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Conozco bien el hambre

Conozco bien el hambre, mi abuelo ya me hablaba de esa la sensación de vacío que te hace olvidar los sueños y centrarte en sobrevivir.
Ese instinto que te hace hacer cosas inimaginables cuando ese hambre ya no solo te está estrangulando a ti, cuando ya toca a tus hijos, cuando ya se repite en los días y no sabes si mañana tampoco vas a poder masticar alguna cosa.
Las mariposas se mueren en el alma sin alimento.
Los fantasmas crecen y no dejan ver más allá de la montaña de fracaso que no nos deja avanzar.
Invisible a la sociedad, siendo una carga para las personas que antes nos rodeaban y creíamos que siempre nos ayudarían.
Volviéndome un muerto en vida. Sin posibilidad de remontar en la rueda de la desesperación. Valorando todo lo que un día tuvimos y el destino nos arrebató.
Buscando trabajo solo, pues todas las manos tendidas cuando la vida daba frutos ahora están recogiendo sus propias manzanas que ni siquiera comparten conmigo.
No es que sea menos, sigo con las prioridades en orden, primero ellos, sangre de mi sangre, luego yo.
Pero los ríos que antes regaban todos mis campos no traen más que aire y la sed me agarra las cuerdas retorciéndolas sin piedad.
Me veo saturado, sin salida, hasta el punto que a veces giro los grados de la perspectiva en amargos sorbos que me hacen olvidar momentáneamente en lo que me he convertido y me devuelven a la persona que podía ser a veces.
Acto socialmente aceptado entre todos menos entre nosotros, los que no tenemos derecho, a los que culpáis de nuestro propio fracaso, a los no dejáis pasar del foso de vuestro castillo, de vuestra seguridad.
He visto tantas espaldas de caras amadas que llegué a perder la fe en los demás y en mí mismo.
Por suerte, con la última cerilla de la caja conseguí encender la hoguera que me hizo visible para ella, la oportunidad que me devolvió la suerte.
La bocanada de aire que me permitió llegar a la superficie y sobrevivir, cuando creía que todo se acababa allí abajo.
Me veía a mi mismo cómo el submarinista que se queda sin oxígeno a 40 metros, mirando hacia arriba y sabiendo insalvable la distancia, sin fuerza para avisar a su compañero, siendo víctima de la presión y qué por algún inesperado motivo se salva valorando la vida como nunca antes.
Valorando los días, el amor, la salud, la suerte de vivir.
Pintados mis días de verde, recuperada la confianza en mis posibilidades, sueño de nuevo en grande para construir un futuro sólido mientras me recuerdo a mí mismo en la época más oscura.
Parece que hayan pasado años sin embargo algunas de mis pertenencias aún huelen a la humedad de la calle.
Ahora, sin el rencor que me amargaba los sorbos, soy una mano tendida a la necesidad, pues sin ese empujón hacia la salida seguiría en la cueva del sufrimiento, muriéndome lentamente a los ojos de los demás, ojos en los que no encontré complicidad y que ahora lloran con mi historia, ojos solitarios, ojos que ven sin mirar.

etiquetas: pobreza, hambre, desesperación, salida, barcelona actual
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4comentarios 137 lecturas concursobac karma: 46
#1   Gracias por participar. Bienvenidx a Poémame!
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#2   #1 gracias a vosotros por la oportunidad! {0x1f618}
votos: 1    karma: 16
#3   ¡Wow! primer poema del día que me ha impactado, me ha sorprendido, desde el título, comienzo y final. Me dejo muy reflexiva, lo pongo en mis favoritos y lo volveré a leer muchas veces. Una voz muy poderosa surge entre estas líneas que quiero seguir descubriendo, lo felicito y también le doy la bienvenida a este foro virtual, le deseo un buen día y siga escribiendo/compartiendo esa voz BESTIAL, cruda, existencial, real y apasionada que se puede palpar...¡Felicitaciones! Y le mando un fuerte abrazo desde la cuidad del Álamo (San Antonio, Texas) aunque soy de México pero resido en los Estados Unidos.
Enid Rodríguez Isáis
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 *   EnidIsáis EnidIsáis
#4   Increíble poema. Tiene un gran mensaje y muestra una realidad muy grande en la sociedad. Felicidades por este gran poema. Saludos
votos: 0    karma: 14