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El último round

Guau!!!
¿Qué es la vida sino caos?
Por eso estoy ahí, porque es mi último round.
He dejado más de una década en la lona;
táctica diurna y nocturna que culmina en virutas de insulsa espuma…
Puede que mi ego estuviera henchido de otro más solemne y laureado.
¡Qué es de nuestra vida sino del pasado!
Pero sé que nací guerrero… Forjado en el más desobediente sólido hallado, ¿diamante? No sé… guitarrista, escritor, jurista, deportista, animalista, filósofo, poeta y boxeador…
¿Alguien puede descifrar cuál es el más sondeable y certero rango en paz estanco?
¡Bravo! Yo jamás lo hallé en mi peregrinaje aciago.

La forlateza reside en el corazón, no en pos de lo que otorgan los sinrazón.
Pero estoy cansado y necesito navegar en mares despejados.

Acércate, te espero a mi lado.

Marisa Béjar, 27/11/2017.
La de la foto soy yo en uno de mis múltiples entrenos.
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6comentarios 51 lecturas versolibre karma: 129

Miríada de aullidos

Una miríada de aullidos
miméticos al Nilo
por tu vacío.
El pandemónium es donde habito,
entre seres con rictus de espino.


Marisa Béjar, 20 de septiembre de 2018

Ilustración: Anka Zhuravleva
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10comentarios 88 lecturas versolibre karma: 135

Camafeo de versos

Más allá de la lobotomía del silencio,
donde expira el quebranto
y se descoyunta la carne;
ingrávido aleteo
sin argolla de mármol.

El sofisma hexagonal
yace en la pira
de las verdades tubulares;
sin resquicios, sin finales…

Te esperaré en el cerúleo valle
de mis sueños.
Los topógrafos no hallaron el enclave,
debes escuchar el tintineo del ave
que custodia el camafeo de mis versos.


Marisa Béjar, 19/09/2018.
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17comentarios 108 lecturas versolibre karma: 133

Murciélago azul

Hoy tu ausencia me lleva a deambular por calles vacías. Sólo me acompaña una sombra titilante y alargada que se empeña en perseguirme. Me perturba su presencia porque posee vida independiente a la mía, se mueve de forma amenazante mientras se acerca a mostrándome sus fauces.
Observo el oscuro cielo desprovisto de estrellas, la contaminación las oculta y no me permite contemplarlas. Pero sé que en este mismo instante brillan para otras personas que respiran vida y no la mísera polución que me rodea.
Me siento en un banco y miro el edificio de enfrente. Hay algunas luces encendidas y lloro al pensar que podríamos estar viviendo juntos en cualquier habitáculo de aquellos. La luz que buscaba en el firmamento la vislumbro en la tierra porque es aquí donde te necesito y no en la vaguedad del espacio.
Pasa el tiempo y merman las luces del edificio. Puedo ver cómo a través de los ladrillos los moradores despiden el día y descorren las colchas para recibir el sueño que tanto anhelan. Unos duermen con sus hijos, otros con su pareja, algunos con sus mascotas y sólo hay uno que duerme solo: vive en el cuarto tercera. Y es exactamente en ese cubículo de luz donde a las dos de la madrugada se encuentra el alma desvelada.
Constato que escribe compulsivamente tecleando el ordenador, pero no sé si habla con otra persona o consigo mismo. Su mirada acusa una insondable melancolía. Asisto a un ininterrumpido goteo de agua que se filtra a través de aquella vivienda hasta la calle, son lágrimas capaces de atravesar un edificio.
Se ha formado un charco que serpentea errante entre las gélidas baldosas olvidadas por los transeúntes que duermen plácidamente.
Siento las extremidades entumecidas, el frio adquiere una virulencia impetuosa cuando se hiela el alma. Bajo los ojos y advierto que mi abrigo gris muta a un tono más oscuro en la parte del corazón. Mi abrigo se empapa, mi corazón se deshace en escarcha. Huye de mi cuerpo formando un sinuoso riachuelo sobre el pavimento. Me aterra su huida y presiono la mano para retenerlo, pero yerro en el intento porque ya no me pertenece.
Mi cuerpo languidece sobre las mismas tablas de madera que la tarde anterior dos adolescentes se prometieron amor eterno embriagados de felicidad. Quisiera contagiarme de aquella hilaridad que tronó hasta el cielo mientras dibujaban juntos sus vidas.
Declino en mi obstinación por aferrarme a mi corazón, la mano de desliza balanceando inerte sobre el reposabrazos del banco. Apenas puedo abrir los ojos, me voy acoplando al respaldo para no despertar jamás. Justo cuando creo desvanecerme eternamente, un murciélago azul se posa en el banco y emite un chillido sobrecogedor despertándome de mi letargo.
Al abrir los ojos veo que media un palmo entre los dos caminos de agua. Sin mediación de un plano, ni brújula se han encontrado. Miro hacia arriba y veo que el del cuarto tercera eres tú.
<<¿Pero qué haces ahí escondido? Si en realidad no estábamos tan lejos, pero te empeñaste en creerlo>>, pienso mientras lloro.
Mis últimas lágrimas obran un milagro: aumenta el caudal y se fusionan los dos caminos. En ese instante me ves y bajas a buscarme.


Marisa Béjar, 24/01/2018.
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17comentarios 121 lecturas relato karma: 124

El Cerezo

Soñé que atravesabas un campo de cerezos
cubiertos de blanca gala.
Paisaje albino,
óvalo divino
por mi amor guarnecido.
Hierba que arrulla mis piernas
con plumas de colibrí:
¡sí!, estás ahí.

Soy prisionera de tu tierra.
Fui engrilletada en roca y purpurina,
combinación que expolió mi vida,
pues los cuervos acudieron con sus llaves
de diamantes que ahora custodian en nidos de pegasos
cuyo hallazgo es un misterio:
como la muerte de la dulce Marilyn.

Con la suavidad que se desliza la pluma sobre el papel,
mis manos láudano en tu Ser.
Nuestros cuerpos fueron fieltro
en aquel cerezo.
Miríadas de hadas cacaraquean la gloria,
¡escribanos narran nuestra bella historia!
Tu mirada azul a través de níveas y algodonosas rosas…
El cerezo es el espejo de mi amor eterno: cenit de mi vida,
savia bendita que ansía mi alma proscrita.
Sólo necesito el espacio que abarcan tus manos,
viviremos dentro del cerezo
y él será nuestro Universo.

Sufro un desvaído
¡Despierto en el vacío!
¡Árbol impío!
¿Dónde estás amor mío?
Aquellas flores que creí aliadas
fueron pirañas
con dientes de guadaña.

Las Pleyades
yacen en simas fantasmales
huyendo de un cielo trastocado
que llora trasnochado.

El cerezo fue un infundio
y por ello vago perdida en un latifundio
de monstruos nauseabundos.
Sólo los juncos
me acarician hoy en este mundo.

Marisa Béjar, 11/01/2018.

El Cerezo, por siempre mi árbol favorito. 11/09/2018.
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10comentarios 92 lecturas versolibre karma: 120

Dolor insepulto

Es el dolor insepulto,
¡abrupto!
Escarnio al sabio
que postula teoremas
en frágil andamio.
El muérdago huyó a otra morada,
pues la hedionda almohada susurra: ¡Basta!
El aire es gomoso
y el camino angosto.
Sólo en el canto del mirlo
hallaré el acertijo.

Marisa Béjar. 10/03/2018.
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12comentarios 94 lecturas versolibre karma: 133

El desencuentro

Cuando era niña, creí en mi absoluta ignorancia que si luchaba y amaba una causa obtendría el resultado deseado.

Supongo que el ser humano necesita aferrarse a esta atávica farsa para poder sobrevivir.

Con el paso del tiempo se va diluyendo esa supremacía que creía congénita: sólo conseguimos aquello que está en nuestro camino. En la mayoría de ocasiones requiere lidiar contra los elementos, pero existen supuestos en los que simplemente aparece de repente. Sin esfuerzo: es como cuando a un chico adolescente le cambia el timbre de voz. Una noche se acuesta dando las “buenas noches” a su mamá en tono aflautado y a la mañana siguiente su voz resuena con un matiz más grave. Y ese devenir continua, hasta que se consolida la voz que le representará toda la vida… Es un proceso distendido, no hay conflicto, sólo el mero fluir del tiempo. Aunque siempre subyace una lucha: la madurez sobre la niñez, pero es una lucha consensuada.

El problema es que yo sé lo que se halla en mi corazón pero no dispongo de un oráculo que me muestre el destino. Y guerreo amando cada causa en la que creo. Pero mi espíritu reclama su ubicación en el mundo tangible.

Voy con una inmensa venda en los ojos, avanzando sin ver el horizonte, palpando la perniciosa y recalcitrante oscuridad.

No me propuse cotas faraónicas de imposible cumplimiento. Perdí mucho tiempo cultivando campos yermos… Ahora siento lástima porque asisto al peor de los desencuentros: mi propio desencuentro.





Marisa Béjar, 08/01/2018.
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Espíritu contrafóbico

No puedo ceder al miedo, debo seguir hasta el final. Cuando llegue el último round sé que no podré golpear ni bloquear; el miedo paralizará mi cuerpo. Quiero verme inmersa en un sentimiento contrafóbico que me ayude a ganar.
Contrafobia; esa es la victoria.

Marisa Béjar.
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Querubines de la vaguada

Somos querubines

distorsionando el amperio del excelso arte

de amarse,

socialmente adulterado

por arritmias y farsas cívicas

que asfixian la autoestima.



Querubines de la vaguada,

juntos alcanzamos laderas irisadas

donde queda embarrada

la agorera espera.



Querubines de la vaguada

viviendo en un reino sin cerbatanas.

Nirvana bajo las alas…

¡Esa concavidad abraza las almas!

Donde se extingue la herrumbre

y el pasado son bufonadas

escanciadas en la nada.



Yacemos en un vergel de satén,

reverencial piel: dintel de placer.

Saciamos la hambruna

en nuestras texturas,

desfalleciendo si no hay encuentro

y el susurro muere en el cortejo del averno.

Somos poleas de seda

deslizándonos en nuestra propia esfera.



Marisa Béjar, 31/01/2018
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9comentarios 112 lecturas versolibre karma: 131

Esfinge en el Ártico

Es el torrente
insurgente
que arranca
mis escamas
y me entierra en el lodo:
aquel tortuoso y angosto sólido
que impregna mi alma en óxido.

Hay monstruos con lenguas venenosas,
quieren esconderme en sus entrañas;
el torrente se llevó mis escamas.
¡No tengo fortificación,
ni velo bienhechor!

La esfinge
Infringe la leyenda:
sonríe en el Ártico
causando espanto.
El torrente no pudo
Causar muerte
A su “Yo” consciente.
Los lugareños
despertaron pasmados.;
¡jamás creyeron que el ocre fuera plateado!

¿Cómo pudo resplandecer
un negro amanecer?

Debo hablar con ella,
muero en dulce duermevela:
aquella que no desespera,
ni despierta mi mente
para atacar el torrente.

Mis escamas vagan
en vereda errática.
Pero aún sin ellas
siento el poder de la absolución: el perdón,
en aquella esfinge
que quebranta su estela.
Por eso sé que puedo:
salir de esta mugrienta duermevela.


Marisa Béjar.
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8comentarios 85 lecturas versolibre karma: 122

La búsqueda del líquido amniótico

Cuando era pequeña y estaba enferma, mi madre me decía que fuera a dormir a su cama y mi padre dormía en la mía.
Entonces volvía a sentir que vivía en la placenta y nada podía afectarme. Era como si estuviera rodeada de líquido amniótico y él fuera mi protector contra el mundo.
Esa extraordinaria sensación de protección existe en nuestra consciencia antes de nacer, y durante toda la vida intentamos recrear ese espacio de bienestar que abandonamos al respirar por nuestros propios pulmones.
Y aunque cuiden de nosotros con abnegada devoción; al nacer ya estamos sólos… Tenemos que enfrentarnos a respirar por nosotros mismos. Enfrentarnos al aire: esa es nuestra primera lucha…
Buscamos seguridad, desesperándonos si la perdemos o jamás conseguimos atesorarla.
Y puede que existan reminiscencias de que esa seguridad te la dio otra persona. Y basamos nuestros actos en muchas ocasiones refrendados por el criterio de otros, porque nos vemos indefensos ante nosotros mismo.
Es como estar buscando siempre el líquido amniótico. Pero este bálsamo benefactor ya no existe.

Marisa Béjar, 14/12/2017.
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19comentarios 106 lecturas relato karma: 121

Tu credo

Siempre he creído que las tiendas tipo Leroy Merlin son espacios de ilusión; son centros de iridiscente esperanza. Uno idealiza cómo amueblar su terraza, decorar la casa y un sinfín de historias más con resultado halagüeño.

A veces mientras me deslizo por los pasillos veo los deseos de los compradores reflejados en el aire: se proyectan dentro de globos de colores escenificando el fin codiciado. Es maravilloso ver cómo los globos gravitan sobre cada uno de los dueños de sueños correspondientes. Advierto que a medida que crece el entusiasmo de la persona incrementa el tamaño del globo y refulge más la tonalidad.

¿Y qué pasa cuando llegas a casa?


Sueños burbujeantes incólumes al perjuicio

sesteando en la arcádica memoria.

Pero después vienen las destemplanzas

y el brocado ya no es dorado sino villano.

Hubieras deseado que en lugar de plástico

lo recubriera una cota de malla

para que siempre fueran tu credo.




Marisa Béjar, 3/8/2018
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5comentarios 146 lecturas versolibre karma: 108

Puntos cardinales

Soy espíritu que viaja entre turbulencias

el dolor está impregnado a mi estado.

Cuando la chimenea centellea

veo puntos cardinales invertidos,

¿será el abismo?


Marisa Béjar. 19/08/2018
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6comentarios 79 lecturas versolibre karma: 100

Inconsciencia invertebrada

Me convertí en labriego de campo infecto,
donde sólo las sombras me saludan con sorna.
Rebufa el viento el ambarino deseo:
¡cameo que me vendió el buhonero!
Creí que viviría siempre imantada a ti…
Pero me has desahuciado,
y ahora mi alma vaga acompañada por voces guturales:
son acólitos de Plutón,
¡de chamizo hicieron mi almohada!

Mi inconsciencia invertebrada
y el amor por tu mirada
me embozaron en un manto hediondo.
Arrebujada a ese harapo sigo cavando:
el anclaje de mi cadalso.

Marisa Béjar. 31/07/2018.
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4comentarios 144 lecturas versolibre karma: 86

Busca al nigromante

Mujer sabia en emoción aunque el mundo te negó la razón.
Mirada cuarteada entre cal, azufre y cianuro;
¡anularon tu orgullo!

Hay un preludio necroso en tus días
carente de pleitesía.

Vi cómo combatías frente a una hueste provista de arietes gigantes
con un mero estilete de barro.

Reclina la estima que siempre ansías y se apoltrona la ignominia,
y en esa ceremonia de lanzas nadie vela por tu luctuosa alma.

Zancadilleas a cada instante
y habitas inhóspitos parajes:
pasos en la niebla, rechina la tierra y amaneces en la pira de la colina
desértica.

Esa fotosensibilidad a la realidad no te va a ayudar.
El remanso que implora tu llanto no acude a este acto.
Desleídas son tus memorias y no hallas el postigo
que te exima de este oprobio maldito.

¿Eres heredera de otra esfera?
Aquí las mandíbulas no articulan tus señas.

Hay un trampantojo que inocula tu vida.
Piérdete en el bosque verdeante
y busca al nigromante
de pelo azafranado.
Muchos galenos acuden a su encuentro,
quizá el pueda vadear
tu mal.

Marisa Béjar. 10/07/2018
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6comentarios 108 lecturas versolibre karma: 91

21 de julio

Sé que he vivido otras vidas.
No es una opción,
es una convicción…
Debes estar convencido.
¿En tu morada hay un vacío?



Marisa Béjar, 21 de julio de 2018.
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3comentarios 50 lecturas versolibre karma: 86

El andén sin arcén

Hay una torva mirada en el holograma.
Exasperante drama:
¡Sueños que en pavesas graznan!

¡La tierra es oblonga!,
y la alondra resuella querella.

Asisto a la diáspora de mis días.
Bajo en un andén sin arcén.
Los nenúfares sigilosos emergen del lago lodoso.
Claman razones desleídas a mi estima.
Todos son lilas.
¿Por qué desandar el camino sin él?

Quiero alojarme en el trance apabullante de muselina;
monocorde en brisa,
arrebujarme en un manto cimbreado por querubines.

A veces la vaguada deviene duna,
y las tribulaciones exilian al zaguán de otro umbral.
Sólo debo hallar un andén con un bucólico arcén y descansar.

Marisa Béjar.
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18comentarios 140 lecturas versolibre karma: 99

Díscola imagen

Tribulaciones desacordes.
Quise ser el héroe de la batalla:
¡Agónica embestida en la que me hallé imbuida!
¿Coraje, pasión…?
Lugar: decepción.
En la oscuridad no veo nada,
¿y quién sabe cuál es mi morada?
La realidad es aquella que con tus manos tapas,
pero por las rendijas de tus dedos escapa…
Cuando la angustia está desatendida
y calcinante la herida
la membrana se dilata
y la alarma estalla.
Díscola imagen expoliando mi carruaje.

Marisa Béjar, 29/11/2017.
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6comentarios 116 lecturas versolibre karma: 90

Hiena

Nunca creí ser lobo
pero sí hiena
que nadie espera.
Errática es mi tierra
y yerma la luna
que auxilia mi púrpura esfera.


Marisa Béjar.
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sin comentarios 68 lecturas versolibre karma: 88

Ocaso blanco

Soñé que era el ánade
que sobrevolaba un mar de quincalla.
Mi Ser quebró aguas encadenadas
en osamenta
endiablada.
Batí mis alas bajo la torva mirada del leviatán
en busca de un reino naftalino
que exponencialmente se hallaba perdido…
Descorrí las sórdidas hordas del destino,
la amnesia siempre fue mi hogar favorito.
Ahora finó el enumerador de mis días.
En mi sepelio el ánade insomne me arrulla
un cántico enigmático:
<<¿Acaso
el ocaso
es blanco?>>.

Marisa Béjar, 04/05/2018
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4comentarios 83 lecturas versolibre karma: 99