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Gin tonic

Yo, un Alcohólico idealista en bancarrota.
Un desajustado del alma en busca
de encajar, y al final solo encajo
con mis letras y mis sueños rotos.
Nubes hechas de algodones amargos,
una lluvia de gin tonic cayendo en los
escombros de mi pasado,
en la fracturada dignidad que dejé en el pavimento de aquella ciudad amurallada de
montañas calladas y celosas del sol.
Quistes de palabras, relámpagos de alcohol y de facturas endosadas al frustante presente para una dudosa posteridad debajo de la poesía que anoche llorando me venció en un sueño que me regresó a lo que ya me cansó.
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Súplica

Dulzura de amor

Suspiro del alma

Mi corazón te ansía

Te llama





Dice el poeta: “¡Que tus ojos van tomando el misterio del pasado! ” Y en el iris y pupila de los mismos, quedó grabada nuestra historia. Historia que aún no ha fenecido y cuyo fin, no se vislumbra.

Tu cabello, tu piel, tus ojos, tu rostro, todo tu cuerpo, abriga y por lunas mas, mi delicado perfume.

Y

En mi rostro, labios, pechos y cuerpo entero, anida y anidara tu aroma. La suavidad de tus besos y calidez de tu voz, que amo y por siempre amaré, yace en mi memoria.




Radiante luz

De la fugaz aurora

Brisa de sol

Llanto y latido




Tierra y valor

Oquedad fortificada

Sed de ilusión

Copa rebosada



Lejano amor

que hieres

Que Callas

Mi alma y corazón aún te reclaman.





Luz Marina Méndez Carrillo/25052019/Derechos de autor reservados.
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El Encuentro

Desde los joviales instantes pasados
en la juventud, que hacían que todas
las vivencias fueran descubrimientos,
y que los nuevos retos ya eran metas,
sin apenas tener que hacer esfuerzos,
y cuantas imaginaciones de andanzas
se imprimían en encuentros, espacios
abiertos e intemporales, y conseguías
con valentía avanzar entre obstáculos,
en origen y por el camino andado, las
poesías son fibras unidas de vocablos,
entonados y recitados en imperfectas
áreas del espacio interior, conducidos
por el poeta, que acomoda las letras
a esos ámbitos que describen impulsos,
que son manantiales nuevos de aguas
en calma o de cascadas con turbulentos
remolinos que fluyen desde las alturas
en vertical, imprimiendo aires nuevos,
que la poesía es creatividad de poetas,
autóctonos como de aquellos foráneos,
que además de ser coetáneos de rimas
se intercambian los poemas, de versos
con arte, siendo en las primeras poesías
que escribían o ya pasados muchos años,
si se llega a tener luz propia, auténticas
obras maestras construidas de sencillos
primeros pasos y letras de inicio sentidas
de hallazgos, y salían sin pensar vivencias,
y con las chispas que fundían sin braseros
las letras sobre el blanco y negro, salidas
sin pensar del tintero como fluidos todos,
a determinada temperatura, y dispuestas
con el calor del corazón, en esos mundos
de creación y con el alma plena de vivas
estrofas, remontando el vuelo y sonidos
de eruditos planos nuevos, sin las dudas
camufladas, sólo la observación que nos
aporta nueva singularidad en las formas,
y los contenidos de talentos imaginarios
que se conducen auténticos, incluidas las
horas difíciles, siendo poesía de los tiempos.
La Redondela 16/05/2019 03:12 h.
Fdo.- Juan Carlos González Rodríguez. Libre Pensador y Poeta.

Todos los derechos reservados.
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Estación Desinencia (CanEnPro I)

Necesito el sol para vivir.
Soy como la hoja de árbol que se mece
acompañando al viento
pero no siguiéndolo
porque no sé si su destino
es terminar muerto
como yo al tiempo de no tener sostén
alimento para las épocas.
Me olvido del otoño
porque es mejor no pensar
en que naceré de este mismo sitio
reencarnándome
creyendo eterna la sonrisa de la vida
pero me adhiero al viento
otro viento de paso
para saber lo que es vivir libre.
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Amor Claro

Siente, cercano, jovial, amado
Cuidad de él entretanto,
Se entrega limpio, descanso…
De pie, la piel sudando
Y los ropajes, caen desplomados
Las ganas al interior
Han cruzado
Revestidas de sedas verdes,
Blancas y del dorado
Donde los cuerpos, entregados
Piden ardientemente
Besos, caricias… palabras
Entretanto, las risas, deseos…
Desenfrenados
Y yacen vivos los amores
Imposible de separarlos
De fuego pasado por las manos
Rimas y se arriman los corazones
Vibran, temblores y escalofríos
Miradas encendidas, entretanto
Pasa su boca por el sentir
De su oído
Corre un instante, se
Paró, comienza de
Nuevo, las manos, la
Piel, acaricia y vuelan
Sus cosenos embriagados de
Aire caliente al rozarlos,
Se levantan los amores
Con pendiente plena
Esa que verdad entrega
Y se unen las caderas
Sobre el besamanos
Recorre los recónditos
Habitáculos, que deja entrever
Despacio, lento, el querer,
Hallado, y los cuerpos exhaustos,
Fundidos en uno
De abrazos,
Y llega el estasis del latir
Sin sosiego, corazón de amores
Hallados, en siembra de mayo.
La Redondela 25/05/2019 14:37 h.
Fdo.- Juan Carlos González Rodríguez. Libre Pensador y Poeta.

Todos los derechos reservados.
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Cien

Le hice el amor a tu recuerdo,
tras estallar en las entrañas de
nuestros momentos, lloré.
Siempre te voy a recordar,
cómo la musa de cien sueños;
Como esa historia de invierno
que se tuvo que acabar.

Siempre te voy a recordar,
cada momento de mi existencia y
hasta en el último suspiro de mi vida
habrá sensaciones que revivirán
solo con el viento que entre en mi ventana
perfumado de aquellos días,
oculto, implícito en cien poesías.
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Pesadumbre

Alma, corazón e intelecto, declinan en un estado de tristeza tan profunda, que parece no tener fin.

Pesa el aire en los pulmones, el cuerpo se hace liviano y la vida que nos rodea, se pinta de un color ocre oscuro y sabor amargo.

Eterna se hace la noche y el cielo azul que horas antes brillaba en intensidad, carece de crepúsculo nocturnal.



¡La mano en el pecho y el dolor cae a pedazos sobre la tierra húmeda!


Le vi llorar, sí. Nos vimos en el parque, de un claro día de diciembre, y allí, desgajó una a una su tristeza y melancolía. La pesadumbre teñía su corazón por ser varón y declinar de tal manera. Eso dijo.


Sus ojos enrojecidos delataban dolor, dolor de alma. De forma casi que ininteligible, musitó: “Lloro porque siento, porque duele, porque no puedo más” Extraje un pañuelo de más allá de mis lamentos y sequé sus lágrimas.


Como seres humanos, las emociones son inherentes a nuestra esencia, y si sientes tristeza o dolor, no hay para que envenenar el corazón. Se ha de regurgitar letal veneno. Igual da si eres hombre o mujer. Hay que vivir. No morir en vida.

Por minutos que se hicieron horas, enmudeció


Cuando creí navegaba en aguas tranquilas, exclamó: “Ha muerto mi nene. No le veré más”

El mundo a mis pies hizo un remolino que me halaba a un cataclismo sin retorno, y un nudo en la garganta acortó la respiración.


No supe qué hacer, qué decir.


Las lágrimas de mis ojos vertieron la tierra y un sudor frío recorrió mi ser.



De la mano y en silencio sepulcral, deambulamos el parque de forma cíclica innumerables veces. Sobraban las palabras. Mejor, faltaban palabras para calmar tan cruel dolor.



La gente nos miraba extrañada. ¡Pero qué va! Poco importó.



El viento se detuvo en nuestros rostros arrastrando las lágrimas que quemaban las mejillas. La hojarasca revoloteaba sobre el piso en extraña complicidad para no posar de inoportuna. Y la noche, no era noche, fue un relámpago de amargura.



Ya…



Al final de los mustios momentos, bebimos un café. Él voló al firmamento y yo en la tierra quede.



Y esa noche

Cargada de dolores

Llanto y sin sabores



Y esa noche

Omnipresente

Crucificada y

Lacerada



Me habitará por siempre



* Imagen tomada del muro de Islam Gamal.


Luz Marina Méndez Carrillo/13052019/Derechos de autor reservados.
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