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Mi improvisado atrapasueños

Mientras preparo café
y me pongo las medias de lana
tiro de un hilo con buenas intenciones
de un patético perfeccionismo ideal
no me conformo, tiro más y más
comienzo a observar
como el pulgar de mi pie
delata mis uñas pintadas de rojo.

Muevo los dedos con el afán
de ocutar lo ocurrido
pero me resulta irresistible
seguir tirando de lo que ahora
es una tobillera de lana.

¡Que más da!

Suena el timbre de mi departamento...

¡Lo saben!

¡Vienen a por mí!...
Me sudan las manos...

¡Es un caos!
¿Cómo ocultar lo ocurrido?

Quiero borrar las pruebas
y me calzó las botas de cuero
corro a la puerta para disimular
le doy un sorbo al café frío
nadie sabrá lo ocurrido...
Con mi improvisado atrapasueños...




Claudia Viviana Molina
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Domingo

Me miró inquietante a los ojos, y distingo mi ausencia, extraviados días de sonrisas infantiles y mi regordeta sobra de beber arcoíris
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Yo solo quiero reconocerme en mi tumba

Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche lo envuelve todo en un halo de soledad teñido de una sucia escala de grises, a cada cual más oscura, como el techo de mi habitación cuando trago horas en blanco mirando a ninguna parte, porque la almohada no me acoge en su seno, y solo puedo tratar de encontrarme perdiéndome. Los pasos me llevan a ninguna parte, pisando las frías piedras de las aceras, con las manos en el bolsillo protegiéndome de la fría noche, con el vaho saliendo a través de las solapas de mi abrigo que me cubren la mitad de mi rostro del frío y tratando de discernir algo entre el frío relente que me cala con la helada de esta fría madrugada en que todo es frío en cada rincón y yo solo puedo caminar, por no morir congelado en el frío de resucitar los recuerdos ante la ausencia de expectativas en esta vida de sinsabores.

El sol se ha escondido hace ya largas horas, y la ciudad en brumas se difumina entre la oscuridad dejando apenas entrever siluetas informes de mansiones y caserones salidos de cualquier ensueño de pesadilla. Construida a las prisas la vida parece no llegar a ninguna parte, pero por más vueltas que le des tampoco vas a encontrar ninguna solución. Supongo que por eso a veces solo queda eso: caminar. A ver si así llegamos a alguna parte.

La luz se ha oscurecido cuando mi mirada fría se ha quedado vacía y vaga en el infinito, como mis pasos infinitos que me hacen avanzar sin querer seguir caminando, pero obligándome a seguir, para no calarme de frío, porque quiero todo menos volver al hotel ahora mismo y dejarme invadir por todos mis fantasmas. Odio los fantasmas. Así de claro. Siempre he sido más de demonios. Jugar con las tinieblas para crecer. Tiene su encanto. ¿Pero los fantasmas? ¿De qué te sirven? Te arrastran a cada paso que das. Tiran de ti. Te invaden de frío. Y en la soledad de la habitación te enfatizan tus más tristes sentimientos. Los demonios solo te atormentan. Pero los fantasmas te arrastran hasta otro plano astral en el que no hay lugar para nada, ni felicidad, ni tristeza, ni dolor; solo vacío. Así, sin más. Solo llano e infinito vacío.

¿Y eso de qué sirve?
Dime.
¿Eso de qué sirve?

Para nada.
El vacío no sirve para nada.

Solo
soledad.

Solo eso.

*
**
*
**

Deambulo por la gris ciudadela que es esta infinita cortina de lluvia tras la que se esconde una ciudad en sombras. Las flechas de los edificios se pierden en el negro cielo, como saetas que tratan de arañar a Dios, como tristes baladas que te recuerdan que todo pasó, que ya no queda nada. En la soledad de las calles es cuando más capaz te ves de huir para siempre. Por eso camino. Por eso camino. Por eso siempre camino. Para huir lejos de mí. Del dolor. Del recuerdo. Del mundo. De la eternidad.

Por eso camino.

Para olvidar.

Camino por una ciudad en sombras que ya no encuentra cobijo para los fantasmas que me invaden. Solo somos tétricas ilusiones tras decenas de espejos que se han roto a nuestro paso, y los cristales de los comercios me devuelven mi imagen distorsionada, como si así hubiese forma de hallar cobijo, de hallar palabras que definan esta infinita sensación de vacío.

El tiempo.

El tiempo se ha marchado.

Y el último cigarrillo ya no tiene sentido.

Por eso lo lanzo a la infinita caída en esta ciudad de brumas.

En la soledad de este mundo traté de encontrarme y solo me perdí. ¿Comprendes? Solo me perdí. Y este es el final del sagrado pasado. Innumerables murallas han caído antes ¿por qué no va a caer esta? Katagena ya no llora. Pero por favor, no trates de pronunciar mi nombre. Ya no existe.

Solo quiero desaparecer en una maraña de sombras, en un rastro de fuego que arda entre mis cenizas; que no quede rastro de mi existencia; que no quede nada. Quiero vagar por la negra ciudad en brumas sin existir. Como un Carax que ha borrado sus pasos, su vida, su existencia. Por favor. Déjame ir. Por favor. Déjame ir. Me digo. Por favor.

Y eso hago.

Camino.


Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche todo lo envuelve en un halo de soledad e infinito vacío.

Las cenizas ya se han ido con la tormenta.
Y el humo del cigarrillo se ha perdido entre la cortina de lluvia.

Solo queda caminar con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo hacia ninguna parte.

Solo queda caminar.

Solo queda caminar.

Solo queda
esta triste y fría soledad
que lo envuelve todo
en un halo de olvido
que solo quiero dejar atrás.

*
**
*
**

Gracias.
Y adiós.
Gracias.
Y adiós.


Me voy. Para no sentir dolor. Me voy. Porque es peor el paredón de mis fantasmas. Me voy. Porque es así mejor.

Camino...
porque no sé hacer otra cosa...
camino...
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De mi serie Cartas Imaginarias (5)

París, 2002

Reciba mi más cordial saludo madame Françoise Sagan.

Es indudable la gran influencia que tuvo en la década de los cincuenta y sesenta se convirtió en un icono entre los grandes intelectuales de la época. Marcando un hito en los movimientos literarios que comenzaban a emerger. Su obra maestra Buenos Días, Tristeza que la escribió escasamente con 18 años de edad, estampa un precedente en la novela feminista francesa. De temática desgarbada, rebelde, ignora las reglas establecidas y principalmente la ausencia de moral. Novela que fue un gran éxito pero que escandalizó por su fuerte contenido en tiempos que no estaban preparados para enfrentar cambios tan bruscos en los estilos de vida. La trama gira en una adolescente durante sus vacaciones en la Costa Azul al sureste de Francia y describe con cierta desilusión sus primeras experiencias amorosas y la difícil relación con su frívolo padre. El tono ecuánime de la narración ha sido considerado como el reflejo de la actitud de aquella época.
El éxito fue tan arrollador que en pocas semanas las ganancias generadas eran exorbitantes lo que le valió el premio Prix des Critiques. Los lauros continúan cuando a los 20 años logrando ser la escritora más joven en tener fama y fortuna, publica su segunda novela Una cierta sonrisa, su estilo personal que desconocía los prejuicios la llevan con este nuevo trabajo al escenario público mostrando una vez más su maestría literaria que sorprende. Según algunos críticos usted presenta inconvenientes en el diseño de los personajes y en el desarrollo de la trama, cosa en la que no estoy de acuerdo. Los perfiles de los personajes son de extrema diligencia y aplegados a su estilo desenfrenado, son un estereotipo de usted y sus ideas liberales.
El teatro fue un espacio también explorado por su magnífica pluma, Castillo en Suecia obtuvo gran resonancia, El Perro Echándose y El Exceso Contrario. Así como artículos publicados en diversos periódicos franceses. Su protesta internacional en contra de la tortura en Argelia le costó serios inconvenientes con el gobierno que la acusó de intervenir en asuntos de Estado.
Su vida ha estado en continuos conflictos gracias al consumo de drogas y alcohol. Antes de su retiro por incapacidad, logró publicar La Laisse, Una Naranja Inmóvil, La Prevaricación, novelas que llegaron a tener cierto éxito por su apellido que por la calidad literaria de sus inicios. El Espejo Perdido escrita en 1996 trata sobre un amorío disonante entre una viuda millonaria y un joven rebelde e intelectual.
En el mismo año publica Detrás del hombro un vistazo crítico a su vida, aunque en 1993 aparece lo que se considera sus primeras memorias: Y Toda mi Solidaridad. El año pasado publicó el segundo libro de memorias motivada por los comentarios de que se encontraba acabada y que su antiguo resplandor había desaparecido. Recientemente prologó un libro titilado Correspondencia amorosa de George Sand y Alfred de Musset.
Lamentablemente mí querida madame Françoise sus errores y una vida plena de desenfrenos hoy cobran un precio muy elevado, sin fortuna hasta el punto de vender sus propiedades para poder sustentarse y con delicados problemas de salud. Cómo es posible llegar a un estado tan deplorable cuando la vida le dio una maravillosa oportunidad y que todavía podría continuar aportando de manera brillante al quehacer literario. Su nombre ha ocupado cantidades de portadas gracias a su comportamiento agresivo y fuera de tono. Ha tenido varias entradas a la cárcel por posesión de drogas y por fraude fiscal. Amaso una gran fortuna producto de sus éxitos literarios, pero derrochados en una vida plástica y sin sentido. Los escándalos por sus desafueros sexuales han empañado sus antiguos lauros.
Creo mi apreciada madame Françoise, que esa felicidad de la que tanto se ufanaba simplemente era un telón para esconder la personalidad conflictiva, solitaria y rebelde que ha dejado descorrer con los años. Recuerdo una frase que me gustó mucho de usted y que pareciera contradictoria: La felicidad para mi consiste en gozar de buena salud, en dormir sin miedo y despertarme sin angustia.
A pesar de sus desaciertos usted dejará una página importante en la literatura francesa y será universal por siempre.
Reciba mi cariño y admiración.

Atentamente.-
Marla Farlé.
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