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Me viene a la memoria lo que no ocurrió

Ansias. Nubes.
Me esperaba el amor,
con un gusto ignorado
en el beso completo
y en el cuerpo sin límites
un extraño temblor…

María Calcaño


No me pidas que imagine con ventisca una hoguera sin que arda en mis labios ni te queme a ti en los dedos. Ya no puedo, no me sale, no concibo otra forma de acercarme al recuerdo de un futuro que quiero que llegue a mi puerta, golpeando con un puño de desorden y naciéndole un puñado de amapolas en la palma de la mano.

No pretendas que desista de encontrarme donde se acaba el naufragio, es decir, a orillas de tu playa. No me llenes de celaje ese azul que veo tan claro desde que lo veo sin ojos, a través de mi ventana (al sur, siempre al sur). Ni siquiera el descontento me parece tan eterno a estas alturas, ni el odio que le debo a la musa se me hace tan pesado (porque claro... hasta lo fingido pesa, pero no). Tú lo sabes: al principio, era un juego, un vaivén, un cosquilleo y, después...

La próxima vez que te vea, que no será en sueños, me vendrán al recuerdo todas las escenas que hemos diseñado y se derramarán sobre mis versos las palabras que les faltan (para el poema perfecto). Además, según dice mi memoria, las calles a nuestro paso van a ser escaparate de esos días escogidos a conciencia de entre todos los que forman el catálogo de ansia de vida. Mientras tanto y, hasta entonces, me conformo con todo (para qué variar la poesía...) y le pongo a los días un flequillo de vesania que me ayude a proseguir.
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Rebeldía a las tres de la mañana

Mis letras no quieren,
pero un jueves triste puedo odiarte,
aunque sea falseando los rencores
y evitando todo cepo de añoranza.
Por delante, queda nada.

Ya no es como era antes la nostalgia.

Esa pena instalada en el pecho
al acecho del recuerdo embellecido,
te parece, pero no te está mirando.
Solo quiero que te pierdas en la falla
del olvido, en el hueco descuidado
de la tierra donde no brota
memoria ni deseo de reencuentro.

Que no sigas dando cuerda
a la caja enmudecida,
que no soy tu bailarina
ni esta historia se merece ya
más giros.
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Huir sin retirarse

Hay algo en la huida que no se va.
Corre la angustia encarnada en los labios,
marcha indignación
de la mano de iris grises, disecados,
y se aleja el horror
enfundado en piernas, brazos
que avanzan sin saber a dónde van.
Sin embargo, permanece
lo que fue y no será fuera de allí:
vida arrancada al trozo de vida
que se hunde en el fango.

Hay algo en la huida que no se va.
La arruga en proyectos, los sueños inermes
o la historia amarrada a un cascote
de piedra de casa arruinada
que puede algún día, quién sabe,
volverse hogar.
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Palimpsesto del olvido

Dichoso aquel que un día desanduvo la vida
hasta alcanzar la paz de lo no aconsejable.

J.M. Caballero Bonald


Fue en la primera estrella, a la izquierda
del asombro. Allí me di cuenta:
en mi vientre habían crecido corales
y el viento, como manera nueva
de acariciarle el lomo al azar.

Empecé a gritar al cielo:
¡Que quiten de ahí esa luna!
¿Quién necesita más luz?

Tuve que acostumbrarme, entonces,
a gastarle a la noche las horas
guardando juicios en cajas sin fondo,
ocupando la mente en un duelo
de palabras afiladas,
al estilo de Rodia delirante
rompiendo los confines
en Crimen y castigo.

Todo era posible en un cuadro picassiano
y, en medio de la nada que vino,
más tarde,
aprendí a olvidar, es decir,
a vivir sin quitar la postilla al recuerdo.

Fue en la segunda estrella, derecha y encima
de la primera estrella,
donde se preparó el barniz,
ya perdida la inocencia y doblado el asombro;
pero el brillo ya no quema
la retina de los ojos, sí redobla el corazón...

¡Qué bonito me parece
ver volando a la gaviota!
Le besé las alas rotas y ya
vuelve a planear.
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Avisadme cuando llegue

Uno no sabe ver aquello que ignora que está buscando.
Rosa Montero - La hija del caníbal.


Llamaba la atención de la tarde
tirando de sus largas horas,
horas muertas,
con los dedos de mis letras
todavía por escribirse.
De piernas, de brazos cruzados.
La vida fluyendo sin mí.
Ajena a continuas caídas de hojas,
heladas, sequías y, también,
floraciones.
Muy quieta en el banco del parque
donde revivía a diario su mirada
confundida
con el verde de la hierba.

Recorrí todas las sendas
sin moverme de aquel sitio,
y, sabiéndome inepta,
en todas ellas me perdí.
¿Qué buscaba?
¿Una réplica de aquellas sacudidas,
una herida reabierta, un disparo
de poesía, una acequia, nuevos mirlos,
más ventanas, otros ojos… la salida?

Si supiera su mirada
confundida
con el verde de la hierba
que me duermo cada noche
enroscada
en los versos de Salinas, temblaría;
que la voz ya no le debo
ni tampoco la mirada.

Huelo miedos
que no duelen como antes.
No me falta ya la luna
cada noche
ni el sol cuando amanezco.
Oigo el mar desde mi casa.
Siento paz.
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Veo ahora hasta sin ojos

Como un sueño que revive los aromas
atendiendo al más nítido detalle,
que recibe la caricia de unas manos
imposibles de tocar,
que persigue retenerte custodiando
las mejores medias lunas
de tu boca. Así siento este poema.

Él me dice:
¿Ves aquella lengua azul que surge
entre el manto gris de nubes?
Todavía, no vi las nubes —le respondo
tras un siglo contemplando el cielo.

Vuelan letras de los versos
con el viento que refresca, pero arde.
Llega brisa susurrándome a la oreja
como seda deslizada, suavemente,
y me cuenta lo que callo
a voz en grito
cuando no sé esconderme,
cuando no sé responderme.

Veo ahora hasta sin ojos
lo que antes fue penumbra.
Cuento estrellas por millares.
Laten versos todo el día.
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Pongamos que hablamos del Slam (colaboración @Pequenho_Ze & @_Sejmet_)

Se encuentra dentro del parnaso abierta,
repleta sala de calmadas bocas,
requiere letras para estar despierta.
Ve sin apuro y abre tú la puerta,
sentado o de pie a la masa convocas.

En una mesa grande compartida
se tienden discusiones literarias,
cualquier buena propuesta es bienvenida
si viene con la sonrisa vestida,
creando unas tertulias legendarias.

Hablemos de mil libros y de autores,
de ferias, de firmas o recitales,
y es que aquí caben todos los colores.
Es como un libro abierto de lectores
dando ideas en encuentros casuales.

La entrada es libre, cuéntanos, sugiere,
compártenos tus gustos y propuestas.
Aquí cualquiera escribe lo que quiere,
—si no participamos se nos muere—
pero que nos sea útil, no tus gestas.
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24comentarios 149 lecturas versoclasico karma: 109

Me persiguen los instantes que no viví

Tengo en común con las sombras la necesidad de luz para hallarme. Soy un cuerpo equivocado, un lunes tempranero de airada lluvia o la prisa que siempre llevo a todas partes. Me va quedando poco de aquella otra yo que, a veces, recuerdo; no sé si era. La del futuro enjabonado entre las manos y una bandada de pájaros aleteando sobre los hombros. Su mirada perdida en el suelo sigo conservando aunque intente camuflarla con una soberbia andante que no es, pero conoce —y, lo que es mejor, controla— su rumbo. Son, entonces, un respiro las esperas en los semáforos que dan tregua a la indecisión de mis pasos. ¿Hacia dónde? ¿Qué dirección tomo ahora?

Lo de antes ya no está ni tampoco la de entonces. Sigo ensayando la manera de mirar mis cicatrices. Con suerte, llegaré a contemplarlas como hojas de ruta recorrida que enriquezcan el trayecto que me queda por delante, evitando impedimentos o, incluso, ayudándome al tropiezo con estilo y toneladas de humor, a corazón abierto. ¿Qué será lo que me quede cuando me haya ido? Me persiguen los instantes sin saber si tendré tiempo. Del pasado guardo tantos... ¿Y qué digo del futuro que aglomera un sinfín de «para cuándo...»? Del presente casi no me estoy enterando, pero es lo que hoy me digo: voy tardando en dar un giro a este juego, cambiar ser la perseguida por perseguir los sueños como instantes que haber vivido.
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9comentarios 106 lecturas prosapoetica karma: 90

Soleariyas

Resbalan descalzas
gotas de agua por gélidas losas,
frígidas y blancas.

Nubes, nubes, nubes...
¿Por qué juega al escondite el cielo?
Lana gris en bucles.

Busco y no hallo estrellas
Solo una luz, chantaje de luz
sin luna despierta.
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25comentarios 157 lecturas versoclasico karma: 112

Crees que vuelves

Crees que vuelves.
De repente, tu resol sobre los versos
te lo indica.
Aunque, no hay nada más lejos
por ahora, no se escribe
poesía con tu luz.

Se parece… pero solo se parece
demasiado,
una túnica de olas, mar rebelde
donde bogan expresiones y detalles
que podrían ser tu brisa tan afable,
a lo mejor.

Era urgente, sobre todo,
que perdieses el asiento en mi vergel.
Las gaviotas se disponen a bailar
en la estampa donde quedaría dormida
alguna estrella.

Y puede ser
que, ignorando una lírica mejor,
el arrullo continuado —arrimándose
a mi orilla— de tu voz
fuera como regalarme
el mejor de los poemas.

Ahora bien, ha llegado ya la hora
de gritar: ¡ni el sonido, ni la forma,
ni el estilo, ni la letra!

Veo devastado tu edén.
Y, bien pensado… ya quisieras.
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4comentarios 82 lecturas versolibre karma: 97

Nuevos aires, querida Wendy

Decía Benedetti que el tiempo es como el viento, empuja y genera cambios. Qué te voy a decir a ti, querida Wendy, dríade abrazada a árboles de nieve, deslucida sombra en noches de insania y, de vez en cuando, marioneta subida a caballos de acero, desbocados. Qué te voy a decir a ti, depósito de miedos y albergue de almas opacas... Todo eso eras, hasta que dejaste de serlo. Porque siempre hay un comienzo, ¿verdad? Porque la espera irrita, indigna y desalienta; pero, también, es capaz de acaparar toda la energía que deberíamos invertir en VIVIR, antes de que la palabra «tarde» se pose sobre la lánguida boca de un cuerpo perecedero.

Un día te sonó la alarma del aire nuevo. No me extraña en absoluto tu sorpresa, mirando a todas partes, buscando la cámara oculta e irónica de la realidad que te llovía en ese momento. Incrédula, como todo aquel que ha perdido demasiado tiempo lamiéndose las penas, en lugar de encaminar la barbilla y los ojos hacia lo cierto, que no es más que una simpleza: que todo avanza, todo llega —de algún modo—... si te atreves a buscarlo. No hace falta que me digas que lo hacías, que buscabas y buscabas y buscabas. Ya lo sé, como puedo yo, también, procurarle hermosura a esta prosa y fallar en el intento. Querer es poder, pero no de cualquier manera.

Te costó, Wendy, te costó. Una lucha de gigantes donde eras tu oponente. No vayamos a culpar a quien llamaba a la puerta cuando eras tú quien la dejaba abierta e invitabas a entrar. Y, por todo lo demás... ¿Qué importa de quién fuera la culpa si te ha llevado a ser lo que eres, a tener lo que tienes? Qué alegría... Aunque sea una tortura tu empalago, todo tengo que decirlo, sensiblera. No obstante, es un gozo comprobarte tan afable como firme y juiciosa. Eso me cuentan los aires...

Ahora solo queda lo mejor, desprendida del semblante derrotado, de los humos, de gruñidos... de esos pataleos que decoran las goteras de un corazón herido. Solo puedo desearte que flamees tu oportunidad con vivencias, que recuerdes que lo bueno llega vaporizado en pequeñas dosis, que merecemos los días de verano en compensación a las borrascas. Vive, querida Wendy... y que yo lo vea. All-in en el juego de la vida.
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10comentarios 119 lecturas prosapoetica karma: 85

Decidme, dónde pongo este silencio

Vería tus ojos, tus ojos, tus ojos.
Martín Lucía

Tendí las sábanas y las vi
agitarse y elevarse como gaviotas.

Anne Sexton



Porque voy a tener que pediros cobijo
para un silencio,
he venido despojada de palabras.
Solo traigo las esquirlas de las horas
de una noche de vigilia.

Muerdo el ansia con el ansia.
Qué poco sirven los sueños para amainarme
las olas…
Fijaos en mi pecho.
He sembrado dos gazanias a la espera
de sus manos.
Fijaos en mis labios.
Tengo por faro un lunar encendido
para que pueda encontrarme.
Fijaos en mi vientre.
Rumorean mariposas cada vez que veo
su nombre.

Decidme, dónde pongo este silencio;
pero callad, callad que solo puedo
oír su voz.
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12comentarios 134 lecturas versolibre karma: 91

¡Que me llueva el cielo!

¡Cómo me dejas que te piense!
Pedro Salinas

La realidad no es la que viene
sino aquella que aún tiene que llegar.

J.M. Caballero Bonald



Camino bajo cúmulos, racimos
de nubes níveas que proliferan
en un cielo azul, cerúleo
—mientras reste día—.
Una cuña de luna me mira,
ufana sonríe, subida a su palco.
Qué cerca parece que tengo
grandezas lejanas...

Camino pensando que el tiempo
se extingue, no cuando yo quiera
y quiero llevarme la vida conmigo
allá donde vaya.

Camino como si volara
subida a una abeja, dejando el futuro
tendido, sujeto con pinzas
para cuando llegue, presente del todo
y, entonces, lo vea.

Camino conmigo, sintiéndome mía
y del mundo, aparte.
Quedarme a mi lado ha sido un acierto
después del lodo, que darme a la vida
es lo que le debo a este calendario.

¡Que sea lo que sea, que me llueva el cielo!
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8comentarios 101 lecturas versolibre karma: 105

Fracaso de poema

Esto iba a ser un poema. Iba a decirte que dejé de pensarnos en futuro, que tiré a la basura los planes, los viajes, los mapas de las ciudades que ya no visitaríamos y las rutas en la motocicleta que, todavía, no nos habíamos comprado —pero que, algún día…—. Iba a decirte que las ilusiones, también las había convertido en esfera arrugada que ya no me sirve, envolviendo todas las estupideces, por ejemplo, como que sería maravilloso criar un hijo contigo o que envejecería a tu lado. Hace tiempo que no veo nuestros cuerpos tumbados boca arriba sobre el césped, pintando con los ojos en el cielo nuestro propio cuadro. Hace siglos que no caben en tu habitación tardes enteras conmigo dentro ni conciertos en mi coche, tu voz en grito. Iba a decirte —aunque, tú ya lo sabes— que ya no volveremos a comprar más trastos inútiles en un «Todo a cien». No. Somos: tú sin mí y yo sin ti. Lo que éramos antes de ser nosotros, es decir, dos personas. Quiero decir, una tú y otra yo. Lo que no entiendo es por qué, entonces, me siento a medias, incompleta, como si estuviera perdiendo por un agujero la salvia que me rellena. Me da coraje esta sensación de falta, de ser insuficiente para mí misma.

Créeme, he puesto todo el empeño. He guardado todas tus fotografías, por si a la nostalgia le da por mirarte a escondidas. He perdido los regalos que me hiciste, intencionadamente. Sí, me he venido arriba y hasta te he arrancado de la butaca del cine, del asiento del parque, de la silla del restaurante, del otro lado de la cama. Te he borrado de la agenda, de mi bandeja de entrada, de los márgenes de las hojas de mis apuntes viejos. Incluso, me he librado de odios que no te guardaba, que todavía, te debo; para engañar a este lado izquierdo de mi cuerpo que ahora toco y late lento, a regañadientes. Es más, ya no sé ni cómo te llamas, dónde trabajas, a qué hueles o cómo llevas el pelo. Ni siquiera me importa, te lo aseguro. He podido desprenderme de todo, de todo. Menos del amor que, en momentos como este, todavía siento por tu recuerdo. Odio el romanticismo que discurre por la memoria selectiva y, a veces, me odio a mí por no odiarte.
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Lemniscata

Pero vivir, joder, ¡vivir!,
a pesar de estar vivos o tan muertos
como a veces estamos.

Pedro Andreu


Afuera la noche confusa. Dentro de mí,
una fiesta de estrellas.
Se me han olvidado los versos que duelen.
Tal vez, se parezca a la muerte
que tanto temía, tan lejos que estaba.
Ahora es mediodía de un domingo de mayo
y el sol me calienta.
Así... morirme sí quiero.

Estaba cansada de ser la tirita que siempre resbala
dejando la herida a la vista, sufriendo
la nada que deja de rastro tu ausencia.
¡Qué bien se consume la encina dentro de mi pecho!
Morirme de vida.
De ver cómo bailan estrellas fugaces
al ritmo de hoy entre mis caderas.
Ya, luego, mañana...
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13comentarios 124 lecturas versolibre karma: 97

Silencio, tus ojos

Por si solo es un sueño que tengo,
delirio o granada pulsando
en el pecho dispuesta a estallar,
siembro este poema.

Como abono en los versos
pondré tu mirada, silencio que adornan
gaviotas, veleros, dos nubes dispersas
y calma, la calma que tiene
una playa desierta.

Palabras no... no me hacen falta.
Suspiros, si acaso.
Aliento de gozo en mi oreja.
Tatuaje de dientes.
Caricias llenas de manos.
Saliva subiendo mareas.
Silencio, tus ojos.
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20comentarios 151 lecturas versolibre karma: 103

Estás muerta

Suena extraño. No consigue mi oído aprehenderlo. No me llega a los ojos la idea, expresada como a tientas, mientras sigo montada en la cuerda haciendo acrobacias. Parecía tan lejano, tan difícil... tú, formando parte de los retazos de un ayer que no acababa. Siendo ahora solo un escalón más de los que he subido para llegar a inventarme, para dibujar lo que soy por encima de la ropa y, al mismo tiempo, lo que hay debajo, dentro y al fondo del corazón.

Estás muerta, evocación pusilánime, primavera en sepia, cielo, mar, luna, estrella. Toda tú languideces con el pretérito, la voz y el aroma. Los momentos se van esfumando como el humo de una barra de incienso consumida a medias.

Me ha costado, ¿sabes?, pero ya puedo decir que tengo respuesta a la pregunta que traías de vestido cuando te conocí, que yo también puedo contestarla, contestarme. No era tan difícil. De hecho, tú debiste resolver la incógnita hace mucho. Recorriste el camino antes y yo te miraba hacerlo, igual que se observa un mecanismo complejo.

Estás muerta. Y, a través de esa revelación, siento unas flores secas en algún lugar dentro de mí. He intentado cogerlas con mis manos, regarlas a base de besos, devolverles el verde que fueron, pero... no puedo. Si las toco, sus bordes se desmenuzan como una flor de león que acompaña al viento. Al menos, sé que sigues ahí, de otro modo, pero estás. Ya no tengo miedo a tu olvido sin olvido. Es un otoño bello que puedo recorrer en todos sus rincones de humedad y color, recorriéndome yo, sintiéndome viva. Yo creía que, después de ti, los días se perderían en un calendario blanco lleno de vacíos meses. Sin embargo, he descubierto que, después del verano, comienza una segunda primavera.
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6comentarios 102 lecturas prosapoetica karma: 79

Que no duerma ni una estrella

La oscuridad se acerca al parnaso poniendo sus zarpas de tiniebla sobre las letras, prendas de ropa interior desvaída que forman vereda en anodinos versos, en prosas vacuas. Haces frío, aunque trates de engañarme señalando embestidas y revueltas ardorosas que no veo, poniendo ante mis ojos unos cuerpos que no llegan a tocarme.

¿Cómo quieres que te escuche? De copos de nieve se cubren mis flores. Traes invierno y desamparo a mis oídos cuando trato de entonar eso que llamas pasión y que a mí se me atraganta como un caramelo agarrado al paladar. Haces frío.

No sé, llámame loca. O, mejor, no me llames. No me enseñes. No te muestres. No me digas que imagine con ventisca una hoguera, que ese amasijo de escenas viscosas deberían enseñarme la cima de algo. Podrías... qué sé yo... podrías empezar abandonando ese lenguaje almibarado que llena mi pelo de grumos pringosos y centrarte en mis lunares. Cuéntalos, uno a uno, usando la lengua, dejando un reguero de lava. Por ejemplo. O dale trabajo a las yemas de tus dedos, que explorando mis guaridas se desgasten.

¡Qué me cuentas de gemidos a través de invasiones maceradas! No me canso de decirlo: haces frío. Haz que tiemble. Deja en mi pecho tambores de guerra, desciende por mi ombligo sin prisa, como quien anhela encontrarse de una vez por todas. Despiértame. Que no duerma ni una estrella.
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23comentarios 217 lecturas prosapoetica karma: 85

Tengo derecho a estar triste

Hoy día, cuando los programas de televisión se afanan en divertirnos, en molestar poco al entendimiento y machacar las preocupaciones a base de gritos, de timos y golpes emocionales, quiero reivindicar mi derecho a estar triste. No sé quién, pero ha o han conseguido que la sociedad puntúe alto a todo aquel que parezca alegre. Digo parezca y digo bien, porque yo no sé si ese que sonríe en las fotos rodeado de gente es feliz o se lo hace. Por no hablar de los amigos de Facebook, de los contactos de Snapchat, de los seguidores de Instagram...

¿Y qué si quiero estar triste? Porque esto se convierte ya en eso, en un deseo, como defensa frente a la censura que te impide estarlo. Nada, que está de moda la felicidad y hay que llevarla puesta para no parecer desfasado. O lo que es peor, para no sentirte culpable. Pero, realmente, ¿qué culpa tengo yo de que otros no sepan manejar la tristeza, mi tristeza, su tristeza? ¿Acaso poner buena cara arregla el problema? ¿No sería mejor dejar que fluya la pena, que se exprese, que patalee, que libere y se deshaga de todo lo que le pesa? Pues no, las lágrimas solo si son de alegría. Las otras, que no sobrepasen el borde de los párpados, que no te pasa nada, que solo se te ha metido algo en el ojo, que hay quien está peor que tú, que lo tuyo ya lo han sufrido otros y no es para tanto. Cojonudo.

Tengo derecho a estar triste. Por ello, no soy ni mejor ni peor que tú. Tampoco soy mejor o peor que el que simula estar feliz. Si me apuras, ni siquiera soy mejor o peor que el que simula estar triste, que también los hay. Tengo derecho a codearme con mis monstruos, invitarlos a una copa, dejar que se acerquen a mí. De esa manera, puedo conocerlos, analizarlos, desmenuzarlos. ¿Para qué? Para fraguar un plan que acabe con ellos. Si no los enfrento desde aquí, desde la tristeza, permanecerán cerca, acechándome mientras sonrío, ji, ji, ja, ja, falsamente. Esperarán su momento y me embestirán con fuerza. Entonces, sí que estaré perdida.
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Esos días

Tienen esos días la apariencia
de un domingo azul y verde,
dulce cantar dibujado en la ventana.
Olor a leña. Sabor a gloria.
Cómo voy a pensar en errores...
aunque sepa de un abismo
desde lejos y sin gafas,
quiero creer
que no voy a marearme
en todas las travesías,
que conozco de memoria
el camino;
dónde las trampas, dónde el escollo
y, también, el atajo.

Con el mar de olas revueltas,
a tientas llega la tarde.
Tengo un motín en las manos
con dedos que tiemblan,
de dedos de alambre.
¿Dónde encuentro unas letras
de berilo que consigan inventarse
un poema que no abrase?
Atrás quedó la sequía...
Aún me queda una sed insaciable
buscando saliva y más poesía
que mi espalda arañe.
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10comentarios 101 lecturas versolibre karma: 80