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Si yo tuviera el corazón que di

Ya no tengo
como amante la mayor duda
y eso que de la duda
no puedo escaparme

quisiera tenerte siempre muy cerca
desnuda

pero no soy tu hombre y solo
otra copa
puede cambiarme

si yo tuviera
la diplomacia de Neruda
o ese aire que tiene
Leonard Cohen de capo
que viene a por mí
por no cumplir con las musas
con una canción y mi vieja
dirección bajo el brazo

porque mi dignidad
es tan baja y tan ruda
que sólo hay trapos sucios
en mi corazón cerrado

para la soledad
estoy camaleónico y dispuesto
aunque mi nostalgia de tu piel
no se lo cree
y cambio a cambio
el calor de tu abrazo resto

que sólo voy a ser ya tu amigo lo sé lo sé

sé cuál es mi sitio
complaciente
aunque funesto

si supieran tus ojos cuánto te ama
aquello
que no ves.

(Abel Santos,
de EL LADO OPUESTO AL VIENTO,
Parnass Ediciones, 2010)
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No estamos hechos para durar

Nada está hecho para durar.

La única verdad del poeta
es perdonarse su sed de inmortalidad
en las traidoras capillas literarias, pretendiendo
una belleza, una poesía
tan fuera de lugar, que sólo consigue ver
la sencillez del iluminado.

Ante esta revelación
sólo nos queda esperar, entre otras cosas,
que el sol de mayo se filtre en nuestras hojas
y nuestra voz sea la brisa
que antes de desaparecer deja un escrito
que pueda hacer sonreír a un niño;

que el beso más lento
alivie nuestra soledad, para desembocar
en un renovado oleaje de amor,
sin más orilla que la de una mente fiel
junto a la que expirar serenamente;

y que el infinito nos preste,
otro dia más, el flamante oro del tiempo,
para que el espejo no nos reclame
la deuda pendiente de no haber sabido vivir
ante este fuego que envejece,
como cualquier poema.
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Oda al fuego escrita con ceniza

Cruzando el frío polígono, si tú supieras
cómo brillas cuando me sonríes,
incluso en esos días que estás cansada,
sería, y un poco triste,
a solas con tu hija, tu posible divorcio,
y los sueños que se llevó tu odioso trabajo,
en el que te preocupas por mí
cuando me ves apagado.

Me duelen todas las mañanas, las tinieblas,
en las que nada sabes de este poema.
Porque siempre provocas un cambio
en la ambición de lo que vivo, y escribo.
A contraluz, me vuelvo humilde
cuando sonríes, y te miro.

Ironías de ir a ciegas por la vida:

No es la llama
quien ve la luz,
es la ceniza.

####
(Abel Santos,
de LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER
CAEN A PISCINAS DORADAS,
Chamán Ediciones 2016,
2da edición 2017)
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Wladyslaw Szpilman

Oculto
en la parte aria de la ciudad
el pianista ejecuta
una canción
sin tocar las teclas. Sabe
que todo está a oscuras,
y la música de Chopin,
su pureza,
puede delatarle:

Negras.
Blancas. Blancas.
Blancas.

El pianista sólo ve
- letales - las linternas.

(Abel Santos,
de "LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER
CAEN A PISCINAS DORADAS,
Chamán Ediciones, 2016 - 2da edición 2017)
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Ve hasta el final

Frente al espejo,
atrás quedaron las drogas,
las notas de rechazo a tus poemas,
los filos de navaja al doblar
las esquinas de la boca del lobo,
los 12 años de auto-desprecio.
Mira a donde has llegado:
eres ese ejemplar firmado de tu libro
que Iribarren le dio a Diego Vasallo
en la barra del bar
donde actuaba Rafael Berrio;
y también los adjetivos de fuerza
y de profesionalidad
que te dio en privado
uno de los mejores escritores
de novela negra
tras una lectura de tus versos.
Y aunque podría decirme a mí mismo:
"Ya puedes morirte tranquilo",
todo poeta sabe que para morir en paz
tiene que ir hasta el final.

(Abel Santos.
de LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER
CAEN A PISCINAS DORADAS,
Chamán Ediciones, 1era edición 2016,
2da edición 2017)
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Cuando las rosas no son suficientemente rojas

NO es bueno acostarse con algo oscuro,
decía mi abuela. Es tan malo
como irse a soñar con hambre.

Atrae espíritus burlones
que olvidan que están entre los vivos,
de que tomaba cuerpo la primavera
en mis labios en flor
cuando decías amarme tal como soy.

Cómo decirte que ahora duermo
con ropa negra,
por si, en un descuido, me cuelo en tus sueños
y no avergonzarte ante tus amigos,
mientras habláis
de aquellos "blue jeans", ahora inútiles,
que me hacían tan buen culo.

Cómo aclararte, corazón negro,
que a toda chica hay que tratarla
como te gustaría que trataran a tu hermana.

No me harás sentir más
como una mancha de grasa en la acera
que nadie ve y todos pisan.

No es bueno acostarse con algo oscuro.
Tu recuerdo ha terminado la maleta
cuando le hice salir de mis sábanas.

No sé qué se ha creído.
¿Qué le hace pensar que en mi poema
va a ser siempre de noche?


(Abel Santos.
de TODO DESCANSA EN LA SUPERFICIE,
Ediciones Vitruvio, 2013)
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Tatuaje básico

MEJOR hubiese sido
que lo dejáramos allí, amor, en el principio
de aquella fría noche, en aquella soledad
desigual a la de ahora, en la extranjería primera
de no estar junto a ti.

He perdido mi papel
en la luz y en la sombra de las calles,
y está la soledad, después de todo, tan ajena a mí
como yo estuve ajeno a ella.

Ahora sólo me queda
la cumplida ceniza de los años compartidos,
otra realidad, la esencia lenta de la ausencia
entrando a bocajarro por mi pecho reventado
de amor y de humo,
la huella, la luna y el átomo
irrompible del recuerdo, el mundo
que dejaste en mi frente
huidizo como un pájaro al que reclamó la mañana.

Ya no puedo recuperar
ni siquiera aquella sonrisa soñadora y solitaria,
porque está tu rostro en el mío, así
como el mío está en el tuyo,
detrás del de siempre, a fuego íntimo grabado.

Nunca ha estado más lejos
de la oportunidad de tenerte
esta constancia que tengo de ti. 

¿Qué voy a hacer ahora
con todo este sol, si está el tiempo recorriendo
la llamativa oscuridad
de las habitaciones vacías,
desconvocando
la costumbre de tus pasos y mi nombre?

¿Cómo decirle a los espejos
que ya no vendrás? ¿Cómo,
ahora que ya conocen el multiuniverso
de dos cuerpos abrazados, de dos alientos
con los que descreer mi muerte?

¿Cómo comprimir el encuentro con el mar
desde lo profundo hacia lo plano?

Mejor hubiera sido
que me dejaras allí, amor, en el principio
de aquella fría noche,
en la esperanza, en la inexperiencia,
de tener aún que encontrarte.

(Abel Santos.
de TODO DESCANSA EN LA SUPERFICIE,
Ediciones Vitruvio, 2013)
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Cautivo de

SERÁ por su cuerpo dormido
bajo la leve prenda

o tal vez por la compañía
de su perfume de Anaïs
de Cacharel fuerte y tónico
como el anís
que embriaga a tu frío
como una ofrenda

deja que la luz del alba
a su lado te sorprenda
como una mujer desnuda en un balcón
de París

no sabes qué hay en ella
que te tiene cautivo:
de ella bebes el remedio y te da sed
de envenenado

será para bien o para mal:
nada es definitivo

pero buscas

como un animal en un rincón caliente
sentir con sus caricias
mitigarse en tu costado
aquella soledad herida
que callejeaste entre la gente.
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La visión

EN la actualidad.
En alguna sala oscura del teatro de la mente:

―Tu casa tiene unas vistas preciosas.
Nunca me lo hubiera imaginado.
Las nubes no tienen aquí secretos.
Con un paisaje así ya no hay nada más que mirar.
Pero si tengo que vivir aquí me muero.
Yo quiero escuchar el grito de la mariposa.

Le dijo El Poeta a La Desesperación
viendo que ésta no atendía
a la desgarradora belleza oculta de ella
que nunca ha sanado bien.

Su madre, La Tradición, le miró
con los ojos en sombra,
maquinando quitarle de en medio, alegando
escandalosas pruebas
de allanamiento de morada del mundo real.

Su hija pronto ocuparía su lugar.

Por lo que pueden ver, sólo esta vida será la vida
más extraña que jamás conoceremos.
Nadie cruzará la puerta que lleva
más allá del teatro y la poesía, del misterio
y del exceso, del miedo y la libertad.

Junto a La Esperanza, El Poeta lloró
en la antigua casa de los corazones rotos.
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Tu sangre fría

AUSENTE padre
que yo imagino
abrazándose más allá del sueño
raíz de mi fantasía y de mi empeño
ausente padre
que yo imagino

por ti
no sé adonde me encamino
el frío
me va cortando leño a
leño
el mismo frío que sentía
de pequeño
por ti
no sé adonde me encamino

estoy perdiendo la fe que domino

se arruga
mi cara
se frunce
mi ceño

y eso es todo
lo que al espejo enseño

ausente padre que yo imagino
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Entre líneas

ENTRE líneas
dedicas mucho tiempo a tomar cocaína o a buscarla
entre líneas
olvidas ser un poeta limpio allá donde llegases
entre líneas
empiezas a tener deudas para poder pagarla
entre líneas
también se va haciendo polvo el corazón de tu madre
entre líneas
cumpliste 30 sin probar bocado del pastel de tus deseos
entre líneas
te ataron las correas en el amanecer más abstracto
entre líneas
se hizo tarde para perderle el respeto al infierno
entre líneas
estrechaste el perdón de los tuyos hasta casi asfixiarlo
entre líneas
dejaste copa a copa de ser un agraciado perdedor
entre líneas
níveas muchachas se entregan y tú eyaculas solo en la oscuridad
entre líneas
intentas saciarte con otro mal trago de mal sabor
entre líneas
es con el del espejo con quien te tienes que alinear
entre líneas
bufarás como un toro enajenado para no tener bajones
entre líneas
tu camello sonríe entre una cascada de billetes de 50
entre líneas
decides no tomar sólo si te sangra la nariz a borbotones
entre líneas
tu voluntad se amarga por mucho que endulces la absenta
entre líneas
tu pasado desequilibra al corazón en la balanza
entre líneas
piensa
porque está sucediendo lo más serio: vivir
piensa
será como perder la esperanza
porque ésta ya habrá encontrado
un ejemplo de peso a seguir.

(Abel Santos.
de EL LADO OPUESTO AL VIENTO,
Parnass Ediciones, Barcelona, 2010)
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En las aguas tranquilas

Sentado frente al mar de Cala Giverola
el joven miraba a su mujer bañarse,
entrar y salir del olvido
en aquellas vacaciones, mientras leía
"Tormenta", de Mark Strand.
Y pensó: "No volveré a equivocarme,
no volveré a cometer otro error".
Lo que no sabía es que los errores
y las equivocaciones estaban esperando;
y esperarían, aunque decidiera retrasar
su regreso al mundo con el último barco.
Porque no hay viento ni máquina,
ni desvío ni máscara,
que te pueda hacer huir.
Los errores y las equivocaciones
siempre saben dónde vamos a estar.
En el mejor de los casos
estaremos, tú y yo,
en el trabajo, en la salud, en el amor.
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Madre

MADRE, tus piernas enmudecen sus quejidos,
saben de memoria el peso del trabajo laborable
que tú has situado en la cocina,
sin que nadie parezca enorgullecerse de tu persona por ello.

Madre, las yemas de tus dedos
parecen no tener vacaciones
y el sueño está exiliado de la patria de tus ojos,
pero sigues aquí, en pie, entre trastos por fregar,
como un vendaval de perseverancia
por seguir adelante con todo.

Madre, se van burlando del tinte
las perezosas canas de tu pelo,
pero todavía hay un arco iris diminuto
en las facciones de tus risas de niña
y eres sabia en esto de la estrategia y el juego de la vida
al que tanto apuestas por nuestro bien.

Madre, descansa por un tiempo, descansa,
reposa por unos días, date una pausa
porque se me resquebraja el corazón al verte doblegada.

Date una pausa, aunque sé que estarás
desmesuradamente interesada en la prisa,
porque es más tarde de lo que parece
y tus hijos mayores hace tiempo que no fumamos a escondidas...
Date una pausa, porque a los adolescentes
pronto empezará el mundo a teñirles las pupilas
de colores nuevos y peligrosos.

Madre, sé que sigue habiendo todavía
pañuelos y consejos esperándome en tu hombro,
aunque el tiempo haya asesinado las nanas
y ya no nos firmemos las mejillas, con nuestro afecto,
tan a menudo como entonces,
pero sé que continúas escondiendo un te quiero en cada plato.

Madre, tus piernas se alivian de su carga de quejidos
cuando las horas en que las camas se deshacen
cobijan y sopesan tu cansancio.
Por eso yo, con este modesto poema,
he querido hablar por tus dolencias,
porque hay mucho que aprender de ellas, Madre.


(Abel Santos, de ESENCIA,
Ediciones Az90, Barcelona, 1998)
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El camino inescrutable

Cierras esta luz.
No veo que hay ante mí
la luz más grande.
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Allegro sotto il trucco

(Alegre bajo el maquillaje)

RE-CITAN lo que se ha rimado
con el minucioso azar de la mentira.

Tal vez saben caber
con su lenguaje artificioso
por la boca de los demás.

Yo mismo inventé la palabra Rapsodiafanidad
para titular este ejercicio literario.

Pero si una llave
no abre nada, no provoca un cambio,
¿es acaso una llave?

Escriben —con un pie puesto
en la inmortalidad— para otros escritores.

A estos Salieri les preocupa
si hay un abuso
de la rima fácil, mientras deciden
si será un dizain
o un soneto alejandrino.
En realidad, si Mozart
hubiese tocado los tambores en una tribu
seguiría siendo un genio.

Porque aunque dos partituras
en verdad comparten la simbología y el sonido
yo no escribo nada
que después no me agradezcan
los espíritus sencillos.

No hace falta sudar tinta para hacer poesía.
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No ha parado de nevar sobre el mirlo blanco

A la memoria de David


TE marchitaste, amigo.
No me acuerdo con precisión de tus rasgos,
solo sé que la infancia
transfiguraba nuestros rostros
haciéndolos más puros, y que en nuestros ojos brillaban
los fuegos artificiales de antaño.

La muerte cuajó tu vuelo, cercándote de sombras
las estelas de las mejillas,
dejando en tu casa un plato de lágrimas, vacío, sobre la mesa,
dejando ecos de ausencia en los juguetes inmóviles.

Nunca he comprendido tu muerte.
Recuerdo que alguien me la susurró una mañana en la escuela,
trayendo consigo en los labios
la palabra más helada.

Yo únicamente sabía tu nombre y poco más, porque entonces
éramos todos cándidos, éramos como dioses bondadosos
en las paradisíacas arenas del parque,
y no nos importaban las inquietudes egoístas del adulto.

La egolatría era una palabra demasiado compleja
para nuestro vocabulario de tobogán.
Eso bastaba para que la amistad más pura
fuera un simple intercambio de cromos.

No supiste, amigo,
de las risas disparatadas del sortilegio de la cerveza,
no supiste del sudor de la cotidiana nómina,
no supiste de todas las pequeñas cosas
que dicen hacernos grandes...

Yo he pasado la adolescencia,
y veintiún tristezas y tantas dudas no dan sabiduría.

No supiste del desengaño de ser hombre.
No supiste... ahora eres sabio.

Te marchitaste, amigo,
el tren del invierno cuajó tus gestos encaminados hacia la
primavera. Y yo sigo aquí,
en este costado de la vida, siendo carne y nada.


(de ESENCIA, Ediciones Az90, 1998.
Abel Santos)
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Separación

Como perros fieles

los poemas
que te escribí

los poemas
que para ti desencadené

van de tu lado.
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Yo te di mi sangre para que mi sangre sobreviva

Igual que quien sana su corazón roto
nunca se encerrará en el arrepentimiento
yo te pertenezco, poesía.

No creo que tengamos que pelear-dijiste-,
aunque a veces será inevitable.

Si no fuera por ti,
que me salvas literalmente la vida
manteniéndome sobrio,
quizás pensaría que le vendí mi alma
al nombre abstracto equivocado,
y que hubiera sido mejor
entregårsela a la Música.

Pero desde que te escucho gemir,
al tomarte entre mis brazos,
únicamente eso es ya para mí la Canción.

Por eso nunca dejaré de escribir.

Soy algunos años más mayor, sí,
en cambio tú eres lo más grande.
Mi dolor se da la importancia,
hasta que de ti aprendo lo importante:

Sentados a la mesa,
sé que todo va bien cuando me pides un beso
y te hago llorar de tanto reír.

Porque un poeta triste es una contradicción.

Y la historia, mi vieja historia,
ya sólo es una mancha en el asiento
del tren del futuro.
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Fue una época

UNA vez sabes cómo empiezan las noches
y cómo las noches acaban…

vienes de tomarte
unas cervezas tranquilo

los mirlos alborotados de siempre están
en la cuerda floja
quieren elevarse por encima de la música
con otra línea más
que se sale del pentagrama

a cierta edad subes rápido las calles
antes de que lluevan cristales

meditas no sufrir en público
que han cambiado
tantas cosas

ella está al otro lado del hilo telefónico
entras en casa
enciendes la luz

sólo quieres una vida con ella
cigarrillos y leer
Tiempos muertos de Roger Wolfe

escuchando
Noches de baladas y blues
de McCoy Tyner

deseando
que el universo te dé a probar
un poco de su silencio

como un nuevo narco
que deja que pruebes
el material con el que se estimula

el suficiente
para volver a escuchar su voz mañana
hacer entrar en razón al mundo.
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El panteón negro

Paul Verlaine
bebiendo y llorando solo
ante la imagen de Rimbaud
en el fondo verde
de su copa de absenta.

Rimbaud
que ya andaba lejos
de la elegancia de la desesperación
para ir en busca
de las mágicas formas
de la felicidad
que a todos alcanza.

Charles Baudelaire
quemando su herencia y sus dones
con aguardiente
mientras el demonio
se agita a su alrededor.

Edgar Allan Poe
muerto, borracho, en una fría calle
empedrada de Baltimore
envuelta en misterio.

Y un servidor,
que por un maldito amor
casi no lo cuenta
si los del 112 y mi madre
no me hubieran deslertado,
en mitad de mi suicidio,
para hacerme un lavado de estómago.

Cuidado, joven poeta,
cierta poesía es un fuego salvaje.

Que no es bueno tragarse
más de tres poemas malditos
hasta la maldita poesía lo sabe.
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