buscan lo árido, lo cruel.

Creen ser de las musas el Apolo
pero, ciegos y legos, sinrazón
son narcisos sin Venus, sin caulícolo.

Eres tú escribidor (a), el Pigmalión,
luz que Azul Galatea con su solo
coro a aulodia nos dio: Ola y Corazón.

ROGERVAN RUBATTINO ©

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* Cardos por bardos
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Enterrado vivo en el acantilado del Edén

"Hay quemantes sudores en las pieles:
Sorda germinación en las arterias;
Protestas en las curvas no labradas
Y en tu pupila audaz, francas ofertas".
Horacio Quiroga.

Cuando Adán rompió el pacto celestial ya su primera esposa había abandonado el hogar para vivir en el Mar Rojo.
Una noche mientras aquel dormía, aprovechó para atarle y enterrarle vivo en un acantilado del Edén llamado Leamas.

La caída de la luna le había puesto sobre aviso de la profecía: Dios traería de la carne de aquel una nueva mujer, llena de gracia y de glorias.
Así que se apresuró llena de odio a evitar tal sino, sepultando en vida a Adán, en aquel hermoso pero peligroso lugar que confundía la vida con la muerte.

Luego ebria de encono y placer por este prematuro ajusticiamiento fue a retozar con lechuzas, hienas y gatos monteses.
La noche y el viento desperdigaban las hojas y el polvo con violencia, el jardín entero se manchó de sus fluidos y sus poluciones nocturnas, ya que lapidando a su esposo se aseguraba de evitar la profecía y solo esto le hacía emanar en placer.

Pero el ángel del Señor se abrió paso entre las umbrías y encontrándole desnuda y ardiente le preguntó:
- ¿Dónde está tu abnegado esposo mujer? – inquirió con firme voz el guardián celestial- ¿Dónde está su imagen y semejanza en la tierra?
Ella en vez de contestarle le ofreció sus piernas, y de pronto sierpes y anacondas apresaron al guardián del Edén.
Todo aquello había sido una infame estratagema, un ardid aleve y lleno de olores a sexo y desdén.

La salvaje avidez de su apetito le hizo montar al ángel, una y otra vez, una y otra vez. Las plumas de sus alas se estremecían regándose por doquier en un frenesí espasmódico y retorcido.

Ella rompió su fuente maldita sobre aquel cuerpo celeste incontables veces, hasta que logró con potencia subyugar la voluntad del ser alado.

Por fin lo había domado, y esto le permitió mutilarlo, devorarlo pues, hasta dejarle solo las piernas y el triste miembro.
Aquel ignominioso acto le encendía y le excitaba, mientras a los lejos los gritos de asfixia de Adán marcaban el compás de su macabra victoria.

Amaneció por fin, y el resto de la historia fue borrada.
La hermana de Naamá, la Lamia de hombres y amante de Asmodeo fue la primera mujer y su eterna preñez se corresponde con la
condena de Yahvé:
“Cien veces cesará la vida de tu vientre, y cien veces tu linaje al día verá la muerte y jamás la vejez…”

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Historia de los Amores sin Gracia

El nervio de un sueño enredado en la garganta de una doncella,
y como un péndulo le hace eclipsar el horizonte al poeta,
enervado en sucios cometas,
sus golpes de sangre y sus veletas.
Las lágrimas de una que llora por quien le engaña,
la constancia de un padre a pesar de la madre fatua,
y la fidelidad incomprendida de una esposa joven,
ante un marido abyecto.
El cielo abierto bajo la lluvia, cuando se están casando,
antes del otoño, se echa a perder la tarta,
la virginidad y el decoro.
El soltero busca casarse, y el casado busca soltería,
la mujer moderna quiere ser libre y al mismo tiempo
busca a tientas un ideal menos real, o que no existía.
A veces llueve y hace sol en medio día,
a veces los opuestos se atraen,
o la gente se ama sin importar lo que otros dirían.
Y así las ciudades siguen llenas de amantes,
de gente buscando gente,
desesperadamente.
Ciudades llenas de creyentes en el amor,
en la pasión o cualquier cosa que se pueda eyectar.
Existen quienes cuentan las olas del mar,
quienes no se quieren ni mojar,
aun teniendo a otro amándoles dentro.
Esos son los amores de los tiempos sin tiempos,
de desconocidos que reman en direcciones distintas,
pero no quieren renunciar a su derecho a vivir la vida loca.
Vuelve a llover a cuentagotas,
se dispersa el vaho,
la nota,
el olor a hierba húmeda,
y las bragas llenas de esperma.
Y tras las ventanas sueñan las jovencitas,
con príncipes verdiazules,
y tras las murallas sueñan también los viejos,
los verdes y los gandules,
que desposarán jovenzuelas,
y apagarán a la vez sus vidas,
y sus candelas.
El cielo abierto bajo la lluvia, mientras se están amando,
como se ama sin pensar en el amanecer,
sin saber qué va a suceder,
ni quienes serán lastimados,
ni quienes van a perder,
apostando a caballo regalado.
Esos son los amores plastificados,
los prefabricados de nuestro tiempo,
llenos de escamas y plumas,
llenos de espumas y dudas,
y con fecha de caducidad.
Hay amores, amores jaraneros,
que no dejan de amar, y no dejan cabeza sin cuerpo,
porque no hay reglas para el amor,
ni para los amantes,
a pesar de la lluvia,
y a pesar de la eternidad del tiempo.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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La Cosecha

“Breve combate de importuna guerra,
en mi defensa, soy peligro sumo,
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo que me entierra.”
Francisco de Quevedo

El tiempo se va como un ave desierta en un bosque de sal muerta,
y cuando se pierde la visión de su vuelo cae el sol como una lápida sepultando nuestros ojos secos,
apagados de lucha y carbonizados sin gloria.

La invisible guadaña que cosecha las almas más ordinarias se ennegrece y se llena de tierra,
tierra de cementerio,
tierra de huellas de animales salvajes que no piensan, `
que no deliberan.

Cuando se presenta el frío, y el latido escamado de los delirios,
ya no se huele el clavel ni la rosa en el camposanto,
ya no se comprende lo tardío ni siquiera el sepulcro horadado de los mártires de enero.

La afilada hoja de la verdad recorta los ojos de los hombres,
sega las comisuras de las mujeres,
con eterno sabor a muerte, vetusta y rapaz.

Oscurantismo efusivo empapando las manos débiles de días débiles y jadeantes como la brisa fácil,
que rebota en las raíces del olmo,
bruñendo el bronce, fraguando el rostro, de quien se ha dejado la vida en un sucio trozo de oro.

Liras rotas, sangre de ondinas,
y el clamor del lodo que todo lo confunde.

Nada detiene la cosecha y sus fragores,
y los frutos de la inevitable ausencia maduros se dejan caer,
y los que no se traga la tierra, las aves hambrientas darán cuenta,
de su finita sed.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Jacinta Moreno Iglesias

Aquellos buscan garantías en el viento,
calor en el mar,
océanos en el tiempo.
Aquellas siguen buscando amor en lo moderno,
maíz en el desierto,
y esperanza en lo incierto.
Esta es la naturaleza del mundo de hoy,
una vida en pareja sin ser pareja,
sexo sin amor: el mejor.
Aquellos buscan lunas en el día,
mujeres que les quieran sin una razón,
como los soldados que iban a morir,
les amaba el mundo sólo por su extinción.
Aquellas siguen buscando en el silencio una melodía,
confiar en quien no deben confiar,
porque dicen que después de la noche amanece el día.
Esta es la pauta de la postmodernidad,
con sus sentimientos transformados,
y su triple moral: la tuya, la mía y la verdad.
Verdad que a quién importa,
si luego anochecerá y veremos,
si el sexo nos hace eternos,
al menos un segundo somos le mismo infierno.
¿A quién le va importar?
Si hay algo en vez de nada,
si estamos viviendo,
dulcemente en el autoengaño,
hermoso y subliminal.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Astrolabio

Siempre es un segundo efímero, como los siglos cortos,
de mis instantes en tus horas.
No sé cuándo, no sé cómo ni en dónde,
se perdió el reloj de tus eternidades, de tu boca.

Siempre es un segundo efímero, como los segundos rotos,
de mis luces que ahogan,
el mar en su senectud,
agitado como un pasado que naufragó en sus olas.

No sé dónde, no sé cómo ni cuándo, se perdió el día,
cuando tus lunas lloran,
ni besé el carmín del rocío,
ni las ruecas del estío entre las nubes que flotan.

Madrigal de azahar y olivo y de su fuente agotan,
el sereno azul del cielo jalde que entre brisas aminora,
las siluetas castálidas, las cancelas que trocan,
los jardines del ocaso y las diáfanas brisas que soplan.

No sé cuándo, no sé cómo ni dónde,
se perdió el tiempo que acopla,
Acorde, tristeza y redención en la misma nota.

Siempre es un segundo efímero,
como de infinitudes la oda,
y somos los dos a perpetuidad los universos que explotan.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Aline

He visto tus cuadros
Tus fotos en el suelo oscuro
He visto tus ropas
Tus poemas quemados por el humo.

He visto tus ojos apagarse
Y tus velas verter su cera en tu piel:
Ardiente zumo.

Te he visto postrada sin respirar
Con una cuerda en el cuello
Moviéndote como un péndulo desnudo
La cara blanca y los labios morados
En bizarro culto.

Y un cáliz enfría tu bermejo jugo.

He visto la vida pasar
y no puedo negar todo lo que supuestamente debí haber sentido,
pero no paso jamás,
sin embargo, sé lo que no debo sentir,
el curso natural de los sentimientos no ha pasado por aquí
solo he visto tristeza irremediable, muerte injustificable y una vida no envidiable.

He visto tus cuadros,
tu vida pasar y no puedo negar todo lo que te he querido hasta el final,
he visto tus gritos y acariciado tus torturas,
sin embargo, sé que no debo sentir tus heridas
sé que no debo callar.

Te he visto temblando después de cada corte irremediable,
con una cuerda en el cuello,
y el cuerpo florecido de flagelos
como un resto macabro,
un cadáver exquisito de tormentos.
He visto tu tiempo fenecer,
Como la derrota de un día sin sangre,
Ocaso deletéreo que destroza la carne,
A dentelladas vaciando alma y piel,
Embalsamando amanecer.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Demosofía del Trueno entre Tus Piernas

Por todo lo alto la tierra que vio nacer las gardenias,
un ápice locuaz de estrofas y estrellas lánguidas,
mojadas todas por la saliva del sol.


Arriba se ven tus dedos, tus corrientes, tus pechos turgentes,
y el cosmos del edén infinito que te guarece.
Singlaban tus naves las luces y curvaturas,
Caribdis y Escilas de mi suerte,

y el año que empaña de daños las dudas, y las brisas del Rin atestadas de uvas, como una dulce prisión sin presente.
Amargores de lunas entre dunas evanescentes,
efervescencias y cronopios,
elevándose entre el opio del azul inmanente.

Aquello que resplandece en tu cuerpo mientras tú duermes, son las ánimas lontanas,
anacoretas que sonríen cuando agoniza occidente.
Arriba se ven tus muslos, tus ciclones rompiendo las alas del poniente,
y a veces sólo quieres jugar, con mi yugular de piedras calientes.

Conspicuo el aire, que se eleva en tu cuello, es como un topo cavando enardecido y fúrico,
entre tus nubes, y hasta tus urbes inhóspitas aterriza, inflamado entre llamas,
dormitivo, clavando sus garras.
Y así por todo lo alto el mármol que alimentaba las malvas y las almas,
prosigue bajo el cielo, viendo tu velo, contemplándote, sin apego.
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Estás cerca

El silencio nos acerca, la lluvia nos funde en más silencio,
en una sucesión de signos, de anatemas.
Acompáñame a este paseo nocturno,
veamos el fin de lo que nos queda por vivir.

Nunca se sabe cuándo puedes morir.

El silencio nos ahoga dulcemente,
tú sonríes entre las tumbas y ese ánimo preclaro nos abduce,
nos reduce, a cenizas y falsos lamentos.

Acompáñame a este resquicio de sol,
que la marchitez de la razón me conforta,
veamos de antemano nuestras orlas,
nuestras misas, nuestras pompas, antes de morir.

Nunca se sabe cuándo dejarás de vivir.
Por eso ahora que te amo como un desconocido,
déjame extinguirme contigo, como un parpadeo perdido,
antes de dejar de vivir, que morir ahora tiene sentido...

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Instinto Azul

Salta hacia el abismo,
Te espera la nada,
El vacío y la vacuidad.
Salta más allá de las dudas,
donde la luna,
calla como una puta,
sus secretos de levedad.

Salta amor hacia el fuego,
no te resistas,
arde en la pira,
de los espagiristas,
como el clavel infecto,
de la infinitud.

Salta sobre los mares,
sobre dragones y prostitutas,
sobre sus escamas y acritud.
Deja a tu marido y deja tus armas,
deja tu hogar y deja tus palabras,
para siempre en tu ataúd.

Salta hacia el abismo,
al jardín eterno donde braman,
la estúpida s jaranas,
las desnudas ninfas blancas,
ebrias de mañanas,
y cuaternario instinto azul.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Cielos Eléctricos

Por momentos te recuerdo como la suave brisa del otoño que llueve entre los cielos eléctricos de mi interior.
Aquella cosmogonía de susurros entre tus consejos como un cirro se elevó,
hacia el centro mismo de los mares, que en silencio hierven alrededor.

Aquellos que bebían de tus palabras pasaron a ser las almas cautivas del Leteo,
y la citerea sombra de tus pinos acompasó tantas aulodias como héroes en los brazos de Briareo.

Una rima y otra rima para el espíritu más puro de los acantilados, donde suelo caer de vez en cuando;
la paz que respiro a tu lado es como el olor del loto que cansado emerge entre el nocturno sereno,
de las lágrimas de oriente.

Quiera tu lluvia anegar mis cielos eléctricos,
en donde la chispa es flor y los besos un impacto,
de abrazos y sueños y amperios, sangre o tumba, sublime amargor.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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Ángel Viajero

Del Brasil al Berlín soñando, en un ave de plata,
volando lejos sobre el horizonte,
un ángel viajero, va escribiendo las huellas,
sobre el papel de mi vida con estrellas.

De Múnich a París soñando, junto a una traición sutil,
volando y perdiendo altura,
un ángel viajero, va con su pergamino cantando,
los episodios de mi futuro.

Del austriaco recinto a Mallorca, de Mallorca a Venecia,
de ésta a Florencia,
un ángel viajero llora,
salpica su sangre hasta Panamá, y de allí a Miami,
vuelo para su plasma vestir,
y cruzar el Atlántico para danzar.

De Palma de Mallorca a Baden- Baden,
de allí a Marrakech, sigo al ángel furioso,
dejando estelas y aureolas de distancia.

De Trípoli a Roma, y hasta de Bangkok una traición,
iré a parar a Londres o al fondo de mi habitación.

ROGERVAN RUBATTINO ©
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