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Esperas

Si la mar llora,
se detiene la noche
en mil esperas.
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6comentarios 116 lecturas versoclasico karma: 85

Hoy

Hoy, quiero explotar,
romper las cuerdas vocales
lanzando al mundo
un grito de libertad.

Trazar en el espacio
una estela de verde esperanza.
Negar la apatía, la sin razón,
la desidia, la acritud.

Aparcar la depresión,
señalar la luz.
Mirar al infinito,
con pasión, con ilusión.

Romper la barrera del sonido
con el estruendo de la vida.
Olvidar la miseria,
urdir mimbres de paz.

Destrozar gatillos,
sembrar semillas,
Regar desiertos con las manos
y contemplar incipientes oasis.

Hoy es presente,
regalo evidente,
hoy, ha salido el sol,
hoy, estoy vivo.
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sin comentarios 206 lecturas prosapoetica karma: 60

Pájaro vs. pez

Cuando nací no sabía
si era pájaro o pez,
desconocía que era yo,
no quisieron decir mi nombre.

Me sacó del légamo una mano
en aquel charco del camino.
Hundieron los dedos
dentro del lodo de mis ojos,
me limpiaron la cara, del limo.

Al tirar de mí,
me llevé, en la cola, la pecina.
Dejé de ser pez.
Mis aletas se mezclaron con la arcilla
y ahora son aladas albardillas.

Finalmente silbé
con todas mis fuerzas,
una sonrisa trazó mi boca en pico.
Ahora, vuelo en el agua y nado en el viento.
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Origen

Del brillo, aprehende un destello,
del dolor, una lágrima perlada,
de la mar, heridas blancas de espuma,
de los senos, manantiales de amor,
de la cara, miel, de la cruz, hiel,
de la moneda, el interés,
de los sueños, tus fantasías,
del azúcar, un terrón de felicidad,
del azar, la gran ilusión,
del gorrión, el vuelo de la libertad,
de la amistad, el rumor de unos pasos,
de la nada, el infinito que te persigue.
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2comentarios 150 lecturas prosapoetica karma: 71

Gea

Gea pincela ocres arañados
con manos rudas, sin anillos áureos
que, de sol a sol, surcan los arados.
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sin comentarios 89 lecturas versolibre karma: 53

En tus pies

Besos de la mar
cielo y desierto juntos
abril en tus pies.
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1comentarios 134 lecturas versoclasico karma: 82

Golondrinas (A los hermanos Bécquer)

Golondrinas ambos
flechando el cielo.
Gustavo, sí, dos
besos de anhelo.

Ingenuo candor
Adolfo añadido.
Chillidos, clamor
al viento urdido.

Alar romántico,
¡tan Valeriano!
sin ser idéntico,
corteja al hermano.

Historia encantada
del poeta por mor.
Efímera, volada,
proclama de amor.

Chiflar vibrante,
peregrino fugaz,
ternura flotante,
por un par de paz.

¡Qué darías, cantor!
A beldad de mujer,
hambriento primor
hoy, versos de ayer.

Sevilla, aspa blanca
Moncayo de piedra
contempla Veruela,
descansa, cruz negra.
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2comentarios 131 lecturas versolibre karma: 78

Blanca y Bécquer

Blanca y Bécquer

La noche estrellada en el monte de la villa. Solo el silencio se pasea de puntillas por las calles, callando los secretos de sus gentes. La luna pendiente de todos los movimientos. Blancura, allá en lo alto, claridad blanca. El silbido tenue de una caricia del viento llamó la atención de la singular silueta. Tentado estuvo el poeta de girar su rostro de bronce entumecido y volver la vista hacia atrás para ver de dónde provenía el sonido. Pero la prudencia le invitó a permanecer hierático, sentado, mirando las sombras chorreadas por la huecha del lugar.

Unos pasos se acercan, apenas perceptibles, remueven los pequeños guijarros en el camino del cementerio. Zapatos blancos de charol. Calcetines de puntillas, blancos también, como la blanca luna y el vestido de comunión que la envolvía en el misterio insólito del lugar. El cabello descendiendo sobre sus delicados hombros femeninos, ensortijado en bucles de oro y arcanos deseos. El camino de subida al castillo se había borrado con el olor al tomillo y el aliento del Moncayo.

Gustavo, el poeta romántico, allí estaba detenido, sentado, llamando al tiempo de su tiempo. Una mano sostiene el contador de las horas, de los días y de las eternas esperas sin nombre. La otra, enmudece las cartas inéditas que un día leerán muchos ojos ávidos de la belleza del logos. Con la mirada reposada, en lontananza, fantaseando con el silencio monacal del monasterio de Veruela. Envuelto en su capa, la amiga de inviernos y senderos, sintió una presencia en sus espaldas. La mano se posó en su hombro. Mucho más gélida que la temperatura del resonante cuerpo bronceado. Un escalofrío estremeció los cimientos de la fortaleza y algunas ondas trasladaron la sensación al mismísimo nigromante que la construyó.

-No temas amigo. He bajado de la ardiente clara nocturna, para sentarme a tu lado, y soñar, en este espacio maldito para creyentes, en esta bruma esotérica de brujas y embrujos, de queimadas y locura, de placer y poesía.
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4comentarios 238 lecturas relato karma: 92

Flor encendida

Flor encendida,
semilla,
en un hálito contenida.
Peregrina,
germen ambulante,
casi divina.
Te disemina un soplo
y se apagan tus estrellas,
pero fluye la vida.
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2comentarios 134 lecturas prosapoetica karma: 72

Ardiente

ARDIENTE

En tus manos un suspiro,
en tus ojos la mar abierta,
en tus labios cántaros de agua
derramados en el río.

Dormida la playa seca,
inconsciente el desierto,
bajo tus gráciles pies
caminando a cielo abierto.

El murmullo de tus pasos
en la húmeda fronda
perturba mis sentidos
abrazado a tu sombra.

Envuelto en tus abrazos,
dibujado con pinceles,
soy cuadro en tus lienzos
latón fino de oropeles.

Gélida brisa, nívea flor.
Llovizna de otoño presente,
sofoca esta noche el calor
y serena un corazón ardiente.
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sin comentarios 83 lecturas versolibre karma: 77

Levedad

Detrás de tu nombre se han bosquejado mis sueños.
Delante, mis dudas, la mar troceada.
En medio, el abismo, farallón infinito.
Y, solo un beso huidizo gravita perdido.
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sin comentarios 30 lecturas versolibre karma: 54

Brocal

Si mis ojos, un brocal confundieran,
rellenos de mil lágrimas cautivas
robadas a la tierra que cultivas,
en témpano de tu piel se fundieran.

Mis labios secos de mirar, bebieran
el oscuro azul, fluido que me privas
hermoso regalo de tus dádivas
si tus miradas en mi se volvieran.

Con luz, en mi imagen te suspiro.
Roba la noche mi cara a la luna
ahogado en ti, sin aire respiro.

Una piedra coge la pena, una.
Todas soportan mi sueño herido
Brocal dolorido, posa en tu cuna.
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sin comentarios 57 lecturas versoclasico karma: 48

Redes sociales

He pulsado con el índice el ratón de mi viejo ordenador.
Clic.
Una mano cerrada con el pulgar erecto
ha aparecido en la pantalla, seguida por un “Tú y 17 personas más”.

Quizás, alguien se sienta bien al otro lado
de la gran red social. Atrapado en su tela de araña,
envuelto en la imaginaria acogida del mundo.
Red, querida red…

Si no fuera por ti, ¿quién escucharía mi canto y mis lágrimas?
¿Quién sabría de mi soledad en red?
¿Quién tocaría con sus manos las mías?
¿Quién soñaría una belleza deseada?

Y, si pudiera despojarme de tus hilos…
Tal vez encontrara unos ojos clavados en mi mirada,
Un aliento cálido fundido en la palabra,

Una piel narrando su historia real de vida.
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sin comentarios 59 lecturas versolibre karma: 30

Al pasar

Al pasar te vi cómo andabas
en la acera de mis sueños,
con la mirada puesta a lo lejos.

Al pasar noté el rubor
que abrasó mi cara tierna
y escondí mis ojos abiertos.

Al pasar conté los pasos
de tu caminar firme
sin que te dieras cuenta.

Al pasar entre aquella gente
que hacía fondo a tu belleza,
encendí la vela del poeta

Al pasar probé mil nombres
y el diapasón de tu ser
vibró al nombrar el tuyo.

Al pasar te grité un piropo
con la boca tapada
por la vergüenza de mi timidez.

Al pasar, no sé que me pasó
y si lo supiera… tal vez no diera
semejante vuelco mi corazón.
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sin comentarios 62 lecturas versolibre karma: 40

Soy yo

Se había oído una llamada en la puerta. A nadie aguardaba a esas horas. Tras unos segundos de espera volvieron a repicar los tres toques en la aldaba. El gato negro ni siquiera se sobresaltó y continuó dormido sobre la alfombra. El sofá todavía conservaba el calor del anciano cuerpo arropado. Con mucho esfuerzo se levantó y, a pasos cortos, recorrió el pasillo hasta llegar a la entrada de la casa. Retiró la chapa metálica de la mirilla y un rostro, desconocido pero esperado, permaneció inmóvil, clavado en ojo cristalino de la vivienda.
 -¡No puede ser! ¿Por qué llega en este momento? –Gritaba su mente descompuesta. Ya se había dado cuenta de la identidad del visitante, pero no obstante hacía un esfuerzo por confirmar que no se había equivocado con el personaje.
 -¿Quién es?
 -Soy yo.
 -Y, ¿quién eres tú?
 -Lo sabes perfectamente. –Es verdad. Tenía la certeza de que tarde o temprano llamaría a su puerta. Estaba ahí. No había dudas.
-¿Puedes volver más tarde? –La pregunta carecía de sentido y el sonido se diluyó en el aire ahogando el deseo más fuerte que cualquier ser vivo alberga en su interior. A pesar de la evidencia ineludible intentó descorrer un enorme cerrojo para impedir la entrada del extraño, pero la madera se pulverizó por arte de magia e hizo un pequeño montón de serrín junto a sus zapatillas. De repente, quedó paralizado frente a su nuevo y último visitante.
-¡No me toques, por favor! –La súplica resonó como un eco de los tiempos mientras se esparcían sus propias cenizas en una cuneta de la historia. Silencio.
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2comentarios 161 lecturas relato karma: 53

Anciana

Un velo de sueños se desvaneció.
La mirada despertó tranquila al alba,
esa mañana clara,
donde el sol sintió la madrugada.

Bellos, sus ojos verdes robados,
a un felino salvaje
el primer día que vio la luz
fuera del vientre de su madre.

Oro, su ilusión bendita de amores.
Larga melena, catarata blanca
y caricia de recuerdos,
espuma efímera de sinsabores.

La calesa del tiempo se acerca al destino
con egregia sabiduría y paz.
Le espera la temida
en la puerta del edén, palacio desconocido.

La sonrisa dibuja un rostro feliz.
Sus arrugas, colmenas de un panal,
labores de obrera incansable,
cargadas de cariño y miel.

Ya tiene ganas de abrazar
el cielo azul, la blanca luz.
Mirar de nuevo los ojos negros,
del hombre que engrandeció su amor.
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sin comentarios 70 lecturas versolibre karma: 31

Tarde de paz

Desplomada y aturdida discurre la tarde gris.
La delicadeza es pura humedad,
mientras se funde la lluvia ligera en gélida brisa.

Ya regresan las cigüeñas a sus enormes nidos
que coronan la torre de la iglesia
y los niños acuden a sus casas con el pelo mojado.

El cristal de la ventana se ha empañado
de un cálido vaho hogareño.
Vuela la paz en el silencio de la vida.

Un libro acurrucado en las manos de su amante,
se deja acariciar en cada página
por la mirada fiel y esos dedos de ternura.

Calma que inunda el ser en un instante,
olor a leña quemada que consume el tiempo
y trasciende el deseo de un cielo.

Tarde de paz.
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1comentarios 112 lecturas versolibre karma: 37

¿Dónde está?

He paseado por las calles iluminadas en la noche,
he preguntado a la gente dónde se encuentra
el tesoro que busco, el mayor lingote de felicidad,
la respuesta a la gran pregunta que me persigue.

He dejado mi espíritu abandonado a su suerte
y me ha llevado a la cueva del diablo,
me ha subido en la carroza de brillantes colores
tirada por briosos corceles deslumbrantes.

He probado los manjares más exquisitos,
y sin necesidad de llegar a los postres
la saciedad se convertía en el principal enemigo
y recuperaba el agua y el pan, mejores amigos.

He mirado en los ojos de los que lloran
por haber perdido a quienes más querían.
En sus pupilas se reflejaba mi pregunta
sin resolver, mi duda subrayada.

Por eso me agarro a una flor y me siento en la luna,
juego con el pelo mojado de las sirenas,
duermo las noches oscuras, cogido por la mano
de un suspiro de amor, en una canción de cuna.
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¿Eres tú?

Te crees diferente
porque nadie ausculta tus secretos
y lo que piensas se consume en tus adentros,
a fuego lento, como cigarrillo en labios del fumador.

Te consideras original,
comparando rostros con el que guardas en tus espejos.
Las medidas de tu cuerpo no encajan
con los prototipos de la moda.

Te sientes sublime
con la pasión de tus sentimientos
ante las gélidas muestras de sensibilidad ajena.
Y, apenas conoces tu corazón.

Acaso te creas lo que no eres,
O, tal vez, seas el estándar que odias.
Las nubes pueden tapar el sol
y encender atardeceres.
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Qué daría

Qué daría por un beso robado al viento
si de sus ojos brotara un canto,
y de mis manos meciera el silencio.

Que daría por la caricia arrojada a la mar,
una tarde cálida en primavera,
si consigo el tesoro de una espera.

Qué daría al diablo por una luna llena
en las noches lóbregas de soledad
si encendiese mi alma una vela.

Qué daría a los ángeles y a las hadas buenas
al oír el sollozo de un niño perdido
buscando a su madre en las escombreras.

Qué daría por visitar el añil de los cielos
y hablar con sus estrellas dormidas
del valor de la vida y de los sueños.
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1comentarios 85 lecturas versolibre karma: 53