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A mi amiga

Ese día va a ser negro.
No podré mirarte (aunque aparente que sí)
No podré caminar (aunque aparente que lo haga)
No podré pensar (aunque pareciera que lo hiciera)

La luz de mis ojos, si miras bien adentro, ya no estará.
Mi corazón estará roto, tal vez irremediablemente.
Perdí a mi alma gemela, a mi amigo, a mi compañero, a mi salvación.
Y quedé sola.

Necesito que te quedes, aunque te diga que te vayas.
Necesito que no me dejes sola, aunque te lo pida. Aunque te grite. Aunque te eche.
Necesito que me detengas. El dolor será demasiado para mi cuerpo y necesitaré que salga.

No pensaré. No hablaré. No miraré.
Estaré tratando de volver atrás. De vivir de recuerdos. De detener el tiempo.
Ese día necesito que sepas que dejaré de existir. Que la persona que era y la persona que seré serán distintas.
Ese día no sólo despediré a mi padre, si no que también deberán despedirse de mi antiguo yo.

Espero que ese día no llegue.
Pero para cuando lo haga, te dejo estas palabras. Porque necesitaré que me salven. Que me rescaten del abismo al cual entraré y del cual temo nunca podré salir.

Necesitaré un rescate (aunque probablemente no lo quiera)
Necesitaré unas manos. Un par de ojos, un par de piernas y una voz.
Necesitaré que hables por mí. Que seas mi pulmón, y mi corazón, porque ya no existiré.
No sé si podré rearmarme, pero para ese día, necesito que me sostengas. Porque yo no podré.
¡Detén el tiempo! ¡Detenlo!
No podré seguir.

etiquetas: pena, dolor, funeral, prosa
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