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Batahola

Los gritos hervían la calle.
Cacerolas poniendo sus culos
a los mamporros de cucharones.
Abrí el balcón y una batahola
apabulló todos mis sentidos.
La fuerza del ruido frente
al poder de la palabra,
la intimidación contra la sensatez,
la ira expandida, iracunda, mordaz.
Bajo el dintel de la justicia
algazara, el silencio callado.
Armonía quebrada, sangra la paz.
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Cencellada

Gélida está
la cencellada fría
en los árboles.
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sin comentarios 72 lecturas versoclasico karma: 95

Pluma

Negra, insolente, líquida
hasta borrar el blanco papel.
Rumor de letras arrastradas,
dibujadas. Tinta derramada.

Palabras escondidas, licuadas
en metálico cilindro.
Voces escupidas, hilo silencioso
algo rasgado, sinuoso camino.

Electroencefalograma de pensamiento
y sentimientos. Lenguaje guiado
por mano de escribano.
Línea corta, salteada en dolor y amor.

Pluma de emociones goteada
e ilusiones. Presionando, arando
la tierra blanca, dibujando camino
y relato. A veces, retrato

Prosa poética, sonetos, sextillas,
romances. Letras sembradas.
Sueños versados. Ecos declamados
por recias voces de rapsodas.
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5comentarios 121 lecturas prosapoetica karma: 97

No soy un viejo

NO SOY UN VIEJO

¿Pero qué le pasa al mundo? Creen que he perdido el juicio y me tratan como a un niño. Fíjate, me dicen que el “pis” se hace dentro del wáter y el “pas” no se unta en los sanitarios. Cuando voy al médico siempre justifica mis dolores con los años y “qué vamos a hacer”, el tiempo no pasa en balde. Si lo único que siento es que las piernas me duelen y por eso no puedo caminar bien. Es verdad que abrocharme los botones de la camisa me resulta imposible. Claro, si se ha puesto de moda hacer los ojales muy estrechos, así es muy difícil. La cremallera del pantalón no la subo hasta arriba porque tiene el cierre demasiado pequeño y cuando me entra una prisa no me da tiempo. Suelo utilizar los zapatos más anchos, ¡cualquiera acierta con el calzador! Me parece que el suelo está más bajo que hace un tiempo atrás.

¡Estoy harto! Continuamente me echan en cara que eso ya lo había dicho. ¡Pues claro! Lo que pasa es que nunca me hacen caso. Yo me acuerdo de las cosas y todo el mundo se empeña en convencerme que es a mí sólo a quien se le olvidan. ¡No hay derecho! Si sabré yo lo que pasa. He perdido vista. Ahora no veo como antes. Las últimas gafas que me compré no me las ajustaron bien. He ido varias veces al oculista y dice que sí, pero no me hace mucho caso, estoy seguro. Así que me cuesta meter las llaves en las cerraduras. A veces, no dejo la tacita del café en el centro del plato y se derrama algo, pero claro no se dan cuenta que las gafas están mal graduadas.

Me molesta que me griten. Me parece una falta de respeto. Encima, cuando lo digo me contestan que no les escucho. ¡Claro que les escucho! Y les da igual. Siempre se tienen que llevar el gato al agua. Si yo estoy en mi mundo, los demás estarán en el suyo, digo yo. La última proposición de mis hijos es que me ponga un sonotone de esos que se ponen en la oreja. ¡Lo que faltaba para parecer un robot distraído, ni de coña! No sé que se piensan. Yo me entero de todo. Ahora me han comprado un pastillero en el que meten toda la medicación de la semana. Dicen que así no se me olvidarán tomar las pastillas. Pero eso sí que es liar la cosa. ¡Si yo lo tenía todo organizado..!

Sé conducir perfectamente y no quisieron renovarme el carné. Pero no fue en la revisión rutinaria de Tráfico, sino mis propios hijos los que impidieron que cogiera el coche. No se fían de mí y creo que fue porque tuve un par de despistes sin importancia. Como si yo fuese la única persona que tiene despistes al volante.

Si les voy a llevar la corriente en todo lo que me recomiendan, tendría que comprarme un bastón, unas muletas o, mejor, un andador de esos que llevan ruedas y silla incorporada y, cuando se cansan de andar, se sientan. El sonotone, un calzador largo para no agacharme. El botón de llamada colgado al pecho para llamar a urgencias, la almohada eléctrica, cambiar el teléfono fijo y poner uno con números grandes y no sé cuantas cosas más. Creen que soy un viejo, ¡por favor!

Están empeñados en que venga una persona a casa para hacerme las tareas domésticas y mientras yo pueda eso no va a suceder. No soy ningún inútil. Las cosas me cuesta hacerlas, pero yo voy a mi ritmo y me apaño. Lo que más me entristece es que me he enterado de que posiblemente, la “única solución” sea entrar en una residencia de ancianos. “Unica solución”, ¿a qué? ¡Lo que me faltaba! Me quieren aparcar en el desguace de abuelos para que de allí me saquen con los pies para adelante. Además, ya me han dicho que mis ahorros deberían tener algún disponente más, por si acaso me pasa algo a mí. ¡Vamos que puedan hacer con mi dinero lo que les dé la gana!

Soy mayor. ¡Claro que soy mayor! Pero, NO SOY UN VIEJO.
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Arrebol maldito

Silente, la tarde arrebolada.
En el pueblo sisean mil secretos,
enredados rumores indiscretos,
sobre una mujer enamorada.

Mejilla de arrebol encarnada,
sofocos hinchados, de amor repletos
sollozos declarados incompletos,
al candor natural iluminada.

Cielo engalanado de nubes rosas
en el gris tardío, sol explotando,
dormido en azules mariposas.

Sus manos blancas ocultan llorando
el desprecio de almas lastimosas,
maltrato social, vergüenza quemando.
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Ciprés

Enhiesto amigo,
eterno vigilante
duerme conmigo.
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sin comentarios 82 lecturas versoclasico karma: 72

20 anhelos

Dime que se ha marchado la violencia al país de la paz.
Dime que se habla en las plazas y en las mesas.
Dime que se aceptan los errores personales, las disculpas.
Dime que aumentan sin medida los abrazos de verdad.
Dime que los pájaros penetran en las casas.
Dime que las cerraduras ya no tienen sentido.
Dime que los deberes van de la mano de los derechos.
Dime que “por favor” y “gracias” son las palabras de moda.
Dime que en las calles no has encontrado a mendigos.
Dime que todas las religiones han descubierto que no son las verdaderas.
Dime que los políticos ahora contestan con monosílabos: sí o no.
Dime que en los autobuses de línea sólo se sienta quien realmente lo necesita.
Dime que hay tanta responsabilidad que ya no entregan medallas al mérito.
Dime que se ha muerto la desidia, el egoísmo y han desaparecido los espejos.
Dime que se mira más a los ojos que a las pantallas digitales.
Dime que los escolares salen al recreo y se dejan el móvil en clase.
Dime que los ancianos mueren en sus casas y los niños acuden al cementerio.
Dime que sientes las caricias de los árboles y el beso de los vientos.
Dime que respiras la vida cada segundo como el mejor regalo del mundo.
Dime que te amas.
Si no es así, guarda silencio. Estoy ocupado en conseguir que hables.
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sin comentarios 153 lecturas relato karma: 62

Ausencia

Se rasgan las cortinas
cuando el duelo duele.
Ojos enjuagados con dolor
en la espuma de la tristeza.

Enmudece la tarde,
colores en grises.
Paisajes en fotos rotas,
ilusiones arrodilladas.

Eternos tiempos de espera
arañando esperanzas.
Fuegos húmedos
y sal en las cicatrices.

Explicaciones sin destino,
quebradas las palabras,
la mente enloquecida,
perdida en un laberinto.

No vuelve la llamada a la puerta.
El grito ahogado, sin eco.
Solo el rumor del viento
invita a respirar.

La puerta se queda abierta,
mientras se apodera el sueño
de un cielo perdido.
Tal vez amanezca mañana.
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10comentarios 142 lecturas versolibre karma: 95

Detrás-delante

Detrás de cada acción
que inspira el diablo
aparece una primavera muerta.
Rota el ala de una mariposa y
perdido el sol de la mañana,
se incendia el bosque encantado.

Delante de la esperanza
camina un verso de amor.
Galopa el corcel de los deseos,
enmudecen los lirios de rubor.
Una lluvia de luz
empapa todos los sentidos.

Detrás, duerme el pasado.
Delante, un cielo limpio.
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2comentarios 131 lecturas relato karma: 177

Petricor

Petricor (Hayku)

Estío seco,
petricor esperado
olor a lluvia.
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4comentarios 187 lecturas versoclasico karma: 71

Ombligo

Busca el origen
al final del ombligo,
encuentra a mamá.
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sin comentarios 105 lecturas prosapoetica karma: 38

Hoy

Hoy, quiero explotar,
romper las cuerdas vocales
lanzando al mundo
un grito de libertad.

Trazar en el espacio
una estela de verde esperanza.
Negar la apatía, la sin razón,
la desidia, la acritud.

Aparcar la depresión,
señalar la luz.
Mirar al infinito,
con pasión, con ilusión.

Romper la barrera del sonido
con el estruendo de la vida.
Olvidar la miseria,
urdir mimbres de paz.

Destrozar gatillos,
sembrar semillas,
Regar desiertos con las manos
y contemplar incipientes oasis.

Hoy es presente,
regalo evidente,
hoy, ha salido el sol,
hoy, estoy vivo.
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5comentarios 395 lecturas prosapoetica karma: 81

Juego

Juego a vender
buchitos de esperanza,
en las plazas, en el desierto,
en las olas.

Juego al escondite,
detrás de las amapolas,
para que nadie se pierda
un beso rojo.

Juego haciendo trenzas de fuego,
el aire se ríe
de mis bucles de oro,
mientras, le canto a sus amores.

Juego a beber océanos,
dibujar mandalas,
firmamentos de colores
en mis manos de niño.

Juego a las construcciones.
Catedrales, palacios,
pirámides de sueños
en globos transparentes.

Juego a mirar
estrellas en el suelo,
sombras en el sol.
Juego a jugar.
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2comentarios 85 lecturas prosapoetica karma: 63

Esperas

Si la mar llora,
se detiene la noche
en mil esperas.
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6comentarios 142 lecturas versoclasico karma: 85

Pájaro vs. pez

Cuando nací no sabía
si era pájaro o pez,
desconocía que era yo,
no quisieron decir mi nombre.

Me sacó del légamo una mano
en aquel charco del camino.
Hundieron los dedos
dentro del lodo de mis ojos,
me limpiaron la cara, del limo.

Al tirar de mí,
me llevé, en la cola, la pecina.
Dejé de ser pez.
Mis aletas se mezclaron con la arcilla
y ahora son aladas albardillas.

Finalmente silbé
con todas mis fuerzas,
una sonrisa trazó mi boca en pico.
Ahora, vuelo en el agua y nado en el viento.
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Origen

Del brillo, aprehende un destello,
del dolor, una lágrima perlada,
de la mar, heridas blancas de espuma,
de los senos, manantiales de amor,
de la cara, miel, de la cruz, hiel,
de la moneda, el interés,
de los sueños, tus fantasías,
del azúcar, un terrón de felicidad,
del azar, la gran ilusión,
del gorrión, el vuelo de la libertad,
de la amistad, el rumor de unos pasos,
de la nada, el infinito que te persigue.
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2comentarios 163 lecturas prosapoetica karma: 71

Gea

Gea pincela ocres arañados
con manos rudas, sin anillos áureos
que, de sol a sol, surcan los arados.
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sin comentarios 112 lecturas versolibre karma: 53

En tus pies

Besos de la mar
cielo y desierto juntos
abril en tus pies.
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1comentarios 136 lecturas versoclasico karma: 82

Golondrinas (A los hermanos Bécquer)

Golondrinas ambos
flechando el cielo.
Gustavo, sí, dos
besos de anhelo.

Ingenuo candor
Adolfo añadido.
Chillidos, clamor
al viento urdido.

Alar romántico,
¡tan Valeriano!
sin ser idéntico,
corteja al hermano.

Historia encantada
del poeta por mor.
Efímera, volada,
proclama de amor.

Chiflar vibrante,
peregrino fugaz,
ternura flotante,
por un par de paz.

¡Qué darías, cantor!
A beldad de mujer,
hambriento primor
hoy, versos de ayer.

Sevilla, aspa blanca
Moncayo de piedra
contempla Veruela,
descansa, cruz negra.
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2comentarios 133 lecturas versolibre karma: 78

Blanca y Bécquer

Blanca y Bécquer

La noche estrellada en el monte de la villa. Solo el silencio se pasea de puntillas por las calles, callando los secretos de sus gentes. La luna pendiente de todos los movimientos. Blancura, allá en lo alto, claridad blanca. El silbido tenue de una caricia del viento llamó la atención de la singular silueta. Tentado estuvo el poeta de girar su rostro de bronce entumecido y volver la vista hacia atrás para ver de dónde provenía el sonido. Pero la prudencia le invitó a permanecer hierático, sentado, mirando las sombras chorreadas por la huecha del lugar.

Unos pasos se acercan, apenas perceptibles, remueven los pequeños guijarros en el camino del cementerio. Zapatos blancos de charol. Calcetines de puntillas, blancos también, como la blanca luna y el vestido de comunión que la envolvía en el misterio insólito del lugar. El cabello descendiendo sobre sus delicados hombros femeninos, ensortijado en bucles de oro y arcanos deseos. El camino de subida al castillo se había borrado con el olor al tomillo y el aliento del Moncayo.

Gustavo, el poeta romántico, allí estaba detenido, sentado, llamando al tiempo de su tiempo. Una mano sostiene el contador de las horas, de los días y de las eternas esperas sin nombre. La otra, enmudece las cartas inéditas que un día leerán muchos ojos ávidos de la belleza del logos. Con la mirada reposada, en lontananza, fantaseando con el silencio monacal del monasterio de Veruela. Envuelto en su capa, la amiga de inviernos y senderos, sintió una presencia en sus espaldas. La mano se posó en su hombro. Mucho más gélida que la temperatura del resonante cuerpo bronceado. Un escalofrío estremeció los cimientos de la fortaleza y algunas ondas trasladaron la sensación al mismísimo nigromante que la construyó.

-No temas amigo. He bajado de la ardiente clara nocturna, para sentarme a tu lado, y soñar, en este espacio maldito para creyentes, en esta bruma esotérica de brujas y embrujos, de queimadas y locura, de placer y poesía.
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4comentarios 242 lecturas relato karma: 92