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Haz de valer

Insistiendo a ser indagada
por los jueces laurales y su maldita coherencia, como despojada de una historia de hadas por el oeste de Buenos Aires, rubia emperatriz.

Conlleva subsistencia,
sobre Caseros se decanta el sol,
relojeando con su espíritu.
Mientras el titubeo de su Dios,
posterga su amor de juventud.

Por sus muecas han de encontrarse, las risas más lindas del distrito, quisiera el gusto de presentarme y hacerla reír distinto.

Por una purga que ciertamente
había dañado nuestras mentes,
nuestras vidas se chocaron,
y fue así que inmediatamente
firme mi lienzo entre sus dientes,
como esperando, como esperando algo aliviador.

Me hice el firme del mas daño,
nunca entendí el porqué de este puzzle, por mi afición al engaño
incrementaba su propio quebranto.

Lucrecia tiene una sonrisa
simplificada a su carisma
y a su don milagroso,
reiteradamente se castiga,
le impone yagas a la alegría,
sin comprender, sin comprender que lo tiene todo.

Cuando escucho su corazón,
siento mi psiquis en plenitud,
y por llegar a su estación,
pido a la vida mi gratitud.

No solloze más: quisiera su mano, baile conmigo que con mi hálito y su cobijo, se siente mucho menos el frío.

etiquetas: risa
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