Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

• efímero sesenta y dos •

No me arrepiento de las reconstrucciones que se han llevado a cabo en mi interior con el fin de sobrevivir a cada terremoto experimentado. No sería justo para la niñez que me arrebataron ni para la mujer guerrera que me he armado.
No me arrepiento de cada paso en falso, de cada promesa yéndose con el paso del tiempo ni de cada decisión errónea. La agonía me ha obligado a tomar caminos escarpados que me han llevado hasta -he de suponer- mi yo idónea. O eso quiero creer.

Me miro en el espejo y a veces lloro por dentro por esta niña encerrada ahora tras la jaula del miedo que se niega a salir de nuevo... le ha causado tanto daño cada vez que lo ha hecho: no la culpo, así que no le riño, no me muevo.

Me veo sosteniendo destrucción entre mis dedos, música casi desconocida sale por mis auriculares y gemidos irreconocibles surgen de mi boca, cada vez con menos vergüenza y más valentía. Con menos inocencia y más garra. Las acciones que ahora me caracterizan son las de esa mujer que, a zarpazos sin tregua, la han obligado a moldearse... ¿debo entonces sentir esta tristeza?
Cuando recuerdo cuánto defendía el amor verdadero.
Cuánto soñaba con imposibles.
Cuánto suspiraba ante estrellas que solo porque creía en ellas existían.
Esa niña tenía una diana en el centro del pecho, y es que ese corazón tan enorme y lleno de sueños inocentes era el objetivo de todas las flechas que dispara la vida.

Por muchas razones y sin saber cuál fue la que acabó por desatar todo esto,
tuve que desarmarme y rehacerme de nuevo:
más coraje,
menos corazón.
Ahora sí: me muevo.
Me alzo y me entreno contra la peor guerra de todas: yo contra mí.
Pero tras cada capa forjada por el dolor de cada experiencia, esa niña que creía en amores, sueños y estrellas sigue en esa jaula, así que, ¿para qué llorar por alguien que no ha muerto, sino que ha comenzado a elegir quién entra y quién no a conocerla a su mazmorra?

Hoy, me he mirado a mí misma en mis escritos y he sonreído porque he comprendido algo: la oscuridad que aquel león para siempre recordado me dijo que amase, era la que yo ya tenía dentro... he estado corriendo en dirección contraria.
Otra vez, me muevo. Vuelvo.

etiquetas: cambio, evolución, superación, supervivencia, nostalgia, niñez, crecer
2
2comentarios 92 lecturas prosapoetica karma: 28
#1   Admirable!! {0x263a}
votos: 1    karma: 10
#2   #1 ¡Muchas gracias!
votos: 0    karma: 8