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Ya no quiero imaginarte (@_Sejmet_ & @Verín)

Ya no quiero imaginarte
recorriendo los rincones de mi cuarto,
ordenando en los armarios esta historia
que escribimos a dos manos en el aire.

Ya no quiero imaginarte
abrazando con tu luz las soledades
que las horas han guardado en mis pupilas
y los días posan sobre el calendario.

Te imagino
dando lustre a las flores del jardín,
esparciendo por el cielo un nuevo azul
cada albor que interrumpa
el mismo sueño.

Te imagino
decorando con sonrisas el salón,
descorriendo la nostalgia de una vez
y besando cada uno de mis miedos.

He engañado a la memoria con futuros
de ornamento en la pared
porque temo enfrentarme a la verdad.
Te marchaste, ya hace tiempo,
y aún te guardo en mi bolsillo.
¿Dónde escondo los latidos del reloj?

Voy tejiendo los momentos que mi mente
ha dibujado,
escuchándote en la notas de un violín.
Cada vez que te imagino siento un nudo aquí, en el pecho,
presintiendo que muy pronto volverás…
y hoy me tiemblan en las manos los diez dedos
y me baila de contento el corazón.

Cuánto ruido hacen los versos
que te esperan...
Cuánta prisa se apresura
por mis venas...



("Ya no quiero imaginarte" se está convirtiendo en canción gracias a la música de @eimosfromfield y la voz de nuestro querido @TuroCarballo. En este enlace podéis ver el primer ensayo en nuestro canal de YouTube, Poe&cíA: youtu.be/FRpKkFzigjU . Esperamos que os guste... )
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Voy a imaginarte

Voy a imaginarte, igual que se siente la brisa en las noches de verano. Cerraré los ojos conteniendo en las pestañas el aliento de tus labios, el sabor que te pongo cuando sonríes y dejas al silencio ensimismado o estas ganas locas de amarte que se aferran a mis muslos.

Cerrar los ojos... y verte. Y no poder pensar en otra cosa que salir corriendo y buscarte y respirarte despacio y llenarme de brisa, y… amarte. Amarte siempre.
Debo hacerlo, amor. Debo, de alguna manera, hacerte visible en mi boca; llamarte a viva voz matando el ensueño y volverte real entre mis manos para no soltarte nunca.

Todas las noches huelen a junio salpicado de estrellas, a tus dedos deslizando hacia abajo el tirante de mi vestido. Huelen a besos, a tu ombligo junto al mío. A veces, saben a julio vestido de serpentinas, a miradas en la terraza mientras se pone el sol o al calor que aparece de pronto y me recuerda a ti. ¿Sería una locura pensar que, cada noche, agosto me abraza entre maizales y espigas? ¿Que me toca el vientre con estelas de espuma acariciándome igual que tu lengua? Seguro que sí...
Entonces, la realidad llega de la mano de septiembre para ponerme en mi sitio y decirme que todo es un sueño y que estamos en abril.

Voy a seguir imaginando que ya no te imagino; que de tanto pensarte, ya estás aquí. Que el mundo se para, que eres real... que estás conmigo.
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El idioma de las flores

"Si hay algo que una flor no puede permitirse es perder el tiempo.
En el jarrón o en el parque de la ciudad, hace señales de auxilio con su belleza."

El país de los pájaros que duermen en el aire”

Mónica Fernández-Aceytuno.


El color blanco me da miedo
si pretende, entre las nubes,
derramarse sobre mi frente.
Si ese deseo llegara a cumplirse,
moriría en un campo desierto
implorando con los ojos primaveras
que siempre están por venir.

Hago del entusiasmo un nido
acotando el vuelo al pensamiento
más allá del horizonte,
porque allí ─me han dicho─
la distancia lo hace viento;
y el viento, siempre olvida.
«Recuerdos... florecéis conmigo.»

Estas ramas protectoras
que limitan mi memoria por el aire
sirven, también, para el descanso
de mi mirada cosida al espanto,
que solo entiende la vida
cuando habla el idioma de las flores.
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Aire, cenizas y silencio

«Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome»
Alejandra Pizarnik.


El verso que revela el fango
se aferra a mis manos
como último deseo de vida.
¿Es el vacío otra forma de morir?
—Escriben mis poemas.

Solo recuerdan de mí
las retamas en mi boca floreciendo
y un centenar de estrellas
esparcidas con desorden
que soñaban con volver al universo.

¿Quién era yo entonces?
¿Lo recuerdan?
¿Entenderán con esta ausencia
de palabras lo que siento?

Dejo sembrados en mis manos:
aire, cenizas y silencio
como respuesta a la luz,
antes de que la poesía descubra
que todo adquiere en mis manos
el tacto adusto del invierno.
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Hay mañanas de invierno que nunca se olvidan

Hay mañanas de invierno
que nunca se olvidan.
Se escucha su algazara triste
sonando en el viento,
sus voces se posan sobre mi pecho
y son tantas y tan fuertes
que me cuesta respirar.

De ese frío recuerdo un temblor.
Su sombra, cosida a un temblor
y el amor
en posición de defensa
anhelando florecer.

La primavera prometió venir
y llover sobre mi boca.
¿Puedo quedarme callada?
Completamente callada.
Imagina que estoy hibernando,
recogiendo sueños,
dándoles calor…
Como si mi silencio
diera fruto a la belleza.
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Si me bastara...

Si me bastara tan solo una noche
para entender por qué mi voz titila
en los párpados sellados
cuando todo está aturdido
ya desde el alba,
hallaría la forma de elevar
el temblor de mis palabras
desde mi retina
hacia esas respuestas oscuras
que guarda la noche.
Tan solo esa noche...

¿Y si es ahora?
¿Y si esa noche llegara?
—Me pregunto.
Si es ahora...
ahora, que el sol ya se hundió
entre mis huesos,
dejaré un resplandor en el aire
—como balsa de aceite—
y volver así a prender la almenara
olvidada en mi garganta.

«Ya tengo abiertos los ojos...
Dile a la noche que venga».

Mientras tanto,
cimbreo los brazos del sol
alrededor de mi espalda
y espero despierta el regreso
del susurro que me falta.
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Quiero ser contigo (@_Sejmet_ y @Verín)

¿Qué eras, nostalgia? ¿Otro nombre dado al vacío? ¿Soledad? ¿Lo peor de mí?
Lo he olvidado, ¿acaso importa? Lo que vale y me eleva dos palmos por encima de las nubes es saber que la luz sigue encendida en mi pecho, justo eso. Eso justo anhelaba y lo he encontrado en la voz de un nuevo día despertándome del sueño.
Llegaste. Tan elegante… seduciendo con tu aroma de vida recién hecha y luciendo carmín en los labios del color de la poesía. Eras tú tan igual a los sueños… ¿Cómo no reconocerte en las plumas del ocaso que se funden con el vuelo de un poema? Sí, tú, suspiro de esperanza que no cabe en los pulmones (de quien milagros no espera). Espanto de nubes, tropel colorido volante en mi vientre, melodía continua, sonrisa permanente llamando a mi puerta. Es así, de esta manera tan perfecta, tan tuya, como desatas de la quimera los hilos que sujetan mis latidos a los puños. Ya son libres de posarse donde quieran, ya era hora que eligieran de destino el paraíso sembrado de luces que albergan tus manos.
Quiero ser contigo. Pero no me refiero a ser la mitad de un todo, parte, trozo, resto indefenso en tu ausencia. No. Hablo más bien de añadir más vida a nuestras vidas restando los miedos, sumando caricias, poniendo más tonos, más dedos, más brazos, más piernas, más lenguas… saliva.
Más...
Ser núcleo, temblor consentido, epicentro, gemido en mi boca entreabierta, calor enredado en tus muslos. Ser. De esta manera y de aquella y de otra diferente. De todas las posibles que halle una imaginación compartida como la nuestra. Quiero ser contigo otra existencia más allá de la mía. Una flor de las dos flores que decoran la maceta perfecta. La sombra que abraza a la sombra que forma la noche.
Nos queda el milagro en los ojos que imaginan y tocan y sienten. Queda el amor floreciendo en poemas escritos por manos que sueñan. Queda mi voz en tu boca llamándote Amor. Y por delante, un camino despierto y abierto ante ti, ante mí, para siempre.

(¡Ah! Una cosita... Muy pronto @TuroCarballo, nos prestará su voz y su guitarra para seguir haciendo magia con Quiero ser contigo)
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No cesará la lluvia

Los días velados de lluvia
traen colores impregnados
que se mezclan en mis manos.
El preludio del tacto se avecina,
hace nido en los almendros
y presiento del cielo el temblor
palpitando en nuestras bocas.

Dejo la mirada distraída
escuchando el aguacero
deslizarse por los campos,
pintando senderos de arcilla
que me llevan a tu lado.

Me disuelvo silenciosa
en las raíces del allozo
─mi manera de abrazarte─.
Los colores se despiertan
más brillantes y más vivos.
No cesará la lluvia...
pero, al menos, el invierno,
ha dejado de asustarme.
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Descalza sobre la nieve

Elegí la manera de mostrar
lo que soy ante el mundo;
con la piel erizada
y un suspiro en cada mano
─mi tisana contra el frío─.

Me hago añicos en el aire
con la firme intención
de caer sobre unas manos
que deshojen con viveza
la cellisca del invierno,
de este invierno perpetuo
cayendo sobre las huellas,
sobre la linde que separa
el desaliento de la entereza.

Me entrego con vehemencia
al abrazo, al calor duradero
que provoque
el deshielo o la avalancha,
sin aterir mis pasos
mientras camino descalza
sobre la nieve.
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Que arda la piel

Retirar la cota de malla
que custodia mi cuerpo
seducida por las formas
o la voz de un espejismo,
es beber una botella de ojén
de golpe y sin vaso.
Un arrojo que abrasa el paladar,
el corazón, el vientre...
y se eleva al infinito.

Llegué al umbral del horizonte
con más peso de la cuenta,
con hambre de versos
y sed de autoestima.
Supo la brisa avivar la pira
cansada, prendida en mi pecho
que, a duras penas, ardía.

Ahora completa y desnuda,
la espiral de vida que gira
y crece en el centro,
-donde guardo el derrumbe
y la grandeza-,
me incita a beber de su boca
una amalgama perfecta
de asombro y paciencia.

¡Qué importa que arda la piel
si es la vida quien te quema!
Voy a vencer el miedo
y apurarlo hasta la última gota.
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Todos mis atardeceres

Ahora que la tarde decora las montañas
con ribetes del color de la nostalgia,
me siento a esperar en silencio
con la mirada volando hacia tus labios.

Es diferente el amor callado,
delicado al tacto, al suspiro
y nada es digno de mencionarlo
y nada evita que te sienta aquí,
cada vez que respiro,
en mi costado.

Tu voz lejana — ¿soñada, tal vez? —,
despidiéndose del sol, de las palabras;
un vuelo de plumas malvas
en la bóveda celeste que sostiene
la mirada del silencio,
mi mirada...
¡Te beso tantas veces!
Tantas como el batir de tus alas,
tan suave y dulce como el rumor púrpura
de todos mis atardeceres.
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Romper el silencio contigo

Ven conmigo a ciegas,
con las manos extendidas...
Hay un camino precioso
repleto de flores bordadas,
de hojas doradas, besando
cada uno de nuestros pasos.

Quiero que lo veas;
que comiences el paseo
silenciosa, rodeando mi cintura,
pintando de escarlata
el lazo de un temblor, que une
mi corazón a tus caricias.

No hacen falta palabras,
en lugar de la voz
hay un ábaco de estrellas.
Deslizaremos los deseos,
los destellos por el cielo
uno a uno, con la yema
de los dedos.

Rozar la poesía a tu lado
con el pecho al descubierto;
es el sonido que busco,
el instante perfecto.
La timidez del soplo
adentrándose en mi oído...
quiero sentirme libre
y romper el silencio contigo.
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Un atardecer pendiente

Pienso en el fragor del bosque
para hacer volar a los pájaros
y decorar el cielo desnudo...
Un manantial alado y celeste,
de plumas irisadas;
cobijo del vuelo del sueño,
rivera de nubes, tranquila
y blanca como la amnesia.

Hay un atardecer pendiente
en algún lugar no muy lejano,
y tiene el sabor de tu nombre
despidiéndose en la boca.
Un atardecer que emigra
anaranjado y vaporoso,
lleno de paseos a ninguna parte,
de lágrimas púrpuras resecas
y de intentos fallidos
que apuntalan la memoria.

Vuelan los pájaros, del cielo
hasta mi pecho enjaulado
y lo llenan de suspiros.
Bebo el sonido del bosque,
del atardecer con tu nombre,
con tu boca besando mi boca
que siempre, siempre...
me sabe a olvido.
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12comentarios 209 lecturas versolibre karma: 89

Y, también, la bailo

Canta el nogal
la canción del abandono
y, también, la baila.
Parece un gigante
en un escenario tardío
donde ya no queda nadie,
ni siquiera el tiempo.

Estira sus ramas viejas
como queriendo abarcarlo todo,
quizá, solo busque otras ramas
o puede que busque ser viento
pero esa danza es poderosa,
hipnotiza con su ritmo
y, al final, bailamos todos.

¿Qué hace llorando sus nueces
si no es tiempo de cosecha?
-Espera... ¿Llegó el otoño?-
¿Por qué sufre por el alimento
si consigue
quitar el hambre a la tristeza?
Debería llorar las hojas...
al fin y al cabo,
siempre
se las lleva el viento.

Cada nuez contra el suelo
es un grito no escrito, maldito.
Cada hoja en el árbol
un te quiero no dicho, una caricia,
un adiós en los labios
que no se dice, que se calla
y ya no existe.

Canto junto al nogal
la canción del abandono...
Y, también, la bailo.
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Ventanas abiertas

Siendo una niña
me gustaba, recién levantada,
abrir la ventana a la vida
y bailar con los visillos,
ser cometa.

Recuerdo las nubes,
-¡qué dulce besan!-.
Recuerdo silbar al almendro
que nunca dio fruto,
solo flores.

Imaginaba en pleno vuelo
dónde duermen los veleros,
pintaba la ribera del río,
contaba las amapolas...
soñaba que era otoño
para siempre.

Vivía como si supiera,
sonreía, por supuesto;
una margarita es pura alegría,
con plumas blancas
y olor a primavera.
-¿No es cierto?-

Siendo inocencia,
descubrí mi hogar
en las ventanas abiertas.

No quiero convertirme en ruinas
por tantos recuerdos.
¿Será mi deseo
pedir un milagro
al paso del tiempo?
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11comentarios 146 lecturas versolibre karma: 84

Desde que no te conozco

Desde que no te conozco
he escuchado tantas veces
hablar a la luna de ti
cuando la noche
se extiende hasta mis párpados,
que no paro de imaginar
mil maneras posibles
para poder tocarte, sin estar.

Estiro delicadamente los dedos;
alambres torcidos, cansados,
hambrientos de letras,
sedientos de otros dedos
para entrelazar. A veces,
consigo rozar la distancia,
otras, sólo siento levedad.

Llega el alivio, la calma, la lluvia,
el verde del valle, el olivo
y el aroma de azahar
sacudiéndome el pecho...
¿acabas de darme un abrazo?
No te veo, pero siento
que ha sido así.

A lo lejos se escucha
en el cielo de mis ojos,
un canto de gaviotas
como risas cantarinas
que saben versar.
No sé si es travesura,
ternura, osadía o locura...
Pero, qué más da.

Voy caminado hacia la playa
perfilando tu cabello,
tu mirada de horizonte,
tu semblante de duna y de jazmín,
resaltando tus manos
-guardianas de estrellas-
con un lápiz color poesía
para hacerte realidad.

Miro de nuevo a la luna, al faro,
las olas rompiéndose, muriendo...
Y yo aquí, de nuevo viviendo,
volando, escribiendo...
¡Cuánto has tardado en llegar!
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Punto de mira

El corazón, es un reclamo
para la boca de un poema
sediento de latidos.
Y desde que tú te fuiste,
me acechan colmillos
de marfil y versos,
que se clavan y desgarran.

Suerte que estoy vacía,
que ya nada me estremece,
ni me quedan temblores
que antes, delataban la vida.

La desgracia, ahora es tuya,
pues vas por ahí, altanero...
con mi corazón entre las manos,
creyendo que te has librado
del balazo de mi poesía.

Pero nada más lejos, amor...
estás en su punto de mira.
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"Silencio azul" (Un poema de @Canet y @Verín)

Es una especie de mezcolanza
en el derrame del tiempo
extraordinario e ilógico.
Un gorrión con vértigo.
Una sirena con terror patológico al mar.
Un protagonista cuyo nombre
no aparece en su propia biografía.

Aunque…
Hay algo de bello en lo abstracto
que jamás se olvida, y sólo lo sabe,
la piel que se eriza.
El vértigo del vuelo,
descompone el cielo en gorriones asustados,
que son presagio de la noche,
cuando ya no cantan las sirenas.

La amalgama que se forma
entre lo negro del crepúsculo
y la oscuridad de sus lamentos,
sirven de alimento a un campo yermo de estrellas -dónde tímidas florecen-.
De la tierra, pasan a tus manos,
y de tus manos, van volando al firmamento.

Por eso, si has de sujetar el cielo
necesitas unas manos que no tiemblen,
que no terminen en raíces,
que terminen en irisadas plumas.
Quién sabe si de esa forma,
volverás a ser el que fuiste,
o seguirás no siendo quien eras.

Incluso podría haber sido
la tristeza de la noche, alojada
en una hoja que tiembla.
O un punto muerto en el centro de un reloj,
paralelo al grito mudo de un vagabundo.

Es una especie de mezcolanza
en el derrame del tiempo.
Un jardín de camposanto
que se duerme en la sombra,
y la luna sin ropajes
me esconde bajo las estrellas.

Lady V poeta e insurrecta
lo ha vuelto hacer
sobrenada en los versos
y allá, en el norte
de noche en noche,
se desangra una poesía.

La vigilia, igual que la trepadora yedra,
abraza las palabras,
y mientras que Chopin
ayuda abriendo las puertas,
la oscuridad
ha enflaquecido lamiendo disparates.

Un silencio azul
tiembla bajo los párpados.

Nosotros hablamos con la pasión
pero en este momento
gris otoño, de noche de martes,
nos deshojamos en jardines y
en gritos ahogados.

La poesía y la vida
hacen que todo se dilate en círculos interminables.

(Silencio azul, un poema de @Canet y @Verín)
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Galaxia Lejanía

Tras el paso del verano
caen estrellas ya maduras
debajo de las miradas.
El recuerdo...
la delicada ternura de las olas
desparramada en la arena
-besos a punto de nieve-
como línea divisoria,
como horizonte
que nos señala ahora
la distancia insalvable de los labios;
como estelas blancas para seguirlas,
siempre y cuando,
nunca más nos encontremos.

Pero no, no... ¡NO!
Quedó lejos, muy lejos,
el rastro, la huella, la sal en la boca...
Lejos... muy lejos.
En el lugar exacto de ninguna parte,
en un planeta perfecto, -sólo nuestro-,
de la galaxia Lejanía.
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El vuelo del ruiseñor

Con crisoles de frialdad
te engañará tu destino
para forjar un camino
de tristeza y oquedad.
Miedos, dolor, soledad...
asustan al soñador,
le despojan del color
de cada sueño que tiene...
Por suerte, nada detiene
el vuelo del ruiseñor.
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17comentarios 152 lecturas versoclasico karma: 82