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Mi designio, la soledad

Mi amor por ti no tuvo edad.
Mi amor por ti fue un desatino.
La condena social, arbitraria y descarnada
declaró nuestro dulce amor impío.
Verdugos implacables.
Sicarios despiadados.
El escarnio público al que fuimos sometidos
alimenta mi vergüenza clandestina.
Mi amor por ti era puro.
Mi amor por ti era inmaculado.
Tú eras tan joven, inexperto, efebo
yo una dama solitaria empapada en descontento.
El mundo no estaba preparado
para aceptar este perturbado desafío.
Acaso tú tampoco…
¿Acaso me querías?...
Me dejaste sin motivo ni palabras
Me dejaste herida y sin venganza
No quiero recuerdos que evoquen mi indecencia.
No quiero recuerdos que insinúen mi demencia.
Mi razón te desprecia y te maldice.
Mi corazón te desea y te bendice.
El amor…
¿Qué es el amor?
¿Acaso no verte?
¿Acaso extrañarte?
¿Sentirme vulnerable?
La cercanía crispaba mi piel con tu mirada.
Tus ojos me embrujaban y hacían latir mi corazón enloquecido.
Tus negras pupilas se clavaban como dagas
y fascinaban mi ultrajada madurez con un suspiro.
Cuando murmurabas poemas de memoria
me transportabas de rodillas a la gloria .
En mutua confidencia.
En íntimo deseo.
Susurros licenciosos y lascivos
estallaban en mi cuerpo enardecido.
Cierro ilusa los ojos encendida.
Abro mis vísceras profundamente conmovida.
El sonido viril y masculino de tu verbo
me hacían olvidar tu genuina juventud, tu lozanía.
Soñaba con tu voz antes de oírla.
Pensaba en tu cuerpo antes de verlo.
Embelesada y cautiva de tu hombría,
sueño con besarte, sueño con tenerte, sueño que eres mío.
Tu broma cruel pisoteó mi prístina ilusión.
Tu mofa macabra desató mi condena y mi tragedia.
Hoy mi alma grita tu nombre
desgarrada por la afrenta y la vergüenza.
Palabra nimias. Palabras huecas.
Mi derrota es a las claras tu triunfo.
Ya no transitarás la pureza de mi cuerpo.
Ya no sabrás de mis íntimos secretos.
Mi imprudencia desafió tu valentía.
Mi insensatez provocó tu ego henchido.
Amor espurio.
Amor maldito.
Es mi último deseo que te enteres
que esperé por tí toda la vida.
Que la pena infinita que me asola
es artífice del rencor y del despecho.
Lágrimas absurdas, necias, inoportunas
asoman por mis ojos casi ciegos
ruedan delirantes, errantes, moribundas
sobre mis mejillas anhelantes de escarmiento.
Me siento en el borde de mi lecho,
cómplice mudo de mis noches solitarias.
Las sábanas blancas con almidón inmaculadas,
son las eternas confidentes de mis sueños.
En la hora final de mi deshonra
serán manchadas cual bautismo en sacrilegio.
Acomodo mi falda de modo decente y circunspecto
aunque más no sea para aparentar en mi último aliento.
Tomo el arma ejecutora entre mis manos.
su frío metal presagia mi castigo, mi destierro.
La teofanía hace presente a mi ángel de la guarda
futuro compañero en el averno.
-Gira suavemente tu rostro y reza conmigo-
le suplico temblorosa
-O serás tú, cómplice en mi cobarde destierro.
Aprieto el gatillo con mano temblorosa
urgida en el final por tu partida.
El disparo atraviesa el corazón de medio a medio
agrietando criminal mi alma herida.
Mi cuerpo por la ofensa desangrado
yace inerte agobiado por la pena y el hastío
Esta es la prueba de un amor casto y sagrado.
Esta es la prueba de un amor enloquecido.

etiquetas: amor, soledad, muerte
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4comentarios 37 lecturas prosapoetica karma: 66
#1   encantador...
votos: 1    karma: 23
#2   #1 gracias!!!
votos: 1    karma: 26
#3   Hermoso. Saludos poéticos.
votos: 0    karma: 20
#4   #Saludos! Gracias por leerme!
votos: 0    karma: 6