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Cementerio de palabras

Esa mujer que caminaba a solas conmigo, y yo que iba con los pies extraviados, cosidos a una sombra errante.
En la confluencia del destino y el azar.

Llegué con ella a la embarcación traidora del ocaso, a bordo de esa nave de fuego menguante prendida a blancas anclas de algodón rasgado, libre al naufragio.

En un cuarto secular, dos ventanas al cielo nocturno de impostores-oscuros colores.
En el centro del olvido, al borde del cataclismo onírico, un espejismo fúnebre.
Luctuosa y diabólica trampa que el corazón se compra en oferta con el conjuro de una belleza cándida, de una mujer en un sueño diseñada.

Una mujer hermosa y mortal.
Era su voz el crujir siniestro y macabro que hacen los huesos al quebrarse.
Sus palabras eran el coro arcaico del mismo infierno. Y su respiración impregnaba el aire de un veneno glacial.
Sus silencios hacían eco en las alas del alma, sus silencios sonaban al ruido de cuchillas decapitando hadas.
Su sombra construía abismos insalvables, su perfume era de una tierra lejana, su lejanía inquebrantable, su corazón resabiado, su amor en metálicas cortantes migajas.

Esa mujer la inventé entre los delirios de la imaginación, en la intensidad del exceso sensorial, en la fructificación del insomnio, en el espanto del dolor, en el pánico de la soledad, esa mujer es un engendro de la muerte y una suerte de agonía curativa y mordiente.
Esa mujer es una evocación utópica, un ensayo ilusorio de una distópica ambición seráfica.
Una mujer hermosa, imperfecta, desalmada, atractiva, violenta, insensible, risueña, de pureza oscura y de dulce amargura.

Esa mujer es un gobierno de fantasmas; la ausencia endémica, es un combate de sombras, es la rebelión de los sentidos y el latido del suelo que sacude los zapatos dormidos y despierta un súbito vuelo nebuloso.
Esa mujer es el zumbido de las tripas, es el hambre del espíritu. La sed del caos, el alivio y el equilibrio de los errores.
Esa mujer es la lotería, el cuento, el disco volador; el mar, la luna, la noche, el milagro, la magia, el maleficio, la ciencia, la fortuna; la ruleta, la sorpresa, el presagio, el encuentro, la fiebre, el deseo, la electricidad, el oxígeno, la frontera, el horizonte, el relámpago, la nube, la tierra, la suela, el jamás, la historia, el viento, el fin, la nada.

Es la espera, la antesala, el oasis, la niebla, el laberinto, la llave, la avaricia, la ceremonia, el manicomio.
Bendita inspiración; la perífrasis de micro sueño; la hipérbole, la isodinámica conflagración de los olvidos; anáfora, elipsis, alegoría, metáfora. Y esta enumeración retórica.

Mujer fría, helado diamante en el barro seco de los días. Maldita tú seas entre todas las mujeres; elegida en la sublevación de la locura, incomparable, irrepetible, inalcanzable.
Oscura en tu escondite de luciérnagas, importante, eterna, sólo en un sueño podría besar tus ojos donde el universo se contiene.

Mujer, gota de aura serás mañana, gota perpetua de aura turbia.
Mujer mariposa, sorda al fracaso del grillo que te canta afónico, entre el pasto, bajo la lluvia.
Solitaria, de silencio, cortante y lejana, asesina, a tu merced quien fuera digno de salvar tu imagen de la fantasía y extraerte de la desidia que provoca tu lontananza.

Si fuera posible desdeñar tu misterio y quebrantar el vínculo enigmático de tu belleza autentica y mi fascinación de niño por un juguete caro en la vidriera de la infancia, tal vez sería un fracaso, una hoguera tímida, casi sin arder, en cenizas convertida.
Si pudieras entender, si pudieras asomar tus sentidos, si aceptaras esta intensidad por la que hoy mis manos tiemblan, y te declararas, por fin, dueña y reina del palmo de memoria que hace tiempo han usurpado tus ojos negros, interminables, nocturnos, titánicos, diáfanos.

Si pudiera hacerte saber que lo que me atrae es el agobiante aroma de la incertidumbre; es una adicción a la abstracción de lo desconocido; una curiosidad metafísica, ajena de la realidad, de la apatía, de la repetición cómica y absurda de la mentira terrenal.
Si pudiera transmutar el mundo implícito del silencio, y dar libertad a la creación lírica; a la declaración del desamparo, y darte el secreto, decirte –esto que es mío, esto que provoca tu esencia- y nada más.
Y al final, puertas afuera es una derrota, porque serás y solo serás, siempre serás el cementerio de mis palabras.
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1comentarios 48 lecturas prosapoetica karma: 47
#1   bahhh.
enorme, cantidad y cualidad.
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votos: 0    karma: 20