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Dalia Negra, Blanco Beso (De la mano de @ARheinn)

Lágrimas
recorrían mi rostro
en un infierno iluminado
por la luz de la Luna;
ardorosas
me condujeron
al caudal
de tu rivera traslúcida...

El beso
de una Dalia Negra;
el amor
de la belleza pura;
las pinceladas
sobre un negro cielo,
en los trazos
de una Luna Oscura.

La conjunción
de dos celestes cuerpos
en su desvarío
intermitente,
descendieron
supremos
al ras de la superficie
de la sabana estrellada.

El beso
de labios de marfil
sobre un frío pecho de mármol;
un infierno helado
que me hizo amar
la pureza del blanco.

Suelo gélido
que te mira impávido
a tu tocar
de su cráter brillante.

Su blanco,
inerte destino;
su misterio
indescifrable,
ahora tuyo es
en su inevitable alunizaje...



@ARheinn & @moonlighting85
(Colaboración)
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Hogar

Me he peinado al alba
con rayos de tu fuego...

Bajas sobre mi cuerpo
y derramas tus dulces almendras.
Cercas mis senos
pese a las súplicas,
advirtiendo al sol tu acercamiento.

El espejo breve nos imita.
Amanece la luz naranja y firme
de tu viril belleza
y tu boca yace
a punto de ser mi noche.
Versas de obsidiana
moldeando el cristal
y sus coyunturas...

Beberás de mi cerviz
con el fulgor de tu ingravidez,
cuando me prolongue
hasta ungirme
en tus húmedos óleos
y dibujar en los secretos lienzos...

Rebelde inconexo
del que hago propiedad
por abandonarse...
Mío.
Abductor impaciente
del remolino
de mis placeres:
¡no ignores
el amor
que escribo
sobre tu pañuelo apasionado!

Heme aquí
con toda mi blancura...
que eres mi palabra;
que me perteneces.

Acaríciame la sangre;
enloquece el silencio
para que huya extraviado.
Reconócete
en el murmurar ensordecedor
y el súbito pulso
que me invade
de tu cuerpo,

al mirarte así...
dentro de mi cuerpo.




Yamel Murillo



Confesionario II
Lunas de mayo©
D.R. 2017
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Marcha

Siempre me voy; siempre permanezco. Estoy y no. Podría ser. No soy... o soy pero termino yéndome. Vuelvo; me quedo en ti y reconstruyo aun sin ruinas. Todo es a partir de un nuevo cimiento o de ninguno. El ciclo es así... el tuyo, el mío. En él estás y estuve ahí antes. Creí que estaría después; no esta vez. Temo que no podrá ser. No seré, no fui. No me voy a pesar de todo, ni permanezco del todo; no podría ser aunque me vaya o aunque vuelva. No me quedaré ni reconstruiré mis paredes con tus rocas vírgenes. No lograré marcharme a sitio alguno, ni fuera ni dentro. Quizá lo haga cuando no sea posible. No podemos habitar la nada, besar el aire o vivir de sobredosis de oxígeno a la deriva del desamor o de la cama que levita. Me iré... No me encontrarán, ni tú, ni tu memoria, ni la mía, ni las culpas o la excitación pura de los días; ni siquiera el aliento que solías decir que yo te era. Debo dirigirme en línea recta, ocupándome de las heridas que sangraran el trayecto entero. Cuando quede vacía del camino, de no quedarme a pesar de esas pupilas ocre que me persiguen a oscuras y proyectan las sombras que me erizan... Cuando reflejen mis hombros el brillo que me dejarían tus incipientes expectativas y tus dientes, romperé el contenedor... se abrirán las suturas.

Desataré los miedos. La sangre seguirá su cauce en picada.
Para no amarte, me negaré el antídoto.

Me perderé y así, perderé intencionalmente todo rastro de ti...

Me iré de mí.



Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2015
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5comentarios 61 lecturas prosapoetica karma: 82

A solas

Esta mañana
en que el sol me coquetea
salgo al umbral
para verte amanecer...

Te llevo
entrelazado por mi cintura
a la melancolía
del rosal
que se abre para perfumar
mi idea de ti,
la que sabe como aullan
mis brazos por los tuyos
cuando mi loba
abandona la matinal ceremonia.

Te amo.

Eres mío
y lo has oído
del rito que nos une;
que duele
mas deleita mi piel
duplicada en ti
al besar
de tu pensamiento.

Ocupamos ese espacio fino
que arde impasivo
cuando tu mirada
tras la mía
gotea su mar,
la prueba silente
de toda tu perfección
y mi sublime afecto;
día y noche;
limón y miel...

Ahí te conviertes
en el mirto
que me extasía
sobre el alféizar
y te veo
muriendo al agua,
embriagado
del cáliz desbordado
con la uva de los labios
que arrebatas,
mientras hambriento
arrastras mi cuerpo
al campo de tu vid
y el platino de tus cabellos
es la rienda
y la enredadera
de todos mis deseos.

Esta mañana
en que el sol me coquetea
y te ve amanecer...
mi horizonte azul,
mi erguida pradera,
no olvides:
la que te ama tanto
te mostró el atajo
por donde vengas pronto.

Aquí te aguardo
tan impaciente como tuya

para quererte...

a solas.




Yamel Murillo



Nocturnal epístola.
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
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11comentarios 82 lecturas versolibre karma: 115

Incauto

Deshabitaré
los vagones
donde resuenan
las nanas
y las lunas viajeras.

Impondrás férreo y volcánico
frialdad a tus cenizas; decretarás incólume
su último estertor.

Aun sea a cuestas
desataré tus mordazas
entre el equívoco acierto
y la ilusoria noche
que dejó de serlo.

Porfías nocturno
el rumor de luto.
Te asumes audaz
e impones
en mi seno
tu lazo negro;
mas
yo a ti,
el revivir en el candor
del carmín tímido
de mi beso...

ya asomo.


Yamel Murillo


Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R.2015
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14comentarios 123 lecturas versolibre karma: 118

Gotas de fuego

Al filo del minuto
del advertir su lejos indeleble...
de sangrar las rodillas
extraviando la calma,
sortean su verdad
la intrépida suerte
y su adversa circunstancia;
el deber
sucumbe lánguido
al pardo níveo de sus arroyos
convocándose tres veces.

Lloras una lágrima
y de sus lágrimas
estallan los mil llantos.
Fiera tu paz amansa mi furia
y detiene su paso
a golpe de palabra.
La sola;
la tuya;
la misma.

Todas,
jamás como ninguna.
Todas,
nunca como una.

La doble flecha
sacrifica tu arcana...
Hecha a ti
Artemisa
y esclava pagana.
Abatido caes por mis palmas
al plomizo castigo;
trastocan tibias tu alma...
se justifican
aun ante el cruel infierno
de las voces inalcanzadas.

Puro es
el astrolabio...
la intención dolosa
en la que profundo se vuelca
cuando el de ésta que te ama,
nobleza acusa
llevándote con soltura
hasta la celestial vereda.
En ella,
triangulan los amantes
el ardoroso sextante
para fusionarse:
Sol y Horizonte.

Pasional alba de mar,
brújula de cielo:
¡mira a tus chiquillos
hacer terso
su lecho de tinieblas
y perfumar
su almohada de nubes!

por lo que fundidos
la sola mañana
rompen y rocían
por sus pieles...
infinitas
gotas de fuego.



Yamel Murillo



Amantísimos
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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Pretensión

Voy a encontrarte en aquel destino donde estoy en todos los ciclos que cuentas y en los que no... en todas las afirmaciones contenidas en ese silencio, sólo tuyo y por tuyo, mío...
y voy caricia y no me ves...
y vienes herida, cortando callada la dirección del viento.
Te dice de mí la presencia e interpretas vacío.

Un clamor mudo vuelve al horizonte fijo de mi alma...

¿Qué estrella errante sobre ola de primavera he de ser
en la espera?




Yamel Murillo




Incisiones.
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
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13comentarios 124 lecturas prosapoetica karma: 105

Supernova

Solo tú,
bronce eterno
del secreto cerrojo
a quien reservo
el giro
de la sola
llave.

Eres agua...
del dulce río
y de la quina;
elixir cuántico
de un sistema único,
capaz de devolver
el pasivo motivo
a las piezas
de un planeta corazón
desordenado
que no sabe
ser ni estar,
estar sin ser,
ni en ti
aun en traslación,
si no es contigo...

De ese abismo mundano
donde me llevas
hasta el mismo infinito
del desahogo
al que me elevas,
tu palabra
levanta estelas en la millar galaxia
o destruye
algún pedestal endeble
del alma...
aunque en medio
de tal destrucción
el ciclo vuelva
a empezar
y jure jurando
que por ti
cada parte
de su plenitud
poseerá,
el jamás gélido
del solsticio tuyo
o el cataclismo
del siempre
lunático
que nos arroja
fuera de su justa
rotación...


Serpentea
tu año luz
por mi núcleo estacional,
dual y nocturno...
Ve consumirse
mi atmósfera calma
y gira en derredor
renaciéndome
de tu verbo conjugado.


Surgirás
sobrepuesto y altivo;
poderoso segundero
efecto de tu váculo
sobre mi ángulo
de tiempo en el torrente,
a marcar
exacto,
con escrupulosa precisión,

tu vida definitiva...
o mi absoluta muerte
.



Yamel Murillo



Del cosmos y otras hogueras.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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19comentarios 115 lecturas versolibre karma: 92

Aquel escritor receloso del poeta

A plena luz del día,
al escritor
le anocheció
de pronto…
No tomó aliento.
No visitó esa Tierra
de los pasos hacia lo posible
y sintió cansancio al correr del viaje.

No vio el sol.
No escuchó llover.
No rasgó sus manos
con las estrellas o las rosas.
Dentro de su burbuja
dejó a la soledad
venderse a él,
empujarle y cerrar la puerta.

Escribiendo
se repetía en su concupiscencia
con ella,
lo efímero de soñar,
lo ilusorio de querer,
lo irreal de vivir
y se creía esclavo.

Mientras él
y su intrusa melindrosa
se enredaban
en las sábanas
del orgullo,
el poeta
sabiéndose libre
tomó su pasión;
surcó los mares
llegando a la orilla
que le aguarda ansiosa,
que siempre le busca.

Con su ritmo
sin espera
quebró los silencios
de la espuma
de la consciencia,
la colmó de susurros
y un te quiero
sin obligación
ni cuentas.
Le hizo suya
en regalos de nácar;
de caracolas;
de brisa que ardía
en volcanes
de palabras al oído.
Se fundió libre
en los deseos escondidos
y todas las horas
se desvanecieron
para terminarse amor
en el cuerpo de uno…
La duda de aquel
se les perdió
en el rumor del aire,
en la sal de sus pieles
y la miel
de sus labios,
que no vacilaron
el 'te amo'
en la dimensión
del idilio claudicado
bajo la absurda reserva.

El escritor
buscó placer
en saciarse de quimeras.
El poeta
asido de sus ilusiones
se volvió pócima
y placenteramente
las encarnó
en la musa fiel de sus verdades.

El escritor
le llamó 'kilómetros infinitos'
a la distancia boca a boca,
mas el poeta de los océanos
luchaba conmigo
sin pretensión
de banderas blancas
o laureles
y por mis dedos
resbalaban sus cabellos
mientras escribió prosas
sobre mi cuerpo,
de donde
nacen sus versos
y guía los míos.
El escritor
receloso del poeta,
entró airado
a hurtadillas
la noche de los tiempos…
Arribó ufano
hasta la misma alcoba
mirando
la única silueta
tendida en el lecho
de mi recuerdo
y su ausencia;
se vio absorto
en el reflejo de mis ojos
y al descubrirse, calló.

Aquí
en el silencio,
habló el gemir de mi suspiro…

Sí…
sólo me escuchó
pronunciar su nombre.




Yamel Murillo



Postdatas sin remitente
Cuando la Luna se muerde los labios©
D.R. 2015
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Olvidado mío

'Me necesitas para aprender a bailar, para aprender a reír, para aprender a vivir'...
me versaba el eco del lobo
tocando a la puerta
y en alguna nocturna pasarela
mi olvidado
llamaba 'amor' al azar
mientras yo no jugaba
a las muñecas...

Su niña bonita va al autoservicio
con la lista y la tristeza
apretada en las manos,
la cabeza baja
y una lágrima en la mejilla.

Galletas de soledad
para contar las quimeras.
Gominolas, café, mostaza
y un sueño vestido de pecas
guardado en la cartera...

¿Dónde estás esta noche fría?
Aquí tejo un jersey azul
para cobijarnos
en la ilusión perdida
y la chimenea de una cabaña
que no existe aún
pero huele a su madera
y a la quinta carta
que me jugué pa' que me quisieras.

Y rota la maldición de mayo
marchando
en la fila del supermercado
tu mensaje me guiña
y tarareo en mi cabeza:

'Oh Jah está sobre la mesa,
el destino y la pasión,
ten cuidado lo que deseas
pues puede suceder hoy'.


La niña bonita,
el lindo chico,
hacen una promesa
de su primera noche
un baile sin fin
de su pequeña cajita musical...
Se les oye murmurarse al oído
el colmo de un cariño
y transformando
pocos cientos
de minutos
en toda su eternidad.

Suena su canción
en voz de ella:

Olvidado mío
de la guitarra y las estepas.
Soy aquella oculta
nota improvisada
cierta y tuya.
"Escucho el viento
y te envuelvo
en mi corazón..."


Dejemos de sólo contar verdades
y cantemos las locas mañanas.
Besemos con ternura
el hastío
que nos impone la noria
de la lejanía
y ven a corear
en medio de un karaoke
y mis madrugadas.
Tiremos piedras
al río
para llamarnos en clave
y supliquemos
tres veces quedarnos
aunque se esté haciendo tarde...

Que me amas;
que amarme hago,
como el uno que siempre fuimos.
Que me sabes,
que te sé...

Que el resto de mis días
quiero morir al mundo,

para vivirlos contigo.


Yamel Murillo


Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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6comentarios 68 lecturas versolibre karma: 95

Negándote (@Transmisor_d_Sinestesias & @moonlighting85)

Das a beber ausencias.
Deteniendo los latidos
bebo esta sustancia
de tus fríos,
de tus distancias.
Causas espejismos al alma,
la encierras en laberintos.
Te siento lejos
y luego cerca.
Tu juego quema,
hierve la sangre...
Este vaivén de tu playa
atrapa las horas.

Tu voz
respira aires de añoranza.
A ciegas vas
y en agónico silencio
dejas rasgarse
a la nostalgia
en la esquina perfumada
de nuestros agitados besos...

Cruel, vuelcas sin parpadeos
la loza ruin sobre el rudo espasmo
inquerido por ti,
retenido para mí,
negándote
a la inquietud austera
que tu soledad prefiere.

Esquivas ballestas;
incendias las pupilas.
Mis arenas
llevan tus huellas...
¡Causas guerra sin estar
y los vigías no ven tu presencia!

Generas tal sentimiento
que ya doblegas mis ejércitos.
La artillería apuntando
a tu horizonte,
mas solo ven arcas vacías...

¿Qué clase de fuerza posees
que robas atención y calma?
¿Voltearás el rostro
y dispondrás a mí tu trinchera?
¿Darás la orden
a forjarte armadura de mi ser?

He de perderme para perder
tu incólume voluntad
a media batalla.
Colocaré mi asta en tu triunfo
y asumirás que ondeas libre
no obstante, en la gloria
de la marfil insignia
que te viste
va firme y solo mía,
tu derrotada indecisión.


Mesa compartida #Poémame
@Transmisor_d_Sinestesias
@moonlighting85
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Viento Versus Viento

Viento,
que me quieres fuerte
agitando tu alma,
pero me quieres débil
mansa a tus reveses;
que traes manzanas
a mi valle sin huertos
llevando de él mi agua
como noria a tu molino
y levantas las aspas
enardeciendo los incendios
que consumen el hito.

Viento,
que me quieres inmóvil
para labrar mi tierra
removida
por tu lluvia blanca,
que se abandona
procurada, fiel
a tu recuerdo latente
y olvidas su cosecha
para el provecho táctil
de otro granero...

Viento
que me quieres luz
compitiendo al sol,
por tan solo un rayo
de tu piel altanera
y tu cabello de luna...
y me buscas sombra
entre los besos,
que mides a precisión
sobre los hombros
de tus inagotables deseos.

Viento
que me quieres miel;
silencio
devorado al arte
y al llanto de las horas...
que me quieres hiel
al celo que ponen mar y cielo
y persiguen
las manos limpias
de anunciación
a los espejismos de tus sueños.

Viento
arrojado, viril...
siempre del Oriente;
del cauce y la sangre;
del asfalto y la vereda.
Tú, la sinfonía incierta
de la canción sabida;
contemplación
y latido hirviente
de las esperanzas
y los labios
trasvasándo las delicias
del tembloroso aliento.

Viento
que me quieres paz,
cuando en el cañizal
me abandonas
y estremece tu toque
la levadura y las palabras;
que me quieres péndulo
y hoguera;
ave diurna
planeando la noche;
hélice, tu cuerpo;
mi horizonte,
mástil sin vela...
vaso de intimidad
al destino sumiso
del vaivén
de tus dulcedumbres.

Viento
ajeno a la pasión
y al temple
de la entraña
que no adviertes...

Viento
que me pides pausa
sosegada y precisa;
vuelta, huida;
cerca, lejos,
y el murmullo,
al rincón del sollozo
sonoro y sereno.

Viento
que pides atrio y cumbre
en la guarda
de un jardín secreto;
que pides
piel que hurtas
impresa de los aromas
y las lisonjas de tus dedos.

Viento impetuoso
que egoísta,
no despiertas al roce
de la voz que te venera...

Viento necio,
incomprendido de mí
y de tus delirios;
no admites
que viento eres,
que yo no lo era,
que viento me arrastras
tú, tu ser
y las cruentas deshoras...

¡Ves que no puedes pedirle nada
al mismísimo viento!
porque te perderás en mí...
¡porque en ti, me pierdo!

porque ambos,
somos del viento...



Yamel Murillo



A corazón abierto.
Caleidoscopio©
D.R. 2015
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Bruma

Viene uno en el olvido
de la espera inconsolable
y mi cuerpo
danza sensible a su música de oro.

Castiga los murmullos
con desolación de su palabra
mientras mi calle tuerce
siguiendo su voz...

Imploro a la presunción inconmovible
que no soy avara de ternura
si su boca es la que llama.

No conocí el miedo
hasta mirar alejarse sus
espaldas
y el castillo
desmoronado a mis plantas.

Ya no seré su Reina Blanca
ni su Alfil, ni su Princesa...

Dejó acercarse
al humo
ensordecedor,
a la vera del alma.



Yamel Murillo



Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017




Christian Schloe Art©
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Un silencio

'Incertidumbre del amor mermado que yaces en la fuerza de un rayo'
La muerte perdida en el laberinto©


Un silencio sangra en mis oídos...
el del vacío que nadie entiende.

Uno que habla desde la imagen
desconocida en el frío
de una verdad que presta ignora
a la más real que ninguna.

Un silencio que apaga las marcas
en la piel de lo pronunciado,
y lenta,
la tiniebla decae
buscándole sobre mis ojos.
No hallarán otro camino
que el de aquel sueño roto;
el de las manos heridas
por cristales sin excusas.

La palabra que fue Vida
ahora mata
y su muerte permanece viva con la mía
a costa de sus abiertas entrañas.

Nunca antes más lejos del fuego
ni más cerca de la nada.

Nunca el siempre jamás
de un cielo anverso
ni el alma tan horadada y contraída
de recuerdos asesinos
en los hogares transparentes.

Un adiós innecesario de pronunciarse,
sus grietas, atraviesan el desierto...

Hoy su voz
en medio de la sangre de ese silencio
rompe aquí cada muro suyo,
como yo.
Me rompe los segundos desmoronados
con un eco,
contundente, cercano,
sí, pero
a millares de millas de mi Universo.


Yamel Murillo


Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
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Dime

Necesito escribirte antes del éxtasis lunar...
Escribirle a tus manos para que raudas
vengan a despertarme
o llevarme al sueño
de tu cuerpo escondido.

Hace tanto
que duermo cerrando
el reloj de arena
y sólo tu húmedo recuerdo
me hace la segunda voz...

No más rosas
que las de mi perfume;
no más tibieza
que la del sol que recién se va callando.

Escribirle a tu boca para que
acuda en socorro de ésta
solitaria,
desesperada y sedienta
desde tus noches antiguas.
Escribirle a tu razón para que
me piense tan solo tres segundos
de un beso que me construye
y me deja tendida en el lecho
que te espera, turbulenta,
cegada por tus presuntas causas
o los pretextos de alguna consecuencia.

Escribirte.
Preguntar a las horas por venir
si no basta amarte para amarte.
Escribir sobre el sepia
de tu piel temblorosa
las formas tuyas
donde cumplir mi utopía
y agonizar contigo
la muerte de todas nuestras batallas...

Escribirte. Oír.
Morder. Un grito... Morir. Vivir. Poseer.
Deseo, ¿Vendrás?
Bésame.
Me iré a ti, quizá. Sí, no. Dime...


Yamel Murillo


Antología de una pasión©
D.R. 2016
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6comentarios 126 lecturas versolibre karma: 71

De quién, la rosa

Le llamaba su rosa.
Era suya, sólo suya.
Lo eran
su rocío,
su presencia inmersa
en la implosión de su perfume
al desabotonar
de un murmullo.
No le tuvo noches cerradas.
Suya al Sol
de madrugadas
o a la estrella vespertina,
sin escatimar
ni el aroma, ni la espina.

Era suya, sólo suya.
Suya la rosa y el rocío.
Suyo el perfume,
y el murmullo aventajado
sobre las horas
del placer que se presume.

La rosa suya,
premeditada y cautelosa.
Su voz tímida
le era pasión
complaciente y voluptuosa.

Ella era rosa,
en el inicio,
en el cenit de su pistilo fortuito,
mas para él,
un blanco cerezo
cumplía la fantasía
y el sopor obseso
era reemplazable
por el verdadero beso.

Es la rosa.
Rosa
salmón y nácar,
la misma, la suya
sin ser la nada
siéndolo todo.
Él...hoy,
luce amante del cerezo,
del ideal y de la duda.

Olvidó acaso
el tacto de su alma
al rocío,
al perfume, al murmullo;
a la tímida voz
de la pasión
en el cenit
de su pistilo fortuito,
por buscar el son
del blanco cerezo,
una luna en el rostro
o el sopor obseso...
Olvidó el polen del amor,
del deseo y del botón abierto
de esa rosa,
la rosa suya,
que se abandona
a su ausencia
y se va cerrando
de pronto a la guarda
de quien no busque más
ni en aquel cerezo, ni en ninguno ya,
su mirada de nostalgia,
su beso de verdad,
su pétalo aterciopelado
y la gota cristalina
que convoca su humedad.



Yamel Murillo




Presunciones de un olvido
Caleidoscopio©
D.R. 2016
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19
10comentarios 93 lecturas versolibre karma: 118

Flor ciega

La tinta se extingue. Crece el temor ante su agonía... Late lenta, acompasada y yerma su antigua tierra fértil.
Dobla los tejados del solar, el infierno extenuante de la ausencia... No es mas polen su verbo. La melodía le vaga sorda por las palmas de mil nevadas. El desdén ha roto el ventanal.... atraviesa un sueño ciego y del quiebre escurren trigo y miel. Langostas y abejas verán en ellos un tributo a las soledades donde escapar con millares de besos al golpe lejano de sus alas.

Te calcinas, ternura, en el horno vanal de tu absurdo. El aroma de tu aceite se percibe veleidoso... aderezo imposible en su acritud. Por eso, no retornas el rostro al llamado conocido y pisas indiscriminado, el maná de un siervo cuerpo escapándole de tus manos.
El granizo temprano quemó los párpados, y la flor... la flor ya no ve más.

Enmudecerá... Con lágrimas nocturnas visitará el lago de tus lotos. Beberá agua amarga que endulzará para hacerse vivir, mirando tus ojos posarse entre sus nubes de cielos abiertos.

Será todos los sentidos y ninguno... Sentirá el advenedizo viento trayéndote volátil bajo su falda e irte en el soplo de la hoja seca que le cortó la mejilla de su invierno.



Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2016
11
4comentarios 53 lecturas prosapoetica karma: 103

Superlativo

Sabio de cabellos marrón;
de serpentinas líneas
en señas áureas y plata...
me has abrumado de tu
peregrinación solar.
Consumiéndote
te llevo entrampado y mortal;
inmerso y agudo
por vagos seis sentidos.
Te conviertes repentino
en un séptimo.
Ríes y sales de mí...

Bajas...
Delirante, sofocador,
me navegas las venas.
Hundes preciso tu huella
en un camino sin fronteras.
Se asienta tu acantilado
en mis melancólicos bosques
silenciando intercambios
con secretos sonetos,
bebiéndome la sed
a buenos sorbos...

El beso oxigena
una palabra incierta.
Todo es luz al interior fraseo
y mi corazón en llamas
muerde la boca y sangra,
tomando la distancia innecesaria
para amar tu desnudez
colmada de un cuerdo amor
completamente loco.

El viento golpea mi espalda...
Tú no estás frente a mí
y se va.

Tu murmullo de lluvia larga
a través del paisaje desértico
se posa y se estremece
manso ante el deseo...

Deseo que esperará...
Esperaré...

Mientras
que no sólo
el dorso de la marea celeste se piensa,
mío es el polvo
de tus estrellas...
Jamás coraje le falta
y te elige.

Nunca anduve
equívoco el paso,
a pesar
de los dardos venenosos
disparados
al aire cabal,
al argumento tácito
de poseer tu alta verdad.

Tesoro de resguardo vas.

En el iris triste
se te alza apasionada
la dulce corola
redescubriéndome...

Porque lo sé,
iracundo desfallece tu eco
y te ausenta de la idea
de mi pureza
fuera de tu leyenda...
mas caes en cuenta
de tu mayorazgo
hasta el punto álgido
donde entremezclar
tu carne y mi raíz cúprica
en la que tocas
con vapor extenuado
al viento que florece
cual rosa y mandarina.

Soy en tu hilo de fuego
un espejismo muy superior
al mundo entero,
a mí misma...
al desespero consumador
de tu voz tardía,
sesgada en pausas
que estrepitosa acaricia.

Soy inerte paz
hasta que te sientes
rubor acrisolado,
hasta que te miras
tuyo por mío...
superlativo.

Viajo al nivel
del callado rumor
de tus falanges
prestidigitadoras.
Me bautizas verdadera
a tu destino definitivo...
hacia el desembarque
y el soltar de mis amarras.
La caída contundente
de tu ancla,
te arroja hasta allí...
tan adentro del sur
de toda mi existencia.



Yamel Murillo



Amantísimos.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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