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Obsesión

Vuelta y vuelta en mi cabeza
evocando su recuerdo,
y es la eterna pesadilla
que olvidarla yo no puedo.

Cada día es noche eterna,
que intoxica cuanto sueño,
y me daña cada intento
de expulsar del pensamiento.

Y más daña su memoria,
que esté clavada tan dentro,
como el hierro incandescente
que se me ha grabado a fuego.

Es mi error, es mi ceguera,
agarrarme al clavo ardiendo
de sus trucos y sus tretas,
del señuelo de sus gestos.

Y aunque caigo en la demencia,
por no acabar con su juego
persevero con la angustia
de saber que no hay remedio.

Se convierte en obsesión,
que hasta reflejo en mis versos,
esperando ansiosamente
por saciarme de deseo.

Son tan solo fuegos fatuos,
que me llevan al infierno,
a la perpetua locura
que es delirar con sus besos.
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Siento

Siento, que me achicharro en este invierno,
chamuscado al relente de tus besos,
y sigo, devanándome los sesos
solo por no mandarlo todo al cuerno.

Allí, donde juraste amor eterno,
donde dimos aliento a los excesos,
amando como auténticos obsesos
entre las frías llamas del infierno.

El humo de esas llamas es un velo,
tan negro, que oculta en ellas nuestro ego,
y lo que fue ardor ahora es anhelo.

Siento, como por fin de ti reniego,
siento perder tu sexo, que es el cielo,
y siento, sin ti, dar palos de ciego.
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4comentarios 66 lecturas versolibre karma: 127

La esencia del amor...es invisible a los ojos

Es algo etéreo, gaseoso,
es aroma que se impregna,
no responde a la ciencia
porque al verla es todo química,
de la mezcla de los cuerpos, consecuencia.

Si ella me falta,
es vivir en la indigencia,
mísera vida con carencias.

Y también es la locura,
porque no tenerla, es caer en la demencia,
cruel herida, atroz dolencia.

Un rubor, es un sofoco,
es sonrojarse en su presencia,
si le verso, es la cadencia,
es la boca que a mi boca
con los besos la silencia.

Es pasión, es marejada,
un vaivén de infinitas turbulencias,
es el sexo, donde rige la indecencia.

Y no rendirse, y es la insistencia,
y cortejarla con paciencia,
poco a poco, con prudencia.

Es la grata convivencia
del disfrute de las miles de vivencias,
el meollo de la vida,
es el fin de mi existencia.

Y no se si es amor,
más tiene su apariencia,
porque, aunque a los ojos invisible...
su fragancia, su sustancia…es su esencia.
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Luna de sangre

Es la moneda de cobre,
en la negrura acuñada,
esa que vestía al cielo
del color plata.

Colgando de las estrellas,
como una bella medalla,
entre las húmedas brumas
de tul labradas.

Desde la tierra se observan,
lastimando su piel blanca,
los cráteres que semejan
huellas de estacas.

La imagen supersticiosa,
en esta noche hechizada,
como eclipsa al sol brillante...
luna encarnada.

Del rojo de las pasiones
que los amores desatan,
donde en la noche se mata
con las navajas.

Escondida está en la sombra,
la muerte con su guadaña,
para dejar a la luna...
ensangrentada.
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Amor platónico

Pasas delante de mí, me oculto
y no te conozco,
pero deseo estar a tu lado,
¿no resulta irónico?

Me miras, sonríes y saludas,
se enciende mi rostro
del tímido color vergonzoso,
de un pálido rojo.

Y sigues, sin parar, tu camino,
jovial y con gozo,
y yo quedo dolido y lloroso,
hundido en el lodo.

Contrastes del amor imposible,
quizás misterioso,
de ese joven soñador romántico,
por siempre platónico.

No ser correspondido difiere
con querer a fondo,
y un corazón que late fogoso,
con corazón roto.

Como el viento que arranca las notas
en un dulce soplo,
y torna en un quejoso lamento
con su silbo ronco.

Como esas lágrimas transparentes
que vierten los ojos,
y semejan al tibio rocío
llorar tembloroso.

Como lánguidas hojas que caen
en un nuevo otoño,
al manto dorado
que parece de oro.

El contumaz y retumbante eco
que me deja sordo,
pensamientos que angustian la mente
gritándome a coro.

Así fue mi amor idealizado,
sutil, sigiloso,
dañino, cruel, oculto en la sombra,
pero...tan hermoso.
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Miradas

En los ojos que se cierran,
los luceros de la cara
si entornados ya no brillan,
son las lunas que se apagan.

O se encienden de repente,
despertando como el alba,
y es abiertos cuando lucen
y fabrican las miradas.

Las tímidas, las esquivas,
las de mejilla rosada
que derriban a los párpados,
las que esconden las pestañas.

De soslayo, las furtivas,
las que dicen lo que callas,
chispeantes y sutiles,
las que a tu lado me arrastran.

O esas tristes y vidriosas,
de lágrimas anegadas,
de las perlas transparentes
que las pupilas derraman.

Circunspectas o vacías,
las perdidas en la nada,
las que seca la locura,
miradas enajenadas.

También las hay cristalinas,
tan nítidas y tan claras
que al mirar lo dicen todo
y te desnudan el alma.

Miradas al horizonte,
en ese punto clavadas,
son limpias y pensativas,
las colmadas de esperanzas.

Poderosas, cegadoras,
retadoras o que matan,
cándidas o desafiantes,
cómplices y vivarachas.

Y sobre todo amorosas,
profundas y apasionadas,
poderosas, seductoras,
las que besan..., las soñadas.
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5comentarios 79 lecturas versoclasico karma: 120

Una lágrima helada

Bajo un ventilador,
tendido sobre las sábanas blancas,
esperando la noche,
y soñando con que acuda a mi cama.

Que al entregarle mi obra,
los versos en los que desnudo mi alma,
se enamoren sus ojos
en esta noche de fiesta y de gala.

Al llegar al salón,
bajo una difusa luz azulada,
relumbra su silueta,
el sutil contorno de la elegancia,
en el vestido negro
que ciñe sus bellas formas delgadas.

Y al comenzar la música,
donde las notas silencian miradas,
ojos tristes se esconden
tras una máscara, tras la arrogancia.

Deserta la sonrisa
de su boca lánguida y sin palabras,
muda y tan taciturna,
más su rostro dice, lo que ella calla.

Lo que yo vi esa noche,
no fue una dama, más bien un fantasma,
el desalmado espectro
que al amor le daña, o quizás le mata.

Y al llegar la mañana,
solo reposa sobre mi almohada,
una lágrima helada,
la de la tristeza por esa ingrata.
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2comentarios 51 lecturas versoclasico karma: 91

Un tranvía llamado "deseo"

La próxima parada,
en el andén la espero,
y llega en el tranvía
que llaman del "Deseo".

Paro en las estaciones
del plano de su cuerpo,
en viaje de placer
que al fin llega a su lecho.

Entre sábanas blancas,
que el ardor ha deshecho,
empiezo a recorrer
la piel y sus senderos.

Al tacto de mis manos,
se enreda entre los dedos,
la suave cabellera
que forma el fino pelo.

Mirada angelical,
por la que siempre tiemblo,
envuelta en unos ojos
que brillan como el fuego.

La boca de contrastes,
con ese labio seco,
que esconde ansiosa lengua
y sus jugosos besos.

Es fina y perfilada,
voraz hasta lo obsceno,
cuando al morder los labios
me incita con su juego.

Caricia de la piel
la de su esbelto cuello,
tan delicado y terso,
como en la flor los pétalos.

Y el viaje continúa,
hasta llegar al cielo,
hasta esas firmes cumbres,
testigos de mis vértigos.

Volcanes tan perfectos
do se derrite el hielo,
del corazón ardiente,
debajo de sus senos.

La línea de su espalda,
que acaba en su trasero,
es la preciosa curva
camino del infierno.

Infierno al que va un valle,
talado de su vello,
allí donde reposan
mis más perversos sueños.

Te privas de la braga,
mi rostro queda trémulo,
al descubrir la flor,
la clave del Misterio.

La mecen mis suspiros,
el caluroso viento,
que brota del aliento
en sofocante Céfiro.

Y se ancla entre tus piernas,
en el acuoso sexo,
en trance tan violento,
el lujurioso miembro.

De los gemidos se oye,
atronador el eco,
jadeos y sofocos,
y dulces los lamentos.

Como el pintor esboza
los trazos en el lienzo,
como el poeta escribe
sus más ardientes versos,

como ese que de arcilla
al tacto hace el modelo,
o el que en la partitura
compone un ritmo bello,

así, cuando al compás,
en brusco movimiento,
se imanta nuestra piel,
y me introduzco dentro,

en ese gran momento,
que nubla pensamientos,
do se detiene el tiempo...
viajamos en secreto.
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3comentarios 91 lecturas versoclasico karma: 85

Silencio

¿No lo oyes?

En la noche cuchichea mientras duermo,
y lo escuchas en las cumbres si no hay viento,
ni del ronco ni del fresco,
o lo silba en el desierto
el polvo denso…

Pero atiende,
que no murmura la corriente
en el río seco,
¿y en el cielo?
en el cielo se deslizan los milanos
si no hay truenos,
y ahora, ni siquiera en el vacío
se oye el eco.

Si no hay fieles en el templo,
no se escuchan ni lamentos.

En los ojos, solo habla el parpadeo,
y la voz de la boca es el aliento
que te dice lo que calla con un beso.

El clamor del fuego
es solo una vela en movimiento,
y el de los anhelos,
son las voces, que en mi cerebro,
turban los pensamientos.

Es un ruido frío e intenso,
de la locura, es el tormento,
es la respuesta al desconocimiento,
y la sola compañía de los muertos.

Escucha atento…
Es el ¡silencio!.
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9comentarios 104 lecturas versoclasico karma: 90

Se apaga el amor

Se apaga la llama, lentamente,
como de árbol seco cae la hoja,
como torpe llega otro noviembre,
y a la arena a morir llega una ola.

Lenta, como el sol cuando amanece,
que cambia la noche por aurora,
y es la luna, ahora, la que duerme
en el cielo inmenso que es su alcoba.

Como por el cristal transparente
la lluvia desliza finas gotas,
o como aquellos copos de nieve
que en manto blanco ahora reposan.

Despacio, como el rito solemne
de las campanas que 'a muerto' tocan,
en ese tañer triste y doliente
del acero que tiembla y que llora.

Así huye el amor todas las veces,
cuando ya no hay besos en su boca,
o se va borrando de la mente
su imagen antaño cegadora.

Y siempre es así como sucede,
se esfuma el sonido de las notas,
al ritmo de los suspiros breves
o al de las miradas melancólicas.

Se acabaron las ganas de verte,
por fin enterradas en la fosa
del recuerdo dañino que muere
y queda olvidado entre las sombras.

La herida mortal es solo leve,
y queda el dolor conmigo a solas
porque no lo llevan como a Bécquer,
entre la espuma envuelto, las olas.
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sin comentarios 44 lecturas versoclasico karma: 98

Sorpresa

Sorpresa,
si te vistes de payesa,
y rondas por la dehesa,
bajo ese cielo turquesa.
¿Sorpresa?
Sí, porque eras la princesa
que bajó de la calesa
para sentarse a otra mesa.
Sorpresa,
si tu boca ahora me besa,
si su marca queda impresa,
sorpresa,
de que cumplas tu promesa.
Sorpresa,
de ese cuerpo que se expresa,
que me embriaga y me embelesa
como prende una pavesa.
Sorpresa,
de ese labio que confiesa
el amor de una diablesa,
de esas manos tan traviesas,
que se aferran a su presa.
Sorpresa,
si actúas como una obsesa,
si me miras cual aviesa,
sorpresa,
porque es cuando te interesa.
Sorpresa,
de ese rayo que no cesa,
de esa flecha que progresa
y la dermis atraviesa.
Sorpresa,
si la sangre no se espesa,
si te sirvo en una artesa
mi corazón cual frambuesa.
Sorpresa,
porque el alma…sigue ilesa.
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3comentarios 71 lecturas versoclasico karma: 74

Ojos verdes, aguamarina

La calle Huertas el sendero,
que los fines de semana,
de manera cotidiana,
iluminan dos luceros
en un ambiente fiestero.
De ese verde aguamarina
son tus ojos de felina…
de una eterna primavera.
Y es tu fina cabellera
de rubia tirando a albina.

Te me acercas con salero,
te presentas: – “Soy Tatiana”-,
Tu mirada siberiana,
tan fría como el acero,
me quema como un brasero.
Y cincelo en mi retina
tu boca tan coralina,
el vibrar de tu cadera…
y yo, me abraso en la hoguera,
de mi bella concubina.

No hay color en el tintero,
ni en tu piel de porcelana,
transparente y tan liviana.
Más sentirla es placentero
si te toco con esmero.
Todo rosas, ni una espina,
al correrse la cortina,
del amor de esa guerrera,
que quiso ser guitarrera,
y yo ensalzo en mi vitrina.
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1comentarios 56 lecturas versoclasico karma: 78

En tu foto ya no hay dedicatoria

Un verso se disipa en tu memoria,
en tu boca, ese beso que no has dado,
el musgo, sin la roca se ha secado,
se oxida el engranaje de la noria,
la apuesta a tu amor es aleatoria.

En la jaula no existe escapatoria,
porque aquel mirlo inerte y desplumado
expira junto al sueño quebrantado.
Las noches de pasión ya son historia
y solo de ellas tú te vanaglorias.

La plegaria se torna exclamatoria,
evocadora de un tiempo dorado,
semejante al rogar de un condenado,
con un reproche y voz acusatoria,
a laberintos sin escapatoria.

Caminamos sin rumbo y trayectoria,
ni con mentiras te has ruborizado,
la comedia a mi oído regalado
de la vil excusa premonitoria
del final amor, sin pena ni gloria.

Atrás quedó nuestra inicial euforia,
el rostro al encontrarnos, irisado,
nuestro rincón, que hoy duerme abandonado,
y ya no hay conquista, y ya no hay victoria…
y en tu foto ya no hay dedicatoria.
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5comentarios 70 lecturas versoclasico karma: 82

Desayuno con diamantes

Amanece
y en el cielo, titilante,
el sol brilla
despertando tan radiante,
escuchando
el sonido susurrante,
de las notas
de una música sedante.
De ese taxi,
descendiendo deslumbrante,
aparece
una mujer delirante.
Se ha vestido,
enjoyada y elegante,
y ha ocultado,
con las gafas su semblante.
Está sola,
y solo es su acompañante,
una calle,
de una ciudad excitante.
Yo la observo,
deseoso y anhelante,
esperando,
de cruzarnos, el instante.
Me sonríe,
es más dulce que insinuante,
y la miro,
con el iris penetrante.
Es momento,
de mostrarme muy galante,
y responda,
con lisonja semejante.
Ni distante,
ni orgullosa, ni arrogante,
porque tengo,
el corazón palpitante,
y el deseo,
de una pasión crepitante,
trepidante,
como perlas chispeantes.
Solo pido
bajo ese cielo brillante,
su sonrisa,
y tenerla como amante.
Y ya quedo,
desayunando oscilante,
en la cama...
con mi musa y sus diamantes.
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6comentarios 80 lecturas versoclasico karma: 84

Carpe Diem

Ícaro, vuela al sol, haz otro intento,
tan solo lo que no se intenta quema,
y que cale en tu corazón el lema,
¡Vive la vida, aprovecha el momento!

No lo dejes en mero pensamiento,
ni en las bellas palabras de un poema,
para un Poeta Muerto no es dilema,
sorber la vida hasta el último aliento.

Busca la senda que lleva a la gloria,
y si te ves tentado por la fama,
piensa que solo hallarás la victoria,

si arde en la hoguera del amor la llama,
y es lo que colmará tu alma de euforia,
el sentir que el corazón, ama y ama.
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6comentarios 130 lecturas versoclasico karma: 84

Un mundo sin banderas

En este triste mundo plagado de quimeras,
los ojos se me nublan, llora una plañidera,
y surcan las lágrimas, como agua por vidrieras,
porque duelen, lastiman, los que izan las fronteras.

Lavado de cerebros, doctrinas torticeras,
que todo el mundo vea la foto tan grosera,
de a los que, por ideas, los llevan a galeras,
de opresión y recelo, de gente en las trincheras.

La sociedad enferma, políticas rastreras,
solo ellos creen tener razones verdaderas,
tan solo ellos convierten al resto en extrajeras,
¿nosotros qué pedimos? ¡un mundo sin banderas!
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1comentarios 95 lecturas versoclasico karma: 87

Besos furtivos

Se enciende la noche
de lunas y estrellas,
y brillan sus ojos
como bellas perlas.

Miradas sutiles,
quizás indiscretas,
que turban su cara,
azoran e inquietan.

Se ignoran discretos,
venciendo sospechas,
porque por sus mentes
ya fluye una idea.

Y al salir del bar,
siguiendo sus huellas,
tras volver la esquina
percibe su estela.

Persigue un impulso,
la pasión secreta,
que abrasa su espíritu
al tenerla cerca.

Encuentro furtivo
que enciende la hoguera,
del feroz deseo
de bocas sedientas.

El tacto de labios,
la lucha de lenguas,
que húmedas se incendian
con suma cadencia.

Por los callejones,
entre finas nieblas,
se ocultan las sombras
de un par de siluetas.

Y en el tiempo oscuro,
en la noche negra,
dos cuerpos unidos
juntos se calientan.

El instante mágico,
letra de un poema,
cuando dos amantes
se besan y besan.
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En la iglesia...

Soledad oscura,
clemente silencio,
lo que necesitan,
mi mente y mi cuerpo.

En la fría iglesia,
el solemne templo,
entre sus paredes
resuenan los rezos.

Los rezos de monjas
ocultas tras velos,
que elevan sus voces
clamándole al cielo.

Y por las vidrieras,
que son sus luceros,
los rayos del sol
dibujan senderos.

Senderos que llevan
a mis pensamientos,
por otros caminos
que encuentren los sueños.

Titilan las llamas
de velas con fuego,
trazando en las sombras
murmullos inquietos.

Las sombras que esconden
profundos lamentos,
de los tristes fieles
que ven todo negro.

Y el cirio se apaga,
susurran los vientos,
el humo se eleva,
perfuma el incienso.

Frente a su retablo,
medieval y austero,
el ara imponente,
vestigio del tiempo,

donde se proyecta
simbólico el cielo,
sobre el duro banco,
al Dios del madero,

contrito y medroso,
faltando el aliento,
a ese Dios anónimo
hincado en el suelo,

con la voz gastada,
apretando el pecho,
al Dios en que creo...
le cuento mis miedos.
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2comentarios 61 lecturas versoclasico karma: 74

Otoño

Ay otoño, ese otoño malcarado,
que venteas los versos del poeta,
y bailan las hojas en su libreta
al son de las del árbol desplumado.

Ay otoño, eternamente nublado,
y torna la mirada al cielo inquieta,
que ya sin rumbo gira la veleta
porque llegó el tiempo que está alocado.

Y llueve, lluvia de gotas de tinta,
pintando de sutil ocre el paisaje,
que las nubes lloran agua distinta.

Llueven, palabras de triste lenguaje,
que parten con elegancia sucinta
al invierno que me lleva este viaje.
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Mi pequeña cortesana

En la cama te he encontrado,
mi pequeña cortesana,
en esta hora tan temprana.
El corsé bien apretado,
tus pechos de porcelana
rebosantes cual fontana.

Un rayo desdibujado,
filtrado por la persiana
de la cotilla ventana,
es el que te ha delatado.
Ay soberbia y soberana,
tan ardiente y tan lozana,
que me tiene trastornado.

Más tu lecho has reservado,
y has erigido la aduana
en esa piel de alazana,
de ébano fino y tostado,
en la bella filigrana,
que traza la curva insana,
de tu cuerpo apasionado.

Y quiero salvar el vado,
llevarte a la atarazana
de manera cotidiana.
Bajo el cielo despejado,
rendir la pasión mundana,
a la hermosa, a esa truhana
de la que me he enamorado.

Complacido y deleitado,
mi cuerpo llega al nirvana,
cuando de forma liviana,
se enaltece arrebatado
al sentirte tan cercana.
Y tu sales tan ufana
porque me tienes postrado.
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sin comentarios 61 lecturas versoclasico karma: 86