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Esta Noche

La noche se esgrime como un cuento.
Por costumbre de las suertes y por caprichos del pasado la noche se marchita en la quimera fantasía.
Su profunda herida se rebosa, con su sangre escribe en los gajos de la madrugada.
Ahí está la noche con su luna de lejano parentesco, sus acordes de viento y ramas, y su pánico de ser autentica.
Esta noche que engorda la nostalgia y nutre de sombras el espanto.
Esta repetida noche con su brisa laminada, sus vidrieras enlutadas, sus noctámbulos insectos, sus avenidas a la espera, sus lejanas sirenas, su murmullo insoportable, sus lucecitas de colores y sus metálicas pancartas.
Mientras transcurre la noche, el estrepito de un cráneo se baraja en soledades.
Un perro centinela de tinieblas acompaña el desencanto. El siseo de sus patas quebrantando la armonía de las calles, remojando los oídos de un sordo infortunio.
Y yo que soy un muerto que desanda su agonía, retrocede del subsuelo a la ventana.
Me encuentro con mi sombra abandonada, huellas tenues y deformes.

La noche ahora me niega sus lamentos, no me presta siquiera la impaciencia. Me serena, me arrulla y reconforta.
Si sabrán mis ojos de sus gélidas imágenes, si se habrán plateado mis suelas con sus lunas derramadas, en la eterna huida del silencio y la memoria.
Si habré acumulado paisajes en ruinas, coleccionado esquirlas de otras vidas, si sabrá el hueco de mis manos el peso y la textura de la nada ensopada de rocío.
Si sabré de noches ciclónicas, de madrugadas fantasmales, de amaneceres retrasados.
Pero ya sabrán de mi estocada fría y desalmada, aquellas luciérnagas que agonizan.
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