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Efímera felicidad

Pasamos media vida buscando completarnos,
hacer algo con ese vacío que nos deja a medias,
insatisfechos.
Como todo vacío,
porque no sabemos aceptar ni apreciar nada
que nos sepa a poco,
tratamos de llenarlo.
Hay quien lo tapa con billetes y riquezas,
quien lo borda con amor y cariño,
incluso quien lo adorna a base de posesiones
y aquello llamado ego.
Pero nadie
consigue llenarlo,
dime
querido amigo,
¿cómo pretendes aliviar tu propia sed
llenando el vaso de otros?
Pasamos media vida buscando que nos completen fuera,
sin entender
que somos nosotros mismos
quienes tenemos que completarnos dentro.
Y en cuanto lo entendemos,
en cuanto entendemos que la paz está en la esencia
y llenamos nuestro propio vaso,
pasamos la otra mitad
buscando que no se vacíe.
Pero dime,
querido amigo,
¿cómo pretendes ser feliz pretendiendo serlo?
Un vaso de agua
jamás podrá llenarse de vino
sin antes
haberlo vaciado.
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Hogar, dulce hogar

Rozo con la punta de los dedos las ramas más altas
que besan el cielo
con la misma dulzura que lo acarician
y lo amansan.
Los pájaros le han declarado la guerra a las nubes
por intentar ponerle un límite a su infinita imaginación.
Y cantan burlones
que son libres y rebeldes,
que ni ellas
ni la peor de las tormentas
podrán jamás atrapar sus alas
sino desearlas,
como se desea la imposibilidad de todo aquello
que no se puede tener.
Y que su única patria
es y siempre será el viento
por ser el único capaz de amar su libertad.
Huele a enero y a tierra mojada.
Me he empapado los pantalones de barro hasta las rodillas,
y he rugido hasta doler la garganta.
La brisa es fresca
y me susurra al oído que me suelte el pelo,
que deje libres a todos mis monstruos,
porque hoy
mi instinto animal
se siente más salvaje y puro que nunca
y es capaz de dejarlos en bragas
en las mil y una batallas
que les proponga el viento.
He abrazado a la luna
con el corazón abierto de par en par,
y sin darme cuenta,
ha llenado sus esquinas de flores
y de toda la belleza y vida que tengo a mi alrededor.
Para que cuando sienta que no soy de ningún sitio,
que el único que me acompaña es el viento,
entienda que mi verdadero techo lo tengo dentro.
Que todo esto forma parte de mi
porque yo soy parte de todo esto.
Y que nunca estaré sola
mientras los pájaros sigan siendo libres y rebeldes,
el suelo, de vez en cuando,
siga oliendo a tierra mojada,
y la luna siga llenándome el pecho de flores mientras duermo,
para que nunca olvide quien soy
ni de donde vengo.
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Vete

Te alimentas de mi hambre,
para luego lavarte las manos
y sentarte a saciar la tuya en la mesa de otras bocas.
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¿Cómo no voy a quedarme?

Hay lugares
que son hogar y refugio,
que son un techo para los días de lluvia
y un mirador perfecto para amaneceres.
Hay lugares
que son una fuente de recuerdos,
que su brisa te empaña los ojos de lágrimas
y son eternos en tu cabeza,
que ocupan un lugar
que no ocupa ningún otro.
Hay lugares
que los mirarías toda la vida,
que alegran el alma
y huelen a primavera
todas las estaciones del año,
que son bonitos
incluso en medio de un incendio.
Hay lugares
donde te perderías toda la vida,
donde no sabes dónde está el sur
y el norte lo pierdes siempre,
donde quemarías los relojes
y no te importaría quedarte
cinco minutos más.
Hay lugares
que son paz y jarabe para el alma,
que adormilan tus monstruos
y te hacen soñar con imposibles,
que son mágicos
y no necesitan trucos
para hacerte sentir que flotas.
Hay lugares
que son puro misterio,
que te invitan a invadirlos
pero no sabes resolverlos,
que nunca llegas a conocer sus rincones
y se ríen de tu inocéncia cada vez que los cuestionas.
Hay lugares
que son vacíos y oscuros,
que te dan miedo y te atrapan cuando lloras,
que te arropan y te invaden,
y te hacen sentir pobre cuando los respiras
y no huelen a nada.
Hay lugares
donde eras, eres y siempre serás,
donde desnudas tu alma
y dejas ver tus cicatrices,
donde saltas y ruges,
y nada te da miedo,
donde eres tu mismo
y nada es importante.
Hay lugares
que son únicos,
que saben cómo hacer que te quedes,
que no te temen pero temes,
que te hacen sentir especial
y te invitan a cerrar los ojos
cuando no quieres abrirlos.
Hay lugares
que no pisarías nunca,
que no quieres
pero te llaman,
que dan miedo y no tienen color,
que te abrazan friamente
y al sentirte vacía
te llenan de dudas.
Hay lugares
a los que siempre perteneces,
que por mucho que no estés
siempre estarás,
que pintan el suelo que tu pisas
y a veces hacen el camino difícil,
como otras
son senderos y atajos,
que te encuentras en sus raíces
y son vida,
que nunca consigues dejar atrás
porque son infinitos.
Y estás tú,
que tienes todos esos lugares
bordados
en el filo de las pestañas.
¿Cómo no voy a querer quedarme?
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Hagamos un trato

Hagamos un trato,
yo me voy
y tú me buscas.
Podríamos tenerlo todo,
podríamos bajar las estrellas a tu techo
y que nos cantaran villancicos
cada vez que me arañaras la espalda.
Te tienen miedo,
me lo han dicho.
Te temen porque saben que eres tú
la que me hace llorar,
la que me mantiene despierta
y, sobretodo,
te temen porque eres tú la que me hace escribir.
A veces
yo también te temo,
cuando me tocas
y te atreves con todo,
cuando me acaricias los miedos
con tu dedo pulgar,
y me muerdes la vida
con la misma dulzura que me arrancas las entrañas.
Cuando me mientes
y dices que te quedas
mientras te despides con la mano,
y yo te espero
sentada en tus costillas
a que vuelvas a dejarme respirar,
respirar como solo tú sabes:
muy poco
pero con fuerza.
Te temo cuando no estás,
porque sé que no te necesito
y me acabaré cansando.
No dejes que me canse,
te quiero aquí,
y si me canso
sé que no voy a volver.
Y no sabría aceptar un adiós
si son tus manos las que se despiden.
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Desastre natural

Es valiente.
Es todo lo valiente que yo no he sido,
y todo lo feroz que no he sabido ser.
Habla de la vida
como si hubiera vivido tres veces
y en las tres
se hubiera saltado todos los semáforos en rojo
sin poner el intermitente
ni una sola vez.
Ruge lo que piensa,
y ninguna ley
es capaz de amordazar ninguno de sus gruñidos.
Sus palabras muerden
y por eso los ignorantes
le tienen miedo,
porque
aunque sean sordos
no son capaces
de domar su rebeldía.
Tiene fuego en la mirada
y sus ideas
son un puto incendio,
arde en llamas
cada vez que la callan,
revoluciona al pueblo,
y joder,
ella
haciendo revolución
es un puto desastre natural
que ojalá nunca tuviera remedio.
Es más salvaje que mística,
y tiene la palabra "libre"
escrita en las costillas,
para que ese
sea su único
y definitivo aliento.
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Penas astilladas

Clavo tu futuro en mi corazón de madera.
Y se me astillan veinte recuerdos
y unos cuantos por qués en mi ventrículo derecho.
El tiempo no entiende de besar a ciegas,
de olvidar a medias pretendiendo tenerlo todo
cuando hasta los segundos se nos escapan de las manos.
Y yo, para serte sincera,
no entiendo de otra cosa que no sean teorías y estrategias
de cómo tender tu mano sobre mis miedos
pretendiendo que soluciones algo que ni yo misma entiendo.
Se me ha olvidado dónde buscar tu nombre
y mis viernes saben a lo mismo que mi almohada desde que no huele a ti,
a nada.
Las paredes de mi cuarto ruegan derechos
para volverte a ver nacer
y los espejos me escupen en la cara
porque mi gesto cansado
no tiene nada que ver con tu cara desenfadada.
Cojo las pinzas de la caja de emergéncias
y me quito una a una
todas las astillas que llevan escrito tu nombre y todos sus sinónimos.
Si no olvido tu eséncia
no te olvidaré a ti.
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Toda una vida

Volvería hacia atrás.
Cogería carrerilla
y le gritaría a todos tus monstruos
que estoy dispuesta
a besarlos toda la vida
con tal de sostener tu mano
cinco minutos más.
Porque desde que estás aquí
los míos inventan excusas
para perderse en tus domingos,
no quieren vestirse con otro abrigo
que no sea tu sonrisa.
Que ya no tengo miedo,
que me he pasado la vida entera
quemando los relojes
por miedo a quedarme sin tiempo
y llegas tú,
y con un soplido de mágia
haces que se queden mudas las horas
y paralizado el tiempo.
Sé que soy difícil,
pero no te vayas,
tú haces que todo parezca mucho más fácil.
No te pediré que te metas en mi cama
y me deshagas la vida
hasta que tu ombligo y el mío
tengan que firmar separación de bienes.
Ni te pediré que me beses
hasta que los días de la semana
me sepan a tu aliento
y a tus ganas de vivir.
Pero quédate un rato más.
Las flores de mi jardín
solo se amorran a tus dudas,
el sol no les basta,
dicen que se quedan cortas,
que están a medias,
que el brillo de tu mirada
es el único que las sacia.
Las mariposas que he criado
desde capulla hasta ahora
están en huelga,
algunas se suicidan cuando te ven pasar por el acantilado de mi boca confusa
y las otras se esconden en mis costillas,
acojonadas,
porque aquí dentro huele a muerto
desde que tus abrazos no alivian mis caídas.
Sé que contigo no lo tengo todo,
que no puedes ser,
que eres tan efímera como los besos de despedida,
y tan imposible como tu mano y la mía.
Pero tengo lo suficiente
como para hacer una bola con mis miedos
y guardarlos en esa caja vieja
donde se guarda todo lo que sabes que no volverás a utilizar.
Donde he tenido que guardar mi orgullo,
mis alas
y mis viernes,
desde que tus labios no rozan mi frente
y le dan las buenas noches a mis pesadillas.
No te pediré que vuelvas,
que me destroces la vida y pongas mis verdades patas arriba como lo haces con todo.
Pero quiero que sepas que si te quedas
dibujaré sonrisas en tu ventana cuando al echar el aliento
un invierno no te sepa a nada.
Si te quedas
daré la vuelta a tus miedos
y los convertiré en zancadas,
daré la vuelta a tus labios
en los segundos que haga falta
con tal de que el reloj
después
me lo agradezca con tu sonrisa.
Sé que soy un desastre,
pero todo es un poco menos caos
cuando eres tu quien lo desordena.
Así que
quédate cinco minutos más
que estoy dispuesta a romper las manillas
de todos y cada uno de tus relojes.
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Conformista

Pones todas las cartas sobre la mesa
y me dices que no tengo opciones.
Tengo un suspiro bajo la manga,
te ríes en mi cara,
yo soplo un domingo
y a ti te da igual.
Que no eres de domingos,
que los sábados
se plantan en tu vientre
y se recogen en tu espalda,
entonces un martes
se disfraza de ti,
y el resto de la semana
es un verano de un día cualquiera.
Que guapa estás cuando confías en ti.
Me guiñas un ojo
y te muerdo los párpados,
acuérdate de mi
cuando por la noche
no puedas cerrarlos.
No eres capaz,
no puedes reconocer
que alguna noche te robo el sueño,
que lo cojo con mis manos
y lo tiendo en mi cama
por si algún día
quieres reclamarlo.
Conformista!
Te proclamas rebelde
y con poco te conformas,
gruñes a escondidas
y no lo reconoces,
me mirás de reojo
conociéndote mi cara,
plantas besos
y nunca los recoges.
Por qué no te me acercas?
Dices que huelo a misterio
y no quieres resolverme,
te gusta mi boca
pero no quieres verme arder,
me dejas a medias
pero te gusto estando entera,
me vistes con miedo
y me sueñas desnuda.
Mucho quieres abarcar,
para al final
conformarte con nada.
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Y rompes con todo

He intentado olvidarte.
He intentado olvidarte casi tanto
como he intentado que te quedes.
Pero joder,
olvídate tú de esos ojos.
Olvídate tú de esas curvas
que se forman en la comisura de tus labios
cada vez que le sonríes a la vida.
¿Cómo una sola persona
puede albergar tanta luz?
¿Cómo puedes ser tan jodidamente preciosa
cuando ruges y enseñas tus dientes?
Sé que un mago no revela sus secretos,
pero joder,
lo he visto mil veces
y sigo sin entender
cómo haces que el conejo vuele,
cómo haces que todo flote a tu alrededor
cuando te proclamas fiera
y le enseñas al mundo tus garras,
cuando muerdes a la vida
y los lunes son verano
en la comisura de tus dientes.
Que el mundo se tambalea
cada vez que te ríes,
porque no entiende de desastres naturales,
y me tambaleo yo
porque no entiendo de magia
cuando no tiene truco.
Pero tú,
que le robas los lunares a la luna
cuando está dormida,
que le ruges a los leones que eres libre
y que muerdes más que ellos.
Tú,
que no tienes miedo de empezar una guerra
mientras el resultado sea la libertad,
entiendes de todo.
Y quizá eso,
y que te gusta la poesía
casi tanto como joderme,
sea el motivo
por el que no puedo olvidar tu ceño fruncido
cada vez que vienes,
me abrazas,
y rompes con todo.
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Soltar tu mano

Dolor de muelas.
Que se duerma el pie.
Apendicitis.
Tener fiebre.
Que se infecte el oído.
Sentir nauseas.
Romperte un hueso.
Ninguna de estas cosas duele tanto
como tener que soltar tu mano
y aguantar el polo norte a cuestas
sin ningún calor que lo deshaga.
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Arrugados en el cubo de la basura

Hoy,
con cinco euros en la cartera
y un barrio cutre y pobre,
me siento mucho más rica
que cualquiera de esos banqueros
con una casa en cada puerto
y cien millones bajo el brazo,
por el simple hecho
de poder bailar esta noche
cogida a tu mirada,
con tus maullidos como banda
y tu vestido
y mis miedos
arrugados
en el cubo de la basura.
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Joven y rebelde

Sé que no soy libre.
Es cierto,
no lo soy.
Y quién sabe,
tal vez no lo sea nunca.
Pero sé que no he nacido para esto.
No me preguntes por qué,
pero no sabría agachar la cabeza
ni aunque el mundo entero me gritara des de abajo.
No he nacido para callar
ni para asumir,
cuando me arde la garganta
grito hasta ver en llamas
cada miedo
que esconden mis 24 costillas.
No busco tener la razón,
pero quiero que me escuches
y me des razones para no rebelarme,
que lo intentes.
No me metas en más sacos,
que no me encasilles.
Mis rugidos no tienen nombre,
y soy mucho más complicada
que cualquier etiqueta que puedas ofrecerme.
Sé que te incomoda,
por eso mismo
pienso desnudarme
cada vez que digas que debería darme vergüenza.
Que debería darme vergüenza ser como soy,
que debería darme vergüenza no tenerla.
Entonces
mis ojos gritarán en silencio,
para asustarte en voz baja.
Pero mi boca...
mi boca hará rebelión.
Sé que no soy libre.
Es cierto,
no lo soy.
Pero prefiero morir joven y rebelde,
que poner un pie
en una sola jaula.
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Ella

No es el amor de mi vida,
ni me media naranja.
Pero es el interrogante
en toda pregunta que acompaña mi insomnio,
y sé
a ciéncia cierta,
que tiene cada respuesta
escondida en los ojos.
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Tu cuerpo es poesía

A veces,
me da por perderme,
y clavo mis torpes pupilas
en el mar calmado de las tuyas.
Y entonces,
te encuentro inocente,
fugaz,
frágil.
Otras veces
te descubro feroz,
rebelde,
inmortal.
Y entonces me doy cuenta
de que eres muchas cosas,
me doy cuenta, entonces,
de que eres un poquito de todo
y un poquito de nada.
De que eres melodía,
la melodía de las mañanas.
Esa que saca a bailar los miedos de las noches oscuras
y baña el tejado
y las ventanas
de colores que no conocías todavía,
de notas que se cuelan por la puerta de atrás
y te hacen sonreír irremediablemente.
De que eres pintura
y eres color.
Ese color exótico
que adoptan los días grises cuando se mezclan con tu sonrisa.
Ese color que el atardecer traza en tus pupilas al despedirse,
y sonríes
porque sabes que no será para siempre.
De que eres instantes,
esos instantes de locura
en los que uno se siente libre,
fugaz,
vivo.
Esos instantes,
que aun siendo instantes,
son capaces de mover mundos,
de mover recuerdos.
Eres rebeldía.
Esa rebeldía feroz que escondes en la mirada.
Esa rebeldía feroz con la que ruges
cuando defiendes lo que crees.
Esa rebeldía que te hace fiera,
indomable.
Eres imperfección.
Esa imperfección
que te hace tan humanamente atractiva.
Esa imperfección que tus ojos feroces
saben como hacer pasar por alto.
Eres dulzura.
La dulzura del café a las seis de la mañana.
La dulzura de la brisa cálida
cuando acaricia tu piel al ritmo del vaivén de las olas,
y te mece a ti
y a tus miedos.
La dulzura de tus labios cuando se curvan
y amenazan los malos días
con romper cualquier promesa
o intención de perdurar.
Eres poesía.
La poesía que se escapa entre tus labios cada vez que suspiras.
La poesía en cada uno de tus maullidos.
La poesía de cada verso
que esconden tu espalda,
tu cuello
y tus cosquillas.
Tu cuerpo es poesía.
Eres mucho,
pero sobre todas esas cosas,
eres arte.
Tu fuerza,
tu valor,
tu energía,
tus ideas,
la poesía en tus pupilas
y esas ganas de vivir.
Tú,
eres arte.
El arte de un pájaro cuando alza el vuelo
y se deja llevar por el viento.
El arte de tus carcajadas,
que resuenan en lugares perdidos
y al escucharlas
deciden que la guerra no tiene sentido
y por fin se acaba.
El arte de tu mirada,
esa que es capaz de ver el mundo de colores
que no se han inventado todavía.
El arte de tus pasos,
esos que haces firmes,
sin saber a dónde se dirigen,
hacia algún lugar
donde siempre se pudo vivir mejor.
El arte de cada poro de tu cuerpo,
de ti.
La inocente,
la fiera,
la rebelde,
la más frágil
y la más fuerte...
La indomable.
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Libre y eterna

Ella no es como cualquier mujer.
De hecho,
a veces diría que no lo es.
Es más bien algo así
como un animal salvaje cosido de inocencia
y algún que otro trapo.
Las noches de lluvia
se pasea con los pies descalzos
y las manos abiertas,
y vuelve a casa medio dormida,
con los bolsillos llenos de gotas
y alguna que otra tormenta enredada en el pelo.
Las noches de insomnio,
se sube al tejado para contar estrellas
y la luna la mece al ritmo de su ronroneo.
Cuando sueña brilla tanto
que en esas noches
la luna parece que esté llena.
Y aun así
los lobos dejan de aullar para poder contar sus lunares.
Ella no es de nadie ni de nada.
No existen leyes más allá de sus pestañas,
no entiende de cadenas
ni suspira por jaulas,
y tiene unas alas tan grandes
que podrían abrazar a un pueblo entero
de un solo soplido.
La he visto rugir a los leones,
saltar al vacío con las heridas abiertas de caídas pasadas,
nadar a contracorriente
con los brazos más dormidos que despiertos,
pero con la valentía de quien se quiere comer el mundo
y alguna que otra estrella.
No forma parte de ningún grupo,
ni está metida en ningún saco que intente etiquetarla
o normalizarla.
Ella sobrevuela todo eso,
camina de puntillas por encima de esas jaulas
y de todos los miedos humanos,
arranca los barrotes,
de vez en cuando,
por si a alguien,
algún día,
se le ocurre despertarse.
Ella es libre y eterna.
Morirá a manos del viento,
con las rodillas desgastadas,
y una alma
con mil arrugas de experiéncia.
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La luna huele a ti

Sé que soy una desentendida
en cuanto a despedidas se trata.
Que pierdo el equilibrio en la fina cuerda entre tu pelo
y mis tontas ganas de que te quedes.
Que no puedo mirarte la espalda
sin contar tus pasos de vuelta.
Sé que no puedo pedirte que no te vayas,
que te quedes cinco minutos más.
Pero ojalá tuvieras un rato
para deordenarme el pelo,
las ideas
y la vida.
Ojalá entendiera qué quiero
cuando sentada en tus pestañas
cuento los parpadeos que faltan para que me vuelvas a mirar.
Ojalá no te fueras tanto,
y ojalá no tuvieras que volver cada vez que consigo quitar tu olor de mis clavículas.
Y ahora
que no sé si te quedas
o te has ido ya,
la luna me huele a ti.
Y me cuenta historias para no dormir
donde tú siempre sales protagonista.
Y yo...
yo siempre salgo perdiendo.
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10comentarios 155 lecturas prosapoetica karma: 95