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Papeles en las manos

Hay quienes
dibujan líneas
que no los llevan
a ningún lado
o, puntos
con figuras geométricas
donde no caben
las nociones
de la noche
ni lo claro
de las horas
que acompasan
el idioma
de los días.
Yo, construyo
barcos que navegan
por los sueños
antes de tocar
cualquier orilla
en incontables
universos.

Rox
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Que la noche

Que la noche
nunca llegue.

Que la noche
no se vaya nunca.

Que la noche
nos susurre deseos
envenenados con bajas pasiones.

Que la noche
abrace nuestro azul
con luces de media luna
y llena de estrellas.

Que la noche
dibuje en su aire
nuestros sueños
y ni el rocío los empañe.

Que la noche
se cruce
colmada de un mañana
que bese
el para siempre más sincero.

Que la noche
nos señale la puerta correcta
y el sendero más despejado.

Que la noche
no duerma
y nos mantenga
con los ojos cerrados.

Que la noche
de rondas
con niños alados
saltando y cantando.

Que la noche
nos explique
el miedo más profundo
y nuestro reflejo en él.

Que la noche...
Que la noche...
Todo lo pedimos a la noche
y la noche cumple
sin preguntar siquiera,
sin sospechar
que nosotros,
somos todo lo que oculta
y hace a su oscuridad.
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8comentarios 162 lecturas versolibre karma: 83

¡Salvese quien pueda!

Si lo ven, no lo miren a los ojos,
no lo escuchen respirar,
no tienten su sonrisa;
no le den tiempo
y huyan sin mirarse en los charcos.
De otra forma,
siempre va a ser tarde
para cualquier salvación.
Ni siquiera el sacrificio propio
consigue atenuantes
para aplacar el dolor.
Las carroñeras dudas
muerden cualquier sueño
alimentando el monstruo
que cabalga el insomnio
a la velocidad de cualquier luz.
El agua sólo yace en el barro
dónde acuden presurosas
las pisadas intentando vanos y
la sed termina por secarse
igual que el corazón.
Si lo ven, no lo miren a los ojos,
es voraz con sus víctimas;
un depredador.
Conoce cada rincón
de la muerte y
sus costados más vulnerables
escondidos detrás de la ilusión.
Si lo ven, no lo escuchen respirar,
es ácido dulce trepanando
las venas y horadando en las entrañas.
Un asesino letal
con guantes blancos
para ver las huellas.
Si lo ven, no tienten su sonrisa,
es perfecta para las discordias,
perfecta para envolver el silencio
de los días claros
y la luz de los grises.
Profunda para caer,
dura para levantarse.
Si lo ven, no le den tiempo
porque el tiempo no le teme,
la vida lo ama,
el alma lo busca,
el corazón lo glorifica
y la ausencia lo llora.
Si lo ven, ¡¡huyan!!
¡Corran por sus vidas!
El amor no perdona
una vez que alcanza lo que toca.
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6comentarios 124 lecturas versolibre karma: 81

¡Tan compleja!

Se me va la vida y nunca se presentó cabalmente como perfecta. Y es que su calce a veces es tan extraño, sus maneras al decir, su cadencia al volar y esos gestos al seducir...
Jamás la comprendí del todo, cambia el sentido de su lógica tan a menudo que me va dejando atrás cuando pienso que marcho a su paso.
Su trabajo me lo entregó un día en mano y finalmente, son todos deberes a realizar según las horas de un cronograma confuso y antipático. Y es con esos, sus ciclos, que siempre tan atareada me deja, me lleva y me trae, me ausenta y me enfrenta, me regala y me cobra.
Se me va la vida y todavía no termino de conocerla.
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5comentarios 117 lecturas prosapoetica karma: 79

Quiero

Quise darte un presente
y ya no estabas.
Quise quedarme con tu olor
y ya no lo hallé en el aire.
Quise vestir tu mirada en mi sonrisa
y ya había cambiado de página.
Quise parecer ida
y ya era tarde.
Quise cobijar tus días
y ya lejos de mí estaban.
Quise abrazarte por la espalda
y ya se había desvanecido.
Quise transcurrir mi estancia en tú voz
y ya era invierno tú silencio.
Quise contemplar cada latido de tú corazón
y caí en cuenta de mis delirios.
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2comentarios 127 lecturas versolibre karma: 96

Un solo paso más

Estoy a punto de cruzar esa calle que,
hasta dormida, me da muchos miedos.
De buscar algunos momentos de más cordura,
una real, una mía.
De contemplar el cielo desde muy abajo
aunque cierre los ojos en medio de la luna.
De abrazar los hombros de la vida
porque así lo dicta el pecho.
Con pequeños pasos ajustados a grandes vuelos
y sumergida hasta el cuello.
Con una simple pero sincera reverencia
a las horas por venir.
Con un diálogo profundo
entre las voces de mi cabeza y los alaridos del corazón.
Sin perder un sólo recuerdo
que pueda brillar en algún otro amanecer.
Arrebatando hojas maduras al silencio y sus ramas.
Persiguiendo esa alegría que,
aunque nunca está sola,
construye palacios para pasar los inviernos.
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11comentarios 116 lecturas versolibre karma: 84

Verdades

La inmortalidad de las almas apuñalada en millones de hojas, así, como alfileres con mariposas.
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2comentarios 74 lecturas prosapoetica karma: 89

Cuando sea el momento

Cada amanecer,
después de un gran insomnio
o de la luz de algún te sueño,
estoy más cerca del volar
hecha cenizas.
Porque ese,
es mi destino.
La tierra es para la vida
y las flores
son parte del amor.
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2comentarios 111 lecturas versolibre karma: 86

Prueba viviente

Dicen,
que arrebata el corazón
con sólo un roce de esa sonrisa
cálida a media voz.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.

Dicen,
que no tiene perdón de Dios,
que creó un cielo azul
en el infierno.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.

Dicen,
que colecciona huesos
de corazones que caminan
en silencio.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.

Dicen,
que por su sangre
muere el invierno y
se detuvo el tiempo.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.

Dicen,
que su respiración
teje cada hebra del aire,
que conoce sus secretos.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.

Dicen,
que vive por amor
al arte de enamorarse
que es amante
de lo incierto.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.

Dicen,
que sus ojos
apuñalan la razón de frente
y que, aún,
condenada a muerte
no muestra
atisbos de defensa.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.

Dicen verdades absolutas,
yo soy la prueba
que existe,
y ya estoy muerta.
Todos lo dicen,
yo lo demuestro.
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6comentarios 67 lecturas versolibre karma: 78

Sentencia

Dice la vida
que no le busquemos
las medidas perfectas,
que las tiene
según
las manos
de quien la tome.
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9comentarios 105 lecturas versolibre karma: 84

De locos

Medimos
alturas,
distancias,
tiempo,
fuerzas.
Lo medimos todo,
hasta lo imposible.
Medimos el amor.
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8comentarios 87 lecturas versolibre karma: 83

No es poesía

Ni intangible ni infinita,
ni extinta ni salvada,
ni caída ni victoriosa,
ni distante ni afín.
Sólo una palabra
nacida del alma
para morir
como todo
lo que late
por la vida.
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Dormir o soñar

Comienza por zozobrar la tarde
y todo se hunde
en la profundidad de la noche,
las horas de espera,
el tiempo perdido,
ese instante efímero.
Lo vivido,
lo vívido,
lo que transcurre tangible
aunque sea disperso.
Lo ruidoso y ya en ruinas,
lo rebelde que no cesa de dar batalla.
Lo tenebroso bajo diferentes cielos,
la belleza de lo mortal.
Lo arrebatado de las rutinas,
las huellas que dejamos con la vida.
Lento, pero inexorable.
Con estrellas cambiando los rasgos del cielo
y la misma luna de siempre
bajo otra mirada;
de negro abundante o calva.
Al tocar el fondo de sus arenas movedizas,
todo es dejarse soñar
o dormir en el intento.
Los miedos existen,
el insomnio
y los fantasmas.
El instinto manda
aferrarse con las uñas
o encontrar el ritmo de la brazada
para llegar a buen puerto al alba.
Agotados, pero a salvo
para volver a comenzar.
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5comentarios 244 lecturas versolibre karma: 71

Gestación

Aún lo recuerdo y han pasado siglos desde entonces, fue un día de siempre, sin mes, sin horas, sin estaciones de tren, sin intermediarios pero con tu intervención divina. Parí con dolor de mariposas en el vientre, benditas contracciones donde pujando con fuerza renacia mi corazón que no lloraba. Lo recuerdo con tus ojos y sus manitas atadas con ese cordón que era el lazo de almas que lo alimentaba, bañado en mi sangre y sus turbulencias, pequeño a la sombra e inmenso bajo nuestra luz. Lo recuerdo como si estuviese latiendo hoy; es tuyo y nacido nuestro, es eterno y bello, oxígeno para el aire y perjudicial para la razón. Lo recuerdo, vida, nadie supo que lo llamamos Amor y en nuestra mirada brillante sabe ser brisa brutal.
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Música

Si se me va a romper el alma por estar excedida de sensibilidad y emociones, bienvenidos sean todos y cada unos de sus pedazos.
Y es que hay voces con la particularidad de hacerme sentir que existe otro mundo, uno mejor, y hacia ahí me llevan.
Nada tienen que ver las notas que logren alcanzar sin, aparente, esfuerzo. Es algo más, algo que les brilla dentro y pocos ven para poder experimentarlo.
Ni siquiera me importa la letra, porque lo que escucho nada tiene que ver con eso; es otra cosa. Una maravilla, algo increíble que brota en el aire y abraza mis yoes más elementales, uno por uno.
Es algo enorme, algo que me supera en tiempo y espacio porque dejo de existir acá, en el pequeño universo que soy.
Creo, casi estoy segura, que el alma vuela cuando encuentra su vibración en la música.
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Espectros de otras vidas

Hay un error. Yo sé lo que ven tus ojos; los míos sólo se dirigen al mismo punto sin salida. Un laberinto del cuál no tengo memoria de llegada, sólo una voz junto a la mía y todas esas horas que nunca estuvieron perdidas.

Tal vez fueron las circunstancias, las tuyas y las mías, pero sin querer nos encontramos construyendo nuestro propio karma. Nuestro mal necesario, un escape extraño. Extraño porque no sabíamos que lo ansiábamos tanto. Quizás, un espectro de otras vidas. No lo sé. Hasta hoy, y ¡ha pasado tanto!, sigo preguntándomelo. ¿Qué sucedió, desde cuándo sobrevivimos con este lazo?¿Tiene un extremo sin rompernos? ¿Alguna razón falta de lógica? Hubo un día en que eché mis culpas al olvido esperando se cubran de polvo y poder brindarles una piadosa oración. Luego, me hice todas las preguntas e intenté con todas las respuestas abrir el cofre y no, no tuve la bondad de la iluminación. Y acá sigo, con mis ojos puestos en tu sombra para saber que respira. Y tampoco lo lamento. Podría ser parte de nuestra sólida construcción.

Fuimos pegando ladrillos invisibles sin imaginar que en realidad nos estábamos armando sin planos, sin reglas, con falsas escuadras. Cubriendo todas las posibles ventanas, tapiando las puertas. Tratando de mantener los cimientos a base de fuerza y voluntad.

Sin embargo, y con las uñas, diseñamos un jardín. Uno bonito; uno donde todo florece a nuestro alrededor. Con aroma a nosotros sin nosotros. Con nuestro calor y muchas clases de amor, con el corazón a media asta, pero sin alma. Y es ahí donde no estamos. Y creo, que jamás vamos a estar. No es un tema de fe, esa nunca falta, es por algo más y tiene que ver con todo lo que todavía no adivino.

Quizás, al dejar a un lado las preguntas y al otro, todas las posibles respuestas, el sentido común desaparezca y se haga la luz. Quizás. Y es que ni siquiera queríamos un hermoso castillo en al aire; no obstante, a la vista están las ruinas.
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sin comentarios 129 lecturas prosapoetica karma: 33

Te vi

Era un bosque
de verdes huellas,
de floridos pasos,
de aromáticos sentidos,
de vastas miradas,
de profundas lagunas
de tiempo.
Lo sé.
Te vi.
Era un espacio
donde sonaba una orquesta
de murmullos tocando las cuerdas,
de voces volando
en lo más alto del mundo.
Era el cielo
con los colores
jamás vistos,
con una brisa inagotable
cimbrando los suspiros,
deshaciendo los nudos
que quedaban vacíos.
Era la imagen
de las sombras perfectas,
la claridad
que se asemeja
a lo oscuro,
lo más sencillo.
Era cómo el muérdago
en la boca de los pájaros,
cómo una aparición
del corazón,
cómo la cima
que alcanzan
los ojos cuando
están cerrados.
Era el sitio seguro
donde las piedras
construyen sus casas,
donde los instantes
son fuertes,
donde el carbón
es latido.
Era la tumba
de todas las historias,
el final
de todas las hojas,
lo dulce del alma
de las cosas,
la ilusión con cuerpo.
Lo sé.
Te vi.
Desde entonces,
es que creo.
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Rincones para tu voz

Guardé tú voz en algunos rincones; debajo de un mueble, en un par de cajones, sobre el dintel de mis ventanas y un sinfín de refugios más.

En la guantera del auto junto a un cargador portátil que no sirve, bajo una maceta con helechos, en mi taza de café, en un cofre marroquí, detrás de una piedra de sal, entre el verde de mi jardín. Bajo el polvo de una vieja alfombra persa, en el cuento de Aladdín, en un campo vestido de abrojos, dentro de esa rosa azul cerca del blanco jazmín. Entre mis zapatos favoritos y esas ojotas con las huellas dentales del cachorro y las uñas tan cuidadas del gato, en el vestido que ya no me queda, en la caja de medias solitarias, junto al jabón que me hace estornudar. Dentro de ese almohadón que siempre abrazo, en la panera vacía por las dietas, en el lío donde mueren ahogadas mis carteras, en la tabla de planchar y las arrugas que no quita. En esas películas que nadie mira, en mi lista de canciones por tararear, en el tabaco de mis cigarrillos, en los dedos de mis lentes. En las primeras hojas de ese diario que jamás escribí, entre las servilletas de papel que encuentro por toda la casa llenas de tachones. Dentro de la luz de la heladera cada vez que busco un dulce, en el chocolate de mis antojos. Entre un momento y otro, en lo rojo del vino, en mi vaso de agua medio lleno y en el medio vacío también, en las tormentas, dentro de ese florero sin flores, en la helada de las mañanas, bajo el sol de las tardes que quieren oler a primavera. En un sobre pegado al buzón y sin remitente conocido, dentro de la luna después que bostezó, en la punta de una estrellas muy lejana, en el ombligo del mundo. Detrás de mi sonrisa, bajo el peso de mis ojos, en mis dolores de panza, camino a mi columna vertebral, en la planta de mis pies.

Y ni siquiera sé si son suficientes, si tienen la experiencia necesaria para mantener los tonos de un color transparente como el pensamiento que conlleva tú voz.
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Desvaríos

Tras esa fachada silenciosa, la noche no sabe como se guardan los secretos. Son demasiadas estrellas, demasiados ojos, demasiados sueños.

Apenas existe la luz de la pantalla, la brasa de mi cigarrillo a medio matar, las cenizas pensadas a través del humo y esa canción... Y estoy sólo en parte; una pequeña. Es que así imagino los puntos del universo, mínimos, construyendo galaxias, bordando agujeros negros. Con agonías y sin ellas, en completo caos. Deslumbrante para la imaginación, oscuro en la intimidad. Una vida helada con lunares y lunas. Y todo lo veo desde mi ventana; ¡parece tan inmenso! Es que mis ojos son como críos, pura ilusión retozando en un patio de juegos.

Cuando el sueño me lleva, el paisaje no mejora. No sé cuál sea el truco ni quién el que provoca la magia; pero no mejora. Sigo observando pero por otra ventana. Y sin quebrarme las alas, la traspaso cómo si fuese un portal de esencias, una entrada al ensueño. Un lugar dónde, no sé si por habilidad o suerte, puedo elegir hasta los sonidos de fondo, el color del viento, el tono del aire, el vértigo. Y es mucho mejor que escribir, porque puedo corregir sin que nadie lo note y repetir hasta el cansancio, al igual que mis canciones.

La noche puede ser muy oscura, pero en esos momentos de sobrevuelos en la luna, el tiempo pasa según mí guión, invisible, pero no improvisado. Más bien cuidadosamente planeado, a veces, hasta ensayado un par de oportunidades antes de dar el ok para que siga el sueño.

A ésta altura, ya no sé si realmente duermo ni si es verdad que sueño. O si sólo, por ser un punto más del universo, sólo gravito alrededor de un agujero negro.
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Abrazo

Esa mañana y por un torpe descuido había caído al suelo. Al besar la hierba con los ojos cerrados, supo lo que el amor hace con el rocío. Y no quiso levantarse. Podía sentir la fresca humedad en sus labios, restos de verde y tierra, el aroma a noche de luna llena; la vida.

Tejió sus pestañas a las brillantes briznas, respiró profundamente y abrió su boca dejando que esa sensación profundizara con su aliento. Se acomodó procurando el mayor contacto de sus poros con esas frágiles esporas. Y un abrazo invisible sucedió, cómo si Natura también lo quisiera. Y sintió el calor de ese cuerpo bajo la superficie; podía escuchar su corazón anudado al propio, su respiración de brisa suave y su sangre. Sus vastos huesos encadenados hasta el infinito, la voz de su pecho de agua y su alma de fuego. Por algún motivo, se sintió mejor que nunca.

Ese beso impensado, había cursado su magia. Reconoció sus alas y la fuerza de sus raíces, la música que vibra dentro y su infinitud. Fue en ese instante que rompió sus miedos en pequeños pedacitos salados que atropellaban por volar de sus ojos, etéreos cómo las plumas.

El abrazo se hizo más intenso, más puro. Puro cómo no existió nada nunca ni existirá. Su corazón tomó el aire que le faltaba y pudo respirar. Ya nada le parecía incomprensible ni inalcanzable. Estaba ahí, abrazada a los milagros y sin pesar alguno.

Había vuelto a nacer sin querer y sin saber, sólo por un juego divertido del destino. Levantó su cabeza y abriendo sus renovados ojos, gritó. Grito fuerte, cómo si jamás lo pudiese haber hecho mejor. Y ella, en ése momento, ya lo era.
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7comentarios 102 lecturas prosapoetica karma: 82