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ᑭEᖇᖴEᑕTO

Tienes el nombre perfecto. Eres perfecto. Tus manos poseen fuerza, fuerza que invita al deseo de ser tocada por ellas. Firmes, tensas a puños cerrados entre brazos cruzados; arduas, vitales; dominantes de la debilidad de los míos...

Mis rodillas flaquean ante tu postura lejana y maldigo mi subordinada cobardía. Te escribo líneas blancas entre muslos, sin dedicatorias expresas; con tu nombre cerrado al calce, sobrio e inquietante pero abiertos al temor de descubrirte por entero a mi merced dentro de mis besos.
Al llegar el turno de tomar el trono, lanzas a mí tu pan como a espectadora de la Roma de tu circo. Apenas esconde la túnica de mi hambre el pezón erguido despierto en mi suspiro.

En el comedimento,
a la zafiedad
le apetece la extrañeza
de dos pieles que se inhalan,
con premura y sin olvido...




Yamel Murillo


Confesionario II
Caleidoscopio©
D.R. 2015
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12
5comentarios 76 lecturas prosapoetica karma: 106

ҽԹIԵɑƒíօ

Era el humo de una balada nocturna
y el tedio de su soledad azul.

Era la boca del laurear tímido y los nudillos hechos polvo, queriendo derrumbar los muros del silencio asesino.

Era la herida del labio. El dominio de su virgen de sueños infames y pasados de coitos rotos.

Era el bouquet a madera y a llanto;
a bríos y orgullo traspapelado.

Era la tez pura... la fotografía de mis constelaciones revelada en el cuarto oscuro de mi cielo personal.

Era él, compás quedo en sus cabizbajos ojos; cuerda gutural detonante de una perla líquida al insinuar de un amor desesperado.

Era el estoque al corazón que defendía.

Cierta noche, apretó los dientes, los puños y una sutil injusticia...

Su par, dentro de ellos, sintió un despedazarse
lento, como su llegada
y el precipitarse al vacío,
del último sueño.




Yamel Murillo




Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2018
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10
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Piel dormida

Profeta y mago
que predices el dominio
de tu encanto
sobre esta piel dormida...

Con tu beso
asaltas la noche
y del relámpago de tu boca
se quiebran la sombras;
penetras ahora
la trémula estrella
víctima de tu sigiloso paso;
la que sabes tuya
y le reclamas pertenencia.

En el insomne palpitar
al fin obtiene recompensa
el desfallecer de tus anhelos.
Somos como aquellos desesperados
que se llamaban en silencio;
que se encuentran hoy
en el laberinto de sus cuerpos;
que se dicen todas las palabras
que por deuda se arraigaron...
Aquellos palpos serenos
a los que en sus sueños de fuego
y su lecho de rosas,
el deseo en descaro
presto les aflora
y en los secretos tácitos
de Lunas pasadas
encuentran tiernas sus razones perdidas...
y se pierden en las caricias
que desde siglos
les aguardaban.

Arribas y descubres
que el letargo de la tímida zarza
se devora
al sonido de tu voz...
que las cuerdas del arpa
se tensan
para interpretar
infinitas melodías de tus manos.

Ves que el paso
de mis columnas
pretende ser, solo por ti andado...
Que la hiedra del olvido
es en realidad
dulce miel
destilada de mí
al libar de tus labios.

Serás siempre
permisiva y voraz ansia
que consuma mis remansos,
cada vez que al ocaso
te disfraces de alba
y asaltes de nuevo
la nocturna alcoba
de esta, tu trémula estrella
que por ti solloza;
que por ti espera,
al palidecer del día;
al palpitar de tus dedos,
al roce de tu abrazo...




Yamel Murillo



La muerte perdida en el laberinto©
Caleidoscopio©
D.R. 2013
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8comentarios 77 lecturas versolibre karma: 117

ᏢᏒᎬᏞuᎠᎥᎾ

Esta noche,
es la misma
en el espacio de dos ciudades:
la tuya y la mía.

La primera la recorro
sin tiempo ni medida...
Viajas discordante
y al arrimarse
tu temblor inminente,
te dejo pacer
como presa
en mis mejillas,
y como miel
descender
para acercarte a mi boca,
dulce cazadora
sin coartada perfecta
ante el suave muro húmedo
de tu respirar...

Eres el hombre-niño
que curioso de lo que supone,
abre para sí
dedicado y salvaje,
estas dos incógnitas
donde le aguarda
una respuesta llorada
y quieta
a punto de ser desvelada...
Chiquillo travieso
que se goza del juego
de la madurez
mirando mi gozo
sobre el brillo
de sus ojos
en esa convergencia
de su día,
y mi noche.

Y me fluyes
como el mar bravío
en el que me has convertido,
a riesgo de contener
todas tus mañanas
y mis movimientos
sobre tu tierra lúdica y sonámbula;
para que me habites
soborno a la encrucijada
de los picos enaltecidos
por las rutas lluviosas,
para que vengas
y tejas sobre mi cuerpo
los colores del tuyo;
para que me seas el rojo abrigo
de los besos perdidos
por el lino de tu piel...

Y al mirarte desnudo
vuelve a mí
el aliento y tu descanso;
mi compañía callada...
mi amante de escritura;
autor de mis notas altas
garabateando mis paredes
con el acorde de tus manos...

Silencio sonoro
que te deleitas
en el doblez de mi carne;
en la rigidez del fuego
y el rigor de su golpe,
que me jura
adolescerse de mí...

Una canción que se toca sola
en nuestra habitación
cuando tu visita se extiende
y este deseo que muerde,
te la arrebata
para hacerme pasión
todas las horas contigo;
solo mías,
diluidas en el café...




Yamel Murillo




Hasta el último baile®
ᏞᎪs ᏒᎾᏟᎪs ᎠᎬᏞ ᏟᎪsᏆᎥᏞᏞᎾ©
D.R. 2017
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16comentarios 133 lecturas versolibre karma: 107

ʍí ղօʍҍɾҽ

Nunca tan plena
como si ningún eclipse;
nunca tan colmada
como si ninguna tormenta;
como ahora
vestida de ti
y del jade de tu cuerpo;
de tu fosforescencia nocturna
y purpurina.
Es el retorno
de tu boca tibia,
tu torso gallardo
y tu esmerado resplandor
lo que me devuelve la vida...

Va en pos de ti
mi joven canto nocturno;
el agua clara
y la orquídea
que me florece
en tu lecho
cubierto de oscura obsidiana...

Vuelvo a tus olas...
a la esencia de tus corrientes
uniendo lo que me descubres
y lo que eres,
para sernos uno sólo
cuando asciendes y me besas.

En ti;
por ti;
para ti,
sea menguante;
creciente;
nueva;
de ti,
tan llena...



Tú, me has puesto nombre.



Yamel Murillo


Confesionario®
El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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14comentarios 71 lecturas versolibre karma: 96

HΨPᎾҜRISIS

Calles cerradas
de caridades vacías
por penitencias que asfixian
tus turbias realidades veladas.

No eres el llanto del atrio
ni la letanía en las cúpulas.
No llevas a cuestas
sino tus propias injurias.

Cierras los ojos
y abres tu juicio.
Muestras autocondena a voces
flagelando otras espaldas, mustio.

Guardas la fiesta
y violas el pesar.

Cargas cruces de materia
y en ellas,
crucificas indolente
cada par de huellas
que padece contigo en el camino.

Ahí vas, caminando junto al crío
que desarropado de amor
y frío de trigo
miras siempre sin afán
y abstienes tu vientre de pan
pero le dejas a él
hacer eterno el sacrificio.

Lamentas aquella omisión,
ese crimen, ¡tal olvido!
pero tus ancianos
perecen lejos del fuego
de tu chimenea
y la sinceridad de tu abrigo.

Visitas hasta el séptimo templo
rasgándote las vestiduras
con las mismas manos
que golpean, vejan
y dolor inquieren a las almas puras.

Desprecias las carnes de bestias
y te haces una
cuando de tu hermano te aborazas
y vendes al mejor postor
que tu oscura entraña lavas.

Dos caras de la misma moneda.
Una moneda que no vale nada.
Un valor que pierdes
cuando usas ambas
¡pretendiendo ser humano!
ser humano un día
y el verdugo de todos,
todos los demás segundos
de tus todos pobres años.



Yamel Murillo


Hypocrisis®
Caleidoscopio©
D.R. 2017
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17comentarios 76 lecturas versolibre karma: 90

ᖴᒪᗩᑕO

Creía tener un flaco adherido a la costilla de la que yo misma provenía, formando parte de su propio cuerpo...
Me figuraba siendo la gota de saliva resbalando de su boca, descendiendo de la mía hacia mi cuello, las todas y ninguna de las veces que nos besamos...
Supuse ser el punzar de un pensamiento retumbando desde su intención hasta su vientre, cuando sus celos desbordaban el dique y era inútil contener la represa de los que él me despertaba...
Parecía ser insuficiente su voz y su respiración agitada para arañar su espalda al otro lado de la línea cuando el ansia nos exaltaba...
Creía tener un flaco en la costilla; fiel al dogma de ser yo; fiel costilla de las suyas...
Lo sentí, tibieza de mi lengua; el soplo dulce en mi oído, cuando su cuerpo se fusionaba tras el mío y galopábamos juntos al calor de los sueños...
Creía tener un flaco adherido al alma; tanto que adivinase de la mueca de mi boca, emulándole; tanto como para sacar la espina de alguna sospecha que se clavara en mi mente, temerosa de perderle...
Creía tener un flaco estepario; pasional; increpante e irracional a la hora de romperme la soledad a golpe del pudor desprendido de sus manos recurrentes, pero al tiempo, total equilibrio cuando despertaba mi corazón a su consciencia con la ternura estrecha de sus brazos...
Creía tener un flaco que contaba sus historias con mi imagen pequeña mientras con sus dedos me destejía confusa para tejerme de nuevo,
en la madeja de su caricia
más profunda...

Creía tener un flaco que me pedía no marchar.

Creí...

El pulsar de mi labio entre sus dientes
y ese denso sabor rojo sal
me despertaron de pronto
a la realidad...

Creía tenerte mi flaco. Creí...

es que,
aquí estás.



Yamel Murillo



Des-cértidumbres.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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6comentarios 142 lecturas prosapoetica karma: 106

ᎪNᏩᎬᏞ ᎠᎬᏞᎪᎢᏫᎡ

Un silencio sega... El tuyo, por propio derecho. Secciona. Me recorre leve y discreto; diáfano en su aroma pero profundo y ardiente como aguardan los adentros de mi líquido anhelo.

Extenuada de ayeres, no he traído a ti las estrellas besadas con las que te recibo en mi portal; ni el azul, apenas celeste reflejo del marco en tu boca de luna.

Se agotaron las margaritas deshojadas por mis manos donde sonaba un 'me ama'... el ave calló y mi voz se quebró en el estremecer de la noche continua... en esa deliciosa fricción queda y ocurrente de dos locuras rompiendo el minuto de la nada...
Quedaron los labios henchidos latiendo el pundonor extraviado en el último desafío.

Te recibo tibia... expectante. Presurosa atravieso el pulso que agitas con mi nombre entrecortado al roce de tu boca.

En esta hora acudí a ti, así, circunspecta... sin estrellas; ni azul celeste; ni margaritas en las manos...
Fui por un instante, un alma en desnudez. Piel buscando en lo eterno de la tuya el abrigo ante la ignorancia de sus magnitudes.
No está mi flor dispuesta a sacrificar por retraerse,
la saeta amada que le perturba la razón...

Desciendes Ángel a desenvainar tu espada en el monte de tu templo... Moras en su Edén...Tú, su dios, su amo...

Ángel que sublimas. Venerado mago de palabras... poderoso ingenuo; expones mis coordenadas replicando y arribando a dominar los renglones de una partitura que sólo reconoce tus dedos...

Vengo a ti al tiempo de tu venida. Me miro ya, rodeada del centelleo de estrellas nuevas; de claves de Sol, azules cielos y blancos pétalos; todo reflejo de mí,
inmaculada de perlas,
en el espejo de tu cuerpo...




Yamel Murillo



Intimísimos
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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мιѕιvaѕ perғυмadaѕ

Alzo la copa por aquellos forasteros, asidos al mango del abrecartas, que alaban con dulzura la pureza del amor, mientras te van atravesando el alma.




Yamel Murillo



Incisiones
El Diario de Paloma©
D.R. 2014
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ɑժɑղ վ Տմ օԵɾօ ϲɑղԵօ

Como rompe el cielo de súbito
la hoja de plata de una noche,
así de certera cae la lágrima
detenida en el mentón de una alborada.




Yamel Murillo



Crónica Verónica®
Postdatas sin remitente©
Caleidoscopio©
D.R. 2014
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Amor Real

Muy a pesar de que el reloj nos juegue un poco en contra ahora que vamos ganándole partido; incómodo tal vez por verme quitarte la chaqueta y recibirte con un beso cada noche para hablar del siguiente paso, no doy tregua...
Le he burlado tanto que él mismo se ha confundido de las horas por marcar.
Quiere oscurecernos el cielo mientras tú me amaneces, y su celo es tal, que te envuelve de mentira, la insinuación de que se apaga para ti; aun cuando sabe que rompimos sus manecillas desde el primer minuto que vislumbramos su condena a la eternidad, pretendió abrazarme cuando se agotaba la arena en caída libre, pero tus brazos le arrancaron de mi sombra y me crearon brasa ardiente destellando brillos de lavanda y sal sobre tu cuerpo...

No podrá más, evitar a mis yemas deslizarse tenues a lo largo de tus recuerdos y despertar en tu piel la contundencia de mi roce.
No impedirá el impetuoso clamor de dos almas que cabalgan rumbo a sus aromas y lubricados sueños, rendidos ya, ante el toque de sus propios versos.

¿Ves que el reloj fue vano
y en vano su mal deseo?


Entras ahora en mi alcoba... penetra el vapor de tu esencia de caoba; vuelan tus besos de lima y estallan dentelladas de cedro...

Burlamos otra alborada al tiempo.

Huelo a ciruela y campo abierto, abierto a ti; al sabor del mutuo desasosiego.

Huelo a ti: a verdad;
a menta; la suerte de una diosa...

Huelo a ti
otra alba;
otra noche.


A ti, real.


Amor real, de amor eterno.




Yamel Murillo



Alegorías de un marzo decimotercero®
Amantísimos.
Las Rocas del Castillo©
D.R.2017
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C͟͞A͟͞T͟͞A͟͞R͟͞S͟͞I͟͞S͟͞

Llueve esta noche.
No hay azoro... le amo aunque me quema.
Soy una tonta al convocarle;
llega sólo si le place.
Ella conoció de mis altos secretos
y el sabor de todas las bocas
que le precedieron.
Me humedece los ojos
pero ¡qué más da!
no puedo aborrecerle.

Sin su sal que me escoza;
Sin su frío que pretende amedrentarme,
aunque bien sé de su frío imposible
muero de sed en medio del fuego
de su azaroso beso que me abrasa.

Lluvia, eres mía. No puedes cambiar eso.
No puedes evadir el hacerme tuya
cuando me he secado
sobre tu cuerpo...
Resbalo de tus alicaídas gotas.
El cielo de tus nubes apóstatas de grises,
amenaza aquel 'amor a voces'
que me niegan tus andanzas.

Sigues cayendo
intermitente;
interminable, dudosa.
Cargas el miedo
en los algodones suaves
y mullidos de tus paradigmas.

Tú eres quien odia.
Eres el hielo del encono
y me colocas en la pira
inmovilizando el tiempo marcado
por tu necia manera de quererme.

Rivales.
Amantes.
Locos...
por qué no, cuerdos,
de una historia corta de palabras largas.

Te guardo en un frasquito...

¡Te evaporarás, no mientas!
y en tu agua
ascenderás 'gran amor', al sol,
empapándome alguna vez.

Descenderás opuesto.

Te evaporarás tú...
Yo,
en ti,
hasta mi catarsis
o la consumación del mar de los silencios.



Yamel Murillo



Postdatas sin remitente©
Caleidoscopio©
D. R. 2016
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11comentarios 166 lecturas versolibre karma: 99

AྂMྂAྂNྂTྂEྂ AྂRྂTྂEྂ

No he visto amanecer, en el que tú, Vida mía, no asistas a pincelar un universo para mí...
Eres el Clásico cuadro del día; lo pintas de óleos, sin prisas, con riguroso detalle de elegancia semejante a poesía de Goya. Entretanto buscas llegar al tono de tu agrado, me das la bienvenida con el Sésamo del Sol; pincel de marta usas para retocar tu obra en mí de Ámbar en la sonrisa de un Alla Prima de Brugada. Tu Romanticismo me lo obsequias de rosas albaricoque sobre Ágata y Mármol, en delicadas caricias. Subes de intensidad al Magenta de tu ímpetu y cuando menos lo espero, imprimes tu toque de Esmeralda y Pan de Oro a la sensual forma de árboles que tiran frutos de amor y duraznos en un extenso jardín de Beruete y Moret. Yo sólo me dejo llevar por los colores de tu hermosura.
Asumes mi atención y con tus artes mágicas me creas a partir de un Sumado, y tu deseo en coral; impones y acentuas paisajes curvados de malva; de satín, seda y velo como a mujer de Barrau; majestuoso remarcas de naranjas que me abruman y seducen... logras entonces mi Renacimiento. Suenan notas de artista experimentado en la paleta sobre tabla de Borgoña y transformas una pequeña gota de Cardenillo de Bondad y Aloe en un sutil pero embriagador paisaje de Sorolla, en Lapislázuli, Turquesa y Aguamarina, abriendo el panorama al infinito océano de posibilidades, ahí donde resplandece el Jade y el Xanadú. En el aire, se respira trementina mezclada con tu inquietante aroma a cedro y lavanda.

En exquisito boceto aún inconcluso, me acompañas y la música despliega la imaginación ante tanta belleza...

Te aliento a esa hora en que las aves de la tarde ocultan la frescura de tu trazo, a curar el Paño con Blanco de plomo, Arcilla y Aceite de lino; te hago convocatoria a permanecer a mi lado... tu respuesta: me conminas a pintarte con tu propia técnica, la de tus ancestros. Tus brazos se me delinean cual tela de algodón, curada con Fe de Cretta; le agrego mi toque personal con gotas de Gesso del Empeño. El mejor consejo del artesano es que, de tal suerte, la obra final será más duradera.

Apenas percibo que ha caído la noche porque de soslayo nos oscurece el Índigo hasta un tenue Zafiro, Azafrán y Plata del ocaso firmados con tu Luz de Luna. Barnizas de Azur y veladuras de Nácar la despedida y somos almas heterogéneas de única textura, en un perfecto Nocturno de Dols.

Conoces la agonía de este momento... Las despedidas ensombrecen los horizontes más luminosos. Deberás venir a consolar tu ausencia con esa pasión tuya Escarlata, el impasto de Marfil de tus besos y una nube, que sé, has retocado con la intención de visitarme al sognare... una imagen sin intermediarios ni espectadores.

Eres siempre, Azul Celeste, profundo enigma de mis nocturnos desafíos. Ocre y claridad de mis almas. Me concibes tal y como soy; como vuelo; como me retratan tus delirios:
la carnación de la vivamente enamorada.

Sigue creando, te pido, mundos maravillosos para mi deleite. Dibuja concéntrico, las historias que el ideal te inspire, trazándome encáustica los labios de tu luminosidad.

Yo te besaré a cambio
con suspiros que te llevará el viento
y te diré que también se extraña
lo que jamás se ha tocado...

Serás mi ser
y al romper del crepúsculo,
volcada me haré lienzo;
mis manos el marco
al libre movimiento de tu pincel.

Montea de tu realidad y obra pura del amor...
de tu perfecto arte.



Yamel Murillo




Intimísimos.
Caleidoscopio©
D. R. 2017



Arte: Henry Yan
Mujer Desnuda Durmiendo®
Óleo sobre lienzo
Pintura Impresionista
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10comentarios 124 lecturas prosapoetica karma: 120

ᏞᎪ úᏞᎢᏆᎷᎪ ᏟᎪᎡᎢᎪ

A ti, sí, a ti te hablo, ladrón nocturno de la paz. Neblina oscura que te desplazas bajo las puertas en noches quietas y sigiloso te aproximas para encarnarte en algún esposo, padre, hermano o hijo, como te da la gana y se hacen como tú:
salvajes, ciegos, brutales. A ti que rompes sueños que no te pertenecen; que llegaste a mi vida, a otras, sin que yo te llamase, ni ellas, burlando la ingenuidad de la confianza que te profesé. Que tras la calidez de tu palabra ocultaste al ser horrendo y maquiavélico que llevabas dentro. Tu falsa ternura me envolvió y al cerrar los ojos a la realidad que existía, me sumergí en un pantano del que respiré y me olvidé de mí.

A ti te hablo, noche de dolor interminable, minutos de espanto prolongados en el alma como horas, en las que con una frase, clavabas la daga más profunda de la humillación con la que desangrabas hasta la fe más grande. A ti te hablo, verdadero amante de la mentira envuelta en las flores de tus culpas y perjurio de la bondad depositada en alguien que como tú, nunca la valió.

A ti, te escribo ahora y te digo, que no habrá más sobresaltos que rompan por tus gritos los silencios de la fragilidad. Que las navajas que afilaste para despedazar la imagen que tenía de mí, las he fundido con el fuego de mi fortaleza.
Los golpes que asestaste contra mi rostro, son las cicatrices con las que te combato en el día
a día. Todos los momentos que a tu lado se transformaron en lágrimas, los enjugué para llenar la mar que me llevó lejos de tu alcance. La crueldad de tu trato se convirtió en mi ejemplo para no igualarte en lo absoluto. En tu triste complejo de superioridad te volviste el más pequeño y quisiste arrastrarme.

Yo te abrí las puertas en la ignorancia de tus intenciones, y al descubrirlas te dejé seguir y me dejé capturar en las paredes de la peor prisión que pueda sufrir un ser humano, las de su autodestrucción. Te reías de mi entereza y
jurabas que me hundiría en ella, si no sola, tú te encargarías con tus manos de romper las columnas que aún me sostenían de pie. Todos esos años en que te permití sentarte a mi mesa y sin merecerlo te regalé una sonrisa de perdón, tras tu cínico acto de arrepentimiento; en los que no opuse resistencia a que cortaras uno
a uno los jirones de voluntad que pobremente me vestían; esos encuentros con la muerte en los que mi espíritu pisoteado clamaba por su vida; esas angustias sordas y mudas que te justificaban de mi boca y te permitían seguir asesinando mis incipientes esperanzas; esos breves instantes de amargura con los que me
alimentabas y de los que recogía las migajas y las repartía entre los míos; todo ese cáliz de hiel que me bebía en la cobardía de tus pasos….

Todas esas sombras, todas mis peores pesadillas, hoy, se detuvieron… y me dieron una bofetada ¡¡Y DESPERTÉ PARA DECIRTE, BASTA!!

Sí, tal vez sigas en tu incredulidad; sigas riendo de mi cara y de mi amor propio, completamente desfigurado por el azote de ese ‘alter ego’ machista que fue tu cómplice, después de tu última lección a la que llamabas “hacerte respetar” y eso te has ganado preciso.
Te respeto tanto, que nunca jamás has de volver a pisar mi casa, mi suelo y mi cielo que sin ti, serán por fin, un hogar; no entrarás en ella de nuevo, ni en la familia a la que no perteneciste, ni puedes siquiera llamarla de tal modo. No es digno de hacerlo quien destruye la dignidad.

No podrás penetrar en mi mente e intentar como lo hiciste siempre, hacerme sentir culpable por tus heridas que pretendiste hacer mías, por tu dolor del que no hablabas pero con el que me castigabas; un pesar que en lugar de hacerte partícipe de mi apoyo, te convirtió en mi verdugo. Ya no tienes derecho a tocarme un sólo átomo, si cuando lo tuviste lo usaste para revertir aquel falso amor que mil ocasiones me juraste. Perdiste tu valor e intentaste quebrantar el mío, alegando un celo usado de disfraz para tu infinita maldad. Sé que no te importa. Dices que nadie me querrá como tú lo hacías y en eso, no te he de contrariar.
No creo que exista sobre la tierra ningún ser humano capaz de amarme de tan ruin manera como tú lo hiciste conmigo porque ESO NO ES AMOR y si volvieses a tocar a mi puerta, sabré reconocerte, porque te desenmascaré, falso esposo, padre, hijo. No me esconderé más en la vergüenza que fue la única provisión venida de ti.

YA NO CALLARÉ. NO TENÍA VOZ Y LA RECOBRÉ BUSCANDO JUSTICIA POR TU CRIMEN… va por ellas que te dejaron entrar como lo hice yo y cerraste sus bocas…
NO VALES UNA SOLA DE ESAS VIDAS.
Te compadeceré de ahora en adelante en cada ser a quien tus garras quieran atacar descubriéndoles tu verdadero yo; dejarán de creer que merecen mirarse en un espejo roto en el que te escondes por sus grietas para confundir sus emociones. Es a través de reconocer su valía que serás neutralizado, si todos lo quieren, para siempre.

HOY, SOY YO OTRA VEZ. RECUPERÉ MI VALOR Y LAS HORAS PERDIDAS PORQUE ENCONTRÉ EL MEJOR AMOR. EL QUE NECESITO; EL QUE ESTUVO SIEMPRE PERO NO PERCIBÍA, EL QUE TENGO POR MÍ MISMA…

Escribiré esto en tu epitafio, para que en el cementerio del olvido donde deposito tus restos, nadie abra las puertas a las cenizas que de ti se quieran esparcir, para que otros ojos lean lo que eras, lo que puedes ser, pero si recuerdan tus señas particulares, no podrás serlo más.
No te odio, no puedo… sería descender a tu nivel y alimentarte, pero si puedo despreciar tu raíz.

NO QUIERO NINGÚN VÍNCULO CONTIGO; NO DESEO VERTE DE NUEVO EN MI ESPACIO; NO PRETENDO DEJAR UN CABO SUELTO QUE TE ANCLE AQUÍ MÁS; POR ESO, TE DEDICO LAS ÚLTIMAS LETRAS DE MI MEMORIA y escribo con firmeza las tuyas.

TE DIGO A TI, SÍ, A TI: ¡VIOLENCIA!
TE DIGO DE TODO CORAZÓN:
¡HASTA NUNCA!

La PAZ y la SONRISA más franca, han vuelto a mí y llegaron para quedarse.

La FUERZA y la VALENTÍA serán mis fieles compañeras, y me entregaré a la lucha por alzar los brazos en señal de victoria, y a erradicar la tiranía de muchas voluntades frías para transformarlas en la calidez de nuevas vidas.


P.D. No es necesaria la rúbrica de mi nombre. Para ti nunca lo tuve, pero FIRMO CON LOS MILLONES DE NOMBRES QUE DESDE AHORA, SON EL MÍO TAMBIÉN.


Aun creyendo ser nadie,
creyendo vivir en medio de la nada,
se puede ser feliz
con tan solo
extender las alas …
… quizás para alguien mas
no sea invisible tu vuelo.’.
.



Yamel Murillo




LA ÚLTIMA CARTA©
El Dilema de Vanessa©
Todos los derechos reservados.
D.R. 2010


Mi pequeño homenaje al ser más noble y dedicado sobre este universo, escrito con llanto de sangre y clamor de esperanza.

¡Viva permaneces MUJER!

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13comentarios 122 lecturas Ensayo karma: 97

Dime

Necesito escribirte antes del éxtasis lunar...
Escribirle a tus manos para que raudas
vengan a despertarme
o llevarme al sueño
de tu cuerpo escondido.

Hace tanto
que duermo cerrando
el reloj de arena
y sólo tu húmedo recuerdo
me hace la segunda voz...

No más rosas
que las de mi perfume;
no más tibieza
que la del sol que recién se va callando.

Escribirle a tu boca para que
acuda en socorro de ésta
solitaria,
desesperada y sedienta
desde tus noches antiguas.
Escribirle a tu razón para que
me piense tan solo tres segundos
de un beso que me construye
y me deja tendida en el lecho
que te espera, turbulenta,
cegada por tus presuntas causas
o los pretextos de alguna consecuencia.

Escribirte.
Preguntar a las horas por venir
si no basta amarte para amarte.
Escribir sobre el sepia
de tu piel temblorosa
las formas tuyas
donde cumplir mi utopía
y agonizar contigo
la muerte de todas nuestras batallas...

Escribirte. Oír.
Morder. Un grito... Morir. Vivir. Poseer.
Deseo, ¿Vendrás?
Bésame.
Me iré a ti, quizá. Sí, no. Dime...


Yamel Murillo


Antología de una pasión©
D.R. 2016
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22comentarios 287 lecturas versolibre karma: 90

ᎬNᎢᎾNᏟᎬᏚ... ᎠᎬ ᏙᎬᎡᎠᎪᎠ

Aquí, al borde del risco
desnuda de mí,
le espero con la fe
que rescata mis espaldas
de sus frías
y ásperas manos;
aquellas que clavará en mis costillas
cuando su voz
sea el grillete
encarnado en mis tobillos...
Cuando mis deseos
en precedente exaltados
mil y un veces
víctimas de su portento,
desfallezcan
dulcemente desvanecidos
y no logren sobrevivir
a los rastros
apenas calcificados
de fortaleza
que queden
bajo las carnes roídas
de sus sueños...

No sé si él
o si fui yo
la que me desollé de dignidad
y me lancé a la hoguera;
a ese fuego
consumidor y lacerante
dueño de mi ignominia,
dueño de un cuerpo
títere de sus oráculos
donde me cortaban ardientes
sus navajas
en las profundas brumas
y caían los rocíos
a las laderas del desperdicio.

Me amó
jamás amándome
porque bajo el altar
de mi verdad inicua
vivía su mentira
virginal, obscena...
recatadamente osada,
al tiempo
que la noble paloma
de mis certezas
fornicaba con sus engaños.

No sé si fue él
o si fui yo,
la que me despojé
de las prendas
que nunca pidió
pero arrancó de mí
con el iris
escrupuloso y mojigato
de sus concupiscencias;
a la luz infame
de su entrega
me reclamó tan suya
que al espejo se habla
y aún me escucha,
astillada y sumisa.

Recorrió mis muros.
Consumió mi savia
y nutrió sus raíces
de surcos míos que no conocerá
ni en mil años
pero hablará de mí al universo
como si copulácemos
desde la mismísima
fundación de la Tierra.

Me amará
en cada gota de su libido
prisionero de mis labios
sin haberme besado nunca;
limosnero de su desesperación
sin siquiera alcanzar
el estruendo de mi garganta
porque en el lecho
de sus omisiones
me engendró
con la reina fatua
de sus promesas.

Ahí, al borde del risco
desnuda de mí,
con la fe
que soltó mis espaldas
antes de dejarme caer,
exclamaré a la nada
que su estéril anhelo
caerá conmigo
para perecer en sus silencios...
Que sin mí
se volverán polvo de falsedad
las palmas de sus manos,
sus frías y ásperas manos;
irracionales amantes
de mi oblación que él atiza,
porque no me rescatarán
ni su verdad
ni su mentira
y sin que me nombre
moriré viva
morando en sus melancolías.

No habrá noche
que su memoria
no le haga
el esclavo trémulo
del fantasma de mi tacto
y de la voz donde me ocultó.

Entonces
en la oscuridad falaz de su furor,
pronunciándome
en un sordo grito,
ya sin mí...

de verdad,
¡de verdad que me amará!




Yamel Murillo



Antología de una pasión.
El Diario de Paloma©
D.R. 2015
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A͟N͟T͟E͟S͟ D͟E͟L͟ A͟M͟O͟R͟ A͟H͟O͟R͟A͟ ♊♌(O͟d͟a͟ a͟ u͟n͟ G͟u͟e͟r͟r͟e͟r͟o͟)

Antes de amarte... debí soñarte; cuando el amor fue sólo un mito en mis páginas; cuando el besar era la utopía de mi suspiro y las caricias, los vagos y fallidos intentos por volar con alas rotas...

Antes de hallarte, debí mirarte; cuando eras lucero de otros cielos pero desde el mío nacías núcleo, en aquella coordenada azul donde destellabas ideal sobre todo astro de toda galaxia...

Antes de amarte, debí desearte... Debí elucubrarte en esos nocturnales donde reivindiqué vacíos, acariciando la sombra inmersa en mi fragua y ocupándola con tu recuerdo aún no conocido...

Antes de tocarte debí percibirte aire.. olas y sonetos en la paradoja oscura; presa obsesiva de la perenne ensoñación en busca del arroyo de tu vaivén imaginario...

Antes de amarte... antes, debí tenerte en mí, habitando en esta piel-yugo que te nombraba. Esa curva grana que ignorada te adivinó oro a párpados cerrados; palpitares esbozando una silueta con las yemas exacerbadas, armándote para sí, estandarte de sus letras fragmentadas...

Antes de conocerte, debí quererte; cuando eramos personajes vanales de una historia etérea... Protagonistas en dualidad corpórea exaltando la pléyade de mis fantasías... por quien yo, al igual que ella, reconocería en tus sienes al ceño del amor...

Antes de saberte, lo sé, debí escucharte... en aquel trinar sordo del gorrión que me contemplaba desnuda desde la majestuosa y frondosa copa del ramón... anhelo sacudido por los vientos del otoño que parecía convocarme: ¡musa, musa mía!.

Antes de vivirte, debí saberte; como te sabía ayer; como te sé hoy... como te respiro en el segundo que se agota y en los siguientes... como te viviré mañana: amo de mi soñar; soñador voluntarioso, dueño del amanecer absuelto de adioses...

Antes de abrazarte, sé que me fuiste el abrazo de tu armadura; los brazos extenuados por luchas de nostalgia pero invencibles y vigorosos... fortalezas tuyas en vías de pelear las guerras mías contra el mundo, enarbolando la bandera de mi gloria y mi amante espera...

Antes de besarte, debí ser el cauce del río que lavó tus penas; donde se posaba bálsamo sobre tu boca, la mía, ansiada y exasperante fruta de tu hoy delirio...

Antes de amarte, sé que debí imponerte durante los horizontes profundos de vidas perpetuas por infinitas...
Sé que lo hice entre tanto, sutil, deambulaba rumbo al violeta de tu aura-corazón; al pedregal real bañado por mis sendas...

Te amé desde entonces,
sinrazón de mis razones.
Balanza de mi cordura.
Paz en total desesperación.
Temple de dulzura abrumadora.

Te reconocí en el rocío tibio del jazmín, pundonor de tus manos; en tu voz, al recorrerme los sentidos... justo al arribo tuyo aquí, trémulo... el latido del único respiro cierto.

Tú, el Ser; divina cruz; esencia perfecta... aguda, amorosa... penetrando el alma-flecha de la que se alza, señor.

Recitaré para ti por encima del lunar:

Apaga tus ojos...
enciende mi divinidad
y te deleitaré
con los labios de mi arpa
dispuesta al encuentro.

Tú y Ella...
tu nunca desconocida;
la conocida del siempre jamás.

Ámala...

Ámala, como sé, debiste hacerlo antes del primer beso del mar al cielo...
como debiste amarme...

Así...


Ámame, Guerrero.
Como antes; como nunca;
como ahora.



Yamel Murillo


Antes del amor ahora (Oda a un Guerrero)
De la Piedra Angular.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2016
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вσѕqυєʝσѕ...

Su ingenua tesitura
cruje oscura
en la hojarasca ruin.
Desventurada
la antes perpleja,
la oprimida niña porcelana,
entra ya desventajada...
a pie juntillas
al exabrupto de un olvido.

Vivir
el sentido inútil.
Morir al voraz instinto
de sus rasguños
y sus borrascas;
al repulsivo trazo
de tu indecible secreto...

Sangre y sal
transpiran mutuos
su agudo dolor.
A campo traviesa
recorre el barro
la tensa dermis
de toda memoria.

Su voz
expira malicia
en aires de añoranza.
A ciegas vas
de silencios agónicos;
de nostalgias rasgadas
a fuerza de tu anteceder
de doncella perfumada.

Plaza ignorada.
Faroles parpadeando
a la rosa seca
sin nombre...
Un vuelo en la niebla
le desprende
en el remolino
del pico del cuervo.

Lozas viejas
de grises betunes
reviven
sus crudos espasmos
y le estrellan
contra el túnel
de sus inquietas soledades...


Apenas un boceto
unívoco
te llama colocada
en la infancia tardía.

No arrivas nunca.


Tus trapos
de muñeca rota...
tan lejos
de armarse a la vida.




Yamel Murillo




Incisiones.
El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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ᏟᎪNᎢᎾ ᎠᎬ ᎻᎾᎡᎪ ᏚᎬXᎢᎪ

Le temo,
pero mi piel
por él moriría.
Mi deseo
le busca ahora
más devotamente
que yo.

Es él, rincón...
Pensamiento
extraviado
que va al encuentro
de la misma ola
que golpea sus besos
contra mis riscos
erizos
por sus dedos.

Es roca.
Cimenta en mí.
Rompe la serenidad.
Es tempestad.
Me arrastra
por el alabastro
de su cuerpo,
fiel sendero
hacia mi carne espía.

Es silencio
a voz en grito.
Callado va,
quemándome
la estera...

y me tocan sus ojos;
y me besan sus manos;
y me habla su vientre
en lenguas de ritos extraños.

Me canta
con la precisión
del murmullo del ave
en la aurora
y me dirijo a su centro
con grácil y ágil
vuelo de águila real,
en busca
de alimento
para la dulce
entraña,
que no es otra
que la suya y la mía
mimetizando
su alborada de arena
con la ostra de mi lluvia...

Mía es
la esencia que porta;
es la mía, su abrevadero.

Somos fuentes
donde brotan
néctares de dioses
y bebemos
del mutuo cáliz.

Al sonar
de cada hora sexta,
nos perdemos
en el Olimpo
a cambio de obtener
segundos de lo tangible...
del fuego de unos labios
lejanos;
amantes y críos
de un éxtasis no consumado.



Yamel Murillo



CANTO DE HORA SEXTA©
Amantísimos.
Las Rocas del Castillo©
D.R. 2017
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¡ǫᴜᴇ ɴᴏ ʜᴀs ᴍᴜᴇʀᴛᴏ, ғᴇᴅᴇʀɪᴄᴏ!

Federico,
hoy, ¿por qué no has venido?
antes del cañón sonoro
y del eco muerto del río.

Federico sabio,
el mas brillante amigo;
amigo de todos
los que vivieron contigo;
los que contigo vivir
hubiésemos querido,
y tras tu silencio pedido,
contigo prestos morimos...

Dueles, Federico.
Dueles de cerca
al huerto;
dueles de lejos
a la tierra sangrante
de la lunulata de Tages,
adivina de tu destino.
Dueles a causa del llamado
a tu arribo sordo.
Duele la ausencia
de las seis cuerdas.
Duele la sombra de tu alma...
Dueles antes
porque no dueles,
pero dueles siempre, Federico.

Tus pasos
vagan incesantes
al reflejo de tu sombra
por el fortín de oro;
por el cielo impetuoso
donde tu Luna
entona cada noche
el cante hondo
de tu amor y tu lloro.

Granada,
tu andaluz guía
luciendo viva
por ti ha muerto de a poco;
por la ausencia de tus manos
en sus muros;
de tus letras
recitadas
en los versos
de algún loco,
va lamentándose
ante la inerte
crueldad de tus despojos.

Federico,
ayer, di,
¿por qué no has venido?
a cosechar historias
de las nochebuenas;
a brindar con agave
y burlar a la parca
con tu recitar límpido,
franco, suave...

Federico,
corazón del corazón y la azucena,
¿por qué, genio?
¿por qué no has venido
dispuesto a cobijarte
bajo las alas
del águila real?
pa' contarle
de la espera
por tu niña amarga;
de la verde carne,
de tu amor oscuro...
o del sonámbulo romance.

Federico.
Suyo.
Nuestro.
Mío.
El niño gitano.
El hombre herido...
¡Anda!
dile al amante perdido,
cuéntale a la tristeza
por qué no has venido.


Aquí,
sin ti, sobrevivimos
los que ya te conocemos;
los que te cantamos
el desconsuelo
cuando a la memoria regresas
al Soneto de la dulce queja,
desde el mundo aquel
donde se conocieran;
donde quizás nos encontremos.
En el mundo secreto
de las almas perpetuas...
esas que duermen
por un rato,
un minuto,
un siglo...
Esas que nos dicen,
esas que te dicen
aunque no hayas venido,
aunque te volvieses
por la tiniebla
de la muerte
sobre el mismo camino
en tu Pequeño poema infinito...

Aunque no hayas venido
nos dices con tu voz de Madrigal:

¡Silencio!
que no querías llantos...

¡A callar, has dicho!

¡Que no has muerto!
¡Que no has muerto,
Federico!



Yamel Murillo




A mis almas
Novel cancionero©
D.R. 2004
23
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